En las montañas del norte de Tailandia, entre selva, arrozales y niebla matinal, sobreviven aldeas donde el tiempo parece detenerse. Un viaje a Mae Hong Son invita a descubrir mucho más que la tradición de las mujeres kayan: cultura, artesanía y paisajes que rara vez aparecen en las postales.

 

 

Buenos Aires, lunes 10 agosto (PR/26)–Hay un rincón de Tailandia que casi nadie recorre y que, sin embargo, guarda algunas de las postales más auténticas del sudeste asiático. Cerca de Mae Hong Son, en las montañas del norte, las terrazas de arroz, los caminos de tierra y las aldeas rodeadas de selva conservan un ritmo de vida que hace mucho desapareció en las grandes ciudades del país.

Aquí viven algunas de las tribus más conocidas de Tailandia, comunidades que durante generaciones mantuvieron su propia lengua, su vestimenta y sus costumbres. Compartir un mercado local, probar un té cultivado en la montaña o ver trabajar un telar artesanal alcanza para entender por qué esta región se volvió una de las experiencias más genuinas del país.

 

 

El contraste con el resto de Tailandia potencia todavía más el viaje. Bangkok es ruido, luces y movimiento constante; Ayutthaya y Sukhothai recuerdan al antiguo reino de Siam entre templos y ruinas centenarias; Chiang Mai y Chiang Rai combinan tradición y modernidad entre mercados nocturnos, cafés y santuarios budistas.

Más al norte, las rutas se cubren de niebla y conectan pueblos como Pai, Mae Sariang o la propia Mae Hong Son, una de las provincias menos visitadas de Tailandia y, al mismo tiempo, una de las que más sorprende a quien se anima a llegar.

El país cambia por completo hacia el sur, entre las islas de Ang Thong y las playas de Phuket. Pero son las montañas del norte las que suelen dejar las imágenes más difíciles de olvidar: la niebla entrando en los pueblos al amanecer, el sonido de las campanas de los templos y la sensación de estar descubriendo una cara mucho más tranquila del país.

 

Las mujeres kayan, mucho más que un mito

 

En las montañas de Mae Hong Son viven comunidades conocidas popularmente por la tradición de las «mujeres jirafa». Desde niñas, algunas mujeres kayan llevan anillos de latón en el cuello, una costumbre ancestral que forma parte de su identidad cultural.

 

 

Pero reducir a estas comunidades a esa imagen sería perderse lo esencial. Su vida diaria gira en torno a la artesanía, los tejidos hechos a mano y un entorno de selva que marca cada rutina, cada celebración y cada oficio que se transmite de generación en generación.

 

Entre selvas y arrozales

 

El norte de Tailandia sorprende por sus paisajes verdes y montañosos, muy distintos a la imagen tropical con la que suele asociarse al país. Las carreteras atraviesan arrozales, bosques y pueblos escondidos entre las montañas.

La zona también es hogar de cascadas, cuevas y rutas naturales que muestran una Tailandia más salvaje y pausada, muy alejada del bullicio de las playas del sur.

 

Mercados con encanto al amanecer

 

En ciudades como Chiang Mai o en pequeños pueblos del norte, los mercados locales forman parte de la vida diaria. Desde primera hora de la mañana aparecen los puestos de artesanía hecha por las propias comunidades de la montaña.

El ambiente, entre aromas, colores y voces, convierte cada paseo en una escena cotidiana llena de vida, uno de esos momentos que terminan siendo el verdadero recuerdo del viaje.

 

 

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Fuente: PR