Advierten que llegará una nueva sacudida por los ataques y el crecimiento en la autonomía de la IA ¿Qué hacer se preguntan los dueños de las empresas desarrolladoras de la Inteligencia Artificial.

 

Buenos Aires, martes 29 septiembre (PR/26) — OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft, Amazon y más de un centenar de compañías advirtieron que los modelos de inteligencia artificial están acelerando la capacidad de detectar vulnerabilidades, automatizar ataques y operar a una escala inédita. Informes publicados durante 2026 muestran que el problema ya no es experimental: crecen los ataques potenciados por IA, se achican los tiempos de reacción y las propias herramientas corporativas se convierten en una nueva superficie de riesgo.

 

La advertencia llegó desde un lugar poco habitual: las mismas empresas que están empujando la frontera de la inteligencia artificial. El 27 de agosto, OpenAI publicó una carta abierta junto con más de 100 organizaciones —entre ellas Anthropic, Google, Microsoft, AWS, IBM, Cloudflare, CrowdStrike, Cisco, Mastercard y Visa— para pedir una acción colectiva que fortalezca la ciberdefensa antes de que la próxima generación de modelos amplifique la capacidad de ataque.

 

El mensaje fue directo: en los próximos meses los ataques habilitados por inteligencia artificial podrían volverse mucho más generalizados y sofisticados.

 

La preocupación no se limita a las grandes tecnológicas: el documento menciona hospitales, plantas de tratamiento de agua y la infraestructura que sostiene Internet. También advierte que vulnerabilidades conocidas, permisos excesivos, configuraciones incorrectas, software sin parches y deuda técnica pueden transformarse en una ventaja todavía mayor para un atacante asistido por IA.

 

La carta no apareció en el vacío. En junio, las agencias de ciberseguridad de Five Eyes —Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda— habían advertido que la transformación provocada por los modelos de frontera debe pensarse en “meses, no años”. Para los organismos, la resiliencia cibernética ya forma parte de la continuidad operativa y la confianza del mercado.

 

Los datos publicados durante 2026 ayudan a dimensionar el cambio.

 

El Global Threat Report 2026 de CrowdStrike registró un aumento del 89% en los ataques de adversarios habilitados por IA y señaló que más de 90 organizaciones sufrieron el abuso de herramientas legítimas de inteligencia artificial para generar comandos maliciosos o robar información sensible. El informe registró además un tiempo de “breakout” de apenas 27 segundos en el caso de cibercrimen más veloz observado.

 

Palo Alto Networks llegó a una conclusión similar en su Global Incident Response Report 2026, construido a partir de más de 750 incidentes relevantes en más de 50 países. Unit 42 sostiene que la IA ya funciona como un multiplicador de fuerza: acelera reconocimiento, ingeniería social, scripting y extorsión. En el 25% de las intrusiones más rápidas, la exfiltración se produjo en 1,2 horas, frente a 4,8 horas un año antes.

 

Además, casi el 90% de sus investigaciones tuvo algún componente material vinculado con debilidades de identidad.

 

 

El Data Breach Investigations Report 2026 de Verizon también marcó un punto de inflexión.

 

Por primera vez en los 19 años del informe, la explotación de vulnerabilidades superó al robo de credenciales como principal puerta de entrada a una brecha y ya explica el 31% de los casos.

El análisis de IA del informe, elaborado junto al equipo de Safeguards de Anthropic sobre 793 actores de amenaza, encontró que el atacante mediano recurrió a asistencia de IA en 15 técnicas distintas del marco MITRE ATT&CK, con casos extremos de 40 y 50. La conclusión de Verizon es mesurada: hoy la IA multiplica la eficacia de técnicas ya conocidas más que habilitar vectores nuevos.

 

Google Threat Intelligence Group informó en mayo que identificó, por primera vez, a un actor utilizando un exploit zero-day que, según su evaluación, había sido desarrollado con asistencia de IA. Mandiant también describió adversarios que ya usan grandes modelos de lenguaje para ingeniería social hiperpersonalizada.

 

Una nueva superficie de ataque dentro de la empresa

 

El cambio más delicado no está únicamente del lado del atacante. También está dentro de las organizaciones que adoptan IA para automatizar contratos, validar documentos, consultar bases internas, generar código o ejecutar tareas mediante agentes.

 

Una herramienta con capacidad de leer información corporativa, acceder a sistemas y tomar acciones puede generar grandes mejoras de productividad. Pero esos mismos permisos obligan a revisar cómo se autentica, qué información puede consultar, qué acciones tiene permitido ejecutar, qué decisiones requieren intervención humana y qué registros quedan disponibles para auditar.

 

“Durante mucho tiempo las empresas pensaron la seguridad alrededor de usuarios, aplicaciones y servidores. Con agentes de IA aparece una nueva identidad digital que puede consultar información, encadenar acciones y operar sobre procesos reales. El punto no es frenar esa adopción, sino definir con precisión qué puede hacer, con qué datos y bajo qué permisos mínimos. Que opere con una identidad propia y no comparta credenciales con personas ni con otros procesos, y que quede registrado qué ejecutó y sobre qué sistema.”, plantea Damian Cabral, SRE Manager de RESTART.

 

Ese enfoque coincide con una de las recomendaciones centrales de la carta abierta: aplicar privilegio mínimo, controles de acceso fuertes, defensa en profundidad, observabilidad y monitoreo continuo sobre identidades y agentes. OpenAI incluso plantea que las identidades de los agentes deben ser trazables y que tiene que existir responsabilidad sobre sus acciones.

 

Para RESTART, una compañía enfocada en desarrollar “IA funcional” aplicada a procesos de negocio, la seguridad aparece como una condición de implementación y no como una capa posterior. La empresa parte de la evaluación del proceso y avanza por desarrollo, implementación y adopción. En sus casos públicos aparecen elementos concretos de esa lógica: validación cruzada de datos, reglas de negocio adaptables, identificación automática de inconsistencias, trazabilidad completa y derivación a revisión manual cuando el sistema encuentra casos que requieren intervención.

 

Uno de esos desarrollos automatiza la validación de documentación crítica mediante procesamiento de lenguaje natural y reglas de negocio: detecta errores o faltantes, aprueba casos válidos y escala excepciones. Otro utiliza un agente para revisar y consultar contratos, un ámbito donde una respuesta incorrecta o un acceso indebido puede tener consecuencias operativas y legales.

 

“Cuando una IA se conecta con un proceso crítico, la discusión deja de ser solamente qué tan bien responde el modelo, sino qué pasa el día que se equivoca. En infraestructura partimos de que todo falla y diseñamos para eso; no hay ningún motivo para asumir lo contrario con la IA. Hay que saber cómo cortar la ejecución, con qué credenciales operó y cómo volver atrás. Ajustar el prompt ayuda a que responda mejor, pero no garantiza que no pueda hacer daño.”, agrega Cabral.

 

La idea de “secure by design” adquiere así una dimensión nueva: las empresas necesitan entender qué información llega al modelo, qué herramientas puede utilizar, qué credenciales hereda y cómo se detecta un comportamiento anómalo, especialmente cuando intervienen agentes autónomos.

 

OpenAI elevó esa preocupación el 7 de agosto, cuando informó que las evaluaciones internas de uno de sus próximos modelos, Astra, mostraban avances suficientes en programación agéntica y ciberseguridad como para no poder descartar “capacidades cibernéticas críticas” bajo su Preparedness Framework. Semanas después la compañía confirmó que Astra es el primer modelo que cruza ese umbral: puede encontrar fallas de seguridad desconocidas y explotarlas sin guía humana paso a paso. El modelo ya se lanzó como GPT-6 Astra, con las capacidades cibernéticas más sensibles restringidas a un programa de acceso confiable.

 

“No creemos que la respuesta sea bloquear la IA. La ventaja va a estar en las organizaciones que puedan usarla con controles claros, observabilidad, trazabilidad y una arquitectura acorde al nivel de riesgo de cada proceso”, sostiene el vocero de RESTART.

 

La discusión ya no enfrenta innovación contra seguridad. La IA puede permitir a un atacante encontrar una vulnerabilidad, personalizar un engaño o automatizar tareas con mayor velocidad; pero también puede ayudar a los defensores a revisar código, priorizar fallas y responder más rápido.

 

De hecho, la propia carta impulsada por OpenAI propone poner IA con capacidades cibernéticas en manos de los defensores, facilitar herramientas a organizaciones con menos recursos, compartir inteligencia de amenazas y realizar pruebas continuas contra las capacidades de los modelos más avanzados. La lógica es utilizar la misma aceleración tecnológica que favorece al atacante para cerrar vulnerabilidades antes de que puedan ser explotadas.

 

La carrera, por lo tanto, no consiste solamente en desarrollar modelos más poderosos. También implica determinar qué compañía es capaz de incorporarlos sin ampliar de manera descontrolada su superficie de exposición.

 

Y allí aparece otro problema creciente: la IA corporativa ya no es necesariamente una aplicación aislada.

 

Los agentes comienzan a conectarse con sistemas de gestión, repositorios documentales, herramientas de desarrollo, servicios cloud, bases de clientes y aplicaciones internas. Una credencial comprometida o un permiso excesivo puede darle al atacante no sólo acceso a información, sino también una herramienta capaz de interpretarla y actuar sobre ella.

 

“Cada implementación de IA debería comenzar con dos preguntas en paralelo: qué valor queremos generar y qué nivel de autonomía estamos dispuestos a delegar. Si la segunda pregunta llega al final del proyecto, probablemente ya llegamos tarde”, concluye el SRE Manager de RESTART.

 

La carta firmada por más de cien compañías resume esa carrera en una idea: todavía existe una ventana para que la defensa aproveche primero las nuevas capacidades. Para las empresas, eso obliga a tratar la ciberseguridad y la gobernanza de IA como una decisión de negocio.

 

La pregunta ya no es solamente qué tareas se pueden automatizar, sino bajo qué condiciones una organización está dispuesta a delegarlas.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: RESTART

 

Versión en inglés

 

The Next Wave of AI-Powered Cyberattacks Will Arrive “Within Months”: Why Companies Must Change Their Defenses Now (English version)

September 29, 2026 | Current Affairs, Special Report, Artificial Intelligence

Warnings are mounting that a new shock wave of cyberattacks is coming as AI becomes increasingly autonomous. What should the companies developing artificial intelligence do?

Buenos Aires, Tuesday, September 29 (PR/26) — OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft, Amazon and more than one hundred other companies have warned that artificial intelligence models are accelerating the ability to detect vulnerabilities, automate attacks and operate on an unprecedented scale. Reports published during 2026 show that the problem is no longer experimental: AI-powered attacks are increasing, response times are shrinking, and companies’ own AI tools are becoming a new area of risk.

The warning came from an unusual place: the very companies pushing the frontier of artificial intelligence.

On August 27, OpenAI published an open letter together with more than 100 organizations—including Anthropic, Google, Microsoft, AWS, IBM, Cloudflare, CrowdStrike, Cisco, Mastercard and Visa—calling for collective action to strengthen cyber defenses before the next generation of models amplifies offensive capabilities.

The message was direct: over the coming months, attacks enabled by artificial intelligence could become far more widespread and sophisticated.

The concern is not limited to major technology companies. The document mentions hospitals, water-treatment plants and the infrastructure that supports the Internet. It also warns that known vulnerabilities, excessive permissions, misconfigurations, unpatched software and technical debt could become an even greater advantage for an AI-assisted attacker.

The letter did not appear in a vacuum. In June, the Five Eyes cybersecurity agencies—the United States, United Kingdom, Canada, Australia and New Zealand—warned that the transformation driven by frontier models must be viewed in terms of “months, not years.” For these agencies, cyber resilience is already part of business continuity and market confidence.

The 2026 data help put the shift into perspective

CrowdStrike’s 2026 Global Threat Report recorded an 89% increase in attacks by AI-enabled adversaries and reported that more than 90 organizations had legitimate AI tools abused to generate malicious commands or steal sensitive information. The report also recorded a fastest-ever eCrime “breakout” time of just 27 seconds.

Palo Alto Networks reached a similar conclusion in its 2026 Global Incident Response Report, based on more than 750 significant incidents in more than 50 countries. Unit 42 describes AI as a force multiplier: it accelerates reconnaissance, social engineering, scripting and extortion. In the fastest 25% of intrusions, exfiltration occurred in 1.2 hours, compared with 4.8 hours the previous year.

In addition, nearly 90% of Unit 42’s investigations involved some material component related to identity weaknesses.

Verizon’s 2026 Data Breach Investigations Report also marked a turning point

For the first time in the report’s 19-year history, exploitation of vulnerabilities surpassed credential theft as the leading entry point for a breach, accounting for 31% of cases.

The report’s AI analysis, conducted together with Anthropic’s Safeguards team and covering 793 threat actors, found that the median attacker used AI assistance across 15 different techniques in the MITRE ATT&CK framework, with extreme cases involving 40 and 50 techniques. Verizon’s conclusion is measured: at present, AI is multiplying the effectiveness of known techniques more than it is creating entirely new attack vectors.

In May, Google Threat Intelligence Group reported that, for the first time, it had identified a threat actor using a zero-day exploit that, according to its assessment, had been developed with AI assistance. Mandiant also described adversaries already using large language models for highly personalized social engineering.

A New Attack Surface Inside the Company

The most sensitive change is not only on the attacker’s side. It is also inside organizations adopting AI to automate contracts, validate documents, query internal databases, generate code or perform tasks through agents.

A tool capable of reading corporate information, accessing systems and taking actions can deliver major productivity gains. But those same permissions make it necessary to review how the system authenticates, what information it can access, what actions it is allowed to perform, which decisions require human intervention, and what records remain available for auditing.

“For a long time, companies designed security around users, applications and servers. With AI agents, a new digital identity emerges—one that can access information, chain actions together and operate on real processes. The point is not to stop adoption, but to define precisely what it can do, what data it can use and what minimum permissions it should have. It must operate with its own identity rather than sharing credentials with people or other processes, and there must be a record of what it executed and on which system,” says Damian Cabral, SRE Manager at RESTART.

This approach is consistent with one of the central recommendations in the open letter: apply least privilege, strong access controls, defense in depth, observability and continuous monitoring of identities and agents. OpenAI also argues that agent identities must be traceable and that accountability for their actions must exist.

For RESTART, a company focused on developing “functional AI” for business processes, security is an implementation requirement rather than a layer added afterward. The company begins by assessing the process and then moves through development, implementation and adoption.

Its public case studies include concrete elements of this approach: cross-validation of data, adaptable business rules, automatic identification of inconsistencies, full traceability, and referral to manual review when the system encounters cases requiring human intervention.

One of these developments automates the validation of critical documentation using natural-language processing and business rules: it detects errors or missing information, approves valid cases and escalates exceptions. Another uses an agent to review and query contracts, an area in which an incorrect response or unauthorized access can have operational and legal consequences.

“When AI is connected to a critical process, the discussion is no longer simply about how well the model responds, but what happens on the day it makes a mistake. In infrastructure, we assume that everything fails and design accordingly; there is no reason to assume otherwise with AI. We need to know how to stop execution, what credentials it operated with and how to roll back. Adjusting the prompt may help it respond better, but it does not guarantee that it cannot cause harm,” Cabral adds.

The idea of “secure by design” therefore takes on a new dimension: companies need to understand what information reaches the model, what tools it can use, what credentials it inherits and how anomalous behavior is detected, particularly when autonomous agents are involved.

The frontier is moving faster

OpenAI raised this concern on August 7, when it reported that internal evaluations of one of its upcoming models, Astra, showed sufficient progress in agentic programming and cybersecurity that it could not rule out “critical cyber capabilities” under its Preparedness Framework.

Weeks later, according to the article, the company confirmed that Astra was the first model to cross that threshold: it could find previously unknown security flaws and exploit them without step-by-step human guidance. The model was subsequently released as GPT-6 Astra, with its most sensitive cybersecurity capabilities restricted to a trusted-access program.

“We do not believe the answer is to block AI. The advantage will belong to organizations that can use it with clear controls, observability, traceability and an architecture appropriate to the risk level of each process,” says the RESTART spokesperson.

Innovation and security are no longer opposing forces

The discussion is no longer about choosing between innovation and security. AI can allow an attacker to find a vulnerability, personalize a deception or automate tasks more quickly; but it can also help defenders review code, prioritize vulnerabilities and respond faster.

Indeed, the open letter promoted by OpenAI proposes putting AI with cybersecurity capabilities in the hands of defenders, providing tools to organizations with fewer resources, sharing threat intelligence and conducting continuous testing against the capabilities of the most advanced models. The logic is to use the same technological acceleration that benefits attackers to close vulnerabilities before they can be exploited.

The race, therefore, is not simply about developing more powerful models. It also involves determining which companies can incorporate them without allowing their exposure surface to expand in an uncontrolled manner.

And this is where another growing problem emerges: corporate AI is no longer necessarily an isolated application.

Agents are beginning to connect to management systems, document repositories, development tools, cloud services, customer databases and internal applications. A compromised credential or excessive permission can give an attacker not only access to information, but also a tool capable of interpreting that information and acting on it.

“When every AI implementation begins, there should be two questions asked in parallel: What value do we want to create, and what level of autonomy are we willing to delegate? If the second question comes at the end of the project, we have probably already arrived too late,” concludes RESTART’s SRE Manager.

The letter signed by more than one hundred companies summarizes this race in a single idea: there is still a window of opportunity for defense to take advantage of these new capabilities first. For companies, that means treating cybersecurity and AI governance as a business decision.

The question is no longer simply what tasks can be automated, but under what conditions an organization is willing to delegate them.

Primicias Rurales

Source: RESTART

 

 

Traducción: María Marta Cafiero