Los participantes en las conferencias organizadas por el Observatorio Astronómico del Vaticano | Crédito: Observatorio Astronómico del Vaticano
El Observatorio Vaticano, una de las instituciones astronómicas más antiguas del mundo, reafirma su vocación de diálogo entre fe y ciencia al abordar uno de los mayores desafíos de la física contemporánea: la gravedad cuántica.
Por Victoria Cardiel
Buenos Aires, martes 30 de junio (PR/26) .- Fundado en el siglo XVI por impulso del papa Gregorio XIII —quien ordenó la construcción de la Torre de los Vientos en el Vaticano y convocó a astrónomos y matemáticos para reformar el calendario—, este organismo ha mantenido a lo largo de los siglos una constante búsqueda del conocimiento del universo. Fue el papa León XIII, a finales del siglo XIX, quien relanzó sus investigaciones, consolidándolo como un referente internacional.
En esta línea de apertura intelectual, la semana pasada el Observatorio organizó en su sede de Castel Gandolfo una nueva edición de sus prestigiosas Lecciones del Observatorio Vaticano, dedicadas este año a la gravedad cuántica.
El encuentro reunió, ssgún comunicaron sus organizadores en un comunicado de prensa, a expertos de renombre internacional junto a un grupo selecto de doctorandos y jóvenes investigadores, que durante varios días se adentraron en uno de los problemas más complejos y fascinantes de la física moderna: la unificación de la mecánica cuántica y la relatividad general.
Una de las conferencias organizadas por el Vaticano. Crédito: Observatorio del Vaticano
La dificultad de este desafío radica en la naturaleza misma de las dos teorías. Mientras la mecánica cuántica describe con enorme precisión el comportamiento de las partículas elementales, la relatividad general de Albert Einstein explica la gravedad como la curvatura del espacio-tiempo a gran escala. Sin embargo, ambos marcos resultan incompatibles cuando se intenta aplicarlos simultáneamente.
En la relatividad, el espacio y el tiempo no son un escenario inmutable, sino entidades dinámicas que se deforman y evolucionan. Al tratar de someter estas magnitudes a las reglas de la física cuántica surgen profundas inconsistencias matemáticas.
Una de las más conocidas es la llamada “no renormalizabilidad perturbativa”. En términos sencillos, renormalizar implica controlar las infinitas correcciones que aparecen en los cálculos cuánticos para poder hacer predicciones físicas.
Observatorio Vaticano – VaticanNews
Este método funciona en las otras fuerzas fundamentales de la naturaleza, pero falla en el caso de la gravedad, donde dichas correcciones se multiplican sin límite, generando un número infinito de parámetros que vuelve inviable la teoría. Superar este obstáculo constituye uno de los grandes objetivos de la física teórica actual.
Las conferencias, que tuvieron lugar en la sede del observatorio en Castel Gandolfo y fueron coordinadas por el sacerdote jesuita Gabriele Gionti y el P. Matteo Galaverni, se adentraron en este problema desde diversas perspectivas.
Según el comunicado, el profesor Claus Kiefer, de la Universidad de Colonia (Alemania), expuso la aproximación de la cuantización canónica de la gravedad, centrada en el llamado “problema del tiempo”.
En las conferencias se abordó la gravedad cuántica, una de las preguntas más profundas. Crédito: Observatorio del Vaticano
Si el propio tiempo está sujeto a fluctuaciones cuánticas, surge una pregunta fundamental: ¿cómo definir la evolución de un sistema físico? Kiefer exploró además las implicaciones de esta cuestión en el estudio de los agujeros negros, incluyendo la naturaleza de las singularidades donde la gravedad alcanza niveles extremos.
Por su parte, el profesor Roberto Percacci, de la SISSA de Trieste (Italia), presentó un enfoque covariante en el que los gravitones —hipotéticas partículas mediadoras de la gravedad— son tratados como campos cuánticos de espín 2.
Destacó especialmente el programa de seguridad asintótica, una propuesta que sugiere que la gravedad podría ser consistente en el régimen cuántico sin recurrir a entidades exóticas adicionales, gracias a un comportamiento específico de sus constantes a energías muy elevadas.
Desde una perspectiva más conceptual, el profesor Sergio Cacciatori, de la Universidad de Insubria (Italia), profundizó en las dificultades inherentes a la cuantización de un universo en el que el propio tejido del espacio-tiempo está sujeto a incertidumbre.
Sus intervenciones pusieron de relieve preguntas que rozan lo filosófico, pero que tienen consecuencias técnicas muy concretas: ¿qué significa medir el tiempo cuando este fluctúa?, ¿cómo se define la observación en un contexto donde el observador forma parte del sistema?
Finalmente, el profesor Pierpaolo Mastrolia, de la Universidad de Padua (Italia), aportó el enfoque de las amplitudes de dispersión, una herramienta clave para calcular probabilidades de interacción entre partículas.
Sus investigaciones señalan sorprendentes paralelismos entre las teorías que describen las fuerzas fundamentales —como el electromagnetismo y las interacciones nucleares— y ciertas formulaciones de la gravedad cuántica, como la supergravedad o la teoría de cuerdas. Estas analogías abren vías prometedoras hacia una posible unificación.
Más allá de los aspectos técnicos, estas lecciones han vuelto a poner de manifiesto la singularidad del Observatorio Vaticano como lugar de encuentro entre tradiciones, disciplinas y generaciones.
En un entorno marcado por siglos de historia, los jóvenes investigadores no solo reciben formación de alto nivel, sino que participan en un espacio de diálogo libre, donde las grandes preguntas del conocimiento humano —como el origen del universo o la naturaleza última del espacio y el tiempo— pueden ser abordadas sin prejuicios.
En un momento en el que la ciencia avanza hacia lo infinitamente pequeño y lo inconmensurablemente grande, el Vaticano reafirma así su compromiso con la investigación y con el pensamiento crítico. Porque, como demuestra la gravedad cuántica, las preguntas más profundas siguen abiertas, y encontrar sus respuestas es una tarea que solo puede afrontarse en comunidad.
La muerte del Major Oak, el roble milenario del bosque de Sherwood, reavivó una de las leyendas más poderosas de la historia. ¿Quién fue realmente Robin Hood? ¿Un héroe, un asesino o una invención colectiva? La respuesta está en los bosques de Inglaterra… y en el cine.
Buenos Aires lunes 29 junio (PR/26)–Ade Andrews lleva 30 años viajando en el tiempo. Su método no tiene nada de tecnológico: simplemente se adentra en el bosque de Sherwood y, entre robles centenarios, siente que el mundo moderno desaparece y la Edad Media vuelve a respirar. No es magia —o quizás sí— pero el efecto es real.
La semana pasada, ese bosque volvió a los titulares de todo el mundo por una noticia que sacudió a los amantes de la historia y el folclore: la muerte del Major Oak, un roble de más de 1.000 años de antigüedad considerado el refugio legendario de Robin Hood y sus alegres compañeros. El árbol era mucho más que madera vieja: era el ancla física de una de las leyendas más perdurables de la humanidad.
Pero aunque ese vínculo tangible con el pasado ya no está, la fascinación global por el hombre que robaba a los ricos para dar a los pobres sigue tan viva como siempre. De hecho, acaba de estrenarse en Estados Unidos —el 19 de junio— una nueva película protagonizada por Hugh Jackman titulada The Death of Robin Hood. Robin Hood no es solo un personaje de folclore: es un destino turístico, un fenómeno cultural y un espejo en el que cada época ve reflejados sus propios deseos de justicia.
Un forajido con mala fama que se volvió héroe
La primera aparición documentada del nombre Robin Hood en la literatura inglesa no es precisamente heroica. En Piers Plowman, un poema de la década de 1370, un personaje confiesa que no sabe el Padrenuestro pero conoce bien los poemas del forajido. El recurso era claro: asociar a alguien con Robin Hood era señalarlo como irreligioso y admirador de delincuentes.
«Desde la primera referencia literaria, tiene una reputación poco respetable», explica Allen W. Wright, quien creó en 1997 el sitio Bold Outlaw, dedicado íntegramente al estudio de la leyenda.
¿Existió de verdad? Los rastros históricos son escasos pero intrigantes. En 1262, un hombre llamado «William Robehod» fue juzgado por hurto en Reading. A lo largo del siglo XIII aparecen otros con «Robynhod» como apellido —un apellido poco común, lo que sugiere que ya era conocido antes de que los textos lo popularizaran. La hipótesis más sólida de Wright apunta a un forajido de Yorkshire llamado Roberd Hood que vivió en la década de 1220 y aparece en registros históricos identificado como «forajido». Como esos documentos son anteriores a las baladas, no puede tratarse de alguien que adoptó el nombre inspirado en la leyenda.
«Las pruebas son circunstanciales», admite Wright. «Pero es la teoría más sólida entre todas las candidaturas».
Si ese Roberd Hood fue la inspiración, la historia original no tenía nada de romántica. Los textos más antiguos mencionaban «violencia, a veces sin provocación alguna», según el historiador Tom Hahn, profesor emérito de la Universidad de Rochester y fundador de la Asociación Internacional de Estudios sobre Robin Hood.
Del asesino despiadado al héroe con arco y flecha
La transformación llegó lentamente, empujada por el escepticismo popular hacia las autoridades corruptas. En la segunda mitad del siglo XV comenzaron a circular por toda Inglaterra baladas que romantizaban al forajido. Ya no era un asesino: era un yeoman, una figura social intermedia entre campesino y noble, con un código de honor propio.
La balada A Lytell Geste of Robyn Hode, escrita alrededor de 1450, fijó los elementos centrales de la leyenda: los orígenes de su vida fuera de la ley, la introducción de sus alegres compañeros y hasta su muerte a manos de una monja intrigante. El texto termina pidiendo que descanse en paz, «porque fue un buen forajido».
Para finales del siglo XV, Robin Hood era el disfraz favorito en ferias y festivales populares. Un obispo escandalizado del siglo XVI relató haber encontrado una iglesia cerrada en una festividad religiosa porque todos los feligreses habían salido a celebrar el «día de Robin Hood». En 1510, incluso el rey Enrique VIII se disfrazó del personaje para sorprender a su esposa.
«Ayuda que las personas contra las que lucha sean más corruptas que él», reflexiona Wright. «El sheriff no cumple su palabra, pero el forajido sí. La leyenda prospera gracias a esa ironía: Robin sigue siendo más honorable que quienes supuestamente representan el bien».
El americano que lo convirtió en fenómeno global
Paradójicamente, fue un estadounidense quien catapultó a Robin Hood al estrellato mundial. En 1883, el escritor e ilustrador Howard Pyle publicó The Merry Adventures of Robin Hood of Great Renown in Nottinghamshire, un libro de lujo editado por Scribner’s que reescribió las viejas baladas como una novela para toda la familia. La obra tuvo éxito inmediato y, según Hahn, «americanizó» la leyenda: la suavizó, la universalizó y «convirtió a Robin Hood en un buen tipo».
La industria cinematográfica tomó la posta con entusiasmo. En 1922, Douglas Fairbanks protagonizó la primera película de la historia con estreno oficial en Hollywood. Luego vendrían Errol Flynn (1938), Sean Connery (1976), Kevin Costner (1991) —cuya canción principal de Bryan Adams permaneció 16 semanas en el número uno del Reino Unido, récord que aún no ha sido igualado—, Russell Crowe (2010) y ahora Hugh Jackman (2026). También la animación de Disney (1973), con Robin convertido en un zorro, se volvió un clásico generacional.
Hoy, una búsqueda en IMDb devuelve literalmente decenas de películas sobre el personaje. Robin Hood ha permeado tan profundamente la cultura que, según Hahn, es «prácticamente imposible atravesar la vida sin encontrárselo en algún lugar». Incluso algunos simpatizantes de Luigi Mangione, acusado del homicidio del CEO de UnitedHealthcare, lo presentaron como una especie de Robin Hood moderno.
El bosque donde el tiempo se detiene
Volver al bosque de Sherwood es volver al origen de todo. Aunque el bosque se redujo de 100.000 acres originales a apenas 800 actuales, conserva su núcleo histórico: más de 400 robles centenarios —algunos con más de 400 años— que constituyen una de las mayores concentraciones de «robles ancestrales» de Europa occidental.
«Es un paisaje mágico», dice Andrews. «En la ciudad estás en el siglo XXI, en una jungla de concreto. En Sherwood Forest, en cuanto dejas el centro de visitantes y tomas el sendero entre los robles, retrocedes en el tiempo. No necesitas imaginarlo. Tu mente está receptiva a la experiencia de estar en el pasado».
Andrews trabajó seis años como guardabosques patrimonial antes de convertirse en intérprete del personaje. Hoy guía a visitantes de todo el mundo por Nottingham y sus alrededores, vestido con pantalones de cuero, jubón medieval, sombrero tipo bycocket, una espada, un arco largo y un cuerno. Se define a sí mismo como una «manifestación de Robin Hood», un trovador moderno que mantiene vivas las viejas baladas.
El Major Oak, que durante siglos fue el símbolo físico de esa leyenda, permanecerá en el bosque para descomponerse lentamente. «Le llevará décadas degradarse, y será algo extraordinario verlo», dice Andrews. «Las ramas más pequeñas caerán primero. Las más grandes durarán más. A medida que se degrade, será una obra de arte viva dentro del paisaje, con una enorme historia que contar».
A menos de una hora en auto al norte de Nottingham, el bosque sigue transmitiendo esa misma sensación especial. Uno de sus robles, el Parliament Oak —también de unos 1.000 años de antigüedad—, fue usado como lugar de reuniones parlamentarias durante el siglo XIII. Otro nombre para la leyenda de que el poder siempre estuvo al abrigo de los árboles.
Mientras tanto, Andrews sigue recorriendo Nottingham con sus grupos: la iglesia de Santa María (mencionada en una balada medieval), el Museo Nacional de Justicia, el castillo que se levanta sobre los cimientos del fuerte medieval… y siempre termina en Ye Olde Trip to Jerusalem, el pub más antiguo de Inglaterra, que sirve cerveza desde 1189.
«La gente se sorprende por la belleza de la ciudad», asegura. «Y por la fuerza de una historia que, después de ocho siglos, todavía tiene algo que decirnos».
Robin Hood fue, quizás, un bandido real. Quizás una invención colectiva. Quizás una mezcla de ambas cosas. Pero lo que es innegable es que su historia —nacida en la violencia medieval, pulida por las baladas, amplificada por Hollywood— sigue resonando en un mundo que todavía busca héroes que se atrevan a desafiar a los poderosos.
«Robin Hood fue el primer superhéroe«, dice Andrews. «Y el mundo necesita héroes».
Descubre la magia de la mítica Ciudad del Doncel, un fascinante rincón alcarreño donde la historia cobra vida entre imponentes catedrales fortificadas, callejuelas empedradas de tres culturas y un majestuoso alcázar del siglo XII convertido en un parador de auténtico lujo.
Los pueblos medievales poseen un magnetismo único que nos invita a desconectar de la rutina y viajar en el tiempo. En España abundan estos tesoros arquitectónicos, pero hay un destino en la provincia de Guadalajara, Castilla-La Mancha, que destaca con luz propia por encima del resto. Hablamos de Sigüenza, conocida popularmente como la Ciudad del Doncel. Perderse a pie por sus rincones es una experiencia inolvidable que fusiona historia, misticismo y la oportunidad exclusiva de alojarse en una fortaleza real.
El Castillo-Parador: Dormir entre murallas del siglo XII
Coronando lo más alto de la localidad se alza el impresionante Castillo-Parador de Sigüenza, una imponente fortificación cuyos orígenes se remontan a una antigua alcazaba árabe.
Tras la reconquista en el año 1124, este bastión pasó a manos cristianas y se transformó en la señorial residencia eclesiástica de los obispos durante siglos. Hoy en día, totalmente rehabilitado y convertido en un espectacular hotel de lujo, ofrece a los viajeros una atmósfera mágica de salones de piedra y patios señoriales.
Un templo fortificado y el eterno descanso del Doncel
A media ladera encontramos la imponente Catedral de Santa María, un singular templo-fortaleza que vigila el horizonte con sus dos imponentes torres almenadas, concebidas originalmente con fines militares.
En su interior se custodia el tesoro más célebre de la villa: la bellísima estatua funeraria del Doncel. Esta obra cumbre de la escultura gótica representa al joven noble Martín Vázquez de Arce, quien falleció en la reconquista de Granada y aparece retratado leyendo recostado, un símbolo eterno de sabiduría y curiosidad.
Plazas con solera y el encanto de la vida palaciega
El corazón de la vida social se concentra en la bellísima Plaza Mayor, una joya de estilo castellano mandada a construir en el siglo XV por el cardenal Mendoza para albergar el mercado semanal.
Presidida por un ayuntamiento renacentista, sus galerías porticadas albergan animadas terrazas perfectas para descansar. Desde allí se accede a la emblemática Calle Mayor, un eje vital que conduce a la majestuosa Casa del Doncel, un palacio gótico civil restaurado que esconde en su interior deslumbrantes arcos mudéjares policromados.
Dulces conventuales y el susurro de tres culturas
Para los amantes de los placeres sencillos, una parada obligatoria es el Monasterio de Santa María de los Huertos, una antigua iglesia gótico-renacentista habitada por monjas clarisas, donde se pueden adquirir exquisitas trufas de chocolate artesanales.
Finalmente, adentrarse en el misterioso barrio de Las Travesañas supone recorrer el tejido urbano primigenio donde convivieron judíos, musulmanes y cristianos en perfecta armonía cultural, completando una escapada perfecta que culmina con las panorámicas infinitas del Mirador del Cid.
La Iglesia argentina mantiene activos más de 70 procesos de beatificación y canonización en diversas etapas, impulsando con fuerza las causas vinculadas a laicos, jóvenes y mujeres.
Buenos Aires, jueves 18 junio (PR/26) — Las causas de canonización en la Argentina atraviesan distintas etapas y situaciones pastorales, pero todas permanecen activas. Así lo aseguró el delegado episcopal para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Argentina y obispo auxiliar de Mercedes-Luján, monseñor Mauricio Landra, en diálogo con AICA
El prelado explicó que algunas causas concluyeron una etapa y esperan testimonios sobre posibles milagros, mientras que otras avanzan con la constitución de tribunales diocesanos, la designación de postuladores o el inicio formal de los procesos.
Landra afirmó que más de la mitad de los procesos se encuentran en fase diocesana y destacó que todas las causas mantienen actividad, aunque avanzan con ritmos distintos.
Monseñor Mauricio Landra, obispo auxiliar de Mercedes-Luján y delegado episcopal para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Argentina
También señaló que existen causas que finalizaron la fase diocesana y pasaron a la instancia romana, así como otras que iniciaron investigaciones sobre presuntos milagros de venerables o beatos. Según precisó, la Iglesia en la Argentina cuenta con más de 70 causas de beatificación y canonización, entre siervos de Dios, venerables y procesos en etapa inicial.
Predominio de las fases diocesanas
Monseñor Landra indicó que más de la mitad de las causas se encuentran en fase diocesana. Agregó que todas pueden consultarse a través del sitio de la Delegación para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Argentina.
La historiadora y canonista Geraldine Mackintosh, miembro de la delegación para las Causas de los Santos de la CEA, precisó en declaraciones a AICA que actualmente existen cinco causas argentinas que ya culminaron todo el proceso y alcanzaron la canonización: Héctor Valdivielso Sáez, José Gabriel Brochero, Nazaria Ignacia March, Artémides Zatti y María Antonia de San José, conocida como Mama Antula.
En la categoría de beatos -a quienes les resta el reconocimiento de un milagro para ser canonizados- señaló que hay dieciséis causas: Laura Vicuña, María del Tránsito Cabanillas, María Ludovica de Angelis, Ceferino Namuncurá, Gregorio Martos Muñoz, fray Mamerto Esquiú, hermana María Crescencia Pérez, madre Catalina de María Rodríguez, los Mártires del Zenta (Pedro Ortiz de Zárate y Juan Antonio Solinas), los Mártires Riojanos (Enrique Angelelli, Gabriel Longueville, Carlos de Dios Murias y Wenceslao Pedernera), el cardenal Eduardo Francisco Pironio y Enrique Shaw.
Cura Brochero
Asimismo, indicó que la Argentina cuenta con ocho venerables -aquellos que esperan la aprobación
de un milagro para ser beatificados- y alrededor de cuarenta causas que continúan en estudio, ya sea en fase diocesana o romana. «Hay un gran abanico de testigos de diversas edades y que representan distintos estados de vida: sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos», destacó.
Consultado sobre cuáles podrían registrar avances concretos en los próximos dos o tres años, monseñor Landra evitó formular pronósticos. Explicó que cada causa presenta características propias y que su progreso depende del cumplimiento de las tareas previstas en cada etapa.
Además, recordó que los procesos pueden desarrollarse por el reconocimiento de virtudes heroicas, por martirio, por la ofrenda de la propia vida -vía incorporada en 2017- o mediante la investigación de presuntos milagros para la beatificación o la canonización.
«Cada una de ellas es original», sostuvo, y subrayó la importancia de la oración y de la comunicación con los postuladores para informar gracias atribuidas a la intercesión de los candidatos a los altares.
Las razones de las demoras
Respecto de las causas que llevan muchos años sin avances significativos, monseñor Landra afirmó que las razones son siempre de carácter pastoral.
Entre ellas mencionó la falta de especialistas, como teólogos, canonistas, historiadores e investigadores, y también la necesidad de que las comunidades eclesiales acompañen el conocimiento y el testimonio de quienes son propuestos como modelos de santidad.
El obispo señaló que algunas causas requieren procesos de discernimiento prolongados y recordó que existen tanto causas históricas, con varios siglos de antigüedad, como otras muy recientes.
Sobre el trabajo de investigación, Mackintosh explicó que la rigurosidad científica y la devoción popular cumplen funciones diferentes dentro de una causa. Señaló que los historiadores, designados por el obispo, son responsables de investigar, recopilar, estudiar y seleccionar las pruebas documentales que, junto con los testimonios, constituyen la base de la instrucción diocesana.
La llamada fama de santidad o fama de martirio, en cambio, corresponde al discernimiento pastoral de la autoridad eclesiástica. Según explicó, es el obispo quien evalúa si existe una auténtica reputación de santidad que justifique el inicio de una causa.
En ese contexto, monseñor Landra insistió en que la paciencia y la oración constituyen elementos fundamentales para sostener estos procesos.
Continuidad con el Dicasterio y el nuevo pontificado
Sobre la relación con el Dicasterio para las Causas de los Santos durante el pontificado de León XIV, monseñor Landra afirmó que existe continuidad en el trabajo y en la aplicación de la legislación vigente desde 2007.
Explicó que la Delegación tiene una función de animación y acompañamiento de las causas en la Argentina, aunque no interviene directamente en su ejecución. También destacó la Jornada de Oración por las Causas de Canonización en la Argentina, que se celebra cada 1° de noviembre desde hace tres décadas para rezar por quienes se encuentran en proceso de canonización.
En cuanto al cambio de pontificado, aseguró que no afectó el tratamiento de las causas argentinas impulsadas durante el pontificado de Francisco. «La tarea de animación y el desarrollo de las causas siguen el mismo impulso que les dio Francisco, es decir al ritmo del Espíritu Santo», expresó.
Como ejemplo, mencionó la referencia que León XIV realizó al beato Enrique Angelelli en el documento Magnifica humanitas 125.
Monseñor Angelelli
Postuladores y desafíos comunes
Monseñor Landra explicó que cada causa cuenta con un actor responsable de impulsar su desarrollo y con postuladores que trabajan tanto en la fase diocesana como en la romana.
Indicó que esos procesos requieren la participación de especialistas en teología, historia, derecho canónico, medicina y otras disciplinas, además de recursos económicos y disponibilidad de tiempo.
Desde su experiencia en la fase romana, Mackintosh señaló que uno de los principales desafíos es verificar que todo lo realizado durante la etapa diocesana se haya ajustado estrictamente a las normas canónicas.
Recordó que las causas de canonización constituyen procesos jurídicos especiales y que la Comisión Histórica debe realizar una búsqueda y análisis «escrupuloso» de toda la documentación vinculada al candidato y a la causa.
Sobre el Encuentro Anual de Postuladores que organiza la Delegación, monseñor Landra comentó que las últimas reuniones abordaron las dificultades más frecuentes de los procesos, la relación con las Iglesias locales, la difusión de la figura de los siervos de Dios y los desafíos que aparecen después de la conclusión de la fase diocesana.
Asimismo, señaló que el próximo encuentro estará dedicado al estudio de los presuntos milagros y al aporte de la medicina en estas investigaciones.
Nuevos caminos hacia la santidad
Sor Cecilia de la Santa Faz, carmelita, Sierva de Dios
Consultado sobre los perfiles de santidad que aún podrían incorporarse con mayor presencia al elenco argentino, monseñor Landra destacó el crecimiento de causas vinculadas con la vocación laical, los jóvenes, los matrimonios, los padres de familia y las mujeres.
También valoró la diversidad de profesiones y estados de vida que ya aparecen representados en los procesos de canonización. En ese sentido, consideró que, así como Enrique Shaw abrió un camino de santidad en el ámbito empresarial, podrían surgir en el futuro causas vinculadas con el deporte, el arte y la comunicación, sectores en los que muchas personas dieron testimonio de su fe cristiana y de su compromiso con la Iglesia y la sociedad.
Consultada sobre la adaptación de las causas de canonización a la era digital, Mackintosh explicó que actualmente el Dicasterio para las Causas de los Santos no acepta como pruebas jurídicas los contenidos provenientes de correos electrónicos, redes sociales o aplicaciones de mensajería.
Aunque reconoció que estos materiales pueden reflejar la fama de santidad de una persona, advirtió que su volatilidad y vulnerabilidad impiden garantizar plenamente su autenticidad y fiabilidad. No obstante, consideró que en el futuro será necesario desarrollar una normativa específica que contemple estas nuevas realidades tecnológicas.
La historiadora también sostuvo que existen numerosas figuras del catolicismo argentino que se destacaron por su ejemplaridad cristiana y su aporte a la sociedad, pero aclaró que ello no basta para iniciar una causa. Explicó que es indispensable comprobar la existencia de una auténtica fama de santidad o de martirio, junto con una fama de signos, es decir, de gracias o favores atribuidos a su intercesión.
«¿Se le reza a ese candidato? ¿El pueblo fiel de Dios le confía sus necesidades? ¿Se reciben gracias y favores por su intercesión?», planteó Mackintosh al resumir los criterios pastorales que la Iglesia considera esenciales antes de promover oficialmente una causa de canonización.
Esta pequeña localidad frente al Atlántico es la puerta de entrada a la ‘Corniche Basque’ donde los paisajes moldeados por el Atlántico dialogan con un rosario de tradiciones.
Buenos Aires jueves 18 de junio (PR/26)–Mi abuelo —asegura mi padre— decía que «no hay vascos españoles o vascos franceses. Hay vascos. Y punto». En realidad, mi abuelo no era vasco sino argentino. Y sus padres tampoco lo eran, porque antes de emigrar habían vivido toda la vida en el Béarn, la región al sur de Iparralde (como se le llama al País Vasco francés).
La larguísima playa de Hendaya, con Los Gemelos al fondo.
Pero muchas veces la identidad, la cultura y las tradiciones no dependen de una línea de puntos marcada en un mapa. Se siente o no se siente. Y punto, como decía mi abuelo.
La arquitectura neovasca
En Hendaya hay más de 70 grandes casas que encarnan la arquitectura neovasca.
Uno de los detalles que mantienen ese lazo identitario es la abundancia de casonas de estilo neovasco. Esta ciudad, de solo 14.000 habitantes, se divide entre la Hendaya histórica y Hendaya Playa.
Entre una y otra, y sobre todo a lo largo del paseo marítimo, se concentran más de 70 casas históricas, muchas diseñadas por Edmond Durandeau, que replican una estética de techo a dos aguas, fachada con entramados de madera, amplios ventanales, jardín exterior y porches, con sus balcones, puertas y postigos pintados de solo cuatro colores: azul, rojo, verde o marrón.