Tedeum en la Catedral: García Cuerva reclamó honestidad, pegó a la corrupción y criticó el ajuste ante Milei

Tedeum en la Catedral: García Cuerva reclamó honestidad, pegó a la corrupción y criticó el ajuste ante Milei

Durante el Tedeum por el 9 de Julio, el arzobispo de Buenos Aires instó a la dirigencia a erradicar la corrupción y advirtió sobre las consecuencias del ajuste en sectores vulnerables. Citó una frase de Lionel Messi sobre la unidad.

 

Foto: La Nación

 

Buenos Aires, jueves 9 julio (PR/26) — En la Catedral Metropolitana, ante la presencia del presidente Javier Milei y su gabinete, el arzobispo Jorge García Cuerva brindó una homilía centrada en la unidad nacional y la integridad ética de la clase política fustigando la corrupción.

El prelado pidió terminar con las denominadas «cuevas de la corrupción«, enfatizando que esta problemática no distingue entre gobiernos de turno. Sostuvo que la honestidad y la transparencia deben ser pilares constantes: «Ser y parecer, ahora y siempre«.

García Cuerva alertó sobre la peligrosidad de transitar el camino de la intolerancia y la crueldad hacia los más débiles. Advirtió que la corrupción genera un círculo vicioso donde «los pobres son cada vez más pobres y ellos, escandalosamente, cada vez más ricos«.

Asimismo, cuestionó el desconexión de los funcionarios, señalando que el pueblo se siente ajeno a las discusiones eternas y alejadas de la realidad que mantienen los dirigentes. Instó a la clase política a independizarse del individualismo y la mezquindad.

En un mensaje que resonó como una crítica directa a las políticas de recorte, el arzobispo advirtió que el gasto público no siempre es sinónimo de derroche. Citando la atención en centros de discapacidad, afirmó que destinar recursos allí es, en realidad, una inversión necesaria por justicia y caridad.

Para finalizar, apeló a la unidad nacional utilizando una referencia al capitán de la Selección, Lionel Messi. Recordó que, tal como ocurrió en la consagración mundialista, cuando los argentinos luchan «juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos«.

«Demostramos una vez más que los argentinos, cuando luchamos juntos y unidos, somos capaces de conseguir lo que nos propongamos». El arzobispo utilizó esta frase y destacó que «el mérito del grupo está por encima de las individualidades» para pedir unidad y dejar atrás la «mezquindad política».

Milei estuvo sin Villarruel

 

El presidente Javier Milei participó esta mañana del Te Deum del 9 de julio, en conmemoración a un nuevo aniversario de la Independencia, junto a su Gabinete y varios legisladores del espacio.

 

 

Escoltado por el flamante jefe de Gabinete, Diego Santilli, el mandatario recorrió a pie los metros que separan la Casa Rosada de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires. En el trayecto se detuvo a acariciar a varios caballos del Regimiento de Granaderos.

Detrás, la plana completa de ministros y colaboradores, entre los que destacaban el asesor presidencial, Santiago Caputo, y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. También el flamante vocero, Adrián Ravier, el secretario de Comunicación, Fabián Fernández, y la senadora Patricia Bullrich.

Asimismo participaron del habitual desayuno que compartieron en Rosada los ministros Luis Caputo (Economía), Alejandra Monteoliva (Seguridad), Sandra Pettovello (Capital Humano), Mario Lugones (Salud), Carlos Presti (Defensa), Juan Bautista Mahiques (Justicia), Pablo Quirno (Relaciones Exteriores), y Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado).

Sin la asistencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, el libertario ingresó a la catedral, se persignó ante el altar, saludó al alcalde porteño, Jorge Macri, y a su familia, incluso a su hijo recién naciado, y siguió de cerca la oración a cargo del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva.

 

 

Pese a las diferencias que supieron enfrentarlos, Milei parece haber dejado atrás los resquemores contra el jefe de Gobierno porteño.

Si bien Villarruel y Milei coincidieron en la vigilia que se celebró en la provincia de Tucumán, incluso la primera calificó de «muy político» el discurso del Presidente, tampoco fue invitada por la Secretaría General de la Presidencia al Te Deum por la fecha patria. 

La plana completa de la administración libertaria escuchó la oración en la que la Iglesia llamó a dejar atrás “el individualismo” y la “mezquindad política”. “Escuchar es la actitud básica del que quiere pensar con amplitud y apertura”, resaltó el prelado, y agregó que la Argentina «necesita de todos, porque nadie es descartable” y pidió “respetar a los demás”, reconocer sus valores y “compadecerse de sus angustias”.

Al término de la homilía, retornó con su equipo a la Casa Rosada para encabezar la primera reunión de Gabinete sin Manuel Adorni y con Diego Santilli como ministro coordinador. Algo similar ocurrió el pasado 25 de mayo.

Primicias Rurales
Fuente: NA/IA
El faro de la integridad: el legado de Illia y la reconstrucción del tejido moral

El faro de la integridad: el legado de Illia y la reconstrucción del tejido moral

En un mundo que confunde astucia con éxito, recuperar la honestidad no es una utopía romántica, sino una necesidad urgente para el progreso. Una mirada desde la ética civil y el compromiso de la fe.

 

Por Ing. Agr. Pedro Lobos, director de Primicias Rurales

Buenos Aires, miércoles 1 de julio (PR/26) —   Hablar de Don Arturo Umberto Illia es, inevitablemente, tender un puente hacia una palabra que hoy cotiza a la baja en los mercados de la vida pública y privada: integridad. En tiempos donde el cinismo parece haberse convertido en la norma y la función pública se percibe muchas veces como un trampolín para el beneficio personal, el recuerdo de aquel médico de Cruz del Eje que gobernó el país sin perder la sencillez golpea la conciencia colectiva. ¿Qué es eso que extrañamos cuando lo extrañamos a él?

La esencia de ser enteros

 

 

Arturo Umberto Illia (1900-1983) (left) after taking office as President of Argentina on October 12th, 1963 in the official open car. (Photo by Eduardo Comesaña/Getty Images)

La palabra integridad proviene del latín integritas, que significa la condición de estar entero, no fragmentado. Esa es su verdadera esencia: la correspondencia absoluta entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace, incluso cuando nadie está mirando. El íntegro no tiene dobleces; no es una persona en el templo o en la iglesia, otra en el comité político y otra en los negocios privados.

La falta de integridad fragmenta la confianza. Cuando las instituciones, las empresas y los vínculos personales se basan en el beneficio personal a cualquier costo, las sociedades se estancan. Ningún país puede progresar de manera sostenible si sus ciudadanos deben gastar más energía en protegerse de las trampas ajenas que en producir, innovar y educar. La integridad provee previsibilidad y orden; nos valoriza porque nos convierte en personas de palabra, la moneda más fuerte que puede tener una nación.

¿Un don del Cielo o una tarea de la Tierra?

Frecuentemente nos preguntamos si estos valores son un regalo de nacimiento o el resultado de un esfuerzo. Para quien mira la vida con ojos de fe, las virtudes morales son tanto un don divino como una siembra humana. Dios deposita en la conciencia de cada hijo la noción del bien y del mal, pero esa semilla necesita tierra fértil.

La integridad es el producto de un aprendizaje constante:

  • La mesa familiar: Donde se aprende que lo ajeno no se toca y que el esfuerzo tiene valor.

  • La escuela: Que refuerza las reglas de convivencia y el respeto por el otro.

  • La templanza diaria: Porque la honestidad no es un acto único, sino un hábito que se cultiva diciendo «no» a las pequeñas tentaciones de todos los días.

Para un cristiano, caminar en integridad es mucho más que cumplir con el código civil; es un mandato de coherencia con el Evangelio.

Ser un digno hijo de Dios implica entender que los actos públicos tienen una dimensión espiritual. Ayuda a vivir con la frente en alto y con la paz interior que el dinero no puede comprar. Quien es íntegro cuida su buen nombre y el de su familia, sabiendo que, al final del camino, el único patrimonio que resiste el paso del tiempo es el testimonio de vida.

Cómo recuperar el norte

Reconstruir un país que sufre una crisis de valores no se logra con una ley mágica, sino con un cambio de conducta colectivo. El progreso y la prosperidad real —aquella que no se mide solo en números macroeconómicos, sino en bienestar social— requiere recuperar y conservar la integridad mediante acciones concretas:

  • Ejemplaridad de arriba hacia abajo: Quienes ocupan puestos de liderazgo político, judicial y empresarial deben ser los primeros en someterse al escrutinio y demostrar una conducta intachable. El ejemplo arrastra.

  • Educación en virtudes: Volver a poner la ética y la educación civil en el centro de la formación de los jóvenes, no como teoría abstracta, sino como práctica cotidiana.

  • Sanción social al deshonesto: Dejar de aplaudir la «viveza criolla». Un país progresa cuando el tramposo es señalado y el honesto es valorado, y no al revés.

Extrañar a Illia es un buen síntoma: significa que el termómetro moral de nuestra sociedad todavía funciona y detecta la fiebre de la corrupción. El desafío actual es transformar esa nostalgia en acción, asumiendo la responsabilidad individual de vivir con la misma rectitud que aquel presidente que demostró que el poder no ensucia a quienes entran a él con las manos limpias y el alma entera.

Por Ing. Agr. Pedro Lobos, director de Primicias Rurales