¿Y si los argentinos hacemos lo mismo?

¿Y si los argentinos hacemos lo mismo?

La columna de Sergio Marcelo Mammarelli analiza el «déficit invisible» detrás del equilibrio fiscal del gobierno de Javier Milei, señalando que la aparente sanidad de las cuentas públicas se sostiene mediante el incremento de la deuda flotante con proveedores y la fuerte descapitalización por falta de inversión en infraestructura.

Por: Sergio Marcelo Mammarelli

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

 

Buenos Aires, lunes 31 agosto (PR/26) — El déficit invisible detrás del equilibrio fiscal mentiroso.

Deuda flotante, infraestructura que se deteriora y familias que ya no pueden pagar

$3,6 billones
de deuda flotante al cierre de junio de 2026
+$2,23 billones
de aumento de esa deuda sólo durante junio
12,8%
mora de las financiaciones a familias en mayo
-77,3% real
caída de la inversión pública nacional en 2024

 

Podríamos probar.

Les propongo a las familias argentinas algo muy interesante.

A partir del mes que viene dejamos de pagarle al electricista, al plomero, al mecánico, al proveedor de servicios esenciales y a cualquiera que haya cometido la imprudencia de prestarnos un servicio antes de cobrarlo.

Después suspendemos el mantenimiento de la casa. No arreglamos el techo que pierde, no cambiamos las cubiertas del auto, dejamos avanzar la humedad y, si una pared se raja, ponemos un cuadro adelante.

Obviamente, no pagamos la luz, ni el gas, ni el celular y tampoco internet. Y porque no, también las expensas.

Al finalizar el mes hacemos las cuentas. Ingresamos cien. Pagamos ochenta. ¡Superávit de veinte!

En ese instante, convocamos a toda la familia, encendemos la cámara del celular en el comedor y anunciamos solemnemente que hemos alcanzado el equilibrio fiscal. El pequeño inconveniente sería que seguimos debiendo al plomero, al mecánico y al supermercado, mientras el techo amenaza con caerse y estamos a punto de que nos corten la luz, el gas y ya no tenemos internet. Pero, tranquilos, esos son detalles.

 

La cifra que encendió la alarma

El dato apareció semanas atrás y merece ser tomado con seriedad y algo de alarma. La llamada “deuda flotante” del Estado nacional —obligaciones por bienes y servicios ya devengados, pero todavía no pagados— saltó en junio en más de $2,23 billones y cerró el mes alrededor de $3,6 billones. En mayo había quedado cerca de $1,4 billones. Es decir: en un solo mes prácticamente se multiplicó por 2,6.

Para entenderlo claramente, la deuda flotante es financiamiento. No lleva necesariamente la etiqueta de un bono ni aparece en la pantalla como una nueva emisión de deuda pública, pero tiene acreedores concretos: empresas, contratistas y proveedores que entregaron un bien o prestaron un servicio y esperan cobrar y el Gobierno no les paga.

Sin embargo, una precisión indispensable para no convertir una crítica válida en una consigna fácil es que la Oficina de Presupuesto del Congreso analiza la Administración Nacional con criterio devengado, de modo que una obligación reconocida se registra como gasto, aunque todavía no haya sido pagada.

En contraposición, el resultado fiscal que comunica el Sector Público Nacional suele mirarse, en cambio, con criterio caja. Esta ficción, con la postergación de pagos, permite mejorar la fotografía de caja sin borrar la obligación económica subyacente. Dicho de otro modo, la discusión seria no es si “el gasto desaparece” mágicamente: es cuánto del orden financiero depende del calendario de pagos y qué pasivos se acumulan detrás de la foto.

En conclusión, según la OPC, durante el primer semestre de 2026 la Administración Pública Nacional registró un superávit primario devengado de $8,7 billones. De este modo, el equilibrio fiscal existe como fenómeno contable, sin embargo, nadie se pregunta cuál es su calidad, su sostenibilidad y qué costos patrimoniales se están trasladando hacia adelante. Para decirlo sin tapujos, el Gobierno nos miente con el equilibrio fiscal.

 

La otra deuda: lo que dejamos romper

El segundo problema es todavía más profundo porque no siempre figura como pasivo. Es la descapitalización.

En 2024, primer año completo del ajuste, la inversión pública nacional se desplomó alrededor de 77,3% en términos reales respecto de 2023. Y la contracción no terminó allí. La OPC informó que en 2025 los gastos de capital volvieron a caer 21,3% real interanual. Ese año totalizaron $2,5 billones; las transferencias de capital retrocedieron 48,6% real. El propio portal oficial de Inversión Pública sigue la serie 1995-2026 y reconoce como inversión la Inversión Real Directa, las transferencias de capital y determinados adelantos de proyectos prioritarios.

Esto obliga a introducir una palabra que casi nunca aparece en las conferencias de prensa: patrimonio.

Una ruta no deja de deteriorarse porque Vialidad no tenga presupuesto. Un puente no suspende la corrosión hasta que mejore la recaudación. Una escuela no congela sus techos, baños e instalaciones eléctricas. Un hospital no conserva eternamente sus equipos porque el Tesoro haya decidido priorizar otra partida.

Cuando tomamos conciencia de la magnitud del problema, el mantenimiento diferido tiene una característica brutal: hoy parece ahorro y mañana se transforma en una factura mucho más cara. Una carpeta asfáltica mantenida a tiempo cuesta una fracción de una reconstrucción. Una filtración reparada hoy cuesta una fracción del edificio deteriorado mañana. Es lo mismo que pasa en cada familia argentina con el mantenimiento de su casa o de su auto.

Por eso puede existir equilibrio fiscal y, simultáneamente, desequilibrio patrimonial. O dicho de otra manera más cruda. Se puede gastar menos y empobrecerse. Se puede no emitir y, al mismo tiempo, transferir una obligación económica a la próxima administración. No mediante un bono, sino mediante kilómetros de rutas destruidas, escuelas deterioradas, hospitales envejecidos y obras abandonadas.

 

El déficit invisible

Durante décadas aprendimos a identificar el déficit con una cuenta sencilla: el Estado gasta más de lo que recauda. Es correcto, pero según lo que venimos viendo, incompleto.

Existe también un déficit de mantenimiento. Un déficit de reposición. Un déficit de infraestructura. Un déficit patrimonial.

Supongamos que una familia posee una casa valuada en cien y necesita gastar dos por año para conservarla. Decide durante cuatro años gastar cero. En su flujo financiero ahorró ocho. Pero si al final la propiedad perdió veinte de valor o necesita una reparación de quince, no se enriqueció: se descapitalizó.

Con el Estado ocurre exactamente lo mismo, sólo que la contabilidad política permite esconderlo durante más tiempo.

El próximo gobierno —sea de Milei, de otro libertario, peronista, radical, provincialista o de quien sea— recibirá la infraestructura en el estado en que se encuentre. Y si decide repararla, paradójicamente será acusado de aumentar el gasto. Quien dejó romper aparecerá como austero; quien arregle aparecerá como gastador.

Esta es la trampa y mentira más fabulosa que nos está dejando toda esta etapa que estamos viviendo.

 

Mientras tanto, las familias sí tienen que pagar

Volvamos por unos instantes a la comparación con nuestra vida cotidiana.

El Banco Central acaba de publicar el Informe sobre Bancos correspondiente a mayo de 2026. El dato es demoledor: la mora de las financiaciones a las familias llegó al 12,8%. En enero había sido 10,6%. En apenas cuatro meses subió 2,2 puntos porcentuales. La irregularidad del crédito al sector privado en su conjunto alcanzó 7,7%, mientras la de las empresas fue 3,5%.

Es decir, el problema no es una sensación de malhumor social. Está en las estadísticas oficiales del propio Banco Central. Y frente a este fenómeno aparece una explicación oficial conocida y casi irresponsable: los bancos prestaron mal, algunos consumidores se endeudaron por encima de sus posibilidades y, finalmente, se trata de contratos entre privados.

Puede haber una parte de verdad en eso. Claro que existe crédito irresponsable. Claro que existe sobreendeudamiento. Claro que cada persona debe evaluar su capacidad de pago. Sin embargo, resulta difícil no advertir la asimetría moral del argumento.

Cuando una familia posterga una cuota porque sus ingresos no alcanzan, es irresponsable. Cuando un comerciante deja de pagar a sus proveedores, está en problemas. Cuando una pyme estira cheques para sostener la caja, nadie llama a eso superávit.

Sin embargo, cuando el Estado demora pagos y simultáneamente posterga mantenimiento, la explicación cambia de idioma. Dicho de otro modo, nos mienten y además no debemos hablar de la mentira porque si no somos tildados de terroristas. Loco, no?

 

Programa Nacional de Equilibrio Fiscal Familiar

Todo este desarrollo debería concluir en la siguiente propuesta que, modestamente, pido que adoptemos todos los argentinos.

Durante seis meses dejamos de pagar las tarjetas. Suspendemos las cuotas de los préstamos. No reparamos la casa. No cambiamos las cubiertas. No hacemos el service del auto. Postergamos al odontólogo. Dejamos vencer el seguro. Y cada fin de mes calculamos solamente cuánto dinero quedó en la cuenta. Probablemente millones de hogares pasarían de déficit a superávit en cuestión de semanas.

Podríamos bautizar la propuesta como “Programa Nacional de Equilibrio Fiscal Familiar”.

Casi con seguridad, el Ministerio de Economía seguramente no lo recomendaría y los bancos, menos. La razón es más que sencilla. Todos sabemos que una economía doméstica no puede evaluarse solamente por el dinero que queda en la caja el día 30. Hay que mirar las deudas, el patrimonio, las obligaciones futuras y aquello que se está deteriorando por falta de mantenimiento.

Exactamente lo mismo deberíamos exigirle al Presidente y al Ministro de Economía, cuando evaluamos al Estado. Sino les gusta, pues que aprueben nuestro programa nacional de equilibrio fiscal familiar.

 

No se trata de volver al déficit

Conviene aclararlo porque la polarización argentina convierte cualquier discusión económica en una caricatura y ya fui catalogado de “terrorista gramsciano”. Criticar la calidad del ajuste no significa defender el déficit fiscal.

Si algo hemos aprendido, es que el equilibrio de las cuentas públicas es una condición necesaria para una economía estable. La Argentina pagó durante décadas las consecuencias de financiar un Estado crónicamente deficitario con emisión, inflación y deuda.

Sin embargo, como tantas veces hemos dicho en estas columnas, condición necesaria no significa condición suficiente.

La primera conclusión válida que podemos extraer es que un buen gobierno no es el que simplemente gasta menos. Es el que gasta lo necesario, elimina lo inútil, paga lo que debe, preserva el patrimonio público y puede demostrar que las cuentas son sostenibles sin trasladar facturas ocultas al futuro.

El verdadero debate debería abandonar la infantil dicotomía entre “Estado presente” y “motosierra”. La pregunta adulta es otra: ¿cuánto Estado podemos financiar y qué funciones no podemos permitirnos destruir? Seguridad, justicia, infraestructura estratégica, rutas, hospitales, escuelas, energía, puertos y conectividad no son adornos ideológicos. Son parte del capital físico e institucional sobre el que funciona una economía privada.

 

El día en que la planilla choque con la ruta

El problema político del gobierno de Milei ha comenzado cuando la macroeconomía y la experiencia cotidiana dejan de hablar el mismo idioma.

Los argentinos, hasta ahora, hemos seguido las encuestas y los vientos favorables de este Gobierno, mientras refinanciamos la tarjeta. Escuchamos que el crédito debe ser responsable mientras la mora familiar llega al 12,8%. Y escuchamos, con malos modos, a un presidente que nos grita que el Estado no puede gastar lo que no tiene mientras observa obligaciones con proveedores que saltan a $3,6 billones. Y lo peor es que debemos escuchar al mismo presidente decir que alcanzamos el equilibrio mientras manejamos por una ruta que hoy está repleta de pozos.

Tal vez en algún momento, que quién sabe, podría ser en 2027, los argentinos le plantemos al próximo gobierno:

¿Cuánto debemos y cuánto estamos dejando romper para mostrar estas cuentas?

Porque si el equilibrio fiscal se consigue eliminando privilegios, bajando costos innecesarios, modernizando el Estado, mejorando productividad y cobrando mejor los impuestos, será una transformación histórica. Pero si una parte relevante se sostiene pateando pagos, consumiendo infraestructura acumulada durante décadas y transfiriendo reparaciones al próximo gobierno, entonces no habremos eliminado el déficit. Lo único que hicimos es mentir.

Lo más interesante de todo este planteo, es que todavía los argentinos no somos conscientes del problema y toleramos la mentira de un presidente que nos miente a los gritos, con malos modales y además tildándonos de conspiradores.

Tal vez, el verdadero déficit no sea el fiscal, sino un déficit que la sociedad descubre demasiado tarde.

Quizás por eso la pregunta inicial no era una broma. ¿Qué ocurriría si los argentinos hiciéramos lo mismo?

Si dejáramos de pagar, dejáramos de mantener nuestras casas y presentáramos el dinero que nos queda en el bolsillo como prueba de prosperidad, probablemente el Gobierno nos explicaría que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades. Y tendría razón. Lo único que estamos pidiendo es que la misma regla valga para todos.

 

 

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El Papa reza por las víctimas del doble terremoto en Venezuela. Se calculan 50 mil personas desaparecidas

El Papa reza por las víctimas del doble terremoto en Venezuela. Se calculan 50 mil personas desaparecidas

El Papa durante el rezo del ángelus | Crédito: Vatican Media

 

Ciudad del Vaticano, domingo 28 junio (PR/26) — El Papa León XIV expresó su cercanía espiritual al pueblo venezolano tras el devastador doble terremoto que azotó el norte del país el pasado miércoles y que, según el último balance oficial, ha dejado al menos 1.430 fallecidos y 3.238 heridos, y unos 50 mil desaparecidos más de 72 horas después de la tragedia.

Tras el rezo del ángelus, el Pontífice manifestó su dolor por las numerosas víctimas y los graves daños materiales ocasionados por el desastre natural. “Deseo expresar mi cercanía a las hermanas y hermanos venezolanos afectados por los recientes terremotos que provocaron numerosas víctimas y heridos, así como ingentes daños materiales”, señaló en español.

El Santo Padre aseguró asimismo que acompaña con su oración a quienes han perdido la vida en el siniestro. “Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, renuevo mi cercanía espiritual a sus familiares, a los lesionados y a quienes han sido golpeados por esta tragedia”, afirmó.

En su mensaje, el Pontífice también quiso reconocer la labor de quienes se encuentran trabajando sobre el terreno para atender a las víctimas. “Asimismo, manifiesto mi gratitud y aliento a cuantos trabajan con generosidad en las labores de búsqueda y de asistencia”, añadió.

El doble terremoto ha provocado una de las mayores emergencias humanitarias recientes en Venezuela, con miles de personas afectadas y cuantiosos daños en infraestructuras. Equipos de rescate continúan las tareas de búsqueda entre los escombros, mientras las autoridades coordinan las labores de asistencia a los damnificados.

 

 

Venezuela: una réplica volvió a sacudir las zonas afectadas y complicó las tareas de rescate

 

El nuevo movimiento sísmico, generó momentos de tensión entre rescatistas y vecinos mientras continúan las labores para encontrar sobrevivientes entre los escombros.

 

Una nueva réplica se registró este domingo en Venezuela y volvió a generar preocupación en las zonas afectadas por los devastadores terremotos que dejaron miles de víctimas.

El movimiento telúrico, de magnitud considerablemente menor al de los sismos principales, se produjo en pleno desarrollo de las tareas de rescate y obligó a interrumpir momentáneamente los operativos en algunos sectores.

El gobierno de Venezuela comunicó la tarde del sábado, que ya son 1.430 los muertos y 3.238 heridos debido a los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el miércoles al país.

Delcy Rodríguez agradeció a la Argentina por la ayuda humanitaria enviada a Venezuela tras los terremotos

Según los organismos sismológicos, la réplica tuvo una magnitud de 4,9 y se localizó en el mar Caribe, frente a la costa central venezolana. Aunque no se reportaron nuevos daños de gravedad, el temblor fue percibido con fuerza en varias ciudades y provocó escenas de pánico entre los habitantes y los equipos de emergencia que trabajan en edificios colapsados.

Las autoridades recordaron que este tipo de movimientos son habituales después de un terremoto de gran magnitud y pidieron a la población mantenerse alejada de estructuras dañadas, ya que existe riesgo de nuevos derrumbes, según se informó la Agencia Noticias Argentinas.

Mientras tanto, las brigadas de rescate continúan removiendo escombros en busca de sobrevivientes, una tarea que se volvió más compleja por las réplicas registradas en los últimos días.

Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela provocaron una de las mayores tragedias naturales de la historia reciente del país. Desde entonces, decenas de réplicas mantienen en alerta a la población y a los rescatistas, que continúan trabajando contrarreloj en las zonas más castigadas por el desastre.

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Fuente: ACI Prensa /Agencia NA
Terremotos en Venezuela: son 188 los muertos y 1520 los heridos tras los sismos de magnitud 7,2 y 7,5

Terremotos en Venezuela: son 188 los muertos y 1520 los heridos tras los sismos de magnitud 7,2 y 7,5

Las autoridades mantienen activa la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros mientras aumenta el número de víctimas.

 

Buenos Aires, 25 de junio (PR/26) — El presidente de la Asamblea Nacional de VenezuelaJorge Rodríguez confirmó el jueves que la cifra de fallecidos por los sismos ascendió a 188, mientras que los heridos suman 1.520.

Rodríguez precisó que se contabilizan 157 personas desaparecidas y 200 atrapadas bajo los escombros a causa de los potentes sismos de magnitud 7,2 y 7,5, de acuerdo con la información oficial a la que accedió la Agencia Noticias Argentinas.

Estos son los resultados tras los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron a Venezuela el miércoles por la noche.

La cifra fue confirmada este jueves por la presidenta interina Delcy Rodríguez, quien decretó la emergencia nacional, mientras continúan las tareas de búsqueda y rescate entre los escombros en distintas zonas del país.

Los equipos de rescate continuan este jueves con las tareas de búsqueda entre los escombros, mientras las autoridades advirtieron que el número de víctimas podría seguir aumentando. El estado de La Guaira fue declarado «zona de desastre» tras registrar algunos de los mayores daños provocados por los sismos.

En Caracas también se reportaron edificios derrumbados, daños estructurales y la suspensión de servicios esenciales, mientras que el principal aeropuerto del país sufrió afectaciones que obligaron a restringir sus operaciones. Además de La Guaira, las autoridades informaron daños en los estados de Yaracuy, Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón.

 

Los equipos de rescate, trabajando tras los terremontos en Venezuela.

 

La primera noche después de la tragedia estuvo marcada por el temor a nuevas réplicas.

Miles de personas permanecieron en las calles de Caracas, donde improvisaron refugios sobre el asfalto o pasaron la madrugada dentro de sus vehículos por miedo a nuevos derrumbes, mientras hospitales trabajaban al límite de su capacidad para atender a los heridos.

 

Trump anunció ayuda humanitaria

 

En medio de la emergencia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su país está «listo y dispuesto» para asistir a Venezuela y ordenó a las agencias federales coordinar una respuesta de emergencia.

«Los dos grandes terremotos que acaban de afectar al gran pueblo de Venezuela son enormes en escala y han dejado una devastadora cantidad de muertos«, escribió el mandatario en su red social Truth Social. El secretario de Estado, Marco Rubio, también anunció el envío de equipos de búsqueda y rescate, asistencia médica y ayuda humanitaria.

La oferta estadounidense se sumó a la de más de una decena de países de América Latina, Europa y Asia que pusieron a disposición recursos para colaborar con las tareas de emergencia.

 

El mensaje de Nicolás Maduro desde la prisión

El expresidente venezolano Nicolás Maduro, detenido en una cárcel de Nueva York desde enero, difundió un mensaje en sus redes sociales dirigido al pueblo venezolano.

 

«Pueblo amado de Venezuela: ante el poderoso terremoto que ha golpeado a nuestra Patria, Cilia y yo elevamos nuestras oraciones por cada familia afectada», escribió. En el texto también llamó a la «máxima unión, máxima solidaridad y máxima acción» para afrontar la emergencia y respaldar el trabajo de los rescatistas, bomberos y personal sanitario.

Dramáticos relatos de los sobrevivientes

Mientras continúan las tareas de rescate, comenzaron a conocerse los testimonios de quienes lograron sobrevivir al derrumbe de edificios y viviendas.

Una de las sobrevivientes describió lo ocurrido como «un escenario de película de terror«, al recordar los segundos en los que comenzaron los movimientos y decenas de construcciones colapsaron en distintas zonas de Caracas y La Guaira.

Los videos registrados por vecinos muestran escenas de desesperación, edificios reducidos a escombros y personas intentando rescatar a familiares atrapados antes de la llegada de los equipos de emergencia.

 

Quién es Lucas Trejo, el futbolista argentino que busca a su familia tras el sismo en Venezuela

El experimentado defensor cordobés se encontraba concentrado en Caracas cuando el terremoto derribó el edificio de su esposa y sus dos hijos.

 El futbolista argentino Lucas Trejo atraviesa horas de extrema angustia en Venezuela, luego de que el edificio donde vivía su familia en Playa Grande, en el estado de La Guaira, se derrumbara tras los devastadores terremotos que sacudieron al país.

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El defensor de 38 años, que juega en el Club Sport Marítimo de La Guaira, pidió ayuda a través de sus redes sociales para intentar dar con el paradero de su esposa y sus dos hijos.

La mujer fue identificada como Yanina Maranella, mientras que los menores son Aarón Trejo Maranella y Ainhoa Trejo Maranella.

En medio de la desesperación, Trejo compartió una foto familiar y difundió un mensaje para pedir colaboración en la búsqueda.

 

 

“Nuestro edificio en Playa Grande se derrumbó. No sé nada de mi familia. Por favor, oren por ellos y difundan este mensaje por si alguien los vio. Quiero creer que no estaban ahí. Oren por mi familia, por favor”, escribió el futbolista en una historia de Instagram.

Según trascendió, Trejo se encontraba en Caracas junto al plantel de Marítimo, ya que su equipo debía disputar un partido de copa local ante Deportivo Miranda en el estadio Brígido Iriarte.

Quien es el futbolista que busca a su familia en Venezuela

Lucas Trejo es un futbolista argentino, nacido en la provincia de Córdoba, que se desempeña como defensor central y cuenta con un extenso recorrido en el fútbol de Sudamérica y Europa.

Formado en las divisiones inferiores de Talleres de Córdoba, Trejo emigró tempranamente al fútbol europeo para iniciar su carrera profesional en Grecia, donde vistió las camisetas del Ethnikos Asteras y el Atromitos.

Asimismo, registró pasos por el J’ville Armada en Estados Unidos y por el Deportivo Municipal de Perú.

En Argentina, el marcador central jugó el Torneo Federal A con Racing de Córdoba y, posteriormente, con Sportivo Belgrano de San Francisco. Además, de disputar la Primera Nacional con Instituto de Córdoba.

En 2017 llegó al fútbol de Venezuela, país donde construyó el tramo más destacado de su carrera: Monagas Sport Club, Deportivo Táchira, Zamora FC, Portuguesa FC y Club Sport Marítimo de La Guaira, club donde milita desde este año.

 

El Papa envía una ayuda inicial de 100.000 euros

 

Los fondos fueron donados a los líderes eclesiásticos del país latinoamericano a través de la Limosnería apostólica. El estado costero de La Guaira fue el más afectado.

 

El papa León XIV, a través de la Oficina de Caridades Pontificias (Limosnería apostólica), envió ayuda inicial a Venezuela, país azotado por fuertes terremotos durante la noche. La contribución del Papa asciende a 100.000 euros, determinada tras conversaciones con el nuncio apostólico en Venezuela, el arzobispo Alberto Ortega Martín y el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo.

La nota del Vaticano precisa que «sin embargo, se mantendrá una atención constante a las necesidades del pueblo venezolano, las cuales serán atendidas en los próximos días, según las directrices de la Iglesia local».

Los informes sobre el terremoto indican que La Guaira es la zona más afectada del país. La presidenta interina Delcy Rodríguez declaró el estado de emergencia nacional tras dos fuertes temblores, de magnitud 7.2 y 7.5, que sacudieron el noroeste del país.

La Iglesia argentina expresó su solidaridad con Venezuela

La Conferencia Episcopal Argentina envió una carta a su par Venezolana tras el terremoto que afectó a distintas comunidades del país y provocó pérdidas humanas y daños materiales.

 

La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) envió una carta a monseñor Jesús González de Zárate, arzobispo de Valencia y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, para expresar su cercanía y solidaridad con el pueblo de Venezuela ante las consecuencias del terremoto que afectó a distintas comunidades del país.

El mensaje, fechado el 25 de junio de 2026 y firmado por el presidente de la CEA, monseñor Marcelo Colombo, y por el secretario general, monseñor Raúl Pizarro, manifiesta el pesar de los obispos argentinos por la tragedia.

La carta señala que el sismo provocó la pérdida de vidas humanas y afectó a numerosas familias que atraviesan situaciones de sufrimiento a causa de los daños ocasionados.

En nombre de la Iglesia argentina, los obispos expresaron su cercanía fraterna y su solidaridad con todo el pueblo venezolano.

Acompañamiento y oración
El texto también transmite el acompañamiento espiritual a las personas heridas y a quienes perdieron sus hogares y bienes materiales como consecuencia del terremoto.

Asimismo, la CEA manifestó su apoyo a quienes participan en las tareas de rescate y asistencia en las zonas afectadas. Los obispos argentinos afirmaron que comparten el dolor de las familias que lloran la pérdida de sus seres queridos y que se unen a la esperanza de quienes trabajan para atender la emergencia.

La carta incluye una invocación especial a Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, para que acompañe al pueblo venezolano en el proceso de recuperación.

En el marco de la respuesta de la Iglesia a la emergencia, el papa León XIV dispuso el envío de una ayuda inicial de 100.000 euros a través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Los fondos estarán destinados a colaborar con las tareas de asistencia a las poblaciones afectadas por el terremoto y se canalizarán por medio de las estructuras eclesiales presentes en las zonas damnificadas.

Comunión entre las Iglesias
Cómo cierre del mensaje, la Conferencia Episcopal Argentina envió un abrazo fraterno a todos los obispos de Venezuela y reafirmó la comunión en la fe y la oración entre ambas Iglesias ante la difícil situación que atraviesa el país.

Fuente: AgenciaNA / AICA
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