Oposición: el desafío de reimaginar la Argentina

Oposición: el desafío de reimaginar la Argentina

Hay muchos que dicen estar mal, pero creen que con el sacrificio estarán bien.

Foto: Apoyo. Algunos se sienten identificados con Milei y su rechazo al pasado y un futuro incierto. 

 

Buenos Aires, sábado 14 febrero (PR/26) —  La frase “es la economía estúpido” quedó grabada en muchos como una verdad incontrovertible. Y se leyó como que los votantes decidían según un cálculo racional de ganancias y pérdidas.

Sin embargo, para el lingüista George Lakoff, la gente no vota necesariamente por sus intereses, sino por su identidad, sus valores y por quien se identifican. Para Lakoff nos manejamos a través de marcos mentales, y si un político logra que acepten su lenguaje indica que aceptaron su lógica.

En el mismo sentido, en la revista Harpers, J. Blakely nos dice que la ciencia política tradicional acostumbrada a pensar el mundo desde una visión racionalista no puede entender el fenómeno Trump. Pone como ejemplo la cobertura que realizó la CNN buscando verificar datos y declaraciones asumiendo que los votantes estaban motivados por el deseo de información precisa cuando muchos se sentían atraídos porque validaba su visión de las cosas.

Con Milei estamos viviendo un fenómeno similar.
Un sector de la sociedad se siente identificado con quien expresa el rechazo al pasado y alienta una forma diferente, pero incierta de futuro. No es casual que Milei haya puesto tanto énfasis en su “batalla cultural”. Ha logrado imponer términos como “la casta” o “socialismo empobrecedor”, que funcionan como marcos morales.
El “yo soy alguien que se sacrifica por un futuro mejor” parece estarle ganando al “no llego a fin de mes”.
En su lógica si el Estado protege, te hace débil; en cambio, si las cosas cuestan y hay sufrimiento, hay conversión a lo digno.
La pobreza actual sería honesta, mientras que el consumo anterior sería una mentira financiada con deuda e inflación. Entre sus votantes la esperanza se mantiene, porque el dolor se entiende como una inversión a futuro. Por eso muchos dicen estar mal, pero creen que con el sacrificio estará bien.

Su estética como rockstar le da el envoltorio perfecto, transforma un mensaje de austeridad en un acto de insurrección. Todo cierra mientras los problemas de hoy puedan ser culpados a las gestiones pasadas.

La oposición quiere enfrentarlo cuestionando su modelo económico aperturista, el que los salarios suban menos que la inflación, el parate de obra pública, el cierre de empresas, la recesión, el que cante en un teatro mientras se incendia la Patagonia. Intentan enfrentar un fenómeno marcado por las emociones y el rechazo al pasado con datos que no interpelan a su electorado. Enfrentan un problema serio.

Critican desde un discurso del pasado y un cálculo racional de pérdidas. Un pasado que también está comenzando a ser cuestionado por su propia base social. Es lo que sucede cuando el encantamiento del líder desaparece.

Le pasó a Menem. Le está pasando a Cristina. También a Macri. ¿Llegará la desilusión por Milei? Muy probablemente en el momento en que un sector de quienes lo apoyan comience a percibir que el sacrificio actual está siendo desperdiciado, que no hay mejor futuro y que el Presidente es alguien que disfruta con el dolor ajeno.

Pero para que esto se produzca por acción y no por decantación del tiempo se necesita una voz capaz de sacudir emociones. Y una propuesta de generar un nuevo orden que no signifique la vuelta al pasado.

Un ejemplo de la impotencia actual es que en la discusión sobre la reforma laboral la oposición no propuso una alternativa superadora. Entonces, o encuentra un nuevo liderazgo, ya sea individual o colectivo, que encarne la posibilidad de lo nuevo, o deberá esperar el cansancio social.

Tiene a su favor que prevalece una mayoría en la opinión pública que cree que este rumbo termina en empobrecimiento, pero ese sector carece de representación política homogénea. Es claro que la oposición necesita reimaginar la Argentina.

 

Fuente: Perfil Columnas

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Oposición: el desafío de reimaginar la Argentina

Las victorias no aseguran el futuro

Argentina es vital para la derecha internacional desde el punto de vista simbólico y como cabecera de playa en América Latina. Bolivia, Chile y Ecuador parecen seguir el rumbo de nuestro país. Los partidos de derecha crecen en el mundo bajo consignas básicas vinculadas al orden económico, la seguridad y la inmigración.

En ese proceso aparece un cisne negro que cuestiona las ideas extremas del liberalismo de mercado. El joven inmigrante neoyorquino Zohran Mandami se pone del lado de enfrente, pero tomando las banderas universales de mejorar la economía doméstica, que es justamente la consigna con la que la derecha crece en el mundo. Mejorar el poder adquisitivo de los vecinos, golpeados por una inflación que avanza y corroe su nivel de vida con alquileres impagables y una ciudad que no se puede disfrutar.

Su apoyo principal provino de las minorías, aquellas a las que Trump detesta, cuyo mayor símbolo es el origen y la religión del nuevo alcalde. Los instrumentos a los que pretende recurrir para resolver el problema no son precisamente liberales, control de precios, ampliación de servicios sociales, incremento de impuestos a los ricos. Pero de eso se trata la polarización actual.

Las poblaciones parecen estar queriendo resolver su problema básico de bolsillo y mejores perspectivas de futuro a través de quienes son capaces de proponer soluciones nuevas a problemas viejos.

No se trata de que las poblaciones se volvieron derechistas o izquierdistas, se trata de que cuestionan a los que no logran resolver los problemas a los que se comprometieron en sus campañas. Y se vota por lo que en ese momento parece nuevo, distinto o diferente.

Pero hay también una variable vinculada a la independencia de las naciones. Cuando Trump se metió con la policía canadiense y la brasileña, las cosas no le salieron bien.

En Canadá el oficialismo caminaba a una segura derrota que terminó en victoria ante el desafío que les planteaba el ser absorbido como el estado 51 del vecino americano.

Los cuestionamientos a la Justicia brasileña por la condena a Bolsonaro fortalecieron la imagen de un Lula que venía en caída. En el caso de Argentina, el resultado fue inverso. La ayuda económica a un país en donde la gente se “está muriendo de hambre”, en lugar de ser percibida como un insulto, fue visto como un auxilio por cuatro de cada diez votantes.

El triunfo libertario permite ahora el avance de iniciativas como la reforma laboral e impositiva. Veremos qué sucede con ellas. A pesar de los triunfos, nada es seguro. El referéndum perdido por el gobierno del presidente Novoa, en el que se rechazó la posibilidad de la instalación de bases militares extranjeras, y el acotar el financiamiento de los partidos políticos muestran que no todo es blanco y negro.

Milei tiene la ventaja de que la oposición es débil, está enfrascada en sus luchas internas y carece de propuestas alternativas. Los votantes de la lista violeta han decidido darle a Milei una nueva oportunidad.

La prueba de esa confianza la encontramos en que se votó por el color de la lista y no por sus desconocidos candidatos. A esa confianza sustentada en la esperanza es a la que Milei debe poder corresponder con una mejora en la vida cotidiana.

Fuente: Perfil. Por Hugo Haime, consultor y analista político.

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