Menos apoyo, menos productividad: lo que revela el BID sobre el campo argentino

Menos apoyo, menos productividad: lo que revela el BID sobre el campo argentino

Por Giuliana Dellamaggiore – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)

 

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo repasa seis décadas de historia agropecuaria argentina y encuentra un patrón que se repite: cuando el Estado dejó de meter la mano en los precios, la productividad del campo voló. Cuando volvió a intervenir, se frenó.

 

 

 

 

Rosario, domingo 2 agosto (PR/26) — Entre 1961 y 2022 la producción agropecuaria argentina se multiplicó por más de tres veces, según datos de FAOSTAT. Pero el ritmo de ese crecimiento no fue parejo: hubo etapas en las que el campo produjo más porque se volvió más eficiente, y otras en las que simplemente usó más insumos para sostener el nivel de cosecha.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) (Salazar et al., 2025) se propuso desarmar esa historia. Dividió el período en distintas etapas de política agrícola y midió, en cada una, cuánto de ese crecimiento vino de la Productividad Total de los Factores (PTF) y cuánto del simple aumento en el uso de insumos.

 

 

 

Productividad agrícola y apoyo al sector agropecuario en Argentina: la evidencia del BID | Bolsa de Comercio de Rosario

 

El resultado general es contundente: en todo el período, la producción creció a un 2,6% anual, y la mayor parte de ese avance —1,78 puntos— se explica por ganancias de productividad, no por más fertilizante, más semillas o más maquinaria.

 

El momento dorado: cuando el Estado se corrió del medio

 

La foto cambia mucho según la época. Entre 1961 y 1989, con una economía cerrada, precios intervenidos y retenciones a la exportación, la producción creció a un ritmo moderado del 1,98% anual, apoyada sobre todo en la productividad.

El verdadero salto llegó entre 1990 y 2002, en plena liberalización y desregulación del sector. La producción se expandió a un 3,99% anual, y casi todo ese crecimiento —3,29 puntos— vino de la productividad.

 

Informe: el BID alertó que en la última década se desaceleró la productividad agrícola de la Argentina - LA NACION

 

El BID lo explica por la combinación de acumulación de capital, la llegada de los cultivos genéticamente modificados, la expansión de la siembra directa y una mayor adopción de prácticas como la rotación de cultivos. El campo no producía más porque usaba más recursos: producía más porque los usaba mejor.

 

El freno: retenciones, insumos y una productividad que se desinfla

 

A partir de 2003, con el regreso de los derechos de exportación y otras restricciones al comercio, la producción siguió subiendo —3,15% anual hasta 2015— pero cambió el motor: el uso de insumos alcanzó su punto más alto de toda la serie, mientras la productividad se redujo prácticamente a la mitad.

Entre 2016 y 2022 el freno se hizo más evidente todavía: tanto la producción como la productividad cayeron a apenas un 1% anual, el ritmo más bajo de las seis décadas analizadas.

 

Argentina, el caso más extremo del mundo

 

Para medir el respaldo de las políticas públicas al sector, la OCDE utiliza el Estimado de Apoyo Total (EAT), que cuantifica en dólares las transferencias netas entre el Estado y el campo. Un valor positivo indica apoyo; uno negativo, que el sector le transfiere recursos al resto de la economía.

Argentina tuvo un EAT negativo en casi todo el período estudiado, y la comparación con las tasas de crecimiento es reveladora: la etapa de mayor productividad coincidió justo con el momento en que ese apoyo fue prácticamente neutro. Cuanto más negativo se volvió, más se desaceleró la productividad.

 

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Entre 2020 y 2024, Argentina fue el único país de América Latina con un EAT negativo: -1,8% del PIB, equivalente a unos US$9.700 millones anuales que el campo transfirió al resto de la economía. A nivel mundial, el BID ubica a la Argentina junto con India y Vietnam entre los únicos tres países con apoyo negativo al productor, y como el caso más extremo de los tres.

Medido como porcentaje del PIB, el número puede parecer chico. Pero si se lo compara con el valor de la propia producción agrícola, la detracción equivale al 16%, casi una sexta parte de lo que genera el sector. Para tener una referencia: en Estados Unidos y la Unión Europea el apoyo al agro representa más del 20% del valor de su producción, pero en sentido contrario.

 

No es solo cuánto, sino en qué se transfiere

 

El BID va un paso más allá y muestra que el impacto sobre la productividad depende menos del monto total de apoyo que de cómo está compuesto. No todos los instrumentos afectan igual a la productividad.

El Apoyo a Precios de Mercado (APM) —que surge de la brecha entre precios internos e internacionales— tiene una correlación negativa con la productividad: a mayor distorsión de precios, peor desempeño productivo. En cambio, los apoyos directos y el gasto en investigación, sanidad e infraestructura se asocian con ganancias de productividad, aunque sus efectos tardan en notarse.

 

Tremendo: Argentina, el país que menos apoya al agro de todo el mundo

 

En la Argentina, el diagnóstico es claro: el apoyo negativo está compuesto casi en su totalidad por distorsión de precios. Entre 1997 y 2022, el APM le restó al sector más de US$190.000 millones, mientras que los apoyos directos y los servicios generales sumaron apenas US$6.000 y US$8.900 millones respectivamente. La cuenta es contundente: por cada peso destinado a impulsar la productividad, se le restaron trece por distorsión de precios.

 

La lección que deja el estudio

 

La evidencia para la Argentina no permite hablar de causalidad, pero sí es coherente con lo que el BID encuentra para toda América Latina: el desafío no pasa solo por cuánto apoyo recibe el campo, sino por en qué se traduce ese apoyo.

 

Empresas l Un informe del BID identificó las diez multilatinas más grandes de América Latina y confirmó el liderazgo de Brasil y México en la expansión empresarial regional.

 

Más que el volumen de recursos en juego, lo que parece determinar el futuro de la productividad agrícola es la capacidad de las políticas públicas para generar incentivos que no distorsionen los precios y que, en cambio, apuesten a infraestructura, tecnología e investigación.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: BCR Informativo Semanal

 

 

El acuerdo Mercosur–Unión Europea podría impulsar fuerte crecimiento de la producción y las exportaciones agrícolas

El acuerdo Mercosur–Unión Europea podría impulsar fuerte crecimiento de la producción y las exportaciones agrícolas

Un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y el INAI analiza el impacto del acuerdo Mercosur–Unión Europea sobre los derechos de exportación y proyecta un fuerte aumento de la producción y las exportaciones agrícolas argentinas hacia 2035, impulsado por mayor previsibilidad y mejores incentivos para el sector.

Buenos Aires, miércoles 21 enero (PR/26) — La reciente firma del Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, tras más de 25 años de negociaciones, abre un nuevo escenario para la agroindustria argentina, con impactos significativos sobre la producción y las exportaciones de cereales y oleaginosas.

Así lo señala un informe conjunto de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires y el Instituto Nacional de Asuntos Internacionales (INAI), que analiza en particular los efectos del acuerdo sobre los derechos de exportación (DEX).

El entendimiento introduce un marco comercial más previsible y estable, uno de los principales reclamos históricos del sector agroindustrial.

Entre sus compromisos centrales, se establece que, a partir del tercer año desde su entrada en vigor, la Argentina no aplicará derechos de exportación a los productos destinados a la Unión Europea, con excepciones puntuales para algunas cadenas estratégicas, entre ellas la soja.

En el caso del complejo sojero —que incluye porotos, aceite, harinas, pellets y biodiesel— el acuerdo fija topes máximos a los DEX.

Según detalla el INAI, a partir del quinto año se consolida un límite del 18%, que comenzará a reducirse de manera gradual desde el séptimo año hasta alcanzar un máximo del 14% en el décimo año de vigencia del acuerdo.

El estudio advierte que, en la práctica, resulta poco viable aplicar derechos de exportación diferenciados según el destino de la mercadería, debido a la estructura operativa de las cadenas agroindustriales, donde el impuesto se traslada al precio interno y el destino final del producto no suele conocerse en las primeras etapas de comercialización.

Por ese motivo, el análisis asume que los límites acordados tenderían a influir sobre el esquema general de incentivos del sector.

Para medir los posibles impactos, el informe evalúa tres escenarios prospectivos mediante un modelo de equilibrio parcial del sector agrícola: un escenario base sin acuerdo, uno con reducción de DEX y un tercero que incorpora, además, un cierre gradual de brechas tecnológicas y mejoras de productividad.

Los resultados muestran que hacia la campaña 2034/35 la producción total de cereales y oleaginosas podría pasar de 155 millones de toneladas en el escenario base a 160 millones con la reducción de derechos de exportación, y hasta 173 millones de toneladas en un escenario más dinámico con mejoras tecnológicas.

Los mayores incrementos se observarían en trigo, maíz y soja.

Este mayor nivel de producción se traduciría en un fuerte aumento de las exportaciones. Medidas a precios constantes, las ventas externas del complejo agrícola podrían crecer desde los USD 33.230 millones actuales hasta valores cercanos a los USD 42.000 millones en el escenario de mayor dinamismo productivo.

El informe destaca además que los beneficios del acuerdo no se limitan a la cuestión arancelaria. El compromiso de limitar el uso de mecanismos discrecionales, como los registros o autorizaciones previas para exportar, contribuiría a reforzar la previsibilidad normativa y mejorar la competitividad sistémica del sector.

Si bien los autores aclaran que se trata de ejercicios de simulación sujetos a supuestos técnicos, coinciden en que el acuerdo Mercosur–Unión Europea podría constituir un paso relevante para consolidar a la Argentina como un proveedor confiable de alimentos en los mercados internacionales, en un contexto de creciente demanda global y mayores exigencias regulatorias.

Primicias Rurales

Fuente: Bolsa de Cereales de Buenos Aires e INAI