Abrazar el camino de la infancia espiritual y sus secretos para llegar a Dios

Abrazar el camino de la infancia espiritual y sus secretos para llegar a Dios

Abrazar la infancia espiritual es combinar audacia, humildad, inventiva y, sobre todo, un abandono y confianza en Dios en todo momento

España, martes 13 enero (PR/26) — Jesús nos advierte: «En verdad les digo que si no vuelven a ser como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos» (Mt 18,3). Pero, ¿cómo volver a ese estado? No se trata de embrutecerse, ni de gatear, ni de hablar con un lenguaje inarticulado.

Al contrario, hay que progresar siempre en la inteligencia de la fe y en la inteligencia en general. ¿Cómo conciliar entonces una inteligencia cada vez más viva con la infancia? En realidad, por infancia espiritual hay que entender dos cosas: confianza y entrega en las manos del Padre, por un lado, y audacia, por otro.

Hasta aquí la confianza. Pero, ¿qué hay de la audacia en la infancia espiritual? La infancia es la época en la que no se calcula. El niño se entrega por completo a lo que emprende. Además, asume todos los riesgos.

 

Enfant priant

En su creatividad, el niño no está limitado por el recuerdo de sus fracasos ni por una experiencia desilusionada. Es nuevo en el mundo.

La infancia es la época de la libertad. Por eso los santos se parecen más a los niños: ellos también lo arriesgan todo, inventan nuevas formas de amar, dan muestras de inventiva en las iniciativas que emprenden para dar a conocer a Dios.

La experiencia no es un obstáculo para la iniciativa

Es cierto que los santos tienen más experiencia de la vida que los niños. Conocen sus peligros, saben adivinar las trampas que el demonio tiende en el camino de sus proyectos de evangelización.

Además, los santos se conocen bien a sí mismos y saben distinguir entre lo que es iniciativa divina y lo que es búsqueda interesada del reconocimiento de los hombres. Sin embargo, esta experiencia, lejos de paralizarlos, les permite evitar los callejones sin salida para alcanzar su objetivo de forma más directa y eficaz.

La conciencia de los peligros no los detiene y nunca debilita su sentido de la iniciativa y la asunción de riesgos. Porque su audacia se apoya en su abandono y su confianza.

De hecho, los santos siempre tienen presente que, en todo lo que emprenden, es Dios quien realiza la mayor parte del trabajo. De este modo, se unen al espíritu de abandono que es la primera característica del espíritu de la infancia espiritual.

Los santos, y los cristianos en general, se cuidan mucho de descuidar la ayuda de Dios cuando se embarcan en una empresa. Le confían todas las dificultades, como un niño que tira de la manga de su padre o de su madre cuando se encuentra con un obstáculo. Así es como el espíritu de iniciativa y el abandono van de la mano.

El orgullo, enemigo del espíritu infantil

Sin embargo, en este camino hacia el espíritu infantil hay un obstáculo que hay que evitar: el orgullo, el pecado por excelencia.

No sólo nos lleva a menospreciar injustamente a los demás, sino que además nos impide pedir ayuda al Altísimo.

Ahora bien, los santos, al igual que los niños, han renunciado a todo orgullo: ahí reside la clave de su éxito. Conscientes de sus limitaciones, han aceptado sin rencor la idea de que no pueden hacerlo todo.

Los santos, dulces y tiernos de corazón como Jesús, son coherentes con su fe al proyectar estas cualidades en Dios, al igual que los orgullosos lo son con su desconfianza al proyectar en Él su soberbia.

Porque siempre tendemos a ver a Dios a través del filtro de nuestras cualidades o defectos. Con la diferencia de que nuestras cualidades se las debemos a Dios, mientras que nuestra desconfianza proviene de nuestra propia maldad.

Al volver a ser niños, los santos comprenden intuitivamente cuán tierno es Dios, como un padre atento. No solo no se avergüenzan de recurrir a Él en las dificultades porque no tienen el orgullo de querer hacerlo todo por sí mismos, sino que, además, el Espíritu de Jesús los ha hecho mansos y humildes de corazón como Él, y saben que el Padre celestial es a imagen de su Hijo: manso y amoroso. Están seguros de que Dios no los juzgará, porque Él no es un examinador.

Superar los obstáculos con su pequeñez

 

Así es como los cristianos vuelven a ser niños, tal y como nos recomienda Jesús, y cómo logran conciliar la audacia y la entrega a Dios. Al haber conservado la ingenuidad y el gusto por las cosas grandes y bellas de la infancia, los santos se lanzan a los proyectos más atrevidos. A menudo los niños nos sorprenden porque han logrado cosas que nosotros nunca hubiéramos emprendido.

¿Y por qué han tenido éxito? ¡Porque no sabían que era imposible de lograr! Más experimentado, pero no menos confiado, el discípulo de Cristo también se lanzará a las empresas más difíciles, porque sabe que Dios suplirá sus carencias.

Para él, no existen obstáculos insuperables, siempre y cuando la obra corresponda al Espíritu de Dios. Dios llenará las lagunas del obrero, ya que es Él quien le ha inspirado esta aventura. Y si el obrero de la viña del Señor fracasa, no se lamenta durante mucho tiempo, ya que, al no ser orgulloso, no le da vueltas a su fracaso y no tarda en embarcarse en una nueva obra.

Así, el espíritu infantil logra combinar la conciencia de su pequeñez con el deseo de realizar grandes cosas. Santa Teresa de Lisieux quería abarcar todas las vocaciones: mártir, misionera en los confines del mundo y todas las demás que han ilustrado la historia de la Iglesia.

Sin embargo, consciente de su impotencia para lograrlo, encontró la solución sirviéndose de Jesús como ascensor para subir la montaña de la santidad y encontrarse así en el corazón de la Iglesia, ese Corazón desde el que podría realizar sus sueños de misiones en todas partes.

Al igual que la pequeña Teresa, la infancia espiritual es a la vez humilde, inventiva y audaz.

 

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Fuente: Aleteia

“El amor del padre nos hace hijos”

“El amor del padre nos hace hijos”

Primera lectura

Lectura de la primera carta de Juan 2, 29 – 3, 6

 

Queridos hermanos:

Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él.

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!

El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifiesta, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Todo el que comete pecado quebranta también la ley, pues el pecado es quebrantamiento de la ley.

Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado.

Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no lo ha visto ni conocido.

 

Salmo de hoy

Salmo 97, 1bcde. 3cd-4. 5-6 R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera,
gritad, vitoread, tocad. R/.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según san Juan 1, 29-34

 

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dijo: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.

Y yo lo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios».

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

El amor del padre nos hace hijos

Renacidos por el agua y del Espíritu, hemos entrado a formar parte de la familia de Dios. Jesús, el Hijo de Dios nacido en Belén, se ha hecho hermano nuestro. Y en Él toda la naturaleza humana ha sido incorporada al encuentro con Él en lo alto.

Si tal es nuestra condición y la esperanza en la posesión de la bienaventuranza eterna, todo cristiano debe vivir esa comunión como una realidad que ha comenzado ya aquí en la tierra. En nuestro lenguaje decimos que “nobleza obliga”. Todo cristiano debe ser persona y evangelio para la comunidad humana.

Al comenzar el año dejémonos inspirar por el Espíritu de Dios.

Jesús, el cordero de dios entregado

Como buen profeta, la misión de Juan el Bautista era señalar a Jesús presente en ese pueblo y en esa sociedad, guiándose por criterios de fe. Estos criterios descubren a Cristo Salvador en los signos de los tiempos, donde sabemos que está presente el Espíritu.

La gracia de la Navidad que hemos recibido debe agudizar nuestra fe para ver a Jesús liberador en el pueblo y en la turbulencia de algunas naciones.

Cuando cantamos al Niño indefenso de Belén como a nuestro Salvador, estamos proclamando nuestra fe en la fuerza de esta criatura, aparentemente indefensa.

Pidamos a Jesús que aumente en nosotros la fe en la fuerza de su amor.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.

Fr. Carlos Oloriz Larragueta O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)

Evangelio de hoy en audio

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Fuente: Dominico Org
Abandonarse en las manos de Dios tiene buenas consecuencias: el valor de la entrega

Abandonarse en las manos de Dios tiene buenas consecuencias: el valor de la entrega

Por Mónica Muñoz

Abandonarse a nuestra propia voluntad puede resultar contraproducente porque no siempre tomamos buena decisiones, pero ¿qué pasará si lo haces en manos de Dios?

Buenos Aires, jueves 11 diciembre (PR/25)El abandono en las manos de Dios es un acto que tal vez nunca se nos ha ocurrido porque dependemos totalmente de nuestras fuerzas para solucionar las vicisitudes de la vida. La confianza en nuestros semejantes falla, pero, ¿qué consecuencias tendría que nos apeguemos a la voluntad de Dios?

Los santos nos dan su ejemplo

Abundan los testimonios en los que los santos, después de luchar en contra de las fuerzas humanas, terminan cediendo el control a Dios. Y es cuando ocurren los milagros: las dificultades se solucionan porque el corazón ha comprendido que Dios sabe mejor que nosotros lo que necesitamos.

El padre Dolindo Ruotolo, Siervo de Dios, tuvo una vida colmada de pruebas que lo configuraron con Cristo crucificado.

Nació el 6 de octubre de 1882 en Nápoles. Desde muy niño sufrió enfermedades y maltratos, en sus primeros años por parte de su padre que tenía muy mal carácter y era avaro.

Aprender abandonándose a Dios

Dolindo – que significa «dolor» – No tuvo una educación formal y era incapaz de comprender lo que estudiaba cuando tuvo la oportunidad de ingresar en la Escuela Apostólica de los Sacerdotes de la Misión.

Sin embargo, su docilidad y amor por Dios y la Santísima Virgen le abrieron la inteligencia. Él mismo contó en su autobiografía:

Yo frecuentaba el primer curso. Como de costumbre, aprendía las lecciones de memoria; pero donde se pedía la inteligencia y la reflexión, yo no lograba nada. Entonces fue cuando me encomendé a Jesús y a la Virgen para que me ayudaran. Y sucedió un hecho curioso. Era el 15 de junio 1896.

El padre Ruotoldo cuenta que, rezando el Rosario, pidió a la Virgen que le diera inteligencia, si quería que fuera sacerdote. Fue entonces que ocurrió el prodigio:

Y de pronto, así como estaba, arrodillado, empecé a dormitar: la imagen se movió por el viento o por otra razón, no sé decirlo. Me tocó la frente y yo me desperté de ese sopor con mi pobre mente ágil y lúcida. Era una gran misericordia de Dios. Ya estaba fuera de los peligros externos del mal y la inteligencia podía ayudarme o conocer y amar a Dios.

Después de eso, se convirtió en el mejor alumno, comprendiendo tan bien todo lo que se le enseñaba que incluso le llamaban el «enciclopédico».

Confiar totalmente en Dios

El padre Dolindo nos enseña que el ser humano puede ser muy injusto, pero Dios siempre saldrá en auxilio de quien confíe absolutamente en Él. Por eso, leemos en el libro del padre Ángel Peña O. A.R. «Padre Dolindo Ruotoldo, un santo de nuestros días»

«el 20 de agosto de 1896, Dolindo hizo un acto completo de abandono en Dios: puso su entera existencia en sus manos, para que Él dispusiera de su vida como quisiera para el bien de las almas».

Nuestra propia experiencia de la confianza en Dios puede ser incipiente, pero si queremos que Él sea quien guíe nuestra vida y las consecuencias nos conduzcan a nuestra salvación, ejercitémonos en el abandono orando constantemente como el padre Dolindo:

Jesús, me entrego a ti, tú te encargas de todo.
¡Si nos entregamos con confianza, El lo soluciona todo!

 

Oración de entrega de San Ignacio de Loyola

Toma, Señor, y recibe
toda mi libertad, mi memoria,
mi entendimiento
y toda mi voluntad;
todo mi haber y mi poseer.
Tú me lo diste,
a Ti, Señor, lo retorno.
Todo es Tuyo: dispone de ello
según Tu Voluntad.
Dame Tu Amor y Gracia,
que éstas me bastan.
Amén.

 

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Fuente: Aleteia

Cómo planificar un Adviento tranquilo y lleno de oración

Cómo planificar un Adviento tranquilo y lleno de oración

¿Anhelas un Adviento tranquilo y devoto, preparándote para el nacimiento de Nuestro Señor? Estás en el lugar correcto ¡Hagámoslo juntos!

España, lunes 8 diciembre (PR/25) — Mientras las tiendas promocionan versiones «más grandes y mejores» de todo, te invitamos a vivir un diciembre tranquilo, silencioso y reflexivo para prepararnos al nacimiento de Nuestro Señor. ¿Tú sumas? Hagámoslo juntos. Este es un plan para tener un Adviento en paz este año.

1SIMPLEMENTE DI NO

 

Adviento-tranquilo

 

¿Te sobrecargas de compromisos y te comprometes en exceso con demasiada facilidad?
Si hay algo que puede hacer tu Adviento más tranquilo, es decir con prudencia no te comprometas de más en actividades que puedan distraerte de vivir el Adviento. Basta con decir amablemente un «no, gracias».

Quizás este año puedes ver con tu familia un maratón de películas navideñas, en lugar de gastar en entradas de cine o de algún teatro.

Y al decir «no», podríamos buscar un pequeño sacrificio que hacer durante este Adviento para preparar nuestros corazones para la Navidad, al igual que nos sacrificamos durante la Cuaresma para prepararnos para la Pascua. Puedes probar dejar las redes sociales durante todo el Adviento y así ofrecer ese pequeño sacrificio. O realizar actos de solidaridad. Hay mucha gente necesita de alimento y consuelo.

2¡PARA QUE PUEDAS DECIR QUE SÍ!

Cada vez que decimos «no» a algo, abrimos un espacio en nuestras vidas y agendas para decir «sí» a otra cosa.

Así que preguntémonos: ¿a qué vale realmente la pena decir «sí»?

A lo mejor puede ser un calendario de Adviento con libros ilustrados. Puedes hacer uno para tus hijos o bien hacerlo juntos. Así verás el fruto del tiempo y el esfuerzo.

 

Di «sí» a hacer comidas caseras: hornear algo en casa con ellos les puede ayudar a pasar tiempo juntos.

 

Di «sí» a enviar tarjetas de Navidad: podrás ver las caras de tus amigos y también colocar en un lugar especial las cartas que reciban como familia.

Di «sí» al tiempo diario de oración de Adviento. Puedes seleccionar un devocionario y buscar inspiración en ellos, así como en las Sagradas Escrituras.

Cada «sí» será diferente y puede variar entre cada familia, pero pensemos en lo que nos gusta lo suficiente como para decir «sí» este año. Pensemos realmente en lo que aumentará nuestra alegría esta Navidad, en lugar de dejarnos tambalearnos en las fiestas estresados y abrumados.

3PREPÁRATE LO ANTES POSIBLE

iglesia hispana

 

Piensa en preparar todos las decoraciones y obsequios antes de cierta fecha, esto evitará que tengas estrés buscando los obsequios a última hora. En general, cuanto más nos preparamos con antelación, más tranquilas serán las cosas después. (¡Esto es válido para la vida, no solo para el Adviento!)

Ya sea preparando, haciendo las compras navideñas a principios de temporada, podemos buscar formas de prepararnos con antelación para que el Adviento sea más tranquilo y apacible. Pero lo más importante es la inmersión en la espiritualidad.

¿Por qué es importante?

Lo más importante para tener un Adviento tranquilo es hacer espacio en tu agenda —para la oración, para la tranquilidad, para escuchar la voz de Dios— y para disfrutar realmente este tiempo con tus seres queridos. El tiempo que pases con Jesús es lo más importante a lo que puedes decir que sí.

Las oraciones de Adviento se centran en la esperanza, preparación y vigilancia para la venida de Jesús, pidiendo un corazón vigilante, serenos, perdonar y amar, mientras se espera la Navidad, con frases como «Ven, Señor, no tardes», «Enciende nuestras almas», y pidiendo un corazón que sepa esperar, amar y perdonar, enfocándose en la llegada del Mesías como luz y salvación, y usando la Corona de Adviento como símbolo de esa espera y esperanza creciente.
Aquí van unas oraciones Generales de Adviento
  • Para pedir un corazón preparado: «Señor Jesús, en este tiempo de Adviento te rogamos que nos concedas un corazón vigilante, lleno de esperanza y amor por tu venida. Inflama nuestros corazones Espíritu Santo, para que llenos de valentía, permanezcamos alertas y volcados en amor hacia nuestro prójimo, esperando tu llegada. Amén.».
  • Para sanar y amar: «Padre Celestial, sana mi corazón durante este tiempo de Adviento. Ayúdame a amar más plenamente, perdonar más generosamente. Esperar con más paciencia la Navidad, abrazando cada día y cada hora sabiendo la alegría que nos espera. En Tu nombre te lo ruego. Amén.».
  • Para bajar el ritmo: «Querido Jesús, eres la esperanza en nuestro mundo caótico. Este Adviento, ayúdanos a bajar el ritmo, escuchar tu voz y concentrarnos en lo que realmente importa. Ponemos nuestra esperanza en ti mientras preparamos nuestros corazones para celebrar tu nacimiento en Navidad. Amén.». 

 

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Fuente: Aleteia / IA

“El amor del padre nos hace hijos”

“Sabed que está cerca el reino de Dios”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,29-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:
«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.

Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Palabra del Señor