“Hágase en mí según tu palabra”

“Hágase en mí según tu palabra”

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 7, 10-14

 

En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:
«Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Respondió Ajaz:
«No lo pido, no quiero tentar al Señor».

Entonces dijo Isaías:
«Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel».

 

Salmo de hoy

Salmo 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6 R/. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede entrar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

 

En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»

El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».

María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

«Ya llega el esperado de los tiempos»

Nos vamos acercando ya a la solemnidad de la Natividad del Señor. Estamos en la cuarta semana de Adviento. En la liturgia de la Iglesia cobran especial relieve las grandes figuras bíblicas que rodean el nacimiento del Señor. Entre ellas María ocupa el lugar más destacado.

Se nos va desvelando también la personalidad humana y divina de quien está llegando, por medio de títulos importantes. Estos se ponen de manifiesto en apelativos simbólicos: Sabiduría proveniente de la boca del Altísimo, Adonai, Jefe de la casa de Israel, Raíz de Jesé, Llave de David, Cetro de Israel, Oriente luminoso de luz eterna, Sol de justicia, Rey de las naciones, Piedra angular de la Iglesia. Nombres todos que nos adelantan la importancia del personaje que se anuncia: El Emmanuel, el Dios con nosotros.

El Señor, por su cuenta, os dará una señal

La primera lectura, del profeta Isaías, contiene el anuncio del nacimiento de un niño, un hijo que va a continuar la descendencia de David. Al rey Acad se le da una señal de parte de Dios: una mujer virgen está en cinta y da a luz un hijo y le pone por nombre  “Dios-con-nosotros”. La fe cristiana ve en este acontecimiento el anuncio del nacimiento del Mesías.

Para Dios nada hay imposible

San Lucas, por su parte, en el Evangelio nos ofrece una de las páginas más bellas jamás escritas: la Anunciación del Señor.

Es Dios quien toma la iniciativa. Quiere hacer realidad su plan de salvación de toda la humanidad. Va a intervenir en la historia por medio de su Hijo hecho hombre. Para ello quiere contar con una joven de Nazaret, desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David. Pero Dios, que no quiere hacer las cosas a la fuerza, se acerca a María por medio de su ángel Gabriel, para invitarle a formar parte de su plan de Salvación. María está llena de la gracia de Dios y es considerada digna de ser la madre del Redentor.

María, la mujer joven y sencilla de Nazaret, se queda abrumada por el anuncio del ángel y llena de temor ve inviable que se haga realidad en ella la obra de Dios. ¿Cómo va a ser eso si no conozco varón? Sin embargo, se muestra disponible para aceptar la voluntad de Dios, ya que para Él nada hay imposible.

“Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Contesta María al enviado de Dios.

Dios también quiere contar contigo

Para Dios nada hay imposible y podría actuar solo. Sin embargo, lo mismo que contó con María para hacer realidad la encarnación de su Hijo, quiere contar con cada uno de nosotros para llevar a cabo su plan de salvación. También a ti y a mí nos encuentra llenos de gracia en su presencia. Su amor hace que se diluyan todos nuestros miedos. Nos da la fortaleza de su Espíritu, que nos hace fecundos. Nos encarga una misión en el mundo y nos capacita para ella. También nosotros estamos llamados a “dar a luz” a Jesucristo, hoy en medio de la sociedad de nuestro tiempo, por medio del testimonio sencillo de nuestra vida. Ojalá que podamos pronunciar nuestro si, como María, haciendo siempre su voluntad.

Muchas veces, en medio del ruido, las prisas y el ajetreo en que estamos inmersos, necesitamos el recogimiento y el silencio de María para hacernos conscientes de la presencia de Dios en nuestra vida. Un silencio en medio del cual sigue resonando hoy la voz amorosa de Dios.

 

¿Soy capaz de hace silencio dentro de mí, para escuchar la voz de Dios?

¿Soy un creyente feliz que irradia alegría?

¿Estoy disponible para hacer la voluntad de Dios, como María?

¿Me he preguntado lo que necesita Dios de mí y de mi vida?

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

. Actualmente formo parte de la Comunidad del Convento Santo Tomás de Aquino de Sevilla. Disfruto sobre todo junto al mar y me gusta mucho viajar en buena compañía. Valoro bastante la amistad y disfruto intentando dar a conocer a Jesucristo mediante la predicación del Evangelio.

Evangelio de hoy en audio

Hoy celebramos a la Virgen de la O, protectora y amparo de las mujeres embarazadas

Hoy celebramos a la Virgen de la O, protectora y amparo de las mujeres embarazadas

Bien podemos llamar a la Virgen de la O: “Madre del Adviento”, porque Ella nos enseña a esperar con paciencia en Dios. Imitemos a María, y aprendamos a esperar en las promesas de Dios. Ella, que vivió “la dulce espera”, sin miedo, sin angustia o ansiedad, nos da ejemplo de confianza en el Altísimo.

La maternidad ejercida en el seno del Amor verdadero

 

En ciertos lugares esta hermosa advocación mariana recibe otros nombres: “Virgen de la Dulce Espera” o “La Virgen Encinta”. Cualquiera sea el caso, los fieles devotos miran a María en esa dimensión esencial de su vida: la de la maternidad ejercida, con los cuidados propios de la gestación, y todo aquello que implica eso que llamamos el “estado de buena esperanza” o el periodo de “la dulce espera”.

Por eso, así como cada mujer con un hijo en el vientre puede encontrar en la la Madre de Dios una compañía cercana, alivio, fortaleza y esperanza, la celebración de la Virgen de la O resulta también propicia para enriquecer y profundizar en aquello que la Iglesia vive durante los días del Adviento.

Origen de la devoción

Entre el 17 y el 23 de diciembre, las antífonas para el cántico evangélico de Vísperas, el Magnificat, empiezan siempre con la exclamación admirativa “oh”. En otras palabras, a María se le invoca durante esos días con exclamaciones como: “Oh, Sabiduría…; “Oh, Adonai…”; “Oh, renuevo del tronco de Jesé…”; “Oh, llave de David…”. A estas se les llama “antífonas mayores” o “antífonas de Adviento”.

La repetición constante e insistente del “oh” para introducir las menciones en honor a la Virgen dió origen al título “Virgen de la Oh”. Luego, muy probablemente, dejó de escribirse la letra “h”, siendo esta un grafema sin valor fonético. De esta forma, la advocación pasó a llamarse simplemente “Virgen de la O”.

La espera más dulce

La experiencia radicalmente humana -y divina- de engendrar una nueva vida suele transformarlo todo. El anuncio de que un nuevo ser está por venir es siempre motivo de esperanza, o, al menos, debería serlo. Es verdad que en una “cultura” como la nuestra, con visos contrarios a la vida, la llegada al mundo de muchos seres humanos se percibe como un “problema”, que compromete libertades y sueños, cuando debería ser todo lo contrario.

La Virgen, como madre que es, alecciona, da ejemplo y acompaña a padres y madres en el sendero que se dirige a recibir una nueva vida. La Virgen de la O, así, se constituye para los progenitores en símbolo de esperanza. Contemplando a la Madre de Dios en los días previos al alumbramiento de Jesús, con muy poco, con casi todo en contra, experimentando soledad y pobreza, vemos a una mujer dispuesta a todo por su hijo. Ella acoge la vida divina con amor y la potencia con su sacrificio en el día a día. Por eso, cualquier madre que se pone en manos de Dios, nunca será defraudada.

¡Qué gran bendición es María para las mujeres que llevan a un hijo o hija en sus vientres! Cuánta esperanza, aún con dolor, puede extraerse de su dulce espera. ¡Qué bello el privilegio de gestar o de acoger a alguien que también es hijo de Dios! ¡Cuánta alegría puede haber en ello si se sobrepone el amor a la dificultad! ¡Qué dulzura estar encinta! ¡Qué consuelo en los momentos difíciles!

¡Virgen de la O, ruega por todas las madres del mundo! ¡Intercede por nosotros en este Adviento!

Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra, de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres, de la mar estrella,
llévanos a Cristo, danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre, la de gracia llena,
del Señor la esclava, del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos, hacia tu belleza. ¡Amén!

Primicias Rurales

Fuente: Aciprensa

Oración de san Juan Pablo II a la Virgen de Guadalupe

Oración de san Juan Pablo II a la Virgen de Guadalupe

Sabemos que san Juan Pablo II amaba mucho a la Virgen de Guadalupe. Por eso, durante su primera visita a México, le dedicó esta bella oración

Buenos Aires, lunes 15 diciembre (PR/25) — En enero de 1979, el recién electo Papa Juan Pablo II quiso visitar México. Y más concretamente, la basílica de la Santísima Virgen de Guadalupe, a donde regresó tres veces más a presentarle sus peticiones en profunda oración. Su amor por la «Morenita» fue innegable.

Además, recordemos que Ella no sólo es Madre de los mexicanos, sino como se lo dijo a san Juan Diego, lo es de todos los que «a mí clamen, los que me busquen, lo que me honren confiando en mi intercesión» (Nican Mopohua). Es la Emperatriz de las Américas.

Con esa confianza, hagamos la bella oración que san Juan Pablo II compuso para la Santísima Virgen de Guadalupe para pedir su intercesión:

 

Oración

¡Oh Virgen Inmaculada
Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia!
Tú, que desde este lugar manifiestas
tu clemencia y tu compasión
a todos los que solicitan tu amparo;
escucha la oración que con filial confianza te dirigimos,
y preséntala ante tu Hijo Jesús, único Redentor nuestro.

Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso,
a Ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores,
te consagramos en este día todo nuestro ser y todo nuestro amor.
Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos,
nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.

Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos;
ya que todo lo que tenemos y somos lo ponernos bajo tu cuidado,
Señora y Madre nuestra.

Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino
de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia:
no nos sueltes de tu mano amorosa.

Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas,
te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos
de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.

Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda
hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorgue abundantes
vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe
y celosos dispensadores de los misterios de Dios.

Concede a nuestros hogares
la gracia de amar y de respetar la vida que comienza.
con el mismo amor con el que concebiste en tu seno
la vida del Hijo de Dios.
Virgen Santa María, Madre del Amor Hermoso, protege a nuestras familias,
para que estén siempre muy unidas, y bendice la educación de nuestros hijos.

Esperanza nuestra, míranos con compasión,
enséñanos a ir continuamente a Jesús y, si caemos, ayúdanos
a levantarnos, a volver a El, mediante la confesión de nuestras culpas
y pecados en el sacramento de la penitencia,
que trae sosiego al alma.
Te suplicamos que nos concedas un amor muy grande a todos los santos sacramentos
que son como las huellas que tu Hijo nos dejó en la tierra.

Así, Madre Santísima, con la paz de Dios en la conciencia,
con nuestros corazones libres de mal y de odios,
podremos llevar a todos la verdadera alegría y la verdadera paz,
que vienen de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
que con Dios Padre y con el Espíritu Santo,
vive v reina por los siglos de los siglos.

Amén.

Primicias Rurales

Fuente: Aleteia

Adviento: el tiempo de la espera que prepara el corazón para la Navidad

Adviento: el tiempo de la espera que prepara el corazón para la Navidad

Buenos Aires, sábado 13 diciembre (PR/25) — Con el inicio del Adviento, la Iglesia católica inaugura un nuevo año litúrgico y propone a los fieles cuatro semanas de preparación espiritual para la Navidad. Lejos de ser sólo una antesala festiva, este tiempo litúrgico invita a la espera vigilante, la conversión interior y la esperanza activa, en torno al misterio del nacimiento de Jesús.

“El Adviento es un tiempo de vigilancia, de esperanza y de conversión interior”, señalaba san Juan Pablo II, sintetizando el sentido profundo de este período. En la misma línea, san Agustín advertía: “Temamos que el Señor pase y no lo reconozcamos. El Adviento es el tiempo de despertar el corazón”.

Un tiempo que abre el año litúrgico

El Adviento comienza con las primeras vísperas del domingo más próximo al 30 de noviembre y se extiende hasta las primeras vísperas del 25 de diciembre. Comprende cuatro domingos y marca el inicio del año litúrgico, en el que la Iglesia recorre los principales acontecimientos de la vida de Jesucristo y de la historia de la salvación.

Durante estas cuatro semanas, el calendario litúrgico se divide en dos momentos. El primero, hasta el 16 de diciembre, orienta la mirada hacia la segunda venida de Cristo. El segundo, del 17 al 24 de diciembre, prepara de manera más inmediata la celebración de la Navidad.

“El Adviento es el tiempo que se nos da para acoger al Señor que viene a nuestro encuentro”, explicó el papa Francisco. “Él viene dentro de nosotros cada vez que estamos dispuestos a recibirlo, y vendrá de nuevo al final de los tiempos”.

San Bernardo de Claraval profundizó esta idea al hablar de las distintas formas de la presencia de Cristo: “Hay tres venidas del Señor: en la carne, en el alma y en la gloria. En el Adviento nos preparamos para acogerlo en el corazón”.

Esperar también es convertirse

La espera que propone el Adviento no es pasiva. Se trata de un tiempo de conversión personal, en el que la liturgia invita a revisar la propia vida y a renovar la relación con Dios. La figura de san Juan Bautista ocupa aquí un lugar central, como voz que llama a preparar el camino del Señor.

“Si queremos celebrar dignamente la Navidad, debemos purificar primero nuestra conciencia”, advertía san Carlos Borromeo, subrayando que la preparación espiritual es inseparable del sentido auténtico de la fiesta.

El papa Francisco retomó esta enseñanza al recordar que la conversión implica “el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos y el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida”.

María, modelo de espera y humildad

 

En el Adviento, la Iglesia contempla de modo especial a la Virgen María, figura central de este tiempo litúrgico. Su actitud de escucha, humildad y disponibilidad ante el anuncio del ángel se presenta como modelo para los creyentes.

San Josemaría Escrivá lo expresó al inicio del año litúrgico: “Pedimos al Señor que nos guíe, que nos muestre sus pisadas, para que podamos dirigirnos a la plenitud de sus mandamientos, que es la caridad”. Al meditar el misterio de la Visitación, subrayaba además cómo la humildad de María se derrama en el Magníficat y se convierte en una invitación concreta para la vida cristiana.

La Navidad, un Dios que se hace cercano

La espera del Adviento culmina en la Navidad, celebración del nacimiento de Jesús en la humildad de un pesebre. A lo largo de la historia, los santos han insistido en el profundo significado de este misterio.

“Cristiano, reconoce tu dignidad: Dios ha nacido hombre para que el hombre vuelva a Dios”, proclamaba san León Magno. San Francisco de Asís, impulsor de la tradición del pesebre, lo expresaba con sencillez: “Dios se hizo pequeño para que nadie tenga miedo de acercarse a Él”.

Santa Teresa de Calcuta recordaba que el sentido de esta fiesta no es sólo exterior: “La Navidad no es un acontecimiento exterior, sino algo que sucede en el interior del corazón”. En la misma línea, san Josemaría Escrivá afirmaba: “Dios ha querido hacerse niño para enseñarnos a amar sin condiciones”.

El Niño Jesús y la lógica de la humildad

El nacimiento de Jesús revela una lógica distinta a la del poder y la grandeza. En el pesebre, Dios se manifiesta en la fragilidad y la pobreza.

“El amor de Dios se hizo visible en un pesebre”, escribió san Alfonso María de Ligorio. San Vicente de Paúl añadía que “el Hijo de Dios eligió la pobreza para enseñarnos dónde está la verdadera riqueza”.

Santa Teresita del Niño Jesús resumió esta espiritualidad con una frase que atraviesa generaciones: “Amar es hacerse pequeño, es confiar como un niño en los brazos del Padre”.

Un mensaje vigente para el presente

Más allá de las tradiciones y costumbres propias de estas semanas, el Adviento y la Navidad siguen interpelando al mundo actual.

“La Navidad nos recuerda que Dios no permanece lejano: entra en la historia y camina con nosotros”, señaló Benedicto XVI.

San Pablo VI lo definió como “el misterio de un Dios que se hace cercano y nos invita a la esperanza”.

Así, el Adviento se presenta como una oportunidad para detenerse, mirar hacia adentro y preparar el corazón para una Navidad que no sea sólo un recuerdo del pasado, sino una experiencia viva de fe, esperanza y renovación espiritual.

Primicias Rurales / IA

Vaticano convoca conferencia sobre Guadalupe a la luz del documento doctrinal sobre títulos de la Virgen

Vaticano convoca conferencia sobre Guadalupe a la luz del documento doctrinal sobre títulos de la Virgen

Ese mismo mensaje, sencillo y profundamente consolador, mantiene hoy una fuerza singular, especialmente “en el contexto de guerra y de dificultades en el mundo que vivimos hoy”, afirma a ACI Prensa el P. Stefano Cecchin, OFM, presidente de la Pontificia Academia Mariana Internacional.

El franciscano participará este viernes en el encuentro inédito organizado por la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) en el Vaticano, una jornada que reunirá a sacerdotes, religiosas y seminaristas latinoamericanos y que situará la figura de María —en particular bajo su advocación guadalupana— en el centro de la reflexión evangelizadora.

Guadalupe, un mensaje de cercanía y liberación

El P. Cecchin subraya que María se manifestó con un lenguaje accesible, cercano y protector, capaz de difundir el mensaje cristiano sin desdibujar la identidad indígena del vidente. De hecho, subraya, en “Guadalupe nos topamos con la inculturación de Dios”.

Para él, el núcleo espiritual del acontecimiento guadalupano es profundamente liberador: “María aparece para no asustar, aunque se produce al final de año del calendario azteca, pero aparece para traer paz, serenidad. El mensaje de Guadalupe es que, quien está con María, no debe tener miedo”.

 

 

 

 

 

Comprender esa dimensión histórica y teológica —añade— permite percibir su impacto universal. “Estamos tratando de sensibilizar a todo el mundo, más allá de los países de América Latina, Filipinas y España. Queremos que todo el mundo lo haga suyo”, afirma. Y resume su importancia con una imagen contundente: “Para nosotros Guadalupe es el Sinaí de América”.

La comparación no es metafórica: en la península del Sinaí nació el pueblo de Israel y en Guadalupe, continúa el P. Cecchin, “nació el pueblo cristiano americano”.

Un encuentro marcado por el nuevo documento doctrinal sobre los títulos de la Virgen María

La jornada en el Vaticano está dirigida a sacerdotes, religiosas y seminaristas latinoamericanos que estudian en Roma. Tras los saludos del presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, Mons. Filippo Iannone, tomará la palabra el prefecto para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Víctor Manuel Fernández, quien ofrecerá una conferencia magistral titulada María: estrella de la evangelización y de la misión para América Latina hoy. 

“Esta expresión ya ha sido muchas veces usada en América Latina, pero queremos replantearla a la luz de la enseñanza de la nueva nota doctrinal que nos ha regalado el Dicasterio para la Doctrina de la Fe sobre la Virgen María”, subraya por su parte Rodrigo Guerra, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina.

La presencia del Cardenal Fernández estará directamente vinculada a la reciente publicación de la nota doctrinal Mater Populi Fidelis, un documento que ha suscitado amplio debate en algunos sectores al proponer una relectura de la mariología popular y al matizar títulos devocionales tradicionales.

Precisamente por ello, el evento del 12 de diciembre busca ofrecer claves para una recepción serena y evangelizadora del documento.

En este sentido, Guerra presentará una reflexión sobre la recepción doctrinal de la figura guadalupana en Roma:

“Explicaré la grata sorpresa que a todos nos ha generado el descubrir que en la reciente nota doctrinal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe el tema de la Virgen de Guadalupe es abordado en dos parágrafos para mostrar de una manera muy elocuente cómo la religiosidad popular mariana en América Latina hoy nos puede dar algunas lecciones de cara a los desafíos de la evangelización en América Latina”.

Una ponencia también sobre el vínculo entre María y la sinodalidad

Tras la conferencia del prefecto, se abrirá un coloquio con los participantes y posteriormente un panel académico con tres intervenciones breves. La primera correrá a cargo del P. Stefano Cecchin, que abordará la contribución guadalupana a una mariología equilibrada.

Después intervendrá Mons. Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo de los Obispos, para profundizar en el vínculo entre María y la sinodalidad: un tema que el proceso sinodal universal ha puesto de relieve en los últimos años

. Según explica, cuando reconocemos el papel de María en la vida eclesial y en la devoción de los fieles, «surge la necesidad real de profundizar en el misterio mariano para comprender mejor la Iglesia sinodal y misionera».

Además, señala que la figura de María es «fundamental» en la recuperación de la identidad de la mujer y de su valor en la Iglesia. «En ella encontramos el ejemplo acabado de cristiana, de discípula. Siempre comprometida proféticamente con la realidad», describe el prelado español.

La jornada concluirá con la ponencia del Rodrigo Guerra, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina.

La fecha —el 12 de diciembre— no es casual: coincide con la fiesta de la Virgen de Guadalupe y con el aniversario de la ordenación episcopal del Papa León XIV.

“Por eso hemos pensado que este día es una buena ocasión para que nos reunamos con todos los estudiantes y amigos de América Latina… para mirar cómo María nos provoca y nos ofrece nuevas razones para repensar la evangelización y la misión en América Latina en el momento actual”, afirma Guerra.

Tras el encuentro tendrá lugar la Misa en honor de la Virgen de Guadalupe, a las 16:00 horas, celebrada en la Basílica de San Pedro por el Papa León XIV. Será uno de los primeros gestos significativos del nuevo Pontífice hacia la comunidad latinoamericana residente en Roma.

La defensa de María

Una nueva línea divisoria se ha abierto en la teología católica contemporánea, ya que la reciente aclaración del Vaticano sobre los títulos marianos ha provocado una respuesta inusualmente contundente por parte de una de las principales asociaciones mundiales de mariólogos.

Su crítica, emitida en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, refleja una profunda inquietud ante lo que consideran un retroceso en la enseñanza magisterial de larga data y una posible disrupción de la vida pastoral en toda la Iglesia.

En el centro de la controversia se encuentra Mater Populi Fidelis, la nota publicada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) a principios de noviembre, firmada por el cardenal Víctor Manuel Fernández. Presentada como una aclaración pastoral y doctrinal, el documento reitera la dependencia de María de Cristo y advierte contra el uso de un lenguaje que, a juicio del DDF, podría oscurecer la primacía absoluta de la mediación de Cristo.

Sin embargo, su tratamiento de los títulos de «Corredentora» y «Mediadora de Todas las Gracias» ha suscitado las reacciones más intensas.

La Comisión Teológica de la Asociación Mariana Internacional (IMATC), compuesta por cardenales, obispos y más de cuarenta teólogos de renombre internacional, argumenta que la nota ignora siglos de enseñanza papal y juzga erróneamente el valor doctrinal de los títulos que han moldeado la devoción mariana desde la Iglesia primitiva hasta la actualidad.

Su respuesta de más de 20 páginas, preparada por el mariólogo italiano Serafino Lanzetta, examina el documento con comedida cortesía, pero con evidente preocupación.

 

Primicias Rurales

Fuente: ACI Prensa / Zenit.Org