FIFA le abre expediente a la AFA por la bandera de Malvinas en el Mundial 2026

FIFA le abre expediente a la AFA por la bandera de Malvinas en el Mundial 2026

 

La Comisión Disciplinaria del organismo investigará a la Asociación del Fútbol Argentino, a cuatro integrantes de la delegación albiceleste y al español Gavi por lo ocurrido durante el torneo, especialmente en la semifinal ante Inglaterra y en los incidentes tras la final ante España.

 

 

 

 

 

Buenos Aires, sábado 1 agosto (PR/26)–La FIFA confirmó la apertura de un procedimiento disciplinario contra la AFA por distintos episodios registrados durante el Mundial 2026. El detonante principal fue la bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» que los jugadores mostraron tras vencer a Inglaterra en semifinales.

La escena, que ya había generado polémica en mundiales anteriores, volvió a poner a la delegación argentina bajo la lupa del organismo. Según indicó la Comisión Disciplinaria, se investigan posibles manifestaciones políticas, conductas inadecuadas y hasta actos discriminatorios.

 

Los nombres propios de la investigación

 

Además del expediente institucional contra la AFA, la FIFA abrió causas individuales contra Leandro Paredes, Thiago Almada y Nahuel Molina. También quedó incluido Roberto Ayala, ayudante de campo de Lionel Scaloni, señalado por un altercado tras la final.

 

 

Del lado español, el mediocampista Gavi tampoco escapó a la lupa disciplinaria. El futbolista fue notificado por su participación en los empujones y discusiones que se vivieron apenas terminó el partido decisivo.

 

Una final que terminó con tensión y polémica

 

El partido, disputado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, se definió 1 a 0 a favor de España, con un gol de Ferran Torres en el alargue. Pero lo que quedó grabado también fueron los empujones y las discusiones al final del encuentro.

 

Qué puede pasar de ahora en más

 

Por el momento, la FIFA no adelantó plazos ni posibles sanciones. El proceso recién comienza y todavía deberá reunir pruebas, informes arbitrales y los descargos de cada una de las partes involucradas.

 

 

La noticia ya generó repercusión tanto en Argentina como en España. Según cómo concluya la investigación, podrían aplicarse multas económicas, suspensiones a los jugadores o hasta sanciones institucionales para ambas federaciones.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: minutouno

 

La bandera de Malvinas que nació en un Mundial y hoy flamea en todo el país

La bandera de Malvinas que nació en un Mundial y hoy flamea en todo el país

 

Pintada a mano por un grupo de hinchas en Atlanta, la bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» dejó de ser un gesto futbolero para convertirse en una causa nacional. Hoy la lucen clubes, deportistas y hasta un tatami de jiu-jitsu.

 

 

 

 

Buenos Aires, jueves 30 julio (PR/26)–Todo empezó con un impulso visceral. Un grupo de jóvenes de Villa Luro pintó, a mano y sobre una simple sábana de hotel, una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas». Nadie imaginaba que ese trapo terminaría dando la vuelta al mundo.

 

 

La imagen quedó grabada para siempre en la memoria colectiva. Los jugadores de la Selección Argentina la desplegaron en Atlanta tras eliminar a Inglaterra en las semifinales del Mundial, y desde ese instante el símbolo dejó de pertenecerle solo a la Scaloneta.

 

De la Scaloneta a las canchas de todo el país

 

El gesto encontró eco inmediato en el fútbol argentino. Belgrano de Córdoba fue el primer club de la Liga Profesional en exhibir la réplica, en la fecha inaugural del torneo. Después se sumaron Tigre, Argentinos Juniors, Sarmiento y Boca Juniors.

 

 

El fenómeno también cruzó fronteras. Hinchas de Cienciano de Perú y Palestino de Chile llevaron la pancarta a sus estadios, mientras que en el patín artístico, Sabrina Gagliano y Bruno Gastaldi posaron con su propia versión como homenaje a los excombatientes.

La bandera incluso inspiró el diseño gráfico. Nació así «Malvinas Sans», una tipografía digital y gratuita basada en la caligrafía original del trapo pintado en Atlanta, disponible para que cualquiera la use.

Del verde césped al tatami: una marca permanente

 

En las últimas semanas, el símbolo dio un salto inesperado: llegó al deporte de contacto. En la academia Vieyra Jiu-Jitsu, que funciona dentro del Club Atlético San Telmo, la bandera no fue una visita pasajera. Llegó para quedarse.

Siguiendo el mismo método artesanal —sábana y pintura—, los profesores pintaron una réplica y la fijaron de forma permanente en el tatami. La comisión directiva del club respaldó la iniciativa, con la participación activa de docentes y alumnos.

Un tatami de jiu-jitsu es una superficie de suelo especial diseñada para absorber impactos, evitar lesiones y dar buen agarre. Está formado por materiales como goma EVA o espuma de alta densidad

 

 

La inauguración oficial se realizó durante el último entrenamiento, con la presencia de Eduardo Vieyra, múltiple campeón nacional de la disciplina, quien viajó especialmente desde Paraná para el emotivo acto.

El impacto no se detuvo ahí. Otras disciplinas del club, incluido el equipo de fútbol representativo, ya pidieron llevar la bandera a sus propias competencias antes de que sea enmarcada de forma definitiva en las paredes de la institución.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Varios

 

 

El dedo en lo que debería ser una cicatriz

El dedo en lo que debería ser una cicatriz

El reconocido y veterano periodista inglés de The Guardian, Simon Jenkins, escribió una nota diciendo que Las Malvinas no podrán estar en manos inglesas indefinidamente. Tocó una herida abierta que no se convirtió todavía en cicatriz. La diferencia entre una cosa y la otra explica por qué Malvinas no se resuelve, y por qué el obstáculo ya no está solamente en Londres.
Por Sergio Mammarelli

 

La peor semana del GobiernoAbogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y Publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut.

 

 

«La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur… La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del Derecho Internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino.»

— Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional, 1994

 

 

 

Buenos Aires, martes 28 julio (PR/26) — La bandera que nadie sostenía. La bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» no bajó al campo de juego por decisión de un dirigente, ni por una operación de prensa, ni por un plan de la Cancillería.

Cayó.

Se soltó de una tribuna del estadio, la levantaron manos que no la habían llevado hasta ahí, y terminó desplegada frente a las cámaras del mundo por jugadores que dos minutos antes sólo pensaban en una final. Esa es la triste realidad de lo que verdaderamente pasó.

Aclarado esto, si uno quisiera resumir cuarenta y cuatro años de política argentina hacia el Atlántico Sur en una sola escena, no encontraría mejor paralelismo. Una convicción absolutamente sincera, absolutamente compartida, absolutamente conmovedora, que se despliega sola, por gravedad, sin que haya nadie encargado de sostenerla. Un sentimiento nacional sin dueño y sin estrategia.

Tres días después, el domingo, España nos ganó la final. Y seis días antes, el 13 de julio, el Reino Unido y la Unión Europea habían firmado el acuerdo que derriba la verja de Gibraltar. En una misma semana, España se llevó la copa y se llevó la frontera. Nosotros solo nos llevamos la bandera y el aplauso de la tribuna.

Con esta introducción, mi humilde opinión transita por una discusión sobre la diferencia entre tener razón y tener resultados.

En medio de todo ese ruido apareció Simon Jenkins en The Guardian. Un columnista británico de peso, con oficio y sin sospecha de simpatía peronista, escribiendo que las Falklands «no pueden seguir siendo británicas para siempre». El texto cayó en la Argentina como un milagro. Un inglés admitiendo algo que vale más que mil documentos propios.

Sin embargo, habría que leerlo con más cuidado. Jenkins es un buen periodista escribiendo un excelente artículo con tres argumentos que son impecables y están todos vencidos.

El primero es el costo: sesenta millones de libras al año le cuestan las islas al contribuyente británico. Es verdad, pero ese número, que en los setenta era el argumento decisivo del Tesoro para desprenderse del archipiélago, hoy compite contra otra columna del balance. La pesca —el calamar, sobre todo— explica el 63% del producto de las islas y el 92% de sus exportaciones.

Y a unos 220 kilómetros al norte del archipiélago, el proyecto Sea Lion pasó de promesa a decisión final de inversión, con Navitas Petroleum al frente y primer petróleo previsto para marzo de 2028.

Las Malvinas dejaron de ser un gasto imperial para convertirse en un activo. El argumento del costo no se refutó: se lo comió la contabilidad.

El segundo es la descolonización. Jenkins escribe recordando aquel momento en que Naciones Unidas empujaba a Europa a soltar los últimos restos del imperio, y Gran Bretaña ordenaba su retirada del Atlántico Sur. Isleños y la gente del continente se unían con lazos visibles e invisibles de intercambio con dos vuelos a Puerto Argentino desde Comodoro Rivadavia.

Sin embargo, el Protocolo de Madrid, que prohíbe la explotación minera en la Antártida, se vuelve revisable a partir de 2048. Faltan veintidós años. Un Estado que piensa en 2048 no discute descolonización en 2026.

Y el tercero es el «sentido común geográfico«: tarde o temprano, dice Jenkins, estas colonias se integrarán a sus continentes. Es una frase hermosa pero no mueve el amperímetro. La geografía no tiene sentido común y los Estados, jamás van a soltar nada de lo que otros van a querer.

Jenkins, en definitiva, no puso el dedo en una llaga. Lo puso en una cicatriz. Una llaga duele y obliga a actuar. Una cicatriz sólo recuerda que ahí hubo algo, hace mucho, y que el cuerpo siguió funcionando sin resolverlo. La respuesta de Downing Street lo confirmó con una brutalidad casi cómica: «Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las Malvinas sin duda lo son». Contestaron con un chiste y se le contesta con un chiste a lo que no se considera un problema.}

 

El espejo de Gibraltar

 

Jenkins invoca Gibraltar como prueba de que estos nudos se desatan. Sin embargo, Gibraltar demuestra exactamente lo contrario de lo que se le hace decir.

¿Qué consiguió España después de décadas de negociación? Consiguió que se derribe la verja. Consiguió libre circulación de personas y mercancías, controles duales en el puerto y el aeropuerto, integración funcional plena. Y consiguió, sobre todo, mantener «intacta» su reclamación de soberanía. Intacta en este caso quiere decir guardada.

Quiere decir que España aceptó el mejor acuerdo práctico posible a cambio de estacionar indefinidamente el reclamo simbólico.

Pero hay además otra diferencia. Gibraltar se destrabó porque existió un tercero. El Brexit rompió un equilibrio y obligó a las partes a construir uno nuevo, con Bruselas empujando desde afuera.

Argentina y el Reino Unido no tienen Bruselas.

En cambio, en el C-24 reunido en Nueva York en junio pasado, en este 2026, con el canciller Pablo Quirno denunciando la militarización y la explotación unilateral de recursos, aprobó por consenso una nueva resolución que pide la reanudación del diálogo bilateral, en línea con la Resolución 2065 de 1965.

Dicho de otro modo, sesenta y un años después de aquella resolución fundante, la Argentina solo ganó por consenso una Resolución donde nadie está obligado a nada.

Mi primera conclusión presumo que no gustará a nadie. Si uno traduce ese modelo gibraltareño al Atlántico Sur —vuelos, comercio, cooperación pesquera, integración práctica, soberanía congelada— el resultado es que la política argentina ya lo declaró inaceptable.

 

El precedente que nadie cita

 

Si algo hay que mirar, no es Gibraltar. Es Chagos. En 2019 la Corte Internacional de Justicia emitió una opinión consultiva —pedida por la Asamblea General de la ONU— declarando ilegal la separación del archipiélago de Chagos de Mauricio. Seis años después, el Reino Unido firmó la transferencia de soberanía.

También es cierto que entregó la soberanía y se quedó con la base de Diego García bajo un arrendamiento de larga duración. Soberanía para uno, instalación militar para el otro.

Esa idea, ya se venía conversando con los isleños a fines de los setenta, soberanía argentina, administración británica, garantías de autonomía. Sin embargo, esa idea se hizo pedazos el 2 de abril de 1982, cuando una dictadura en decadencia mandó a morir a chicos de dieciocho años a una isla para estirar su propia agonía.

 

Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido

 

Fuera de todo esto, la enseñanza es que la vía existe, y es jurídica antes que diplomática. Si bien la opinión consultiva de la Corte no obliga, cambia el precio político de no negociar. Argentina nunca la intentó en serio.

Ahora la pregunta que importa sería la siguiente: ¿la política argentina firmaría eso? ¿Qué presidente sobrevive a la tapa del diario que dice «cedió la base»?

 

Un reclamo no es una política

 

Hay que decir algo sin eufemismos.

La Argentina tiene un reclamo, no tiene una política. Un reclamo es una posición jurídica que se repite. Una política es una secuencia de decisiones que producen efectos.

Nosotros tenemos lo primero en cantidades industriales y lo segundo casi en ninguna.

Tenemos un mandato constitucional que ordena recuperar los territorios respetando el modo de vida de sus habitantes por medios pacíficos, es decir, un mandato que ordena ganar una partida sin usar ninguna de las piezas que la ganan.

El gobierno de Javier Milei encarna esa contradicción. Es la administración más alineada con Washington y con Occidente de la historia democrática argentina, y esa alineación le dio algo que ningún gobierno anterior tuvo: un guiño de la Casa Blanca respaldando a la Argentina en la polémica de la bandera, después de que el Departamento de Estado ratificara en mayo su neutralidad formal.

Milei dice que las Malvinas son argentinas y que se recuperarán «en el plano diplomático». Lo que no dice, porque nadie lo dice, es con qué.

Cuando Quirno conversa con los kelpers, los excombatientes del CECIM le responden que está validando la estrategia británica de convertir a los isleños en sujetos de autodeterminación. Y tienen razón.

 

 El comodoro (R) con más salidas y llegadas tuvo a la flota británica con su Sky Hawk A B

 

Ese es exactamente el mecanismo con el que Londres transformó una disputa entre dos Estados en una consulta a mil quinientos diecisiete votantes, el 99,8% de los cuales eligió el statu quo en 2013.

Pero los excombatientes también describen la trampa completa: si hablar con los isleños los legitima, y no hablar con los isleños los aleja para siempre, entonces la Argentina eligió hace décadas una posición en la que cualquier movimiento es una derrota. Ignorarlos durante cuarenta años no los volvió más argentinos. Los volvió más británicos, más ricos y autosuficientes.

Los ex combatienete se preguntan si el sacrificio valió la pena.

 

El peine tenía petróleo

 

Borges dijo que Malvinas era la pelea de dos calvos por un peine. Fue una frase brillante, feroz, y con el tiempo se volvió falsa. El peine tenía calamar, tenía hidrocarburos, tenía una ruta hacia la Antártida y tenía una base aérea. Borges se burló de la vanidad y no vio el mapa.

¿Qué desenlaces quedan entonces, mirando los tableros reales de cada país?

El primero, nada se rompe, nada se acuerda, y cada año que pasa las islas son un poco más viables sin la Argentina. El día que el archipiélago se autofinancie del todo, el reclamo argentino no habrá sido derrotado, habrá sido vuelto irrelevante. No perdemos las islas. Nos volvemos innecesarios para su futuro.

El segundo es el Gibraltar criollo: soberanía compartida, o diferida, o arrendada, envuelta en integración práctica. Requiere simultáneamente un gobierno británico con capital político para gastar y un gobierno argentino capaz de sobrevivir a la firma. Las dos cosas al mismo tiempo no ocurrieron nunca.

El tercero es la vía jurídica. Empujar en la Asamblea General una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, como hizo Mauricio. Es lenta, es incierta, no obliga a nadie y es —justamente por eso— la única carta seria que la Argentina tiene sobre la mesa y no juega.

Y el cuarto, el que nadie quiere nombrar, es la disolución del problema por absorción.

Un Atlántico Sur donde el archipiélago deja de ser una disputa bilateral para convertirse en una casilla dentro de un tablero mucho más grande, con flotas chinas en el borde de la milla, con la Antártida entrando en zona de revisión y con potencias decidiendo entre ellas quién controla el corredor austral.

En ese escenario la Argentina no discute con el Reino Unido. Mira.

En mi humilde conclusión, lo que vimos en el Mundial, es que la bandera cayó de la tribuna y el mundo entero la vio. Fue un instante hermoso y fue completamente gratuito. No costó una negociación, no costó un voto, no costó una decisión difícil, no le costó a nadie su carrera política. Por eso pudimos desplegarla todos juntos, sin discutir.

Lo otro, tiene la forma exactamente inversa. Es feo, es técnico, es largo, dura más que un mandato, no se filma, no se canta, se firma con la mano temblando y probablemente lo haga alguien a quien vamos a acusar de traidor.

Puede ser que tarde o temprano un gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de volver a negociar. Puede ser. La pregunta, es si ese día llega, ¿quién sostiene la bandera de este lado?

 

 

 

 

 

Primicias Rurales
Por Sergio Mammarelli, especial para Primicias Rurales
Malvinas

Malvinas

En esta columna, Jorge Fontevecchia analiza la Causa Malvinas, cuestiona la visión presidencial sobre la soberanía y detalla una estrategia geopolítica, militar y económica para lograr su recuperación por vías pacíficas en el futuro.

 

Foto: TN

Buenos Aires, sábado 25 abril (PR/26) — En su libro Biografía del poder, Alberto Lederman, con su amplia experiencia en la materia, explica que –aunque no en todos los casos– es un patrón frecuente que muchos líderes busquen el poder para compensar carencias afectivas tempranas e inseguridades profundas.

A nuestro presidente su visión centrada en sí mismo le impide la comprensión del punto de vista ajeno, careciendo de empatía y autoconsciencia, atributos especialmente necesarios en la conducción. La causa de Malvinas dejó más expuesta esa falencia

La recuperación de las islas Malvinas no sólo está en la Constitución argentina, sino en el corazón de sus ciudadanos, quienes no estarían dispuestos a intercambiarlas por ventajas económicas.

 

Las Malvinas están profundamente arraigadas en la cultura nacional generación tras generación al igual que el igualitarismo democrático que la batalla cultural que promueve el Presidente aspira a remover sin éxito. Fracaso con el que también se choca cada vez que aspira a desmalvinizar.

 

Su presencia está en los libros de texto de los colegios desde hace más de un siglo, sumando la traducción del libro de Paul Groussac: Les Iles Malouines: nouvel exposé d’un vieux litige, los mapas oficiales siempre incluyéndolas como territorio nacional, monumentos, calles, plazas, escuelas con el nombre Islas Malvinas y a partir de la guerra en la que fuimos derrotados, los cantos en las tribunas, sentimiento que pasó a la música profesional y ante la falta de capacidad militar la rivalidad desplazada al terreno del fútbol, donde la Argentina tiene mayores competencias.

Pero de todos los testimonios los cuerpos de los 237 soldados argentinos que yacen en el cementerio de Darwin, construido por un argentino: Eduardo Eurnekian, marcan permanente presencia en nuestro territorio.

 

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EL CEMENTERIO DE DARWIN. De los 649 combatientes argentinos que murieron en la guerra de Malvinas, 237 de ellos fueron enterrados allí, en territorio argentino. | cedoc

 

 

Cómo recuperarlas. No es imposible ni improbable su recuperación. Primero, haciendo lo contrario a Milei, quien siendo candidato ya tuvo un llamado de atención del presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, quien dijo: “Hay gente que tiene o quiere tener responsabilidades públicas y no ha leído la Constitución. No se puede decir cualquier cosa de Malvinas. No se pueden alquilar, no se pueden vender, porque lo dice la Constitución. Y la cláusula es transitoria porque creemos que vamos a recuperar las Malvinas; hay que hacerlo por vías pacíficas”.

Que sea por vía pacífica no quiere decir que no sea necesario aumentar la fuerza militar. En Epitoma rei militaris en el siglo IV antes de Cristo Flavio Vegecio escribió la célebre frase: “Quien desee la paz que prepare la guerra”. Para sentar a Inglaterra a negociar es necesario aumentar el costo de su defensa militar de las islas ampliando el uso de nuestra fuerza como elemento disuasorio.

La Argentina debería invertir en su Armada porque fue la inferioridad marítima lo que determinó la derrota en 1982, lo mismo que en 1833, cuando barcos ingleses las invadieron echando a nuestros pobladores locales.

Paralelamente los veinticuatro aviones F-16 recientemente incorporados son un salto importante en la modernización, pero su venta no fue vetada por Inglaterra porque no modifica el equilibrio estratégico. Las futuras inversiones en la Fuerza Aérea deberán orientarse a aviones que sí tuvieran capacidad disuasoria frente a nuestro adversario.

Y como enseñan las recientes guerras en Ucrania e Irán, potencias militares inferiores a Rusia y Estados Unidos respectivamente tuvieron una capacidad militar muy superior a la proporcionalidad de sus recursos gracias a elementos tecnológicos de menor costo, entre ellos los drones. La Argentina debería orientar su conocimiento científico-tecnológico al intensivo desarrollo de drones.

La capacidad económica de Ucrania es inferior a la de la Argentina, nuestro producto bruto es más de tres veces mayor. También es sensiblemente mayor el producto bruto de la Argentina que el de Irán, es el doble, lo que demuestra que la economía no es todo, lo que no quita que hay un punto donde Milei sí tiene razón: para recuperar las Malvinas precisamos tener un país económicamente pujante, solo resta por ver si su camino para lograr el desarrollo es correcto.

Pero a Inglaterra le va económicamente casi tan mal como a nosotros. El producto bruto de Inglaterra sigue siendo alrededor de seis veces mayor que el de la Argentina, igual que en 1982, durante la guerra de Malvinas. Siendo la Argentina uno de los países que menos creció en el último medio siglo, Inglaterra lo acompaña como uno de los países desarrollados con peor desempeño económico.

Paralelamente, nuestra población creció más: en 1982 los habitantes de Inglaterra eran el doble que los de la Argentina y hoy son solo el 50% más, y todo indica que nuestro país tiene más posibilidades de crecimiento por sus recursos naturales puestos en valor en los últimos años.

Y al tema económico y militar se agrega el diplomático. Mientras que desde 1982 Inglaterra perdió parte de sus aliados saliéndose hace una década de la Unión Europa, la Argentina se incorporó al Mercosur. Sumar a Brasil a nuestra causa, como hizo Lula repetidamente, sosteniendo que es inadmisible un enclave colonial en las Malvinas, sumado a estar resueltos todos los conflictos limítrofes continentales con Chile: su apoyo a Inglaterra no es el mismo que en época de Pinochet, a quien Thatcher protegió en Londres cuando se pidió su detención internacional.

En síntesis, en una década se podrían modificar las condiciones de posibilidad para que la aspiración de recuperar el territorio de las Malvinas no resulte una utopía. Tomar las decisiones correctas depende de nosotros.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Perfil
Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido

Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido

Tras la polémica bandera en el Mundial 2026, el columnista inglés Simon Jenkins desafió la postura británica instando a retomar el diálogo. Downing Street ratificó la soberanía sobre las islas y elevó un pedido de investigación ante la FIFA, mientras la ONU reitera su llamado a negociaciones bilaterales a lo que Inglaterra se niega. Lea el artículo completo traducido.

 

 

Buenos Aires, sábado 18 julio (PR/26>) — El reconocido periodista inglés Simon Jenkins, columnista del diario The Guardian y de la BBC, publicó un editorial afirmando que las Islas Malvinas «no pueden seguir siendo británicas para siempre».
El artículo fue inspirado por la famosa bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» desplegada por los jugadores de la selección argentina tras vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial y que cayó de la tribuna en manos de integrantes de la selección albiceleste que la desplegó.
El Gobierno británico rechazó el festejo de la Selección Argentina tras el Mundial 2026, calificando de «inapropiado» el uso de una bandera con la consigna de las Islas Malvinas.
Londres ratificó la soberanía británica sobre el territorio, exigió una investigación de la FIFA y no descartó sanciones para los jugadores involucrados.
La bandera cayó de la tribuna en el festejo de la selección argentina por haber vencido 3 a 2 a Inglaterra

Mientras que el artículo inglés generó fuerte repercusión por varios puntos centrales del análisis de Jenkins:

  • Sentido común geográfico: Jenkins argumentó que tarde o temprano estas colonias se integrarán a sus continentes geográficos. 
  • Costos de defensa: Criticó el gasto de más de £60 millones al año que los contribuyentes británicos destinan a mantener la presencia militar en el archipiélago. 
  • Reapertura de negociaciones: Cuestionó la decisión del Reino Unido de congelar el diálogo durante más de 40 años e instó a que se retomen las negociaciones diplomáticas, citando como antecedente el acuerdo histórico sobre Gibraltar. 
  • El referéndum de 2013: Relativizó el plebiscito de los isleños «kelpers» al entender que no justifica frenar indefinidamente el debate de soberanía.

 

El Gobierno británico, a través de una portavoz oficial de Downing Street, ignoró deliberadamente el debate interno propuesto por la columna de opinión de Simon Jenkins en The Guardian.

En su lugar, el Ejecutivo liderado por el primer ministro Keir Starmer utilizó la conferencia de prensa con periodistas parlamentarios para contrarrestar el impacto del editorial con una respuesta tajante y directa.
La postura oficial de Londres frente a los argumentos del periódico se resume en los siguientes puntos:
  • Ratificación del statu quo: La portavoz del primer ministro enfatizó que la posición del Reino Unido sobre el archipiélago «no ha cambiado» y que el reclamo territorial argentino carece de validez ante sus ojos.

 

  • Uso de la ironía deportiva: En respuesta directa a la vinculación que el editorial hizo con los festejos del partido, la vocería oficial lanzó una frase de alto impacto técnico y político replicada por el medio británico Sky News: “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas Malvinas sin duda lo son”.

 

  • Defensa de la autodeterminación: El Gobierno británico desestimó la sugerencia de Jenkins de que las islas inevitablemente se integrarán al continente. Subrayaron que el compromiso de Londres para con los habitantes del archipiélago es «inquebrantable» y que la autodeterminación corresponde exclusivamente a los isleños, validando el referéndum de 2013 que el editorialista había relativizado.

 

  • Acción institucional frente a la bandera: En lugar de abrir una mesa de diálogo diplomático como sugería The Guardian, el Gobierno del Reino Unido —con el respaldo del secretario de Comercio, Peter Kyle— prefirió elevar un pedido formal de investigación de oficio ante la FIFA. Esto se fundamentó en que la exhibición de la bandera infringió las normas globales que prohíben estrictamente el uso de consignas políticas dentro del campo de juego

La vía del diálogo

 

 

 

La postura oficial del Comité Especial de Descolonización de la ONU (C-24) dictamina de manera unánime que la única vía para resolver el conflicto de las Islas Malvinas es la reanudación de las negociaciones bilaterales entre la República Argentina y el Reino Unido.

 

En su sesión de junio de 2026 realizada en Nueva York, el organismo internacional adoptó una nueva resolución por consenso reafirmando los siguientes ejes centrales: 
  • Estatus de soberanía en disputa: El Comité encuadra el archipiélago bajo la categoría colonial especial de «Territorio No Autónomo». Ratifica que existe una disputa territorial abierta que no puede ser cancelada unilateralmente por el Reino Unido. 

 

  • Llamado al diálogo pacífico: Exige formalmente a ambos países retomar las conversaciones diplomáticas para alcanzar una solución pacífica y definitiva. Dicha postura sostiene el mandato histórico planteado originalmente en la Resolución 2065 de la Asamblea General. 

 

  • Preocupación en el Atlántico Sur: El Comité manifestó su inquietud ante los reclamos expuestos por la delegación argentina, liderada por el canciller Pablo Quirno, respecto a la «militarización» de la zona y la explotación unilateral de recursos naturales (hidrocarburos y pesca) en aguas en litigio. 

 

  • Mediación internacional: Solicitó explícitamente al Secretario General de las Naciones Unidas ejercer su misión de buenos oficios para interceder y lograr que Londres acepte sentarse a la mesa de diálogo. 

 

  • Falta de poder coercitivo: Aunque la resolución cuenta con el copatrocinio y firme respaldo de toda Latinoamérica, analistas y medios especializados aclaran que el pronunciamiento de la ONU no obliga jurídicamente al Gobierno británico a negociar, sirviendo principalmente como una contundente herramienta de presión diplomática internacional.

 

El artículo completo: 

 

 

¿«Las Malvinas son argentinas»? No exactamente, pero las Falklands no pueden seguir siendo británicas para siempre

 

Simon Jenkins

 

La enemistad entre Londres y Buenos Aires se ha prolongado demasiado; tarde o temprano, prevalecerán las mentes sensatas.

Esta semana, Gran Bretaña y España acordaron demoler la frontera que divide Gibraltar de la península ibérica. Fue una buena noticia. Décadas de negociación llegaron a un feliz compromiso. Lamentablemente, el acuerdo no se celebrará este domingo en la final de la Copa del Mundo entre España e Inglaterra. Pero, ¿es demasiado esperar que una negociación similar pueda surgir de la semifinal de anoche, una derrota aplastante de Inglaterra a manos de Argentina, tras la cual el asunto Malvinas-Falklands levantó su cansada cabeza en forma de una pancarta en el campo? ¿Acaso no puede resultar nada bueno del generoso abrazo entre Lionel Messi y Harry Kane?

Ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene un derecho eterno a permanecer como está, y mucho menos uno que cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras al año en gastos de defensa.

En el caso de las Falklands, su estatus como territorio de ultramar ha sido defendido ferozmente por sucesivos gobiernos, en gran medida como el precio de la victoria en la guerra de las Malvinas de 1982. En verdad, sospecho que esto tiene mucho que ver con el hecho de que los isleños, a diferencia de los habitantes abandonados de Hong Kong o Diego García, eran británicos blancos. La guerra también rescató al gobierno de Margaret Thatcher de la impopularidad y cubrió de gloria a la entonces primera ministra, a diferencia de posteriores aventuras militares.

Lo que se olvida es que, antes de la guerra, los gobiernos británicos estaban negociando realmente una transferencia de la soberanía de las islas con los argentinos. Esto siguió a un acuerdo de comunicaciones de 1971 alcanzado con Buenos Aires por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Permitió a los isleños comerciar y viajar con el territorio continental adyacente, utilizando sus hospitales, tiendas y otras instalaciones. Incluso tenían becas en escuelas locales. Cientos de argentinos solían visitar la capital de las Falklands, Puerto Stanley, como turistas. Los isleños estaban ganando gradualmente relaciones sensatas con sus vecinos costeros, de las cuales se esperaba que surgiera un acuerdo futuro.

En aquella época, las Naciones Unidas alentaban a las antiguas potencias coloniales de Europa a deshacerse de los restos del imperio, incluidos los franceses, portugueses y españoles. En el caso de Gran Bretaña, estos incluían Hong Kong, Diego García, las Falklands y, se esperaba, Gibraltar. El problema no era el derecho histórico —un argumento eterno— sino el sentido común geográfico.

Para Gran Bretaña, era ridículo que un Estado europeo financiara una gran armada para defender tierras distantes y en disputa. Desesperado por ahorrar dinero, el gobierno ya se estaba retirando del Atlántico Sur. Las Falklands estaban expuestas y sin defensa.

Un ministro laborista del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ted Rowlands, visitó debidamente las islas a finales de la década de 1970 y discutió la ampliación del acuerdo de comunicaciones a un acuerdo de arrendamiento posterior (leaseback), en el que Argentina tendría la soberanía, mientras que el control gubernamental permanecería en manos británicas.

En 1977, una opinión era que él los había convencido con garantías de autonomía continua y una garantía de seguridad bajo los auspicios de la ONU. El gobierno de Thatcher de 1979 heredó la propuesta de Rowlands. Aunque el nuevo ministro, Nicholas Ridley, carecía del poder de persuasión de Rowlands, fue autorizado por Thatcher para seguir adelante con ella.

Fue flagrantemente indignante que el ejército argentino invadiera las Falklands en 1982, cuando sus ministros estaban negociando con los británicos en Nueva York. El resultado inevitablemente hizo colapsar las conversaciones. Pero tal fue su plausibilidad que los esfuerzos tanto de Estados Unidos como de Perú continuaron buscando un acuerdo antes de que la fuerza de tarea británica en el Atlántico Sur realmente desembarcara. Aunque Argentina podría haber aceptado entonces, Gran Bretaña ya no estaba interesada. Tal era la lógica de la guerra, que una vez iniciada requería una «victoria». Un acuerdo podría haber salvado cientos de vidas y miles de millones de libras.

Lo que la guerra de 1982 no requirió fue la congelación total por parte de Gran Bretaña de cualquier discusión futura sobre la soberanía de las islas durante más de 40 años. El referéndum de las Falklands de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 votantes eligió respaldar el statu quo, se cita como el fin de la discusión.

La realidad es que estas colonias tarde o temprano se convertirán inevitablemente en parte de sus continentes. No pueden ser protegidas indefinidamente por un patrón europeo, y los reclamos de Argentina no van a desaparecer. Sin la guerra de 1982, las Falklands podrían haber hecho las paces con su vecino, Argentina, con suerte bajo algún tipo de autonomía mandatada por la ONU.

Tal como están las cosas, las Falklands deben continuar su existencia congeladas como una fortaleza militar aislada en el otro extremo del mundo respecto a su generoso protector, Gran Bretaña. Pero tarde o temprano, un gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de comenzar las negociaciones nuevamente.

Mientras tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa simplemente patean la lata por el camino. Sería gratificante si la pancarta de Malvinas-Falklands ondeada en un partido de fútbol en Estados Unidos pudiera sacudir a alguien para que actúe. De alguna manera, lo dudo.

 

Primicias Rurales/IA/The Guardian

 

 

Yo viajé en 1979 a Puerto Argentino y conviví una semana con los isleños sumamente amables y tuve contacto con los royal marines apostados en las Islas y a mi regreso escribí para el ya desaparecido diario cordobés Los Principios, que como se entiende en la nota de Jenkins que entre los isleños y los habitantes del continente se estaban tejiendo lazos visibles e invisibles que nos comenzaban a unir.
Todo terminó con la guerra en 1982. Pero la causa no está perdida. La entrega de nuestros héroes valdrá para su recuperación.
Matilde Fierro. Editora de Primicias Rurales
La bandera de Malvinas que nació en un Mundial y hoy flamea en todo el país

La historia de la bandera de Malvinas que terminó en manos de los jugadores argentinos

El trozo de tela con la frase “Las Malvinas son argentinas” habría sido hecho sobre una sábana de hotel y llegó al campo desde la tribuna tras el triunfo ante Inglaterra.

 

 

La bandera, confeccionada sobre una sábana de hotel.

 

 

 

Buenos Aires, 16 julio (NA) — La bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas” que mostraron los jugadores de la Selección argentina tras eliminar a Inglaterra del Mundial 2026 tuvo una historia tan improvisada como simbólica: según una versión viral en redes sociales, fue pintada sobre una sábana de hotel y terminó en manos del plantel después de ser arrojada desde la tribuna.

La imagen recorrió el mundo apenas finalizó el 2 a 1 de Argentina sobre Inglaterra en Atlanta. En medio de los festejos por el pase a la final ante España, Giovani Lo Celso desplegó sobre el césped una bandera blanca con letras negras, rodeado por varios compañeros, en una escena que rápidamente se transformó en una de las postales de la noche.

La pregunta que se hizo viral fue cómo había llegado ese trapo al campo, ya que en la previa se había advertido que no podrían ingresar banderas o elementos con mensajes políticos. La explicación más fuerte surgió en X: una usuaria identificada como miuchi (@Milo20154) respondió que “la pintó el primo de mi cuñada, es un pedazo de sábana del hotel”, en referencia a la bandera que terminó en manos de los futbolistas.

 

 

 

 

La versión coincide con lo que contó Gonzalo Montiel luego del partido. Consultado por la aparición de la bandera, el defensor reveló: “Justo cayó una ahí y los chicos la agarraron. Así que nada, contento”.

Por su parte, Nelson Castro, en Telenoche, agregó que alguien la había tirado al campo de juego y que luego se la dieron a los jugadores.

La escena tuvo una carga especial por el rival y por la historia. Argentina e Inglaterra volvieron a cruzarse en un Mundial en un partido atravesado por el recuerdo de Malvinas, la guerra de 1982 y la rivalidad futbolística que tuvo su capítulo más fuerte en México 1986, con los goles de Diego Maradona.

 

 

 

Después del encuentro, Leandro Paredes fue consultado por la bandera y respondió: “Y siempre serán argentinas”. Lautaro Martínez, autor del gol del triunfo, también reconoció que para el plantel no había sido un partido más: “Tratamos de dejarlo atrás, pero para nosotros era un partido especial”.

Lisandro Martínez también se refirió al impacto emocional de la imagen y aseguró: “Me imagino a un veterano de Malvinas viendo eso y llorando”. Además, remarcó que los jugadores “mostraron esa bandera y afirmaron que las islas nos pertenecen”.

El gesto generó repercusión inmediata en Inglaterra y podría derivar en una sanción de FIFA, ya que el Código de Conducta de los Estadios prohíbe el ingreso de banderas, pancartas o elementos de contenido político, ofensivo o discriminatorio.

De hecho, en la previa del partido, la ministra de Seguridad argentina, Alejandra Monteoliva, había advertido que los hinchas no podrían ingresar con elementos que tuvieran mensajes provocativos, políticos, raciales o religiosos, y aclaró que “Las Malvinas son argentinas” era considerado un mensaje político para el operativo del estadio.

No es la primera vez que la consigna aparece vinculada a la Selección: AP recordó que Argentina ya había mostrado el mismo lema en un amistoso de preparación antes del Mundial 2014 y que, en aquella oportunidad, la AFA fue multada por FIFA con 30.000 francos suizos.

Milei confirmó que no viajará a la final y mantendrá su cábala en Olivos

La cuestión Malvinas, según la postura oficial argentina, tiene origen en 1833, cuando el Reino Unido ocupó las islas y expulsó a las autoridades argentinas. Cancillería sostiene que la recuperación de la soberanía constituye un objetivo “permanente e irrenunciable” del pueblo argentino, tal como expresa la Constitución Nacional.

Así, una bandera presuntamente pintada de apuro sobre una sábana de hotel pasó de la tribuna al césped, de las manos de los hinchas a las de los jugadores, y de Atlanta a una postal mundial cargada de historia, emoción y polémica.

 

 

 El árbitro esloveno Slavko Vincic fue el elegido para impartir justicia en la final del Mundial 2026, que enfrentará a la Selección argentina con su par español.

 

Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el juez, que había pitado en el infructuoso debut argentino en Qatar 2022 ante Arabia Saudita, estará acompañado por una terna repartida entre eslovenos y emiratíes, con el VAR aún sin designar.

La final en la que se medirán argentinos y españoles, en búsqueda de la cuarta y segunda estrella respectivamente, se disputará este domingo 19 de julio en el estadio MetLife de Nueva Jersey, Estados Unidos, desde las 16:00 (horario argentino).

 

Exasesor de Margaret Thatcher pidió expulsar a los argentinos de la Premier por la bandera sobre Malvinas

Nile Gardiner, excolaborador de la ex primera ministra británica, cuestionó el mensaje exhibido por los futbolistas argentinos tras la final y reclamó que se les retire la visa de trabajo a quienes juegan en la Premier League.

 

 

La bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» que exhibieron los jugadores de la Selección argentina tras la final del Mundial 2026 generó una fuerte reacción en el Reino Unido.

Uno de los primeros en pronunciarse, según pudo confirmar la Agencia Noticias Argentinas, fue Nile Gardiner, exasesor de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, quien pidió sanciones contra los futbolistas que militan en la Premier League.

A través de su cuenta en la red social X, Gardiner publicó un duro mensaje en el que reclamó que los jugadores argentinos sean expulsados del fútbol inglés por haber participado de la manifestación.

«Todo jugador argentino en la Premier League inglesa que participó en esta fea exhibición anti-británica debería ser despojado de su visa de trabajo del Reino Unido. Debería haber tolerancia cero para esto», escribió.

El mensaje del exasesor de la llamada «Dama de Hierro» se viralizó rápidamente y abrió un intenso debate entre usuarios británicos y argentinos, con miles de comentarios a favor y en contra de su postura.

La polémica surgió luego de que varios integrantes del seleccionado argentino ingresaran al campo de juego con una bandera blanca en la que podía leerse la frase «Las Malvinas son argentinas», una histórica consigna vinculada al reclamo de soberanía que mantiene Argentina sobre las islas.

Entre los futbolistas que actualmente juegan en la Premier League aparecen figuras de la Selección como Emiliano «Dibu» Martínez (Aston Villa), Cristian Romero (Tottenham), Marcos Senesi (Tottenham), Lisandro Martínez (Manchester United), Alexis Mac Allister (Liverpool) y Enzo Fernández (Chelsea), quienes podrían quedar en el centro de la controversia impulsada por Gardiner.

 

 

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Fuente: Agencia NA.
Primicias Rurales