La escalada bélica entre EE. UU. e Irán dispara los costos logísticos y de insumos, poniendo en jaque la rentabilidad del agro argentino. En un escenario de cosecha récord y saturación portuaria, el mercado de granos enfrenta el desafío de precios «pesados» y fletes en alza.
Por Sergio Juve | Consultor en Agronegocios
Buenos Aires, lunes 13 abril (PR/26) — El mercado global de commodities atraviesa uno de los momentos de mayor incertidumbre de la década. A la ya conocida guerra en Ucrania se le ha sumado, en este primer cuatrimestre de 2026, una escalada de hostilidades directas entre Estados Unidos e Irán.
Esta situación ha reconfigurado los flujos comerciales y los costos operativos de manera dramática.
El Factor Irán y el «Shock» de Costos
La tensión en el Estrecho de Ormuz ha dejado de ser una amenaza retórica para convertirse en un problema de suministro real. Con el bloqueo intermitente de esta vía, por donde circula el 20% del petróleo mundial, el barril de crudo ha perforado la barrera de los USD 100, si bien luego del un alto el fuego tuvimos una baja importante, los precios de los insumos son mucho mas lentos en recuperar, y en el caso del combustible en Argentina tiene un esquema de formación tanto productiva como impositiva diferente y hay que sumarle el termómetro de la petrolera estatal que modifico parte del corte y el suspenso de aumento.
Para el productor argentino, esto tiene un impacto de «doble pinza o los que tenemos algunos años la doble Nelson»:
Insumos Estratégicos: La producción de fertilizantes nitrogenados está íntimamente ligada al precio del gas natural. La crisis en Medio Oriente ha disparado las alertas de cara a la siembra de la cosecha fina (trigo y cebada) 2026/27. Comprar urea hoy es una apuesta de alto riesgo, pero la relación de precio de trigo es sumamente elevada, el problema inmediato es calzar ese precio de trigo, inclusive si lo hacemos con estrategias de A3 podemos incrementar su valor hasta 10 dólares por tonelada. SI vemos la relación con el precio a cosecha que fue de 170 dólares estamos en una relación adecuada más allá del precio de la Urea, que podemos utilizar algún otro arrancador y luego definir la compra.
Logística Interna: El costo por tonelada transportada desde la zona núcleo hasta los puertos del Gran Rosario se ha incrementado un 18% solo en el último mes debido al precio del gasoil, el costo a puertas de la cosecha parece complicar todo y todavía falta la presión de cosecha sobre los precios que si hacemos memoria podría darle presión bajista a la soja entre 10 y 15 dólares
Argentina: Una Cosecha Récord en un Embudo Logístico
La campaña 2025/26 será recordada por sus volúmenes históricos. Sin embargo, la paradoja argentina se hace presente: producir más no siempre significa ganar más si la infraestructura no acompaña.
Maíz: El desafío de la montaña de grano
El maíz es, actualmente, el protagonista de la saturación. Los stocks físicos en plantas de acopio y terminales portuarias han alcanzado un máximo histórico de 19,3 millones de toneladas.
Impacto en Precios: La presión de la mercadería física es tan alta que el mercado disponible está «pesado». Los exportadores, con sus programas de carga completos hasta junio, no tienen incentivos para subir los precios de compra.
Estamos a puertas a días de ver la presión de soja, y el maíz puede quedar relegado. Con lo cual es muy importante resolver las ventas del disponible el mercado está prácticamente flat no genera tasa en dólares y la oportunidad para el maíz podría estar recién a mediados del segundo semestre. Revisamos estrategias para el enriquecimiento de maíz con lanzamiento de call con posiciones donde nos sentimos cómodos con los techos
Soja: La estrategia de la «fijación tardía»
La soja presenta una dinámica fascinante. A pesar de una producción sólida de 48 millones de toneladas, el ritmo de fijación de precios es inusualmente bajo.
Contratos a Fijar: Aproximadamente el 80% de los negocios se realizan bajo la modalidad «a fijar precio». El productor entrega el grano para cancelar deudas o liberar lotes, pero se niega a cerrar el valor.
¿Por qué esperar?: Existe la expectativa de que el conflicto entre EE. UU. e Irán escale aún más, impulsando el precio de los aceites vegetales (biocombustibles). Además, la brecha cambiaria y los rumores sobre ajustes en el esquema de retenciones mantienen al vendedor en una postura de extrema cautela.
Finanzas y Margen Bruto: La Batalla por la Rentabilidad
A pesar de los precios internacionales sostenidos por la guerra, la rentabilidad del productor argentino está siendo erosionada por tres frentes:
Fletes Marítimos: Las tarifas de los buques han subido un 25% anual. Las aseguradoras han incrementado las primas por «riesgo bélico» incluso para rutas fuera de la zona de conflicto, lo que termina descontándose del precio FAS que recibe el productor.
Costo de Capital: Con tasas de interés volátiles, financiar la retención de grano se ha vuelto costoso. El dilema entre vender para financiarse o endeudarse para retener soja es la conversación principal en las cooperativas. Y aquí es donde quiero hacer una pequeña parada en este viaje, la financiación para el productor está teniendo oportunidades que hay que buscarlas, obviamente tasas en dólares que para el común de los mortales son caras, pueden ser convenientes comparadas con la tasa de pases en la generación de precios futuros. Es decir, carriar Mercaderia a posiciones futuras para cubrir crédito puede ser interesante ejemplo soja Noviembre.
Brecha de Insumos: Históricamente, se necesitaban X toneladas de maíz para comprar una tonelada de urea. Hoy, esa relación se ha deteriorado un 15% en contra del grano, obligando a una eficiencia extrema en la aplicación de tecnología, pero si vemos la relación con trigo como comentaba anteriormente puede ser paralela a la cosecha pasada con un trigo en momento de cosecha con techo de 170 dólares, la necesidad de fabricar precios para calzar insumos es interesante para podes limar los costos.
Perspectivas y Claves para el Próximo Trimestre
¿Qué monitorear?
El Estrecho de Ormuz: Cualquier cierre total disparará el petróleo por encima de los USD 120, lo que impulsará automáticamente los precios de la soja y el maíz por el canal de los biocombustibles.
La Cosecha en EE. UU.: En pocas semanas comenzará el planting en el hemisferio norte. Con los costos de fertilizantes actuales, es posible que los farmers estadounidenses migren área de maíz hacia soja, el último informe de USDA dio estos números. La sorpresa el aumento de stock de trigo y el diferencial de Maíz en Argentina tomado por las bolsas.
Logística del Paraná: El nivel del río sigue siendo aceptable, pero la congestión en los puertos del Gran Rosario requiere una planificación de cupos muy estricta para evitar sobrecostos por estadía de camiones. La planificación de ventas sobre otras posiciones parece lo más acertado, por pase de precios y por logística complicada, el esquema de precios de los fletes es el problema, nueva tarifa de Catac y costos muy difíciles.
La creciente conflictividad entre transportistas de granos y exportadores de la industria aceitera pone en riesgo la logística en plena cosecha, con bloqueos en rutas y puertos que podrían afectar los contratos internacionales y el ingreso de divisas al país. El conflicto refleja tensiones estructurales en la economía y la fragilidad de la cadena agroexportadora.
Buenos Aires, 10 de abril (PR/26) .- La Cámara de Puertos Privados Comerciales, la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) expresaron su profunda preocupación por los bloqueos y retenes que los transportistas de granos están realizando en las principales rutas de acceso a los puertos. La medida busca una recomposición tarifaria debido al incremento de los costos operativos, principalmente por el combustible.
Según las entidades, aunque comprenden el reclamo, la falta de acuerdo y el rechazo de la propuesta ofrecida está afectando la logística en plena cosecha, generando retrasos en embarques, incumplimientos de contratos y riesgos sobre el ingreso de divisas al país.
El trasfondo económico
El conflicto refleja un problema estructural: la dependencia casi total del transporte terrestre para mover granos. Con la inflación y el aumento de costos, los transportistas ven reducidos sus márgenes y presionan con bloqueos para obtener tarifas más ajustadas a la realidad del mercado.
La estacionalidad de la cosecha hace que cualquier interrupción tenga un impacto inmediato en la economía, ya que el agro es la principal fuente de divisas y abastecimiento internacional de Argentina. Además, la fragmentación del sector transporte dificulta acuerdos rápidos y sostenibles.
Poder en la negociación
El poder en este conflicto está equilibrado entre los actores:
Transportistas: tienen poder táctico inmediato gracias a los bloqueos y la visibilidad mediática, pero dependen de la continuidad de la actividad para no perder dinero.
Exportadores y aceiteras: poseen poder estructural, controlan los contratos internacionales y el ingreso de divisas, pero son vulnerables mientras dure la paralización de rutas.
Estado: puede mediar y garantizar seguridad y cumplimiento de contratos, pero enfrenta limitaciones políticas y presupuestarias para subsidiar aumentos.
En síntesis, los transportistas “detienen la rueda”, pero los exportadores y el Gobierno controlan el motor económico completo. La resolución del conflicto dependerá de un equilibrio entre presión inmediata y estabilidad estructural.
Un llamado al diálogo
Las cámaras industriales y portuarias instan a agotar instancias de diálogo de manera urgente, garantizando la continuidad de las operaciones, la seguridad en las rutas y evitando mayores conflictos al comercio exterior argentino. La tensión actual no solo afecta la logística, sino también la confianza internacional en el país como proveedor confiable de granos y subproductos.
Buenos Aires, 10 de abril (PR/26) – El sector ganadero argentino transitó el primer trimestre del año con señales mixtas: aunque se observa una recuperación parcial de algunos indicadores productivos, persisten tensiones profundas en la cadena de valor que condicionan el crecimiento futuro.
Producción y Faena: Entre Recuperación y Estancamiento
Los datos oficiales muestran que, pese al incremento mensual de la faena bovina en marzo, la producción general del año continúa mostrando signos de estancamiento. Según proyecciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), la producción de carne bovina en Argentina para 2026 se espera cercana a 3,2 millones de toneladas carcasa, un nivel que apenas repite lo observado en años anteriores, debido a limitaciones estructurales como el tamaño del rodeo y bajo peso al faenar.
La faena total, si bien creció frente al mes anterior por factores estacionales, sigue siendo moderada en términos históricos comparativos. Esto se inscribe en un contexto más amplio de oferta de ganado que no muestra expansión significativa.
Stock Ganadero en Retroceso
Un dato preocupante es la continuidad en la caída del stock bovino argentino, que en 2025 se ubicó alrededor de 50,9 millones de cabezas, marcando tres años consecutivos de descenso. Esta disminución del rodeo impacta directamente en la disponibilidad de carne a mediano y largo plazo y limita la capacidad de expansión exportadora y el crecimiento de la producción nacional.
Consumo Interno en Niveles Históricamente Bajos
Simultáneamente, el consumo interno de carne vacuna se mantiene en torno a los niveles más bajos de los últimos 20 años, con cifras per cápita que vienen descendiendo debido a factores como el ajuste de ingresos reales y la competencia de otras proteínas.
Los precios al consumidor se mantienen elevados. Por ejemplo, relevamientos recientes en el Área Metropolitana de Buenos Aires mostraron que el precio promedio del kilo de carne vacuna ascendió en marzo, con variaciones por encima de la inflación, reflejo de la escasez relativa de oferta y la presión sobre los ingresos de las familias.
Mercados Externos: Oportunidades y Obstáculos
A nivel exportador, las perspectivas son alentadoras pero condicionadas. La eliminación del peso mínimo para la faena y cambios normativos recientes fueron interpretados como medidas para ampliar la competitividad exportadora. Se proyecta que las exportaciones de carne bovina podrían situarse entre las más altas de la historia, con alrededor de 830.000 toneladas en 2026, si se consolidan los acuerdos comerciales con China, Estados Unidos y la Unión Europea.
No obstante, ese potencial sigue limitado por la restricción de oferta interna de ganado y el estancamiento en el crecimiento del rodeo.
Dinámica de Precios y Rentabilidad
En la actualidad, los vientres ganaderos se encarecieron, en parte por la escasa disponibilidad y por la intención de algunos productores de retener hembras para recomponer rodeo en lugar de venderlas para faena. Esto se traduce en un costo de reposición elevado y presiona la rentabilidad del productor.
Perspectivas 2026–2027: Un Panorama por Construir
🔹 Producción: Estancamiento relativo. La proyección de producción para 2026 no sugiere un salto significativo si no hay mejoras en productividad, peso de faena o expansión del rodeo. 🔹 Oferta de ganado: Tónica restrictiva. El persistente descenso del stock limita la capacidad de crecimiento de la producción y de respuesta a la demanda interna y externa. 🔹 Consumo interno: Dificultades estructurales. La demanda doméstica está debilitada, con el consumo per cápita en niveles mínimos, lo que puede frenar la presión de precios a nivel local. 🔹 Exportaciones: Oportunidades de expansión. Mercados internacionales sólidos, especialmente China y acuerdos con otros bloques, podrían sostener niveles de exportación elevados, aunque dependientes de la oferta interna y tipos de cambio. 🔹 Precios y rentabilidad: Mercados globales tensos. El contexto global indica que los precios de carne y ganado seguirán elevados y volátiles, en sintonía con la oferta ajustada en muchos países productores y la fuerte demanda internacional observada en 2025–2026.
Conclusión
El 2026 se perfila como un año de transición para la ganadería argentina: por un lado, la producción de carne vacuna se mantiene firme en términos agregados; por otro, persisten desafíos estructurales como la caída del stock ganadero, el bajo consumo interno y la restricción de capacidad productiva. Las oportunidades de crecimiento de exportaciones existen, pero estarán fuertemente condicionadas por la disponibilidad de ganado, la mejora de eficiencia productiva y el manejo estratégico de los recursos.
Primicias Rurales
Fuente: Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas ABC
Lograda la estabilidad de precios, el desafío se traslada al mercado laboral: generar empleo de calidad implica transformar el crecimiento en puestos formales, productivos y con salarios reales que superen el estancamiento actual.
Buenos Aires, jueves 9 de abril (PR/26) — En diciembre de 2023, la economía estaba al borde de la hiperinflación. La urgencia era clara: bajar los precios.
Con un programa de estabilización apoyado en un ajuste fiscal sin precedentes, se logró desacelerar rápidamente la inflación. Para comienzos de 2025, el índice de precios había caído hacia un 3% mensual y la producción y los salarios se habían recuperado tras una fuerte caída inicial. Fue un logro notable, aunque todavía no definitivo.
Hoy, a comienzos de 2026, las prioridades cambiaron. La inflación sigue siendo un desafío, pero ya no es la única meta. Lo que preocupa ahora es el mercado de trabajo: los salarios reales estancados y el empleo formal en retroceso
. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se perdieron más de 200.000 puestos de trabajo privados registrados, mientras que el trabajo informal y por cuenta propia crece. Paradójicamente, la economía produce más: el nivel de actividad es más de un 6% superior al de fines de 2023.
¿Cómo se explica esta paradoja? Parte de la respuesta está en la heterogeneidad sectorial: los sectores más intensivos en empleo, como la construcción, muestran caídas significativas tanto en actividad como en empleo formal.
Otra parte es estructural: muchos puestos solo existían en el marco de la economía anterior, marcada por alta inflación, subsidios y distorsiones. En un contexto más estable, estas estructuras se adaptan, y la reconversión laboral tiene costos, pero también beneficios claros en productividad y competitividad.
Sin embargo, no todo ajuste es eficiente. Regulaciones inadecuadas, carga impositiva distorsiva, falta de infraestructura, incertidumbre macroeconómica y restricciones de financiamiento obligan a muchas empresas a reducir empleo no por eficiencia, sino por sobrevivencia. Aquí, la pérdida de puestos de trabajo es un desperdicio de potencial productivo y humano.
El desafío de hoy es doble: permitir la reconversión necesaria para mejorar la productividad, y al mismo tiempo minimizar la destrucción de empleos causada por un entorno económico todavía adverso. Avanzar hacia un régimen monetario definitivo, consolidar reformas estructurales y una reforma tributaria que elimine los tributos más distorsivos son pasos indispensables.
Superada la urgencia inflacionaria, la prioridad es clara: generar empleo de calidad, sin renunciar a la estabilidad alcanzada. La recuperación económica no será completa mientras los argentinos vean crecer la economía sin que eso se traduzca en más y mejores empleos.
La incertidumbre geopolítica, el salto en los costos energéticos y los nuevos datos del USDA reconfiguran las expectativas para soja, maíz y trigo, según un análisis de Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral. En Argentina, la dinámica comercial y la cosecha agregan presión e interrogantes sobre los precios en el corto plazo.
Rosario, Santa Fe; lunes 6 de abril (PR/26) – El mercado internacional de granos continúa atravesado por una alta volatilidad e incertidumbre, marcada principalmente por la evolución del conflicto en Medio Oriente. Mientras se especula con una posible retirada de Estados Unidos de la región, el endurecimiento del discurso de Donald Trump y las amenazas de nuevas incursiones elevan la tensión global.
En paralelo, los problemas logísticos se profundizan: algunos buques logran atravesar el estrecho de Ormuz tras pagar hasta USD 2 millones a Irán, pero la amenaza de los hutíes sobre el Mar Rojo podría bloquear otra vía clave del comercio mundial. En este contexto, el petróleo y el gas se mantienen en niveles elevados, impulsando los costos de fertilizantes y trasladando presión, en menor medida, a los precios de los granos.
“El mercado está completamente condicionado por la incertidumbre geopolítica y energética, que termina impactando de lleno en los costos de producción y en las decisiones de siembra”, señala Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
En cuanto a los fundamentos agrícolas, el último informe de intención de siembra del USDA muestra un recorte en el área de maíz en Estados Unidos y un aumento en soja, aunque menor al esperado por el mercado: +1,4 millones de hectáreas para soja y -1,9 millones para maíz.
“Las variaciones de área son hoy el principal factor de discusión. Incluso puede haber más pasaje de maíz a soja por el encarecimiento de los fertilizantes”, explica Romano, al remarcar que el relevamiento se realiza cuando el conflicto recién comienza y los costos aún no reflejan plenamente las subas actuales.
En el caso del trigo, el panorama es aún más ajustado: la superficie en Estados Unidos cae a mínimos desde la década del 70, en un contexto de deterioro en la condición de los cultivos y persistencia de sequía en zonas clave.
Desde el lado de la demanda, el maíz muestra señales de firmeza, con exportaciones sostenidas tanto en Estados Unidos como en Argentina. En contraste, la soja enfrenta un escenario más complejo: China presenta márgenes de molienda negativos, elevados stocks y un crecimiento desacelerado, lo que limita el dinamismo del mercado.
“El maíz está mostrando una demanda más sólida, mientras que en soja vemos un freno más claro desde el lado chino, que además busca ganar eficiencia y ajustar su producción porcina”, señala Romano.
A nivel local, la dinámica comercial agrega nuevos condimentos. La cosecha de maíz podría entrar en pausa en la zona núcleo, ya que los productores priorizan la recolección de soja, más sensible a la humedad. Esto podría generar una desconexión en el corto plazo entre la demanda de exportación (con una cola de buques cercana a 3,4 millones de toneladas) y la oferta disponible.
En soja, la comercialización viene retrasada: los productores venden apenas el 7% frente a un promedio del 10%, lo que refleja cautela y menor disponibilidad de espacio.
“Si la presión de cosecha no se traduce en ventas, la industria -que hoy tiene márgenes positivos- puede verse obligada a sostener o incluso mejorar los precios para asegurarse mercadería”, afirma Romano. Sin embargo, también advierte que “la mayor concentración de tareas en soja y el atraso comercial pueden derivar en presión bajista en el corto plazo”.
En maíz, en cambio, los productores se muestran más activos comercialmente, lo que sugiere que la oferta sigue fluyendo. A esto se suma un avance de cosecha del 19% a nivel nacional, con rindes promedio de 85,3 qq/ha. que sostienen la proyección de 57 millones de toneladas.
Por el lado de la soja, la campaña avanza con demoras: en Brasil la cosecha cubre entre el 72% y el 75% del área, por debajo del ciclo anterior, mientras que en Argentina las lluvias recientes mejoran la condición de los cultivos de segunda. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires mantiene la estimación en 48,5 millones de toneladas.
En trigo, el escenario combina señales mixtas: por un lado, importantes existencias de la última campaña encuentran salida en el mercado internacional; por otro, persisten dudas sobre la próxima siembra, afectada por el aumento en el costo de fertilizantes. No obstante, precios que superan los 210 USD/tn y mejores condiciones climáticas podrían incentivar la intención de siembra.
“El trigo tiene hoy un equilibrio delicado: los costos altos generan dudas, pero los precios y la humedad disponible vuelven a ponerlo en carrera”, concluye Romano.
Jorge Vasconcelos descartó una devaluación inminente por el sólido superávit comercial y señaló que la recuperación social depende de tasas estables.
Buenos Aires, 4 abril (NA) – El economista Jorge Vasconcelos sostuvo que la economía argentina atraviesa una marcada divergencia entre sectores dinámicos y rezagados, y advirtió que, al menos en el primer trimestre de 2026, “no hay señales de que esa divergencia se revierta”. Según explicó, los rubros vinculados al mercado interno continúan afectados por la debilidad del consumo, mientras que actividades como minería, energía y agroindustria mantienen un mejor desempeño.
El investigador jefe del Ieral, de la Fundación Mediterránea, indicó que, aunque la brecha podría dejar de ampliarse, no resulta sencillo prever una recuperación rápida de los sectores más golpeados. “Quizás lo que podemos esperar es que haya un piso en la caída de la parte menos favorecida en términos sociales y de empleo, pero la brecha es importante”, afirmó.
En ese sentido, señaló que los datos del primer trimestre muestran salarios con poder adquisitivo “planchado”, escasa evolución del crédito y niveles de importaciones “muy por debajo de los del año pasado”, indicadores que reflejan una demanda interna debilitada.
Vasconcelos también vinculó esta situación con el escenario político, especialmente en el conurbano bonaerense. “Esto no tiene solo un componente social sino también político, porque obviamente en el conurbano bonaerense hay muchos votos y entonces se enrieda la discusión”, sostuvo por Splendid AM 990. Además, mencionó que la emisión de bonos con vencimientos posteriores al actual mandato presidencial introdujo señales de riesgo político en el mercado financiero, al observarse diferencias de rendimiento significativas entre títulos que vencen en 2027 y 2028.
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Respecto del frente monetario, el economista destacó que durante el primer trimestre el Banco Central compró dólares pero esas divisas no se tradujeron en aumento de reservas ni en expansión del crédito. “Los pesos que se emiten para comprar los dólares se recuperan por distintos instrumentos del Tesoro y del Banco Central, entonces esos pesos no entran a circular y no hubo expansión del crédito”, explicó.
Para el segundo trimestre, consideró que existe margen para modificar esa dinámica. Según planteó, mantener tasas de interés en torno al 20% anual y liberar liquidez mediante la reducción de encajes podría incentivar a los bancos a prestar más.
“El gobierno tendría que mantener la tasa en el 20% anual para que los bancos tengan más incentivos para salir a prestar”, señaló, y agregó que no debería temerse un impacto inmediato sobre el dólar debido al carácter bimonetario de la economía.
El especialista, según supo la Agencia Noticias Argentinas, sostuvo que una expansión del crédito permitiría establecer un “piso firme” para los sectores más rezagados y, al mismo tiempo, potenciar el encadenamiento productivo con actividades dinámicas. “Muchas actividades industriales pueden ser proveedoras de los sectores más dinámicos, aunque no tengan capacidad exportadora”, indicó.
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En relación con el tipo de cambio, Vasconcelos afirmó que el Gobierno utiliza desde 2024 al dólar como ancla inflacionaria, lo que afecta la competitividad de algunos sectores. Sin embargo, remarcó que el contexto externo y el superávit comercial previsto reducen la urgencia de una corrección cambiaria. “Este año podemos tener una balanza comercial positiva de 20.000 millones de dólares”, destacó, y subrayó que la mejora en los términos de intercambio, especialmente por el aumento de los precios de la energía, refuerza esa tendencia.
A su vez, advirtió que los sectores rezagados no deberían apostar a una devaluación como salida. “El crecimiento va a ser cada vez más sinónimo de productividad y competitividad”, sostuvo, al tiempo que enfatizó la necesidad de reconversión productiva.
Finalmente, el economista resaltó el potencial de la abundancia energética como motor estructural de competitividad. “Disponer de energía relativamente barata es clave para la competitividad”, afirmó, y señaló que las exportaciones de gas y petróleo podrían multiplicarse en los próximos años, además de generar un insumo estratégico para el desarrollo industrial.
“Tenemos que mirar la economía como una transición permanente”, concluyó.