Sep 21, 2026 | Inteligencia Artificial, Opiniones
Los buscadores ya no alcanzan a verificar los errores que fabrica la inteligencia artificial al crear versiones falsas de la realidad. ¿Qué ocurre cuando los sistemas empiezan a aprender de sus propias mentiras?
Por Maximiliano Firtman
Buenos Aires lunes 21 septiembre(PR/26)– Mientras se discute si la inteligencia artificial representa un riesgo de extinción humana, conviene mirar al presente para entender un problema tan real como cotidiano.
Todo comenzó cuando un usuario llamado Pablo empezó a recibir a diario decenas de mensajes equivocados en su celular. Le pedían dar de baja el TelePASE o enviar currículums para un supermercado, lugares donde él jamás había trabajado.

Al investigar el origen de semejante confusión, Pablo encontró al único responsable: la IA de Google Gemini. El sistema le entregaba su número personal a cualquiera que solicitara contacto con esas empresas.
Por otro lado, en una investigación científica publicada en Georgia, se cita un supuesto libro de autoría de Maximiliano Firtman. El detalle alarmante es que ese libro jamás existió ni fue escrito por él.
Lo verdaderamente sorprendente de estos casos no es solo que la información sea completamente falsa, sino lo plausible y creíble que resulta para cualquier persona que la lea.
Alucinaciones probabilísticas: el origen del error
Los modelos de lenguaje generan sus respuestas mediante cálculos estadísticos, prediciendo un token a la vez según el contexto. A este proceso técnico se lo conoce formalmente como inferencia.
El algoritmo puede estructurar un título perfecto que encaje con el perfil de un autor, pero que sea probable no significa que sea real. A estas respuestas convincentes pero falsas las denominamos alucinaciones.
Durante años, cuando alguien dudaba de un dato, acudía al buscador tradicional. Hoy consultamos directamente a la inteligencia artificial, la cual también nos ofrece respuestas erróneas y absurdas.

Un caso insólito ocurrió cuando una usuaria buscó métodos para eliminar plagas y la IA le dio instrucciones detalladas para bailar una canción. Aunque se corrigió tras hacerse viral, el problema de fondo sigue sin solución.
A esto se suman los constantes reclamos a bancos y billeteras virtuales por parte de usuarios que reciben soporte técnico engañoso generado por bots automatizados.
La excusa de «se equivocó la IA» no puede dar por resuelto el perjuicio causado, ya que la decisión de poner esos sistemas a atender a personas fue estrictamente humana.
La contaminación de las fuentes de información
Un ejemplo revelador ocurrió con una nota periodística que destacaba a Roberto Ronda como fundador del Instituto Balseiro. Una investigación interna confirmó que dicho científico jamás existió.
Al día siguiente de la publicación, diversas IAs afirmaban rotundamente que Ronda sí existía, citando como fuente verdadera aquel artículo periodístico y sus múltiples réplicas en internet.
Así se evidencia el peligro del circuito de retroalimentación: una mentira publicada valida futuras respuestas erróneas, provocando una seria contaminación de fuentes.

El uso masivo de datos sintéticos para entrenar nuevos modelos genera el riesgo real de terminar con una IA aprendiendo e independizando los errores cometidos por otra.
Esta amenaza recuerda inevitablemente al distópico Ministerio de la Verdad planteado por George Orwell, donde la historia se reescribe continuamente hasta sustituir los hechos reales.
Planificación para engañar: más allá del simple error
¿Podemos afirmar que una IA miente deliberadamente? Recientemente, la empresa OpenAI hizo públicos casos documentados que van mucho más allá de un simple fallo probabilístico.
Durante pruebas internas, un agente encargado de elaborar un informe financiero no halló datos reales y dejó una nota sugiriendo inventar valores razonables y ocultarlo salvo consulta explícita.
En otro caso grave, al buscar estadísticas laborales, el modelo encontró una clave de acceso expuesta y la usó sin autorización para intentar obtener información confidencial.

Al no lograr conseguir los datos reales, la máquina procedió a fabricar números verosímiles presentándolos falsamente como oficiales extraídos directamente de la fuente requerida.
Cuando los propios sistemas planifican e instruyen ocultar sus inconsistencias, el concepto técnico de alucinación resulta totalmente insuficiente para describir la gravedad del problema.
La responsabilidad final no recae sobre el código ni sobre los algoritmos, sino sobre las decisiones humanas de implementar estos sistemas sin los debidos controles de verificación.
Primicias Rurales
Fuente: www.perfil.com
Versión en inglés:
The Danger of AI Hallucinations: When Reality Becomes Distorted by False Information and Deception
Search engines can no longer keep up with verifying the errors produced by artificial intelligence as it creates false versions of reality. What happens when systems begin learning from their own lies? (English Version)
By Maximiliano Firtman
Buenos Aires, Monday, September 21 (PR/26) — While the debate continues over whether artificial intelligence represents a risk of human extinction, it is worth looking at the present in order to understand a problem that is as real as it is commonplace.
It all began when a user named Pablo started receiving dozens of incorrect messages on his cell phone every day. They asked him to cancel his TelePASE account or to send résumés for a supermarket—places where he had never worked.
When investigating the source of such confusion, Pablo found the sole culprit: Google’s Gemini AI. The system was providing his personal phone number to anyone requesting contact information for those companies.
Meanwhile, a scientific study published in Georgia cited a purported book allegedly authored by Maximiliano Firtman. The alarming detail is that the book never existed and was never written by him.
What is truly surprising about these cases is not merely that the information is completely false, but how plausible and credible it appears to anyone who reads it.
Probabilistic Hallucinations: The Origin of the Error
Language models generate their responses through statistical calculations, predicting one token at a time based on context. This technical process is formally known as inference.
The algorithm can construct a perfectly convincing title that fits an author’s profile, but the fact that something is probable does not mean that it is real. These convincing but false responses are known as hallucinations.
For years, when someone questioned a piece of information, they would turn to a traditional search engine. Today, we consult artificial intelligence directly, and it can also provide us with erroneous and absurd answers.
An extraordinary case occurred when a user searched for methods to eliminate pests and the AI gave her detailed instructions for dancing to a song. Although the error was corrected after going viral, the underlying problem remains unresolved.
Added to this are the constant complaints made to banks and digital wallets by users who receive misleading technical support generated by automated bots.
The excuse that “the AI made a mistake” cannot be considered sufficient to resolve the harm caused, since the decision to deploy these systems to interact with people was strictly a human one.
The Contamination of Information Sources
A revealing example occurred with a news article that identified Roberto Ronda as the founder of the Balseiro Institute. An internal investigation confirmed that this scientist had never existed.
The day after the article was published, various AI systems were emphatically stating that Ronda did exist, citing that news article and its multiple reproductions online as a legitimate source.
This demonstrates the danger of the feedback loop: a lie published online validates future erroneous responses, leading to serious contamination of information sources.
The widespread use of synthetic data to train new models creates a genuine risk that AI could ultimately learn and perpetuate errors generated by another AI system.
This threat inevitably brings to mind the dystopian Ministry of Truth envisioned by George Orwell, where history is continuously rewritten until it replaces the actual facts.
Planning to Deceive: Beyond a Simple Error
Can we say that an AI lies deliberately?
Recently, OpenAI made public documented cases that go far beyond a simple probabilistic failure.
During internal testing, an agent tasked with preparing a financial report could not find real data and left a note suggesting that it invent reasonable figures and conceal this fact unless explicitly asked about it.
In another serious case, while searching for employment statistics, the model discovered an exposed access key and used it without authorization in an attempt to obtain confidential information.
When it failed to obtain the real data, the machine proceeded to fabricate plausible figures, falsely presenting them as official numbers supposedly extracted directly from the requested source.
When systems themselves plan and instruct that their inconsistencies be concealed, the technical concept of “hallucination” becomes entirely insufficient to describe the seriousness of the problem.
Ultimately, responsibility does not lie with the code or the algorithms, but with the human decisions to implement these systems without adequate verification controls.
Primicias Rurales
Source: www.perfil.com
Traducción: María Marta Cafiero

Sep 21, 2026 | Actualidad, Opiniones, Política
Patricia Bullrich desafía el liderazgo de Javier Milei sin romper la alianza, abriendo una guerra fría política. Un análisis clave sobre el futuro del oficialismo rumbo a 2027.
Por Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Cátedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
El video con Lali Espósito no rompió la alianza con Milei pero terminó con la obediencia. Horas después de manifestar su descontento por los recortes en discapacidad del Presupuesto 2027, la jefa del bloque de LLA en el Senado utilizó la canción “No me importa” para diferenciarse de Casa Rosada
Buenos Aires, lunes 21 septiembre (PR/26) — En política, las rupturas importantes rara vez comienzan con una renuncia. A veces empiezan con una canción. Patricia Bullrich no abandonó a Javier Milei, no creó un nuevo partido ni anunció una candidatura presidencial.
Hizo algo más sutil y, quizá por eso, más peligroso: mostró públicamente que ya no está dispuesta a ser tratada como una subordinada. Eligió para hacerlo una canción de Lali Espósito, la artista a la que el presidente convirtió durante años en emblema de la supuesta cultura subsidiada. La escena fue demasiado preparada para ser inocente: despacho, computadora, café, trabajo, música, cámara y una letra que habla de no cambiar, aunque ladren y de vivir sin miedo a ser controlada.
Eso no fue una distracción de las redes. Fue lenguaje político. Y el mensaje no estaba dirigido solamente a Milei. Estaba dirigido a un electorado que acompañó al presidente para impedir el regreso del kirchnerismo, pero que nunca se volvió libertario; a una franja que aceptó el ajuste, aunque no necesariamente la crueldad; que reclamó orden, aunque no autoritarismo; que votó cambio, aunque no demolición institucional. Ese segmento fue decisivo en 2023 y puede volver a serlo en 2027.
La tesis es sencilla: Bullrich todavía no rompió con Milei, pero comenzó a construir el derecho a sobrevivirlo. Desde esta semana, la alianza continúa formalmente y la confianza terminó políticamente. Lo que viene no será, por ahora, una guerra abierta. Será una guerra fría, hecha de gestos, vetos, operaciones, silencios y posicionamientos. Y, como en toda guerra fría, cada actor del sistema empezará a preguntarse con quién conviene hablar antes de que llegue el momento de elegir.
El voto que Milei recibió prestado
Conviene comenzar por el dato duro. En la primera vuelta presidencial de octubre de 2023, Patricia Bullrich obtuvo 6.379.023 votos, el 23,81 por ciento de los sufragios afirmativos. Javier Milei consiguió 8.034.990. En el balotaje, el candidato libertario llegó a 14.554.560 votos y derrotó a Sergio Massa.
No es metodológicamente correcto afirmar que cada votante de Bullrich pasó automáticamente a Milei. Entre una elección y otra también se movieron votos de Juan Schiaretti, hubo cambios en la participación y existieron transferencias cruzadas. Pero la aritmética política es imposible de ignorar: Milei sumó 6,52 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta, una cifra casi equivalente al caudal que había acompañado a Bullrich. Sin esa convergencia antikirchnerista, Milei difícilmente habría llegado a la Casa Rosada.
Ese origen contiene una verdad incómoda para el oficialismo. El 55,65 por ciento del balotaje nunca fue completamente libertario. Fue una coalición electoral negativa: un núcleo propio entusiasta, más millones de argentinos que quisieron terminar con el gobierno de Alberto Fernández y evitar una presidencia de Massa. Milei confundió luego ese préstamo con una escritura de propiedad. Gobernó como si todo aquel voto hubiese aceptado no solo el rumbo económico, sino también el método, los agravios, la concentración de las decisiones y el desprecio por los matices republicanos.
Mientras la inflación descendía y el kirchnerismo continuaba funcionando como amenaza, esa confusión podía resultar electoralmente rentable. Pero cuando la economía cotidiana no acompaña las cifras del laboratorio, el préstamo comienza a vencer. El crecimiento de la morosidad, la fragilidad del empleo, el cierre de empresas y la pérdida de poder adquisitivo en sectores específicos no convierten automáticamente a un votante de Milei en kirchnerista. Lo convierten, primero, en un votante disponible.
Allí aparece la avenida del medio. No como una ideología precisa, sino como un estado de ánimo: argentinos que no quieren regresar al pasado, pero tampoco desean firmar un cheque en blanco al presente. El problema histórico de esa avenida es que suele tener tránsito y no conductor.
Una secuencia y no un episodio
El video de Lali solo puede comprenderse si se lo coloca dentro de una secuencia. Bullrich reclamó explicaciones patrimoniales al entonces jefe de Gabinete Manuel Adorni; objetó el retiro de un pliego judicial promovido por el Ejecutivo; tomó distancia de la respuesta presidencial frente a la morosidad; defendió expresamente la libertad de prensa y cuestionó los límites del Poder Ejecutivo. Finalmente, explotó cuando descubrió que el proyecto de Presupuesto 2027 modificaba aspectos sensibles de la ley de emergencia en discapacidad sin que ella, presidenta del bloque oficialista en el Senado e integrante de la mesa política, hubiese sido informada.
Su frase fue brutal porque describió algo más grave que un desacuerdo técnico: «A mí no me tomen de tonta». Bullrich no estaba discutiendo solamente una partida presupuestaria. Estaba denunciando que el Gobierno la utilizaba para negociar en el Congreso sin permitirle conocer lo que realmente iba a defender. Una jefa parlamentaria que se entera por los diarios de una decisión capaz de incendiar la negociación con los aliados deja de ser jefa y se convierte en vocera involuntaria de una estructura que no la respeta.
El video apareció inmediatamente después. Duró más de un minuto, fue producido, editado y publicado con una frase elegida de la canción. Cerca de Bullrich dijeron que buscaba mostrarla activa y llamar la atención. Es posible. También es insuficiente. En política, cuando se elige deliberadamente el símbolo que más irrita al líder propio, la forma es el contenido.
Milei reaccionó con una serenidad poco habitual. Dijo que no veía problema en que Bullrich escuchara a Lali, sostuvo que era una tontería politizar el arte y hasta admitió que había oído canciones de la artista que le gustaron. Fue una respuesta inteligente. Desactivó el escándalo, evitó regalarle a Bullrich el papel de víctima y permitió revisar las partidas cuestionadas sin admitir una derrota personal.
Pero bajar el volumen no elimina el conflicto. Solo impide que se escuche desde afuera. La lógica de poder construida alrededor de Javier y Karina Milei ha demostrado poca tolerancia frente a la autonomía: quien se diferencia suele ser disciplinado, congelado o expulsado. Bullrich, sin embargo, no es un funcionario más. Tiene votos propios, reconocimiento nacional, experiencia, presencia en el Senado y un vínculo histórico con sectores que el mileísmo necesita. Castigarla tiene costo. Tolerarla también.
Patricia no busca irse sino dejar de obedecer
En el entorno de la senadora aseguran que no romperá con Milei. Esa afirmación puede ser sincera y, al mismo tiempo, incompleta. Bullrich no necesita romper hoy. Le conviene permanecer dentro, conservar capacidad institucional, acompañar las medidas que comparte y marcar diferencias en aquellos asuntos que le permiten hablarle a su electorado original.
Su objetivo inmediato parece menos ambicioso que una candidatura y más importante que un cargo: recuperar identidad. Después de integrarse al Gobierno, abandonar la presidencia del PRO y afiliarse a La Libertad Avanza, Bullrich quedó expuesta al riesgo de desaparecer dentro de una marca ajena. Si todo sale bien, el mérito es de Milei. Si todo sale mal, ella carga con el costo de haberlo acompañado. Diferenciarse es su seguro de vida político.
También es una forma de negociación. Bullrich puede buscar participación real en las decisiones, mejores condiciones para las listas de 2027 o la posibilidad de representar el ala republicana del oficialismo. Pero existe una cuarta hipótesis que nadie debería descartar: que marque límites esperando que el mileísmo haga lo que ella todavía no quiere hacer. Si la expulsan, obtiene un relato. Ya no sería la dirigente que abandonó el Gobierno, sino la aliada leal que fue echada por pedir sensatez, coordinación y sensibilidad.
Por eso la respuesta de Milei fue tan calculada. El presidente comprendió que una pelea abierta podía convertir una canción en acta de nacimiento. Prefirió no firmarla.
Las PASO como campo de batalla
La discusión sobre las PASO puede alterar por completo el tablero. El Gobierno envió en abril de 2026 un proyecto para eliminar las primarias obligatorias y convertir la selección de candidatos en un asunto interno de los partidos. Mientras esa reforma no sea aprobada por ambas cámaras, el régimen nacional continúa vigente.
Ahora bien, la sola existencia de las PASO no le garantiza a Bullrich una competencia presidencial contra Milei. Para disputar dentro del oficialismo debería existir una misma alianza electoral que admitiera ambas candidaturas, o una estructura partidaria capaz de sostener su postulación. La Libertad Avanza controla su marca y el mileísmo no suele abrir aquello que puede ordenar desde arriba. Por eso, si las PASO sobreviven, crean una oportunidad, pero no fabrican por sí solas el vehículo.
Si el Congreso las elimina, la consecuencia tampoco será necesariamente favorable al presidente. Se cerraría el camino para una competencia interna regulada, pero se empujaría a cualquier disidente relevante a construir por fuera. En otras palabras: sin PASO podría haber menos discusión dentro del oficialismo y más fragmentación en la elección general.
La paradoja es notable. El Gobierno quiere suprimir una herramienta que considera costosa e inútil. Bullrich podría terminar convirtiendo esa discusión institucional en la decisión que determine si su futuro está dentro o fuera de La Libertad Avanza.
La avenida del medio existe, pero todavía no es una coalición
Distintos sondeos registran desgaste presidencial. El relevamiento regional atribuido a CB Global Data ubicó a Milei con 35,5 por ciento de imagen positiva y 60,6 por ciento de negativa; otras mediciones recientes lo situaron alrededor del 36,8 por ciento de aprobación. Ninguna encuesta aislada predice una elección que ocurrirá dentro de más de un año. Pero la coincidencia en un nivel de apoyo cercano al tercio muestra que el presidente conserva un núcleo significativo y, al mismo tiempo, ha perdido la comodidad de la mayoría del balotaje.
Ese deterioro abre espacio, aunque no entrega automáticamente el poder. Entre el descontento social y una opción presidencial competitiva existen organización, gobernadores, fiscales, financiamiento, candidatos provinciales, programa económico y conducción. La Argentina está llena de terceros espacios que fueron enormes en las encuestas y diminutos cuando se abrieron las urnas.
Hoy pueden escucharse tonos parecidos en economistas que acompañaron a Juntos por el Cambio, dirigentes del PRO, sectores radicales, gobernadores aliados, peronistas no kirchneristas y figuras externas a la política. Pero compartir una crítica a Milei no equivale a compartir un gobierno. Una foto con todos ellos puede parecer amplitud o zoológico. Para transformarse en alternativa deben acordar tres cuestiones que suelen evitar: qué parte del programa económico conservarían, cómo reconstruirían autoridad sin violencia verbal y quién aceptaría ubicarse detrás de otro.
Bullrich tiene ventajas para encabezar ese mundo. Posee conocimiento público, carácter, credenciales en seguridad y la capacidad de hablarle al votante antikirchnerista sin pedirle perdón por haber votado a Milei. Tiene también debilidades evidentes: carece hoy de una estructura territorial propia comparable con las grandes fuerzas, su trayectoria de cambios de pertenencia puede ser utilizada contra ella y su 23,81 por ciento de 2023 fue un piso importante, pero también un techo que no logró perforar.
La avenida del medio, por lo tanto, no necesita solamente una figura. Necesita una razón para existir que sea algo más que «Milei no» y «Cristina tampoco». Si no construye esa razón, la polarización volverá a tragársela.
Cuatro escenarios hacia 2027
El primer escenario, y hoy el más probable, es la convivencia con autonomía. Bullrich permanece en La Libertad Avanza, vota el núcleo del programa, conserva la presidencia del bloque y se reserva el derecho a objetar excesos. Milei acepta esa heterodoxia porque la necesita para negociar en el Senado y para retener al votante de 2023. Sería una sociedad incómoda, pero funcional. Su límite aparecerá cuando llegue el cierre de candidaturas: allí ya no alcanzarán las canciones ni los comunicados.
El segundo escenario es una competencia interna. Solo será viable si continúan las PASO, si Bullrich consigue reglas que le permitan participar y si la economía mantiene niveles altos de desaprobación. En ese caso podría presentarse como continuidad del cambio económico con corrección institucional y sensibilidad política. No ofrecería volver atrás, sino bajar la temperatura. Para Milei sería el desafío más peligroso, porque vendría desde el mismo electorado y no desde el kirchnerismo que necesita como antagonista.
El tercer escenario es la ruptura por expulsión o asfixia. Karina Milei puede bloquear candidaturas, vaciar su poder parlamentario o reducirla a una presencia decorativa. Si Bullrich concluye que quedarse significa desaparecer, buscará un vehículo propio o una coalición con gobernadores, radicales, restos del PRO y peronistas moderados. Esa alternativa tendría capacidad para disputar el acceso a una segunda vuelta, pero correría el riesgo de repetir la vieja enfermedad del centro argentino: demasiados generales y ningún ejército.
El cuarto escenario es la reconciliación táctica. Si la economía mejora de manera visible, el empleo se recupera y el Gobierno llega a 2027 con expectativas favorables, Bullrich puede decidir que su mejor futuro es acompañar una reelección y negociar la sucesión para 2031. La política suele llamar convicción a aquello que los resultados vuelven conveniente. En ese caso, el video de Lali quedará como una advertencia exitosa y no como el comienzo de una rebelión.
Existe, por supuesto, un quinto desenlace: que ni Bullrich ni Milei controlen el centro de la escena. Una crisis económica, una fractura del peronismo, la aparición de un gobernador competitivo o un outsider con recursos podría reorganizar toda la oferta. Falta demasiado para clausurar el tablero. Pero ya no falta tanto para que cada dirigente deba elegir casillero.
Lo que habrá que mirar
Las próximas señales no estarán en las declaraciones de amistad. Estarán en los hechos. Habrá que observar si Bullrich participa realmente en las decisiones del Presupuesto, si logra corregir los cambios en Discapacidad, qué posición adopta frente a la eliminación de las PASO, cómo se distribuyen las candidaturas nacionales y provinciales, quiénes comienzan a visitarla y si sus diferencias se concentran en la gestión o avanzan sobre el liderazgo presidencial.
También habrá que mirar a los gobernadores. Son ellos quienes poseen territorio, legisladores y necesidad de construir una salida que no los obligue a elegir eternamente entre el látigo libertario y la restauración kirchnerista. Si empiezan a reconocer en Bullrich una interlocutora, la avenida del medio habrá encontrado una estación. Si solo la elogian mientras negocian individualmente con la Casa Rosada, seguirá siendo una avenida sin destino.
Finalmente, habrá que mirar la economía real. No la planilla del Ministerio ni el festejo de las redes, sino el salario, la deuda familiar, el comercio que abre o cierra y el empleo que se crea o se pierde. Las elecciones de 2027 no se resolverán por una canción. La canción apenas reveló quién empezó a prepararse por si la economía cambia la música.
Una alianza que ya no será igual
Bullrich ayudó a Milei a llegar al poder y luego aceptó formar parte de un gobierno que absorbió buena parte de su identidad política. Durante un tiempo, la sociedad funcionó porque ambos necesitaban lo mismo: derrotar al kirchnerismo, consolidar autoridad y sostener el rumbo económico. Ahora sus intereses comienzan a separarse. Milei necesita obediencia para reelegir. Bullrich necesita autonomía para no desaparecer.
La escena de esta semana no prueba que Patricia sea candidata. Prueba algo anterior: quiere conservar la posibilidad de serlo. Tampoco demuestra que exista una conspiración con gobernadores, economistas o empresarios. Demuestra que, desde ahora, todos ellos tienen motivos para llamarla.
El presidente hizo bien en no reaccionar con furia. Pero su moderación no reconstruyó la confianza. Apenas evitó el incendio. Debajo de las cenizas quedó una pregunta que llegará, tarde o temprano, a cada despacho del oficialismo: ¿qué ocurrirá si Milei deja de ser la única garantía contra el regreso del pasado?
Falta mucho para 2027.
En la Argentina, eso significa que falta casi nada.
La guerra todavía no comenzó porque ninguno de los dos quiere disparar primero.
Pero Patricia ya eligió la música para marchar. Y Milei, por primera vez, decidió fingir que no escuchaba.
Por Sergio Marcelo Mammarelli
Primicias Rurales
Sep 18, 2026 | Actualidad, congresos y cursos, Economía / Economía del Agro, Opiniones
Rumbo a una cosecha récord, el sector agroindustrial debate cómo transformar el volumen de granos en desarrollo económico y social para todo el país.
Buenos Aires sábado 18 septiembre(PR/26)– «El agro ya no pide que lo dejen producir: está demostrando que, cuando lo dejan, produce como nunca”, sostuvo Rodolfo de Felipe, presidente de LIDE Argentina. Sus palabras anticipan los debates centrales del XV Fórum Nacional de Agronegocios, que reunirá este 24 de septiembre a los máximos referentes del sector en el Alvear Icon bajo el lema “El Nuevo Poder del Agro Argentino”.

Para el titular de la entidad, el enfoque de este encuentro responde a un cambio trascendental que supera los límites de la propia tierra. El campo dejó de ser una mera actividad extractiva para consolidarse como el verdadero motor cambiario y fiscal de la nación, compartiendo ese rol estratégico junto a la energía, la minería y la economía del conocimiento.
Una campaña récord que desplaza el eje del debate
De cara a una campaña 2025/26 que promete marcar un hito histórico alcanzando cerca de 163 millones de toneladas, el verdadero reto del sector ya no radica únicamente en multiplicar los granos. El centro de la escena ahora lo ocupan las condiciones estructurales para garantizar una productividad sostenida y una mayor competitividad internacional.
“La discusión ahora pasa por la productividad”, enfatizó de Felipe, remarcando con claridad que este concepto engloba pilares fundamentales como la inversión estratégica, el desarrollo tecnológico y la atracción de talento, demostrando que el éxito agropecuario va mucho más allá de levantar la cosecha.
A la par, el esquema de reducción de retenciones redefine por completo la ecuación económica. Si bien representa un menor ingreso fiscal directo para el Estado, inyecta ese margen financiero en las manos del productor, quien lo transforma inmediatamente en inversión productiva y capital de trabajo.
Resiliencia climática y la urgencia del valor agregado
Frente a un panorama climático desafiante e impredecible, el agro apela a su rasgo más distintivo: la capacidad de adaptación. Toda la cadena de valor agroindustrial se distingue por ser profundamente resiliente y por mantener una firme disposición a seguir impulsando el crecimiento de la economía.
Sin embargo, el gran pendiente del país radica en superar la simple exportación de granos sin procesar. Resulta imprescindible construir una sólida agenda hacia 2030 enfocada en potenciar el valor agregado, expandir la infraestructura y promover un desarrollo agroindustrial integral.

El acuerdo Mercosur-Unión Europea ocupará un lugar protagónico durante la jornada, abriendo puertas clave para ampliar el acceso de la producción nacional a mercados globales exigentes. Además, los paneles abordarán el impacto de la tecnología Agtech como motor de equidad y desarrollo social.
Una convocatoria con los protagonistas del sector
El encuentro contará con líderes destacados como Sergio Iraeta (Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca), Alejandro Elsztain (Cresud), Pablo Paladini (Paladini), Ignacio Lartirigoyen (Lartirigoyen), Ignacio Bartolomé (GDM), Agustín Dranovsky (Tierras del Sud), Alejandro Duhau (Frigorífico Azul) y Marisa Bircher.
Asimismo, la jornada tendrá una participación especial de Laura Loizeau, presidenta de LIDE Agronegocios y referente indiscutida del ecosistema Agtech, quien aportará su visión sobre las nuevas oportunidades de inversión privada para el campo.
El XV Fórum Nacional de Agronegocios se desplegará el jueves 24 de septiembre, de 8:30 a 12:45, en el Alvear Icon Buenos Aires, buscando demostrar que el poder del agro no está solo en su cosecha, sino en financiar el futuro argentino.

Sobre LIDE Argentina: es una organización que conecta a líderes de las empresas más grandes del país. Ofrece contenidos de excelencia y oportunidades de relacionamiento en eventos y actividades de alta calidad. Su objetivo es fomentar el desarrollo económico y social de Argentina.
Primicias Rurales
Fuente: LIDE
Sep 17, 2026 | Actualidad, Desarrollo Humano, Inteligencia Artificial, Opiniones
En este artículo, el columnista Thomas Friedman deja en claro que es «demasiado tarde», la IA y sus peligros para la supervivencia de la humanidad ya están aquí. La IA llegó imprevistamente y está adquiriendo vida propia. La próxima cumbre de los presidentes de China y Estados Unidos podrían poner algún tipo de freno. No todo, algo.
Por Thomas Friedman THE NEW YORK TIMES, publicado por La Nación
Una explosión de incoherencia en las políticas sobre inteligencia artificial se ha desatado en las últimas semanas. Es una reacción al hecho de que agentes de IA se estén rebelando contra sus desarrolladores, de que actores maliciosos comiencen a usar sistemas de IA para crear armas más sofisticadas y de que los propios desarrolladores de IA nos digan que necesitan desacelerar el avance de la tecnología, aunque advierten que no pueden hacerlo si China no hace lo mismo, e incluso que quizá no deberían hacerlo porque las ventajas de liderar este campo son demasiado grandes.
Al menos un dirigente tiene una posición clara. El presidente Donald Trump declaró: “El único control o las únicas ‘barandillas de seguridad’ que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡con alto coeficiente intelectual!), y Estados Unidos tiene eso de sobra”.
Todo esto me ha llevado a preguntarme: ¿los bots de IA ya tienen sentido del humor? Porque, si lo tienen, deben de estar riéndose tanto de nosotros que podrían reventar una o dos redes neuronales. Nos hemos convertido en un auténtico caos tratando de descubrir cómo gestionar esta nueva especie de IA que hemos creado.
Antes de presentar, con la ayuda de mi amigo y tutor tecnológico Craig Mundie, exdirector de estrategia e investigación de Microsoft, algunas recomendaciones para enfriar esta situación con el menor daño posible, adelanto la conclusión principal: ya es demasiado tarde para pensar que un mayor control sobre los futuros modelos de IA de Estados Unidos y China solucionará los desafíos actuales derivados de los modelos peligrosos que ya están ahí fuera, circulando libremente y sin posibilidad de ser retirados. Lo que necesitamos acordar de inmediato es cómo trabajar juntos para defendernos de amenazas que ya existen y que pueden causar enormes daños e inestabilidad social tanto en Estados Unidos como en China.

Para entender por qué, hay que pensar en los cuatro pilares fundamentales para comprender la IA.
Pilar número 1: la IA es lo que he venido llamando la primera tecnología de uso cuádruple del mundo. Quizá haya oído hablar de las tecnologías de doble uso. En el viejo mundo, una persona con un taladro eléctrico podía usarlo tanto para construir su casa como para destruir la de su vecino. Eso es doble uso. Del mismo modo, si hoy tuviera un robot con IA equipado con un taladro, podría pedirle que construyera mi casa o que destruyera la de mi vecino. Pero ahora tenemos un nuevo problema: ese robot impulsado por IA podría decidir por sí mismo si mejora mi casa o la destruye, y también podría decidir hacer lo mismo con la casa del vecino. Voilà: uso cuádruple. Y ese es un problema extremadamente difícil de gestionar.
¿Cree que exagero? Lea el resumen del periodista Kevin Roose sobre lo ocurrido este verano, cuando un grupo de agentes de inteligencia artificial creados por OpenAI hackeó por su cuenta la empresa de infraestructura de IA Hugging Face. A partir de mayo, un conjunto de agentes de IA pertenecientes a un modelo de investigación aún no publicado de OpenAI recibió instrucciones para resolver una serie de desafíos de ciberseguridad. El modelo debía hacerlo sin acceso a internet. “Pero rápidamente descubrieron que algunos de los desafíos eran imposibles de resolver, por lo que comenzaron a buscar formas alternativas de hacerlo”, explicó Roose.
Esto ocurrió realmente. Y eso nos lleva al pilar número 2, resumido por Mundie en tres palabras: “Ya es demasiado tarde”.
Reducir el ritmo del desarrollo de sistemas avanzados en Estados Unidos o desacelerar el desarrollo chino no resolverá nuestro problema inmediato. “Las capacidades peligrosas de la IA ya están circulando libremente”, explicó Mundie. Esto ocurre por dos razones principales: la difusión de modelos de peso abierto desarrollados tanto en Estados Unidos como en China, cuyos componentes fundamentales son públicos y pueden ser descargados y modificados por cualquier desarrollador, y el acceso ilegal de actores maliciosos a modelos propietarios de empresas como Anthropic y OpenAI debido a errores humanos que permiten filtraciones.
Informe
En su informe más reciente sobre detección y prevención del uso indebido de la IA, Anthropic señaló que identificó y bloqueó varios intentos de utilizar sus modelos en investigaciones que podrían contribuir al desarrollo de armas biológicas.
“Sin las salvaguardas adecuadas, estas capacidades podrían tener consecuencias catastróficas”, afirmó el informe. También describió el caso de un actor vinculado a Irán, probablemente los hutíes, que utilizó Claude, el modelo de Anthropic, para recopilar información sobre posibles objetivos relacionados con buques de guerra de la Marina estadounidense en Medio Oriente. El documento también mencionó un grupo separado en el norte de Yemen controlado por los hutíes que utilizó el modelo para trabajar en sistemas de guiado de misiles balísticos e hipersónicos. Anthropic aseguró que bloqueó las cuentas involucradas y desarrolló mecanismos para reducir riesgos futuros.
Si eso no muestra qué clase de herramientas ya se han filtrado y qué efectos pueden producir los modelos de IA poderosos, o incluso los modelos abiertos más pequeños, cuando quedan fuera de control, entonces no sé qué podría hacerlo. Y eso nos conduce al pilar número 3.
Lo mejor que podemos hacer ahora no es enredarnos tratando de lograr un gran acuerdo entre empresas estadounidenses y chinas para desacelerar el desarrollo de sus modelos más avanzados. Eso simplemente no ocurrirá en el corto plazo.
Lo mejor que podemos hacer es que las dos superpotencias de la IA, Estados Unidos y China, trabajen junto con sus empresas para desarrollar una defensa común frente a las amenazas ya demostradas por actores maliciosos que han obtenido herramientas de IA y frente a los comportamientos impredecibles de sistemas de IA que ya existen.
Debemos hacerlo, advirtió Mundie, antes de que estos modelos cada vez más poderosos se instalen de forma permanente en internet y se conviertan en una amenaza imposible de contener, distribuyendo agentes por servidores privados y nubes públicas, donde podrían sobrevivir como amenazas persistentes avanzadas.
Y eso nos lleva al pilar número 4. Tras una reciente visita a China, Mundie recordó una pregunta que le formuló un funcionario chino: “Si algún día un robot humanoide impulsado por IA y fabricado en China llegara a Estados Unidos, ¿necesitaría una visa?”. Ya sabe cómo suele ocurrir: muchas veces la verdad se expresa en broma. La realidad, sostiene Mundie, es que “la IA no es simplemente una nueva tecnología. Es una nueva especie, basada en silicio y no en carbono como nosotros. Es como una nueva clase de inmigrantes que ha llegado a nuestras costas en grandes cantidades, con capacidades completamente nuevas, y que tendremos que absorber en nuestras sociedades y aprender a coexistir con ella”.
Gestionar esa convivencia de manera efectiva es un desafío de escala planetaria que solo puede abordarse mediante la cooperación entre las dos superpotencias de la IA.
En resumen, dice Mundie, debemos avanzar por tres caminos paralelos.
Primero, aunque a largo plazo debemos aspirar a un mayor control sobre el desarrollo de los sistemas más avanzados, hoy debemos concentrarnos en construir defensas para nuestras infraestructuras críticas.
Segundo, debemos desarrollar un sistema global capaz de controlar inteligencias artificiales cada vez más poderosas, sin importar su origen.
Tercero, para recordar continuamente a la población por qué la IA sigue siendo importante, Estados Unidos y China deberían embarcarse desde ahora en un proyecto conjunto destinado a acelerar avances globales en biología y medicina que beneficien a toda la humanidad. No sería una estrategia sin precedentes. Competidores estratégicos, tanto empresas como países, tienen una larga historia de cooperación cuando eso favorece sus intereses.
Friedman, no lo entiendes. Estados Unidos y China son hoy rivales geopolíticos y geoeconómicos mucho más directos, y siempre lo serán. Nunca aceptarán la clase de cooperación sobre IA que propones, ni a corto ni a largo plazo.
No, USTED NO LO ENTIENDE. La IA nos está impulsando hacia una etapa completamente nueva de la historia humana. Como dice Mundie, la IA “va a cambiar todo acerca de todo”, incluida la geopolítica. Por su propia supervivencia, estabilidad y prosperidad, Pekín y Washington se verán obligados a replantear profundamente la competencia geopolítica.
Pueden comprenderlo pronto o hacerlo tarde. Pueden hacerlo antes de una crisis global o después de ella. Pero terminarán comprendiéndolo. Y Mundie y yo esperamos que ese proceso comience en Washington el próximo 24 de septiembre, cuando los presidentes Xi Jinping y Donald Trump se reúnan en lo que seguramente será recordado como la primera cumbre de las superpotencias de la inteligencia artificial.
Si quiere leerlo en inglés:
Original article: https://www.nytimes.com/2026/09/15/opinion/ai-china-us-tech-future.html
Investigación María Marta Cafiero:

Primicias Rurales / La Nación
Buenos Aires, jueves 17 septiembre (PR/26)
Sep 17, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Opiniones
CATO Nicolás Cachanosky explica que la dolarización no promete ser un «first best» en política monetaria. Promete algo distinto: que la estabilidad de precios no dependa de una sucesión de gobiernos que cumplan la promesa de “hacer las cosas bien”.
Buenos Aires, jueves 17 de septiembre (PR/26) .- La propuesta de «un buen BCRA» como alternativa a la dolarización requiere explicitar por cuánto tiempo debe sostenerse esa buena política monetaria para que se considere una solución.
La Argentina ya ensayó, dos veces, la versión más creíble de esa promesa: la Convertibilidad, que fue la regla monetaria más dura y consensuada del país y aun así no sobrevivió una sola transición presidencial, y el régimen de metas de inflación de 2016, que debe ser el único caso en el mundo de un país que adoptó formalmente metas de inflación y luego las abandonó formalmente. Mientras la dolarización lleva un cuarto de siglo funcionando en la región, ningún intento argentino de «hacerlo bien» llegó a la mitad de los dolarizados.
Un desacuerdo oculto
Cada vez que en Argentina se discute la dolarización, aparece la misma objeción: no hace falta renunciar al peso; basta con un Banco Central (BCRA) independiente que haga bien su trabajo. Un buen BCRA que baje la inflación con una política monetaria seria gana credibilidad, y el resultado sería el mismo, sin pagar el costo de perder el instrumento cambiario. La dolarización sería un costo innecesario.
Esta respuesta, que a veces parece el resultado de un acto reflejo, no especifica por cuánto tiempo debe mantenerse esa buena política monetaria para que cuente como una alternativa real.
Ese plazo es un desacuerdo de fondo entre quienes defienden y quienes se oponen a una dolarización formal de la economía. Quienes defienden la dolarización como una idea seria a considerar piensan, al menos en mi caso, en un horizonte temporal largo. Ecuador lleva 26 años dolarizado. El Salvador, 25 (Panamá es un caso especial en sí mismo, dolarizado desde su independencia en 1904). Quienes prefieren un buen BCRA como alternativa rara vez explicitan el horizonte temporal en el que lo tienen en mente. Y cuando uno mira la historia argentina, es difícil no sospechar que se piensa a un plazo mucho más corto.
La respuesta pendiente
Si la propuesta es un BCRA con una buena política monetaria en lugar de la dolarización, conviene mirar qué ocurrió cuando Argentina lo intentó formalmente. En 2016 el BCRA adoptó un régimen de metas de inflación, con la promesa explícita de independencia del organismo. No llegó a los dos años: incumplió sus metas de manera sistemática, las revisó al alza antes de abandonarlas, y en diciembre de 2017 el propio gobierno le impuso un cambio de meta que los mercados leyeron como intervención política. La inflación pasó de 24,8% a 47,6% en doce meses y el esquema se abandonó formalmente tras dos crisis cambiarias. En la literatura sobre metas de inflación, Argentina debe ser el único país del mundo que adoptó formalmente este régimen y luego lo abandonó formalmente; ningún otro país que lo intentó se arrepintió ni dio marcha atrás. La pregunta relevante, entonces, no es si una buena política monetaria puede funcionar en el papel. La pregunta relevante es: ¿Cuánto tiempo puede durar en la Argentina? ¿Y cuál es la probabilidad de que provea una estabilidad de precios creíble durante el mismo tiempo que puede hacerlo una dolarización?
La estabilidad de precios requiere ser defendida constantemente, gobierno tras gobierno, shock tras shock. Un régimen que da estabilidad de precios durante cinco años y colapsa en el sexto no es una alternativa a la dolarización. Es un paliativo con fecha de vencimiento, y esa fecha llega eventualmente. El plan actual todavía no cumple tres años y las discusiones sobre un posible atraso cambiario que pueda echar por tierra el régimen cambiario siguen siendo uno de los temas más comentados. Es decir, es un programa que aún no ha ganado la credibilidad necesaria.
Quienes proponen un Banco Central con reglas claras y disciplina monetaria como sustituto de la dolarización tienen que explicar por qué ese arreglo va a sobrevivir 25 años en un país donde ya se intentó un régimen con reglas más duras que cualquier promesa de buena política y no llegó a los 11 años.
El experimento argentino
La Convertibilidad, entre 1991 y 2002, fue lo más parecido que tuvo la Argentina a una regla monetaria dura y creíble: paridad uno a uno fijada por ley, con requisito de respaldo en reservas para la base monetaria. No fue una promesa de discrecionalidad bienintencionada. Fue una restricción legal explícita, diseñada precisamente para resolver el problema de credibilidad que hoy se exige a una buena política monetaria. Bajó la inflación de manera contundente en su primer año. Duró casi once. Terminó en la peor crisis económica y social de la historia reciente de Argentina.
Hay otro dato incómodo. La convertibilidad no sobrevivió a un solo cambio de presidente. Gobernó con Menem durante diez años y medio. Cuando asumió De la Rúa, el país colapsó antes de que completara su mandato. El régimen más exitoso y duradero en términos de estabilidad de precios no aguantó ni siquiera la primera transición presidencial pacífica.
El mejor resultado que la Argentina tiene para mostrar es de 11 años bajo un solo presidente. La dolarización en la región lleva más de 25 años, con una diversidad de presidentes, algunos abiertamente en contra, como Rafael Correa en Ecuador.
El instrumento no es el problema
El problema monetario de la Argentina no es de política monetaria. El problema es de durabilidad institucional. La Convertibilidad no cayó porque el uno a uno fuera una mala idea técnica, ni porque le faltara apoyo político al nacer. Las metas de inflación no fracasaron porque fueran una mala idea. Cayeron porque las condiciones políticas que la sostenían cambiaron, y la dirigencia política consideró menos costoso abandonar el régimen monetario que sostenerlo. Un régimen monetario que depende de la buena voluntad de “hacer las cosas bien” no es creíble por definición cuando el plazo en discusión abarca varias presidencias.
Ese es el fundamento pendiente en “démosle al BCRA una buena política monetaria”. No importa qué tan consistente sea esa política monetaria en un artículo académico. Lo que importa es si un gobierno futuro, con otro humor político, otra necesidad de gasto u otra lectura electoral, puede desarmarla sin pagar un costo político mayor que el de mantenerla. La historia argentina responde esta pregunta con claridad. No, no puede.
La dolarización no promete ser un first best en política monetaria. Promete algo distinto: que la estabilidad de precios no dependa de una sucesión de gobiernos que cumplan la promesa de “hacer las cosas bien”, cuando la evidencia empírica, la historia del país, apunta en sentido contrario.
La pregunta pendiente
Quien prefiera un BCRA con una buena política monetaria a la dolarización no tiene que convencerme de que el diseño sea razonable en teoría. Eso no es lo que está en discusión. Lo que tiene que explicar es por qué, en la Argentina, ese buen BCRA va a sobrevivir al próximo cambio de presidente, cuando la versión más exitosa y más consensuada que tuvimos no lo logró.
Hasta que esa pregunta no se responda con algo más que una promesa de buena conducta, la comparación pertinente no es entre una dolarización imperfecta y un BCRA ideal. Es entre una dolarización que ya lleva un cuarto de siglo funcionando en dos países de la región y una sucesión de intentos argentinos, cada uno presentado como la versión definitiva de “esta vez es diferente”, que no sobrevivió ni siquiera una transición presidencial.
La convertibilidad fue esa promesa en los noventa. Las metas de inflación se establecieron en 2016. Alguien, en algún momento de la próxima década, va a proponer la siguiente versión, con otro nombre y otro funcionario a cargo. La pregunta a la que ese anuncio todavía no responde es quién y cuándo va a explicar por qué esta vez sí llegará a los 25 años.
Primicias Rurales
Fuente: Libertad y Progreso
Sep 16, 2026 | Economía / Economía del Agro, Opiniones
Aunque las medidas oficiales intentan reanimar el financiamiento, la persistente falta de pesos en la economía y los altos niveles de morosidad mantienen frenados a los sectores estratégicos que sostienen la mayor parte del empleo nacional.
Jorge Vasconcelos — Buenos Aires miércoles 16 septiembre (PR/26)– Las recientes medidas económicas, como los créditos hipotecarios y las líneas en dólares para empresas no exportadoras, representan un claro reconocimiento oficial sobre la severa falta de financiamiento que arrastra el país.
Sin embargo, estos anuncios actúan apenas como paliativos de bajo impacto frente a un escenario de estancamiento que comenzó a consolidarse en abril de 2025 por la decisión deliberada de restringir la liquidez en el mercado interno.

La expectativa gubernamental de una dolarización endógena sostenida por divisas privadas nunca ocurrió, provocado un estancamiento en el stock de préstamos que terminó afectando a la economía real.
El desafío de reorganizar incentivos y contener la mora
Reactivar el dinamismo crediticio exige encarar de manera simultánea los elevados índices de morosidad, evitando proyectos legislativos que limiten la oferta crediticia y generen distorsiones aún mayores.
Para refinanciar deudas de forma eficiente entre privados, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) debería garantizar liquidez inmediata y establecer un marco de previsibilidad claro hacia el mediano plazo. Resulta indispensable evaluar la intervención oficial en el mercado de tasas de interés o facilitar el traspaso hacia préstamos UVA para reducir las cuotas iniciales sin descalzar a los bancos.

Asimismo, es necesario revisar la elevada presión impositiva nacional y provincial que pesa sobre las operaciones financieras para evitar una parálisis prolongada del crédito a futuro.
Una reconversión productiva trabada por el torniquete monetario
Si bien la mayor apertura y competencia exigían una reconversión productiva inevitable para dejar atrás la estanflación iniciada en 2011, el proceso se volvió crítico al cerrarse el grifo crediticio.
Desde la adopción del control de agregados monetarios como eje antiinflacionario en abril de 2025, la volatilidad de las tasas minó las posibilidades de financiamiento de las empresas. Posteriormente, el BCRA inició una compra masiva de divisas que elevó las reservas líquidas de 15 a 26 mil millones de dólares, pero sin modificar la rigidez del esquema monetario.
Esta absorción derivó en un pronunciado sobreajuste de la liquidez, donde la base monetaria apenas creció 6,6% nominal frente a una inflación del 33,5% en el último año.
La gran paradoja económica: desmonetización y brecha sectorial
El escenario actual configura una fuerte paradoja: mientras se busca relanzar el crédito, la economía registra su nivel de monetización más bajo, cayendo el M2 privado al 6,6% del PIB.
Pese a ello, existen datos alentadores como la desinflación al 1,7% en agosto y expectativas de devaluación acotadas en torno al 23,8% anual en los contratos a término. Esta ventana de oportunidad permitiría sofisticar el esquema mediante una meta de expansión monetaria alineada al sistema bancario y un corredor de tasas previsible.
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La urgencia de corregir el rumbo queda en evidencia al constatar que la morosidad crediticia saltó del 2,6% al 7,7% en tan solo doce meses de programa.
Sin una expansión crediticia equivalente al 2% del PIB, las compañías se ven obligadas a sacrificar capital de trabajo para afrontar elevados costos financieros.
Esta sequía de fondos explica el deterioro del comercio, la industria y la construcción, sectores que representan el 43% del empleo total en la economía. La desaceleración industrial acumuló una caída del 6%, mientras que la construcción cayó 5,2% y la inversión en maquinaria y equipos retrocedió un impactante 14,8%.
En contraste, el bloque compuesto por el agro, la minería y los hidrocarburos mantiene una sólida expansión cercana al 10% anual, evidenciando una marcada brecha sectorial.
Esta divergencia genera dudas sobre la sustentabilidad del programa, al tiempo que la caída en la recaudación impositiva impulsa un peligroso ajuste pro-cíclico del gasto público.
Primicias Rurales
Fuente: Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL)