Milei debió retirar la venta de tierras a extranjeros de su reforma. Entre la caída de confianza, el alza de la pobreza y el endeudamiento récord de las familias, el oficialismo empieza a enfrentarse a sus propios límites.
Por Rodrigo Lloret
Buenos Aires, lunes 10 de agosto (PR/26) — Es en Don Segundo Sombra, su obra más acabada y uno de los textos fundacionales de la literatura argentina del siglo veinte, donde mejor se expresa esa concepción, la tierra como soberanía.
La historia se centra en la vida del protagonista Fabio Cáceres, un niño huérfano que se cría junto a Don Segundo Sombra, un gaucho que lo inicia en los oficios manuales de la vida rural, como la doma, el arreo o la faena, pero también le inculca conceptos morales vinculados a la filosofía del hombre de campo, como la sobriedad, la palabra empeñada y el estoicismo frente a la adversidad.
Antes del final, Fabio descubre que es hijo natural de un estanciero que ha fallecido y hereda grandes proporciones de tierras. Se construye así un desenlace triunfal: el gaucho errante, que encuentra en la tierra su oficio y saber, termina fundiéndose con el estanciero, que ostenta el territorio como patrimonio. Esa fusión es la que funciona como alegoría de la identidad nacional en el legado de Güiraldes.
¿Por qué recalar en una obra popular concebida hace más de cien años? Porque es en la tierra, como valor simbólico y político, precisamente, donde Javier Milei conoció esta semana su propio límite.
Como nunca antes había sucedido desde que logró un amplio margen legislativo en las elecciones de 2025, el Presidente tuvo que retroceder en una reforma por una razón que no fue presupuestaria ni del orden del procedimento, sino estrictamente política: la venta de tierras a extranjeros.
El miércoles 5 de agosto, el oficialismo dio de baja el capítulo de extranjerización de tierras dentro del proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, después de comprobar que no tenía los votos necesarios en el Senado. La marcha atrás representó la primera vez que el Gobierno debió mostrarse en retirada por una cuestión que el resto de la sociedad, no solo los legisladores, interpretó como una “causa nacional”. Nación y tierra: Güiraldes.
El recorrido del propio proyecto es elocuente. En pocas semanas, la Casa Rosada pasó de proponer la eliminación de prácticamente todas las restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros, a ofrecer un tope del 25%, y finalmente a retirar el capítulo entero, ante la certeza de que sería rechazado en el recinto.
El responsable político de la iniciativa, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, vio así frenada una de las banderas más identitarias de su reforma. El impulso de El Coloso se verá desde ahora seriamente dañado.
Pero es interesante detenerse no tanto en el repliegue libertario, sino en los actores que lo obligaron a retractarse. Porque ese paso en falso confirma que ya nada será igual: algo se rompió esta semana en la coalición oficialista. No fue, tan solo, la oposición kirchnerista la que trabó la reforma. Fue una combinación heterogénea la que se plantó, con gobernadores aliados, con Hugo Passalacqua (Misiones), Rolando Figueroa (Neuquén) y Osvaldo Jaldo (Tucumán) a la cabeza, y senadores dialoguistas, como la salteña Flavia Royón o el bonaerense Maximiliano Abad, que no aceptaban votar a favor, o el mendocino Rodolfo Suárez, que directamente planeaba ausentarse para restarle quórum al oficialismo.
La foto final mostró a un Gobierno en retirada. Y dejó a Milei atrapado en una particular pirueta: si tan solo algunas horas antes se había ofrecido para “defender al país” de la “campaña antiargentina” que se había orquestado en el exterior, ahora terminó siendo señalado y cuestionado por un impensado arco político bajo la consigna “la patria no se vende”.
La trama “antipopular” ya se venía tejiendo previamente. El trasfondo económico no ayuda, y en las últimas semanas se volvió más elocuente. El Índice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella viene de una caída del 6,5% en julio, que llevó la contracción acumulada desde fines de 2025 al 21,5%.
Es la novena baja mensual, con la excepción de junio, y ubica el promedio de la gestión en su nivel más bajo desde el inicio del mandato: por debajo, incluso, de la comparación con Mauricio Macri en el mismo tramo de gobierno. Por otra parte, la última medición nacional de Management & Fit, de julio pasado, confirma el deterioro de la imagen presidencial: la valoración negativa de Milei trepa al 53,5%, contra apenas 30,6% de positiva, una brecha de 22,9 puntos que se amplía respecto de los meses previos.
La aprobación de su gestión cae al 37,1%, mientras la desaprobación asciende al 58,6%, con una diferencia de 21,5 puntos. En el plano de los problemas percibidos, los que más crecen son la desocupación, que sube 3,2 puntos hasta el 17,6% y la pobreza, que gana 2,1 puntos y alcanza el 16,2%.
El aumento de la pobreza como principal preocupación de los argentinos es algo que fue confirmado por Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA.
Salvia sostuvo esta semana que la tendencia descendente que exhibía el Gobierno como uno de sus logros centrales se cortó y empezó a revertirse: según sus cálculos, en el primer trimestre del año cerca de un millón de personas volvieron a caer bajo la línea de pobreza y unas 250.000 ingresaron en la indigencia.
En ese marco, el Observatorio de la UCA, que durante el kirchnerismo se convirtió en referencia obligada para cuestionar los índices oficiales sobre pobreza, relativizó ahora el 30% como un piso ya desactualizado y proyectó que, de continuar la tendencia, el índice podría acercarse al 35% hacia fin de año.
El tercer vector es el endeudamiento de los hogares, que crece a pasos agigantados. La morosidad de las familias con el sistema financiero tocó en mayo el nivel más alto en más de dos décadas, con un salto que multiplicó varias veces el registro de apenas dieciocho meses atrás.
El fenómeno no se limita a la banca: en el circuito no bancario, fintech, billeteras virtuales, tarjetas no bancarias, la irregularidad crediticia superó ampliamente ese promedio, y el número de personas endeudadas en ese segmento creció con fuerza desde 2023. Pero, al referirse a esa crisis, el ministro de Economía, Luis Caputo, fue categórico: el Gobierno no tiene previsto ningún esquema de asistencia para las familias endeudadas porque se trata, dijo, de un acuerdo entre privados.
Es ese peligroso combo, que mezcla preocupación por el desempleo, la pobreza y el endeudamiento récord, por un lado, y un oficialismo que se muestra más interesado por favorecer la venta del territorio a extranjeros que por proteger a los excluidos de un modelo que empieza a mostrar su peor cara, por el otro, donde se erosiona el margen de maniobra político del Gobierno para sostener nuevas reformas extremas.
Quizá es tiempo de que Milei deje de leer tanto a Murray Rothbard y empiece a prestar atención a los consejos de Güiraldes en Don Segundo Sombra: “El que sabe de los males de esta tierra, por haberlos vivido, se ha templado para domarlos”
Los productores retienen soja por más de US$12.000 millones como reserva de valor, mientras la exportación acelera compras para cubrir su posición vendida en un escenario de fuerte competencia con el maíz.
Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26) — Los productores vendieron 1,1 millones de toneladas de maíz disponible en la última semana de julio. Entre compras a precio y fijaciones, la exportación tiene “priceadas” (de su propiedad) 26,3 millones de toneladas, mientras que las declaraciones de ventas (DJVE) llegan a un total de 27,95 millones de toneladas.
La posición neta resultante queda en 1,670 millones de toneladas “short” (vendidas) por cubrir, y la semana previa, al 22 de julio, la posición neta vendida era de 2,550 millones de toneladas. Esto implica que los exportadores achicaron en una semana sus necesidades de cobertura de ventas en casi 900.000 toneladas.
Esta necesidad de compras es el motivo por el cual los márgenes de la exportación son negativos, con pérdidas de US$12/t en la posición de embarque septiembre.
Esto quiere decir que el mercado tiene un potencial de baja de US$12; de hecho, el FAS teórico de hoy, precio que pueden pagar los exportadores a partir de un precio FOB de US$/t 207, resulta en US$177 contra un mercado FAS real que están pagando de US$/t 189.
La exportación sacrifica margen para poder comprar maíz disponible y achicar su posición vendida. En el momento en que los exportadores cubran toda su posición vendida, es probable que el mercado se descomprima y pueda revertir su tendencia.
Los silobolsa, herramienta clave de la planificación comercial de la cosecha
Mientras tanto, el mercado de futuros A3 cotiza a US$189 septiembre, US$194 diciembre y US$ 192 enero, bajando luego a US$ 193 abril y recién en julio a US$ 190/t. Vemos que el mercado muestra un “carry” (suba) de apenas US$ 4/t entre el disponible de cosecha vieja y los futuros abril de cosecha nueva.
Hay factores de incertidumbre, como el climático: hay zonas con seca, zonas con exceso de humedad, atrasos en la cosecha de maíz y temor a un fenómeno Niño con abundantes lluvias.
Los productores de soja han vendido en la última semana de julio un total de 990.000 toneladas, de las cuales 491.000 corresponden a compras de la exportación y 500.000 toneladas a compras de la industria aceitera.
Los exportadores tienen compradas 3,295 millones de toneladas, mientras que las ventas (DJVE) llegan a un total de 4,111 millones de toneladas. En el balance neto, la posición de los exportadores es de 816.000 toneladas “short” (vendidas), y esta es la necesidad de compras para poder cubrir todas sus ventas.
La exportación demanda maízFoto: PEXELS
Al mismo ritmo de ventas de la última semana de julio, los exportadores cubren su posición vendida en dos semanas. En el caso de la industria aceitera, entre las compras a precio y las fijaciones tienen un total de 12,425 millones de toneladas, mientras que la molienda en el trimestre abril-mayo-junio llega a 11,8 millones de toneladas.
La posición neta de la industria es de 625.000 toneladas “long” (compradas), volumen insuficiente para una molienda que se proyecta en el rango de 3,5 a 3,8 millones de toneladas a partir del mes de julio.
Con una cosecha estimada de soja 2025/26 en 50 millones de toneladas, si descontamos las ventas totales de los productores, de 23 millones de toneladas, las existencias en poder de los productores serían de 27 millones de toneladas. A valores de soja FOB de US$/t 450, las existencias equivalen a US$12.150 millones.
Esta soja es considerada por el productor como reserva de valor y la retiene; solo la vende a medida que necesita pagar sus compromisos o enfrentar los costos de implantación de la próxima siembra.
El autor es presidente de Pablo Adreani & Asociados
La inflación se derrumbó del 25% mensual a menos del 2%, pero el empleo privado no acompaña: perdió 235 mil puestos entre noviembre de 2023 y mayo de 2026. El Gobierno relanza su agenda de reformas, aunque todavía faltan las dos más pesadas: la impositiva y la previsional.
Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26)–La macroeconomía respira aliviada, pero el mercado de trabajo no. Mientras la estabilización se consolida y la tormenta financiera queda cada vez más atrás, crece un reclamo distinto: generar empleos de calidad.
Los números lo confirman. La inflación bajó del 25% mensual en diciembre de 2023 a menos del 2%, con tendencia decreciente. Pero en el camino inverso, entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 el empleo privado registrado perdió 235 mil puestos.
Ese contraste no es un detalle menor. El malestar que genera un mercado laboral que no repunta puede erosionar el sustento político del programa económico, algo especialmente sensible de cara a las elecciones del año próximo.
Las reformas vuelven a acelerar
Después de las elecciones del año pasado, el Congreso había mostrado señales positivas en el proceso de reformas estructurales. El hito más importante fue la sanción de la Ley de Modernización Laboral.
Pero las controversias en torno al jefe de Gabinete frenaron el envión. El ritmo y la secuencia de las reformas volvieron a desalinearse con las urgencias del programa económico.
El recambio en Jefatura de Gabinete abre ahora una ventana distinta. No se trata solo de una renovación de funcionarios: aparece como la oportunidad de retomar el impulso reformista, con varios gobiernos provinciales dispuestos a jugar un rol más activo.
A los proyectos que ya están en tratamiento se suma ahora un paquete con foco en el sector financiero: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que derogaría los cambios de 2012 y volvería a reglas similares a las de los años 90.
El objetivo central de esa iniciativa es prohibir el uso del Banco Central para financiar excesos de gasto. En la misma línea se anunció un proyecto de reglas fiscales de emergencia para cuando el sector público acumule varios meses de desequilibrio, además de cambios en el mercado de capitales y en los seguros.
¿Con esto alcanza?
La necesidad de dinamizar el empleo ya no se discute. Lo difícil es responder cómo lograrlo: ¿qué instrumentos existen realmente para revertir un deterioro tan crónico y profundo?
Un PBI que crezca más y de manera más pareja entre sectores es una condición necesaria. Pero no alcanza frente al intenso proceso de reconversión que atraviesa la producción argentina.
Es revelador que incluso sectores en expansión, como la intermediación financiera y los hidrocarburos, muestren caída del empleo. La destrucción de puestos ya no es un problema exclusivo de la industria, la construcción o el comercio.
La explicación de fondo es que, con estabilidad y más competencia, las empresas atraviesan un proceso de adaptación para bajar costos y ganar productividad. Eso, en muchos casos, implica destruir empleo.
Es un proceso tan necesario como costoso: eliminar las ineficiencias que se acumularon durante años de alta inflación y baja competencia es clave. Pero subestimar su costo social —y político— es un riesgo real.
El crédito, el fisco y la reforma que falta
En términos generales, el camino para dinamizar el empleo de calidad pasa por construir más rápido un entorno favorable a la producción, eliminando los factores que traban la generación de puestos de trabajo.
Esa es la vía para lograr un crecimiento más alto y más parejo entre sectores, moderando al mismo tiempo el costo social de la reconversión. No toda la destrucción de empleo responde a ineficiencias insalvables; buena parte responde a un entorno que sigue conspirando contra la producción.
En ese sentido, el paquete de reformas anunciado va en la dirección correcta. Su columna vertebral es fortalecer la confianza en que el equilibrio fiscal no es negociable, algo que junto con los cambios en seguros y mercado de capitales apunta a expandir el crédito.
Ampliar el crédito es clave para dinamizar la producción, en especial en los sectores más golpeados, y facilitar su reconversión. Pero incluso si el Congreso aprueba rápido estos proyectos, queda pendiente el tema más pesado: la reforma previsional.
Ninguna regla fiscal, por estricta que sea, será sostenible si no se ordena el sistema previsional, tanto en Nación como en las provincias. La historia enseña que sin ese respaldo cualquier regla termina revertida: la propia autonomía del Banco Central, perdida en 2012, es prueba de eso.
El crédito ayuda, pero no alcanza solo. Falta además una reforma esencial y transversal: la impositiva. Buena parte de los proyectos que hoy no son rentables lo son por el peso de una carga tributaria distorsiva.
Las iniciativas anunciadas ayudan a sostener el rumbo. Pero aun si se instrumentan rápido, no bastan para recuperar la capacidad de generar empleos de calidad. El camino hacia un mercado laboral sano todavía tiene varios tramos por recorrer.
El canciller Pablo Quirno reduce su rol a la custodia de los umbrales presidenciales, relegando la diplomacia tradicional a una estrategia de marketing internacional para Javier Milei, según Jorge Fontevecchia.
Jorge Fontevecchia
Cofundador de Editorial Perfil – CEO de Perfil Network.
Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26) — La palabra canciller tiene una etimología inquietante y sugerente, comparte su origen con cancelación. En latín cancellus era una reja y el cancellarius era el funcionario que estaba junto a las rejas controlando el ingreso que separaba a las autoridades del público, transmitiendo los documentos.
Una especie de portero del gobierno.
En la antigua Roma fue evolucionando de guardián a secretario, no solo transmitía los documentos, sino que los autenticaba y en temas menores hasta los redactaba.
Ya en la Edad Media, bajo el imperio de Carlomagno, el canciller era el responsable del sello real y encargado de los documentos oficiales. También por entonces, el Vaticano comenzó a utilizar ese nombre para el funcionario encargado de los documentos pontificios.
Con la constitución de los estados modernos, el canciller adquirió responsabilidades políticas llegando al máximo escalón como jefe mismo del gobierno en Alemania.
Un peldaño más abajo en el Reino Unido, el Chancellor of the Exchequer era el ministro de Economía (Hacienda) y el Lord Chancellor, el de Justicia. En Iberoamérica el canciller es el ministro de Relaciones Exteriores.
Quien cancela deshabilita tener relaciones, opuesto a dejar abiertas las puertas a negociar
Cancelar tiene la misma raíz etimológica: poner detrás de una reja, tachar. Quien cancela impide el acceso, deshabilita tener relaciones, excluye, retira la legitimidad pública del cancelado. Y el pobre canciller Pablo Quirno pareciera tener reducida su función a guardián de los umbrales de Milei, nuevamente un portero, el de la puerta internacional del Presidente. En lugar de un puente hacia afuera, el custodio de una verja hacia adentro.
Triste papel para quien es el tataranieto del ministro de Relaciones Exteriores de Bartolomé Mitre, Marcelino Ugarte padre, y bisnieto del gobernador bonaerense a comienzos del siglo pasado, Marcelino Ugarte hijo, y por vía materna, descendiente de Carlos María de Alvear, héroe de la independencia y Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1815.
Con tal de agradar a Milei, no para de meter la pata.
Sus predecesores en la Cancillería no pudieron resistir a Milei: Diana Mondino fue eyectada a los 10 meses y 20 días; Gerardo Werthein renunció a los 11 meses y 28 días. Quirno debe soportar 2 meses y 9 días más para batir el record de permanencia como portero internacional de Milei.
Probablemente lo logre porque lo que resultan papelones, como ir a San Pablo a festejar los insultos de Milei al presidente de Brasil destruyendo el prestigio de años de amistad con el país vecino del embajador Luis Klecker, hoy cónsul en San Pablo y previamente embajador en Brasilia, es bien visto por el Presidente, quien desconoce mínimamente las normas de la diplomacia acordadas en la Convención de Viena de 1961, que básicamente consisten en respetar las leyes del estado receptor, no intervenir en asuntos internos y negociar por medios pacíficos.
Al revés de las demandas de Milei, un diplomático debe ser discreto, prudente, tener control emocional, habilidad para negociar y ser paciente. Obviamente, evitar los agravios personales para dejar siempre abierta la puerta a futuras negociaciones. Lo contrario a la cancelación.
Ya de regreso a la Argentina, Quirno volvió a cometer un error diplomático al sumar declaraciones desafortunadas diciendo que las diferencias con el gobierno brasileño son ideológicas, cuando las relaciones no son con un coyuntural gobierno, sino con el Estado brasileño, institucionalizando así lo que debería ser una disputa política. Además, si las diferencias ideológicas lo justificaran, ¿por qué no las practica con China?
Pero sus desaciertos no concluyeron en el ámbito diplomático: en la misma semana, consultado sobre si la aprobación de la Ley de Tierras –como estaba enviada originalmente por el Poder Ejecutivo– podría permitir que un extranjero comprase una provincia entera respondió: “Sí, eso va a producir beneficios para la Argentina”.Con amigos así, podría decir Patricia Bullrich haciendo malabarismo en el Senado para que se apruebe la ley, prefiero a Mayans.
El daño reputacional a la cancillería argentina que produce Quirno no matizando a Milei, y fundamentalmente, el propio Milei, produce efectos similares a la degradación de la imagen de la política intencional de Estados Unidos a partir de Trump. Por ejemplo, que un diplomático con una gestión resonante dentro de las Naciones Unidas como Rafael Grossi haya salido tercero en la primera votación para elegir al nuevo secretario general de esa institución no puede separarse de la acumulación de mala imagen que irradia la política internacional del actual gobierno argentino. Grossi fue superado en votos por las candidatas de Costa Rica y de Guyana.
En el pasado, el prestigio de la diplomacia argentina hizo que el canciller Carlos Saavedra Lamas ganara el Premio Nobel de la Paz en 1936. Y más recientemente, cancilleres de la reconocida capacidad intelectual como Dante Caputo y Guido Di Tella contrastan con Quirno.
Probablemente nadie con peso propio podría durar mucho tiempo como ministro de Relaciones Exteriores de Milei porque es el propio presidente quien se dedica a viajar por el mundo comunicando la política exterior de su gobierno, y quien sea canciller argentino en esta etapa deba conformarse con ser responsable del marketing de Javier Milei como influencer mundial y no de los intereses permanentes de la Argentina.
En una profunda reflexión sobre el desarrollo, la propiedad y el verdadero sentido del patriotismo, el autor cuestiona el inmovilismo económico frente a la pobreza y plantea que la verdadera soberanía radica en la capacidad de transformar los recursos en oportunidades, bienestar y trabajo para la sociedad.
Por Roberto Carlos «Pipo» Martínez Chaves
Mendoza, viernes 7 agosto (PR/26) — Cada vez que en Argentina se habla de inversiones extranjeras o de la compra de tierras, aparece la misma consigna: «No entreguemos la soberanía.»
Es una frase poderosa. Emociona. Despierta patriotismo. Pero me pregunto si no estamos discutiendo el problema equivocado.
¿De qué sirve ser soberanos sobre un territorio inmenso si millones de argentinos siguen viviendo en la pobreza?
No lo planteo como una provocación. Lo planteo como una pregunta honesta.
Hablo desde mi propia experiencia.
Hace años tenía varias hectáreas de tierra. No producían prácticamente nada. Habíamos intentado explotarlas de distintas maneras y no era rentable. Esa tierra, por sí sola, no mejoraba mi vida ni la de nadie.
Entonces tomé una decisión difícil: vendí gran parte de esas hectáreas.
Con ese dinero construí una posada y varias cabañas. Reparé la casa. Creé una actividad económica que hoy genera trabajo, recibe turistas, paga impuestos y sostiene a mi familia.
¿Perdí tierra? Sí.
¿Me empobrecí? Todo lo contrario.
Transformé un activo inmóvil en un proyecto productivo.
Y desde entonces no puedo dejar de pensar que quizá eso mismo debería preguntarse un país.
Argentina posee millones de hectáreas con un enorme potencial. Muchas permanecen subutilizadas porque no existen los capitales suficientes para desarrollarlas. Mientras tanto, discutimos durante años si permitir o no que llegue inversión extranjera.
Entiendo perfectamente que existan límites.
No creo que deban venderse zonas de frontera, acuíferos estratégicos, infraestructura crítica o recursos esenciales sin controles. Tampoco defiendo la concentración desmedida de tierras.
Pero una cosa es regular inteligentemente y otra muy distinta es cerrar la puerta por un concepto abstracto de soberanía.
Porque la verdadera pregunta es otra:
¿Qué beneficio obtiene el pueblo de una tierra que no produce nada?
Si una inversión genera empleo, infraestructura, exportaciones, impuestos y desarrollo, ¿por qué el origen del capital debería ser más importante que el resultado?
Muchas veces se afirma que vender tierras es perder soberanía.
Yo creo que la soberanía no consiste solamente en ser dueño de un territorio.
Consiste en tener la capacidad de decidir qué hacer con él para mejorar la vida de quienes lo habitan.
Y aquí aparece una contradicción que me cuesta resolver.
Decimos que el soberano es el pueblo.
Sin embargo, muchas veces quienes terminan administrando esa soberanía son gobiernos que pasan, intereses políticos, corrupción o decisiones que benefician a unos pocos.
Entonces vuelvo a preguntarme:
¿De qué sirve una soberanía que no logra sacar de la pobreza a millones de personas?
Esta reflexión también tiene una raíz profundamente personal.
Mi hermano combatió en la Guerra de Malvinas. Yo había elegido la carrera militar y soñaba con ser piloto de combate. Por mi etapa de formación no pude participar, pero viví esa guerra con la misma angustia, la misma esperanza y el mismo dolor que sintieron miles de familias argentinas.
Nunca voy a dejar de admirar el valor de quienes pelearon ni de reconocer el legítimo reclamo argentino sobre las Islas Malvinas. El sacrificio de nuestros soldados merece un respeto absoluto.
Pero con el paso de los años empecé a hacerme una pregunta que todavía no logro responder.
Si una guerra deja muertos, jóvenes marcados para siempre, familias destruidas, enormes costos económicos y, aun así, el objetivo de ejercer esa soberanía no se alcanza, ¿no deberíamos preguntarnos cuál es la mejor manera de defender los intereses de una Nación?
Tal vez la fortaleza de un país no se mida solamente por aquello que reclama como propio, sino por su capacidad de ofrecer dignidad, progreso y oportunidades a quienes viven en él.
No propongo regalar el país.
Propongo dejar de confundir soberanía con inmovilismo.
La riqueza de una nación no está solamente en lo que conserva.
Está, sobre todo, en su capacidad de transformar sus recursos en oportunidades.
Hay otra realidad que también debemos reconocer con honestidad. Hoy los argentinos no contamos con el capital suficiente para desarrollar todo el potencial de nuestro país. Décadas de crisis económicas, inflación e inseguridad jurídica han destruido buena parte del ahorro y de la capacidad de inversión. Esperar que todo ese desarrollo llegue exclusivamente de capitales nacionales puede ser un deseo legítimo, pero difícilmente sea una posibilidad en el corto o mediano plazo.
Mi propia historia es una prueba de ello. Si yo hubiera conservado esas hectáreas por el simple hecho de seguir siendo su dueño, hoy probablemente tendría más tierra… pero menos futuro. Fue justamente al transformar ese patrimonio inmovilizado en una inversión productiva cuando pude crear valor.
Quizás Argentina enfrente hoy un desafío similar.
La verdadera soberanía no consiste en mantener inmóviles los recursos mientras la pobreza crece. Consiste en tener instituciones fuertes que establezcan reglas claras, protejan los intereses estratégicos del país y permitan que el capital —sea argentino o extranjero— genere producción, empleo y oportunidades para nuestra gente.
Porque un país no se hace grande por la cantidad de tierra que posee, sino por su capacidad de convertir esa tierra en bienestar para quienes la habitan.
Y si hoy no tenemos el capital suficiente para hacerlo solos, quizás la mayor expresión de soberanía no sea cerrar las puertas por miedo, sino abrirlas con inteligencia, con reglas claras y con un único objetivo: que los argentinos vivamos mejor.
Esta nota surgió por la reflexión del director de Primicias Rurales, Ing. Agr. Pedro Lobos, publicada en el siguiente link:
El comercio electrónico argentino no deja de crecer, pero ese crecimiento trajo una pregunta incómoda: ¿está la logística preparada para acompañarlo?
Buenos Aires, viernes 7 de agosto agosto (PR/26) — El e-commerce dejó de ser, hace rato, un canal secundario. Hoy es parte estructural del consumo en la Argentina, con compradores cada vez más habituados a comprar online y marcas que compiten por algo más que precio.
Ese cambio abre una discusión clave para cualquier negocio digital: cómo construir una operación logística preparada para crecer. La pregunta ya no es solo cómo vender más, sino cómo cumplir cuando el volumen se dispara.
Bajo el eje “Fulfillment estratégico: cómo construir una operación logística preparada para crecer”, Tertzakian propone repensar por qué muchas operaciones logísticas no están listas para escalar, y cómo la tecnología, las métricas y el diseño operativo pueden transformar al fulfillment en una ventaja competitiva.
“El error más común es pensar que la logística se resuelve cuando el problema ya apareció. Muchas empresas empiezan a revisar su operación cuando las entregas se atrasan, los costos se disparan o el equipo interno ya no puede absorber el volumen”, señala el ejecutivo.
Y para ese momento, agrega, la logística dejó de ser una oportunidad de eficiencia y se convirtió en una fuente de fricción para el negocio.
Números que explican la urgencia
La magnitud del fenómeno se explica con datos. Según el Estudio Anual de Comercio Electrónico 2025 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, el sector facturó $34.033.238 millones, con un crecimiento del 55% respecto del año anterior.
El relevamiento también registró 253 millones de órdenes de compra, 645 millones de unidades vendidas y un ticket promedio de $134.519.
Esos números muestran un mercado en expansión, pero también una tensión: a medida que el e-commerce se vuelve más masivo, la exigencia operativa crece sobre el stock, los depósitos, el picking, la coordinación con transportistas y la atención postventa.
“Cuando una marca crece, la logística suele ser una de las primeras áreas donde se nota si el negocio está realmente preparado. Crecer bien implica diseñar una operación que pueda sostener el volumen sin perder control sobre la experiencia del cliente”, agrega Tertzakian.
La entrega ya no es el último paso
Durante años, muchas compañías trataron a la logística como una función de back office: el cliente compra, el depósito prepara y el paquete se despacha. Esa mirada hoy resulta insuficiente.
La logística incide antes, durante y después de la compra: impacta en la promesa de entrega, en la disponibilidad de productos, en la confianza del consumidor y en la recompra.
El usuario ya no evalúa solo el producto: evalúa la experiencia completa. Y muchas veces, la mayor fuente de frustración no es la demora en sí, sino la incertidumbre de no saber dónde está su pedido.
“La entrega no es el último paso de una venta; es una parte central de la experiencia. Una marca puede invertir mucho en performance, contenido o promociones, pero si después no cumple bien, todo ese esfuerzo pierde impacto”, sostiene el CEO de shipnow.
Ahí aparece el concepto de fulfillment estratégico: no se trata solo de almacenar y despachar, sino de diseñar una arquitectura operativa capaz de acompañar el crecimiento del negocio, desde la recepción hasta la trazabilidad.
Cuando el volumen se multiplica
La diferencia entre una operación reactiva y una preparada para crecer se nota en los momentos de mayor presión: Hot Sale, Cyber Monday, lanzamientos, acciones con influencers o picos inesperados de demanda.
Cuando el volumen se dispara, las debilidades que parecían menores se vuelven críticas: un stock mal sincronizado, una promesa de entrega poco realista o un proceso demasiado manual pueden derivar en sobrecostos, reclamos y pérdida de clientes.
“Los picos de demanda no deberían vivirse como una emergencia permanente. La clave no es correr detrás de cada pedido, sino construir una operación que funcione incluso cuando el negocio acelera”, afirma Tertzakian.
Tecnología, sí, pero a medida
A medida que una marca vende en más canales —tienda propia, marketplaces, redes sociales, locales físicos o venta mayorista—, la gestión manual deja de ser sostenible.
La integración entre plataformas, sistemas de inventario y operadores logísticos se vuelve determinante para reducir errores y ganar visibilidad sobre la operación.
Pero la tecnología, por sí sola, no alcanza si no está alineada con el momento del negocio: una pyme en expansión no necesita lo mismo que una marca con alto volumen y campañas recurrentes.
“No existe una única solución logística para todas las empresas. Lo importante es entender en qué etapa está cada negocio y qué necesita para dar el próximo salto”, explica el ejecutivo.
Medir para no gestionar a ciegas
Las métricas ocupan un lugar cada vez más relevante. Cumplimiento de la promesa de entrega, tiempos de preparación, errores de picking, devoluciones y costos por orden permiten detectar problemas antes de que escalen.
Sin datos, la logística se gestiona por percepción. Con datos, puede convertirse en una fuente de mejora continua.
El impacto directo en la rentabilidad
En un contexto donde las marcas buscan vender más sin resignar margen, la logística aparece como una variable decisiva: almacenamiento, preparación, embalaje, transporte y devoluciones pueden modificar de forma significativa el resultado final de una venta.
“El fulfillment no debería ser visto solamente como un costo. Bien gestionado, puede mejorar la conversión, reducir reclamos, aumentar la recompra y ordenar el crecimiento”, destaca Tertzakian.
Anticiparse, la clave para escalar bien
Para las marcas en etapa de crecimiento, el desafío es anticiparse: profesionalizar la operación antes de que el volumen se vuelva inmanejable evita soluciones de emergencia y reduce la dependencia de procesos manuales.
Eso implica revisar la promesa de entrega, ordenar el inventario, automatizar procesos e integrar sistemas, pero también entender que la logística ya no puede pensarse de forma aislada.
Marketing, ventas, atención al cliente, tecnología y operaciones deben trabajar con información compartida: una campaña puede generar demanda, pero si la operación no está lista para absorberla, el resultado puede ser contraproducente.
“El crecimiento saludable ocurre cuando las áreas del negocio están alineadas. La logística tiene que estar sentada en la mesa estratégica, especialmente en empresas donde el canal digital ya representa una parte relevante de las ventas”, remarca el CEO y co-founder de shipnow.
En el e-commerce actual, la competencia se define cada vez más por la capacidad de ejecutar bien. El tráfico es más caro, los consumidores comparan más y las expectativas de entrega son más altas que nunca.
“Vender más siempre es una buena noticia, pero solo si el negocio puede cumplir. La diferencia entre crecer y escalar está en la capacidad de sostener el volumen con eficiencia, control y una buena experiencia para el cliente. Ahí es donde el fulfillment se vuelve estratégico”, concluye Tertzakian.
En un mercado donde el comercio electrónico ya no es una promesa futura sino una realidad consolidada, la logística se posiciona como uno de los factores que puede definir qué empresas logran crecer de manera sostenible.