El Paraná todavía está lejos de los niveles de alerta, pero la confirmación de un Niño fuerte y las lluvias que se esperan desde agosto ya cambiaron el humor en la costa.
Buenos Aires, viernes 31 julio (PR/26)–El río todavía no asusta, pero el cielo sí. Esa es, en pocas palabras, la sensación que recorre la costa santafesina estos días: el Paraná se mantiene lejos de sus niveles de alerta, pero la certeza de que viene un El Niño fuerte ya puso en marcha los primeros movimientos preventivos entre los ganaderos de islas.
No hace falta que el agua suba para que la gente se mueva. Alcanza con el pronóstico. Y el pronóstico, esta vez, no deja demasiado margen para la calma: más lluvia desde agosto, y un salto claro en la intensidad a partir de la primavera.
Un río tranquilo, pero con la primavera en la mira
Las mediciones de la Prefectura Naval Argentina son, por ahora, la mejor noticia de esta nota. Este 29 de julio el Paraná marcó 3,34 metros en Reconquista (la alerta es en 5,10), 4,51 metros en San Javier (alerta en 6) y 2,99 metros en la ciudad de Santa Fe (alerta en 5,30). En Corrientes, 3,75 metros, con la alerta recién en 6,5.
Son números tranquilos. Y el Instituto Nacional del Agua no ve sobresaltos para la primera quincena de agosto: prevé apenas oscilaciones leves, sin cambios bruscos en ningún puerto.

El problema es lo que viene después. El informe semestral del Centro de Monitoreo Meteorológico y Climático SAT anticipa excesos de lluvia desde agosto, con una intensificación fuerte en primavera y verano. Y detrás de ese pronóstico hay un dato concreto: el fenómeno de El Niño ya fue declarado, con 83% de probabilidades de llegar a ser fuerte o muy fuerte.
El mismo reporte agrega otro condimento nada menor: las lluvias previstas en el noreste argentino y en las cuencas altas del Paraná, en Brasil y Paraguay, hacen prever que el río tendría una tendencia a crecidas importantes desde la primavera.
Pocas evacuaciones todavía, pero la preparación ya empezó
En Villa Ocampo, un productor consultado por AIRE Agro lo resumió con una frase que dice todo: «Estamos en alerta». Contó que hasta el momento no salieron muchos animales de las islas, y que el último repunte del río, unos diez días atrás, alcanzó para llenar algunas lagunas antes de volver a bajar.
Lo que más lo inquieta es el momento: la crecida coincide con la época de parición. «Como están los ríos cargados, cualquier repunte ya complica», señaló. También advirtió que sigue entrando agua desde el Chaco, y que nuevas lluvias en el oeste podrían agravar todo con rapidez.
Su mayor temor, sin embargo, no es el agua en sí, sino la falta de lugar. «La primera opción será meter los animales en las banquinas y quedarse sobre las rutas», describió, con el riesgo que eso implica para la hacienda y para el tránsito.
Desde la región, un asesor confirmó que la gente todavía está en la isla. Explicó que las evacuaciones siguen el comportamiento del río Iguazú, y que recién se activan cuando supera los 18 o 20 metros; hoy está en 13,6. Aun así, reconoció que «hay mucha agua, están llenos los bañados», y que eso hace que, ante cualquier crecida, todo se llene mucho más rápido de lo habitual.
El norte santafesino, sin lugar para tanta hacienda
Desde la Sociedad Rural de Reconquista, su vicepresidente Augusto Gastaldo fue claro: hoy «no hay nada grave», aunque muchos productores ya salieron a buscar alternativas. «Hay muchos productores buscando campo de altura», contó.

Lo que hace distinta a esta crecida, según Gastaldo, es que se suma a los anegamientos de los Bajos Submeridionales de los últimos meses. Antes, una región solía compensar los problemas de la otra. Hoy no: «No hay lugar en ninguno de los dos lados», resumió.
A eso se agrega el mal estado de los caminos por el exceso de humedad, que complica la logística y también el desarrollo de las pasturas.
Romang y San Javier: los primeros movimientos
En Romang el agua ya empezó a entrar, aunque todavía no hay evacuaciones generales. Walter Beckley, presidente de la Sociedad Rural local, fue directo: «no es como para evacuar», pero confirmó que algunos productores ya adelantaron el traslado de animales.

Los primeros en salir son los rodeos de cría y las categorías livianas de invernada, porque son las que más sufren con cualquier repunte del río. La hacienda más pesada, en cambio, se queda en las islas, a la espera de cómo evolucione El Niño.
Por ahora los traslados se hacen por arreo, ya que los caminos siguen habilitados. Beckley calcula que las barcazas disponibles alcanzarían si la evacuación es gradual, aunque una suba rápida del río podría complicar la logística.

Hay, sin embargo, un dato que juega a favor: si el impacto mayor llega entre septiembre y octubre, encontrará a los campos mejor preparados. «El invierno nos dio un respiro y el pasto ya está verdeando», señaló.
En San Javier el panorama es parecido: muy pocos productores movieron hacienda hasta ahora, pero la preocupación es grande. Desde la Sociedad Rural local estiman que, si los pronósticos se cumplen, «en un mes va a ser la gran movida», cuando la falta de campo alto vuelva a ser, otra vez, el gran problema de la ganadería de islas.

















