Pese a la caída de las cotizaciones en las últimas semanas, los precios actuales de la hacienda expresados a moneda constante siguen siendo de los más altos de la historia. Precios ganaderos
Buenos Aires, 24 de abril (PR/26) .- En el caso del novillito en Cañuelas, su precio actual -a moneda constante- se ubica un 40% por encima del promedio de los años 2005-2025, superando los $4.500-$4.700/kilo que se dieron entre octubre del 2010 y marzo del 2011, o los $4.500- $4.900/kilo que se registraron en octubre del 2021 y diciembre del 2022.
En el caso del ternero de invernada, su valor actual a moneda constante es sólo inferior en la serie histórica a los $6.300 por kilo registrados entre octubre del 2010 y marzo del 2011, o los $6.000-$6.100 que se obtuvieron entre noviembre del 2021 y marzo del 2022. Hoy el ternero vale, en términos reales, un 45% más que el promedio de los años 2005-2025.
Stock ganadero
Sigue cayendo el stock ganadero. Según el SIGSA (SENASA) las existencias de ganado al 31 de diciembre del 2025 totalizaban las 50,9 millones de cabezas, 705 mil animales (-1,4%) menos que a igual fecha del año 2024. Se calcula el stock de vacas en 21,56 millones de cabezas, 530 mil (-2,4%) menos que el año anterior, mientras que el stock de terneros es calculado en 14,4 millones, unas 200 mil cabezas menos (-1,4%) que a fines del 2024.
La relación ternero/vaca es de 66,9% apenas por encima del índice 66,1% registrado a fines del 2024. Sorprende una nueva caída del número de novillos, categoría que cae por cuarto año consecutivo, totalizando a diciembre último los 2,1 millones de animales, unos 140 mil menos (-6%) que el año anterior, pero crece el stock de novillitos, que se incrementa 134 mil cabezas (+2,9%) con respecto a fines del 2024.
¿Más animales en recría? El stock de vaquillonas, pese a la elevada faena de esta categoría en el 2025, se mantiene sin cambios. Este stock ganadero de 50,9 millones de cabezas al 31 de diciembre del 2025, es el más bajo de los últimos catorce años, ubicándose unos 4 millones de cabezas por debajo del máximo contemporáneo alcanzado a fines del 2018.
La liquidación ganadera ha ido demasiado lejos y el punto de partida de la recomposición del rodeo es muy bajo. De acuerdo a estos registros oficiales, el destete 2026 ya en curso podría llegar a los 14,5- 14,6 millones de crías, volumen que ha sido superado en once oportunidades en los últimos veinte años.
Compramos menos carne de vaca y un kilo y medio más de cerdo. Subió el consumo de lácteos. Lo que pasa en el mundo afecta el changuito: la guerra aumentó los costos ¿Cómo impacta en el bolsillo? Los impuestos siguen pesando mucho, son un cuarto del precio. ¿Cómo se componen los precios de pan, leche y carne?
Buenos Aires, 23 de abril (PR/26) .-El precio de los alimentos es una de las mayores preocupaciones del día a día y puede hacer que el plato de las familias cambie. Así lo revela el informe Composición de precios que dio a conocer FADA (Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina). Desde el último año, comemos cinco kilos menos de carne de vaca: pasamos de consumir 49 kilos y medio a 44 kilos y medio por año por persona. Por otro lado, consumimos un kilo y medio más de carne de cerdo, ahora comemos 19 kilos y 300 gramos. “La suba de los precios cambia los hábitos de consumo: en el último año se registró una inflación del 33%. La carne de vaca aumentó 64% y la de cerdo 25%. Esta diferencia, entre otros motivos, causó que muchas familias opten por el cerdo como una alternativa más amigable con sus bolsillos”, explica Antonella Semadeni, economista FADA. También consumimos 7% más de lácteos, puede deberse a que el aumento en el último año fue del 13%, por debajo de la inflación.
La guerra en Medio 0riente empieza a impactar en las góndolas. Actualmente, los costos son: el 51% del precio de la carne, el 61% del pan y el 71% de la leche y podrían pesar más por el aumento del combustible y la urea que se utiliza para los cultivos. “Lo que pasa en Medio Oriente afecta nuestros bolsillos: en el actual contexto de guerra, el primer costo que va a subir es el de los fletes, principalmente por el aumento en los combustibles debido al bloqueo del estrecho de Ormuz. El flete representa el 6% del precio del sachet de leche y es el 8% de los costos del productor de trigo”, detalla Nicolle Pisani Claro, Economista Jefa FADA. “Los aumentos en la logística van a repercutir en precios y en las ganancias de los diferentes eslabones que producen estos alimentos”, afirma la economista.
Pan, leche y carne: ¿Por qué suben?
Desde el campo hasta la mesa, cada etapa incorpora costos de producir, tiene ganancias y paga impuestos que se van acumulando a lo largo del proceso y dan como resultado el precio que pagamos en la góndola, no es algo azaroso o arbitrario.
“En cualquiera de los 3 productos, $1 de cada $4 que pagamos, son impuestos”, revela María Luz Silvetti, economista FADA. “En otras palabras, cada 4 bollitos de pan, nos comemos uno de impuestos y nos tomamos un vaso de leche por cada sachet”, agrega. ¿Cuáles son esos impuestos? Los que se destacan son: el IVA a nivel nacional, ingresos brutos en lo provincial y las tasas a industrias y comercios a nivel municipal”, detalla Silvetti. Del total de los impuestos que se pagan en estos productos, más del 70% corresponden a nivel nacional.
Cambios en los costos o en los impuestos pueden hacer que los precios suban y las ganancias disminuyan, con mayor o menor impacto. “Por ejemplo, una variación en el precio de los granos
impacta en los siguientes eslabones. Sin embargo, dentro del precio final, el maíz representa sólo el 12% del precio final de la carne de cerdo, 13% en carne aviar, 6% en carne de vaca y 4% en leche. El trigo es sólo el 10% del precio final del pan francés”, expresa Semadeni. “De esta forma se deduce que los granos no influyen tan fuertemente ya que alrededor del 90% de los costos son otros”, agrega la economista.
El precio empieza mucho antes de la góndola
Al analizar por alimento, vemos que del precio de la carne, un 51% son los costos, 28% los impuestos y 21% la ganancia. “Para llegar a los bifes que compramos es necesario un proceso que lleva años, con costos importantes como la tierra donde se crían los animales, la sanidad, la alimentación, el transporte, el personal”, explica Fiorella Savarino, economista FADA. Al examinarlo en orden, se ve que en el precio de la carne de vaca el 35% es la cría, 16% el feedlot, 1% frigorífico, 20% carnicería y 28% impuestos.
En el caso del pan el 61% son costos de producir, el 24% impuestos y el 15% la ganancia. “Este precio se construye a lo largo de toda la cadena. Si lo vemos por eslabones, cronológicamente, la producción del trigo en el campo es el 7% del precio del pan, el molino el 4% y la panadería el 65%, el otro 24% son los impuestos.
En la leche 71% son costos, 26% son impuestos y sólo un 3% son ganancias. Del valor que pagamos al comprar un sachet, el tambo es el 27%, 24% la industria, 23% el comercio y 26% los impuestos.
“COMPOSICIÓN DE PRECIOS” EN NÚMEROS
CARNE
● Comemos 5 kilos menos de carne de vaca y un kilo y medio más de cerdo.
● Consumíamos 49 kilos y medio de carne de vaca, ahora 44 kilos y medio.
● Nos comemos un cuarto kilo de impuestos por cada kilo de carne.
● 28% son impuestos, el 51% son costos y 21% ganancia.
● El maíz representa sólo 6% del precio final de la carne.
● Precio carne por eslabones: la cría representa el 35%, el feedlot 16%, frigorífico 1%, carnicería el 20% y los impuestos el 28%.
LECHE
● Consumimos 7% más de lácteos, en el último año.
● Nos tomamos un vaso de impuestos por cada sachet de leche.
● 71% son costos de producción, 26% impuestos y 3% ganancia.
● El maíz representa el 4% del precio del sachet al consumidor.
● Precio leche por eslabones: el tambo representa el 27%, la industria el 24%, el comercio 23% e impuestos el 26%.
PAN
● Precio del pan: el 61% son costos, el 24% impuestos y el 16% la ganancia.
● El trigo representa sólo el 10% del precio.
● Cada 4 bollitos de pan, nos comemos 1 de impuestos.
● Precio pan en eslabones: el trigo representa el 7%, el molino el 4%, la panadería el 65% y los impuestos el 23%.
El fin del modelo industrial y el giro hacia una economía de enclave: un análisis profundo sobre la apuesta de Javier Milei por el extractivismo, el desmantelamiento del Estado y los riesgos de una transición que ignora los tiempos sociales y la geografía del país.
Por Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva. Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia. Autor de varios libros y Publicaciones. Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
Buenos Aires, miércoles 22 abril (PR/26) — Hay algo profundamente fascinante —y peligrosamente ingenuo— en el experimento argentino actual: la convicción de que se puede desarmar un país en tiempo real y volver a armarlo mientras la gente sigue viviendo adentro.
El modelo histórico argentino —ese híbrido entre la fábrica del conurbano y la renta del campo— ha llegado a su fin. Y no porque alguien haya decidido clausurarlo, sino porque el mundo cambió. La industria fordista murió, la automatización avanzó y la inteligencia artificial terminó de empujar al viejo esquema productivo a una jubilación forzada. Hasta ahí, el diagnóstico.
El problema empieza cuando la solución se parece demasiado a una apuesta.
El fin de un país que funcionaba (más o menos)
Durante más de medio siglo, el Peronismo —con sus múltiples mutaciones— sostuvo un modelo que, con todas sus distorsiones, tenía una lógica: integrar socialmente a través del trabajo industrial financiado por el campo.
No era perfecto. Era inflacionario, corporativo, a veces ineficiente. Pero tenía una virtud central: ordenaba la sociedad. Hoy eso ya no existe.
El conurbano dejó de ser una máquina de producir empleo y se convirtió en una máquina de administrar pobreza. La industria nacional, atrapada entre la competencia global y su propia falta de escala, ya no puede cumplir el rol de absorción masiva de mano de obra. Y el Estado, que antes lubricaba el sistema, ahora está en retirada.
El dato estructural es brutal: un tercio de los argentinos vive en apenas el 0,5% del territorio -el AMBA-. No es un país: es una anomalía geográfica con pretensiones de nación.
Milei y la lógica del reemplazo: menos Estado, más subsuelo
Javier Milei no intenta arreglar ese modelo. Intenta reemplazarlo. Y lo hace con una lógica que, en términos estrictamente económicos, no es absurda:
pasar de un esquema basado en consumo interno e industria protegida a otro sustentado en exportaciones primarias de alto valor: energía, minería y agro.
En otras palabras: de la fábrica al pozo. Del obrero al geólogo y del conurbano a la cordillera.
El nuevo mapa productivo ya está dibujado:
Neuquény Vaca Muerta como epicentro energético
Río Negro como nodo logístico
San Juan, Catamarca y Jujuy como promesa minera.
El resto del país… bueno, el resto del país queda en veremos.
El gran problema: esto no es Excel, es sociedad
El modelo puede cerrar en una planilla. Pero la Argentina no es una planilla.
Hay tres preguntas que el Gobierno evita responder:
¿Quién absorbe el empleo que desaparece?
¿Cómo se produce la migración desde el conurbano al interior?
¿Cuánto tiempo lleva ese proceso?
Y hay una cuarta, más incómoda aún: ¿Qué pasa mientras tanto?
Porque el petróleo y la minería no son intensivos en mano de obra. No generan millones de empleos. Generan dólares. Y ahí aparece la primera gran contradicción del modelo: puede estabilizar la macroeconomía sin resolver la estructura social. Todo lo contrario que hizo el Peronismo en 70 años.
La Argentina de dos velocidades (y veinte provincias descartables)
El Gobierno parece haber decidido que hay provincias viables… y provincias prescindibles. No es una declaración explícita. Es algo más sofisticado: una omisión sistemática.
Mientras se promueve el RIGI y se seduce al capital extranjero, no hay una política clara para reconvertir las economías regionales. No hay incentivos reales para la relocalización poblacional. No hay infraestructura suficiente. No hay planificación territorial. Hay, en cambio, una lógica implícita:
“Si las provincias no funcionan, que se arreglen solas.” Esto no es federalismo.
Es darwinismo fiscal.
Política sin territorio: el algoritmo como nuevo puntero
En paralelo, ocurre otro fenómeno igual de disruptivo: la política dejó de ser territorial. Fue reemplazada por “la era de la rabia y el algoritmo”. Dicho de otro modo:
Los partidos tradicionales colapsaron
El Radicalismo se volvió irrelevante
El Peronismo mutó en nostalgia organizada
Hoy, el único actor nacional real es el oficialismo. Y no necesita estructura territorial. Le alcanza con redes sociales.
La consecuencia es profunda: el poder ya no se construye desde el territorio, sino desde la narrativa.
La estabilidad como anestesia
Históricamente, los gobiernos caen por tres razones:
desempleo
aumento de alimentos
aumento del transporte
El Gobierno lo sabe. Y actúa en consecuencia.
Tolera la informalidad como válvula de escape
Sostiene la AUH como contención mínima
Administra subsidios clave
Y, sobre todo, baja la inflación como bandera política
Esto último es clave. Porque en Argentina la inflación no genera revoluciones.
Genera desgaste. Y Milei entendió algo que muchos subestimaron: la estabilidad vale más que el crecimiento en el corto plazo.
El factor tiempo: el verdadero enemigo
Acá está el núcleo del problema. Todo el modelo depende de algo que no se puede decretar: el tiempo.
Tiempo para que lleguen inversiones
Tiempo para que maduren los proyectos
Tiempo para que se generen empleos
Tiempo para que la sociedad se adapte
Pero hay algo que no espera: la paciencia social.
Para ser más crudo: “la apuesta tiene un enemigo difícil de vencer: el tiempo.” Y en política, el tiempo no es lineal. Es electoral.
El antecedente olvidado
Cuando Raúl Alfonsín pensó en trasladar la capital, entendía algo que hoy parece ausente: la geografía importa. No era una locura. Era un intento de redistribuir poder, población y desarrollo.
Hoy el desafío es mucho mayor. No se trata de mover una capital. Se trata de reconfigurar un país entero. Y eso no se logra solo con equilibrio fiscal.
El contexto internacional: cuando el mundo no ayuda
El modelo tampoco juega en cancha propia.
Volatilidad del precio del petróleo
Tensiones geopolíticas
Guerra comercial
Capitales más selectivos
Incluso la necesidad de apoyo externo —como el guiño de Donald Trump— muestra que la autonomía del proyecto es relativa.
El mundo no está esperando a la Argentina. La Argentina está esperando al mundo.
La paradoja final
Y así llegamos al corazón del dilema:
El modelo puede funcionar… pero no necesariamente para todos.
Puede generar dólares.
Puede estabilizar precios.
Puede ordenar la macro.
Pero al mismo tiempo:
puede profundizar desigualdades territoriales
puede dejar millones fuera del sistema productivo
puede fragmentar aún más la estructura social
Es, en esencia, un modelo eficiente… pero selectivo.
La pregunta que nadie quiere responder
La historia argentina está llena de modelos que funcionaron… hasta que dejaron de funcionar.
El Peronismo construyó uno que duró 70 años. Este nuevo intento todavía no cumplió tres. La diferencia es que antes el problema era cómo sostener un modelo agotado. Hoy el problema es cómo llegar a uno que todavía no existe.
Y entonces queda flotando una pregunta incómoda, casi insolente:
¿Y si el problema no es el modelo… sino la transición?
Porque transformar un país no es solo una cuestión económica. Es, sobre todo, una cuestión de tiempos humanos. Y la Argentina —esa sociedad acostumbrada a sobrevivir a todo— tal vez tolere el ajuste, la incertidumbre y la espera…Pero hay algo que nunca toleró demasiado bien: la sensación de que el futuro siempre está por llegar…y nunca termina de empezar.
El economista Rodolfo Santangelo propuso medidas ambiciosas que alteren las expectativas y recuperen el castigado ingreso real de la población.
El economista Rodolfo Santangelo pidió acelerar los tiempos económicos para evitar el “síndrome del tercer año”. Foto: Agencia NA/Redes.
Buenos Aires, sábado 11 abril (PR/26) –El economista Rodolfo Santangelo planteó la necesidad de un relanzamiento del programa económico para romper el estancamiento de la actividad y perforar una inflación que, según describió, se mantiene en niveles inerciales difíciles de reducir. Aunque destacó el equilibrio fiscal como el principal logro de la gestión, sostuvo que ese ancla resulta insuficiente si no se modifican las expectativas y no se recupera el ingreso real.
“Hay que relanzar el plan económico, sobre todo si tenés objetivos más ambiciosos”, afirmó el analista, al señalar que la economía atraviesa una prolongación de la estanflación. Según explicó, la estrategia debería “edificar sobre los logros obtenidos pero adicionarle condimentos adicionales”, con el objetivo de acelerar la desinflación y mejorar el nivel de actividad.
Santangelo remarcó que la inflación mensual se mantiene desde hace más de un año y medio en torno al 2,5%, lo que configura un proceso inercial.
“La tasa de inflación no terminamos de entender bien en qué círculo está, viene dando 2 y medio mensual desde hace 18 meses”, indicó en diálogo con Splendid AM 990. En ese sentido, agregó que “si dio 2,5 va a seguir dando 2,5, y si da 3 va a seguir dando 3”, al advertir sobre la autorretroalimentación de las expectativas.
El ingreso real de la población está cada vez más castigado. Foto: Agencia NA/Redes.
El economista también sostuvo que ese nivel inflacionario dificulta la recomposición de los ingresos. “Al 30% de inflación anual los ingresos reales de la población los recuperan, es muy difícil”, señaló, y recordó que el salario real aún no se recompuso tras las caídas registradas en los últimos años.
Otro factor que, según su diagnóstico, complica la recuperación es la elevada demanda de dólares por parte del público. “Estamos en una situación donde la gente consume menos alimentos o bienes durables para comprar dólares”, afirmó, y subrayó que “la compra de dólares de la gente está altísima y es muy difícil lograr resultados contundentes cuando ocurre eso”. A su juicio, esa dolarización de portafolios “es un obstáculo” para consolidar la desinflación y la reactivación.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el analista también cuestionó los tiempos del proceso económico y advirtió sobre el desgaste político y social. “La pregunta del cuándo no es menor para la paciencia política, social y económica”, expresó, y añadió que “acelerar los tiempos y alterar las expectativas es relanzar un programa económico”.
Crédito en pausa: advierten un freno en los préstamos en pesos al sector privado y un aumento de la mora
En relación con la política fiscal, Santangelo sostuvo que el equilibrio debe mantenerse como condición central, aunque advirtió que comenzaron a aparecer mecanismos que lo debilitan. “Para mantener ese equilibrio fiscal hay que empezar a hacer cosas que tienen patas cortas”, indicó, y mencionó “trampitas, esas triquiñuelas de que no tengo y no me alcanza, entonces te debo”, en referencia a atrasos de pagos y obligaciones.
Finalmente, el economista insistió en que el programa económico requiere ajustes sin abandonar la disciplina fiscal. “Relanzamiento no significa retroceder; el equilibrio fiscal sigue siendo condición sin equanón”, afirmó, aunque concluyó que la estrategia actual “necesita quebrar las expectativas y acelerar la desinflación y el nivel de actividad”.
La creciente conflictividad entre transportistas de granos y exportadores de la industria aceitera pone en riesgo la logística en plena cosecha, con bloqueos en rutas y puertos que podrían afectar los contratos internacionales y el ingreso de divisas al país. El conflicto refleja tensiones estructurales en la economía y la fragilidad de la cadena agroexportadora.
Buenos Aires, 10 de abril (PR/26) .- La Cámara de Puertos Privados Comerciales, la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) expresaron su profunda preocupación por los bloqueos y retenes que los transportistas de granos están realizando en las principales rutas de acceso a los puertos. La medida busca una recomposición tarifaria debido al incremento de los costos operativos, principalmente por el combustible.
Según las entidades, aunque comprenden el reclamo, la falta de acuerdo y el rechazo de la propuesta ofrecida está afectando la logística en plena cosecha, generando retrasos en embarques, incumplimientos de contratos y riesgos sobre el ingreso de divisas al país.
El trasfondo económico
El conflicto refleja un problema estructural: la dependencia casi total del transporte terrestre para mover granos. Con la inflación y el aumento de costos, los transportistas ven reducidos sus márgenes y presionan con bloqueos para obtener tarifas más ajustadas a la realidad del mercado.
La estacionalidad de la cosecha hace que cualquier interrupción tenga un impacto inmediato en la economía, ya que el agro es la principal fuente de divisas y abastecimiento internacional de Argentina. Además, la fragmentación del sector transporte dificulta acuerdos rápidos y sostenibles.
Poder en la negociación
El poder en este conflicto está equilibrado entre los actores:
Transportistas: tienen poder táctico inmediato gracias a los bloqueos y la visibilidad mediática, pero dependen de la continuidad de la actividad para no perder dinero.
Exportadores y aceiteras: poseen poder estructural, controlan los contratos internacionales y el ingreso de divisas, pero son vulnerables mientras dure la paralización de rutas.
Estado: puede mediar y garantizar seguridad y cumplimiento de contratos, pero enfrenta limitaciones políticas y presupuestarias para subsidiar aumentos.
En síntesis, los transportistas “detienen la rueda”, pero los exportadores y el Gobierno controlan el motor económico completo. La resolución del conflicto dependerá de un equilibrio entre presión inmediata y estabilidad estructural.
Un llamado al diálogo
Las cámaras industriales y portuarias instan a agotar instancias de diálogo de manera urgente, garantizando la continuidad de las operaciones, la seguridad en las rutas y evitando mayores conflictos al comercio exterior argentino. La tensión actual no solo afecta la logística, sino también la confianza internacional en el país como proveedor confiable de granos y subproductos.