La FAO impulsa una histórica alianza financiera para transformar el campo en América Latina y el Caribe

La FAO impulsa una histórica alianza financiera para transformar el campo en América Latina y el Caribe

Un encuentro de alto nivel liderado por la FAO en Santiago reunió a gobiernos, bancos de desarrollo y pequeños productores para movilizar inversiones de gran escala, romper barreras de crédito y fortalecer la seguridad alimentaria regional.

 

 

 

Santiago, Chile, sábado 22 agosto (PR/26) – La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reunió los días 18 y 19 de agosto a 70 representantes de gobiernos, mecanismos de integración regional, agencias de cooperación internacional, bancos de desarrollo, instituciones financieras, sector privado y organizaciones de la agricultura familiar de América Latina y el Caribe.

Este trascendental encuentro regional permitió identificar condiciones clave, instrumentos de vanguardia y alianzas estratégicas para transformar oportunidades productivas en inversiones concretas, avanzando decididamente hacia el escalamiento del financiamiento en los sistemas agroalimentarios.

 

 

La región desempeña un papel absolutamente estratégico en la producción mundial de alimentos y, al mismo tiempo, enfrenta una alta exposición a los severos riesgos climáticos actuales. Sin embargo, el financiamiento que llega a sus sistemas agroalimentarios continúa siendo insuficiente y fragmentado frente a la magnitud de sus desafíos y oportunidades.

“América Latina y el Caribe es una potencia agroalimentaria mundial, pero 32 millones de personas aún padecen hambre y cerca del 70 % de quienes producen alimentos enfrenta barreras para acceder a financiamiento formal”, señaló con contundencia Rene Orellana Halkyer, Subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

“Tenemos una oportunidad y una responsabilidad compartida: convertir el potencial agroalimentario de la región en inversiones concretas que fortalezcan la seguridad alimentaria, la resiliencia climática y las oportunidades de desarrollo rural”, agregó durante su intervención.

Por su parte, el Ministro de Agricultura de Chile, Jaime Campos Quiroga, quien participó activamente del cierre del encuentro, indicó: “Las soluciones financieras a nuestro entender deben tener distintas escalas productivas, las particulares características de los territorios y las condiciones especiales que día a día enfrentan los agricultores”.

 

De la inclusión financiera a inversiones con verdadero impacto

 

Durante las dos intensas jornadas de trabajo, los especialistas identificaron cinco prioridades fundamentales para fortalecer de manera integral el financiamiento de los sistemas agroalimentarios de América Latina y el Caribe.

Entre ellas, destacaron la urgente necesidad de superar la lógica de los proyectos aislados y construir carteras territoriales de inversión que articulen armónicamente producción, cadenas de valor, infraestructura, conectividad, servicios técnicos, mercados, evidencia e instrumentos financieros adecuados a cada territorio.

El encuentro también puso de relieve la vital importancia de invertir en las capacidades humanas y organizacionales de la ruralidad mediante educación financiera, asistencia técnica especializada, gestión empresarial y asociatividad productiva.

 

América Latina y el Caribe | Oficina de Emergencias y Resiliencia de la FAO | Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura

 

Asimismo, se enfatizó la necesidad de consolidar ecosistemas de colaboración sólidos entre gobiernos, bancos de desarrollo, instituciones financieras, cooperativas, empresas, inversionistas, academia, cooperación internacional y organizaciones territoriales.

Otra de las prioridades identificadas fue situar la acción climática en el centro mismo de las decisiones de inversión, traduciendo los compromisos ambientales en carteras financiables orientadas a promover prácticas productivas sostenibles, restaurar ecosistemas, desarrollar infraestructura resiliente, mejorar el manejo del agua y ampliar el acceso a seguros agropecuarios.

Finalmente, los participantes coincidieron en que los pequeños y medianos agricultores familiares, sus organizaciones y las comunidades rurales deben ocupar un lugar central e insustituible en esta nueva agenda.

 

Inicio | Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

 

Para ello, plantearon avanzar con firmeza hacia soluciones financieras adaptadas a sus necesidades reales e integradas en ecosistemas financieros territoriales capaces de combinar financiamiento, asistencia técnica, información, gestión de riesgos, acceso directo a mercados y alianzas estratégicas.

 

El rol estratégico y desplegado por la FAO

 

Durante el encuentro, la FAO destacó su incansable trabajo con los países de la región para contribuir a generar las condiciones que permitan vincular las necesidades y oportunidades de los territorios con recursos financieros, conocimiento, innovación e inversión.

“Actualmente, la FAO opera más de mil millones de dólares en más de 400 proyectos en los 32 países de la región”, señaló con orgullo Orellana Halkyer sobre el despliegue del organismo.

Esta sólida presencia permite a la FAO trabajar directamente desde los territorios y, al mismo tiempo, conectar políticas públicas, capacidades técnicas, evidencia científica y alianzas estratégicas con instituciones financieras y socios para el desarrollo.

 

FAO en la Región | Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

 

El encuentro contribuyó, además, a impulsar una conversación regional de más largo plazo sobre la necesidad de construir ecosistemas financieros territoriales capaces de acompañar las distintas necesidades de productores, organizaciones, cooperativas y empresas agroalimentarias.

Todo esto con el claro propósito de transformar cada oportunidad en inversiones viables, sostenibles e inclusivas que dinamicen la economía rural de toda la región.

 

Un diálogo plural entre gobiernos, banca de desarrollo e inversionistas

 

El evento contó con una relevante participación de autoridades de gobiernos de la región, entre ellas Jaime Campos Quiroga, ministro de Agricultura de Chile; Vanderley Ziger, secretario de Agricultura Familiar y Agroecología de Brasil; Enrique Estuardo Maldonado, subsecretario de Inversión para el Desarrollo de Guatemala (SEGEPLAN); y Julián Arias, viceministro administrativo de Agricultura y Ganadería de Costa Rica.

Por parte de la banca pública, de desarrollo y las instituciones financieras regionales, participaron representantes del Crédito Agrícola de Habilitación (CAH) de Paraguay, Banco del Nordeste de Brasil, Banco de Desarrollo Productivo de Bolivia, Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF).

 

Inicio | Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

 

El encuentro reunió además a representantes del sector financiero privado y de destacadas organizaciones de inversión e inclusión financiera, entre ellas Cresol, Fundación PROFIN, Aliados de Impacto, BBVA y Vox Capital.

Asimismo, participaron representantes de clave organismos internacionales y mecanismos de integración regional, como la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), la Comunidad del Caribe (CARICOM), el Banco Mundial, la REAF/MERCOSUR y la Oficina del Coordinador Residente del Sistema de las Naciones Unidas.

 

FAO en la Región | Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

 

El diálogo puso de relieve la necesidad de avanzar decisivamente hacia una nueva generación de inversiones capaces de combinar productividad, inclusión, resiliencia climática y desarrollo territorial.

Asimismo, se ratificó la importancia de fortalecer la articulación entre actores públicos y privados para ampliar significativamente las oportunidades de financiamiento real en los territorios rurales de América Latina y el Caribe.

 

Primicias Rurales
Fuente: FAO

 

 

Menos apoyo, menos productividad: lo que revela el BID sobre el campo argentino

Menos apoyo, menos productividad: lo que revela el BID sobre el campo argentino

Por Giuliana Dellamaggiore – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)

 

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo repasa seis décadas de historia agropecuaria argentina y encuentra un patrón que se repite: cuando el Estado dejó de meter la mano en los precios, la productividad del campo voló. Cuando volvió a intervenir, se frenó.

 

 

 

 

Rosario, domingo 2 agosto (PR/26) — Entre 1961 y 2022 la producción agropecuaria argentina se multiplicó por más de tres veces, según datos de FAOSTAT. Pero el ritmo de ese crecimiento no fue parejo: hubo etapas en las que el campo produjo más porque se volvió más eficiente, y otras en las que simplemente usó más insumos para sostener el nivel de cosecha.

Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) (Salazar et al., 2025) se propuso desarmar esa historia. Dividió el período en distintas etapas de política agrícola y midió, en cada una, cuánto de ese crecimiento vino de la Productividad Total de los Factores (PTF) y cuánto del simple aumento en el uso de insumos.

 

 

 

Productividad agrícola y apoyo al sector agropecuario en Argentina: la evidencia del BID | Bolsa de Comercio de Rosario

 

El resultado general es contundente: en todo el período, la producción creció a un 2,6% anual, y la mayor parte de ese avance —1,78 puntos— se explica por ganancias de productividad, no por más fertilizante, más semillas o más maquinaria.

 

El momento dorado: cuando el Estado se corrió del medio

 

La foto cambia mucho según la época. Entre 1961 y 1989, con una economía cerrada, precios intervenidos y retenciones a la exportación, la producción creció a un ritmo moderado del 1,98% anual, apoyada sobre todo en la productividad.

El verdadero salto llegó entre 1990 y 2002, en plena liberalización y desregulación del sector. La producción se expandió a un 3,99% anual, y casi todo ese crecimiento —3,29 puntos— vino de la productividad.

 

Informe: el BID alertó que en la última década se desaceleró la productividad agrícola de la Argentina - LA NACION

 

El BID lo explica por la combinación de acumulación de capital, la llegada de los cultivos genéticamente modificados, la expansión de la siembra directa y una mayor adopción de prácticas como la rotación de cultivos. El campo no producía más porque usaba más recursos: producía más porque los usaba mejor.

 

El freno: retenciones, insumos y una productividad que se desinfla

 

A partir de 2003, con el regreso de los derechos de exportación y otras restricciones al comercio, la producción siguió subiendo —3,15% anual hasta 2015— pero cambió el motor: el uso de insumos alcanzó su punto más alto de toda la serie, mientras la productividad se redujo prácticamente a la mitad.

Entre 2016 y 2022 el freno se hizo más evidente todavía: tanto la producción como la productividad cayeron a apenas un 1% anual, el ritmo más bajo de las seis décadas analizadas.

 

Argentina, el caso más extremo del mundo

 

Para medir el respaldo de las políticas públicas al sector, la OCDE utiliza el Estimado de Apoyo Total (EAT), que cuantifica en dólares las transferencias netas entre el Estado y el campo. Un valor positivo indica apoyo; uno negativo, que el sector le transfiere recursos al resto de la economía.

Argentina tuvo un EAT negativo en casi todo el período estudiado, y la comparación con las tasas de crecimiento es reveladora: la etapa de mayor productividad coincidió justo con el momento en que ese apoyo fue prácticamente neutro. Cuanto más negativo se volvió, más se desaceleró la productividad.

 

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Entre 2020 y 2024, Argentina fue el único país de América Latina con un EAT negativo: -1,8% del PIB, equivalente a unos US$9.700 millones anuales que el campo transfirió al resto de la economía. A nivel mundial, el BID ubica a la Argentina junto con India y Vietnam entre los únicos tres países con apoyo negativo al productor, y como el caso más extremo de los tres.

Medido como porcentaje del PIB, el número puede parecer chico. Pero si se lo compara con el valor de la propia producción agrícola, la detracción equivale al 16%, casi una sexta parte de lo que genera el sector. Para tener una referencia: en Estados Unidos y la Unión Europea el apoyo al agro representa más del 20% del valor de su producción, pero en sentido contrario.

 

No es solo cuánto, sino en qué se transfiere

 

El BID va un paso más allá y muestra que el impacto sobre la productividad depende menos del monto total de apoyo que de cómo está compuesto. No todos los instrumentos afectan igual a la productividad.

El Apoyo a Precios de Mercado (APM) —que surge de la brecha entre precios internos e internacionales— tiene una correlación negativa con la productividad: a mayor distorsión de precios, peor desempeño productivo. En cambio, los apoyos directos y el gasto en investigación, sanidad e infraestructura se asocian con ganancias de productividad, aunque sus efectos tardan en notarse.

 

Tremendo: Argentina, el país que menos apoya al agro de todo el mundo

 

En la Argentina, el diagnóstico es claro: el apoyo negativo está compuesto casi en su totalidad por distorsión de precios. Entre 1997 y 2022, el APM le restó al sector más de US$190.000 millones, mientras que los apoyos directos y los servicios generales sumaron apenas US$6.000 y US$8.900 millones respectivamente. La cuenta es contundente: por cada peso destinado a impulsar la productividad, se le restaron trece por distorsión de precios.

 

La lección que deja el estudio

 

La evidencia para la Argentina no permite hablar de causalidad, pero sí es coherente con lo que el BID encuentra para toda América Latina: el desafío no pasa solo por cuánto apoyo recibe el campo, sino por en qué se traduce ese apoyo.

 

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Más que el volumen de recursos en juego, lo que parece determinar el futuro de la productividad agrícola es la capacidad de las políticas públicas para generar incentivos que no distorsionen los precios y que, en cambio, apuesten a infraestructura, tecnología e investigación.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: BCR Informativo Semanal