La geopolítica define el rumbo de los granos

La geopolítica define el rumbo de los granos

Franco Pennino – Emilce Terré de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
El rumbo de los granos enfrenta una fuerte incertidumbre por la tensión comercial entre Trump y Xi Jinping, mientras una sequía histórica desploma las proyecciones del trigo estadounidense.
Rosario, sábado 16 mayo (PR/26) — Con la cumbre entre Trump y Xi Jinping en el centro de la escena, el USDA dio sostén al trigo al proyectar para 2026/27 la producción estadounidense más baja desde 1973. Los fondos en Chicago acumulan a mayo la apuesta alcista más alta de la historia.

 

1.    Las compras chinas de soja estadounidense, bajo serias dudas

El foco de los mercados esta semana estuvo puesto sobre la cumbre entre Trump y Xi-Jinping en China, que tuvo como uno de los capítulos más importantes en lo que respecta al agro las negociaciones por el futuro de las compras de soja de China a Estados Unidos.

Como poder de fuego, el gigante asiático está bien abastecido de porotos registrando los stocks de soja en puertos chinos son los más altos de la historia, alcanzando 8,6 millones de toneladas, según Refinitiv, al tiempo que la cosecha récord en Brasil habilita el abastecimiento desde países proveedores sustitutos.

En efecto, Brasil embarcó cerca de 55,93 Mt en soja desde enero a la fecha, un récord histórico para el acumulado de los primeros cinco meses del año.

Como contracara, hasta el 7 de mayo Estados Unidos vendió a China 11,87 millones de toneladas de porotos, consolidando su nivel más bajo desde la 2006/07 y cerca de la mitad de lo exportado para la misma altura de la campaña 2024/25.

En este escenario de menores compras chinas de soja estadounidense y un mayor interés por la producción sudamericana, la ventana también queda abierta para que Argentina vuelva a vender grandes volúmenes de la materia prima al gigante asiático. Hacia adelante quedará por seguir la evolución de las ventas hacia ese destino, que difícilmente alcancen lo visto en 2025, pero aun así podrían ser significativas.

2.    El trigo en Estados Unidos sufre del déficit hídrico

Las cifras reveladas en el informe WASDE del martes fueron sorpresivas para el sector. En esta edición, el USDA reveló sus primeras proyecciones de oferta y demanda para la nueva campaña 2026/27. Si bien entre los analistas ya era bien sabido que habría una reducción en la cifra de producción, y una pista para ello se encontró en el informe Outlook de febrero – que arrojó que el área sembrada de con trigo sería la más baja desde 1919-, no veían venir la cifra que finalmente arrojó el informe.

La perspectiva preliminar de producción de trigo en febrero era de 50,6 Mt, aunque con el pasar de las semanas y observando la complicada coyuntura climática de sequía que atravesaban los cultivos, el guarismo fue puesto en duda por los técnicos. De esta forma, los analistas apostaron a menos y estimaban una cosecha norteamericana 2026/27 en 47,2 millones de toneladas. Sin embargo, USDA terminó proyectando una cosecha trigo de 42,5 Mt para la 2026/27. De concretarse, esta cifra representaría un recorte productivo de 21% respecto a la 2025/26 y sería el valor más bajo desde la campaña 1972/73.

El gran recorte a la cifra de producción se enmarca en la compleja coyuntura climática que afecta al trigo de invierno norteamericano. En los últimos meses el agro norteamericano siguió con cierta preocupación el desarrollo del cultivo, viendo como dos variables evolucionaban negativamente: por un lado, el trigo en condiciones buenas a excelentes decrecía semana a semana, y por el otro, como el trigo bajo sequía crecía sin parar. Si bien se esperaban lluvias que aliviaran la situación del cultivo de invierno, estas finalmente llegaron en cantidades insuficientes y en un timing que tampoco dio margen para salvar los rindes.

En el gráfico anterior se observa cómo, para el 5 de mayo, el porcentaje de trigo bajo sequía alcanzó un 71% y es un máximo a esta altura del año, de acuerdo con datos de NASS-USDA. Asimismo, el lunes se publicó el informe de Seguimiento de Cultivos del mismo organismo oficial, en el que se reveló que el trigo en condiciones de buenas a excelentes es tan solo de 28%, y el dato fue a contramano del 32% que esperaban los analistas privados. El panorama ya se mostraba desalentador y el WASDE del martes terminó de confirmar las preocupaciones de los operadores. Una cifra revelada en este informe, que pone mayor foco en la situación actual del trigo rojo duro de invierno -la variedad más afectada por la sequía-, USDA proyectó que se levantaría el volumen más bajo desde 1957 para este cultivo invernal.

En Chicago, la reacción en precios fue abrupta: el contrato de trigo más operado subió un 7% intradiario y terminó en su nivel más alto en dos años.

3.    Los fondos de Chicago nunca estuvieron tan comprados en un contexto de alta incertidumbre

La continuidad de la guerra en Medio Oriente deja como saldo -hasta ahora- una importante pérdida de capacidad productiva en sectores estratégicos para la economía mundial. Ante los serios daños que el conflicto armado dejó sobre el aparato productivo de hidrocarburos y la logística, se teme que el mundo converja a precios estructuralmente más altos para el petróleo y sus derivados.

En este escenario, los commodities agrícolas no fueron la excepción y fondos especulativos de Chicago compraron masivamente contratos, anticipando una suba de los precios. Así, al jueves de esta semana, los fondos registran la posición neta comprada más grande de la historia para esta altura del año, como vemos en la siguiente imagen.

Primicias Rurales
Fuente: BCR Informativo Semanal
Soja en la zona núcleo: entre la urgencia cosechando y rindes que sorprenden

Soja en la zona núcleo: entre la urgencia cosechando y rindes que sorprenden

La cosecha de soja se puso en marcha en la zona núcleo en medio de un escenario cambiante: mientras los primeros rindes sorprenden y, en muchos casos, superan lo esperado tras un verano complejo, el exceso de lluvias y la alta humedad obligan a acelerar las labores para evitar pérdidas y sostener la calidad del grano.

Rosario, domingo 5 abril (PR/26) —  La cosecha de soja ya está en marcha en la zona núcleo y lo hace con una mezcla de optimismo por los rindes iniciales y preocupación por el clima, en un escenario donde cada día cuenta.

Los primeros datos relevados por la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario muestran un panorama heterogéneo, pero con una constante: en muchas áreas, los resultados están igualando o superando las expectativas previas.

La campaña 2025/26 comienza así con mejores perspectivas de las que se temían tras el golpe que significó la falta de agua durante enero y parte de febrero. Sin embargo, el clima volvió a cambiar el guion: las lluvias recientes obligan a acelerar la cosecha para evitar pérdidas, especialmente en la calidad del grano.

Rindes que entusiasman, pero con fuerte variabilidad

Los primeros lotes recolectados reflejan una marcada disparidad regional, directamente asociada a cómo impactaron los déficits hídricos del verano y el posterior regreso de las precipitaciones.

En el sudeste cordobés, por ejemplo, Marcos Juárez pasó de una expectativa de 40 quintales por hectárea a registros que hoy se ubican entre 45 y 50 qq/ha, con picos que alcanzan los 60. En el centro-oeste santafesino, Carlos Pellegrini muestra un comportamiento similar: lo que se proyectaba como un promedio de 50 quintales ya aparece como piso, con lotes que lo superan con holgura.

Más irregular es la situación en María Susana, donde los rindes son muy dispares y aparecen complicaciones como la retención foliar, que obligó a intervenir con defoliantes para poder avanzar con la trilla. En tanto, en Los Quirquinchos, incluso los lotes más castigados logran sostener rendimientos de entre 35 y 40 qq/ha, lo que genera cierto alivio.

Distinto es el caso de Cañada de Gómez, donde los primeros resultados se ubican entre 26 y 40 quintales, con los lotes tempranos mostrando valores por debajo de lo esperado. Más al norte, en zonas como Aldao, la cosecha aún no comenzó, pero hay expectativas de que los rindes puedan dar alguna sorpresa positiva.

El clima, otra vez protagonista

Si durante el verano la preocupación era la falta de agua, ahora el problema es el opuesto. Marzo dejó suelos saturados y el inicio de abril mantiene altos niveles de humedad, con pronósticos que anticipan nuevas lluvias.

En este contexto, el ritmo de cosecha está condicionado por una urgencia que se repite en los testimonios técnicos: “hay que levantar lo que se pueda, lo antes posible”. La prioridad no es solo evitar pérdidas de rendimiento, sino también preservar la calidad del grano, que puede deteriorarse rápidamente bajo condiciones de exceso hídrico.

Las complicaciones no terminan ahí. La combinación de humedad elevada y temperaturas en ascenso genera un ambiente propicio para enfermedades de fin de ciclo, mientras que la inestabilidad climática mantiene latente el riesgo de tormentas severas, granizo o incluso eventos extremos.

Además, la falta de “piso” en los lotes dificulta el ingreso de las máquinas, lo que obliga a detener tareas en momentos críticos. En varias zonas, lluvias recientes de alrededor de 50 milímetros ya provocaron interrupciones en la recolección.

Entre el alivio y la incertidumbre

A pesar de las dificultades actuales, el balance inicial deja una señal positiva: las lluvias de febrero y marzo permitieron recuperar gran parte del potencial productivo que se había puesto en duda durante el verano.

Sin embargo, esa misma recuperación hoy genera un nuevo desafío. El exceso de agua, en plena cosecha, puede transformarse en un factor de riesgo si las precipitaciones continúan con frecuencia y volumen.

En paralelo, a nivel nacional, los relevamientos mantienen la proyección de producción en torno a 48,5 millones de toneladas, lo que indica que, más allá de los contratiempos logísticos, el cultivo logró sostener su potencial.

Una campaña que se define día a día

La soja en la zona núcleo entra en una etapa decisiva, donde cada ventana de buen clima es aprovechada al máximo. Los productores enfrentan un escenario dinámico, en el que conviven rindes alentadores, condiciones desafiantes y decisiones urgentes.

La campaña, lejos de estar definida, se juega ahora en el tramo final: entre máquinas que avanzan contra el reloj y un cielo que, una vez más, tiene la última palabra.

Primicias Rurales

Fuentes: GEA/BCR

Ajustes en la cosecha: el clima y el área sembrada redefinen las proyecciones de la campaña

Ajustes en la cosecha: el clima y el área sembrada redefinen las proyecciones de la campaña

Mientras la soja y el maíz consolidan proyecciones de 48,5 y 57 millones de toneladas (MTn) respectivamente gracias a las lluvias, el girasol expande su superficie alcanzando las 6,4 MTn. En contraste, el sorgo sufre un recorte en su área estimada, ajustando su producción final a 2,9 MTn en un escenario de rindes heterogéneos.

Buenos Aires, sábado 28 marzo (PR/26) — El Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires dice que la agricultura atraviesa una etapa de definiciones marcada por la recuperación hídrica y ajustes técnicos en las superficies de siembra.

Las recientes precipitaciones han sido determinantes para sostener el potencial de los cultivos de verano, aunque han impuesto un ritmo dispar en las labores de recolección.

Soja y Maíz: Consolidación hídrica

La soja presenta un escenario optimista: el 85 % del área nacional cuenta con una condición hídrica adecuada u óptima. Con el 81 % del cultivo en estado Normal/Excelente y la soja de primera iniciando su madurez fisiológica, se mantiene firme la proyección de 48,5 MTn. Los primeros lotes en el núcleo productivo arrojan rindes de hasta 50 qq/Ha en Justiniano Posse y 45 qq/Ha en Marcos Juárez.

Por su parte, la cosecha de maíz alcanza el 15,2 % del área apta. Con un rinde promedio nacional de 84,8 qq/Ha (destacándose el Núcleo Norte con 98,5 qq/Ha), las lluvias recientes han favorecido especialmente al maíz tardío, permitiendo sostener una proyección de producción de 57 MTn.

Girasol: Más hectáreas y mejores rindes

El girasol es uno de los protagonistas de la semana. Tras un ajuste al alza de 150.000 hectáreas en el área sembrada, la proyección de producción ascendió a 6,4 MTn.

  • Avance: La cosecha cubre el 61,1 % del área, aunque registra una demora de 10,2 puntos respecto al promedio histórico por las lluvias y lotes tardíos.

  • Rendimientos: En la mayoría de las zonas los resultados superan al ciclo previo y se mantienen por encima del promedio del último quinquenio, pese al impacto del déficit hídrico estival en el centro y sudeste bonaerense.

Sorgo: Recorte en la superficie

En la otra cara de la moneda, el sorgo granífero sufrió un ajuste negativo de 150.000 hectáreas en su área estimada. Esta reducción técnica lleva la proyección de producción hacia la baja, situándose en 2,9 MTn.

Actualmente, la cosecha alcanza el 9,8 % a nivel nacional con un rinde promedio de 44,4 qq/Ha. En el norte del país se observa una gran variabilidad en los estadios de desarrollo debido a las diferentes fechas de siembra, mientras que en el centro y sur los lotes transitan entre floración y madurez fisiológica en condiciones normales.

Primicias Rurales

Fuente: PAS

Girasol: el INTA monitorea enfermedades en el centro del país

Girasol: el INTA monitorea enfermedades en el centro del país

Un estudio realizado por investigadores del INTA Marcos Juárez detectó alternaria, roya negra, roya blanca, escudo negro y cancro del tallo en ensayos con 13 híbridos, durante la campaña 2025/26. Aunque el impacto productivo fue bajo, recomiendan intensificar el monitoreo del cultivo frente al crecimiento del girasol en la región.

 

Buenos Aires, 25 de marzo (PR/26) .- En las últimas dos campañas, la Estación Experimental Agropecuaria Marcos Juárez del INTA puso en marcha —en Córdoba— una red de evaluación de híbridos de girasol, en respuesta al crecimiento que viene registrando el cultivo. Durante el ciclo 2025/26, los ensayos incorporaron evaluaciones para identificar las principales enfermedades presentes en la región y analizar el comportamiento sanitario de 13 materiales comerciales. El trabajo fue coordinado por Enrique Alberione, fitopatólogo del INTA Marcos Juárez junto a su equipo de Patología Vegetal y extensionistas en dos ambientes de la región: Noetinger e Inriville – Los Surgentes.

En total se detectaron cinco enfermedades. Si bien, por sus niveles de infección, en esta oportunidad, no provocaron impactos significativos sobre el rendimiento del cultivo, desde el INTA destacaron los ensayos como una oportunidad para determinar cuáles son los híbridos con mejor comportamiento, y señalaron la necesidad de aumentar el monitoreo en los próximos ciclos productivos. “Durante enero y parte de febrero no hubo condiciones de humedad favorables para el avance de las enfermedades”, explicó Alberione. Los monitoreos no evidenciaron daños en los órganos reproductivos. “Los capítulos y los aquenios estaban bien formados, por lo que el impacto productivo fue bajo”, indicó.

El técnico advirtió que el fuerte crecimiento del cultivo en Córdoba obliga a prestar mayor atención al aspecto sanitario. En las últimas campañas, la superficie sembrada con girasol en la provincia pasó de unas 70.000 a cerca de 250.000 hectáreas. “A medida que crece la superficie cultivada, también aumentan las posibilidades de que los patógenos se establezcan y se expandan en la región”, señaló.

Cinco enfermedades

En Noetinger e Inriville – Los Surgentes, la enfermedad más frecuente fue mancha por alternaria (Alternaria helianthi), que provoca manchas en el tejido foliar del girasol. De acuerdo con reportes internacionales, esta enfermedad puede generar pérdidas de rendimiento de hasta 70 % en situaciones severas.

En el ensayo de Inriville – Los Surgentes, la incidencia de alternaria mostró una amplia variabilidad en los órganos foliares afectados entre híbridos, con valores de entre 10 % y 90 %. La evaluación sanitaria se realizó sobre las hojas superiores de la planta, que se relacionan directamente con la definición en el llenado de granos. La severidad registrada para esta enfermedad estuvo por debajo del 1 % en algunos híbridos y alcanzó hasta 6 % en los más susceptibles. “Es decir, el número de hojas afectadas (incidencia) fue importante, pero el nivel de daño en cada hoja no fue alto”, explicó Alberione.

Otra enfermedad identificada fue roya negra del girasol (Puccinia helianthi), que también afecta al tejido foliar del cultivo y que, en situaciones de ataques severos, puede provocar pérdidas de rendimiento de hasta 80 %, según reportes internacionales. “En uno de los sitios evaluados observamos roya negra en el 100 % de los híbridos, aunque con distintos niveles de infección”, señaló el técnico del INTA. Las incidencias oscilaron entre 80 % y 100 %, mientras que la severidad fue moderada, con valores de entre 1 % y 10 %, según el híbrido.

También se detectó roya blanca del girasol (Pustula helianthicola o Albugo tragopogonis), un oomicete (pseudohongo) que se desarrolla con temperaturas más frescas, generalmente por debajo de los 20 °C, a diferencia de alternaria y roya negra, que aparecen con temperaturas más elevadas (desde 24 °C hasta 28 °C). En los ensayos, la enfermedad tuvo una expresión limitada, aunque en Inriville–Los Surgentes alcanzó una prevalencia de hasta 46 % de los híbridos evaluados.

Según Alberione, suele afectar principalmente las hojas de los estratos inferiores y medio, aunque también se detectó en hojas superiores. La incidencia osciló entre 5 % y 65 %, según el híbrido, mientras que la severidad fue baja, con valores inferiores al 1 % y máximos cercanos al 3 %.

La cuarta enfermedad detectada fue la que se conoce como mancha negra o escudo negro del tallo del girasol (Phoma macdonaldii). Se presentó como una de las patologías con mayor presencia en los ensayos, con prevalencias cercanas al 100 % de los ambientes e incidencias de entre 60 % y 100 % en los híbridos evaluados. Afecta principalmente las hojas de los estratos inferior y medio del cultivo, aunque también compromete el tallo, donde provoca manchas negras en los puntos de inserción de las hojas. Si bien su impacto suele subestimarse, reportes internacionales indican que en situaciones severas puede provocar pérdidas de rendimiento superiores al 50%.

Por último, en el sitio de evaluación de Noetinger también se detectó, en mínima expresión, la presencia del cancro del tallo del girasol, causado por el complejo Diaporthe helianthi / Phomopsis helianthi. Este patógeno puede afectar el tallo y, en situaciones severas, provocar el quiebre de las plantas. Sin embargo, durante los monitoreos realizados no se registraron niveles de daño de esa magnitud.

Aunque su presencia fue baja, Alberione advirtió que se trata de una enfermedad a la que conviene prestar atención. “En regiones donde está presente desde hace años puede provocar el quiebre de las plantas y también afectar el capítulo, donde genera cancros, afectando fuertemente al rendimiento de grano. Reportes de la enfermedad dan cuenta de pérdidas de rendimiento cercanas a 40 %”, señaló.

Híbridos y monitoreo

Uno de los principales aportes de estos ensayos conducidos por el INTA y CREA es que permiten evaluar el desempeño de los híbridos en distintos ambientes, desde el punto de vista productivo y sanitario. “Para el productor es una herramienta clave a la hora de elegir el híbrido. Además del rendimiento, ahora puede considerar, entre otros aspectos, cómo responde cada material frente a las principales enfermedades presentes en la zona”, explicó Alberione.

Los resultados de los ensayos del INTA estarán disponibles próximamente a través de informes técnicos. “El objetivo es siempre acercar esta información a productores y técnicos o asesores, y que les sirva de orientación en las decisiones del manejo productivo del cultivo”, indicó.

El fitopatólogo también destacó la importancia del monitoreo del cultivo en cada campaña. “En casos como roya blanca, roya negra e incluso mancha por alternaria, cuando las condiciones ambientales favorecen su desarrollo, el monitoreo previo permite evaluar la necesidad de aplicar fungicidas”, concluyó.

Primicias Rurales

Fuente: INTA informa

Carinata, camelina y colza: su rol en la intensificación de los sistemas agrícolas

Carinata, camelina y colza: su rol en la intensificación de los sistemas agrícolas

Por Giuliana Dellamaggiore – Bruno Ferrari – Emilce Terré – Julio Calzada de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Carinata, camelina y colza ganan protagonismo como oleaginosas invernales integradas a rotaciones agrícolas, con creciente inserción a mercados de bioenergía y sistemas agrícolas más sustentables.

 

Rosario, domingo 22 marzo (PR/26) — La colza, la camelina y la carinata integran un conjunto de oleaginosas con creciente inserción en mercados vinculados a la bioenergía —especialmente en el caso de la camelina y la carinata—, bajo esquemas productivos y comerciales diferenciados del complejo oleaginoso tradicional.

El objetivo de este informe es analizar las características productivas y el panorama actual de estos cultivos en la Argentina. El abordaje se presenta en dos entregas: esta primera nota se enfoca en las características generales, el contexto productivo y de mercado, y las principales ventajas de estas oleaginosas; en una segunda publicación se profundizará en su dinámica de comercialización y en los mecanismos de formación de precios.

El avance de estas oleaginosas responde, en parte, a la convergencia entre la necesidad de intensificar los sistemas productivos, los aportes ambientales y agronómicos de estos cultivos y la expansión de los mercados energéticos sustentables. A continuación, se analizan estos factores.

Intensificación agrícola y aprovechamiento del barbecho invernal

La intensificación de los sistemas agrícolas, orientada a mejorar la eficiencia productiva, encuentra en estos cultivos una alternativa para sumar etapas productivas a las rotaciones, generar una renta adicional y reemplazar el barbecho por períodos activos de fotosíntesis y fijación de carbono. Según el caso específico, actúan como “cultivos de servicio con renta” o puentes verdes, al ocupar ventanas productivas asociadas a períodos de descanso del suelo.

Dado que en Argentina existen amplias superficies en barbecho invernal —especialmente en regiones alejadas de la influencia marítima—, estas especies encuentran su nicho productivo: la colza1 y la carinata se adaptan preferentemente a barbechos más largos, mientras que la camelina, por su ciclo más corto, se ajusta mejor a ventanas productivas más acotadas.

Ventajas productivas y ambientales 

De acuerdo con investigaciones de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), el desarrollo de raíces profundas y pivotantes en este grupo de cultivos favorece la descompactación biológica, mejora la aireación del suelo y aumenta la infiltración de agua, contribuyendo a un funcionamiento más eficiente del perfil edáfico.

Asimismo, estos cultivos presentan una elevada producción de biomasa, con un aporte significativo al balance de carbono del sistema, ya que parte de esa biomasa se incorpora al suelo y promueve el incremento del carbono orgánico y la disponibilidad de nutrientes.

A ello se suma el efecto alelopático de estos cultivos —especialmente en la camelina—, que contribuye al control de malezas y permite entregar el lote en mejores condiciones para el cultivo siguiente. Este atributo resulta clave en zonas con presencia de malezas resistentes, donde los barbechos prolongados son costosos, y refuerza el valor de la diversificación de rotaciones como herramienta central del manejo integrado de malezas, en línea con los enfoques promovidos por la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid2.

Demanda específica y destino energético

El desarrollo de estas oleaginosas invernales está impulsado por la creciente demanda de la industria energética de aceites certificados con baja huella ambiental, destinados tanto a biodiésel convencional como a biocombustibles avanzados, como el Aceite Vegetal Hidrotratado (HVO) y el Combustible Sostenible de Aviación (SAF).

Dentro de estos mercados, el SAF se posiciona como una de las principales alternativas para la descarbonización del transporte aéreo, permitiendo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 80% respecto de los combustibles fósiles tradicionales.

Actualmente existen más de 300 proyectos de desarrollo de SAF en 40 países  con Estados Unidos concentrando aproximadamente el 35% de la capacidad proyectada. En ese marco, en agosto de 2025, YPF y Essential Energy firmaron un acuerdo para la creación de Santa Fe Bio, una biorrefinería destinada a la producción de HVO y SAF en Argentina.

No obstante, el fuerte impulso que cobró la demanda de SAF en base a los últimos compromisos regulatorios y objetivos de descarbonización, incluidos mandatos de mezcla y metas de reducción de emisiones, en Europa, Estados Unidos y economías de Asia hacen prever una necesidad estructural de ampliar la capacidad instalada en el mediano plazo.  Este escenario abre nuevas oportunidades para cultivos oleaginosos alternativos capaces de abastecer materias primas sostenibles para la industria energética.

Localización, superficie implantada y rindes

En términos generales, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), la colza presenta mayor concentración en Tucumán, Chaco y Santiago del Estero, con presencia adicional en Santa Fe y Córdoba.

En la provincia de Buenos Aires conviven la colza y la camelina en las zonas centro, norte y sudeste, mientras que en el sudoeste bonaerense la camelina adquiere mayor relevancia. Entre Ríos es la provincia con mayor superficie implantada con oleaginosas invernales del país: según estimaciones de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, alcanzó 31.200 ha y una producción total de 48.620 t la campaña 2025/26.

Según comentó el experto Jorge Bassi en el podcast “Levantando la perdiz” de AAPRESID del 3 de junio de 20253, la superficie total implantada con oleaginosas invernales en Argentina se ubicó en torno a las 170.000 ha en 2025, lo que representa un crecimiento significativo respecto de tres años atrás, cuando las estimaciones rondaban las 30.000 ha.

 

De acuerdo con cifras de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), para la campaña 2024/25, la colza alcanzó una superficie sembrada de 35.147 ha y una producción de 58.379 t. Los rendimientos promedio de la colza son cercanos a 2 t/ha, con marcadas diferencias regionales: desde 1,6 t/ha en Córdoba hasta valores próximos a 3,5 t/ha en el sudeste bonaerense.

En el caso de la camelina y la carinata, si bien no existen aún estadísticas oficiales consolidadas, estimaciones basadas en información de empresas y acopios indican superficies superiores a las 35.000 ha en cada cultivo para la campaña 2025/26. Los rendimientos actuales se ubican entre 0,6 y 1,2 t/ha en camelina y en torno a 1,4 t/ha en carinata.

Desafíos y oportunidades

El principal desafío de la cadena a nivel global es desarrollar nuevas fuentes de energía renovable que atiendan el incremento exponencial de la demanda proyectada. A nivel local, voces del sector coinciden en que el desafío central consiste en traducir los beneficios ambientales de estos cultivos en valor económico concreto para el productor, lo que exige avanzar en esquemas de certificación que vinculen la producción primaria con las cadenas industriales de aceites y biocombustibles.

Esto implica, a su vez, generar las bases para un crecimiento orgánico: seleccionar los mejores materiales de semilla, garantizar el acompañamiento técnico durante el cultivo y desarrollar la infraestructura industrial para ofrecer soluciones logísticas adecuadas a los productores.

En materia de mejoramiento genético, persiste el reto de acompañar la expansión territorial de estas oleaginosas mediante una mayor adaptación genética a la diversidad de ambientes productivos del país.

Según INASE, más del 50% de los cultivares disponibles de estos tres cultivos se inscribió en los últimos dos años y, en colza, más de un tercio de los registros de la última década corresponde a 2025, lo que evidencia una fase de aceleración en el desarrollo genético.

En los últimos diez años, las inscripciones de cultivares combinan participación pública y privada, aunque con predominio empresarial. En camelina, la mayoría de los registros desde 2016 fueron solicitados4 por firmas extranjeras con representación local.

En carinata, el 75% de los cultivares fue inscripto por una empresa nacional radicada en Santa Fe, la cual cuenta con un programa de investigación de carinata radicado en Venado Tuerto con ensayos a campo en todo el territorio agrícola.

En colza, de los 54 cultivares registrados, 46 corresponden a empresas extranjeras, 6 a una firma nacional y 2 fueron solicitados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. En términos territoriales, la representación se concentra principalmente en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

 

Desde la perspectiva agronómica, los principales desafíos se concentran en el manejo, especialmente en la etapa de implantación; en tanto que el desarrollo comercial de estos cultivos enfrenta, además, desafíos vinculados a la escala y continuidad de la oferta, la articulación entre los distintos eslabones de la cadena y el cumplimiento de certificaciones y estándares de sostenibilidad exigidos por los mercados de bioenergía.

Al respecto, el especialista Rubén Dicún5 subraya que la carinata se desarrolla bajo un esquema de producción trazado y certificado, y que su valor no debe medirse únicamente por el margen directo: integrada como alternativa invernal en la rotación, mejora las condiciones del suelo y contribuye al desempeño del cultivo siguiente, por lo que su verdadero rendimiento solo se comprende al analizarlo dentro del sistema productivo.

En este contexto, diversos expertos coinciden en que Argentina cuenta con una ventaja comparativa real: la disponibilidad de superficie libre en invierno y las buenas prácticas de labranza de sus productores la posicionan como un actor estratégico en el desarrollo de biocombustibles y en la inserción de su complejo agroindustrial en la transición energética global.

Desarrollo e investigación

La consolidación de estos cultivos en Argentina se sustenta en un trabajo sostenido de investigación orientado a su adecuada inserción en las rotaciones agrícolas. La FAUBA desarrolla en ese sentido líneas de estudio centradas en la caracterización genética y la zonificación ambiental, con una trayectoria consolidada en colza y carinata a la que se suma, más recientemente, investigación específica sobre camelina.

La combinación de herramientas de modelización y ensayos a campo, articulada con inversiones privadas en investigación y desarrollo y con el apoyo de organismos públicos, permite acelerar la transferencia de resultados.

Este esquema de cooperación público-privada constituye un ejemplo a seguir para acortar la curva de adopción de estos cultivos y consolidar su inserción en el sistema agrícola argentino.

 

 

Los autores agradecen la colaboración de Jorge Bassi, Rubén Dicún y Luciana Huergo por su revisión del documento y sus aportes durante la elaboración de esta nota.

La colza presenta cultivares de hábito invernal y primaveral, cuya adecuada adaptación al ambiente y a la fecha de siembra resulta clave para optimizar los rendimientos.
2 Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID). (2017, 25 de septiembre). Rotación de cultivos: primera herramienta para luchar contra las “malezas resistentes”.
3 Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=91iwc5WUPfQ&list=PLMiwxgAFUG9eDnVJww_zVlj3eUjFVtunO&index=25 
4 El solicitante es quien presenta formalmente el cultivar para su inscripción en INASE, ya sea quien desarrolló genéticamente el material, o el titular de los derechos comerciales en el país. El representante es quien actúa en nombre del solicitante, generalmente cuando el desarrollador es extranjero.
5 Licenciado en Administración de Empresas (UBA), Country Head Argentina de Nufarm Argentina (ex Nuseed), empresa multinacional de semillas especializada en tecnología para cultivos agrícolas.

Fuente: BCR Informativo Semanal

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