Fertilizar mejor para producir más: la nutrición balanceada puede mejorar los rindes y la rentabilidad de los cultivos

Fertilizar mejor para producir más: la nutrición balanceada puede mejorar los rindes y la rentabilidad de los cultivos

Un  análisis de FERTILIZAR AC para la zona núcleo muestra que incrementar la inversión en nitrógeno para maíz y en fósforo para soja puede elevar los rendimientos y mejorar los márgenes económicos. Sin embargo, la respuesta no es automática: el diagnóstico del suelo, la disponibilidad de agua, la eficiencia de uso de los nutrientes y los precios relativos son determinantes para definir cuánto y cómo fertilizar.

 

 

 

Buenos Aires, jueves 22 de octubre (PR/26) .-La fertilización constituye una de las decisiones agronómicas y económicas más importantes en la producción agrícola. Su impacto no debe medirse exclusivamente por el costo de los insumos, sino por la capacidad de mejorar los rendimientos, sostener la fertilidad del suelo y generar una mayor rentabilidad a mediano y largo plazo.

Esta fue una de las principales conclusiones del encuentro organizado por FERTILIZAR Asociación Civil, denominado «La matemática del lote», en el que especialistas de la entidad analizaron la relación entre los procesos biológicos que determinan la respuesta de los cultivos y las variables económicas que intervienen en las decisiones productivas.

El planteo tiene una base científica sólida, aunque requiere una consideración fundamental: más fertilizante no significa necesariamente más producción ni mayor rentabilidad. La respuesta depende de la oferta de nutrientes del suelo, el potencial de rendimiento, las condiciones ambientales, el momento de aplicación y la eficiencia con la que el cultivo utiliza cada elemento. Por eso, la clave no consiste en maximizar las dosis, sino en ajustar la nutrición a las necesidades y posibilidades reales de cada lote.

 

La matemática biológica: cuánto necesita realmente cada cultivo

La nutrición vegetal comienza mucho antes de la aplicación de fertilizantes. El primer paso es conocer la disponibilidad de nutrientes en el suelo, los requerimientos del cultivo y la cantidad de elementos que se exportan con la cosecha.

Durante su exposición, el coordinador técnico de FERTILIZAR AC, Esteban Ciarlo, explicó que la absorción total de nutrientes no equivale a la extracción que realiza el grano. Una parte de los elementos absorbidos permanece en hojas, tallos, raíces y otros residuos vegetales, que pueden reincorporarlos al suelo mediante su descomposición.

En maíz, los requerimientos estimados por tonelada de grano producida son de aproximadamente 20 kilos de nitrógeno y 4 kilos de fósforo. Sin embargo, la extracción a través del grano es menor: alrededor de 14 kilos de nitrógeno y 3 kilos de fósforo por tonelada.

Con un rendimiento de 7,7 toneladas por hectárea, estos coeficientes representan una extracción aproximada de 108 kilos de nitrógeno y 23 kilos de fósforo por hectárea.

La diferencia entre absorción y exportación es importante para comprender el balance nutricional. Cuando las cantidades extraídas superan sistemáticamente los aportes de fertilizantes y otras fuentes, el sistema productivo recurre a las reservas del suelo. Esto puede sostener temporalmente los rendimientos, pero también provocar una disminución progresiva de la fertilidad.

El problema adquiere especial relevancia en la Argentina, donde distintos balances de nutrientes muestran una reposición insuficiente frente a las cantidades que salen de los lotes con las cosechas. Por eso, la fertilización debe contemplar tanto las necesidades inmediatas del cultivo como la conservación de la capacidad productiva del suelo.

 

Nitrógeno y fósforo: dos nutrientes con comportamientos diferentes

 

El nitrógeno es uno de los principales determinantes del crecimiento y del rendimiento de los cereales. Sin embargo, su dinámica en el suelo es compleja: puede transformarse mediante procesos microbianos, volatilizarse como amoníaco, perderse por lavado de nitratos o escapar hacia la atmósfera mediante desnitrificación, proceso que también puede generar óxido nitroso (N₂O), un potente gas de efecto invernadero.

Por esta razón, no alcanza con definir una dosis al momento de la siembra. Es necesario considerar el nitrógeno disponible en el perfil, la mineralización de la materia orgánica, el cultivo antecesor, las lluvias y la demanda que tendrá el cultivo durante su desarrollo.

El fraccionamiento de las aplicaciones, la elección de fuentes adecuadas y la incorporación del fertilizante cuando corresponde pueden mejorar su aprovechamiento. En determinados ambientes, también resulta conveniente evaluar re-fertilizaciones durante el ciclo, de acuerdo con la evolución del cultivo y las condiciones climáticas.

El fósforo presenta un comportamiento diferente. Tiene una movilidad generalmente baja en el suelo y puede quedar retenido en distintas formas químicas, aunque su disponibilidad para las plantas depende de las características del suelo y de sus procesos de fijación y liberación.

El análisis de fósforo extractable mediante el método Bray, habitualmente realizado en los primeros 20 centímetros del perfil, permite establecer un diagnóstico de su disponibilidad. En la región pampeana, los umbrales críticos varían según el cultivo y las características edáficas.

Una estrategia de fertilización fosfatada puede perseguir dos objetivos: satisfacer las necesidades del cultivo inmediato o reconstruir y mantener los niveles de fósforo del suelo. Esta segunda alternativa tiene una perspectiva de rotación y permite considerar el aprovechamiento residual del nutriente por los cultivos siguientes.

También es importante aclarar que el fósforo no es un nutriente que pueda considerarse inmóvil en términos absolutos: puede perderse mediante erosión y escurrimiento superficial, especialmente cuando existe acumulación en los primeros centímetros del suelo.

La nutrición balanceada completa este enfoque. Aplicar nitrógeno sin corregir una deficiencia de fósforo, azufre o zinc puede limitar la respuesta productiva. Los nutrientes interactúan y el rendimiento termina condicionado por aquellos factores que restringen el crecimiento.

 

La matemática económica: cuánto cuesta fertilizar y cuánto puede devolver el cultivo

 

La segunda parte del encuentro estuvo a cargo de Franco Córdoba, responsable del área de Mercados de FERTILIZAR AC, quien presentó herramientas para evaluar la conveniencia económica de las estrategias nutricionales.

Entre los indicadores utilizados se encuentra la relación insumo/producto, que permite calcular cuántos kilos de grano se necesitan para adquirir una determinada cantidad de fertilizante o nutriente.

Este indicador debe compararse con la respuesta agronómica esperada, es decir, los kilos adicionales de grano obtenidos por cada kilo de nutriente aplicado.

Sin embargo, existe una precisión económica importante: no basta con que la eficiencia agronómica supere la relación insumo/producto para garantizar la máxima rentabilidad. También deben contemplarse los costos de aplicación, las labores adicionales, los gastos de comercialización, el costo financiero y la variabilidad de la respuesta.

Además, la dosis de máxima respuesta física no siempre coincide con la dosis de máxima rentabilidad. A medida que aumenta la cantidad de fertilizante, las respuestas adicionales suelen disminuir, hasta alcanzar un punto en el que el costo de incorporar más nutrientes supera el ingreso generado por el incremento de producción.

Por eso, el objetivo económico debe ser encontrar la dosis óptima para cada situación, sin confundir ahorro inmediato con eficiencia productiva.

Para los ejercicios presentados, FERTILIZAR AC utilizó precios de referencia de octubre de 2026: 201 dólares por tonelada para el maíz con entrega en abril de 2027 y 358 dólares para la soja con entrega en mayo de 2027. Los cálculos contemplaron descuentos comerciales y costos de aplicación.

 

Maíz: una mayor inversión nutricional puede cambiar el resultado económico

 

Uno de los ejemplos presentados por la entidad correspondió al maíz temprano en la zona núcleo. El análisis comparó tres estrategias de fertilización nitrogenada, con dosis de 80, 120 y 160 kilos de nitrógeno por hectárea, asociadas a rendimientos alcanzables de 8, 10 y 12 toneladas por hectárea, respectivamente.

Los resultados económicos fueron los siguientes:

Estrategia Nitrógeno Rinde estimado Margen campo propio Margen campo alquilado
Baja 80 kg/ha 8 t/ha US$ 468 -US$ 105
Intermedia 120 kg/ha 10 t/ha US$ 671 US$ 98
Alta 160 kg/ha 12 t/ha US$ 871 US$ 299

Fuente: escenarios económicos presentados por FERTILIZAR AC, con precios de octubre de 2026. Valores expresados en dólares por hectárea.

La diferencia entre el planteo de menor y mayor intensidad nutricional representa una inversión adicional de US$ 134 por hectárea en fertilizantes. Según las estimaciones de la entidad, el incremento de cuatro toneladas de maíz permite mejorar el margen en US$ 403 por hectárea, una vez descontados los costos adicionales de fertilización, cosecha y comercialización.

El resultado es particularmente significativo en campos alquilados. Con una renta equivalente a 16 quintales de soja por hectárea, el esquema de menor fertilización arroja un resultado negativo de US$ 105, mientras que el manejo intermedio permite alcanzar US$ 98 positivos y el de mayor productividad llega a US$ 299 por hectárea.

La explicación económica es que los mayores rendimientos permiten distribuir los costos de estructura, alquiler, implantación y otras labores entre una mayor cantidad de toneladas producidas.

No obstante, estos resultados deben interpretarse como escenarios modelizados y no como una garantía de respuesta para todos los establecimientos. Los rendimientos de 8, 10 y 12 toneladas dependen de que el ambiente, el agua disponible, el potencial del híbrido y el resto de las prácticas agronómicas permitan alcanzarlos.

La fertilización nitrogenada, por sí sola, no explica la totalidad de las diferencias de rendimiento. Para atribuir una respuesta al nutriente es necesario contar con ensayos comparativos, parcelas testigo y condiciones de evaluación que permitan separar su efecto del de otros factores.

 

Soja: el fósforo también puede mejorar los márgenes

 

En soja de primera, FERTILIZAR AC presentó resultados de una red de ensayos desarrollados en la zona núcleo, donde se compararon dos estrategias de nutrición fosfatada.

El manejo de menor intensidad contempló una aplicación de 9 kilos de fósforo por hectárea, con un rendimiento de 3,7 toneladas y un costo de fertilizantes de US$ 39 por hectárea. El margen bruto estimado fue de US$ 652 por hectárea en campo propio.

En el tratamiento de mayor fertilización, la dosis aumentó a 24 kilos de fósforo por hectárea. El rendimiento alcanzó las 4,2 toneladas, mientras que el costo de los fertilizantes ascendió a US$ 103 por hectárea. A pesar de la mayor inversión, el margen bruto llegó a US$ 726 por hectárea.

Comparación económica en soja de primera

Fertilización de 9 kg P/ha

3,7 t/ha

Rendimiento

US$ 652

Margen por hectárea

Fertilización de 24 kg P/ha

4,2 t/ha

Rendimiento

US$ 726

Margen por hectárea

Mejora del margen

+US$ 74/ha

Incremento de 500 kg/ha de rendimiento y US$ 64/ha de inversión adicional en fertilizantes.

En campos alquilados, con un arrendamiento equivalente a 16 quintales de soja por hectárea, el margen también pasó de US$ 79 a US$ 153 por hectárea. Es decir, prácticamente se duplicó.

Este resultado refuerza la importancia del fósforo en la nutrición de la oleaginosa. A diferencia de los cereales, la soja obtiene una proporción importante de su nitrógeno mediante la fijación biológica realizada por bacterias simbióticas del género Bradyrhizobium. Sin embargo, ese mecanismo no elimina la necesidad de una adecuada disponibilidad de fósforo, azufre y otros nutrientes.

El fósforo participa en procesos fundamentales del metabolismo energético, el desarrollo radicular, la floración y la formación de granos. Cuando existe deficiencia, su corrección puede mejorar el crecimiento y la capacidad productiva del cultivo.

También debe considerarse el efecto residual de la fertilización fosfatada. Parte del fósforo aplicado que no es absorbido durante la campaña puede permanecer en el suelo y contribuir a la nutrición de los cultivos posteriores. Su aprovechamiento dependerá de la disponibilidad química, las características edáficas y la estrategia de fertilización de la rotación.

 

Más rendimiento, pero también mayor eficiencia ambiental

 

El presidente de FERTILIZAR AC, Roberto Rotondaro, destacó que el rendimiento constituye una variable central para mejorar la rentabilidad agrícola y que las tecnologías de nutrición pueden contribuir a reducir las brechas entre los resultados actuales y los potenciales.

En ese sentido, citó investigaciones realizadas sobre información de más de 300 productores CREA, que muestran una asociación importante entre los rendimientos obtenidos y los márgenes económicos.

Sin embargo, conviene distinguir entre correlación y causalidad: un mayor rendimiento suele contribuir a mejorar el margen, pero no lo determina por sí solo. También intervienen los precios, los costos, el régimen de tenencia de la tierra, la estructura financiera y las condiciones productivas de cada empresa.

La intensificación agrícola requiere, además, una mirada ambiental. Producir más toneladas por hectárea puede contribuir a utilizar mejor la tierra y los recursos disponibles, pero ese resultado solo es sustentable cuando se acompaña de un manejo eficiente del agua, los nutrientes y la conservación del suelo.

La aplicación excesiva o mal sincronizada de nitrógeno puede aumentar las pérdidas por lavado, volatilización y emisiones de óxido nitroso. Del mismo modo, el fósforo acumulado en superficie puede contribuir a procesos de eutrofización cuando es transportado hacia cursos de agua mediante escurrimiento y erosión.

Por eso, los avances en agricultura de precisión, los mapas de rendimiento, el muestreo georreferenciado, la fertilización variable y los modelos de diagnóstico permiten mejorar la asignación de nutrientes dentro de cada establecimiento.

A estas herramientas se suma el manejo de cultivos de servicio y leguminosas, como la vicia, que pueden incorporar nitrógeno al sistema y reducir parcialmente las necesidades de fertilización de los cultivos siguientes. El INTA Oliveros también recomienda integrar el diagnóstico de suelo, la planificación por ambientes y la rotación para mejorar la eficiencia general del sistema productivo.

El diagnóstico del suelo, el punto de partida de una agricultura más rentable

Uno de los aspectos más importantes que surge del análisis es que no existe una receta universal de fertilización. La misma dosis puede generar respuestas muy diferentes según el tipo de suelo, el contenido de materia orgánica, la disponibilidad hídrica, el cultivo antecesor y el historial productivo del lote.

En consecuencia, los especialistas recomiendan avanzar hacia una estrategia de nutrición basada en cuatro principios: diagnóstico, dosis ajustada, momento oportuno y correcta ubicación del fertilizante.

Para el nitrógeno, resulta fundamental medir los nitratos disponibles en el perfil, particularmente entre los 0 y 60 centímetros, y considerar los aportes provenientes de la mineralización y de los cultivos anteriores.

En fósforo, el análisis de P Bray permite identificar situaciones de deficiencia y definir si corresponde una estrategia de suficiencia o de reconstrucción de la fertilidad.

También es necesario incorporar el azufre y micronutrientes como el zinc cuando los análisis y las condiciones del ambiente indiquen posibles limitaciones.

La incorporación de herramientas digitales y modelos predictivos permitirá avanzar hacia recomendaciones cada vez más precisas, con aplicaciones diferenciadas por ambientes y una mejor utilización de los recursos.

Una conclusión que va más allá del costo de los fertilizantes

La presentación de FERTILIZAR AC deja una conclusión relevante para la agricultura argentina: reducir indiscriminadamente la fertilización para disminuir los gastos puede resultar una decisión económicamente contraproducente, especialmente en suelos con deficiencias nutricionales y elevados potenciales productivos.

Pero también sería incorrecto sostener que cualquier incremento de dosis necesariamente mejora los rendimientos o los márgenes. La decisión debe surgir de una evaluación agronómica y económica que permita identificar dónde existe una respuesta probable y cuánto está dispuesto a pagar el productor por obtenerla.

El verdadero desafío consiste en producir más por hectárea, pero también en mejorar la eficiencia de cada kilo de nutriente aplicado, evitar pérdidas y mantener la fertilidad de los suelos.

En definitiva, la fertilización no debe entenderse como un gasto aislado de la campaña, sino como una inversión dentro de un sistema productivo que necesita equilibrar rentabilidad inmediata, productividad futura y sustentabilidad ambiental.

Al cierre del encuentro, María Fernanda González Sanjuan anunció la realización del próximo Simposio FERTILIDAD 2027, que tendrá lugar los días 19 y 20 de mayo en el Centro de Convenciones Metropolitano de Rosario.

Aclaraciones científicas y periodísticas incorporadas

Para fortalecer la rigurosidad de la nota, se ajustaron algunos conceptos de la información original:

  • No es correcto afirmar que reducir la dosis disminuye indefectiblemente el rendimiento. Si el suelo tiene reservas suficientes o el cultivo presenta un potencial limitado por agua u otros factores, una dosis menor puede no afectar la producción.

  • La dosis agronómica y la dosis económicamente óptima no siempre coinciden. La segunda depende de los precios, los costos y la respuesta marginal del cultivo.

  • La extracción no equivale al requerimiento total. Una parte de los nutrientes absorbidos queda en los residuos vegetales.

  • El fósforo no es completamente inmóvil ni está garantizado su aprovechamiento posterior. Su disponibilidad depende de los procesos químicos y físicos del suelo.

  • Los resultados económicos presentados por FERTILIZAR son escenarios de referencia, no garantías de rentabilidad para cualquier productor o establecimiento.

  • El aumento del rendimiento no demuestra por sí solo una causalidad económica. También deben considerarse los costos totales, los precios y las condiciones particulares de cada empresa.

Fuentes técnicas de actualización

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Paula Vázquez
El trigo empieza a sentir la falta de agua en la zona núcleo: 160.000 hectáreas están en condición regular

El trigo empieza a sentir la falta de agua en la zona núcleo: 160.000 hectáreas están en condición regular

El déficit hídrico y las bajas temperaturas ponen en jaque el potencial de rendimiento del trigo en la región núcleo, al tiempo que la siembra de maíz alcanza el 40% pero frena su ritmo por falta de humedad.

 

 

 

 

Rosario, sábado 18 septiembre (PR/26) — Con el trigo acercándose a su período crítico en la región núcleo, crece la necesidad de lluvias para evitar un mayor deterioro y sostener el potencial de rinde. El maíz lleva casi un 40% de avance, aunque la siembra empieza a demorarse por la falta de humedad.

En lo que va de septiembre, la región núcleo lleva acumulados registros entre 5 y 35 milímetros, cuando los valores normales históricos mensuales oscilan entre los 30 y 70 milímetros, con un gradiente que asciende de oeste a este. Y las reservas de agua presentan un retroceso que se extiende con cada día que pasa.

Por la falta de agua, ya hay 160.000 ha de trigo en condiciones regulares; esto es, el 10% del cultivo de la región. Esto contrasta con las 55.000 ha que el año pasado se encontraban en esas condiciones, pero por excesos de agua. En este ciclo también hay un 25% de los cuadros buenos, un 50% muy bueno y un 15% excelente.

La demanda de agua se hace cada vez más importante para el trigo, que está muy cerca de entrar en el período crítico. Hay un puñado de lotes en el sudeste de Córdoba y centro sur de Santa Fe que ya están con la espiga embuchada (1% de los lotes de la región). El 5% está desplegando la hoja bandera, un 52% está encañando y el 42% sigue en macollaje.

El déficit hídrico empieza a mostrar los síntomas y las heladas suman presión
La falta de agua empieza a dejar señales visibles en los cultivos, a las que en algunos sectores se suman los efectos de las heladas. En Marcos Juárez, el déficit hídrico se manifiesta con amarillamiento de plantas, mientras que en Carlos Pellegrini se observan síntomas en las hojas inferiores asociados a una menor absorción de nitrógeno.

Más hacia el sur, las heladas comienzan a dejar daños concretos: en Bigand, los técnicos advierten que las últimas heladas dejaron daños foliares de distinta intensidad, que varían según la variedad y el nivel de fertilización: “mejor fertilizado, menos daño”. En General Villegas, los trigos más adelantados aparecen “bastante golpeados”, con algunas hojas bandera quemadas. Y en María Susana, donde el cultivo ingresa en los inicios de espigazón, advierten que ,a partir de ahora, tanto la falta de lluvias como las heladas tardías empiezan a modificar el potencial de rendimiento.

A poco de empezar el periodo crítico del trigo, las enfermedades se mantienen a raya
Las enfermedades, como mancha amarilla, están contenidas en la región. En Marcos juarez, las bajas temperaturas ralentizaron la evolución de la mancha amarilla, aunque la enfermedad continúa presente. Durante estos días se prevén aplicaciones de fungicidas en la mayoría de los lotes, con el objetivo de proteger la hoja bandera. En Carlos Pellegrini, Las enfermedades permanecen contenidas en las hojas inferiores. San Pedro y Baradero, se estan haciendo controles para tratarlas.

Maíz 26/27: ya se sembraron casi 1 M ha, pero la falta de humedad comienza a frenar el avance
La siembra de maíz ya cubre 970.000 hectáreas en la región, cerca del 40% del área intencionada, luego de sumar unas 470.000 hectáreas en apenas siete días. El avance, sin embargo, encuentra límites en la disponibilidad de humedad. En algunos sectores se esperaba contar con mejores temperaturas para iniciar las labores, pero ahora el problema pasa por la falta de agua para continuar. En General Villegas, por ejemplo, el movimiento de máquinas recién comenzó esta semana y la humedad está al límite: “los lotes provenientes de trigo y soja de 2da están con humedad, aunque no les sobra nada, mientras que en los lotes con rastrojos de soja de primera son muy pocos los que hoy se pueden sembrar ya que la humedad es escasa”. Allí el avance apenas llega al 5%, convirtiéndose en el sector más retrasado de la región, mientras que en el extremo opuesto, el norte regional alcanza el 85%. En los alrededores de Carlos Pellegrini,  la siembra ya finalizó, mientras que en Cañada de Gómez esperan un chaparrón para poder continuar: “para retomar las labores sobre se necesitan algunos milímetros que permita recomponer la humedad superficial”.

El frío demora la emergencia del maíz: los nacimientos se extienden a más de 15 días

Mientras la falta de humedad comienza a limitar el avance de la siembra, las bajas temperaturas condicionan el ritmo de emergencia de los lotes ya implantados. En María Susana y alrededores, donde la siembra ya finalizó, los nacimientos avanzan muy lento: “el 90% todavía no emergió; solo los sembrados entre el 20 y el 25 de agosto emergieron”. La situación también se repite en Marcos Juárez, donde los primeros lotes recién comienzan a mostrar las primeras plántulas y las demoras en la emergencia alcanzan los 15 días. Hacia San Pedro y Baradero, los técnicos también advierten sobre el impacto de las bajas temperaturas: “todavía estamos bastante lejos como para tener una buena emergencia”. El repunte de las temperaturas previsto para esta semana podría acelerar los nacimientos, aunque plantea un nuevo desafío en los lotes que aún cuentan con reservas ajustadas”.

 

Fuente: Reporte elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR-GEA)
Primicias Rurales
Todo Agro

 

Suelos cargados de agua y El Niño en primera plana: así viene la primavera según el Servicio Meteorológico

Suelos cargados de agua y El Niño en primera plana: así viene la primavera según el Servicio Meteorológico

El Servicio Meteorológico Nacional difundió su pronóstico trimestral para septiembre, octubre y noviembre de 2026, advirtiendo sobre una combinación de factores marcada por el fenómeno El Niño activo y suelos con gran reserva de agua que enciende precauciones en varias regiones del país.

 

 

 

Buenos Aires, miércoles 9 septiembre (PR/26) — Todos los años, cuando termina el invierno, surge la misma pregunta sobre cómo será la primavera, y el Servicio Meteorológico Nacional acaba de responderla al publicar su pronóstico trimestral de precipitación y temperatura para el período comprendido entre septiembre, octubre y noviembre de 2026.

Este trimestre cuenta con un condimento particular debido a que el fenómeno El Niño se encuentra activo y condiciona la circulación atmosférica sobre la región, empujando las probabilidades hacia determinados escenarios en varias zonas del territorio nacional.

A este escenario se suma otro factor clave: las lluvias constantes registradas durante el invierno dejaron gran parte de la zona núcleo agrícola con una reserva de agua en el suelo que hacía mucho tiempo no se registraba.

Esa noticia genera una doble lectura, ya que por un lado alivia a quienes venían atravesando campañas con déficit hídrico, pero por el otro enciende preocupaciones, debido a que con los suelos ya saturados o cerca de estarlo no harán falta grandes acumulados para que reaparezcan anegamientos en distintos puntos del centro del país.

Qué dice el mapa de lluvias

Según el organismo oficial, la probabilidad de que las precipitaciones se ubiquen dentro de la categoría normal es mayor sobre el centro-oeste de Formosa y Chaco, además del este de Salta y Santiago del Estero.

Hacia el sur del Litoral, Córdoba, San Luis, Buenos Aires y el noroeste de la Patagonia, las chances se reparten entre normal y superior a lo normal, advirtiendo que si las lluvias se inclinan hacia ese escenario junto a suelos ya cargados, el riesgo de excesos hídricos crece.

El escenario con mayores probabilidades de lluvias superiores a lo normal se concentra en el norte del Litoral y el oeste de Cuyo, marcando las probabilidades más altas del mapa, además de La Pampa, el sudoeste bonaerense y el noreste patagónico.

En el extremo opuesto, la región del NOA y el sudoeste de la Patagonia tendrían mayor probabilidad de transitar un trimestre con precipitaciones normales o por debajo de lo normal.

Cómo viene la temperatura

En materia térmica, el mapa presenta matices según la zona, proyectando que gran parte de Cuyo, La Pampa y la provincia de Buenos Aires tendrían mayor probabilidad de registrar temperaturas medias inferiores a lo normal durante la primavera.

Córdoba, el sudoeste de Santa Fe y el centro-norte patagónico comparten un escenario de temperaturas normales a inferiores a la normal, mientras que el sur del Litoral y el sur de la Patagonia se inclinan hacia valores normales.

El norte del país queda del otro lado de la balanza, ya que allí las mayores probabilidades apuntan directamente hacia temperaturas normales o superiores a lo normal.

Una aclaración necesaria antes de sacar conclusiones apuradas

El SMN insiste en un punto que suele generar confusión al aclarar que este tipo de pronóstico trimestral no anticipa cuánta agua exactá lloverá ni qué temperatura precisa habrá cada día en las diferentes localidades.

Lo que realiza el organismo es asignar probabilidades a tres categorías —inferior, normal y superior— basándose estrictamente en modelos globales y estadísticos, recordando que en zonas sin forzantes cada categoría tendría un tercio de probabilidad conocido como climatología.

Que una región tenga más chances de ubicarse en la categoría inferior no significa que no vaya a llover, ni que dejen de darse eventos puntuales intensos, por lo cual se recomienda no quedarse únicamente con la mirada de largo plazo.

Los pronósticos diarios y las perspectivas semanales continúan siendo herramientas clave para anticipar fenómenos de alto impacto como tormentas fuertes, olas de calor o frío repentino que una proyección trimestral no puede capturar.

La primavera 2026 se perfila de este modo como una temporada para seguir de cerca, sobre todo en el centro del país, donde la humedad acumulada puede convertir precipitaciones inofensivas en un problema real para caminos rurales, cultivos y zonas urbanas.

Primicias Rurales
Fuente: Varios / Meteored
¿Cómo varió la producción agrícola en los últimos 10 años?

¿Cómo varió la producción agrícola en los últimos 10 años?

La agricultura argentina creció un 14% en la última década, diversificando su matriz con menos soja de primera, más maíz y una fuerte expansión del doble cultivo.
El maíz ganador indiscutible
Por Franco Ramseyer – Emilce Terré- Julio Calzada de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
Rosario, domingo 23 agosto (PR/26) –Radiografía por departamento del reacomodamiento agrícola 2014/15 – 2024/25: menos soja de primera y más maíz, trigo y soja de segunda. El girasol y la cebada también ganaron terreno.

La foto de la producción agrícola argentina cambió de manera relevanteen la última década. En base a las estadísticas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), y comparando la campaña 2014/15 con la 2024/25, la producción de los seis principales cultivos —soja, maíz, trigo, girasol, sorgo y cebada— pasó de unos 118 a 135 millones de toneladas (Mt), un alza del 14%. Sin embargo, el dato más relevante no es cuánto creció el volumen, sino cómo se reacomodó el mix: la soja de primera perdió terreno frente al maíz y la dupla trigo-soja de segunda.

En números agregados, la producción de soja de primera cayó 27% (de 51 a 37 Mt), mientras que el maíz creció 53% (de 34 a 52 Mt), el trigo 33% (de 14 a 18,5 Mt) y la soja de segunda 35% (de 10 a 14 Mt).

El girasol y la cebada, cultivos más acotados, también avanzaron con fuerza (+77% y +65%). Por último, el sorgo, presentó una disminución de 7,9%, pasando de 3,1 Mt a 2,9 Mt.  El resultado es una mayor diversidad de cultivos y con mayor peso de los cereales.

A continuación, se presenta para cada cultivo un análisis a nivel departamental, a partir de los datos presentados por la SAGyP.

Soja de primera: retroceso en la Zona Núcleo

La caída de la soja de primera se concentró principalmente en la Zona Núcleo. Los mayores retrocesos se observaron en los departamentos del Centro-Sur de Córdoba (Unión, Marcos Juárez, Río Cuarto, Roque Sáenz Peña experimentaron cada uno retrocesos de 928, 716, 707 y 343 mil toneladas, respectivamente), el sur de Santa Fe (el departamento General López presentó una merma de 538.000 t) y el norte bonaerense (donde se destaca el departamento de Pergamino, que registró una disminución productiva de 426.000 t entre campañas).

Esta es, justamente, la zona donde la soja de primera había sido el cultivo predominante en la campaña sojera récord 2014/15, y donde hoy ha perdido terreno frente al maíz y al doble cultivo trigo/soja de segunda.

Tengamos presente que comparamos puntualmente las campañas 2014/2015 vs la 2024/2025.

Por fuera de la Zona Núcleo, se destacaron las caídas productivas en el departamento de General Pedernera, en San Luis, y el departamento de Anta, en Salta, los cuales presentaron mermas de 388 y 373 mil toneladas, respectivamente.

Pese a la tendencia decreciente a nivel nacional, hubo departamentos en donde la producción de soja de primera aumentó entre las campañas 2014/15 y 2024/25, destacándose General Taboada y Belgrano en Santiago del Estero (+359.000 t y +228.000 t, respectivamente), Castellanos en Santa Fe (+335.000 t), y Río Primero, San Justo y Totoral en el norte de la provincia de Córdoba (+248.000, +238.000 y +122.000 toneladas, respectivamente).

 

Maíz: el gran ganador de la década

En términos absolutos, el maíz es el cultivo que explica la mayor parte del crecimiento del volumen total producido: sumó casi 18 Mt, más que ningún otro cultivo y siempre comparando puntualmente los datos del ciclo 2014/2015 respecto de la 2024/2025. El avance estuvo liderado por los departamentos del centro y sur de la provincia de Córdoba —Marcos Juárez (+1,3 Mt), General Roca (+1,2 Mt), Río Cuarto (+1,1 Mt), Unión (+930.000 t), Roque Sáenz Peña (+738.000 t), Juárez Celman (+501.000 t), entre otros— y por los departamentos del oeste bonaerense, en donde se destacan Trenque Lauquen, Rivadavia y Coronel Suárez, que registraron cambios de 548, 468 y 420 mil toneladas de maíz, respectivamente.

En numerosos departamentos a lo largo y ancho del país, el maíz fue ocupando el terreno cedido por la soja de primera.

Por otra parte, hubo departamentos que presentaron caídas en la producción de maíz, como los de Río Primero (-556.000 t) y Totoral (-131.000 t), en el norte de la provincia de Córdoba, que se orientaron más hacia la soja de primera.

También se observó una merma de -213.000 t en Lincoln (Buenos Aires), y en distintos departamentos de Santiago del Estero, tales como Moreno, Alberdi, Juan Felipe Ibarra, Jiménez y Belgrano, los cuales sumaron conjuntamente una caída de -942.000 t, esto se explicó por un lado por una caída de los rindes, a lo que se sumó una disminución de la superficie sembrada (particularmente en Belgrano, Jiménez y Juan F. Ibarra), como resultado del temor ocasionado por la chicharrita que afectó negativamente a los cultivos en la campaña 2023/24.

 

Trigo y soja de segunda: el doble cultivo ganó peso

En la década considerada, la producción de trigo creció 33% y la de soja de segunda 35%, siempre comparando las producciones de los ciclos 2014/2015 respecto de la campaña 2024/2025. Ambos movimientos van de la mano, dado que más trigo sembrado en el invierno habilita más soja de segunda en el verano sobre el mismo lote.

El avance del trigo se evidenció especialmente en la provincia de Entre Ríos (Gualeguaychú y Nogoyá presentaron incrementos de 243 y 162 mil t, respectivamente), en el norte bonaerense (9 de Julio, Pergamino y Bragado registraron incrementos de 227, 213 y 146 mil t, respetivamente) y en el centro de Santa Fe (los departamentos de San Cristóbal y Las Colonias tuvieron aumentos de 190 y 146 mil t, respectivamente).

En contraposición, los tres departamentos en donde el trigo perdió mayor volumen se ubicaron todos en la provincia de Córdoba, y se trata de General Roca y Roque Saenz Peña, por un lado, donde se perdieron conjuntamente 477.000 t de trigo, dado que esta zona se orientó más hacia la producción de maíz; el otro departamento cordobés con pérdida productiva en trigo fue el de San Justo, que mostró una merma de 261.000 t, aunque en este caso el motivo fue un aumento en la producción de soja de primera.

 

 

Por su parte, la soja de segunda presentó un fuerte crecimiento en el departamento santiagueño de General Taboada, donde aumentó en 249.000 t en la comparación puntual de las dos campañas (2014/2015 vs 2024/2025). Asimismo, hubo un crecimiento considerable en la provincia de Entre Ríos (los departamentos de Gualeguaychú, Villaguay y Nogoyá presentaron aumentos de 208, 113 y 99 mil toneladas, respectivamente), en la provincia de Santa Fe —se destacan los departamentos de Las Colonias (+175.000 t), Castellanos (+167.000 t), General López (+119.000 t), 9 de Julio (+112.000 t) y San Cristóbal (+106.000 t)—  y de manera extendida en la provincia de Buenos Aires (Pergamino, 9 de Julio, Pehuajó y Lobería se destacan con aumentos de 141, 121, 120 y 118 mil t, respectivamente). De este modo, parte de la soja que se perdió como cultivo de primera reaparece —en menor volumen— como cultivo de segunda detrás del trigo o la cebada.

 

Detrás de los aumentos productivos, tanto en maíz como en el esquema trigo – soja de segunda, se encuentran cambios institucionales que fueron relevantes, tales como la eliminación de los “ROE verde” a partir de diciembre de 2015. Estos registros funcionaban como una restricción cuantitativa a la exportación, deprimiendo los precios que percibían los productores y desincentivando en el mediano plazo la producción.

Posteriormente, en 2021, se introdujeron los volúmenes de equilibrio, que afectaban al trigo y al maíz, los cuales también fueron eliminados en mayo de 2024. Estos cambios en las reglas de juego fueron relevantes para la diversificación de la matriz productiva, logrando que la misma presente una menor dependencia de la soja de primera.

A estos cambios institucionales, deben agregarse otros relacionados con las prácticas agrícolas y con la tecnología, tales como la creciente adopción del maíz sembrado en forma tardía, por ejemplo.

Cebada: un fenómeno del sur

El segundo grano de invierno en relevancia para los esquemas de doble cultivo es la cebada. Esta creció un 66% en la comparación puntual de ambas campañas y se destaca que este aumento tuvo lugar casi exclusivamente en el sur del país: El sur bonaerense concentró prácticamente toda la expansión, mientras que fuera de esa zona, las variaciones resultaron de menor magnitud.

Los departamentos en donde se registró mayor aumento productivo fueron los de Coronel Suárez (+193 mil t), Tres Arroyos (+142 mil t) y Lobería (+122 mil t), todos ubicados al sur de la provincia de Buenos Aires. Contrariamente, los departamentos en donde más merma productiva hubo fueron General López , en Santa Fe, con una pérdida de 28 mil t, General Arenales, en el norte bonaerense, también con 28 mil t menos, y Conhelo, en La Pampa, en donde la merma rondó las 26 mil t.

 

 

Girasol: el mayor salto relativo

En términos relativos, el girasol fue el cultivo que más creció, con un incremento punta a punta del 77%, equivalente a 2,4 Mt adicionales. La principal zona productiva continúa siendo el sur bonaerense, pero en términos de variación fue también destacado el incremento productivo en las provincias de Córdoba y Santa Fe.

En la primera de estas provincias se destacaron los departamentos de San Justo, Unión, Roque Sáenz Peña y General Roca, que conjuntamente mostraron un aumento de 479.000 toneladas en el período. En Santa Fe, los mayores aumentos ocurrieron en los departamentos de San Cristóbal, General Obligado, Las Colonias y Castellanos, que sumaron incrementos por 309.000 t.

En el sur bonaerense, destacaron los partidos vecinos de Tres Arroyos, Necochea, Coronel Dorrego y San Cayetano en donde conjuntamente se registró un aumento de 385.000 t. Otra provincia con un aumento productivo de girasol fue San Luis: particularmente, los departamentos de General Pedernera y Gobernador Dupuy sumaron conjuntamente 147.100 t en la década.

 

Sorgo: el único cultivo cuya producción retrocedió

Por último, el sorgo fue el único de los seis cultivos cuya producción cayó en el transcurso de la década analizada, al perder terreno frente al maíz. El retroceso se sintió sobre todo en el sur y en el norte del país, con una Región Centro apenas positiva. Individualmente, los departamentos en donde más subió fueron San Justo y Río Primero, en la provincia de Córdoba, con 268 mil t, y 71 mil t adicionales, respectivamente. Le siguió el departamento de Anta, en Salta, en donde se observó un incremento de 46 mil t.

En tanto, las mayores caídas a nivel departamental ocurrieron en los departamentos cordobeses de Río Cuarto, Río Segundo y General Roca, que mostraron disminuciones de 137, 80 y 59 mil t, respectivamente. Influye en este caso, también, la liberalización de los cupos de exportación del maíz que a comienzos del período analizado habían desincentivado su siembra, impulsando los cultivos sustitutos.

 

Análisis regional

Otra manera de agrupar los cambios productivos que ocurrieron en el país es separando a los departamentos en tres regiones: Norte, Centro y Sur. A los fines de este análisis, la Región Norte comprende las provincias de Santiago del Estero, Chaco, Salta, Tucumán, Catamarca, Jujuy, Formosa, Corrientes y Misiones, más el norte de Santa Fe (delegación Avellaneda).

La Región Centro abarca Entre Ríos, Córdoba y San Luis, el resto de Santa Fe y el norte de la provincia de Buenos Aires (delegaciones de Pergamino, Junín, Lincoln, Bragado, 25 de Mayo y La Plata). La Región Sur comprende La Pampa y el sur de la provincia de Buenos Aires (delegaciones de Bahía Blanca, Tres Arroyos, Tandil, Pehuajó, Bolívar, Pigüé, Saliqueló y General Madariaga).

Esta caracterización resulta de interés, debido a que los saldos exportables de las regiones Centro y Norte, normalmente se despachan desde las terminales portuarias del Gran Rosario, mientras que los excedentes de la Región Sur tienden a ser exportados desde los puertos de Bahía Blanca y Quequén.

 

Región Norte: es la única cuya producción total retrocedió (−3%), con caídas en maíz (−19%) y soja de primera (−15%). El trigo, en tanto, más que duplicó su producción aunque desde una base baja, pasando de 494.000 t a 1 Mt; la soja de segunda también presentó un incremento del 73%, dejando el balance total de soja en una ligera disminución de 34.000 t. Cabe mencionar que la campaña 2024/25 fue particularmente negativa para el maíz en la Región Norte, dado que el temor a la chicharrita redujo significativamente el área sembrada en esta región.

Región Centro: la producción total creció 8% (+7 Mt). Aquí se evidencia el cambio de composición: la soja de primera cayó 28% y, en paralelo, el maíz subió 44%, el trigo 55% y la soja de segunda 21%. La producción de girasol registró un avance excepcional, pasando de 299.000 t a 1,8 Mt.

Región Sur: Su producción total saltó 41% (+9,7 Mt), la mayor suba tanto absoluta como relativa del país. El principal motor fue el maíz, que casi se triplicó (+185%), acompañado por la cebada (+82%) y la soja de segunda (+86%). La producción de girasol también aumentó, aunque en menor proporción que la Región Centro. En contraposición, la soja de primera retrocedió en 2 Mt, y tanto el trigo como el sorgo en volúmenes cercanos a las 200.000 t.

En conjunto, la Región Centro y la Región Norte aportaron conjuntamente 6,6 Mt adicionales, mientras que la Región Sur sumó casi 9,7 Mt. Es decir, el sur ganó protagonismo relativo en la década de referencia, traccionado por el maíz, la cebada y el girasol.

En conclusión, el resultado de la década es una agricultura más diversificada y con mayor peso de los cereales y de los esquemas de doble cultivo. Los cambios en las reglas de juego, tales como la eliminación de los “ROE verde” y posteriormente de los volúmenes de equilibrio, han sido factores en favor de la diversificación productiva. Asimismo, la consolidación de nuevas prácticas, tales como la siembra tardía de maíz, han contribuido a cambiar la forma en la que se produce en Argentina.

 

 

Primicias Rurales

Fuente: BCR Informativo Semanal

La competitividad del principal producto de exportación argentino está en jaque

La competitividad del principal producto de exportación argentino está en jaque

Por Ana Rubicondi – Franco Pennino – Matías Contardi – Emilce Terre de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR)
El tradicional liderazgo de la agroindustria argentina sufre una fuerte amenaza ante el avance histórico del volumen de molienda y exportación de harina de soja en Brasil. La Bolsa de Comercio de Rosario advierte además que, tras el acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán que reabrió el estrecho de Ormuz, la fuerte baja del petróleo arrastró los valores en Chicago.

 

Rosario, sábado 20 junio (PR/26) — Brasil le pisa los talones a Argentina en exportación de harina de soja. Acuerdo de paz entre EE. UU. e Irán. La participación del aceite en el ingreso industrial alcanza máximos históricos en Chicago y la más alta en Argentina durante la última década.

 

1. Mercado de soja: Brasil alcanza un ritmo exportador de harina récord

 

Brasil acorta distancias frente al tradicional liderazgo argentino en el mercado de subproductos del complejo soja. Las proyecciones para este primer semestre del año ya ubican las exportaciones brasileñas de harina de soja por encima de 12,3 millones de toneladas, muy cerca de 13,3 millones estimados para Argentina.

Este escenario es el resultado directo de la fuerte expansión de crushing de nuestro vecino país, que cerró 2025 con un volumen récord de 58,7 millones de toneladas procesadas, un 22,8% más que en 2021.

 

Históricamente, Argentina ha sostenido una posición de liderazgo en el mercado de exportación de harina de soja. Sin embargo, mientras que la molienda en Argentina registra un sendero virtualmente estancado, la industria del procesamiento en Brasil mantiene un crecimiento sostenido año tras año.

Se proyecta que, para el acumulado a junio de 2026, Argentina termine exportando “solo” 8% más que Brasil. Esta brecha se achica significativamente respecto del 86% registrado en 2021 y del 23% observado durante el primer semestre de 2025.

Uno de los factores que impulsa este fenómeno es la promoción a la industria de biodiesel del país vecino, que ubica a la demanda de aceite de soja en máximos históricos. Como contrapartida, se produce una mayor oferta de harina de soja, lo que lleva a Brasil a niveles de competitividad cada vez mayores.

Esto afecta de forma directa el principal producto exportador de Argentina y el principal determinante del precio de la soja en el mercado interno.

Lo que Ormuz dejó: a pesar del desplome en Chicago, la participación del aceite de soja en el ingreso industrial alcanzó máximos históricos.

Durante la semana, Estados Unidos e Irán firmaron un acuerdo marco que sienta las bases para abrir una nueva ronda de negociaciones por 60 días.

Con una extensión de 14 puntos claves se plantea, entre varias otras cosas, la finalización inmediata y permanente de las operaciones militares, incluyendo en el Líbano; la reapertura del estrecho de Ormuz, velando por el paso seguro de los buques comerciales sin cargo durante el lapso que dure la nueva “tregua” y la posibilidad de extender la misma si ambas partes están de acuerdo en ello.

No es la primera vez que se afirma haber alcanzado la paz entre ambas naciones, pero si es la primera oportunidad donde ambas emiten un comunicado con tantos puntos en común y la primera vez que ambos principales mandatarios firman un acuerdo desde la fundación de la República Islámica en 1979.

Luego de haber sobrepasado US$ 110/barril durante mayo, el petróleo Brent se desplomó a niveles preguerra perforando el piso de US$ 80/barril, como consecuencia del proceso de encontrar un nuevo nivel de precios bajo el renovado escenario global. Esta tendencia bajista en el crudo también viene presionando sobre las cotizaciones del aceite de soja, sobre todo en Chicago.

A lo largo de estas últimas ruedas el aceite volvió al terreno de US$ 1.500/t luego de 35 ruedas ininterrumpidas de cotizar por encima de US$ 1.600/t y de haber sobrepasado US$ 1.700/t hace solo unas semanas atrás.

Sin embargo, a pesar del derrotero reciente, el combo entre la promoción de biocombustibles en Estados Unidos y un nuevo escalón de precios para la energía a escala global le imprimieron un nivel de relevancia al aceite de soja nunca visto.

Con la cotización de la harina de soja en mínimos desde febrero, en Chicago el aceite explica 55% del ingreso industrial, máximo histórico para el «oil share”; es decir, la proporción del margen de la industria que es explicado por la contribución del aceite de soja. Este valor se ubica, además, 17 p.p. por encima del promedio histórico. 

La dinámica descripta impacta de lleno en el mercado argentino. Si bien el nivel de precios no es el mismo que en Chicago, la cotización del aceite de soja argentino en el mercado FOB se mantuvo por encima de US$ 1.100/t durante los últimos tres meses a pesar de los vaivenes en los futuros, siendo actualmente la segunda cotización más alta a esta altura del año, solo por detrás de los récords del 2022 cuando se desató la guerra entre Rusia y Ucrania.

Al mismo tiempo, las cotizaciones FOB por la harina de soja cayó 10% desde su pico en mayo, debilitada por la oferta global y la oleada de ventas de futuros en la plaza de Chicago. Como consecuencia, prácticamente el 50% del poder de compra industrial en el mercado argentino está explicado hoy por el precio del aceite.

 

Bajo este escenario, el poder de compra del sector industrial ajustó negativamente un 4,5% en las últimas cuatro semanas, lo que le pone un techo al precio disponible por la soja en el mercado local.

La pizarra sigue promediando AR$ 465.000/t, 2% por delante del promedio de mayo, aunque cotizando a la par si se descuenta el efecto de la inflación.

2. Se calma el panorama internacional y el maíz vuelve a precios pre-Ormuz

La cosecha del maíz tardío y de segunda ya está en marcha en Córdoba, mientras en Buenos Aires los planteos esperan a ser trillados. A nivel nacional y considerando toda la campaña maicera, la cosecha progresa un 58%, en línea con el promedio del último lustro, según informa SAGyP.

El progreso de la trilla del maíz de segunda se concentró principalmente en la Zona Núcleo. Sin embargo, el avance fue limitado debido a un clima húmedo que representa un desafío para llevar adelante las labores, al dificultar la entrada de las maquinarias a los campos e incentivando a postergar la trilla, en busca de levantar granos más secos.

En materia de condiciones, a nivel nacional predomina el estado “bueno”, con el centro de Santa Fe y norte de Buenos Aires mostrando un estado “muy bueno” y regular en unos pocos distritos alejados de la zona más fértil, con excepción del centro-sur de Santa Fe.

La trilla de maíz se desarrolla, asimismo, en un contexto de precios más debilitados que al inicio de la campaña. El nivel de precios futuro de maíz, descontado en su respectiva curva de contratos diferidos en A3, muestra una tendencia bajista tras haber alcanzado un pico relativo a mediados de mayo, y ya está en niveles pre-Ormuz. 

 

La curva de precios futuros brinda un resumen de expectativas para la relación entre oferta y demanda – una curva de futuros en precios mínimos expresa la expectativa de disponibilidades más holgadas en relación con la demanda de lo que se esperaba hace un mes, momento en que la curva de precios futuros de maíz había llegado a máximos en el año.

Desde aquel momento, se descontó en menores precios -una curva más baja- el pronóstico de una oferta que no sería tan decepcionante como se visualizaba en el punto cúlmine de la guerra, cuando el sector enfrentaba precios prohibitivos para los fertilizantes, combustibles caros y un horizonte que auguraba menor oferta de cereales.

Varios fueron los factores que pesaron sobre las cotizaciones y provocaron que la curva ajustara cerca de US$ 10/t en cada posición. En primer lugar, la entrada al mercado de la cosecha tardía de una oferta sudamericana sin precedentes y que gana cada vez más participación en los mercados internacionales. En segunda instancia, un maíz norteamericano que fue sembrado en su totalidad y sorprendió mostrando condiciones mucho mejores que el año pasado, según informó USDA. Por último, el desarme de posiciones de los fondos en Chicago, que recortaron su posición larga en maíz un 95% en solo seis semanas, el equivalente a 44 Mt.

Sin embargo, dos drivers ponen cierto límite a la caída los precios. Por un lado, el área sembrada con maíz sufrió un recorte entre campañas. En la 2026/27 se sembraron 38,57 millones de hectáreas, 3,6% menos que el año pasado, mientras la soja ganó participación en las intenciones de siembra al sumar 4,3% en hectareaje, según cifras de USDA.

Puertas afuera del mercado local, Brasil ya está levantando su safrinha, que es la cosecha con mayor volumen dentro de su campaña de maíz. Allí, la trilla del cereal tardío recién comienza y acumula un avance del 6,7%, mientras la del temprano lleva un 90,4%, cerca de concluir.

Los rindes de la campaña, en lo que al tardío respecta, se presentan dispares según la región: Mato Grosso, Mato Grosso do Sul y Pará muestran productividades elevadas, mientras otros estados exhiben pérdidas por falta o excesos de lluvias.

Siguiendo la tónica de los cereales, el trigo acumula un avance de siembra del 44% a nivel nacional, manteniendo un ritmo relativo elevado y sobrepasando todo registro anterior. En Buenos Aires, las labores se desarrollan con pausa entre semanas debido al clima húmedo y a cierta incertidumbre económica que lleva a los productores a actuar con cautela, afirma la Secretaría de Agricultura.

El predominio de un perfil hídrico adecuado en los suelos juega positivamente para el crecimiento del cereal.

 

 

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Fuente: BCR Informativo Semanal