Dic 11, 2025 | Actualidad, Nutricion vegetal y animal
Foto: Luis Beconi presidente de CIAFA
Desde su fundación, la Cámara ha trabajado para consolidar la nutrición de cultivos y promover el desarrollo y uso responsable de los fitosanitarios como una práctica esencial para los productores agropecuarios.
Buenos Aires, jueves 11 de diciembre (PR/25) .- La Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (CIAFA) celebra sus 35 años de trayectoria, un hito que destaca el trabajo continuo de la Institución para fortalecer la producción agrícola del país y consolidar una industria innovadora, competitiva y comprometida con la sostenibilidad agropecuaria.
Desde su fundación, CIAFA ha acompañado la evolución de los mercados de fertilizantes y fitosanitarios, contribuyendo de manera decisiva a la transformación tecnológica que hoy caracteriza a la agricultura argentina. Su labor permanente junto a los productores, las empresas y los organismos públicos ha permitido construir un sector profesional, moderno y alineado con las mejores prácticas internacionales.

En el mercado de fitosanitarios, la transformación también ha sido notable. De comercializar alrededor de 50 millones de kilogramos en los años 90, la Argentina pasó a estabilizarse en volúmenes que oscilan entre 300 y 400 millones. Este avance ha sido posible gracias a una industria que logró ofrecer productos competitivos y accesibles, permitiendo mejorar la rentabilidad y la productividad de los cultivos en todo el territorio.
A lo largo de estos 35 años, CIAFA ha trabajado estrechamente con Senasa y otros organismos para construir marcos regulatorios modernos y accesibles que acompañen la competitividad del sector. El trabajo con este organismo también permitió modernizar normativas de registro e incorporar nuevas tecnologías, como los bioinsumos, que amplían las herramientas disponibles para los productores. “Contar con regulaciones claras y actualizadas es fundamental para el crecimiento de la industria y para promover las buenas prácticas agrícolas”, afirmó Luis Beconi, presidente de la entidad.
El crecimiento del uso de fertilizantes es un reflejo claro de esta evolución. En la década de 1990, el país utilizaba menos de 500.000 toneladas; hoy supera los 5 millones, mostrando un proceso sostenido de incorporación de tecnología, manejo profesional del suelo y nuevas herramientas para optimizar la producción.
“Entre estas innovaciones se encuentran las mezclas químicas y los biofertilizantes que complementan el uso de fertilizantes puros en la nutrición de los cultivos, que sumado al manejo por ambientes y a la agricultura de precisión contribuyen al cuidado del ambiente y a una agricultura más eficiente”, señaló Manuel Santiago, vicepresidente primero de la Cámara.
Entre los hitos del desarrollo industrial se destaca la instalación de plantas de producción de fertilizantes, como la planta de urea granulada inaugurada en 2001, y dos plantas de superfosfato simple que se construyeron en la década posterior, así como la de producción local de glifosato, 2,4d entre otros, que son avances que diversificaron el abastecimiento y modernizaron la oferta nacional.
En materia de sostenibilidad, CIAFA ha acompañado iniciativas claves. Desde 2005 trabaja junto a Fertilizar AC promoviendo la aplicación eficiente y responsable de los fertilizantes. Mancomunadamente con otras entidades promovió la creación de la Red BPA (Buenas Prácticas Agropecuarias), que hoy cuenta con más de 80 miembros.

Asimismo, la Ley 27.279 sobre envases vacíos de fitosanitarios marcó un antes y un después en el manejo responsable de residuos en el agro, estableciendo un marco obligatorio para su gestión.
En un contexto global desafiante, la Cámara también ha intervenido para asegurar el abastecimiento de insumos esenciales, promoviendo la consideración de los fertilizantes y fitosanitarios como productos prioritarios para el desarrollo del país.
Estos 35 años ponen en valor la labor desarrollada por CIAFA y el compromiso de toda la cadena industrial para fortalecer la producción agrícola del país.
“La celebración de este aniversario no solo reconoce los logros alcanzados, sino que también reafirma nuestra misión de seguir creciendo y adaptándonos a los desafíos que se presenten, asegurando así un futuro próspero para la agricultura argentina”, concluyó Beconi.
Primicias Rurales
Fuente: CIAFA/Paula Vázquez
Dic 10, 2025 | Nutricion vegetal y animal
Por qué puede ser clave para productores que cuidan su campo y no dependen de respuestas inmediatas.
Por Ing Agr Pedro Lobos
Buenos Aires, miercoles10 de diciembre (PR/25) -.- En Argentina, durante muchos años se utilizó roca fosfórica (RF) como enmienda y fuente de fósforo natural. Empresas como Alecy, La Plata Cereal y Bunge la comercializaron con buenos resultados.
Después desapareció del mercado y fue reemplazada casi por completo por fertilizantes solubles como MAP y DAP.
Sin embargo, existe un grupo de productores —los que cuidan su suelo, los que no trabajan pensando sólo en el “rendimiento del año”, los que entienden que el campo es un recurso prestado por las futuras generaciones— para quienes la roca fosfórica sigue siendo una opción lógica y muy interesante.
Esta nota intenta explicar, de forma simple, cuándo y por qué vale la pena volver a mirarla.
1. La roca fosfórica no es un fertilizante inmediato… y eso es una ventaja en sistemas de largo plazo

Los fertilizantes solubles (MAP/DAP) liberan fósforo en el momento y permiten una respuesta rápida del cultivo.
La roca fosfórica, en cambio:
✔ se disuelve lentamente
✔ libera fósforo de manera sostenida
✔ nutre el suelo y no solo a la planta
✔ mejora la estructura
✔ aporta calcio y varios micronutrientes
✔ corrige acidez superficial
✔ se integra bien con materia orgánica y microbios
Para un productor que piensa la fertilidad como una inversión interanual, la RF es muy útil porque:
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no requiere aplicación todos los años,
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permite planes de 3 a 5 años,
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reduce costos a largo plazo.
2. ¿Por qué se dice que necesita suelos ácidos o “reactivos”?
No es que el suelo argentino sea malo o “poco reactivo”.
Es que la roca fosfórica necesita estar en contacto real con la zona más viva del suelo, la rizosfera, para que los microorganismos y los exudados de las raíces puedan solubilizarla.
La rizosfera es la “piel” de la raíz:
El problema histórico fue que:
🔹 la roca que se importaba no siempre era muy reactiva
🔹 muchas partículas quedaban lejos de la rizosfera
🔹 los cultivos extensivos buscaban un efecto inmediato
Pero en un sistema sano, con raíces densas, humedad y materia orgánica, la rizosfera sí puede solubilizar andapatitas menos duras, liberando fósforo a lo largo del tiempo.
3. Para productores que cuidan el suelo, la roca fosfórica es coherente con su filosofía
Un productor que piensa en el suelo como patrimonio, no como un recurso descartable, entiende esto:
✔ Los suelos se empobrecen cuando solo se extrae.
✔ La fertilidad química, física y biológica es un capital que se construye.
✔ La materia orgánica y la vida del suelo mejoran la eficiencia de los fertilizantes.
✔ Las prácticas de largo plazo pagan mejor que las respuestas instantáneas.
La roca fosfórica encaja perfectamente en ese esquema porque:
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libera P lentamente, sin picos
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no quema raíces
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no genera salinidad
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mejora la acidez superficial
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aporta Ca estructural
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fortalece la biología del suelo
Y lo más importante:
cuesta menos por tonelada y dura más tiempo en el perfil.
4. ¿Tiene sentido económico? Para el productor que mira a 3–5 años, sí.
Aunque el MAP y el DAP tienen alta eficiencia inmediata, también:
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son más caros por unidad de fósforo,
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parte queda retenida en el suelo,
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requieren aplicaciones anuales,
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dependen del precio internacional.
La roca fosfórica:
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es más barata por tonelada,
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se aplica cada 3–5 años,
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construye fertilidad de fondo,
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aporta micronutrientes que normalmente no se reponen,
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y deja el suelo mejor para los hijos y nietos.
No es un sustituto total del MAP en todos los casos, pero sí una excelente estrategia complementaria o de base para quienes manejan su campo con visión de futuro.
5. ¿Cuándo puede funcionar muy bien la roca fosfórica?
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Suelos con cierta acidez superficial
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Lotes con buena materia orgánica
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Sistemas mixtos con pasturas
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Suelos que buscan regenerarse
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Productores que ya trabajan con cultivos de servicio
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Esquemas que no están atados al “resultado ya”
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Regiones húmedas o subhúmedas
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Manejos orgánicos o de bajo insumo químico
Conclusión: una herramienta para volver a poner sobre la mesa
La roca fosfórica puede no ser la opción ideal para quien alquila campo año por año y necesita un efecto inmediato.
Pero sí es una herramienta valiosa para quienes piensan en el suelo como un recurso a largo plazo, que debe mantenerse fértil, sano y estructuralmente estable para las próximas generaciones.
No es una solución milagrosa ni reemplaza siempre al MAP o al DAP.
Pero puede complementar, mejorar y abaratar estrategias de fertilización cuando se la usa con criterio.
Si queremos suelos vivos, resilientes y productivos dentro de 20 o 50 años, necesitamos volver a mirar insumos que construyen fertilidad de fondo.
Y la roca fosfórica, bien elegida y bien aplicada, es uno de ellos.
Primicias Rurales
Fuente: IA/ Ing. Agr. Pedro A Lobos
Mail: pedroawolf@hotmail.com
Oct 30, 2025 | Nutricion vegetal y animal
Especialistas advirtieron que los suelos argentinos muestran balances negativos de nutrientes y que la fertilización, junto con un mejor manejo agronómico, pueden contribuir a achicar las brechas de rendimiento en soja.
Buenos Aires, jueves 30 octubre (PR/25) — En una nueva edición del Ciclo de Charlas Online 2025, organizado por la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACOSA) esta vez junto con FERTILIZAR Asociación Civil, se abordó el tema “Nutrición inteligente en soja” con un enfoque integral que combinó diagnóstico, fundamentos agronómicos y nuevas tecnologías de manejo.
El presidente de ACSOJA, Rodolfo Rossi, fue el encargado de abrir la jornada señalando que “la cadena viene marcando hace tiempo la importancia del tema rendimientos: con la genética sola ya no alcanza, y la nutrición se transformó en uno de los factores principales ante la condición actual de nuestros suelos, que tienen balances negativos de nutrientes”.
Rossi remarcó que “muy pocos productores fertilizan la soja, y cuando lo hacen es con dosis bajas respecto de lo que el cultivo necesita”, y agregó que el desafío es más amplio: “Las rotaciones también se ven condicionadas por la disponibilidad de elementos y microelementos. Tenemos la necesidad de cambiar esta situación. Hoy prima el concepto de lucratividad, pero los máximos rindes son los que generan la mayor rentabilidad”.
La gerente ejecutiva de FERTILIZAR AC, Fernanda González Sanjuan, dio paso al panel técnico explicando que el objetivo del ciclo fue “presentar herramientas con evidencia científica”, para respaldar las decisiones de manejo con información validada y resultados concretos.
Brechas, nutrición y calidad
El primer expositor, Guido Di Mauro, investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, presentó los resultados de un trabajo en más de 15.000 lotes de soja de primera en el centro del país durante 13 campañas que analizó las brechas de rendimiento en soja y la influencia de la nutrición sobre el rinde y la calidad del grano.
Ese estudio determinó que el rendimiento promedio de los productores se ubica 28,7% por debajo del rendimiento potencial en secano. “Esa brecha representa la diferencia entre lo que podríamos producir y lo que efectivamente logramos con el manejo actual”, explicó el especialista, quien remarcó que “alrededor de 65% de esa brecha puede atribuirse a factores de manejo”, lo cual abre una gran oportunidad de mejora. Además, “en la región centro de Argentina, la principal zona agrícola, el rango de la brecha va de 15 al 60%. Es mucho lo que nos perdemos de producir”, señaló.
Entre los factores más influyentes, el investigador destacó la fecha de siembra, la rotación de cultivos y la fertilización fosfatada, además de la incidencia de algunos micronutrientes. “En promedio, los lotes sembrados con antecesor maíz mostraron brechas más bajas que los que venían de soja sobre soja”.
A su vez, un relevamiento también reflejó que solo la mitad de los productores fertiliza la soja, y que en la mayoría de los casos las dosis aplicadas son relativamente bajas en comparación con los requerimientos reales del cultivo.
El trabajo también exploró la relación entre fertilización y calidad del grano, un aspecto de interés para la industria de procesamiento. “Observamos que la fertilización con fósforo y azufre incrementó el contenido de proteína del grano hasta en 0,9%”. Y enfatizó “Suena poco, pero mover un 1 % de proteína con manejo es muchísimo. Y lo más interesante es que en más de la mitad de las parcelas evaluadas logramos mejorar simultáneamente rendimiento y proteína”, agregó.
Aunque actualmente el mercado no remunera directamente la proteína, Di Mauro consideró que mejorar la calidad “tiene un impacto industrial relevante” porque la molienda de soja de mayor tenor proteico genera harinas de mayor valor comercial. “Como grupo de investigación evaluamos y desarrollamos prácticas agronómicas que no solo mejoren la producción primaria, sino que también aporten valor a toda la cadena”, resumió.
Los fundamentos de la nutrición en soja: la importancia de las 4R
A su turno, Esteban Ciarlo, coordinador técnico de FERTILIZAR AC y docente de la Facultad de Agronomía de la UBA, profundizó en los fundamentos de la nutrición de soja y el impacto de una correcta reposición de nutrientes sobre la productividad y la sustentabilidad del sistema agrícola.
Ciarlo recordó que la soja es un cultivo con altas extracciones de nutrientes y que, por su protagonismo en la rotación, “contribuyó a acelerar el agotamiento de reservas naturales de fósforo y azufre en buena parte de los suelos agrícolas del país”.
Según datos de FERTILIZAR AC, el balance de nutrientes en los últimos 20 años es negativo en todos los nutrientes, lo que significa que se extrae más de lo que se repone campaña tras campaña.
“El suelo no es un recurso inagotable, y la fertilización no debe verse como un costo, sino como una inversión en estabilidad productiva y eficiencia del sistema”, subrayó.
Para ello, planteó como principio básico aplicar el concepto de las 4R (por Right, correcto en inglés) de la nutrición responsable: Fuente correcta, Dosis correcta, Momento correcto, y Lugar correcto.
“Cuando ajustamos esas cuatro variables, no solo optimizamos la respuesta del cultivo, sino que también reducimos pérdidas y mejoramos la eficiencia en el uso de fertilizantes. Es decir, producimos más, con menor impacto ambiental”, dijo.
Ciarlo repasó el rol de cada nutriente en la soja:
• Fósforo (P), esencial para el desarrollo radicular y la nodulación, con un efecto directo sobre la fijación biológica de nitrógeno.
• Azufre (S), clave para la síntesis de proteínas y la calidad del grano.
• Potasio (K), que mejora la translocación de azúcares y la resistencia al estrés hídrico.
• Micronutrientes como zinc (Zn) y boro (B), que intervienen la síntesis de proteínas y en procesos reproductivos y en la formación de vainas y granos, respectivamente.
“Una nutrición equilibrada no es solo agregar fósforo. Es pensar el sistema completo. Cada nutriente cumple un rol fisiológico distinto, y las respuestas más consistentes se logran cuando se atiende al conjunto”.
Ciarlo mostró resultados de ensayos de la Red de Nutrición de Soja de FERTILIZAR AC, en los que la aplicación balanceada de P y S logró incrementos promedio de 30 a 40% en el rinde frente a los testigos sin fertilizar. “No hay que pensar en grandes dosis, sino en estrategias que garanticen la reposición y acompañen el potencial genético y ambiental de cada lote”.
En ese sentido, insistió en la importancia de la rotación: “El maíz o el trigo, cuando están bien fertilizados, dejan una base nutricional mejor para la soja. Por eso, el enfoque no puede ser cultivo por cultivo, sino integral”. Sin embargo, destacó que, cuando se trata de cultivos de soja de 2da, el remanente de nutrientes disponibles que dejan el trigo y la cebada de alta producción es insuficiente para cubrir el requerimiento del cultivo tardío.
Ciarlo también presentó los avances del Programa SUMÁ P, una iniciativa de FERTILIZAR AC destinada a monitorear los niveles de fósforo disponible en distintas zonas agrícolas del país. Datos recientes confirman un descenso sostenido en los últimos años, con valores de P-Bray por debajo del umbral crítico en amplias áreas del centro y norte argentino.
“Estamos en un momento bisagra. Si seguimos extrayendo más de lo que reponemos, no solo afectamos la productividad de la soja, sino también la sustentabilidad de todo el sistema agrícola”, advirtió Ciarlo.
Finalmente, destacó que el uso de fertilizantes debe ir acompañado de diagnósticos precisos, mediante análisis de suelo y monitoreos periódicos, para ajustar las decisiones en base a evidencia: “No podemos hablar de nutrición inteligente si no tenemos diagnóstico. Medir es el primer paso para mejorar”.
La raíz como cerebro de la planta
El último disertante, el consultor Wenceslao Tejerina, de AgroEstrategias, abordó el tema de la salud del suelo y el desarrollo radicular.
“La raíz es el cerebro de la planta”, afirmó. “De 25 a 50 % de los fotoasimilados producidos por la soja van a las raíces, y hasta 30 % se usa en la simbiosis con el rizobio para fijar nitrógeno”.
Tejerina alertó sobre un problema creciente: la compactación y pérdida de raíces pivotantes, que limita la capacidad de absorción y la eficiencia en el uso de los fertilizantes. En más de 80 % de los lotes analizados, observó raíces poco profundas, con nódulos verdes y baja fijación de nitrógeno.
“La densidad aparente de los suelos supera en muchos casos 1,5 g/cm³, lo que reduce los poros, el oxígeno y la capacidad de almacenaje de agua útil”, advirtió. “El resultado es estrés oxidativo, cierre de estomas y detención del crecimiento”.
El asesor explicó que, en su experiencia, muchas veces se diagnostican deficiencias nutricionales cuando el verdadero problema está en el sistema físico del suelo. “Podemos tener fertilizantes de excelente calidad y una inoculación perfecta, pero si la raíz no puede explorar el perfil, esa inversión se pierde”, señaló. La falta de estructura y aireación, dijo, termina afectando también los balances hormonales de la planta, reduciendo la generación de citoquininas y alterando la floración y el llenado de granos.
Para Tejerina, las tecnologías biológicas -como los extractos de algas, aminoácidos, ácidos húmicos y fúlvicos o bioestimulantes a base de zinc y triptófano- son una herramienta válida dentro de una estrategia más amplia. “Pueden mejorar la arquitectura radicular, aumentar la masa nodular y ayudar a la planta a sobrellevar el estrés. Pero no son una receta mágica -apuntó-: si no corregimos la compactación y recuperamos la vida del suelo, el potencial sigue limitado”.
En ensayos más recientes, realizados desde el norte argentino hasta La Pampa, se observó una mejora en la turgencia y la fotosíntesis cuando se combinaron tratamientos biológicos con un manejo físico más cuidadoso -labores livianas, rotaciones con gramíneas y cobertura permanente-. “El suelo es el verdadero sistema de soporte; la raíz traduce esa condición en productividad”, concluyó.
Al finalizar las charlas, hubo un bloque dedicado al intercambio, preguntas y debate, convirtiéndose en un espacio ideal para enriquecer conocimientos sobre la nutrición de la soja y su rol clave en una cosecha superior de este cultivo.
Primicias Rurales
Fuente: Fertilizar AC