Jul 25, 2026 | Actualidad, Ganadería, Opiniones
Más allá de la promoción del asado y las ferias internacionales, la inteligencia de mercado, los datos técnicos y las certificaciones de sustentabilidad convierten al Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina en un engranaje clave para generar divisas, valor y credibilidad en el exterior.
Por el Ing. Agr. Pedro A Lobos,
Director de Primicias Rurales

Buenos Aires, sábado 25 de julio (PR/26 — Cuando se habla del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), la imagen inmediata suele ser la de un stand imponente en alguna feria de Shanghái o París, con cocineros sirviendo cortes premium a compradores extranjeros. Sin embargo, reducir su función a la mera propaganda es quedarse sólo con la superficie.
En un mundo agroalimentario cada vez más hipertecnificado y exigente con las normas ambientales, el verdadero valor del IPCVA radica en su capacidad para generar valor económico directo e indirecto. A través de un modelo de gestión inteligente, el organismo no solo defiende la marca de la carne argentina, sino que monetiza conocimientos y certificaciones que terminan beneficiando a toda la cadena productiva.
1. Inteligencia de mercado: los datos como activo estratégico
Hoy en día, la información vale tanto o más que el producto físico. El IPCVA no sólo recopila estadísticas; procesa y transforma toneladas de métricas en herramientas de analítica predictiva, estudios de consumo global y reportes técnicos de alta precisión.
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Monetización directa: Estos insumos de alto valor no son un regalo: se comercializan a brokers cárnicos, entidades bancarias, fondos de inversión e importadores internacionales que necesitan previsibilidad antes de mover millones de dólares.
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Impacto indirecto: Que existan datos confiables reduce el riesgo financiero de la actividad, facilita el crédito para los productores y permite negociar mejores precios de exportación para el país.
2. Certificaciones con sello verde: transformar exigencias en ingresos

Las regulaciones internacionales sobre huella de carbono, libre de deforestación y trazabilidad extendida ya no son opcionales: son el «peaje» para entrar a los mercados de mayor poder adquisitivo (como la Unión Europea).
El Instituto ha sabido liderar este cambio de paradigma arancelando y estructurando sus propios sellos de calidad, neutralidad de carbono y trazabilidad.
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El beneficio amplio: De este modo, la carne argentina deja de competir únicamente por precio como un commodity genérico y pasa a venderse como un producto gourmet, sustentable y diferenciado, blindando al país contra bloqueos comerciales ambientales.
3. Alianzas globales y sponsorship: financiamiento inteligente
Estar presente en eventos de calibre mundial como Anuga (Alemania) o SIAL (Francia o China) requiere inversiones millonarias. Para optimizar esos recursos, el IPCVA despliega un modelo de alianzas corporativas donde la marca «Carne Argentina» actúa como un imán para otras industrias.

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Sponsorship estratégico: Empresas internacionales de la cadena agroquímica, biotecnología, nutrición animal, AgTech y maquinaria de última generación pagan por espacios publicitarios y patrocinios dentro de la plataforma comunicacional del Instituto.

En síntesis
El IPCVA opera como un catalizador económico: transforma requisitos técnicos complejos en ingresos tangibles, protege el prestigio de nuestras exportaciones y garantiza que la carne argentina siga ocupando los platos más exigentes del planeta sin costarle un sólo peso al presupuesto del Estado.
Primicias Rurales
Jul 22, 2026 | Ganadería, Opiniones, Salud
La prevención sanitaria es una de las inversiones más rentables de la producción ganadera. Anticiparse a las enfermedades protege la productividad, mejora la rentabilidad y fortalece el acceso a mercados cada vez más exigentes.
Buenos Aires miércoles 22 julio (PR/26)–En la ganadería moderna, esperar a que aparezcan los problemas sanitarios suele resultar mucho más costoso que prevenirlos.
Las enfermedades afectan la productividad, elevan los costos y generan pérdidas que muchas veces no son visibles hasta el cierre del ejercicio.

Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH), las enfermedades animales ocasionan más del 20% de las pérdidas de la producción animal mundial, lo que demuestra el enorme impacto económico de la sanidad.
Mucho más que el costo de un tratamiento
Un brote compromete la eficiencia reproductiva, la ganancia de peso, la conversión alimenticia, la organización del establecimiento y hasta la posibilidad de acceder a mercados.

El tiempo perdido entre la aparición del problema y su diagnóstico es un recurso imposible de recuperar y multiplica las consecuencias económicas.
Planificación sanitaria
Diseñar programas sanitarios junto con el médico veterinario permite reducir riesgos, proteger inversiones y aportar previsibilidad.
La sanidad sostiene el potencial de la genética, la nutrición, la infraestructura y el manejo, permitiendo que todo el sistema exprese su máximo rendimiento.
Mercados y competitividad
La trazabilidad, el bienestar animal, la inocuidad y la sostenibilidad son hoy requisitos comerciales.
Un buen estatus sanitario fortalece la confianza de compradores y consumidores, mejora la reputación de la cadena y facilita nuevas oportunidades de exportación.
Una Sola Salud
CDV impulsa el concepto One Health, que integra la salud animal, humana y ambiental.

La prevención también contribuye al uso responsable de recursos y medicamentos, favoreciendo sistemas productivos más sostenibles.
La lección de la aftosa
La historia argentina ofrece un ejemplo contundente. El brote de fiebre aftosa de 2001 provocó pérdidas millonarias, restricciones comerciales y años de trabajo para recuperar la confianza internacional.

Ese antecedente demuestra que la prevención siempre resulta más económica que afrontar una crisis sanitaria.
Mirar hacia adelante
En un escenario marcado por el cambio climático, la mayor movilidad animal y nuevos desafíos epidemiológicos, anticiparse dejó de ser una ventaja para convertirse en una necesidad.
Invertir en prevención significa construir una ganadería más eficiente, resiliente y preparada para el futuro.
Primicias Rurales
Fuente: Fernando Matticoli, Director Comercial de CDV
Jul 21, 2026 | Actualidad, Opiniones
La final se perdió. El ejemplo permanece. En esta carta dirigida a la Selección Argentina, el autor encuentra en el recorrido de este equipo una lección sobre resiliencia, liderazgo y la capacidad de inspirar incluso en la derrota.
A toda la Selección Argentina:
Quiero decirles simplemente gracias. 
Gracias por haber llevado la camiseta argentina con un honor que excede cualquier resultado deportivo. Durante estos años, bajo el liderazgo de Lionel Scaloni, nos recordaron que un equipo puede ganar títulos, pero solo deja una huella profunda cuando vive de acuerdo con valores.
Ustedes hicieron de la resiliencia una forma de caminar, del coraje una actitud frente a la adversidad, de la humildad una marca de identidad y del espíritu de equipo una demostración de que nadie llega lejos solo.
Hace cinco años recibí el diagnóstico de ELA. Desde entonces aprendí que las batallas más importantes no siempre se ganan. Algunas simplemente se libran con dignidad. Descubrí que el verdadero liderazgo no consiste en evitar el sufrimiento, sino en elegir quién queremos ser mientras lo atravesamos.
Eso es lo que ustedes le regalaron a la Argentina durante este ciclo.
En mi próximo libro, Liderazgo Espiritual, sostengo que un líder no es quien acumula poder, sino quien despierta lo mejor de los demás. Y eso fue exactamente lo que hicieron. Millones de argentinos volvimos a creer que el esfuerzo compartido vale la pena, que el talento necesita del servicio y que la grandeza nunca puede sostenerse sin humildad.
Quiero dedicarle unas palabras a Lionel Messi.

Leo, durante muchos años el mundo habló de tus goles. Yo creo que tu mayor obra fue otra.
Elegiste responder a la crítica con silencio, a la frustración con perseverancia y al éxito con una humildad que conmovió incluso a quienes no aman el fútbol. Nos enseñaste que la serenidad también es una forma de coraje y que un líder no necesita imponerse cuando su ejemplo habla todos los días.
Hiciste mejor a quienes te rodeaban y esa es, quizás, la definición más hermosa del liderazgo.
Sé que estas horas pueden estar llenas de tristeza. Es lógico. Cuando uno entrega el alma, una final perdida duele. Pero el tiempo tiene una virtud extraordinaria: pone cada cosa en su verdadera dimensión.
Dentro de algunos años, cuando miren hacia atrás, descubrirán que el legado más importante que dejaron no fue una copa más o una menos. Será haber inspirado a millones de chicos y chicas que hoy vuelven a soñar. Chicos que aprendieron que el talento sin trabajo no alcanza, que el éxito sin humildad es vacío y que caer nunca es el final cuando existe un equipo dispuesto a volver a levantarse.
Los pueblos también necesitan ejemplos. En tiempos donde tantas veces se premia el individualismo, el agravio y la búsqueda del beneficio personal, ustedes eligieron otro camino. Eligieron confiar unos en otros, compartir el protagonismo, celebrar al compañero y poner siempre a la Argentina por delante de cada nombre propio.
Ese ejemplo vale mucho más que cualquier trofeo.
Gracias por haber defendido a nuestro país con el corazón. Gracias por recordarnos que el verdadero triunfo no siempre se mide en un marcador, sino en la capacidad de despertar esperanza en los demás.
Y de esperanza, créanme, sé un poco.
Primicias Rurales Buenos Aires, martes 21 de julio 2026
Fuente: Esteban Bullrich – Facebook
Esta carta la escribió el lunes 20 de julio 2026 y la publicó a las 22 horas en su página de facebook
Esteban Bullrich es un político argentino y exsenador nacional. Nació en Buenos Aires en 1969. Es Licenciado en Sistemas (Universidad CAECE) y tiene un Máster en Administración de Empresas (Kellogg School of Management, EE.UU.).
Trayectoria política:
- 2005 – 2009: Diputado Nacional por la Provincia de Buenos Aires.
- 2007 – 2008: Ministro de Desarrollo Social de la Ciudad de Buenos Aires.
- 2010 – 2015: Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.
- 2015 – 2017: Ministro de Educación de la Nación durante el gobierno de Mauricio Macri.
- 2017 – 2021: Senador Nacional por la Provincia de Buenos Aires.
Actualidad:
En 2021, Bullrich renunció a su banca en el Senado debido al diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Desde entonces, se dedica a promover la investigación y ayudar a pacientes con esta enfermedad a través de su propia fundación.
Jul 20, 2026 | Actualidad, Especial, Opiniones
Los dirigidos por Lionel Scaloni hicieron un gran Mundial, pero pagaron el desgaste físico y emocional de la semifinal ante Inglaterra. España fue justo campeón y Argentina jugó su partido más flojo en el peor momento.
Por Juan Manuel Tucci
Periodista. Redactor de la Agencia Noticias Argentinas, relator de fútbol y columnista de Deportes en Radio Rivadavia.
Buenos Aires, lunes 20 julio (PR/26) — Argentina no perdió solamente una final. Perdió, de antemano, la posibilidad de jugarla con la plenitud con la que había construido su camino hasta el último día del Mundial.
Argentina luchó lo último, pero cayó ante España en la final del Mundial 2026
La derrota ante España dejó una imagen incómoda, difícil de digerir: la de un equipo que había competido como campeón durante muchos tramos del torneo, pero que en el partido decisivo no logró parecerse a sí mismo.
La explicación no puede apoyarse en una sola causa. España fue un justo campeón, tuvo más juego, más frescura, más gobierno emocional de la tarde y una lectura más clara de los momentos. Pero también hubo algo evidente en la Selección argentina: el equipo llegó a la final con señales de desgaste físico y mental después de una semifinal ante Inglaterra que, por contexto, desarrollo e intensidad, tuvo una carga muy superior a la de un partido más.
La Argentina-Inglaterra no fue una semifinal cualquiera. Fue uno de esos partidos que se juegan en la cancha, pero también en la psiquis. La Selección tuvo que correr, resistir, discutir, sufrir y reaccionar. Tuvo que jugar contra un rival poderoso y contra todo lo que rodea a ese rival cuando enfrente está la camiseta argentina. Ganó con fútbol, con carácter y con una entrega enorme. Pero probablemente dejó allí una parte decisiva de su energía.
La tristeza de los jugadores argentinos tras perder la final.
En la final, esa factura apareció demasiado temprano. Argentina no tuvo la presión coordinada de otras noches, perdió duelos en zonas sensibles y le costó sostener ataques largos. Cada recuperación parecía demandarle un esfuerzo enorme y cada pérdida la obligaba a correr hacia atrás con una pesadez poco habitual.
No fue sólo una cuestión de piernas: fue también una cuestión de lucidez. El cansancio, en estos partidos, se nota tanto en el pique que no sale como en el pase que se demora medio segundo.
España entendió mejor ese escenario. No necesitó atropellar a Argentina para dominarla. Le alcanzó con mover la pelota, estirar el campo, obligarla a perseguir y esperar a que el partido se fuera inclinando hacia su propio ritmo. Los dirigidos por Lionel Scaloni, tantas veces capaces de imponer el pulso emocional de los grandes encuentros, esta vez quedaron demasiado tiempo a merced de lo que propuso el rival.
La AFA confirmó que parte de la Selección “partirá directamente desde los Estados Unidos hacia distintos destinos”
Lo más llamativo fue que Argentina no encontró una forma de incomodar de verdad. No pudo hacer pie en la mitad de la cancha, no logró activar sociedades cerca del área y tampoco consiguió que Messi recibiera con continuidad en lugares decisivos. El equipo quedó largo por momentos, partido en otros y sin esa agresividad competitiva que había sido una marca registrada del ciclo. No faltó voluntad, pero sí faltó respuesta futbolística.
Ahí aparece el punto más doloroso de la final. Perder puede pasar. Incluso los grandes equipos pierden finales.
Lo que cuesta aceptar es la sensación de que Argentina no llegó a discutirla desde su verdadera dimensión.
No fue una Selección superada después de haber vaciado todos sus recursos en el partido decisivo, sino un equipo que pareció llegar a ese partido con buena parte de sus recursos ya consumidos.
De todos modos, sería injusto convertir esa mala noche en una sentencia contra todo el Mundial. Argentina hizo una Copa enorme. Llegó otra vez a una final del mundo, defendió la corona con autoridad, eliminó rivales pesados y volvió a demostrar que este ciclo no fue un accidente glorioso, sino una era. El último partido fue flojo, sí. Probablemente el más flojo del ciclo en el peor momento posible. Pero no puede borrar el recorrido.

Scaloni hasta las lágrimas: el DT argentino puso en duda su continuidad tras la derrota ante España
La Selección de Scaloni volvió a competir hasta el final. Volvió a tener jerarquía, oficio y carácter. Volvió a poner a Argentina en el lugar donde este grupo se acostumbró a vivir: entre los mejores. Por eso la crítica a la final debe ser firme, pero no ingrata. El equipo jugó mal cuando no podía jugar mal. Llegó sin piernas cuando más necesitaba volar. Pero llegó. Y llegar a otra final del mundo también forma parte de la grandeza de este proceso.
La paradoja es que Argentina tal vez jugó su final antes de la final. La jugó contra Inglaterra, la ganó con el alma y la pagó contra España. Esa lectura no absuelve la actuación de ayer, pero ayuda a entenderla. El equipo no se cayó por falta de historia, de personalidad ni de peso competitivo. Se quedó sin combustible en la noche en la que necesitaba encender todo.
España fue campeón porque jugó mejor la final. Argentina fue subcampeón después de hacer un gran Mundial. Las dos cosas pueden convivir sin contradicción. La derrota duele por la forma, no solo por el resultado. Duele porque la Selección no pudo mostrar su grandeza cuando más falta hacía. Pero también obliga a separar la foto del cierre de la película completa.

Fue el peor partido del mejor ciclo de la historia de la Selección. Una frase que suena dura, pero es justa. Porque no desconoce lo construido ni disfraza lo ocurrido. Argentina se fue del Mundial con tristeza, con bronca y con una final que dejó gusto a poco. Pero también se fue con la certeza de haber vuelto a competir como lo hacen los equipos grandes: hasta el último día.
Fuente: Agencia NA.
Primicias Rurales
Jul 18, 2026 | Actualidad, Malvinas, Opiniones, Política
Tras la polémica bandera en el Mundial 2026, el columnista inglés Simon Jenkins desafió la postura británica instando a retomar el diálogo. Downing Street ratificó la soberanía sobre las islas y elevó un pedido de investigación ante la FIFA, mientras la ONU reitera su llamado a negociaciones bilaterales a lo que Inglaterra se niega. Lea el artículo completo traducido.
Buenos Aires, sábado 18 julio (PR/26>) — El reconocido periodista inglés Simon Jenkins, columnista del diario The Guardian y de la BBC, publicó un editorial afirmando que las Islas Malvinas «no pueden seguir siendo británicas para siempre».
El artículo fue inspirado por la famosa bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» desplegada por los jugadores de la selección argentina tras vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial y que cayó de la tribuna en manos de integrantes de la selección albiceleste que la desplegó.
El Gobierno británico rechazó el festejo de la Selección Argentina tras el Mundial 2026, calificando de «inapropiado» el uso de una bandera con la consigna de las Islas Malvinas.
Londres ratificó la soberanía británica sobre el territorio, exigió una investigación de la FIFA y no descartó sanciones para los jugadores involucrados.
La bandera cayó de la tribuna en el festejo de la selección argentina por haber vencido 3 a 2 a Inglaterra
Mientras que el artículo inglés generó fuerte repercusión por varios puntos centrales del análisis de Jenkins:
- Sentido común geográfico: Jenkins argumentó que tarde o temprano estas colonias se integrarán a sus continentes geográficos.
- Costos de defensa: Criticó el gasto de más de £60 millones al año que los contribuyentes británicos destinan a mantener la presencia militar en el archipiélago.
- Reapertura de negociaciones: Cuestionó la decisión del Reino Unido de congelar el diálogo durante más de 40 años e instó a que se retomen las negociaciones diplomáticas, citando como antecedente el acuerdo histórico sobre Gibraltar.
- El referéndum de 2013: Relativizó el plebiscito de los isleños «kelpers» al entender que no justifica frenar indefinidamente el debate de soberanía.

El Gobierno británico, a través de una portavoz oficial de Downing Street, ignoró deliberadamente el debate interno propuesto por la columna de opinión de Simon Jenkins en The Guardian.
En su lugar, el Ejecutivo liderado por el primer ministro Keir Starmer utilizó la conferencia de prensa con periodistas parlamentarios para contrarrestar el impacto del editorial con una respuesta tajante y directa.
La postura oficial de Londres frente a los argumentos del periódico se resume en los siguientes puntos:
- Ratificación del statu quo: La portavoz del primer ministro enfatizó que la posición del Reino Unido sobre el archipiélago «no ha cambiado» y que el reclamo territorial argentino carece de validez ante sus ojos.
- Uso de la ironía deportiva: En respuesta directa a la vinculación que el editorial hizo con los festejos del partido, la vocería oficial lanzó una frase de alto impacto técnico y político replicada por el medio británico Sky News: “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas Malvinas sin duda lo son”.
- Defensa de la autodeterminación: El Gobierno británico desestimó la sugerencia de Jenkins de que las islas inevitablemente se integrarán al continente. Subrayaron que el compromiso de Londres para con los habitantes del archipiélago es «inquebrantable» y que la autodeterminación corresponde exclusivamente a los isleños, validando el referéndum de 2013 que el editorialista había relativizado.
- Acción institucional frente a la bandera: En lugar de abrir una mesa de diálogo diplomático como sugería The Guardian, el Gobierno del Reino Unido —con el respaldo del secretario de Comercio, Peter Kyle— prefirió elevar un pedido formal de investigación de oficio ante la FIFA. Esto se fundamentó en que la exhibición de la bandera infringió las normas globales que prohíben estrictamente el uso de consignas políticas dentro del campo de juego
La vía del diálogo

La postura oficial del Comité Especial de Descolonización de la ONU (C-24) dictamina de manera unánime que la única vía para resolver el conflicto de las Islas Malvinas es la reanudación de las negociaciones bilaterales entre la República Argentina y el Reino Unido.
En su sesión de junio de 2026 realizada en Nueva York, el organismo internacional adoptó una nueva resolución por consenso reafirmando los siguientes ejes centrales:
- Estatus de soberanía en disputa: El Comité encuadra el archipiélago bajo la categoría colonial especial de «Territorio No Autónomo». Ratifica que existe una disputa territorial abierta que no puede ser cancelada unilateralmente por el Reino Unido.
- Llamado al diálogo pacífico: Exige formalmente a ambos países retomar las conversaciones diplomáticas para alcanzar una solución pacífica y definitiva. Dicha postura sostiene el mandato histórico planteado originalmente en la Resolución 2065 de la Asamblea General.
- Preocupación en el Atlántico Sur: El Comité manifestó su inquietud ante los reclamos expuestos por la delegación argentina, liderada por el canciller Pablo Quirno, respecto a la «militarización» de la zona y la explotación unilateral de recursos naturales (hidrocarburos y pesca) en aguas en litigio.
- Mediación internacional: Solicitó explícitamente al Secretario General de las Naciones Unidas ejercer su misión de buenos oficios para interceder y lograr que Londres acepte sentarse a la mesa de diálogo.
- Falta de poder coercitivo: Aunque la resolución cuenta con el copatrocinio y firme respaldo de toda Latinoamérica, analistas y medios especializados aclaran que el pronunciamiento de la ONU no obliga jurídicamente al Gobierno británico a negociar, sirviendo principalmente como una contundente herramienta de presión diplomática internacional.
El artículo completo:
¿«Las Malvinas son argentinas»? No exactamente, pero las Falklands no pueden seguir siendo británicas para siempre
Simon Jenkins
La enemistad entre Londres y Buenos Aires se ha prolongado demasiado; tarde o temprano, prevalecerán las mentes sensatas.
Esta semana, Gran Bretaña y España acordaron demoler la frontera que divide Gibraltar de la península ibérica. Fue una buena noticia. Décadas de negociación llegaron a un feliz compromiso. Lamentablemente, el acuerdo no se celebrará este domingo en la final de la Copa del Mundo entre España e Inglaterra. Pero, ¿es demasiado esperar que una negociación similar pueda surgir de la semifinal de anoche, una derrota aplastante de Inglaterra a manos de Argentina, tras la cual el asunto Malvinas-Falklands levantó su cansada cabeza en forma de una pancarta en el campo? ¿Acaso no puede resultar nada bueno del generoso abrazo entre Lionel Messi y Harry Kane?
Ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene un derecho eterno a permanecer como está, y mucho menos uno que cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras al año en gastos de defensa.
En el caso de las Falklands, su estatus como territorio de ultramar ha sido defendido ferozmente por sucesivos gobiernos, en gran medida como el precio de la victoria en la guerra de las Malvinas de 1982. En verdad, sospecho que esto tiene mucho que ver con el hecho de que los isleños, a diferencia de los habitantes abandonados de Hong Kong o Diego García, eran británicos blancos. La guerra también rescató al gobierno de Margaret Thatcher de la impopularidad y cubrió de gloria a la entonces primera ministra, a diferencia de posteriores aventuras militares.
Lo que se olvida es que, antes de la guerra, los gobiernos británicos estaban negociando realmente una transferencia de la soberanía de las islas con los argentinos. Esto siguió a un acuerdo de comunicaciones de 1971 alcanzado con Buenos Aires por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Permitió a los isleños comerciar y viajar con el territorio continental adyacente, utilizando sus hospitales, tiendas y otras instalaciones. Incluso tenían becas en escuelas locales. Cientos de argentinos solían visitar la capital de las Falklands, Puerto Stanley, como turistas. Los isleños estaban ganando gradualmente relaciones sensatas con sus vecinos costeros, de las cuales se esperaba que surgiera un acuerdo futuro.
En aquella época, las Naciones Unidas alentaban a las antiguas potencias coloniales de Europa a deshacerse de los restos del imperio, incluidos los franceses, portugueses y españoles. En el caso de Gran Bretaña, estos incluían Hong Kong, Diego García, las Falklands y, se esperaba, Gibraltar. El problema no era el derecho histórico —un argumento eterno— sino el sentido común geográfico.
Para Gran Bretaña, era ridículo que un Estado europeo financiara una gran armada para defender tierras distantes y en disputa. Desesperado por ahorrar dinero, el gobierno ya se estaba retirando del Atlántico Sur. Las Falklands estaban expuestas y sin defensa.
Un ministro laborista del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ted Rowlands, visitó debidamente las islas a finales de la década de 1970 y discutió la ampliación del acuerdo de comunicaciones a un acuerdo de arrendamiento posterior (leaseback), en el que Argentina tendría la soberanía, mientras que el control gubernamental permanecería en manos británicas.
En 1977, una opinión era que él los había convencido con garantías de autonomía continua y una garantía de seguridad bajo los auspicios de la ONU. El gobierno de Thatcher de 1979 heredó la propuesta de Rowlands. Aunque el nuevo ministro, Nicholas Ridley, carecía del poder de persuasión de Rowlands, fue autorizado por Thatcher para seguir adelante con ella.
Fue flagrantemente indignante que el ejército argentino invadiera las Falklands en 1982, cuando sus ministros estaban negociando con los británicos en Nueva York. El resultado inevitablemente hizo colapsar las conversaciones. Pero tal fue su plausibilidad que los esfuerzos tanto de Estados Unidos como de Perú continuaron buscando un acuerdo antes de que la fuerza de tarea británica en el Atlántico Sur realmente desembarcara. Aunque Argentina podría haber aceptado entonces, Gran Bretaña ya no estaba interesada. Tal era la lógica de la guerra, que una vez iniciada requería una «victoria». Un acuerdo podría haber salvado cientos de vidas y miles de millones de libras.
Lo que la guerra de 1982 no requirió fue la congelación total por parte de Gran Bretaña de cualquier discusión futura sobre la soberanía de las islas durante más de 40 años. El referéndum de las Falklands de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 votantes eligió respaldar el statu quo, se cita como el fin de la discusión.
La realidad es que estas colonias tarde o temprano se convertirán inevitablemente en parte de sus continentes. No pueden ser protegidas indefinidamente por un patrón europeo, y los reclamos de Argentina no van a desaparecer. Sin la guerra de 1982, las Falklands podrían haber hecho las paces con su vecino, Argentina, con suerte bajo algún tipo de autonomía mandatada por la ONU.
Tal como están las cosas, las Falklands deben continuar su existencia congeladas como una fortaleza militar aislada en el otro extremo del mundo respecto a su generoso protector, Gran Bretaña. Pero tarde o temprano, un gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de comenzar las negociaciones nuevamente.
Mientras tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa simplemente patean la lata por el camino. Sería gratificante si la pancarta de Malvinas-Falklands ondeada en un partido de fútbol en Estados Unidos pudiera sacudir a alguien para que actúe. De alguna manera, lo dudo.
Primicias Rurales/IA/The Guardian

Yo viajé en 1979 a Puerto Argentino y conviví una semana con los isleños sumamente amables y tuve contacto con los royal marines apostados en las Islas y a mi regreso escribí para el ya desaparecido diario cordobés Los Principios, que como se entiende en la nota de Jenkins que entre los isleños y los habitantes del continente se estaban tejiendo lazos visibles e invisibles que nos comenzaban a unir.
Todo terminó con la guerra en 1982. Pero la causa no está perdida. La entrega de nuestros héroes valdrá para su recuperación.
Matilde Fierro. Editora de Primicias Rurales
Jul 18, 2026 | Opiniones, Política
Con la llegada del nuevo Jefe de Gabinete se abre una etapa distinta del programa económico. Ya no alcanza con ordenar las cuentas: ahora la clave pasa por sumar a los gobernadores a una agenda de reformas que el Gobierno no puede resolver solo.
Por Osvaldo Giordano 
Buenos Aires sábado 18 julio (PR/26)–Los cambios de gabinete suelen ser simples movimientos de piezas, sin demasiado peso en el rumbo de un gobierno. Esta vez podría ser distinto. Con el nuevo Jefe de Gabinete, se abre una chance concreta: involucrar mucho más de cerca a los gobiernos provinciales en las reformas que todavía faltan.
Una primera etapa que ya dio resultados
Al arrancar la gestión de Milei, la prioridad fue evitar que la economía terminara en una nueva crisis y recuperar algo de previsibilidad. Y en ese frente, los números acompañan.

El equilibrio fiscal marca un cambio de régimen. La inflación sigue bajando, el riesgo país mantiene una tendencia favorable y las reservas internacionales crecen.
A eso se suma un sector externo que funciona bien y una desregulación que, aunque incompleta, sigue avanzando paso a paso.
El empleo, la asignatura pendiente
Con la inflación cediendo, el problema que queda expuesto es otro: el funcionamiento del mercado de trabajo. El empleo de calidad lleva más de una década estancado.
A esto se suma la caída del empleo privado formal, que golpea incluso a sectores dinámicos como la producción de hidrocarburos, en medio de una reconversión productiva muy despareja entre rubros.

El punto es que sin una mejora visible en el trabajo, va a ser difícil sostener el respaldo social que necesita el programa de reformas. La estabilidad es valorada, pero no alcanza sola.
Por qué las provincias son la clave ahora
Sobre el diagnóstico hay bastante consenso. La discusión real ya no pasa por qué hacer, sino por cuándo y cómo construir las condiciones políticas para hacerlo.
Y ahí aparece un punto clave: buena parte de las reformas importantes necesitan coordinación entre Nación y provincias. En algunos casos ayuda; en otros, es directamente imprescindible.
Impuestos: la clave no es bajar, es cambiar
El caso más claro es la reforma tributaria. Los impuestos distorsivos son, para muchas empresas, uno de los principales obstáculos para sostener empleo o abrir nuevos proyectos.
Hoy la idea dominante es que bajar impuestos depende del ritmo del ajuste del gasto. Es prudente para cuidar el equilibrio fiscal, pero muy lento: las empresas tendrían que esperar más de una década para sacarse de encima ese lastre.

El problema mayor es Ingresos Brutos, pero ningún gobernador puede resignar esa fuente de recaudación de un día para el otro. Plantear su eliminación lisa y llana es, en los hechos, poco realista.
Convocar a los gobernadores con esa propuesta no seduce a nadie, y el riesgo de acordar algo que después no se cumpla es alto. El Consenso Fiscal de 2017 fracasó más por eso que por falta de voluntad política.
Hay una alternativa más atractiva: no discutir si bajar o no bajar impuestos, sino cómo reemplazar malos impuestos por mejores impuestos, cuidando el equilibrio fiscal.

En el caso puntual del impuesto a las ventas, se trataría de rediseñar el IVA junto a los gobernadores para compensar lo que se deje de recaudar por Ingresos Brutos. La experiencia de Brasil muestra que es un camino complejo, pero con más chances de éxito que repetir el fracaso de 2017.
Gasto público, jubilaciones y la nueva ley laboral
Algo parecido pasa con el gasto público: buena parte de la ineficiencia viene del solapamiento de funciones entre Nación, provincias y municipios, que genera burocracia y diluye responsabilidades.
Ordenar entre todos los niveles de gobierno quién hace qué permitiría bajar gastos innecesarios y, de paso, mejorar el control ciudadano y la calidad de los servicios.

La reforma previsional también gana viabilidad con el aval de las provincias, ya que el gasto en jubilaciones es el componente más pesado del presupuesto tanto nacional como provincial.
Y hasta la recién aprobada ley de modernización laboral necesita a las provincias para cumplir uno de sus objetivos centrales: bajar la litigiosidad. Casi la mitad de los juicios laborales nacen de reclamos por accidentes y enfermedades profesionales, algo que depende de la calidad de las pericias médicas, una responsabilidad exclusivamente provincial.
Que las provincias entren a jugar
La conclusión es siempre la misma: esta segunda etapa del programa económico va a depender mucho menos de decisiones unilaterales y mucho más de la capacidad del Gobierno para construir consensos federales.
Vista así, la llegada del nuevo Jefe de Gabinete no solo destraba una gestión que venía empantanada por los cuestionamientos a su antecesor. Llega justo cuando el programa económico más necesita del diálogo con las provincias.
La numerosa presencia de gobernadores en la asunción fue una señal política fuerte: más allá de las diferencias partidarias, dejó abierta la puerta a un diálogo clave para destrabar las reformas pendientes.
A mitad de camino, el desafío cambió de naturaleza. Ya se logró estabilizar la economía y despejar riesgos que parecían inminentes.
Sumarle a la estabilidad un crecimiento sostenido y la creación masiva de empleo de calidad no va a pasar solo. Para eso, faltan reformas que solo se pueden completar con el acuerdo de las provincias.
Primicias Rurales
Fuente: novedadeseconomicas.ieral