Mar 23, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Opiniones
Con fuerte ingreso de camiones al Gran Rosario, los productores aceleran ventas directas mientras la exportación muestra cautela y márgenes positivos.
Buenos Aires, lunes 23 marzo (PR/26) — En pleno avance de la cosecha de maíz, cada eslabón de la cadena comercial ajusta su estrategia en función del contexto de precios, logística y expectativas. El analista Pablo Adreani dijo a La Nación que una gran cantidad de camiones comenzó a llegar a los puertos cerealeros del Gran Rosario.
Llegan principalmente a Timbúes, Villa la Ribera y Puerto San Martín—, lo que derivó en importantes congestionamientos y colas de hasta dos kilómetros en los accesos.

Como precisó Adreani, este fuerte ingreso de mercadería durante marzo confirma una tendencia clara: los productores están optando por vender el maíz disponible directamente desde el campo al puerto, evitando demoras y capturando valores del mercado físico.
Esta dinámica se ve favorecida por las buenas condiciones climáticas, que permiten avanzar con la cosecha, aunque todavía con cierto retraso en términos relativos.
De acuerdo con datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, al 11 de marzo la trilla alcanzaba apenas el 10% del área, aunque con rindes que se ubican dentro de parámetros satisfactorios.
En el centro-norte de Santa Fe y la zona núcleo norte, los rendimientos del maíz promedian entre 72 y 97 quintales por hectárea, mientras que en el centro-este de Entre Ríos y el centro-norte de Córdoba se ubican entre 66 y 70 quintales. Con este escenario productivo, la entidad mantiene su proyección de alcanzar 57 millones de toneladas.
El consultor señaló que las ventas semanales de los productores evidencian un ritmo sostenido, aunque en leve desaceleración: 1,1 millones de toneladas en la primera semana de marzo, 900.000 en la segunda y unas 800.000 estimadas para la tercera.
En total, las operaciones acumuladas ascienden a 18 millones de toneladas, según datos oficiales al 11 de marzo.

Como explicó Adreani, de ese volumen total, 10,5 millones de toneladas corresponden a ventas con precio ya fijado, mientras que 7,5 millones fueron comercializadas a fijar. Dentro de este último grupo, solo una pequeña porción —unas 630.000 toneladas— ya tiene precio definido, quedando aún un volumen significativo pendiente de fijación, lo que introduce un elemento de incertidumbre hacia adelante.
En este contexto, detalló el consultor, la exportación muestra una posición neta comprada de 4,7 millones de toneladas —resultado de compras por encima de las ventas externas declaradas—, situación que contribuye a descomprimir tensiones en el mercado. A esto se suma un carry-over estimado en 1,5 millones de toneladas de la campaña anterior, que también influye en la disponibilidad total.
Sin embargo, Adreani advirtió que resulta llamativa la concentración de embarques en los meses inmediatos: marzo acumula 4,6 millones de toneladas declaradas y abril 1,3 millones, mientras que en los meses siguientes los volúmenes caen drásticamente. Para el consultor, esta falta de nuevas ventas externas podría estar vinculada a expectativas del sector exportador, incluso ante la posibilidad de cambios en el esquema de retenciones.
En términos de precios, Adreani consideró que el mercado muestra una situación favorable para los exportadores. Con un valor FOB de US$ 210 por tonelada, el FAS teórico se ubica en torno a los US$ 182, mientras que el mercado disponible cotiza entre US$ 183 y US$ 185.
Esta diferencia, junto con ventajas logísticas y el denominado “pick-up financiero”, permite mejorar los márgenes del negocio exportador.
De acuerdo con el especialista, estos márgenes positivos funcionan como un factor de sostén para los precios, amortiguando eventuales presiones bajistas. No obstante, el comportamiento del mercado futuro refleja cierta cautela: las posiciones abril y julio se mantienen prácticamente en el mismo nivel, lo que indica ausencia de señales claras de suba.
En este escenario, como concluyó el consultor, la evolución de las ventas externas y el ritmo de fijación de precios por parte de los productores serán claves para determinar la tendencia del mercado en las próximas semanas.
El analista es presidente de Pablo Adreani & Asociados
Primicias Rurales
Fuente: La Nación / Otras
Mar 20, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Opiniones
Con una inflación que pierde impulso en su desaceleración y expectativas en alza, el escenario económico combina cautela en precios con estabilidad relativa en tasas y dólar, obligando al mercado a ajustar sus estrategias en el corto plazo.
Por Damián Vlassich, Team Leader de Estrategias de Inversión en IOL.
Buenos Aires, viernes 20 marzo (PR/26) – En un contexto donde la desaceleración de la inflación ya perdió impulso y las expectativas del mercado vuelven a ajustarse al alza, el escenario local comienza a mostrar señales mixtas. Mientras algunas variables financieras mantienen cierta estabilidad en el corto plazo, la dinámica de precios continúa generando cautela y obliga a recalibrar las estrategias.
En este marco, desde el equipo de Estrategias de IOL analizan los principales factores que hoy están marcando el pulso de la economía argentina, con foco en inflación, tasas de interés y tipo de cambio.
Inflación: presión en alimentos y tarifas, con expectativas en alza
La inflación no cede durante el segundo mes del año, mientras que la interanual vuelve a acelerarse.
En un contexto de incertidumbre acerca de la dinámica inflacionaria, el INDEC publicó el dato de inflación correspondiente a febrero, el cual fue de 2,9%.
Dada su importancia en los ponderadores, la división de “Alimentos y Bebidas no alcohólicas” fue la que más aportó con una incidencia de 0,9 puntos porcentuales. Dos factores operaron en fuerza opuesta con respecto a la dinámica de enero. Primero, y producto de la suba en los precios mayoristas, la carne volvió a acelerar con una variación mensual de 6,6% a nivel nacional (aportó 0,6 p.p.). En contraposición, la estacionalidad de frutas y verduras jugó a favor ya que, luego de haber aumentado un 23,3% en enero, mostró una deflación de 0,9% (la reducción fue de 0,6 p.p.).
Por otra parte, la división que acaparó los focos en el mes de febrero fue la de “Vivienda y Servicios” siendo la que más aumentó (+6,8%). En detalle, el rubro de “Electricidad, gas y otros combustibles” mostró una suba del 12,1% en GBA (llegando a aumentar 16,7% en la región de Cuyo). Esto se da en un contexto de aumentos tarifarios programados.
De cara al próximo dato de inflación, esperamos que la presión de la carne disminuya en la medida que el precio mayorista se estabilice, mientras que el impacto de “tarifas” también debería reducirse. No obstante, nos mantenemos cautos acerca de la dinámica de corto plazo del IPC en vísperas de un tercer mes del año donde la estacionalidad suele ser alta.
Adicionalmente, por tercer mes consecutivo las previsiones del REM fueron ajustadas al alza. En este sentido, los actores del mercado esperan que la inflación se mantenga por encima del 2,5% en marzo.
En cuanto a la inflación anual para 2026, la suba de la inflación proyectada fue más que considerable, donde la misma aumentó 3,7 p.p. El reacomodamiento visto no hace más que evidenciar un mercado que se tornó cauto en términos de inflación, en la medida que los datos conocidos eran sistemáticamente subestimados.
Tasas: estabilidad y mayor liquidez en el sistema
La estabilidad en las tasas de interés overnight se hizo presente en las últimas dos semanas; tanto la caución como las tasas interbancarias de corto plazo promediaron el 20-22% TNA. En esta ventana de tiempo, el BCRA pasó de “esterilización vía LECAPs” a la “inyección activa de pesos”, proveyendo liquidez al mercado mediante operaciones de mercado abierto, lo que derivó en una compresión de las curvas en moneda local y mayor holgura para el sistema financiero.
Posterior al conocimiento del dato de inflación, la Secretaría de Finanzas anunció el resultado de la licitación consiguiendo refinanciar el total de los vencimientos, lo que representó un rollover del 108%. Del amplio menú ofertado, los inversores prefirieron las colocaciones de menor duración, representando un 48% del total colocado.
Una vez conocido el dato de inflación para el mes de febrero (2,9%), el mercado se reacomodó rápidamente inclinándose por deuda CER en detrimento de los títulos a tasa fija. De esta manera, el Tesoro consiguió un rollover superior al 100% sin necesidad de convalidar premios sustanciales, en un contexto de liquidez holgada.
A pesar del retiro de liquidez por parte del Tesoro, no se esperan aumentos significativos en las tasas de interés en el corto plazo, siempre que el BCRA no adopte una postura más contractiva por otras vías.
Dólar: estabilidad relativa en un contexto regional más volátil
El peso atraviesa una calma relativa en la región. El contexto internacional había sido favorable para monedas emergentes durante enero y la primera mitad de febrero. Sin embargo, con el aumento de la tensión geopolítica, el dólar estadounidense revirtió su tendencia hacia la apreciación (+4,3% desde mínimos de febrero), generando presiones sobre las monedas de América Latina.
En este contexto, monedas de la región registraron depreciaciones relevantes, mientras que el peso argentino mostró una variación más acotada (2,2%), sostenida por estrategias oficiales para reducir la volatilidad.
En paralelo, la suba de commodities impulsada por la incertidumbre internacional llevó al petróleo a niveles cercanos a USD 100 por barril, mientras que productos agrícolas como la soja registraron subas significativas. Esto permitió una mejora en los términos de intercambio para la economía local.
Por último, el financiamiento en el mercado local continúa mostrando buena recepción. La reapertura del AO27 evidenció una fuerte demanda, reflejando el interés persistente de inversores institucionales y minoristas en instrumentos en dólares.
Por lo tanto, el escenario local combina una dinámica inflacionaria que continúa generando cautela en el corto plazo con condiciones financieras relativamente estables, tanto en tasas como en el frente cambiario. La evolución de estas variables será clave para determinar el ritmo de normalización en los próximos meses, en un entorno donde las expectativas del mercado siguen ajustándose.
Acerca de IOL Inversiones
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Primicias Rurales
Fuente: IOL
Mar 19, 2026 | Actualidad, Ganadería, Opiniones
La cadena de la carne vacuna en Argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Los datos del último informe sectorial muestran una combinación preocupante: caída de la producción, suba fuerte de precios y retroceso del consumo interno. Pero detrás de estos síntomas hay algo más profundo: un problema estructural que no se resuelve en el corto plazo. Una oferta en retroceso
Buenos Aires, jueves 19 marzo (PR/26) — La cadena de la carne vacuna en Argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. El punto de partida es claro: hay menos hacienda disponible. La faena cayó más de 10% interanual en febrero y acumula una baja de 11% en el primer bimestre. La producción también se contrajo cerca de 9%.
Las causas no son recientes. Tres campañas consecutivas afectadas por sequías y eventos climáticos extremos provocaron una reducción del stock ganadero. A eso se sumó la venta anticipada de animales y la disminución de vientres (vacas madres), lo que impacta directamente en la cantidad de terneros disponibles.
El dato más sensible es la alta participación de hembras en la faena, cerca del 48%. Este nivel suele asociarse a procesos de “liquidación de stock”, es decir, cuando se sacrifican animales que deberían destinarse a reproducción.
En términos simples: se está consumiendo hoy la capacidad productiva del mañana.
Precios en alza y cambio de hábitos
La consecuencia inmediata de la menor oferta es el aumento de precios. El valor del ganado en pie subió más de 70% interanual y los cortes de carne en góndola ya registran incrementos superiores al 60%.
Esto impacta directamente en el consumidor. El consumo per cápita cayó a 47,3 kilos por año, una baja significativa para un país históricamente identificado con la carne vacuna.
Frente a este escenario, los hogares ajustan: reducen cantidades, cambian cortes, o directamente sustituyen por pollo o cerdo.
Se trata de un cambio que podría no ser transitorio, sino estructural.
Exportaciones: el sostén del sector
Mientras el mercado interno se debilita, las exportaciones ganan protagonismo. En el inicio de 2026 crecieron tanto en volumen como, especialmente, en precio.
Los ingresos por ventas externas aumentaron casi 50% interanual, impulsados por mejores valores internacionales y una mayor diversificación de destinos, con menor dependencia de un solo comprador.
Este giro refuerza una tendencia: la cadena de la carne se orienta cada vez más hacia el mercado externo.
Escenario 2026–2028: qué puede pasar
A partir de los datos actuales, se pueden proyectar tres tendencias centrales:
1. Precios altos sostenidos
La oferta ganadera no puede recuperarse rápidamente. El ciclo biológico implica que recomponer el stock lleva años.
Resultado probable: precios firmes durante al menos 2 a 4 años, subas por encima de la inflación en el corto plazo.

2. Consumo interno en retroceso
El ajuste ya comenzó y podría profundizarse. el escenario sería, caída gradual del consumo per cápita, mayor participación de proteínas sustitutas, pérdida del rol central de la carne vacuna en la dieta
3. Más peso de las exportaciones
Con precios internacionales atractivos, el sector tenderá a priorizar mercados externos.
Implicancias:
¿Cuándo podría revertirse?
La gran pregunta es cuándo se normalizará el mercado. La respuesta depende de un proceso en etapas:
1.Retención de vientres
Para reconstruir el stock, los productores deben dejar de vender hembras. Efecto inmediato: cae aún más la oferta de carne, los precios pueden subir más
2. Recomposición del rodeo
Con más vacas, aumenta la producción de terneros. Tiempo estimado: entre 2 y 3 años

3.Recuperación de la oferta
Recién entonces comienza a aumentar la disponibilidad de carne.
Resultado: estabilización o baja de precios
La paradoja del ciclo ganadero
El sector enfrenta una dinámica conocida pero difícil: para que los precios bajen en el futuro, primero deben subir más.
Esto ocurre porque la recuperación exige reducir la faena en el presente, lo que agrava la escasez en el corto plazo.
Un cambio de fondo
Más allá de la coyuntura, el informe deja una conclusión clara: Argentina está atravesando un cambio en su mercado de carne vacuna.
Menos oferta, precios más altos y un consumidor que se adapta configuran un nuevo equilibrio. La carne seguirá siendo un producto central, pero probablemente deje de ocupar el lugar dominante que tuvo durante décadas.
El desafío será cómo transitar esta transición sin profundizar el impacto sobre el consumo interno, en un contexto donde la recuperación no depende solo de la economía, sino también de los tiempos de la naturaleza.
CONSEJO AL GOBIERNO NO ESTA DEMAS : La carne no es un problema de inflación clásica, es un problema biológico.
No repitamos errores que ya nos costaron años.
Cuando el precio de la carne sube, la tentación es siempre la misma: cerrar exportaciones, fijar precios, intervenir el mercado. Pero ya lo hicimos. Y sabemos cómo termina: menos producción, menos stock y, poco después, carne todavía más cara.
Hoy no falta control. Falta hacienda.
Si volvemos a castigar al productor o a distorsionar el mercado, vamos a profundizar la escasez que ya tenemos. Y eso lo paga toda la sociedad.
No es momento de medidas apresuradas ni de soluciones de corto plazo. Es momento de responsabilidad.
No intervengan el mercado. No cierren exportaciones. No repitan la historia.
Porque ya sabemos cómo termina.
Primicias Rurales
Fuente: CICCRA
Mar 18, 2026 | Economía / Economía del Agro, Opiniones
La economía argentina atraviesa algo más profundo que una simple estabilización. No se trata solo de bajar la inflación o recuperar previsibilidad: el país está entrando, lentamente, en un nuevo régimen económico. Y ese cambio redefine las reglas de juego para todos los sectores productivos.
Buenos Aires, 18 de marzo (PR/26) .- Durante años, buena parte del entramado productivo operó bajo un esquema de protección y tipo de cambio alto, donde la competitividad muchas veces no era una condición necesaria para sobrevivir. Ese modelo está mutando. La menor demanda de dólares, la desaceleración inflacionaria y una mayor apertura están configurando un entorno donde los costos en dólares suben y la vara de eficiencia se eleva.
El resultado es claro: ya no alcanza con estar protegido; ahora hay que ser competitivo.
En este nuevo escenario, los ganadores emergen con nitidez. La energía —con Vaca Muerta a la cabeza—, la minería y el agro pampeano concentran las mejores perspectivas. No es casualidad: son sectores con escala, tecnología, productividad y una inserción directa en los mercados globales. Son, en definitiva, los que pueden jugar con reglas internacionales.
En contraste, las actividades que crecieron al amparo de la sustitución de importaciones enfrentan un desafío estructural. La industria manufacturera tradicional y muchas economías regionales, intensivas en trabajo y con menores niveles de productividad, quedan expuestas en un contexto más exigente. No se trata solo de un problema cambiario, sino de una brecha de eficiencia que ahora se vuelve inocultable.
Sin embargo, el punto más crítico no es quién gana y quién pierde, sino cómo se transita entre ambos mundos.
La economía no se reconfigura de un día para otro. Los sectores dinámicos no absorben la misma cantidad de empleo que aquellos que pierden terreno. El capital no fluye automáticamente hacia nuevas actividades. Y el sistema financiero local, todavía limitado y caro, no está cumpliendo un rol decisivo en facilitar esa transformación. De hecho, se da una paradoja: los sectores más competitivos se financian por fuera del crédito bancario tradicional, mientras que los más rezagados acceden a financiamiento, pero principalmente para sostenerse, no para reconvertirse.
Este descalce —entre los tiempos de la macro y los de la estructura productiva— es el principal riesgo del proceso en curso.
A nivel regional, las diferencias también se profundizan. Las provincias con una matriz más diversificada, como Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba, cuentan con amortiguadores, en particular el agro. En cambio, las economías más dependientes de actividades específicas enfrentan transiciones más abruptas. La minería en el NOA abre una ventana de oportunidad significativa, pero con el riesgo de generar enclaves poco integrados al tejido local si no se desarrollan encadenamientos productivos.
En este contexto, la estabilización macroeconómica es condición necesaria, pero no suficiente. Sin un proceso de reconversión productiva, el crecimiento será limitado y socialmente frágil.
Eso implica poner el foco en lo que muchas veces queda en segundo plano: inversión de largo plazo, acceso al financiamiento, infraestructura, capital humano y políticas que fomenten productividad e innovación. También implica asumir que no todos los sectores podrán adaptarse al mismo ritmo, y que la transición tendrá costos.
La Argentina que emerge será más selectiva. Menos tolerante a la ineficiencia, más integrada al mundo y probablemente más concentrada en sectores con ventajas claras. La pregunta no es si ese cambio ocurrirá, sino cuán ordenado será el proceso.
Porque estabilizar es apenas el primer paso. El verdadero desafío —y la verdadera oportunidad— está en transformar.
Primicias Rurales
Fuente: IERAL – Jorge Day
Mar 17, 2026 | Actualidad, Agricultura, Opiniones
La escalada del conflicto en Medio Oriente impulsa subas en energía, fertilizantes y granos y aumenta la volatilidad financiera global. Según el analista Dante Romano, la geopolítica vuelve a dominar los mercados agrícolas y genera incertidumbre sobre siembra, comercio internacional y estrategias comerciales del agro.
Rosario, Santa Fe, martes 17 de marzo (PR/26) — La escalada del conflicto en Medio Oriente vuelve a dominar la dinámica de los mercados internacionales y desplaza a los fundamentos propios del agro. En la última semana, la guerra que involucra a Irán, Estados Unidos e Israel impulsa subas generalizadas: la energía avanza 11%, el gas natural 9%, la urea 7% y los granos alrededor de 3%.
Al mismo tiempo, los fletes comienzan a encarecerse por el aumento del combustible y la creciente inestabilidad logística. En paralelo, el clima financiero refleja una búsqueda de refugio: el dólar se revalúa 2%, el oro sube 3%, las acciones caen cerca de 3% y el índice de volatilidad se dispara.
“El mercado está reaccionando con una clara huida hacia activos más líquidos y conservadores. En granos, los fondos financieros llevan su posición neta comprada a 90 millones de toneladas, el nivel más alto desde 2014”, explica Dante Romano.
Uno de los efectos más inmediatos del conflicto se observa en el mercado de fertilizantes. El aumento del gas —principal insumo para su producción—, las dificultades logísticas en regiones exportadoras clave y el encarecimiento de los fletes impulsan los precios al alza.
Este fenómeno impacta directamente en las decisiones productivas, especialmente en Estados Unidos. “Más que la siembra inicial, el problema podría aparecer en la re-fertilización de los cultivos. Esto lleva a pensar en una menor área de maíz y trigo y un mayor espacio para la soja”, señala Romano.
Esta tendencia ya aparece en el Outlook Forum del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), aunque el informe oficial de intención de siembra que se publicará el 31 de marzo podría no reflejar todavía el impacto completo de este nuevo factor.
Mientras tanto, en Sudamérica surgen factores inesperados que podrían modificar el comercio internacional. Brasil avanza con lentitud en la cosecha de soja y enfrenta un problema sanitario: China exige un protocolo fitosanitario que en la práctica dificulta los embarques.
“Algunos grandes exportadores suspenden cargas mientras se ajusta el protocolo, y varios barcos que estaban en camino podrían terminar redirigiéndose a Argentina. Eso abre una oportunidad inesperada para nuestras exportaciones”, indica Romano.
En el plano geopolítico, también se prepara una reunión clave entre Estados Unidos y China. Aunque el conflicto en Medio Oriente domina la agenda, también se discuten temas comerciales vinculados a la tregua en la guerra arancelaria. Washington señala que China podría comprar hasta 8 millones de toneladas adicionales de soja estadounidense, aunque por ahora no se registran operaciones concretas.
En Argentina, el clima ofrece una señal más favorable. Las lluvias se vuelven más regulares en la mayor parte de las regiones productivas y permiten estabilizar las perspectivas de producción, con excepción del sudeste de Buenos Aires. Los pronósticos, sin embargo, se mantienen optimistas.
En el frente de política económica, vuelven a circular rumores sobre una posible baja de los derechos de exportación. No obstante, desde el Gobierno reiteran que cualquier reducción depende del resultado fiscal y de la evolución del programa económico.
“La recaudación viene cayendo en términos reales desde fines del año pasado y hoy el agro, junto con la minería y la energía, son los sectores con mayor dinamismo. La industria y el comercio atraviesan una situación mucho más compleja”, explica Romano.
En este contexto, los productores muestran una estrategia clara: vender maíz y retener soja. Esta conducta genera tensiones logísticas en la cadena comercial.
“Muchos productores optan por no vender, lo que complica a acopios y cooperativas porque queda poco espacio de almacenamiento y todavía tenemos remanentes de un trigo muy grande, además de la nueva cosecha de maíz y soja”, señala.
En el caso del maíz, el escenario internacional muestra señales alcistas para los precios. Las exportaciones semanales de Estados Unidos se mantienen firmes pese a la suba de precios, Brasil avanza con demoras en la siembra de safrinha y en Argentina las lluvias ralentizan la cosecha, lo que limita la presión de oferta.
El trigo, en cambio, empieza a mirar la próxima campaña global. Las estimaciones de producción en Ucrania bajan por el exceso de frío, Estados Unidos mantiene condiciones secas y Francia logra estabilizar sus cultivos, aunque todavía sin una mejora clara en la calidad.
Además, el aumento de los fertilizantes afecta las decisiones productivas. Brasil ya anticipa una menor producción y una mayor dependencia del mercado internacional.
“En contextos bélicos, los países importadores suelen asegurarse stock de trigo para evitar riesgos de abastecimiento. Eso puede activar la demanda global en los próximos meses”, afirma Romano.
En el plano local, sin embargo, persiste un problema: queda mucho trigo sin vender, lo que presiona los precios disponibles frente a las posiciones de julio y genera complicaciones de almacenamiento para la cadena comercial.
Más allá de la coyuntura, los precios de la nueva cosecha alcanzan niveles que hasta hace poco parecían difíciles de imaginar: alrededor de 190 dólares para el maíz, 340 para la soja y 220 para el trigo.
“Son valores muy influenciados por la situación en Medio Oriente y el encarecimiento de los costos. En un escenario internacional más normalizado, estos precios serían muy altos, por lo que puede ser interesante ir asegurando parte de esos valores”, concluye Romano.
La gran incógnita es cuánto tiempo persiste este escenario de tensión global. Si el panorama geopolítico se estabiliza hacia la segunda mitad de 2026 y durante 2027, los mercados podrían volver a regirse por los fundamentos tradicionales del agro. Mientras tanto, la volatilidad sigue siendo un factor central para productores, exportadores y operadores financieros.
Primicias Rurales
Fuente: Universidad Austral
Mar 13, 2026 | Actualidad, Opiniones
La nueva Ley de Modernización Laboral redefine la responsabilidad en la subcontratación, el cálculo indemnizatorio y la gestión del riesgo laboral, con mayor peso en la documentación y los controles empresariales.
Buenos Aires, viernes 13 marzo (PR/26) — Francisco Costa -abogado y fundador de Laborem- considera en su análisis que nueva Ley de Modernización Laboral aprobada por el Senado introduce una reforma profunda a la Ley de Contrato de Trabajo y que el control de contratistas se vuelve más determinante que nunca
Lo que sigue es un resumen del pensamiento del titular de Laborem.
No se trata de una actualización puntual, sino de un rediseño del sistema laboral en aspectos centrales: responsabilidad en la subcontratación, cálculo indemnizatorio, previsión financiera, digitalización documental y límites a la litigiosidad.
Desde la mirada empresarial, el impacto es concreto. La reforma no sólo modifica reglas, sino que cambia la lógica de gestión del riesgo laboral.
Uno de los primeros movimientos del proyecto es delimitar con mayor claridad qué relaciones quedan dentro y fuera del régimen laboral. Se excluyen expresamente ciertos vínculos —como los prestadores de plataformas y determinados trabajadores independientes— y se ajusta la presunción de relación laboral cuando existe facturación formal y pagos bancarizados. La formalidad y la documentación adquieren un peso central en la defensa jurídica.

Francisco Costa. Laborem
En materia indemnizatoria, se mantiene el esquema de un mes por año de servicio, pero se redefine con mayor precisión qué conceptos integran la “mejor remuneración mensual, normal y habitual”.
Se excluyen pagos no mensuales como SAC y vacaciones, se establece un tope vinculado al promedio salarial del convenio y se fija un piso mínimo del 67%. La indemnización se declara como reparación única y excluyente. El objetivo evidente es dotar al sistema de mayor previsibilidad y limitar interpretaciones expansivas.
La creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) incorpora una lógica de previsión estructurada. Los empleadores deberán aportar un porcentaje mensual de su masa salarial destinado a cubrir indemnizaciones futuras. Parte del costo contingente pasa a convertirse en un componente fijo y planificado dentro de la estructura financiera.
La reforma también avanza en flexibilidad organizativa mediante la incorporación del banco de horas y la jornada por promedio, y modifica el régimen de enfermedades inculpables, reduciendo el porcentaje de salario a abonar en determinados supuestos.
Al mismo tiempo, consolida la digitalización de la documentación laboral, habilitando expresamente recibos digitales con firma electrónica o digital y conservación digital con plena validez legal.
Sin embargo, el cambio que puede tener mayor impacto práctico para empresas con contratistas es la modificación del artículo 30.
Históricamente, la subcontratación implicó un alto nivel de contingencia debido a la responsabilidad solidaria casi automática del empresario principal frente a incumplimientos laborales del contratista.
La reforma modifica ese esquema: el principal podrá quedar eximido si acredita haber ejercido controles específicos, como la verificación del CUIL de los trabajadores afectados, la constatación de pagos de aportes y contribuciones, el pago de salarios, la vigencia de ART y la acreditación bancaria de la remuneración.
La clave está en poder demostrar esos controles.
La responsabilidad deja de ser estructural para pasar a depender del sistema de gestión y documentación que la empresa implemente. El riesgo ya no está en la tercerización en sí misma, sino en la falta de trazabilidad.
En sectores con múltiples contratistas —energía, industria, logística, infraestructura— el volumen documental es elevado y el control manual resulta insuficiente. En este contexto, la reforma convierte al control de contratistas en una herramienta estratégica de gestión de riesgo.
Es precisamente en este punto donde la experiencia y especialización resultan determinantes. Laborem Certificación Laboral S.A., propietario de Certronic, viene trabajando desde hace años en la gestión y control integral de empresas contratistas, desarrollando metodologías y sistemas que permiten centralizar documentación, validar cumplimiento laboral y generar trazabilidad auditada.
En el nuevo escenario normativo, ese enfoque cobra aún mayor relevancia. No se trata simplemente de recibir documentación, sino de contar con un sistema estructurado que permita verificar vigencias, registrar controles periódicos, generar alertas de incumplimiento y conservar evidencia histórica que pueda ser presentada ante una eventual inspección o proceso judicial.
La reforma no elimina la responsabilidad. La condiciona al nivel de control.
Por eso, el control documental deja de ser una tarea administrativa secundaria y pasa a ser una decisión estratégica. Las compañías que implementen sistemas formales de gestión y trazabilidad estarán mejor posicionadas para acreditar cumplimiento y reducir contingencias. Las que mantengan esquemas informales o fragmentados seguirán expuestas.
La Ley de Modernización Laboral marca una nueva etapa: menos foco en la presunción automática y más en la capacidad de demostrar cumplimiento efectivo. En ese contexto, la gestión profesional del control de contratistas no es solo una buena práctica operativa. Es, cada vez más, un componente esencial de la protección jurídica empresarial.
La nueva Ley de Modernización Laboral redefine la responsabilidad en la subcontratación, el cálculo indemnizatorio y la gestión del riesgo laboral, con mayor peso en la documentación y los controles empresariales.
Primicias Rurales