Jul 15, 2026 | Desarrollo Humano, Especial, Opiniones
El físico ganador del Nobel, conocido por sus estudios sobre las partículas subatómicas, puso la mirada en el futuro de la especie humana. Su frase encendió el debate sobre los riesgos globales que hoy enfrenta el planeta.
Buenos Aires 15 julio (PR/26)–Una de las advertencias más llamativas sobre el futuro de la humanidad llegó, sorpresivamente, desde el mundo de la física teórica. David Gross, el científico reconocido por sus investigaciones sobre las leyes fundamentales del universo, decidió ir más allá de las partículas y las ecuaciones para reflexionar sobre los riesgos que podrían poner en jaque la supervivencia de la especie humana.
Su frase no dejó indiferente a nadie: “Las probabilidades de que la humanidad viva más de 50 años son muy bajas”. Una afirmación que, lejos de ser un comentario improvisado, refleja años de análisis sobre cómo distintos factores globales pueden influir en el destino de nuestra especie.
¿Por qué Gross llegó a esta conclusión?
Durante gran parte de su carrera, Gross se dedicó a estudiar los componentes más básicos de la naturaleza. Pero con el paso de los años, empezó a aplicar esa misma forma de pensar científica al análisis de los grandes problemas que enfrenta el mundo actual.

Su mirada está basada en el estudio de los sistemas complejos, un campo en el que pequeñas variaciones pueden desencadenar grandes cambios. Desde esa perspectiva, sostiene que los riesgos actuales deben analizarse teniendo en cuenta múltiples factores y sus consecuencias a largo plazo.
El físico fue claro al explicar que su preocupación no nace de abandonar la ciencia, sino de utilizar las herramientas que desarrolló durante décadas de investigación para observar otros escenarios. La probabilidad, el análisis de riesgos y la interacción entre distintos elementos son conceptos que forman parte de su trabajo diario, y que también sirven para entender los desafíos globales.
Entre los factores que más le preocupan se encuentran las tensiones internacionales, la toma de decisiones políticas y los problemas que requieren cooperación entre países. Para Gross, comprender estos escenarios implica observar cómo funcionan los sistemas complejos y de qué manera las acciones humanas pueden alterar su estabilidad.
Las frases más recordadas de David Gross
Además de su advertencia sobre el futuro de la humanidad, Gross dejó otras reflexiones muy citadas sobre la ciencia, el conocimiento y la investigación:

- “Los teóricos pueden equivocarse; solo la naturaleza siempre tiene la razón”.
- “El producto más importante del conocimiento es la ignorancia”.
- “El consejo que les doy a los estudiantes es que piensen en los grandes problemas”.
- “Algunos se preguntan si algún día llegaremos a una teoría del todo y nos quedaremos sin nuevos problemas por resolver”.
- “El progreso de la ciencia es mucho más confuso de lo que se muestra en la mayoría de los libros de historia”.
Quién es David Gross
David Jonathan Gross nació el 19 de febrero de 1941 en Washington D. C., Estados Unidos. Desde chico mostró un interés especial por la ciencia y las matemáticas, dos áreas que terminarían definiendo toda su trayectoria profesional.
Estudió física y matemáticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén antes de continuar su formación en la Universidad de California en Berkeley, donde obtuvo su doctorado en física. Fue en esa etapa cuando comenzó a investigar la física de partículas y las interacciones fundamentales de la materia.

A lo largo de su carrera, Gross hizo aportes clave al estudio de la fuerza nuclear fuerte, una de las fuerzas fundamentales que explica cómo interactúan los quarks dentro de las partículas subatómicas. En 1973, junto con Frank Wilczek y David Politzer, descubrió el fenómeno conocido como libertad asintótica, un hallazgo que cambió para siempre la comprensión de la interacción entre partículas.
Por ese descubrimiento, los tres científicos recibieron el Premio Nobel de Física en 2004. Además, Gross ocupó cargos destacados en instituciones académicas y científicas, entre ellos la dirección del Instituto Kavli de Física Teórica de la Universidad de California en Santa Bárbara.
Primicias Rurales
Fuente: merca20
Jul 14, 2026 | Actualidad, Agricultura, Economía / Economía del Agro, Opiniones
El mercado dejó de seguir la tensión geopolítica y se concentró en los fundamentos agrícolas. Dante Romano, investigador de la Universidad Austral, explica que el clima en Estados Unidos, la reducción de stocks del USDA y una mayor demanda reactivaron las cotizaciones, mientras en Argentina persisten demoras.
Rosario, martes 14 de julio(PR/26) – Aunque la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán volvió a sacudir a los mercados y llevó al petróleo a subir más de 6%, el mercado de granos siguió otra lógica.
Los precios de la soja, el maíz y el trigo respondieron a factores de oferta y demanda, con atención sobre el clima, los datos del USDA y los fondos de inversión.
«Hoy el mercado de granos está mucho más pendiente de sus propios fundamentos que del contexto geopolítico. El clima en Estados Unidos está entrando en una etapa decisiva para la definición de los rendimientos de soja y maíz, y cualquier cambio genera una fuerte reacción», afirma Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
El especialista explica que la incertidumbre climática se combina con mayor demanda. «Los rumores de nuevas compras de soja estadounidense por parte de China y el fuerte ingreso de los fondos especulativos al mercado impulsan las cotizaciones», sostiene.
El informe mensual del USDA aportó otro elemento alcista al reducir los stocks finales de soja y maíz por encima de lo esperado. Para la soja, las existencias quedaron en 8,4 millones de toneladas, frente a las 9 millones esperadas. En maíz, el organismo ajustó los stocks a 45,4 millones de toneladas, bajo las 47,5 millones proyectadas.
En el caso de la soja, la calidad de los cultivos cayó un punto hasta 64% entre buena y excelente. Aunque el nivel sigue por encima del promedio, los cultivos atraviesan la etapa crítica de floración y formación de vainas, bajo un escenario de temperaturas elevadas y menores precipitaciones.

Los fondos especulativos acompañaron este escenario con compras superiores a 6 millones de toneladas de soja en Chicago, pasando de una posición neta vendida a una comprada de 1,3 millones de toneladas.
En Argentina, la campaña finalizó con una producción de 50,1 millones de toneladas, un 5% superior al ciclo anterior. Sin embargo, la comercialización sigue rezagada: los productores solo fijaron precio al 27% de la producción, frente al promedio histórico del 36%.
Maíz: el clima vuelve a ser determinante
El maíz encontró sostén en las condiciones climáticas de EE.UU. Los cultivos mantienen una condición de 67% entre buena y excelente, pero ingresan en la etapa crítica de floración bajo un escenario de mayor calor y menores lluvias.
A esto se suman problemas en otras regiones. La condición del maíz francés cayó al 47%, el peor registro desde 2011 por la sequía, mientras situaciones similares se observan en la región del Mar Negro.
«Los mercados están extremadamente sensibles al clima porque cualquier estrés durante la floración puede modificar significativamente los rindes. Esa incertidumbre explica buena parte de la volatilidad«, señala Romano.
Los fondos compraron casi 5 millones de toneladas de maíz en Chicago, mientras el USDA elevó levemente la producción estadounidense, aunque redujo las existencias finales.
En Argentina, la cosecha avanza lentamente al 56,4% del área, con un retraso de 14 puntos por exceso de humedad. No obstante, las ventas semanales repuntaron hasta 800.000 toneladas, el mayor volumen desde mayo.
Trigo: los ataques en el Mar de Azov impulsan los precios
El trigo fue el cereal con mayor impulso. Los precios alcanzaron su nivel más alto desde mayo tras la suspensión de navegación en el canal Don-Azov por ataques ucranianos. Ese corredor concentra una cuarta parte de las exportaciones rusas.
El mercado recibió el respaldo del USDA, que redujo los stocks finales mundiales a 272,84 millones de toneladas, proyectando para Estados Unidos la cosecha más baja desde 1970.
En Argentina, la siembra cubre el 87,9% del área, afectada por excesos hídricos. Sin embargo, la Bolsa de Comercio de Rosario elevó su estimación de cosecha a 20,5 millones de toneladas, impulsada por lluvias y menores costos de fertilizantes.
«Las perspectivas para el trigo argentino son muy buenas, pero el desafío es la comercialización. Queda un volumen importante sin vender y compite con la cosecha del hemisferio norte, lo que dificulta las exportaciones», concluye Romano.
Primicias Rurales
Fuente: Universidad Austral
Jul 10, 2026 | Actualidad, Especial, Opiniones
El capitán de la Selección ofrece una visión de liderazgo generativo y colectivo, donde el éxito no depende del brillo individual sino de la construcción de un proyecto común y confiable.
Por Felipe Rilova Salazar, psiquiatra
Buenos Aires, viernes 10 julio (PR/26) —Lionel Messi ofrece un ejemplo extraordinario porque muestra algo muy poco frecuente: la capacidad de fracasar sin quedar definido por el fracaso. Falla un penal, lo cual hiere el narcisismo de cualquiera.
Pero unos minutos después entrega una asistencia perfecta al Cuti Romero. Luego convierte el empate y termina siendo decisivo otra vez. No intenta reparar su error haciendo una heroica individual.
Sigue jugando para el equipo. Eso habla de alguien cuyo deseo no depende del brillo narcisista sino del objetivo común. El narcisismo pregunta: “¿Cómo quedo yo?”.
El deseo, en cambio, pregunta: “¿Qué reclama ahora la situación?”. Messi parece desplazarse permanentemente hacia esta segunda pregunta, lo que tiene consecuencias enormes para el resto del equipo.
Porque el liderazgo deja de ser exhibicionista para transformarse en generativo. No obliga a los demás a servir al líder; hace que todos quieran dar algo más.

“Ser persona —dice el psiquiatra argentino Jorge Saurí— no es ‘ser’ sino ‘ser siendo’ e irse haciendo con otros y en situación”. No hay un Messi aislado.
Existe un “nosotros” que modifica incluso el rendimiento individual. Es difícil imaginar esta versión de Enzo, Julián, Mac Allister, De Paul o Cuti Romero sin el tipo de clima humano construido por Scaloni y Messi.
En términos de neurociencias sociales podríamos decir que existe una regulación afectiva colectiva. Cuando uno cae, los otros sostienen. Cuando uno falla, el grupo conserva la confianza.
Eso reduce el miedo y permite pensar. La angustia reduce el horizonte: hace creer que “ya está”, que “todo terminó”. Lo extraordinario de la Argentina es que jugó como si el partido nunca estuviera definitivamente perdido.
No negó la realidad, pero se opuso valerosamente al fatalismo y la diferencia fue enorme. Esto explica por qué esta Selección produce algo que excede al fútbol.
En una sociedad donde predomina la sospecha, el cinismo y la corrupción, este equipo ofrece una experiencia inhabitual: la confianza vuelve a ser racional.
No porque sean perfectos, sino porque el esfuerzo parece auténtico. Porque trabajan. Porque ninguno parece querer ser más importante que el proyecto.
En un país acostumbrado a desconfiar, eso conmueve. No casualmente tantas personas hablan de “admiración”. La admiración aparece cuando sentimos que algo representa valores que quisiéramos conservar.
Por Felipe Rilova Salazar, psiquiatra
Primicias Rurales
Jul 10, 2026 | Economía / Economía del Agro, Opiniones
El PIB avanza a paso firme, sostenido por la productividad y las exportaciones, mientras el Gobierno busca recuperar iniciativa política antes de que arranque la carrera electoral. La clave del segundo semestre: que el consumo, el crédito y la inversión se sumen al envión.
Por Jorge Vasconcelos 
Buenos Aires, viernes 10 julio (PR/26) — La economía argentina creció cerca de un 3,0% anualizado en el primer trimestre de 2026 respecto al último tramo de 2025. Lo llamativo es que lo hizo pese a que la tasa de inversión lleva cuatro trimestres consecutivos en baja.
El envión vino del lado de la oferta: mejoras de productividad y un saldo positivo entre exportaciones e importaciones. Son factores genuinos, pero todavía falta que se sumen con más fuerza el consumo y la inversión.
Para el segundo trimestre, la proyección es algo más moderada: un crecimiento en torno al 2,0% anualizado. Los indicadores de consumo básico y la recaudación ligada al mercado interno parecen haber tocado piso y empiezan a repuntar.
La gran incógnita para la segunda mitad del año es cuánto se puede acelerar esa recuperación, porque el crédito sigue trabado por la elevada morosidad. La buena noticia es que la baja de la inflación ayuda a recomponer el poder adquisitivo de los salarios, y cuatro meses seguidos de tasas de interés de corto plazo de entre el 20% y el 25% anual podrían aflojar un poco esa traba.
Reservas en alza y cuentas externas más ordenadas
En el frente externo el panorama es alentador. La cuenta corriente del balance de pagos acumuló un superávit de 2.000 millones de dólares en los primeros cinco meses del año, con posibilidades de cerrar el año calendario en un nivel cercano a neutro.
A eso se suma una mejora de 7.100 millones de dólares en las reservas brutas del Banco Central en lo que va de 2026. Las reservas netas ya llegan a 10.400 millones de dólares si se incluyen los compromisos de corto plazo, entre ellos los BOPREAL.

También hubo avances en el programa financiero: prácticamente se completó la refinanciación de los vencimientos de 2026 y se achicó la brecha de necesidades de financiamiento para 2027.
La demanda de dólares de las personas físicas sigue siendo un frente para monitorear de cerca. Entre enero y mayo, por cada 100 dólares de superávit comercial de bienes, 84 dólares se destinaron a la llamada «formación de activos externos» del sector privado. Aun así, ese fenómeno no impidió que las reservas siguieran recuperándose.
El desafío político detrás de los números
Como la marcha de la economía todavía es «materia opinable» en cuanto a resultados inmediatos, para el Gobierno se vuelve clave recuperar la iniciativa política, sobre todo tras las idas y vueltas por la demorada salida del Jefe de Gabinete.
Después de varios meses de deterioro, los índices de confianza en el gobierno que mide la Universidad Di Tella mostraron señales de un posible rebote en las últimas mediciones. Pero consolidar esa gobernabilidad exige más logros en el Congreso y avanzar con la implementación de las reformas ya vigentes.
Ese camino depende, en buena medida, de que el Ejecutivo logre sumar suficientes gobernadores aliados para inclinar la balanza tanto en el Senado como en Diputados. Así podría evitar que la oposición más dura logre imponer, en este segundo semestre, un funcionamiento «en modo electoral» de la economía.
En paralelo, resulta clave despejar las dudas sobre el financiamiento de los vencimientos de deuda externa de 2027 y afinar las herramientas para suavizar la volatilidad cambiaria, sin caer en la tentación de «pelear contra la corriente» de los factores que determinan el tipo de cambio.
Todavía no alcanza con el piloto automático
Las mejoras de productividad y el buen momento exportador explican buena parte del crecimiento moderado del PIB, de entre 2,5% y 3,0% anual en la medición desestacionalizada, un resultado que se apoya en las reformas iniciadas a fines de 2023.
Pero para dar el siguiente paso hace falta más combustible: que la inversión, el empleo y el consumo se recuperen con más fuerza y así consoliden, en lo económico y en lo político, los avances que ya empiezan a notarse. El contexto mundial, pese a sus turbulencias, ofrece más oportunidades que amenazas, aunque aprovecharlas exige una reconversión permanente de los sectores productivos.

Conviene tomar como referencia abril de 2024 -el piso del nivel de actividad tras el fuerte ajuste inicial- y no 2023, todavía marcado por los cepos cambiarios y comerciales, para evaluar realmente qué sectores logran crecer bajo las nuevas reglas de juego.
Desde ese piso, la mayoría de los sectores muestra números positivos. Pero hay una diferencia clara entre los que sostienen el crecimiento y los que, tras el rebote inicial, empezaron a perder parte de lo recuperado: industria, comercio y construcción.
Industria: una foto más matizada de lo que parece
Etiquetar a estos sectores como los «perdedores» del nuevo modelo sería simplificar demasiado. En muchos casos, la falta de dinamismo no tiene que ver con la competencia de productos importados, sino con problemas bien locales: falta de crédito de largo plazo, una reforma laboral que recién arranca y una presión tributaria todavía muy alta, sobre todo por impuestos distorsivos como Ingresos Brutos y las tasas municipales.
Dentro de la industria, actividades que representan un 56% del PIB sectorial muestran una notable capacidad de adaptación. La producción de Alimentos subió un 5,6% entre abril de 2024 y el mismo mes de 2026; Madera, Papel y Refinación de petróleo crecieron entre 9,4% y 9,6%; Productos Químicos avanzó 17,0% y Minerales no metálicos, nada menos que 20,4%.

Del otro lado están los sectores con más dificultades -que representan un 30,0% del valor agregado industrial-, como Maquinaria y Equipo, Industrias Metálicas básicas, Prendas de Vestir, Textiles y Automotores, con caídas de entre el 5,0% y el 10% frente a abril de 2024. Aun así, dentro de cada rubro hay empresas que lograron diferenciarse y crecer, lo que muestra que hay semillas de reconversión, aunque no alcancen para salvar a todas las firmas.
Comercio y construcción: el consumo empieza a asomar
Fuera de la industria, comercio y construcción son los otros sectores que retrocedieron en los últimos doce meses, después de haber rebotado desde el piso de actividad de mediados de 2024.
En el comercio, el problema pasa por el volumen de la demanda. Según datos de consumo masivo de Scentia, el piso se tocó en noviembre de 2025 y desde entonces la recuperación es gradual pero sostenida: en mayo de este año, el nivel ya está un 4,9% por encima de esa referencia, aunque interanualmente el consumo masivo todavía cae 1,6%.
Por debajo de la superficie, sin embargo, hay señales claras de cambio estructural: el comercio electrónico crece un 29,9% interanual, y el precio promedio de los productos de consumo masivo sube 11,8 puntos porcentuales menos que la inflación del INDEC (21,4% contra 33,2%). Esa diferencia refleja tanto el peso de los servicios en el índice oficial como la constante búsqueda de los consumidores por la mejor relación calidad-precio, un verdadero mecanismo de «defensa del bolsillo».
El mercado automotriz es otro ejemplo de la velocidad del cambio: hace dos años, el 70% de los vehículos patentados era de origen nacional y el 30% importado; hoy esa proporción se invirtió por completo. Mientras tanto, las plantas orientadas a la exportación, como las de pickups, siguen funcionando a capacidad plena.
Construcción: el piso más bajo en dos décadas
En construcción, el freno responde a varios factores. Los datos del primer trimestre de 2026 muestran a la inversión en el sector en su piso de los últimos 20 años, apenas el 6,9% del PIB.
La falta de obra pública y de crédito hipotecario para las familias pesan, pero no son la única causa: también hay un problema de competitividad, por falta de escala y de modernización de los procesos productivos, que se refleja en precios relativamente más caros que el promedio de la economía.
De todos modos, en la medición desestacionalizada, la construcción parece haber tocado piso a principios de este año, en sintonía con el consumo masivo. Son mejoras que, muy gradualmente, podrían empezar a notarse en el segundo semestre, aunque no hay que esperar milagros.
El límite invisible: la productividad de 2007
La restricción de fondo es la productividad: viene recuperándose desde 2024, pero todavía está en niveles similares a los de 2007, casi veinte años atrás.
Un indicador simple -el PIB sobre el empleo total- mejoró a un ritmo del 3,4% anual entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026, pero aun así se ubica un 8,5% por debajo del nivel de 2012, el momento en que se instalaron los cepos estrictos al cambio y al comercio.
Es, quizás, el dato más contundente sobre el fracaso de la vieja receta de hacer crecer la economía a fuerza de expandir el gasto público sin financiamiento genuino: ese esquema termina desequilibrando la macroeconomía y alimentando el clásico ciclo de «stop and go».


El gasto nacional ya se ajustó, ¿y las provincias?
Medido en dólares, el gasto público nacional muestra un cambio de escala relevante frente a episodios previos. En enero de 2016 las erogaciones eran de 213.200 millones de dólares; para octubre de 2017 habían bajado a 198.200 millones, un ajuste que resultó insuficiente frente a un déficit de cuenta corriente cercano al 5% del PIB.
Tras la crisis de 2018, tuvo que llegar una fuerte devaluación para que el gasto en dólares alcanzara un nivel de equilibrio hacia 2019, con el costo político ya conocido. Hoy, en cambio, el gasto primario nacional se ubica en 101.800 millones de dólares en los últimos doce meses, 48,6% por debajo del pico de 2017, mientras la cuenta corriente tiende a ser neutra frente al déficit de 5 puntos del PIB de aquel entonces.
Esa relación entre el gasto público en dólares y el equilibrio externo es clave para pensar la consistencia de la política macroeconómica hacia 2026/27, con menos margen para sorpresas negativas que en 2018/19.
El interrogante pasa ahora por provincias y municipios. Su gasto consolidado bajó de 19,5% a 17,5% del PIB entre 2023 y 2024, pero el ajuste fue menor y de corta vida: en 2025 ya había vuelto al 19,9% del PIB, por encima del nivel de 2023.

Impuestos distorsivos, el freno silencioso a la productividad
El financiamiento de provincias y municipios depende en buena parte de impuestos muy distorsivos, como Ingresos Brutos, Sellos y las tasas municipales. Esa carga recae sobre los sectores formales de la economía y erosiona su capacidad de competir con la informalidad.
Se forma así un círculo vicioso que golpea especialmente a sectores intensivos en empleo, como los servicios, el comercio, el transporte y varias industrias. La nueva reforma laboral ayuda a facilitar la formalización, pero mientras estos impuestos sigan castigando a quien declara sus ventas, el incentivo para «blanquear» seguirá siendo débil.

El dato final resume el desafío: el gasto consolidado de provincias y municipios hoy supera en 4,2 puntos del PIB al de 2007, justo cuando la productividad laboral volvió a niveles de aquel año. Países como India, que reemplazaron una maraña de tributos distorsivos por un «Súper-IVA» en un proceso que se completó en 2017, lograron a la vez más formalidad, menores costos y mayor inversión. Esa experiencia ya empieza a replicarse en Brasil, y la Argentina podría tomar nota.

Primicias Rurales
Fuente: novedadeseconomicas.ieral.org