Buenos Aires, 25 septiembre (PR/22) — Apenas horas después de que concluyera una auspiciosa gira de Alberto Fernández por Estados Unidos, el ala más dura del Frente de Todos (FdT) logró imponer nuevamente su agenda en el ámbito nacional y en solo un abrir y cerrar de ojos relegó al ostracismo todo aquello que el sector moderado del Gobierno pretendía ensalzar aquí del viaje del primer mandatario.

Un día antes de que la vicepresidente Cristina Kirchner alegue en su propia defensa en la causa por presuntas irregularidades en la concesión de obras públicas en la provincia de Santa Cruz entre 2003 y 2015, el oficialismo le envió un contundente mensaje -¿de advertencia?- a la Justicia al aprobar en el Senado un proyecto de ley que prevé ampliar la composición de la Corte Suprema.

Si bien es sencillamente improbable que la iniciativa prospere en la Cámara de Diputados, tras la media sanción otorgada en el recinto que comanda Cristina, está claro que se trata de un asunto prioritario -en tal caso- solo para la agenda kirchnerista, en un contexto nacional que encuentra al argentino de a pie lidiando, por ejemplo, con una inflación anual que avanza a paso redoblado hacia los tres dígitos en 2022.

La vicepresidenta Cristina Kirchner sigue adelante con su agenda personal en el Parlamento.La vicepresidenta Cristina Kirchner sigue adelante con su agenda personal en el Parlamento.Foto/NA.

Más allá del golpe de efecto que se busque dar, el hecho de insistir con una propuesta que a simple vista parece destinada a fracasar en el Parlamento vuelve a encender interrogantes sobre la hoja de ruta que planea desarrollar el Gobierno y su capacidad para salir definitivamente del estado de confusión que caracterizó a la gestión de Fernández en meses recientes.

Es decir, con un presidente prácticamente recién llegado de una gira por Estados Unidos que dejó saldo positivo, el núcleo duro K del FdT, junto con aliados en el Senado, vuelve a marcar el ritmo de la actividad parlamentaria en función de sus propios intereses y echando por la borda cualquier posibilidad de que el sector más moderado del Gobierno promocione aquí los resultados alentadores del viaje al país norteamericano.

En Nueva York, Fernández buscó mostrarse como una voz autorizada en América Latina, además de exponer por primera vez de manera presencial ante la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) y de traerse para Buenos Aires un voto de confianza de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva. Asimismo, la Argentina continúa sumando impulso en pos de incorporarse como miembro pleno al BRICS, el grupo de naciones con economías emergentes que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

Apenas un puñado de días antes, el ministro de Economía, Sergio Massa, había encabezado su propia misión oficial a Estados Unidos, donde también procuró seducir a potenciales inversionistas para que traigan sus dólares a la Argentina. Tanto Fernández como el titular del Palacio de Hacienda enfocaron en especial la mira en Houston, epicentro de compañías vinculadas al sector petrolero y donde promocionaron el potencial de Vaca Muerta.

Un desafío superador y crucial

De cualquier modo, da la sensación de que el Gobierno está dispuesto a desperdiciar ese “envión internacional” tras el regreso de dos de los tres principales dirigentes del FdT a sus actividades domésticas y empantanarse nuevamente con supuestas cruzadas que en realidad conducen a callejones sin salida: o se trata de cortinas de humo o son lisas y llanamente actos de necedad política.

Esto sucede en un contexto que encuentra al oficialismo dominando la agenda nacional, y a la oposición respondiendo en función de acciones o declaraciones ajenas, sobre todo después del intento de asesinato de Cristina el pasado 1° de septiembre. Sin embargo, se avecina para la administración Fernández un desafío superador y clave como lo será la discusión en el Congreso del Presupuesto 2023.

Un proyecto que prevé, por primera vez desde la salida de la Convertibilidad y la aprobación de la Ley 24.156 de Administración Financiera y de los Sistemas de Control del Sector Público Nacional, el 30 de septiembre de 1992, una inflación del 60 por ciento anual, entre otras estimaciones. Se trata, a su vez, de una iniciativa que -de antemano- se perfila como crucial para el Gobierno en el marco del acuerdo de la Argentina con el FMI y de las metas allí incluidas.

Esos compromisos fueron revisados, en lo que se refiere al segundo trimestre del año, y recibieron el visto bueno del Fondo de parte del staff técnico, apenas horas antes de que Fernández se entrevistara con Georgieva en Nueva York. Se espera ahora que el directorio del organismo internacional le otorgue su “okey” cuando se reúna el próximo 7 de octubre. El siguiente examen que deberá rendir el país en este sentido está programado para diciembre: de cualquier manera, el ajuste ya está en marcha.

En este contexto, después de la reciente embestida del oficialismo contra la oposición en el marco de la discusión sobre los “discursos de odio” en la Argentina, sería prudente que el Gobierno desista de la pirotecnia verbal en los días venideros y procure preventivamente tender puentes en especial con Juntos por el Cambio (JxC), cuya colaboración será necesaria en el Congreso si la Casa Rosada pretende imprimir el sello de “aprobado” a su Presupuesto 2023.

Asimismo, sería igualmente aconsejable que el FdT evite este año en el ámbito parlamentario dinamitar el respaldo del arco opositor, como sucedió en 2021 cuando Máximo Kirchner, principal espada oficialista en aquel entonces en la Cámara de Diputados, con una extemporánea embestida contra JxC lapidó las aspiraciones del Poder Ejecutivo de conseguir luz verde para el Presupuesto del ejercicio actual.

Sea cual fuere la suerte que corra el proyecto que impulsa Balcarce 50, en uno de los debates más esperados del año en el Congreso, el factor económico inevitablemente cumplirá un rol preponderante en la próxima campaña electoral y, además, su injerencia podría tornarse decisiva en el cuarto oscuro. En este sentido, fuentes del Palacio de Hacienda dijeron a NA que a lo sumo la inflación podría reducirse al 2,5 por ciento mensual dentro de 10 a 12 meses, con lo cual se presume complejo el panorama para el Gobierno, si es que pretende -como debería suceder- generar expectativas positivas para el corto/mediano plazo en la población.

Incluso la pompa inicial en torno de la figura de Massa emperifollado como “superministro” de Economía se ha ido deshilachando en los últimos días. No obstante, los resultados que pueda obtener su gestión serán fundamentales para las aspiraciones del oficialismo, en un país extraño como la Argentina en donde el peronismo aún abriga probabilidades de reelección a pesar del descabellado aumento del costo de vida, que podría llegar hasta el 100% anual hacia fines de 2022.

No es sencillo, de cualquier modo, el panorama para el Gobierno: una reciente encuesta de la firma Management & Fit (M&F) mostró que el 63,7% de los consultados espera que la situación económica empeore en el futuro. Es el porcentaje más alto que se registra en lo que va de la gestión de Fernández como presidente y cuya imagen se sigue desplomando: ni con ajuste, ni con inflación elevada ni con desánimo social parece posible que el justicialismo, por más mística que acompañe históricamente su marcha, aspire a una victoria en 2023, pero en la Argentina está claro que nunca se sabe.

Cruje el PRO cuando irrumpe Macri en escena

“Ellos saben que no nos pueden dar por muertos”, dijo a NA una alta fuente del Gobierno con relación a Juntos por el Cambio. “Yo hablo con todos, incluso con ellos. Quizá los que no tienen tanta trayectoria política, los más nuevos en esto, están más confiados, pero los dirigentes que tiene más experiencia saben que no pueden darnos por muertos. Nunca se puede dar por muerto al peronismo. Lo saben y me lo dicen”, agregó.

A propósito de JxC, las estructuras en la principal fuerza de oposición crujen cada vez que el ex presidente Mauricio Macri, que aún no definió qué rol interpretará en los próximos comicios, irrumpe en escena, declara en público y baja línea internamente, lo que sin dudas perjudica, desde un punto de vista electoral, al jefe de Gobierno porteño y aspirante a la primera magistratura, Horacio Rodríguez Larreta.

Sin ir más lejos, hace apenas unos días Macri concedió una entrevista por televisión en la que recomendó a Rodríguez Larreta que el candidato del PRO en la Ciudad el año que viene sea su primo, Jorge Macri, actual ministro de Gobierno en la Capital Federal. Es decir, le marcó la cancha. Además, pobló la provincia de Buenos Aires de contendientes del partido amarillo a la Gobernación.

Así, en territorio bonaerense, el postulante “larretista” Diego Santilli se encontró de buenas a primeras con retadores como Cristina Ritondo, Néstor Grindetti, Javier Iguacel y también Joaquín de la Torre. Las fricciones internas en el PRO siguen generando ruido e incluso Macri dio su bendición a María Eugenia Vidal para que compita por la Presidencia de la Nación en 2023, lo que también afectaría más al moderado Rodríguez Larreta que a Patricia Bullrich en la persistente pulseada entre “halcones” y “palomas”.

En este contexto, en filas del macrismo más duro existen quienes aseguran que la figura de Rodríguez Larreta se viene desinflando en encuestas sobre “intención de voto” en los últimos meses y advierten sobre el “efecto Massa”, en referencia a cómo se diluyó en 2015 el envión que había tomado el actual ministro de Economía tras ganar los comicios legislativos de 2013 para echar definitivamente por tierra la fantasía kirchnerista de una “Cristina eterna” en el poder.

Quizá no sea éste su momento y tenga que esperar un período más. Porque en definitiva, la gente no está pidiendo lo que él propone: diálogo, consenso, moderación; la avenida del medio. Hoy la sociedad está polarizada y lo que quiere la gente que nos vota es ganarles a los que están del otro lado de la grieta, ganarle al kirchnerismo. Nuestros votantes quieren eso, no están pidiendo otra cosa”, dijo a esta agencia un dirigente del PRO del Gran Buenos Aires.

Las apariciones de Macri, por cierto, y al menos hasta que empiece a acomodarse el tablero, provocaron que incluso aquellos radicales que se venían mostrando con referentes del “larretismo” en la Provincia comenzaran a guardar distancia en semanas recientes y a planificar con mayor determinación un juego propio pensando en la contienda electoral del año que viene.

 

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Fuente: Agencia Noticias Argentinas