La historia
Cristóbal andaba siempre cerca del río dado que ayudaba habitualmente a cualquiera que quisiera cruzarlo. Este era un servicio que hacía a sugerencia de un ermitaño al que le había preguntado cómo podía servir a Cristo, su Señor.
A la gran mayoría de viajeros le era imposible sobreponerse al caudal, mientras que a Cristóbal le resultaba más fácil cruzar que al resto, dada su fuerza y altura -se dice que medía más de dos metros-. Así que Cristóbal se la pasaba yendo, una y otra vez, de un lado al otro.
Una vez que dejó al niño en la orilla contraria, antes de desaparecer, este le reveló que era Cristo, a quien él intentaba ayudar, ayudando a otros.
Al considerar esta historia, uno puede comprender por qué la tradición bautizó a este santo como “Cristóbal”. El nombre proviene del vocablo griego “Christophoros”, que quiere decir “portador de Cristo”, o “el que lleva a Cristo”. Por eso, desde el siglo IV, San Cristóbal ha sido representado generalmente como un hombre de gran altura y fuerza, con el niño Jesús sobre los hombros, mientras cruza las aguas de un río apoyado en un bastón.
En la baja Edad Media se popularizó la creencia de que bastaba mirar la imagen del santo y encomendarse a él para verse libre de todo peligro durante una travesía; y es así como San Cristóbal devino en patrón de peregrinos, viajeros, navegantes, motoristas y transportistas en general.
Mártir
La tradición señala, además, que tras haberse encontrado con Dios hecho niño, San Cristóbal fue bautizado en Antioquía y se dirigió a consolar a los cristianos perseguidos de Licia y Samos. Precisamente, en una de sus estancias en Licia, habría sido tomado prisionero por el rey Dagón, quien, bajo órdenes del emperador Decio, lo mandó torturar. Al resistirse a abdicar de su fe a pesar de ser torturado, se ordenó degollarlo. Según un relato atribuido a un tal Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo gracias a este santo.
San Cristóbal es un personaje muy popular tanto en Oriente como en Occidente. Y su devoción ha trascendido el paso de los siglos. Lo es en tal medida que el arte, las costumbres y la fe de los que viajan lo invocan aquí y allá. Incluso poetas considerados contemporáneos como Federico García Lorca y Antonio Machado lo han cantado con inspirados versos. Su imagen, sea esculpida o pintada, casi siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales del mundo, como es el caso de la Catedral de Toledo en España.
Primicias Rurales
Fuente: aciprensa