Jul 26, 2026 | Especial, Ferias, Exposiciones y Cursos
En Palermo, el organismo compartió con productores, empresarios y periodistas cómo funcionan sus dos servicios gratuitos estrella: la Certificación de Prácticas Laborales Sostenibles y el Programa de Empleo Rural.el marco de la 138ª Exposición Rural.
Buenos Aires, domingo 26 julio (PR/26) — El Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE) tuvo su propio espacio de diálogo el 22 de julio, dentro de la Jornada Ganadera organizada por el INTA. Allí, el organismo ofreció un conversatorio sobre «Desafíos y herramientas para el empleo rural» que reunió a profesionales, empleadores y comunicadores interesados en la gestión del trabajo en el campo.
El encuentro sirvió para explicar en detalle el funcionamiento de dos políticas centrales del organismo: la Certificación Empresarial de Prácticas Laborales Sostenibles (PLS) y el Programa de Empleo Rural (PER), ambos pensados para acompañar a las empresas del sector agropecuario en su día a día.
Dos políticas, un mismo objetivo: fortalecer el empleo registrado
En la apertura del panel, el presidente del RENATRE, Abel Guerrieri, fue claro sobre el sentido de estas herramientas: buscan dar respuestas concretas a las demandas actuales del sector. «Son dos políticas que permiten acompañar a las empresas, fortalecer el empleo registrado y mejorar la competitividad de la producción agropecuaria», aseguró.

Guerrieri agradeció especialmente al presidente del INTA, Nicolás Bronzovich, y al vicepresidente, Carlos Vera, por abrir las puertas del Instituto para este tipo de encuentros. También participaron la jefa del Departamento de Empleo Rural Sostenible, Verónica González, y el delegado de Buenos Aires Norte, Rodrigo Esponda.
Completaron la mesa el vicepresidente del Registro, Adrián Luna Vázquez; la gerente general, Sol Henchoz; y el presidente de la Sociedad Rural de Formosa, Alfredo Maglietti, cuya entidad fue la primera del país en certificar Prácticas Laborales Sostenibles.
Un sello que distingue a las empresas comprometidas
La primera parte de la charla estuvo dedicada a la Certificación PLS, un sello anual y renovable pensado para las empresas que cumplen con la normativa laboral vigente y promueven el trabajo decente en sus establecimientos.
Más allá del reconocimiento simbólico, la certificación funciona como un respaldo institucional cada vez más valorado por consumidores y mercados, tanto locales como internacionales, que buscan garantías sobre las condiciones laborales detrás de cada producto.

El delegado Rodrigo Esponda lo resumió con una idea simple: la competitividad ya no depende solo de la calidad del producto. «También importa demostrar que la producción se desarrolla bajo condiciones laborales adecuadas. La Certificación PLS permite acreditar ese compromiso», explicó.
Más de 5.000 perfiles para conectar campo y trabajo
El segundo eje del encuentro fue el PER, el servicio gratuito de intermediación laboral del organismo, que ya acumula más de 5.000 perfiles laborales relevados en todo el país.
«Esta herramienta permite vincular a las empresas con candidatos previamente entrevistados y con perfiles acordes a cada búsqueda, al tiempo que aporta información para orientar las capacitaciones hacia las necesidades reales del mercado de trabajo», explicó Verónica González.
El circuito es sencillo: quienes buscan trabajar en el campo pueden cargar sus datos en renatre.org.ar/per-dejanos-tus-datos, mientras que las empresas publican sus búsquedas en el Portal RENATRE y reciben perfiles ya seleccionados, lo que agiliza todo el proceso de contratación.
El conversatorio cerró con una ronda de preguntas donde el público profundizó sobre ambas iniciativas y su aporte concreto a la productividad, el empleo registrado y la sostenibilidad de las empresas agropecuarias.
Quienes quieran conocer más sobre estos y otros programas pueden visitar www.renatre.org.ar o seguir las redes sociales del organismo en @renatreinforma.
Primicias Rurales
Fuente: RENATRE
Jul 24, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Informes Técnicos
Aunque la manufactura representa apenas el 7% del PIB australiano, frente al 16% de Argentina, Australia casi quintuplica el ingreso por habitante. En un nuevo trabajo, Horacio Augusto Pereira, investigador sénior del Centro de Investigaciones en Gobierno de la Universidad Austral, sostiene que el desarrollo no depende del peso de la industria manufacturera sobre el PBI, sino de aumentar la productividad y transformar los recursos naturales en nuevas capacidades productivas.
Buenos Aires, sábado 24 de julio (PR/26) — Cada vez que Argentina discute su estrategia de desarrollo aparece una objeción recurrente: Australia no puede ser un modelo para nuestro país porque tiene una superficie mucho mayor, una población sustancialmente menor y, por lo tanto, una dotación de recursos naturales por habitante muy superior.
El investigador sénior del Centro de Investigaciones en Gobierno de la Universidad Austral, Horacio Augusto Pereira, coincide en que esa diferencia existe, pero sostiene que la conclusión suele ser equivocada. «Argentina no es Australia y no debería intentar copiar mecánicamente su estructura productiva. Pero de allí no se desprende que la experiencia australiana tenga poco para enseñarnos», afirma en el trabajo. Más allá del peso relativo de la industria: ¿Qué puede aprender Argentina de Australia?
Para Pereira, Australia no constituye un modelo para copiar, sino un caso para estudiar. Su investigación cuestiona una de las ideas más arraigadas del debate económico argentino: que una disminución del peso de la industria manufacturera sobre el PIB implica necesariamente un proceso de desindustrialización o una pérdida de capacidades productivas.
«La discusión debería ser bastante más sofisticada que cuánto representa la industria sobre el PIB. Deberíamos preguntarnos cuánto valor genera cada sector por habitante, cuánto exporta y qué productividad alcanza», sostiene el investigador.
La comparación internacional permite entender por qué

Los datos muestran que Argentina tiene casi el doble de población que Australia y, sin embargo, la industria manufacturera australiana genera más valor agregado por habitante. Al mismo tiempo, aunque la manufactura representa alrededor del 7% del PIB australiano —frente al 16% de Argentina—, el ingreso por habitante es varias veces superior.
Según explica Pereira, los porcentajes relativos describen la estructura de una economía, pero no necesariamente su capacidad para generar riqueza. «Una industria que representa el 20% de una economía no necesariamente genera más riqueza que una industria que representa el 7% de una economía mucho más productiva», resume.
Esa diferencia cobra especial importancia para Argentina. Si durante los próximos años el agro, la minería, el petróleo y el gas crecen más rápido que el resto de la economía, la participación de la industria manufacturera podría disminuir sin que eso implique una caída de la producción industrial.
«Una economía puede cambiar su estructura y, al mismo tiempo, volverse más rica», sostiene el investigador. Incluso, agrega, la industria puede perder participación relativa en el PIB mientras aumenta su valor agregado por habitante.
La experiencia australiana
El trabajo analiza cómo Australia transformó sus recursos naturales en una plataforma para desarrollar capacidades industriales, tecnológicas y de servicios de alta productividad.
Lejos de limitarse a la extracción de minerales, la actividad minera australiana impulsa un amplio entramado de ingeniería, maquinaria, mantenimiento, automatización, software, transporte, logística, infraestructura y servicios ambientales.
«Una mina no es solamente una mina. También es una demanda de bienes y servicios especializados«, afirma Pereira.
Según datos citados en el estudio, la minería emplea directamente a unas 240.000 personas. Sin embargo, el ecosistema de proveedores y servicios vinculados al sector —conocido como Mining Equipment, Technology and Services (METS)— sostiene alrededor de 1,1 millones de puestos de trabajo en todo el país.
Para el investigador, esa diferencia muestra que el verdadero impacto de los recursos naturales no termina en el empleo directo de las empresas extractivas, sino en las capacidades productivas que logran desarrollarse a su alrededor.
Qué puede aprender Argentina
Pereira aclara que las diferencias entre ambos países son importantes y que Argentina necesita construir su propio camino de desarrollo. Sin embargo, considera que la experiencia australiana ofrece enseñanzas valiosas.
«La cuestión no es replicar la estructura productiva australiana, sino comprender cómo Australia convirtió sus recursos naturales en una plataforma para desarrollar capacidades industriales, tecnológicas y de servicios de alta productividad», sostiene.
En ese sentido, afirma que la minería puede impulsar proveedores de bienes de capital, ingeniería y servicios tecnológicos; Vaca Muerta puede generar infraestructura, conocimiento y empresas especializadas; el agro puede profundizar la incorporación de maquinaria, biotecnología, software y servicios profesionales; y una mayor disponibilidad de energía puede atraer inversiones industriales que hoy no resultan viables.
«El desafío no consiste en elegir entre recursos naturales e industria. Se trata de utilizar los recursos naturales para desarrollar industria, tecnología y servicios de mayor productividad», resume.
El trabajo concluye que no existe un porcentaje «ideal» de industria que determine el desarrollo de un país. La pregunta relevante, sostiene Pereira, es otra: cuánto valor genera cada sector, qué productividad alcanza y de qué manera las ventajas naturales pueden transformarse en nuevas capacidades productivas.
«Australia no demuestra que Argentina deba copiar a Australia. Demuestra algo mucho más importante: que los recursos naturales pueden ser una plataforma de desarrollo y no una condena a la primarización», concluye.
Sobre el autor: Horacio Augusto Pereira es magíster en Políticas Públicas por la Universidad Austral y licenciado en Comercio Internacional por la Universidad Nacional de Quilmes. Es investigador sénior del Centro de Investigaciones en Gobierno de la Universidad Austral y especialista en recursos naturales, desarrollo productivo y competitividad internacional.
Primicias Rurales
Fuente: Universidad Austral
Jul 22, 2026 | Maquinarias
Apenas once complejos industriales en el mundo fabrican los tractores de más de 400 HP, los verdaderos gigantes del campo. Estados Unidos lidera el segmento, pero Alemania, Canadá, Bielorrusia, Rusia y China también tienen su lugar en este exclusivo club.
Buenos Aires miércoles 22 julio (PR/26)–Hay una liga aparte dentro de la maquinaria agrícola, y no es para cualquiera. Son los tractores de más de 400 HP, esos colosos pensados para trabajar sobre millones de hectáreas.
No se fabrican por cientos de miles. Nacen en las grandes planicies de Estados Unidos y Canadá, en las extensiones de Brasil y Argentina, en las estepas de Eurasia y en los campos de Australia.

Y detrás de esos gigantes hay un mapa industrial mucho más chico de lo que uno imagina. Mientras la producción mundial de tractores se reparte entre cientos de plantas, los modelos que superan los 400 HP salen de apenas once complejos industriales, repartidos en solo seis países.
Estados Unidos se lleva la delantera, con tres de las fábricas más importantes del planeta. Alemania aporta su mirada europea sobre la alta potencia. Canadá sostiene la tradición de los grandes articulados. Bielorrusia y Rusia mantienen viva la escuela de ingeniería pesada del este europeo, y China empieza a hacerse un lugar con una nueva generación de tractores de gran porte.
Este es un recorrido por esas fábricas, donde toman forma los tractores más grandes del mundo.
Estados Unidos: el corazón mundial de la alta potencia
El Medio Oeste norteamericano sigue siendo el gran motor de los megatractores. En Iowa, Dakota del Norte y Minnesota se fabrica la mayor parte de los modelos que hoy lideran el segmento, tanto en versiones articuladas como de cuatro orugas.
Estas plantas abastecen principalmente a Estados Unidos y Canadá, aunque también exportan a Sudamérica, Australia y Europa del Este, donde predominan los campos de gran escala.

La planta de Waterloo (Iowa), de John Deere, es considerada el mayor complejo mundial dedicado a tractores: hasta 30.000 unidades por año y 6.400 empleados. Ahí nacen los 9RX 710, 770 y 830, con el motor JD18X de 18 litros, diseñado para superar los 900 HP.
En Fargo (Dakota del Norte), CNH fabrica todos los articulados de alta potencia de Case IH y New Holland, entre 5.000 y 6.000 unidades al año, con procesos robotizados de última generación.
Y en Jackson (Minnesota), AGCO combina la experiencia norteamericana en orugas con la transmisión Vario de Fendt, una marca nacida en Alemania. De ahí salen los tractores de orugas más grandes de Challenger y Fendt.
Alemania: donde la eficiencia se convirtió en potencia
Si Estados Unidos manda en los articulados, Alemania marca el rumbo en los tractores de chasis rígido. Sus fabricantes apostaron por motores de gran cilindrada junto a transmisiones continuamente variables y electrónica de precisión.
En Marktoberdorf (Baviera), sede histórica de Fendt, se fabrica la Serie 1000 Vario, con el emblemático 1050 Vario, el tractor rígido más potente del mercado. Más de 20.000 unidades al año y 4.200 empleados.

En Harsewinkel, Claas eligió otro camino: el Xerion, con chasis rígido simétrico y hasta cabina reversible. Una producción mucho más artesanal, de 400 a 600 unidades por año.
Canadá: la cuna de los grandes articulados
En Winnipeg (Manitoba) nació Versatile, la marca que ayudó a popularizar los grandes articulados en las llanuras cerealeras del norte.

Mientras otros fabricantes suman electrónica sin parar, Versatile eligió otro camino: simplicidad mecánica y facilidad de reparación, con motores Cummins y transmisiones Caterpillar.
Bielorrusia: el gigante histórico de Europa del Este
Mucho antes de que China o India se metieran en el negocio de la maquinaria pesada, Minsk Tractor Works ya vendía tractores a medio mundo. Hoy sigue siendo uno de los mayores fabricantes globales.

Su planta de Minsk ocupa más de 150 hectáreas y produce entre 40.000 y 50.000 tractores al año, con más de 16.000 empleados. La compañía evolucionó hacia motores Weichai y transmisiones hidromecánicas propias, sin perder su sello: robustez y simplicidad mecánica.
Rusia: potencia para las condiciones más extremas
Los grandes tractores rusos nacieron para trabajar en algunas de las condiciones más duras del planeta. Kirovets y Rostselmash representan dos escuelas industriales distintas, pero con algo en común: una fuerte integración productiva.

En San Petersburgo, Kirovets fabrica la Serie K-7, con creciente incorporación de motores y sistemas hidráulicos chinos tras las sanciones internacionales.
En Rostov del Don, Rostselmash —más conocida por sus cosechadoras— también se consolidó en los articulados de alta potencia, con la Serie RSM 3000, de hasta 583 HP, pensada para Rusia, Kazajistán y Siberia.
China: el nuevo aspirante al club
Durante décadas, China se dedicó a los tractores chicos y medianos. Eso cambió: hoy sus principales fabricantes ya compiten en el segmento más exigente del mercado.
En Wuhu, Zoomlion produce el DV4004, el tractor que marcó el ingreso del país al club de los 400 HP, con transmisiones CVT desarrolladas íntegramente en China.

Y en Weifang, Lovol —integrada al grupo Weichai— levanta uno de los mayores complejos de maquinaria agrícola de Asia, con más de 50.000 tractores al año y motores propios de hasta 15,3 litros.
Las claves del nuevo mapa industrial
Aunque cada año se fabrican millones de tractores en el mundo, los modelos de más de 400 HP salen de apenas once grandes complejos industriales altamente especializados.
Tres de las fábricas más importantes están en el Medio Oeste norteamericano, cuna de los articulados y de los sistemas de cuatro orugas que hoy dominan la categoría.
La alta potencia ya no depende solo del motor: las transmisiones inteligentes, la gestión electrónica del torque y las orugas de caucho son hoy tan importantes como los caballos de fuerza a la hora de ganar eficiencia y cuidar el suelo.
La expansión de Zoomlion y Lovol confirma que China dejó atrás la etapa de los tractores básicos y ya apunta a uno de los segmentos más complejos de la maquinaria agrícola.
Pese al avance asiático, los polos históricos de Estados Unidos, Alemania y Europa del Este siguen concentrando la mayor parte del conocimiento y la capacidad industrial para fabricar los tractores más potentes del mundo.
Primicias Rurales
Fuente: maquinac
Jul 14, 2026 | Especial, Ganadería
En su planta de Poznań, Volkswagen reemplazó la maquinaria tradicional por un rebaño hambriento que mantiene el pasto bajo control entre 31.000 paneles solares. El experimento busca demostrar que la energía limpia y la vida animal pueden convivir en un mismo terreno.
Buenos Aires, martes 14 julio (PR/26)–Volkswagen encontró una solución tan simple como efectiva para un problema que enfrentan todas las plantas solares: cómo controlar el crecimiento del césped sin dañar los paneles ni recurrir a maquinaria pesada. La respuesta llegó con pezuñas y no con motores.
En su fábrica de Poznań, Polonia, la compañía decidió reemplazar las cortadoras de césped tradicionales por un rebaño de 100 ovejas. Los animales pastan libremente entre las hileras de paneles y mantienen el terreno prolijo de forma natural.

La iniciativa forma parte de un proyecto más amplio que estudia cómo se puede combinar la energía solar a gran escala con el uso agrícola tradicional de la tierra, una práctica conocida como agrivoltaica.
Más que simples cortacéspedes con patas
El aporte de las ovejas va más allá de mantener el pasto corto. Su presencia también sirve de base para un estudio científico sobre biodiversidad y microclima local, cuyos resultados podrían replicarse en otras plantas solares del mundo.

Al eliminar la necesidad de maquinaria para el desbroce, la empresa reduce además su huella de carbono, un objetivo cada vez más urgente para cumplir con las exigentes normativas ambientales europeas.
Los números detrás del parque solar
La granja solar donde pastan las ovejas ocupa 27 hectáreas y fue construida y gestionada por la firma Quanta Energy. La instalación cuenta con 18,3 MW de potencia distribuidos en 31.000 paneles solares, capaces de abastecer hasta el 100% de los procesos de la planta en un día de alta radiación solar.
En un día normal, este parque fotovoltaico aporta una cuarta parte de la energía total que consume la fábrica, donde se producen componentes y vehículos comerciales como la furgoneta eléctrica e-Crafter.
Primicias Rurales
Fuente: hibridosyelectricos
Jul 14, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro
De acuerdo con las estadísticas oficiales (SAGyP), durante los primeros cinco meses de 2026, las exportaciones agroindustriales alcanzaron USD 22.394 millones, lo que representó un crecimiento interanual del 17,5%, mientras que las cantidades exportadas aumentaron 18,4%
Buenos Aires, martes 14 de julio (PR/26) .- . El hecho de que los volúmenes hayan crecido levemente más que el valor indica que, en términos agregados, la expansión estuvo impulsada principalmente por una mayor oferta exportable y no por una mejora generalizada de los precios.
En los grandes cultivos, el principal impulso provino de una mayor disponibilidad física. Las cantidades exportadas de trigo aumentaron 64%, las de girasol 142%, las de maíz 12% y las de sorgo 117%. En estos casos, el valor exportado también creció, pero generalmente menos que los volúmenes, lo que revela valores medios por tonelada algo inferiores. En trigo, por ejemplo, las cantidades aumentaron 64% y el valor 48%; en girasol, los incrementos fueron de 142% y 126%, respectivamente. La expansión respondió, por lo tanto, fundamentalmente a las muy buenas cosechas de este último ciclo agrícola y los consecuentes mayores embarques.
En otras cadenas, en cambio, el factor determinante fueron los precios o una valorización más favorable de la oferta exportada. El caso más claro es el complejo bovino: el valor exportado creció 38%, mientras que las cantidades se mantuvieron prácticamente sin cambios. La mejora se concentró en la carne bovina, cuyas exportaciones pasaron de USD 1.149 millones a USD 1.645 millones, y en otros productos cárnicos, mientras disminuyeron las ventas de grasas. El resultado combina mejores valores unitarios con una composición exportadora más concentrada en productos de mayor valor.
También se observan cambios de composición relevantes al interior de algunos complejos. Un ejemplo es el de las legumbres, el crecimiento no fue uniforme al interior de este grupo: las exportaciones de poroto pasaron de 44.000 a 156.000 toneladas y de USD 33 millones a casi USD 125 millones, mientras retrocedieron las arvejas y las lentejas. En soja, el valor total permaneció prácticamente estable, pero aumentaron las exportaciones de poroto y disminuyeron las de aceite y otros productos procesados, lo que implicó un desplazamiento hacia una canasta de menor transformación.
Otros casos muestran que un mayor volumen no siempre se traduce en más dólares. Las cantidades exportadas de maní aumentaron 30%, pero el valor total cayó casi 3%, debido a una fuerte reducción de los valores medios por tonelada. Algo similar, aunque menos marcado, ocurrió en varios productos lácteos y forestales. En la foresto industria, por ejemplo, crecieron las exportaciones de madera aserrada y contrachapados, pero cayeron las de papel, cartón y taninos, de modo que las cantidades totales aumentaron levemente y el valor disminuyó.
En sentido contrario, algunos complejos lograron generar más valor con menores volúmenes. Las exportaciones de ingredientes alimenticios aumentaron 32% en dólares pese a una caída del 10% en las cantidades, impulsadas por el fuerte crecimiento de proteínas y enzimas, productos de mayor valor unitario. También en otras hortalizas el valor exportado creció aun cuando las cantidades se redujeron, como resultado de cambios significativos en la mezcla de productos.
El crecimiento exportador agroindustrial de 2026 no responde, en consecuencia, a un único viento de cola. En algunas cadenas predominó la expansión de la producción y la oferta exportable; en otras, mejores precios, mayor inserción en determinados mercados o una canasta de productos de mayor valor. También hubo complejos donde el aumento de los volúmenes fue parcialmente neutralizado por menores precios o por un desplazamiento hacia productos menos elaborados. El resultado agregado fue favorable y relativamente extendido, pero sus motores fueron diferentes entre complejos y mucho más heterogéneos cuando se analiza el desempeño a nivel de productos.
Una segunda forma de mirar el desempeño exportador es clasificar los bienes no por complejo agroindustrial, sino por la etapa productiva en la que se ubican: productos primarios, primera transformación, manufacturas intermedias y manufacturas finales. Esta lectura permite identificar si el aumento de las ventas externas respondió a una expansión de bienes primarios, a un mayor procesamiento industrial o a un avance de productos más cercanos al consumo final.
La clasificación por etapas busca ordenar las exportaciones según el grado de transformación del bien exportado. Los productos primarios son aquellos que se venden con nula o muy poca transformación industrial, como maíz, trigo en grano, poroto de soja, girasol, cebada, maní, frutas o miel. La primera transformación incluye bienes que resultan del primer procesamiento de esa materia prima, como aceite y subproductos de soja, aceite de girasol, carne bovina deshuesada, leche en polvo o cueros curtidos. Las manufacturas intermedias son productos más elaborados que suelen funcionar como insumos para otras industrias, como lecitinas, aceites esenciales, glicerol, proteínas, enzimas o ciertas manufacturas de madera. Finalmente, las manufacturas finales comprenden bienes más cercanos al consumo final o al canal minorista, como vinos, preparaciones de papa, preparaciones de maní, alimentos para animales domésticos, chocolates, golosinas, aceitunas de mesa o galletitas.
Esta clasificación no mide la complejidad tecnológica en sentido estricto, sino el lugar aproximado que ocupa cada bien dentro de la cadena productiva. Por eso resulta útil para complementar la mirada por complejos: permite distinguir si el aumento exportador proviene de una mayor salida de materias primas, de bienes con primer procesamiento industrial o de productos más elaborados y cercanos al consumo final.
Desde esta perspectiva, el crecimiento de los primeros cinco meses de 2026 aparece claramente concentrado en los primeros eslabones de las cadenas. Las exportaciones de productos primarios pasaron de USD 7.887 millones a USD 10.038 millones, con una suba del 27,3%, y explicaron 11,3 puntos porcentuales del crecimiento total del valor exportado. La primera transformación también aumentó, de USD 9.906 millones a USD 11.030 millones, con una mejora del 11,3% y un aporte de 5,9 puntos porcentuales. En conjunto, productos primarios y primera transformación explicaron prácticamente todo el incremento exportador del período.
Los resultados de los primeros cinco meses de 2026 muestran una mejora exportadora significativa y bastante extendida. En la mirada por complejos, 29 de los 52 agrupamientos agroindustriales crecieron simultáneamente en valor y cantidades, mientras que otros 11 aumentaron al menos una de las dos variables. En la mirada por etapas productivas, el incremento estuvo concentrado en productos primarios y bienes de primera transformación, que explicaron prácticamente todo el crecimiento del valor exportado del período. Es decir, la agroindustria no solo exportó más, sino que lo hizo principalmente desde los eslabones con mayor capacidad de respuesta inmediata.
Que el crecimiento haya estado liderado por productos primarios no debería interpretarse como una señal negativa. En buena medida, es el resultado esperable cuando mejoran las condiciones productivas y los incentivos de cadenas que pueden responder relativamente rápido, como ocurre con los cultivos extensivos. En granos, una buena campaña se traduce con rapidez en más toneladas exportables y, por lo tanto, en más divisas. En cambio, otras actividades agroindustriales tienen tiempos de maduración más largos: la ganadería requiere recomponer stocks, mejorar genética, ampliar capacidad de engorde y faena; la lechería necesita inversiones en tambos, alimentación, tecnología y plantas; la fruticultura y la forestoindustria dependen de decisiones que se toman con horizontes de varios años; y las manufacturas finales suelen requerir desarrollo comercial, escala, marcas, adaptación a estándares externos y apertura de mercados.
Desde esta perspectiva, el desempeño de 2026 puede leerse como una primera respuesta positiva de la agroindustria ante un contexto más favorable. La estabilidad macroeconómica, la reducción de distorsiones, la baja de impuestos a la exportación, la mayor previsibilidad y las oportunidades asociadas a una mayor integración comercial pueden empezar impactando primero en los eslabones de respuesta más rápida. Si ese entorno se sostiene, es razonable esperar que, con más tiempo, también comiencen a reaccionar con mayor intensidad las etapas de transformación, las cadenas regionales, las proteínas animales, los alimentos elaborados y otros bienes más cercanos al consumo final.
Además, la generación de valor asociada a los productos primarios no ocurre solamente “aguas abajo”, mediante su transformación industrial. También se produce “aguas arriba”, en la red de proveedores que hace posible ampliar la producción: semillas, genética, fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria agrícola, riego, servicios agronómicos, transporte, almacenamiento, logística, tecnología aplicada y servicios profesionales. Un aumento de las exportaciones primarias puede traccionar actividad, inversión y empleo en todos esos eslabones, aunque esa contribución no siempre sea visible cuando el análisis se limita al producto exportado o al complejo exportador.
El desafío, por lo tanto, no es contraponer productos primarios y manufacturas, sino construir una trayectoria en la que ambos se refuercen. Más producción primaria genera escala, divisas, demanda de servicios y oportunidades para procesar, diferenciar y sofisticar la oferta exportable. A su vez, más transformación industrial permite capturar valor y reducir la exposición a ciclos climáticos o de precios. El dato de los primeros cinco meses de 2026 muestra una agroindustria que volvió a expandirse con fuerza; el paso siguiente es sostener las condiciones para que esa primera respuesta se traduzca, gradualmente, en más inversión, más productividad y una canasta exportadora más amplia.
Primicias Rurales
Fuente: Ieral Por Juan Manuel Garzón