Ago 9, 2026 | Desarrollo Humano
Creer que el cariño sólo es real cuando se expresa como nosotros esperamos es uno de los errores más comunes en la vida de pareja. Aprender a reconocer las mil formas en que el amor se manifiesta es, muchas veces, el verdadero comienzo de la madurez afectiva.
Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26)–Uno de los errores más comunes en la vida en pareja es pensar que el amor solo es verdadero cuando llega en el formato exacto que esperamos. Sin darnos cuenta, armamos un reglamento invisible: si me ama, va a recordar mi cumpleaños; si me ama, me lo va a decir con palabras; si me ama, me va a acompañar a donde yo quiera.
El problema empieza cuando esas expectativas se convierten en una medida universal. Ahí dejamos de ver lo que el otro sí hace, y empezamos a anotar únicamente lo que no hizo. La convivencia se transforma en tribunal, y la pareja termina teniendo que demostrar su cariño como si rindiera cuentas ante un juez.

Ella puede pensar: si se olvida de una fecha importante, si no me hace un regalo, si no me dice que me ama, entonces no me ama. Él puede sentir: si no valora mi esfuerzo, si no agradece lo que hago, entonces tampoco me ama. Los dos pueden estar amándose de verdad y, al mismo tiempo, sentirse profundamente decepcionados. No porque falte cariño, sino porque cada uno espera recibirlo en el idioma que conoce.
Los mil idiomas del cariño
Pero el amor tiene muchos lenguajes. Hay quien ama con palabras, y hay quien ama con el silencio de la fidelidad. Algunas personas eligen los regalos; otras, resolver problemas sin hacer ruido. Hay quien abraza, quien acompaña, quien cuida, quien escucha, quien trabaja, quien simplemente se queda.
Hay amores que suenan como campanas y se escuchan de lejos, y otros que son como raíces: casi invisibles, pero sostienen todo el árbol. Aprender a amar también es aprender a descubrir la manera particular en que el otro nos quiere.

Esto no significa resignarse ni aceptar indiferencia, desprecio o malos tratos disfrazados de «estilo personal». El amor verdadero jamás pide que confundamos el abandono con libertad, ni la desconsideración con autenticidad. Pero una cosa es pedir cariño con honestidad, y otra muy distinta es exigirle al otro que ame exactamente como nosotros imaginamos que debería hacerlo.
Aprender a reconocer lo que el otro sí da
Cuando decimos «si no hacés esto, no me amás», muchas veces no estamos hablando del amor del otro, sino de nuestra propia expectativa. En realidad estamos diciendo: no me amás como yo quiero. Y esa diferencia es enorme, porque el amor no es una coreografía que el otro tiene que aprender paso por paso para no equivocarse.
La madurez en la par
eja empieza cuando dejamos de perseguir una demostración perfecta y aprendemos a notar las pequeñas señales que antes pasábamos por alto. Tal vez no dijo la frase esperada, pero estuvo presente. Tal vez no compró el regalo, pero cuidó de nosotros. Tal vez no respondió como imaginábamos, pero se quedó cerca cuando más lo necesitábamos.
El amor no es un contrato de equivalencias exactas, sino una disposición para reconocer y agradecer el bien que el otro nos entrega, aunque llegue de una forma distinta a la nuestra. No todo cariño toma la forma de nuestras expectativas, y aun así puede ser sincero, profundo y constante.

Quizá una de las mayores pruebas de amor sea justamente esa: dejar al otro ser quien es. Reconocer su estilo, recibir su modo de querer y entender que el amor no siempre llega vestido como lo soñamos. A veces entra sin ceremonia, se sienta a nuestro lado y, en silencio, nos acompaña durante toda la vida. Porque el verdadero amor es incondicional y no admite expectativas personales, y mucho menos juzga la manera en que el otro elige amar.
Primicias Rurales
Fuente: Aleteia
Jul 25, 2026 | Actualidad, Desarrollo Humano
A días de la Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, la hermana Rosa Parra, de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, invita a mirar a los ancianos sin prejuicios y a regalarles lo que más necesitan: tiempo, presencia y ternura.
Buenos Aires sábado 25 julio (PR/26)–En un mundo que corre cada vez más rápido, hay un ritmo que se ha ido perdiendo por el camino: el de sentarse a escuchar a un anciano. La hermana Rosa Parra, de la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, lo tiene claro: cuidar a una persona mayor no es solo darle de comer o asearla. Es, sobre todo, mirarla a los ojos y hacerle sentir que todavía importa.

Este 26 de julio se celebra la sexta Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, instituida por el Papa Francisco en 2021 y continuada hoy por el Papa León XIV. Para la religiosa, la fecha funciona como una alarma que despierta a la sociedad de un olvido silencioso.
«Siempre es como un recordar», explica Parra. Una manera de sacar el polvo a realidades que, en el ajetreo diario, tienden a quedar guardadas en un cajón.
Visitar, escuchar y acompañar
Desde el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el cardenal Kevin Farrell y monseñor Dario Gervasi convocan a las comunidades parroquiales a salir al encuentro de quienes viven solos, de los que pasan sus días en hogares de ancianos y de los que ya no reciben visitas.

Entre las sugerencias pastorales figuran no quedarse solo en los espacios comunes sino animarse a golpear la puerta de cada habitación, pedir a los ministros de la Eucaristía que dediquen más tiempo a la escucha, e invitar a las familias a visitar a los ancianos solos de su propio edificio o barrio.
Cuidar el cuerpo y acompañar el alma
Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados nacieron en 1873, de la mano del sacerdote Saturnino López Novoa, conmovido por tantos ancianos que quedaban solos y sin nadie que los cuidara. Hoy la congregación sostiene una red de unos 197 hogares en 21 países.

«Nuestra misión concreta es esta atención, no solo material», afirma la religiosa. Dar de comer, asear, rezar el rosario, llevar a la Eucaristía o simplemente tomar de la mano son, para ella, formas distintas de una misma tarea: transmitir la ternura de Dios. El carisma de la congregación se resume en una frase que las guía desde hace más de 150 años: «Cuidar los cuerpos para salvar las almas«.
Una sabiduría que las nuevas generaciones necesitan
La hermana Rosa advierte sobre el riesgo de reducir la vejez únicamente a la fragilidad y el deterioro físico. Prefiere, en cambio, poner el foco en la riqueza de la experiencia que cada anciano lleva consigo. En su trabajo con voluntarios jóvenes, insiste en que sean los mayores quienes ocupen siempre el centro de la escena.

«Todo anciano, por muy limitado que sea, nos da una lección», asegura. Y va más allá: la dignidad de una persona no depende de sus logros ni de sus capacidades, sino del simple hecho de ser hijo de Dios. Incluso cuando ya no puede hablar, sostiene, un anciano sigue mereciendo cuidado, respeto y amor.
Frente a la cultura del descarte
«El carácter del anciano no es la rapidez, es más bien pausado», observa la religiosa. En una sociedad acelerada por la tecnología, muchos mayores terminan por sentirse desplazados o, incluso, una carga, aunque sus familias los quieran.

La respuesta, insiste, no exige grandes gestos: ayudar a cruzar la calle, acompañar con las bolsas del supermercado o simplemente detenerse a saludar pueden transformar el día de una persona mayor. Detrás de cada pequeño gesto, dice, hay una certeza profunda: «alguien se acuerda de mí».
«Yo no te olvidaré»
Ese es, justamente, el lema elegido por el Papa León XIV para esta Jornada. Para la hermana Rosa, la frase resume una certeza que sostiene toda su vocación: Dios no se olvida de nadie, y menos aún de quienes atraviesan la fragilidad.
Por eso invita a los jóvenes a acercarse sin miedo a sus abuelos y a los ancianos de su entorno. No se trata de grandes acciones, aclara, sino de algo mucho más simple: dejar el celular, dejar el reloj, y simplemente estar. «Mi tiempo es para ti», propone como actitud concreta de acompañamiento.

Desde su experiencia junto a ancianos enfermos y en los últimos tramos de su vida, la religiosa guarda el recuerdo de quienes, pese a sus limitaciones, hablaban con serenidad de su familia y de la esperanza de encontrarse pronto con Dios. Una lección de fe que, asegura, ninguna persona frágil debería sentir que se pierde en el olvido.
Primicias Rurales
Fuente: Vatican News
Abr 9, 2026 | Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 35-48
En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:
«Paz a vosotros».
Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Y él les dijo:
«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
«¿Tenéis ahí algo de comer?».
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Y les dijo:
«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y les dijo:
«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».
Palabra del Señor
Feb 9, 2026 | Aventura y Turismo
“El amor está del otro lado del miedo”: una experiencia para acceder al inconsciente y alinear mente y corazón
Buenos Aires, lunes 9 febrero (PR/26) — El próximo 22 de febrero, desde las 9 horas, se llevará a cabo en General Madariaga la jornada vivencial “El amor está del otro lado del miedo”, una propuesta de bienestar y desarrollo personal asistida con caballos, orientada a acceder al inconsciente, transformar creencias limitantes y revelar información interna no registrada de manera consciente.
El encuentro propone un abordaje integral que articula cuerpo, emoción y presencia, alineando el eje cerebro–corazón mediante dinámicas experienciales, prácticas de conciencia corporal y herramientas de coaching, sistémica y constelaciones familiares.
En este proceso, los caballos actúan como facilitadores naturales, reflejando estados emocionales y promoviendo una conexión profunda con el presente.
“El caballo no juzga ni interpreta: responde a lo que somos en el aquí y ahora. En ese espejo aparecen emociones, memorias y patrones que muchas veces no llegan por la palabra”, explica Sandra Kan, una de las propietarias del Centro Ecuestre Las Margaritas junto a Karina Ponce, ambas impulsoras del programa.

Karina, equinoterapeuta y amazona incansable agrega: “Esta experiencia invita a atravesar el miedo con presencia y a descubrir que, del otro lado, hay amor, claridad y una nueva forma de habitarse”.
La jornada incluye un video introductorio previo, sintonía con el espacio y los caballos, activación del cuerpo bioenergético, dinámicas asistidas, meditación guiada con herramientas de coaching y sistémica, ejercicios de Tapping y un cierre integrador. Además, se ofrece refrigerio y colaciones, y se contempla la adaptación de las actividades según las necesidades de cada participante.
Por su parte, Mariana Galufa, facilitadora del encuentro y creadora del concepto Equinomancia, destaca el rol del caballo como catalizador de procesos de conciencia: “Equinomancia es una propuesta de bienestar y desarrollo personal que utiliza la tecnología del comportamiento equino para crear dinámicas que nos permiten acceder al inconsciente y alinear mente y corazón. El caballo, por su sensibilidad y coherencia, genera una sinergia muy potente con el ser humano: se produce un encuentro entre los campos electromagnéticos del caballo y la persona, facilitando procesos de toma de conciencia, orden emocional y transformación interna. La base de la Equinomancia surge y se expande desde Ruralma, un emprendimiento de Lili Cagnoli como emprendedora social y titular del espacio. Desde este lugar se promueve el bienestar integral del ser vivo y su entorno, bienestar humano, animal, ambiental, científico y económico”.
Centro Ecuestre Las Margaritas y Ruralma se unen para promover la sinergia de cada uno de los espacios, enfocados en el bienestar en entornos naturales como los que ofrecen mar, sierras y campo.
La intención es generar un intercambio entre los tres partidos de la Provincia de Buenos Aires generando no sólo un calendario de actividades sino opciones de turismo rural y de mar y sierra para aquellos que deseen visitarlos y, a la vez, disfrutar de actividades con caballos.
Equinomancia tiene su sede en Ruralma, Tandil, un espacio orientado al bienestar integral humano, animal y ambiental, con una mirada sostenible e inclusiva que ofrece experiencias vivas promoviendo el turismo rural. “Hoy estamos creando un puente con el Centro Ecuestre Las Margaritas, en General Madariaga, para unir turismo rural y bienestar, compartiendo esta experiencia tanto en Tandil como en la zona de la costa. Es un camino que conecta mar, campo y sierras, atravesado por valores y ejes comunes”, aclarando que la zona integra Tandil, con Madariaga, Pinamar, Villa Gesell y el Municipio de la Costa y que el Centro Ecuestre las Margaritas será sede de las capacitaciones presenciales que se realizan en Ruralma”.
La jornada estará coordinada por Sandra, Karina, Lili y Mariana, quienes invitan a participar de una experiencia transformadora de conexión, presencia y autoconocimiento.
Centro Ecuestre Las Margaritas: una historia que nació a caballo y creció en libertad
El Centro Ecuestre Las Margaritas nació de una idea que, como muchas de las cosas importantes, surgió arriba de un caballo. Fue el encuentro entre dos personas que sienten que no se cruzaron por casualidad, sino porque el universo las puso en el mismo camino, en el momento justo.
Karina, actualmente socia de Sandra, fue criada entre caballos, y está certificada en equinoterapia y terapias asistidas por caballos, además de ser criadora de caballos. Se conocieron cuando Kan le llevó su potro para ser domado. Desde ese primer contacto hubo afinidad, confianza y una misma manera de mirar el vínculo con los animales. “Pegamos buena onda desde el primer día”, coinciden.
Ambas compartían un sueño: que los caballos pudieran vivir en libertad, lejos de espacios reducidos, y que ese modo de vida fuera también parte del proceso terapéutico. Mientras Karina deseaba desarrollar y expandir sus conocimientos, surgió naturalmente la idea de unirse y crear algo propio, auténtico y con sentido.
Casi en simultáneo apareció el campo. En septiembre, entraron por primera vez a un potrero cubierto de pastos altos, aparentemente sin forma. Al recorrerlo descubrieron que, al fondo de las siete hectáreas, crecía un campo de margaritas silvestres. Así nació el nombre del lugar, como una señal clara de que ese era el espacio indicado.

Las Margaritas tiene una particularidad única en la región: no existe en Madariaga, Villa Gesell ni Pinamar otro espacio dedicado a la equinoterapia de manera sistémica, seria y profesional, con el equipo y el abordaje adecuados.
Por eso decidieron empezar desde cero, construyendo el lugar con sus propias manos: cortaron plantas, sembraron, armaron el picadero y cuidaron cada detalle, respetando el estilo y la sensibilidad que las identifica.
Para Kan, este proyecto también significó un cambio de vida profundo. Proveniente del periodismo, encontró en los caballos un nuevo camino: paz, felicidad, energía y ganas de vivir. “Cada caballo tiene su historia, y ese vínculo me permite enfrentar la mía, atravesar pérdidas y fortalecerme”, expresa.
Hoy, el Centro Ecuestre Las Margaritas cuenta con habilitación municipal y proyecta el desarrollo de actividades socioculturales, terapéuticas y de bienestar.
Es un espacio con una energía particular, donde los caballos viven en una relación simbiótica entre ellos, y donde los humanos ingresan no para dominar, sino para formar parte de la manada.
Las Margaritas es más que un centro ecuestre: es un lugar de encuentro, sanación y pertenencia, donde naturaleza, animales y personas conviven en equilibrio.
Más info @centroecuestrelasmargaritas
Primicias Rurales
Fuente: Centro Ecuestre Las Margaritas