El grito de auxilio de Nahuel Gallo por los presos que el régimen venezolano oculta tras el sismo

El grito de auxilio de Nahuel Gallo por los presos que el régimen venezolano oculta tras el sismo

Tras sobrevivir un año y medio de encierro injusto en Venezuela, el gendarme argentino alza la voz de alerta: el reciente terremoto amenaza con sepultar bajo escombros y olvido a decenas de extranjeros atrapados en cárceles obsoletas.

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, miércoles 8 julio — (PR/26)–El regreso a la libertad no apagó el compromiso de Nahuel Gallo. El gendarme argentino, que sobrevivió a un calvario de dieciocho meses en la tristemente célebre cárcel de El Rodeo, ha decidido convertirse en el altavoz de quienes quedaron atrás.

Su misión actual es visibilizar una realidad trágica: la alarmante situación de los extranjeros detenidos sin causa bajo la dictadura caribeña, un drama que hoy adquiere un tinte de urgencia extrema tras el devastador terremoto del 24 de junio.

Infraestructuras al borde del colapso

 

El sismo ha transformado el encierro en una trampa mortal. Gallo advirtió que el penal donde estuvo recluido cuenta con cuatro pisos construidos sobre instalaciones muy antiguas que carecen de cualquier mantenimiento, elevando al máximo el riesgo de desmoronamientos.

La desesperación traspasa los muros coloniales. El gendarme relató que familiares de los internos confirmaron que ya se cayeron pedazos de escombros dentro de las celdas, amenazando la vida de una población reclusa que no tiene hacia dónde huir.

En ese infierno edilicio conviven decenas de inocentes. Según sus registros, al momento de su liberación quedaban al menos 23 extranjeros presos en su sector, siendo la gran mayoría de nacionalidad colombiana, quienes suman cerca de 19 ciudadanos desprotegidos.

Tensión política entre los escombros

 

La tragedia también desnudó la miseria política del régimen. Gallo manifestó una profunda indignación por la actitud de Diosdado Cabello, ministro de Justicia, quien intentó expulsar a los rescatistas de los Estados Unidos desplegados en las zonas afectadas.

A pesar de las provocaciones del funcionariado chavista, el gendarme destacó el temple de las brigadas de Washington, quienes decidieron priorizar salvar vidas humanas entre las ruinas antes de entrar en disputas con las autoridades locales.

Para el uniformado argentino, el silencio global está comenzando a romperse. Su meta es lograr que el mundo entero logre visibilizar la situación y entienda la verdadera crudeza de un modelo que durante años fue denunciado en vano por su propio pueblo.

Vivir bajo la sombra de la persecución

 

La libertad de Gallo es vigilada de cerca. Actualmente se desplaza por Buenos Aires con una estricta custodia policial debido a que desafió las restricciones de la medida cautelar impuesta por los tribunales venezolanos.

La justicia de Caracas le exigía firmar mensualmente en el juzgado y le prohibía dar ruedas de prensa. Sin embargo, desde el suelo argentino, Gallo decidió romper el pacto de silencio: «El régimen venezolano sí tortura», sentenció con firmeza.

Con una inquebrantable fe en el futuro, el gendarme cerró su testimonio enviando un mensaje directo de fuerza al pueblo venezolano, recordándoles con esperanza que en algún momento lograrán salir de esta situación opresiva.

Primicias Rurales
Fuente: Agencia NA 

 

 

Hoy celebramos a San Juan de Matera, a quien Dios protegió de la calumnia y la maledicencia

Hoy celebramos a San Juan de Matera, a quien Dios protegió de la calumnia y la maledicencia

San Juan de Matera, 20 de junio / ACI Prensa

Buenos Aires, sábado 20 junio (PR/26) — Cada 20 de junio, la Iglesia celebra a San Juan de Matera, monje italiano fundador de la Orden de Pulsano -razón por la que se le conoce también como San Juan de Pulsano-.

Por un largo periodo, Juan vivió como eremita en las montañas del sur de Italia. La congregación que fundó después fue parte de la gran familia benedictina, pero, lamentablemente, no sobrevivió en el tiempo y hoy se encuentra extinta.

Giovanni Scalcione nació en la ciudad de Matera, Reino de Nápoles (hoy parte de Italia), hacia el año 1070.

Cuando era todavía un niño, Juan soñó con vivir como ermitaño. Cuando creció, quiso perseguir su sueño y dejó la casa de sus padres rumbo a las islas ubicadas frente a Tarento, donde había un monasterio. Allí ingresó en calidad de hermano lego para desempeñarse como pastor y guardián de rebaños.

Blanco de la hostilidad de este mundo

 

Tiempo después fue enviado a Ginosa donde comenzó a predicar y a promover la restauración del templo de la ciudad, alrededor del cual posteriormente se construiría un nuevo monasterio.

En medio del esfuerzo restaurador, San Juan de Matera fue acusado injustamente de haberse apropiado de algunos bienes pertenecientes a la Iglesia y, por orden del gobernador de la provincia, sería condenado a prisión.

La acusación no era sino una calumnia armada por sus enemigos, celosos de la autoridad moral que exhibía el santo.

Además, su conocida austeridad reforzaba la idea de que tanto las imputaciones como el castigo carecían de fundamento.

También era verdad que parte de la población no deseaba un monasterio en el lugar pues veían con desagrado la posibilidad de que Juan fuese una voz alzada contra el poder secular que pretendía interferir en la vida eclesial.

Poco después, sin que se hayan aclarado bien las razones hasta hoy, Juan salió de prisión. Eso contribuyó al difundido rumor en ese momento de que había sido liberado por un ángel. El santo, entonces, se dirige a Capua, donde permanece por un breve tiempo antes de seguir su camino. Juan no podía permanecer en el lugar ya que los pobladores estaban asustados, temiendo represalias de las autoridades.

Incomprensión de sus hermanos

 

Llegado a Bari, retomó la predicación y la catequesis, pero fue acusado nuevamente, esta vez de herejía.

Sus enemigos usaron como pretexto cierto énfasis que ponía Juan en la importancia de la austeridad para alcanzar la santidad. Cuando las cosas se aclararon, fue liberado nuevamente, gracias a que le permitieron defenderse ante los tribunales; derecho que ejerció personalmente y de manera brillante.

En 1130, en el antiguo monasterio de San Gregorio de Pulsano, construido gracias a su iniciativa y empuje, Juan fundó la congregación monástica que lleva el nombre de ‘Orden de San Pulsano’.

Allí restituye la regla de San Benito en su espíritu y letra, y es nombrado abad, servicio que ejerció durante los diez siguientes años.

San Juan de Matera tuvo la bendición de ver crecer a sus hijos espirituales, que empezaron a hacerse conocidos y a aumentar en número -unos 50 monjes integraron la Orden en unos pocos años-.

El santo falleció el 20 de junio de 1139 en Foggia (Pulla), a donde había viajado con la intención de abrir un monasterio más para la congregación.

 

Primicias Rurales
Fuente: ACI Prensa