Buenos Aires, 24 septiembre (Especial de NA, por Matilde Fierro) — Las abundantes lluvias en el área agrícola argentina colocaron en el tapete el impacto que tiene el cambio climático en los suelos y en los cultivos, mientras que el trigo, maíz y arroz fueron los más afectados a nivel global, la soja aún resiste.
   Matilde Rusticucci, especialista en Ciencias de la Atmósfera e investigadora del Conicet estima que las fechas de siembra tienen que cambiar porque variaron las estaciones.
   "En nuestro país en muchas regiones el verano se ha extendido hacia la primavera y el otoño. El invierno se ha reducido así como también el número de heladas. El clima cambió y va a seguir cambiando", explicó.
   Además advirtió que "las lluvias van a aumentar en el norte y este del país y más en verano que en invierno" y señaló que el cambio climático no hizo que la soja disminuyera su rendimiento: "por el contrario en algunos casos demostró un aumento, lo que implica que el clima la favoreció".
   Rusticucci sostiene que el problema del cambio climático surge cuando se comienza a ver que aumenta la temperatura media anual global sostenidamente a lo largo de los años.
   "Esto se da por lo menos desde comienzos del siglo XX donde se registró un aumento muy significativo y 2016 fue el año más cálido en los últimos 168 años", indicó.
   Este fenómeno fue acompañado de un récord de gases de efecto invernadero: El dióxido de carbono que es el responsable del cambio climático, también alcanzó marcas históricas.
   "Son valores que no tienen antecedentes en los últimos 800 mil años. Con estudios paleoclimáticos se puede ir hacia atrás para comparar los números actuales con el pasado", expresó.
   André Leu, quien fue productor orgánico en Australia durante 40 años y es un experto internacional en la temática, considera que son necesarios en un contexto de cambio climático, suelos saludables para una vida sana y propone el aumento de la materia orgánica del suelo a través de la agricultura orgánica.
   Analiza que se mejora la infiltración, la retención de agua y entrega a las plantas y ayuda a evitar el daño por sequía.
   Es indispensable la cubierta verde, viva, que secuestre carbono del aire, para eso es necesario que se realicen los dobles cultivos trigo-soja, centeno-soja, arveja-maíz ya que aumentan la materia orgánica del suelo (SOM).
   Dejar un suelo desnudo durante cinco o seis meses a la espera de otro cultivo no es natural, hay que imitar la naturaleza porque las raíces de las plantas son necesarias ya que generan nutrientes para los microorganismos del suelo.
   Productores concientes de los defectos que tienen los suelos anegados aseguran que nunca se debió salir de rotar pasturas con agricultura y ganadería y cultivos que alternen gramíneas y leguminosas.
   Numerosos estudios científicos muestran que la SOM proporciona muchos beneficios para la edificación de la salud del suelo, como la mejora del número y la biodiversidad de microorganismos beneficiosos que proporcionan nutrientes para las plantas.
   Incluye la fijación de nitrógeno, así como el control de las enfermedades de las plantas transmitidas por el suelo.
   La descomposición de residuos vegetales y animales en SOM puede proporcionar todos los nutrientes necesarios para las plantas y suspender o eliminar la necesidad de fertilizantes químicos sintéticos, especialmente los nitrogenados que son responsables de numerosos problemas ambientales.
   Los suelos con buenos niveles de materia orgánica son más eficientes en absorber el agua de lluvia y almacenarla para que las plantas la usen en períodos secos.
   Diversos estudios muestran que los sistemas orgánicos obtienen rendimientos 30 por ciento más altos en períodos de sequía que los convencionales debido al aumento de la SOM y su capacidad para capturar y almacenar agua para los cultivos.
   SOM se compone en gran parte de carbono que es capturado como CO2, el dióxido de carbono, del aire por las plantas a través de la fotosíntesis.
   Los análisis publicados muestran que los sistemas de agricultura orgánica son superiores a los sistemas convencionales para capturar CO2 de la atmósfera.
   En todo el mundo, la agricultura es responsable de entre el 11 y 30 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, dependiendo de los límites y las metodologías utilizadas para determinar sus emisiones.
   Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, las estimaciones de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en 2010 fueron 50,1 gigatoneladas de equivalente de dióxido de carbono (Gt CO2e) por año.
   Para mantener los aumentos de la temperatura media global por debajo de los 2°C en comparación con los niveles preindustriales, las emisiones de GEI tendrán que reducirse a un nivel medio de 44 Gt de CO2e en 2020.
   El cambio climático enfrenta a la siembra directa como un sistema que no es suficiente ya que se da junto con exceso de agroquímicos, sin rotación, ni abundante rastrojo en superficie, con la compactación subsuperficial y falta de vida en los suelos que permita un rápido y eficiente reciclado de rastrojos y nutrientes.
   Así el suelo es el mayor de los recursos naturales de la humanidad, que se auto perpetúa desde hace millones de años sin la ayuda del hombre y lo podrá seguir haciendo mientras no alteremos su ciclo natural de movilizar agua y minerales.
   "La naturalización de los llamados desastres naturales condujo a no contemplar el enfoque de riesgo en las políticas de planificación. Aún estamos a tiempo de hacerlo, de cambiar y preservar el suelo y mejorar los cultivos", indicó el productor de la zona núcleo, Adolfo Guerrico a NA 
 
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