La historia de la familia Tibaldi en Santa Fe, un establecimiento que integró agricultura y lechería para regenerar el suelo, optimizar el uso del agua y capturar carbono de manera sustentable.
Santa Fe, martes 9 junio (PR/26) — La historia de la familia Tibaldi en Santa Fe está llena de errores y aciertos, pero sobre todo de intuición y resiliencia que no admite recetas. Por Aapresid.
“No fue una decisión puntual ni un cambio brusco”, reflexiona Juan Cruz Tibaldi, agrónomo y productor Aapresid que condensa en una frase toda una forma de hacer agricultura. “Fue un proceso de muchos años, con aprendizajes y ajustes. Un sistema que se fue construyendo en el tiempo”.
No hay un “antes y después” claro. Lo que hay es algo más difícil de contar —y más interesante—: una evolución silenciosa, donde el suelo pasó de ser un recurso más para convertirse en el eje que ordena cada decisión y aporta estabilidad.
Cuando el sistema deja de ser una suma de prácticas
Cerca de Sastre, en el centro-oeste de Santa Fe, el planteo en el establecimiento familiar de los “Tibaldi” combina agricultura con lechería. Pero la clave no está en las actividades, sino en cómo se integran.
“Más que pensar en agricultura y ganadería por separado, siempre buscamos que el sistema funcione como un todo”, cuenta Juan Cruz. “Las rotaciones, los cultivos de servicios, las pasturas, la cosecha y el pastoreo no son prácticas aisladas, sino herramientas que se articulan”.
Esa lógica permitió algo que no siempre se valora: empezar a depender menos de insumos externos y más del funcionamiento interno del sistema. La diversidad, la integración y la intensificación no aparecen como conceptos teóricos, sino como decisiones concretas en cada lote. Y en ese esquema, los cultivos de servicios (CS) empezaron a ocupar un lugar central.
Diversidad qie se diseña en el lote
El cambio arrancó hace muchos años y de una forma al principio poco evidente. “Me veo de chico, cuando ni sospechaba ser agrónomo, acompañando a mi padre, agrónomo ya, cuando decidió apostar por la siembra directa y los verdeos pastoreados en un momento en que todavía no se comprendía del todo su alcance y no habían sido rotulados como “cultivos de servicios”, recuerda Juan Cruz.
“Con el tiempo entendí que no se trataba de ocupar un espacio de barbecho entre dos cultivos de renta sino de mantener vivo el suelo, expandir raíces y darle continuidad biológica al sistema. Esa mirada, que en su momento no tenía la validación técnica que tiene hoy, se confirma en cada dato que obtenemos”.
Desde entonces, cada decisión se ordena en función del lote y del momento. No es lo mismo un antecesor maíz que soja, ni un ambiente con buena disponibilidad hídrica que uno más ajustado. En cada caso, el planteo cambia en busca de eficiencia.
Con esa lógica, las especies dejan de ser una lista fija y pasan a cumplir funciones. Gramíneas como avena o centeno cuando el objetivo es cobertura y estructura; leguminosas para aportar nitrógeno; y muchas veces mezclas, para combinar efectos.
Cultivos al servicio de la lechería
Los cultivos de servicios se integran a la oferta forrajera y se articulan con pasturas con alfalfa —clave para la lechería— y con el silaje de maíz, que aporta la base energética.
El manejo termina de definir el resultado. “No hay una receta. Cada año te obliga a ajustar”, dice. En ese ajuste, el pastoreo es central.
Los cultivos de servicios se aprovechan principalmente en invierno y, en algunos casos, se destinan a reservas. La clave está en el momento: entrar y salir a tiempo para consumir sin perder cobertura ni capacidad de rebrote, y lograr que los nutrientes vuelvan al sistema.
La terminación es una de las decisiones más sensibles y se define según el cultivo siguiente y el estado hídrico, priorizando siempre el suelo.
En general, las pasturas donde predomina la alfalfa anteceden al maíz, mientras que los esquemas con mayor presencia de gramíneas se vinculan con soja de primera.
Pero más que una secuencia fija, hay un criterio que se repite: sostener el sistema en el tiempo. Y en ese proceso, casi sin buscarlo, desaparecen los tiempos muertos.
En este escenario, la ganadería complementa la agricultura: mejora la estructura del suelo, favorece la ciclicidad de nutrientes y deja un rastro productivo que se refleja en el rendimiento y en la resiliencia de los cultivos posteriores.
El dia que el agua dejó de ser un problema
Si hubo una duda que acompañó este proceso fue el uso del agua. “Durante mucho tiempo pensamos que el problema era el consumo”, reconoce. “Pero cuando empezamos a medir y ajustar, entendimos que la clave está en cómo se administra”.
La evidencia técnica acompaña esa percepción: los cultivos de servicios mejoran la infiltración, aumentan la capacidad de retención y estabilizan los perfiles.
“En otras palabras, no es que “gastan” agua, sino que ayudan a que el sistema la use mejor”, asegura, y agrega: “ahí se dio el cambio de mirada: el agua dejó de ser una variable en disputa para pasar a ser parte de una sinergia”.
Errores, ajustes y aprendizajes
“Nos equivocamos muchas veces”, admite Tibaldi. “Hubo cultivos de servicios que consumieron más agua de la que esperábamos, manejos de pastoreo que no funcionaron o terminaciones que complicaron al cultivo siguiente”.
“Con el tiempo entendés que no hay una única variable que mande. Todo juega: el suelo, el clima, los animales y el cultivo que viene”, explica. Ahí es donde el manejo se enfoca en leer el sistema en cada momento: cuánta cobertura queda, qué volumen y calidad de biomasa hay, cómo está el perfil de agua y qué necesita el cultivo siguiente.
Ese equilibrio —entre los servicios al suelo, la producción animal y el rendimiento agrícola— se define campaña a campaña. “Hay años donde priorizás construir suelo y otros donde el foco está en sostener la eficiencia productiva”, resume.
Carbono: el dato que confirma la intuición
En medio de todo este proceso, el carbono apareció. Pero no como objetivo sino como consecuencia. No se ve solo en una medición, sino en cómo responde el lote, dice Tibaldi. “Se nota en la infiltración, en la humedad, en la uniformidad de los cultivos”.
Las mediciones vinieron a confirmar lo que ya se percibía. “Medir nos permitió ponerle números a los procesos. Sirvió para validar, pero también para ajustar cuando algo se desvía”, agrega.
Desde la Red de Carbono de Aapresid lo confirman: “los cultivos de servicios aportan cobertura, biomasa y biodiversidad, pilares clave para el secuestro de carbono y la regeneración del suelo.
Un informe de la Red revela que “dependiendo de la especie, un CS puede producir hasta 7 tn de materia seca por hectárea, una fuente directa de carbono. En esquemas bien manejados, ese aporte puede traducirse en hasta 1 tonelada de carbono por hectárea por año.
“Con los años, empezaron a aparecer señales consistentes: suelos más estructurados, rindes más estables, mejor respuesta en campañas difíciles”, resume.
Una historia sin final cerrado
Si algo queda claro en esta historia es que no hay recetas. El sistema que hoy funciona es el resultado de decisiones tomadas muchas veces sin certezas, de aprendizajes construidos campaña a campaña y de una convicción que fue creciendo con el tiempo: que el suelo no es un soporte, sino la base de todo.
“Seguramente, de lo que hoy estamos seguros, mañana sea la mayor incógnita”, dice Tibaldi. Y tal vez ahí esté la clave. Porque más que llegar a un modelo perfecto, de lo que se trata —como en toda buena historia— es de seguir construyendo. Desde abajo. Y en el tiempo.
La compañía Stine presenta los maíces ST9937 y ST9833 CL en un escenario que combina buenas perspectivas climáticas, mejora en la relación insumo-producto y una demanda sostenida del cereal. El desempeño de sus materiales en las principales redes de ensayo del país, respaldan la propuesta.
Buenos Aires, martes 9 junio (PR/26) — Frente a una campaña de maíz 2026/27 prometedora, Stine Argentina presentó su oferta genética y comercial para el nuevo ciclo productivo.
La propuesta tiene el respaldo de tres ciclos consecutivos de resultados destacados en las principales redes de ensayo del país, y se potencia con el lanzamiento de dos nuevos híbridos destinados a maximizar el potencial productivo en distintos ambientes.
La presentación se enmarca bajo el concepto «Imposible no mirarlos», una campaña inspirada en una práctica habitual de productores y técnicos: observar los cultivos al costado de la ruta y detener la mirada cuando un lote sobresale por su uniformidad, vigor y potencial productivo.
«El concepto resume algo que viene ocurriendo en el campo desde hace varios años. Nuestros híbridos han logrado consolidar una trayectoria de resultados consistentes en distintas regiones productivas, y eso se refleja tanto en las redes de ensayo como en la elección de los productores», señaló Manuel Rosasco, gerente general de Stine Argentina.
En ese sentido, desde la firma destacan especialmente el desempeño de sus materiales insignia. El híbrido ST9939, conocido comercialmente como «La Bestia», acumula varias campañas consecutivas por encima de los promedios de las redes de INTA Oliveros, CREA Litoral Sur, CREA Centro de Córdoba e INTA Marcos Juárez.
Por su parte, ST9741, denominado «El Rey del Sur», registra tres campañas consecutivas de desempeño destacado en CREA Mar y Sierras, una de las regiones más exigentes del país para la producción de maíz.
Para la firma, este comportamiento sostenido potencia la evolución Stine en el mercado argentino. «Antes los productores probaban nuestra genética y la comparaban con otras. Hoy vemos que cada vez más productores la incorporan definitivamente a sus planteos porque los resultados se repiten campaña tras campaña», afirmó Manuel Bavio, gerente de ventas maíz de Stine.
Una campaña con condiciones favorables
Las perspectivas para el maíz 2026/27 muestran una combinación de factores que generan expectativas positivas para el cultivo. La recuperación de las reservas hídricas en buena parte de las regiones agrícolas, sumada a un escenario climático neutral con señales de transición hacia condiciones más húmedas durante la primavera y el verano, conforma un marco favorable para la expresión del potencial de rendimiento.
A ello se suma un contexto de mercado que mantiene fundamentos positivos para el cereal. El crecimiento de la demanda interna vinculada a la producción de proteína animal y el impulso a los biocombustibles, junto con proyecciones de menores stocks globales, aporta sostén a los precios y mejora las perspectivas económicas para el cultivo.
En paralelo, la reducción prevista en el área destinada a trigo podría favorecer una expansión adicional de la superficie de maíz en la próxima campaña gruesa, profundizando una tendencia que ya se observó durante el ciclo anterior.
La variable que sigue concentrando buena parte de la atención es el costo de la fertilización. Al respecto, por ejemplo, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) destacó que la reciente baja de la urea, desde valores cercanos a USD 1.000 por tonelada a niveles del orden de USD 830/t, mejoró las perspectivas para el cultivo, contribuyendo a sostener el interés por el maíz.
Por eso, según la entidad, la intención predominante entre los productores relevados es repetir una superficie similar a la del ciclo anterior, que alcanzó un récord regional de 2,3 millones de hectáreas en Zona Núcleo.
«Creemos que el productor tiene por delante una campaña para aprovechar. Cuando coinciden buenas reservas de agua, perspectivas climáticas favorables y una relación económica competitiva, la genética adquiere un rol central para capturar ese potencial», indicó Bavio.
Dos lanzamientos para capturar el potencial de la campaña
De cara a esta campaña, Stine incorpora dos nuevos híbridos a su portfolio comercial.
El ST9937 -La Bestia nueva- es un material de ciclo largo (MR 122) con tecnología Agrisure Viptera 3, desarrollado para siembras tempranas y tardías.
El híbrido combina alto potencial de rendimiento, buen comportamiento sanitario y una destacada velocidad de secado, características especialmente valoradas en planteos de alta productividad.
En tanto, el ST9833 CL, es un híbrido de ciclo intermedio (MR 118) que incorpora tecnología Clearfield junto con Agrisure Viptera 3.
Se destaca por su equilibrio entre potencial y estabilidad, además de ofrecer una herramienta de manejo diferencial para lotes con antecedentes de maíz, gracias a la posibilidad de utilizar herbicidas imidazolinonas para el control de maíces voluntarios.
«Buscamos ofrecer herramientas concretas para distintos ambientes y estrategias productivas. Los nuevos híbridos complementan una plataforma genética que ya viene demostrando su potencial en los principales ensayos del país», destacó Bavio.
En síntesis, con resultados consistentes, nuevos materiales y un escenario productivo favorable, Stine apuesta a consolidar su crecimiento en el mercado argentino bajo premisa sencilla: “Cuando el rendimiento se repite campaña tras campaña, se vuelve imposible no mirarlo”, concluyó Rosasco.
El INTA y fruticultores patagónicos avanzan juntos en un proyecto que cuida el suelo, reduce costos, mide la huella de carbono y prepara al sector para las exigencias de los mercados internacionales.
General Roca, martes 9 de junio (PR/26)–Hay algo poderoso en la idea de que una chacra de peras y manzanas pueda, al mismo tiempo, producir fruta de calidad, capturar carbono de la atmósfera y mejorar la vida del suelo.
Eso es exactamente lo que busca el proyecto \u201cTransición hacia la agricultura regenerativa\u201d, impulsado por el INTA Alto Valle junto a la Fundación Banco Credicoop y fruticultores de la Primera Cooperativa Frutícola de General Roca.
No es un experimento aislado: es un modelo que ya funciona, que se aprende con los pies en la tierra y que promete cambiar la lógica productiva de toda la región.
El profesional del INTA Sergio Romagnoli lo explica con claridad: la agricultura regenerativa no busca simplemente “hacer menos daño”. Su objetivo es más ambicioso: sanar, recuperar y mejorar el funcionamiento natural de la chacra.
Fortalecer la salud del suelo, estimular la vida microbiana, optimizar el aprovechamiento del agua y hacer que la planta sea más resistente al estrés. Aquí no se parte de cero: las chacras del Alto Valle tienen historia, conocimiento acumulado y un enorme potencial.
Por eso, algunos especialistas de la ecorregión prefieren hablar directamente de agricultura \u201cgenerativa\u201d: no se restaura algo destruido, sino que se potencia lo que ya existe.
La clave está en ordenar las prácticas, medir los resultados y tomar decisiones inteligentes para sostener la actividad de manera eficiente y duradera.
La huella de carbono: mucho más que una moda
Uno de los ejes del proyecto es la medición de la huella de carbono: un indicador que suma todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas a la producción de fruta, pero que también contabiliza los procesos que retiran carbono de la atmósfera
. En el caso de peras y manzanas, eso incluye el impacto de los fertilizantes, el gasoil de los tractores y las tareas cotidianas del campo.
Pero también cuenta lo positivo: el aumento de la materia orgánica en el suelo o el crecimiento de las alamedas que actúan como sumideros naturales de carbono.
Y acá aparece uno de los hallazgos más concretos del proyecto: el principal factor que engorda la huella en la región es el consumo de gasoil. Cada pasada del tractor implica combustible y emisiones. Reducirlas no solo es bueno para el ambiente: también es dinero que el productor deja de gastar.
En esa línea, el proyecto promueve el uso de herramientas biológicas para el manejo sanitario, como la avispa Goniozus legneri, criada por el INTA para combatir plagas como la carpocapsa y la grafolita.
Estas herramientas no reemplazan de un día para el otro a los tratamientos tradicionales, pero forman parte de una estrategia integral que, con tiempo y equilibrio del monte frutal, permite reducir gradualmente los fitosanitarios.
El suelo vivo: el capital invisible de la chacra
El otro gran pilar es el cuidado del suelo. Hugo Lorenzo, asesor independiente vinculado al proyecto, señala que mantener coberturas verdes en el interfilar e incorporar leguminosas permite capturar nitrógeno directamente del aire, mejorar la vida microbiana del suelo y reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos.
El Alto Valle tiene además una ventaja natural que pocas regiones del mundo pueden presumir: un sistema de riego gravitacional que prácticamente no consume energía.
Combinado con un suelo vivo y bien estructurado, ese suelo se comporta como una esponja que retiene el agua con mayor eficiencia, reduciendo pérdidas y mejorando el aprovechamiento hídrico.
Y hay un emblema local que el proyecto también recupera: las tradicionales cortinas de álamos.
Su reposición aporta protección contra el viento, madera útil y una enorme capacidad para capturar carbono. Un círculo virtuoso que conecta identidad regional con sustentabilidad real.
Una oportunidad que ya no se puede ignorar
Los fruticultores de la región están respondiendo. Participan de las charlas y capacitaciones, incorporan nuevas prácticas en sus chacras y se comprometen con un proceso de largo plazo. Esa disposición no es casual: la realidad del mercado internacional lo exige.
Buena parte de las peras y manzanas del Alto Valle se exporta a destinos donde las certificaciones internacionales ya recomiendan medir la huella de carbono.
Y todo indica que, en el futuro cercano, esa recomendación se convertirá en una exigencia. Los productores que empiecen antes tendrán una ventaja competitiva real frente a los que esperen que el mercado los obligue.
La agricultura regenerativa no promete milagros de un día para el otro. La transición es gradual, hecha de aprendizajes y decisiones diarias.
Pero los números son claros: menos gasoil, suelos más sanos, menores costos y una fruta que llega al mundo con menos impacto ambiental y más historia detrás. En el Alto Valle, ese futuro sustentable ya no es una promesa. Ya está en marcha.
Primicias rurales
Fuente: INTA Alto Valle – Sergio Romagnoli (INTA) y Hugo Lorenzo (Asesor independiente).
El SENASA certificó los primeros barnices libres de una sustancia química prohibida por la Unión Europea. La medida protege el acceso de la miel argentina al mercado europeo y refuerza la confianza en la calidad del sector apícola.
Buenos Aires, martes 9 de junio (PR/26)–El sector apícola argentino tiene una buena noticia. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) certificó la aptitud sanitaria de los primeros barnices libres de bisfenol A (BPA), una sustancia química cuyo uso en envases en contacto con alimentos acaba de ser prohibido por la Unión Europea.
Estos barnices están destinados al revestimiento interno de los tambores metálicos que se usan para exportar miel, y su autorización era una condición indispensable para seguir vendiendo al bloque europeo.
La urgencia de la medida no es menor: la Unión Europea puso en vigencia el Reglamento (UE) 2024/3190, que prohíbe expresamente el bisfenol A y otros bisfenoles en materiales que entran en contacto con alimentos.
Los tambores metálicos con barnices sanitarios que se usan para envasar miel argentina quedan directamente alcanzados por esta normativa, lo que convirtió a la certificación del SENASA en una necesidad concreta y urgente para el sector.
¿Por qué importa tanto el bisfenol A?
El BPA es un compuesto químico que se usa habitualmente en revestimientos de envases metálicos. Su problema: puede migrar hacia los alimentos y representar un riesgo para la salud del consumidor.
Por eso Europa decidió prohibirlo, y por eso los productores apícolas argentinos necesitaban con urgencia una alternativa habilitada para seguir operando en ese mercado.
La evaluación de aptitud sanitaria que llevó adelante el SENASA incluyó el análisis de las sustancias que componen los materiales, ensayos de migración, límites específicos y trazabilidad, garantizando que los nuevos barnices cumplan con todos los estándares exigidos.
Una puerta abierta para la miel argentina
La Unión Europea es uno de los destinos más importantes para las exportaciones de miel argentina. Contar con envases que cumplan sus exigencias sanitarias no es un detalle burocrático: es la llave que permite mantener abierta esa puerta comercial.
La disponibilidad de estos barnices certificados representa una herramienta concreta para que productores y exportadores puedan adaptarse sin perder mercado.
El SENASA acompaña así al sector en una transición que, de no haberse concretado a tiempo, podría haber complicado seriamente las exportaciones.
La adecuación a las nuevas normas no solo protege los negocios: también refuerza la imagen de calidad y seguridad que tiene la miel argentina en el mundo.
Los productores o empresas del sector que quieran ampliar información pueden escribir a: apicola@senasa.gob.ar
Primicias rurales
Fuente: SENASA – Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria
La medida busca fortalecer la propiedad intelectual en el agro.
El Gobierno introdujo un nuevo marco normativo en el mercado de semillas.
Buenos Aires, lunes 8 junio (PR/26) — El Gobierno implementó un nuevo protocolo para la protección de la propiedad de semillas en el país y proyecta un incremento en las exportaciones de más de US$4.000 millones anuales.
La medida, que busca fortalecer la propiedad intelectual en el agro, está dirigida a controlar la identidad varietal de los granos en el primer punto de entrega, con el objetivo de garantizar los derechos de los obtentores de variedades vegetales.
La normativa introducida por el Instituto Nacional de Semillas (INASE) y la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, mediante la Resolución Conjunta 3/2026, publicada este lunes en el Boletín Oficial, se ampara en la Ley de Semillas y Creaciones Fitogenéticas N° 20.247.
En los considerandos de la resolución, el Ejecutivo sostuvo que el control de la identidad varietal sobre el grano es un mecanismo fundamental para asegurar que se cumplan los derechos de propiedad intelectual de los desarrolladores de tecnología en especies de reproducción autógama.
En este sentido, explicó que “el significativo avance de la tecnología aplicada a la verificación de la identidad varietal de semillas permite actualmente determinar dicha identidad en plazos considerablemente reducidos”, asegurando que dota de mayor «solidez probatoria» a las actuaciones administrativas ante presuntas infracciones.
Al anunciar la implementación del nuevo protocolo, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, destacó que “cada productor argentino va a tener la libertad de elegir este mecanismo y recuperar 30 años de atraso en la calidad de sus semillas”.
Asimismo, remarcó que “gracias a esta actualización, se estima un incremento en las exportaciones en más de 4.000 millones de dólares anuales”, en un posteo compartido en su cuenta de la red social X.
Claves del nuevo protocolo
La resolución detalla los pasos y requisitos para el funcionamiento de este sistema de control:
Puntos de entrega: todos los establecimientos que operen como primer punto de entrega de granos deben estar registrados en el Sistema de Información Simplificado Agrícola (SISA).
Toma de muestras: el procedimiento debe realizarse según las normas de calidad y muestreo vigentes. Además, los responsables de los establecimientos pueden suscribir acuerdos con entidades privadas para financiar y coordinar la entrega de las muestras.
Análisis privado: solo las Cámaras Arbitrales o entidades privadas que tengan convenios con el INASE estarán habilitadas para realizar los análisis de identidad, utilizando métodos oficialmente reconocidos.
Notificación simultánea: una vez realizado el análisis, los resultados deberán enviarse «inmediata y simultáneamente» tanto al titular de la variedad (el obtentor) como al titular de la muestra (el agricultor o remitente).
En cuanto a la gestión de las muestras, la norma dispuso que la porción analizada y una «muestra de respaldo» deben conservarse cerradas y rotuladas por 60 días corridos desde la emisión del certificado.
En dicho plazo, el titular de la variedad podrá presentar una denuncia ante el INASE si detecta irregularidades. En ese caso, se suspende la destrucción de la muestra y debe ser remitida al organismo oficial para dar curso a las acciones sumarias correspondientes.
El protocolo comenzará a aplicarse a los cultivares que se inscriban en los registros nacionales a partir de la publicación de esta resolución. Aquellos que no cumplan con lo dispuesto se enfrentarán a las sanciones previstas en el Artículo 38 de la Ley de Semillas, que incluyen multas y otras penalidades administrativas.
Con esta medida, el Gobierno busca optimizar la trazabilidad y transparencia en el mercado de semillas, incentivando la inversión en nuevas tecnologías que incrementen la productividad del sector agroindustrial.
Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario revela que la baja en el precio de la urea reavivó el interés por el maíz en la región núcleo, mientras que la siembra de trigo muestra un progreso superior al promedio y espera lluvias clave.
Rosario, lunes 8 junio (PR/26) — El maíz recupera terreno frente a la soja. La fuerte baja de la urea, que pasó de 1.000 u$s/tonelada a negociarse entre 810 y 850 u$s/t, modificó el escenario agrícola para la campaña gruesa 2026/27.
La relación urea/maíz descendió a 4,3 toneladas, marcando una tendencia a la baja que le devolvió competitividad al cereal frente a la oleaginosa.
El cultivo «salió del rincón» y los productores muestran intenciones de repetir el área sembrada del récord histórico alcanzado el año pasado.
Factores que impulsan la preferencia maicera
A pesar de la elevada inversión inicial que requiere el cultivo, los agricultores lo eligen por su altísimo potencial de rendimiento y su capacidad multiplicadora.
El negocio encuentra un fuerte respaldo en la demanda ganadera para consumo interno, sumado a los perfiles de suelo cargados de agua.
El clima jugará a favor con pronósticos de un Niño firme, lo que sostiene el optimismo para alcanzar nuevamente las 2,3 millones de hectáreas.
Alerta por costos y clima de cautela
El sector se maneja con extrema cautela debido a que la rentabilidad de la última campaña se achicó y se compensó solo por volumen.
El elevado costo de fertilización mantiene un ritmo pausado en la compra de insumos, obligando a revisar los números con lupa.
Una vez superado el rinde de indiferencia, la productividad del maíz impacta de manera muy positiva en los ingresos del productor.
Trigo: siembra acelerada a la espera de agua
La implantación de trigo registra un avance del 45% en la región núcleo, superando en 9 puntos porcentuales el promedio de los últimos cinco años.
El mayor progreso se observa en el centro-sur de Santa Fe, donde las sembradoras ya cubrieron el 70% de la superficie intencionada.
En contraste, el norte de Buenos Aires muestra los mayores retrasos, con avances de apenas entre el 15% y 20% del área prevista.
Pronóstico de lluvias clave para el sudoeste
Los especialistas anticiparon probabilidad de chaparrones y tormentas desde la mañana del viernes 5 hasta el martes 9 de junio, lo que está ocurriendo.
El consultor Alfredo Elorriaga señaló que un sistema frontal avanzó desde el sudoeste de la región pampeana generando precipitaciones.
El agua será fundamental para reactivar las labores de siembra en los lotes donde la humedad de la capa superficial comenzó a escasear.
Balance hídrico tras el déficit de mayo
El mes de mayo terminó seco y marcadamente deficitario, con un promedio de lluvias de apenas 15 milímetros en toda la red de estaciones.
Esta escasez resultó oportuna en su momento para destrabar la cosecha gruesa, que venía demorada por los excesos hídricos de abril.
Las tormentas previstas marcarían el inicio de una primera quincena de junio más activa, normalizando los volúmenes de agua estacionales.