El Papa advierte contra el mal uso de los algoritmos en la cumbre sobre IA

El Papa advierte contra el mal uso de los algoritmos en la cumbre sobre IA

El papa León XIV envió un mensaje a los participantes a la cumbre mundial «IA para el Bien 2026», en curso en Ginebra, advirtiendo sobre la pérdida de capacidad humana para actuar en áreas críticas.

 

 

Ciudad del Vaticano, miércoles 8 de julio (PR/26) — El papa León XIV dirigió hoy un mensaje a los participantes de la cumbre mundial «IA para el Bien 2026» en Ginebra, reafirmando la apertura de la Santa Sede al diálogo sobre el futuro tecnológico de la humanidad.

«La reflexión surgió a raíz de informes preocupantes sobre el posible mal uso de los algoritmos y la pérdida de capacidad humana para actuar en áreas críticas», subraya el mensaje, enviado a través del secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin.

El texto enmarca el encuentro en el contexto de la reciente publicación de la encíclica papal Magnifica humanitas, dedicada a la protección de la dignidad humana en la era actual de la inteligencia artificial (IA).

El pontífice expresa su deseo de animar a todos los ciudadanos a «identificar nuevos caminos para el bien común y para la promoción de una vida digna para todos».

El mensaje revela que la postura de León XIV surgió de escuchar activamente a científicos, ingenieros, líderes políticos, padres y maestros que estaban profundamente preocupados por las generaciones más jóvenes.

La reunión internacional, que se celebra en Suiza, está organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones en colaboración con otros organismos de las Naciones Unidas y el gobierno suizo.

El papa León desea a los participantes de la Cumbre Global 2026 debates «constructivos y enriquecedores», asegurándoles a cada uno de ellos sus oraciones por sus esfuerzos «al servicio de la humanidad», en el segundo día de las deliberaciones.

 

Fuente: Agencia AICA
Primicias Rurales
La tierra que habla: el cine rural francés y su mirada social a través de las décadas

La tierra que habla: el cine rural francés y su mirada social a través de las décadas

 

Desde la Provenza inmortalizada por Marcel Pagnol hasta las crisis agrícolas del siglo XXI, el cine rural francés ha retratado como pocos la relación entre el hombre, la tierra y el paso del tiempo. Un recorrido por las películas que convirtieron al campo en protagonista de algunas de las historias más profundas y conmovedoras del cine europeo.

 

 

 

 

 

Autor: Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine

 

 

 

 

Buenos Aires, lunes 15 de Junio (PR/26)–El cine francés mantiene desde sus orígenes una relación íntima con la tierra. Los viñedos, las colinas, los campos de cultivo y los pequeños pueblos rurales nunca fueron simples escenarios: se transformaron en protagonistas capaces de contar historias de pertenencia, conflictos familiares, desigualdades sociales y cambios culturales.

A lo largo de más de un siglo, el cine rural francés construyó un extraordinario retrato de la Francia profunda, esa que vive lejos de París y de los grandes centros urbanos, donde los ritmos siguen marcados por las estaciones, las cosechas y las tradiciones heredadas de generación en generación.

 

Los primeros años: la tierra como destino

 

Ya en la década de 1930, el cine francés comenzó a descubrir la enorme fuerza narrativa del mundo rural.

Uno de los pioneros fue Jean Renoir, quien en Toni (1935) filmó en escenarios naturales de la Provenza y ofreció una mirada innovadora para su época. La vida de los trabajadores agrícolas, la inmigración y las tensiones sociales aparecían retratadas con una autenticidad cercana al documental.

 

 

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, el campo ocupó un lugar central en la reconstrucción simbólica del país. Mientras Francia intentaba sanar sus heridas, las películas mostraban una doble realidad: por un lado, la nostalgia por una vida campesina idealizada; por otro, la creciente amenaza del éxodo rural que comenzaba a vaciar pueblos enteros.

 

La Nouvelle Vague y una Francia rural relegada

 

Durante los años sesenta, la célebre Nouvelle Vague revolucionó el lenguaje cinematográfico. Sin embargo, la mayoría de sus figuras emblemáticas, Godard, Truffaut o Chabrol, dirigieron su mirada hacia las ciudades.

 

 

El campo quedó en un segundo plano, aunque algunos realizadores continuaron explorando la vida provincial y sus silencios. Allí empezó a consolidarse una oposición que reaparecería una y otra vez en el cine francés: la tensión entre el París moderno, dinámico y cambiante, y la llamada France profonde, aferrada a sus costumbres, sus ciclos naturales y sus viejas disputas.

 

Los años setenta: cuando el campo se volvió político

 

La década de 1970 trajo consigo una mirada más crítica y comprometida.

La mecanización agrícola, la desaparición de pequeñas explotaciones familiares, la concentración económica y las luchas de los productores rurales comenzaron a ocupar un lugar destacado en las historias.

El campesino dejó de ser una figura pintoresca para convertirse en el símbolo de una clase social amenazada por los cambios económicos y tecnológicos.

En ese contexto surgiría una de las obras más importantes de la historia del cine francés.

 

Jean de Florette y Manon des Sources: la epopeya moral de la Provenza

 

En 1986, el director Claude Berri estrenó Jean de Florette y Manon des Sources, adaptaciones de las novelas de Marcel Pagnol que rápidamente se transformaron en clásicos universales.

 

 

La trama parece sencilla: Ugolin Soubeyran y su tío César bloquean secretamente el manantial de una propiedad vecina para apropiarse de ella y desarrollar un rentable cultivo de claveles.

Cuando el nuevo propietario, Jean de Florette, llega desde la ciudad dispuesto a trabajar la tierra que heredó, ignora que su destino ya ha sido sellado por la ambición de quienes lo rodean.

 

Una tragedia griega bajo el sol de Provenza

 

Lo extraordinario de estas películas va mucho más allá de sus espectaculares paisajes.

Las colinas áridas, los caminos de piedra y la vegetación mediterránea forman parte de una tragedia donde la tierra parece observar en silencio los errores humanos.

Jean es trabajador, honesto y perseverante. Sin embargo, es un extranjero. Un hombre de ciudad que intenta integrarse a una comunidad cerrada sobre sí misma.

 

 

La indiferencia colectiva termina siendo tan devastadora como la propia conspiración.

La Provenza que muestran estas películas está muy lejos de las postales turísticas. Es una tierra donde los rencores se heredan, donde la posesión de una parcela puede definir una vida y donde el silencio pesa más que las palabras.

 

Marcel Pagnol y la memoria de la tierra

 

La fuerza de la historia nace de la experiencia personal de Marcel Pagnol, nacido en Aubagne y profundamente ligado al paisaje provenzal.

Al escribir L’eau des collines, la obra que reúne ambas novelas, Pagnol construyó mucho más que una historia rural: elaboró una profunda reflexión sobre la memoria, la identidad, la pertenencia y la justicia.

La adaptación de Claude Berri estuvo respaldada por interpretaciones memorables.

Yves Montand compone un César Soubeyran tan manipulador como humano. Daniel Auteuil entrega uno de los mejores trabajos de su carrera como Ugolin. Y Emmanuelle Béart, en la segunda parte, encarna a una Manon convertida en símbolo de la verdad y la reparación.

 

Emmanuelle Béart

 

 

El agua como metáfora universal

 

En ambas películas, el agua es mucho más que un recurso natural. Es vida, supervivencia y poder. Controlar un manantial significa controlar el destino de una familia. Pero también representa algo más profundo: la verdad.

Tal como ocurre con el agua subterránea, la memoria permanece oculta durante años, hasta encontrar finalmente el camino para salir a la superficie.

 

 

Por eso el desenlace de Manon des Sources (Manón del manantial) posee una potencia emocional tan extraordinaria: revela que algunas verdades pueden tardar décadas en emerger, pero nunca desaparecen por completo.

 

Después de Berri: entre la melancolía y la resistencia

 

El enorme éxito internacional de las películas inspiradas en Pagnol revitalizó el interés por el mundo rural.Sin embargo, las nuevas generaciones de cineastas abandonaron la mirada épica para explorar aspectos más duros y contemporáneos.

Directores como Bruno Dumont comenzaron a retratar una Francia rural marcada por el aislamiento, la falta de oportunidades y el desencanto.

 

 

En películas como La vie de Jésus (1997), el campo aparece como un espacio donde la juventud parece atrapada entre el aburrimiento, la violencia latente y la ausencia de perspectivas. La belleza del paisaje ya no alcanza para ocultar las heridas sociales.

 

El siglo XXI y las nuevas crisis del mundo rural

 

En las últimas décadas, el cine francés volvió a mirar hacia el campo impulsado por problemáticas urgentes.

La presión de los mercados, el endeudamiento de los productores, la concentración agroindustrial y las consecuencias del cambio climático se transformaron en temas centrales.

Una de las películas más representativas de esta etapa es Au nom de la terre (2019), dirigida por Édouard Bergeon, que aborda con enorme crudeza el drama de los agricultores atrapados por las deudas y la imposibilidad de sostener sus explotaciones.

 

 

En esta nueva etapa, el cine rural francés perdió parte de la nostalgia que caracterizaba a las obras de Pagnol, pero ganó una poderosa dimensión política.

El campo ya no es solamente un escenario de historias humanas universales: es también un territorio donde se manifiestan algunas de las tensiones más profundas de nuestro tiempo.

 

La tierra no olvida

 

 

Si existe un hilo conductor que atraviesa toda la historia del cine rural francés, es la convicción de que la tierra conserva memoria.

Desde las películas pioneras de Jean Renoir hasta las denuncias contemporáneas sobre la crisis agrícola, el campo ha funcionado como un gran archivo emocional de Francia. En ese recorrido, Jean de Florette y Manon des Sources ocupan un lugar privilegiado.

No solo representan una de las cumbres artísticas del cine francés, sino que transformaron un drama rural en una auténtica epopeya moral.

La imagen final de César Soubeyran enfrentando las consecuencias de sus actos permanece entre las más conmovedoras del cine europeo: la de un hombre que comprende demasiado tarde que la tierra puede ocultar secretos durante años, pero que ninguna verdad permanece enterrada para siempre.

Porque, al igual que el agua, la verdad siempre encuentra su camino.

 

 

 

 

Primicias Rurales

 

 

Autor: Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine
Más de un siglo salvando vidas: Cruz Roja Argentina celebra 146 años haciendo de la solidaridad su bandera

Más de un siglo salvando vidas: Cruz Roja Argentina celebra 146 años haciendo de la solidaridad su bandera

Desde su fundación en 1880, la organización humanitaria acompaña al país en cada momento crítico. Con más de 160 mil personas asistidas este último año, celebra su aniversario transformando la empatía en acción colectiva.

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, miércoles 10 de junio(PR/26)–La solidaridad no es un concepto abstracto en Argentina; es una fuerza real y cotidiana que define nuestra identidad. Este 10 de junio, la Cruz Roja Argentina celebra 146 años de acción humanitaria ininterrumpida.

 

 

 

Bajo el lema “Ayudar es nuestra bandera”, la organización conmemora una historia construida por el esfuerzo de miles de personas que eligen involucrarse en lugar de mirar hacia otro lado, demostrando que la empatía nos une más allá de cualquier diferencia.

 

 

 

El valor de tender una mano cuando más se necesita

 

El impacto de su trabajo se siente con fuerza en cada rincón del territorio nacional. Tan solo en el último año, la institución acompañó a más de 160.000 personas afectadas por emergencias y contextos vulnerables, concentrando intervenciones clave en zonas como Bahía Blanca, el AMBA y Salta. Su presencia diaria se sostiene gracias a una red de 65 filiales activas, un voluntariado incondicional que logró distribuir millones de litros de agua segura a comunidades indígenas y miles de kits de abrigo e higiene a personas en situación de calle.

Diego Tipping, presidente de la organización, destaca que ver a tantas personas decidir involucrarse frente a situaciones críticas es una de las mayores fortalezas que tenemos como sociedad. En sus palabras, cada gesto individual se suma a una red colectiva esencial para construir comunidades más preparadas y humanas, capaces de resistir y ponerse de pie ante cualquier dificultad.

 

 

 

Huellas imborrables en la historia argentina

 

La trayectoria de la Cruz Roja está profundamente entrelazada con el pasado y el presente de nuestro país. Desde su fundación en 1880 por iniciativa de los médicos Guillermo Rawson y Toribio Ayerza, ha brindado asistencia médica y psicológica en epidemias históricas, terremotos, inundaciones y crisis sociosanitarias. Además de la respuesta inmediata en tragedias, su legado incluye la formación de más de 200.000 profesionales de la salud en sus institutos superiores y la capacitación anual de miles de ciudadanos en

 

Primeros Auxilios.

 

Pensando en el futuro de nuestra sociedad, la organización también apuesta por sembrar valores desde la infancia. Con este fin, desarrollaron un novedoso kit educativo con juegos y actividades diseñado para trabajar la empatía y el cuidado colectivo en escuelas de todo el país, demostrando que el compromiso humanitario es una semilla que se cultiva desde pequeños.

 

 

 

 

Primicias Rurales

 

Fuente: Info Cruz Roja Argentina
El Papa: Sean hilos nuevos para hacer brillar nuestra “magnífica humanidad”

El Papa: Sean hilos nuevos para hacer brillar nuestra “magnífica humanidad”

El Papa León XIV encabezó un encuentro con referentes de la cultura, el arte, la economía y el deporte en Madrid, donde llamó a construir un diálogo social centrado en la dignidad humana y el bien común.

 

Por Renato Martínez – Ciudad del Vaticano
Madrid, lunes 8 junio (PR/26) — La tarde de este domingo, en el “Movistar Arena” de Madrid, el Papa León XIV escuchó los testimonios de los participantes en el Encuentro “Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte”.
A todos ellos, el Pontífice los alentó a tejer redes entre instituciones, es decir, en un diálogo centrado en la dignidad humana.

“Los invito entonces a ser hilos nuevos para tejer redes nuevas que armonicen todos los ámbitos de la vida, para entramar una sociedad renovada en donde el tiempo se impregne de eternidad, la cultura custodie la memoria y favorezca el diálogo, la educación promueva la búsqueda de la verdad con espíritu crítico, el arte despierte asombro y genere emociones nobles, la empresa reconozca la dignidad de la persona y el trabajo siga siendo motor de esperanza”.

Esta es la invitación del Papa León XIV a los participantes en el Encuentro “Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte”, a quienes encontró la tarde de este domingo, 7 de junio, en el “Movistar Arena”, de Madrid, España.

Un lugar que acoge emociones profundas del ser humano

Después de haber escuchado los testimonios de los representantes del mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte, el Santo Padre manifestó su alegría por este encuentro, en un espacio que acoge no solo eventos deportivos y culturales, sino emociones profundas del ser humano. Y señaló que, en este hermoso país es imposible no admirar la huella de creatividad que atraviesa su historia y da forma a su identidad.

“Una hermosura visible en sus ciudades, en sus calles y monumentos, en sus plazas y jardines, en sus universidades e iglesias, en la música, la pintura y la danza, en su gastronomía. Aquí se percibe también el alma de las generaciones que transformaron el paisaje y le dieron un rostro propio, y eso nos revela en cada trazo la inteligencia y la voluntad que residen en el alma humana”.

 

El Papa saluda al llegar al Movistar Arena de Madrid   (@Vatican Media)

La Iglesia anhela permanecer en diálogo con el mundo

 

Y refiriéndose a la belleza de la ciudad y del país, creadas por las generaciones anteriores, el Pontífice se preguntó: qué herencia estamos dejando al futuro y, por ende, qué tipo de comunidad estamos construyendo? Haciendo eco a las intervenciones de los panelistas, el Papa señaló que, todavía necesitamos aprender a custodiar el alma de aquello que esta genera.

 

 

“Nuestra sociedad, en efecto, posee una extraordinaria capacidad para producir, innovar y comunicar, sin embargo, parece que todavía necesitamos aprender a custodiar el alma de aquello que esta genera. De lo contrario, corremos el riesgo de ser expertos en los medios y eficaces para producir, pero inciertos acerca del porqué, para qué, con quién y para quién se produce. En este contexto, la Iglesia, consciente tanto de sus aciertos como de sus errores a lo largo de la historia, anhela permanecer en diálogo con el mundo contemporáneo”.

 

¿Qué significa ser verdaderamente humano?

 

En este sentido, el Papa León recordó el magisterio de sus predecesores y señaló que, en el ADN de la humanidad está radicado el deseo de bien, de belleza y de verdad; y es a partir de esa aspiración profundamente humana y de nuestra experiencia plurisecular, que la Iglesia propone caminos para una vida digna y el bien común.

“A este propósito, san Pablo VI afirmó ante las Naciones Unidas que independientemente de la opinión que se tenga del Pontífice de Roma, es bien conocida su misión. En cuanto ‘experta en humanidad’ la Iglesia no se desentiende de nada verdaderamente humano (cf. Gaudium et spes, 1). Por esta razón la «actitud de diálogo es parte integrante de su vocación» (Magnifica humanitas, 2)”.

 

El arzobispo de Madrid y el Papa 

Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la vida humana

 

Asimismo, el Santo Padre indicó que, la Iglesia comparte con humildad, pero también con firmeza aquello que ha descubierto en la experiencia de la fe: que Jesucristo responde a las grandes preguntas sobre la vida humana y su plenitud, ya en este mundo y hasta su culmen en la eternidad.

«Por eso, la persona humana permanece siempre como “el camino primero y fundamental de la Iglesia” y el corazón de toda auténtica vía de desarrollo humano integral. Y entonces, ella no puede desentenderse de la cultura, porque a través de ella, el hombre en cuanto hombre “es” más (cf. Compendio de la doctrina social de la Iglesia, 554)».

 

El arte de tejer redes implica encuentro, escucha, diálogo y respeto

 

Y recordando la raíz etimológica de “cultura”, el Pontífice dijo que, estamos llamados a preguntarnos qué es lo que hoy sembramos, qué es lo que florece y qué se marchita silenciosamente en nuestra sociedad; qué valores estamos preservando y cuáles estamos dejando morir. Para atender a estos interrogantes, es menester un diálogo social que podemos comparar con el arte de tejer redes, que implica encuentro, escucha, diálogo y respeto.

“En los varios sectores de la actividad humana debemos cuidar el lenguaje que se utiliza: escrito, oral y, en el entorno digital, también el de las imágenes; porque la comunicación nunca es neutral. Toda expresión habla, transmite; puede herir o sanar, destruir expectativas o abrir horizontes, sembrar división o despertar la esperanza en la posibilidad de construir juntos algo genuinamente humano”.

 

Un momento especial con la presentación del artista español Antonio Banderas 

Tejer redes es un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana

 

Y haciendo hincapié en el tema del Encuentro, el Papa León dijo que, tejer redes es un diálogo entre instituciones centrado en la dignidad humana.

Ello comporta, por ejemplo, que la universidad no viva de espaldas al mundo del trabajo ni renuncie a la verdad; que la actividad empresarial no vea al empleado como un factor más en la ecuación de sus intereses; que el arte no tenga como fin sólo a las élites; que el deporte no sea reducido a espectáculo o convertido en mero negocio; que el progreso tecnológico tome en cuenta a los ancianos, a los pobres y a quienes no tienen voz.

“Nuestra aportación al diálogo, desde una visión cristiana de la vida, sabe que el Creador ha entramado al ser humano con hilos de amor; ya que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, que es amor (1 Jn 4,8). Aquí reside el fundamento de la inalienable dignidad humana, cuyo absoluto respeto es la base del diálogo”.

 

Tejer redes significa crear juntos

 

En segundo lugar, el Pontífice indicó que, tejer redes significa crear juntos. «La fe ―afirmó el Papa Benedicto XVI― es amor y por ello crea poesía y crea música. La fe es alegría y por ello crea belleza». Todos hemos experimentado algo hermoso, tanto que nos cambió interiormente: una canción, un poema, una iglesia silenciosa, una voz, una mirada, incluso un partido de baloncesto vivido con amigos.

“No es extraño entonces que la proclamación de la Buena Nueva y la conciencia de sabernos hermanos se exprese con forma de saeta en una Semana Santa, de poesía mística, de maestría literaria en autores como Lope de Vega, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, o en la prosa serena de santo Tomás de Aquino, de quien hemos heredado los hermosos himnos del Corpus Christi, que celebramos hoy. Todo ello muestra el vínculo entre lo material y lo espiritual que constituye nuestra existencia”.

 

El Movistar Arena de Madrid   

Tejer redes significa servir de modo desinteresado

 

Tejer redes, en tercer lugar, precisó el Santo Padre implica servir de modo desinteresado. Una mirada objetiva revela que hombres y mujeres movidos por la fe han edificado hospitales y escuelas, dieron pie a iniciativas solidarias y hablaron con un lenguaje que dignifica a las personas.

“Por eso cabe preguntarse con honestidad si el mundo —y en particular Europa— habría forjado su identidad sin la huella espiritual que ha impregnado su historia. No se trata de una provocación, sino de una invitación a pensar si la eternidad, que irrumpió en el tiempo y el espacio mediante la encarnación de Jesucristo, pueda volver a reconciliarse con lo cotidiano”.

 

La condición de los pobres interpela nuestras vidas

 

En este sentido, el Papa señaló que sigue vivo el grito de sus Predecesores: ¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo.

Y luego dijo que, no podemos ignorar que la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y a la Iglesia.

“En efecto, Cristo le devuelve al bien común el lugar que le corresponde en cuanto árbitro sapiente que apacigua la codicia de unos y nutre la esperanza de otros, mientras anhela salvarlos a todos. Esta Iglesia, ‘experta en humanidad’, aunque a veces camina contracorriente, insiste en que «las estructuras económicas e institucionales son justas sólo en la medida en que sirven al desarrollo integral de la persona y favorecen la participación responsable de todos» (Magnifica humanitas, 34)”.

En el deporte aprendemos el respeto por el adversario

 

Finalmente, el Papa León dirigió su atención al mundo del deporte. Pensemos cuántos de nosotros aprendimos el respeto por el adversario en un campo de juego más que escuchando un discurso. Cuántos deportistas nos enseñan a perder sin odiar, a ganar sin humillar o a levantarse después de caer.

“Sobre esto, san Juan Pablo II, como deportista y pastor, declaró: «En estos tiempos en que por desgracia diversas formas de violencia, y por lo tanto de odio, tienden a desgarrar nefastamente el tejido de la solidaridad social, vosotros [los deportistas] contribuís, por vuestra parte, a dar un testimonio luminoso de cohesión, de paz, de unión, en una palabra, de “saber estar juntos”». Estas palabras son más actuales y oportunas que cuando resonaron por primera vez”.

De ahí su invitación a ser hilos nuevos acogiendo el consejo que san Pablo nos deja en la Carta a los Romanos (Rm 12,15-18). Porque en todo ello se juega que, en el porvenir, siga resplandeciendo nuestra “magnífica humanidad”.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Vatican News