Jul 24, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Informes Técnicos
Aunque la manufactura representa apenas el 7% del PIB australiano, frente al 16% de Argentina, Australia casi quintuplica el ingreso por habitante. En un nuevo trabajo, Horacio Augusto Pereira, investigador sénior del Centro de Investigaciones en Gobierno de la Universidad Austral, sostiene que el desarrollo no depende del peso de la industria manufacturera sobre el PBI, sino de aumentar la productividad y transformar los recursos naturales en nuevas capacidades productivas.
Buenos Aires, sábado 24 de julio (PR/26) — Cada vez que Argentina discute su estrategia de desarrollo aparece una objeción recurrente: Australia no puede ser un modelo para nuestro país porque tiene una superficie mucho mayor, una población sustancialmente menor y, por lo tanto, una dotación de recursos naturales por habitante muy superior.
El investigador sénior del Centro de Investigaciones en Gobierno de la Universidad Austral, Horacio Augusto Pereira, coincide en que esa diferencia existe, pero sostiene que la conclusión suele ser equivocada. «Argentina no es Australia y no debería intentar copiar mecánicamente su estructura productiva. Pero de allí no se desprende que la experiencia australiana tenga poco para enseñarnos», afirma en el trabajo. Más allá del peso relativo de la industria: ¿Qué puede aprender Argentina de Australia?
Para Pereira, Australia no constituye un modelo para copiar, sino un caso para estudiar. Su investigación cuestiona una de las ideas más arraigadas del debate económico argentino: que una disminución del peso de la industria manufacturera sobre el PIB implica necesariamente un proceso de desindustrialización o una pérdida de capacidades productivas.
«La discusión debería ser bastante más sofisticada que cuánto representa la industria sobre el PIB. Deberíamos preguntarnos cuánto valor genera cada sector por habitante, cuánto exporta y qué productividad alcanza», sostiene el investigador.
La comparación internacional permite entender por qué

Los datos muestran que Argentina tiene casi el doble de población que Australia y, sin embargo, la industria manufacturera australiana genera más valor agregado por habitante. Al mismo tiempo, aunque la manufactura representa alrededor del 7% del PIB australiano —frente al 16% de Argentina—, el ingreso por habitante es varias veces superior.
Según explica Pereira, los porcentajes relativos describen la estructura de una economía, pero no necesariamente su capacidad para generar riqueza. «Una industria que representa el 20% de una economía no necesariamente genera más riqueza que una industria que representa el 7% de una economía mucho más productiva», resume.
Esa diferencia cobra especial importancia para Argentina. Si durante los próximos años el agro, la minería, el petróleo y el gas crecen más rápido que el resto de la economía, la participación de la industria manufacturera podría disminuir sin que eso implique una caída de la producción industrial.
«Una economía puede cambiar su estructura y, al mismo tiempo, volverse más rica», sostiene el investigador. Incluso, agrega, la industria puede perder participación relativa en el PIB mientras aumenta su valor agregado por habitante.
La experiencia australiana
El trabajo analiza cómo Australia transformó sus recursos naturales en una plataforma para desarrollar capacidades industriales, tecnológicas y de servicios de alta productividad.
Lejos de limitarse a la extracción de minerales, la actividad minera australiana impulsa un amplio entramado de ingeniería, maquinaria, mantenimiento, automatización, software, transporte, logística, infraestructura y servicios ambientales.
«Una mina no es solamente una mina. También es una demanda de bienes y servicios especializados«, afirma Pereira.
Según datos citados en el estudio, la minería emplea directamente a unas 240.000 personas. Sin embargo, el ecosistema de proveedores y servicios vinculados al sector —conocido como Mining Equipment, Technology and Services (METS)— sostiene alrededor de 1,1 millones de puestos de trabajo en todo el país.
Para el investigador, esa diferencia muestra que el verdadero impacto de los recursos naturales no termina en el empleo directo de las empresas extractivas, sino en las capacidades productivas que logran desarrollarse a su alrededor.
Qué puede aprender Argentina
Pereira aclara que las diferencias entre ambos países son importantes y que Argentina necesita construir su propio camino de desarrollo. Sin embargo, considera que la experiencia australiana ofrece enseñanzas valiosas.
«La cuestión no es replicar la estructura productiva australiana, sino comprender cómo Australia convirtió sus recursos naturales en una plataforma para desarrollar capacidades industriales, tecnológicas y de servicios de alta productividad», sostiene.
En ese sentido, afirma que la minería puede impulsar proveedores de bienes de capital, ingeniería y servicios tecnológicos; Vaca Muerta puede generar infraestructura, conocimiento y empresas especializadas; el agro puede profundizar la incorporación de maquinaria, biotecnología, software y servicios profesionales; y una mayor disponibilidad de energía puede atraer inversiones industriales que hoy no resultan viables.
«El desafío no consiste en elegir entre recursos naturales e industria. Se trata de utilizar los recursos naturales para desarrollar industria, tecnología y servicios de mayor productividad», resume.
El trabajo concluye que no existe un porcentaje «ideal» de industria que determine el desarrollo de un país. La pregunta relevante, sostiene Pereira, es otra: cuánto valor genera cada sector, qué productividad alcanza y de qué manera las ventajas naturales pueden transformarse en nuevas capacidades productivas.
«Australia no demuestra que Argentina deba copiar a Australia. Demuestra algo mucho más importante: que los recursos naturales pueden ser una plataforma de desarrollo y no una condena a la primarización», concluye.
Sobre el autor: Horacio Augusto Pereira es magíster en Políticas Públicas por la Universidad Austral y licenciado en Comercio Internacional por la Universidad Nacional de Quilmes. Es investigador sénior del Centro de Investigaciones en Gobierno de la Universidad Austral y especialista en recursos naturales, desarrollo productivo y competitividad internacional.
Primicias Rurales
Fuente: Universidad Austral
Jul 11, 2026 | Actualidad, Aventura y Turismo, Economía / Economía del Agro, Especial
Una movilización masiva acompaña a la Selección en el Mundial 2026. Los fanáticos concentraron su presencia en Estados Unidos, que combina a viajeros del país con la numerosa comunidad de residentes.Logró un impulso financiero clave, inyectando miles de millones de dólares en las sedes estadounidenses mientras el equipo nacional pelea hacia la gran final.
Buenos Aires, sábado 11 julio (PR/26) — Las proyecciones del sector turístico confirman que entre 70.000 y 100.000 hinchas viajaron directamente desde Argentina para vivir la Copa del Mundo.
Este flujo triplicó el tráfico habitual hacia Norteamérica en esta época, demostrando un compromiso incondicional con el equipo nacional.
A este grupo se sumó una gran masa de argentinos residentes en Estados Unidos, con una fuerte presencia de los 81.000 compatriotas radicados solo en el estado de Florida.
La estrategia de los seguidores fue clara: enfocar su presencia exclusivamente en las sedes estadounidenses, dejando de lado los estadios en México y Canadá tras la fase inicial.
El perfil del seguidor y su inversión

Argentina se consolidó como uno de los diez países que más tickets solicitó a través de la plataforma oficial de la FIFA, sumando entusiastas desde Europa, Sudamérica y Australia.
El esfuerzo financiero de cada hincha fue significativo, con un gasto promedio estimado de USD 30.000 a USD 35.000 por persona durante toda la competencia.
Este presupuesto, que equivale a cerca de 10 salarios promedio, se dividió principalmente en entradas, alojamiento y gastos diarios de comida e hidratación.
- El costo para una permanencia estándar durante el torneo implicó entre USD 1.500 y más de USD 4.000, dependiendo del tipo de habitación, la ciudad sede y si se compartió con otros viajeros.
- Comida y gastos diarios: Durante un día de partido, los hinchas tuvieron que calcular entre USD 60 y USD 150 por persona debido a los elevados precios de la sede estadounidense y el costo de la hidratación.
Los tickets para seguir a la «Scaloneta» oscilaron entre los USD 700 para instancias iniciales y superaron los USD 2.500 en categorías principales o reventa.
Concentración y pasión en las tribunas

La «marea» argentina se hizo sentir en banderazos masivos realizados en ciudades estratégicas como Atlanta y Kansas City, puntos clave de la hoja de ruta del seleccionado.
Mientras México y Canadá cerraron su participación en el torneo tras los dieciseisavos, el volumen masivo de hinchas se concentró íntegramente en suelo estadounidense.
La pasión de los residentes en ciudades como Nueva York y California terminó de completar un escenario vibrante que transformó cada estadio en una verdadera localía.
El impacto económico en Estados Unidos

Nueva York y Nueva Jersey se posicionan como el epicentro económico indiscutido del torneo, concentrando más de 3.300 millones de dólares en derrama turística.
Al albergar la gran final en el MetLife Stadium, la región capitaliza el mayor volumen de negocios, impulsando significativamente el PIB estadounidense con un impacto nacional proyectado de 17.000 millones de dólares.
A pesar de estas cifras históricas, el impacto real varía según la capacidad de cada sede. Texas, a través de Dallas y Houston, proyecta un beneficio de hasta 2.000 millones de dólares debido a la masiva afluencia de visitantes y la celebración de partidos de fases finales clave.
Florida, con Miami como eje, consolida un aumento marcado en la ocupación hotelera y el gasto turístico tras la asignación de cuartos de final. Por su parte, California observa un volumen alto de transacciones en sus ciudades, aunque limitado por la saturación turística habitual del estado.
En el Medio Oeste, la ciudad de Kansas City destaca por registrar los mayores saltos interanuales en el consumo. Este fenómeno demuestra un crecimiento sólido en el comercio minorista y ocio, logrando traccionar la economía local más allá de los grandes polos turísticos tradicionales.
Camino al título: Cronograma de la Selección

Para aquéllos que siguen de cerca a la «Albiceleste», este es el cronograma confirmado y las instancias potenciales en el resto del torneo:
| Instancia |
Partido |
Fecha |
Hora (ARG) |
Sede |
| Cuartos de final |
Argentina vs. Suiza |
Sábado 11/07 |
22:00 |
Kansas City |
| Semifinal |
Ganador ARG/SUI vs. Ing/Nor |
Miércoles 15/07 |
16:00 |
Atlanta |
| Tercer Puesto |
Por definir |
Sábado 18/07 |
18:00 |
Miami |
| Final |
Por definir |
Domingo 19/07 |
16:00 |
Nueva Jersey |
Nota: Los partidos podrán seguirse en vivo a través de TyC Sports, Telefe, TV Pública y DSports, además de las plataformas de streaming TyC Sports Play, Paramount+, Disney+ Premium y Flow.
Primicias Rurales
Fuentes: varios
Jul 10, 2026 | Economía / Economía del Agro, Opiniones
El PIB avanza a paso firme, sostenido por la productividad y las exportaciones, mientras el Gobierno busca recuperar iniciativa política antes de que arranque la carrera electoral. La clave del segundo semestre: que el consumo, el crédito y la inversión se sumen al envión.
Por Jorge Vasconcelos 
Buenos Aires, viernes 10 julio (PR/26) — La economía argentina creció cerca de un 3,0% anualizado en el primer trimestre de 2026 respecto al último tramo de 2025. Lo llamativo es que lo hizo pese a que la tasa de inversión lleva cuatro trimestres consecutivos en baja.
El envión vino del lado de la oferta: mejoras de productividad y un saldo positivo entre exportaciones e importaciones. Son factores genuinos, pero todavía falta que se sumen con más fuerza el consumo y la inversión.
Para el segundo trimestre, la proyección es algo más moderada: un crecimiento en torno al 2,0% anualizado. Los indicadores de consumo básico y la recaudación ligada al mercado interno parecen haber tocado piso y empiezan a repuntar.
La gran incógnita para la segunda mitad del año es cuánto se puede acelerar esa recuperación, porque el crédito sigue trabado por la elevada morosidad. La buena noticia es que la baja de la inflación ayuda a recomponer el poder adquisitivo de los salarios, y cuatro meses seguidos de tasas de interés de corto plazo de entre el 20% y el 25% anual podrían aflojar un poco esa traba.
Reservas en alza y cuentas externas más ordenadas
En el frente externo el panorama es alentador. La cuenta corriente del balance de pagos acumuló un superávit de 2.000 millones de dólares en los primeros cinco meses del año, con posibilidades de cerrar el año calendario en un nivel cercano a neutro.
A eso se suma una mejora de 7.100 millones de dólares en las reservas brutas del Banco Central en lo que va de 2026. Las reservas netas ya llegan a 10.400 millones de dólares si se incluyen los compromisos de corto plazo, entre ellos los BOPREAL.

También hubo avances en el programa financiero: prácticamente se completó la refinanciación de los vencimientos de 2026 y se achicó la brecha de necesidades de financiamiento para 2027.
La demanda de dólares de las personas físicas sigue siendo un frente para monitorear de cerca. Entre enero y mayo, por cada 100 dólares de superávit comercial de bienes, 84 dólares se destinaron a la llamada «formación de activos externos» del sector privado. Aun así, ese fenómeno no impidió que las reservas siguieran recuperándose.
El desafío político detrás de los números
Como la marcha de la economía todavía es «materia opinable» en cuanto a resultados inmediatos, para el Gobierno se vuelve clave recuperar la iniciativa política, sobre todo tras las idas y vueltas por la demorada salida del Jefe de Gabinete.
Después de varios meses de deterioro, los índices de confianza en el gobierno que mide la Universidad Di Tella mostraron señales de un posible rebote en las últimas mediciones. Pero consolidar esa gobernabilidad exige más logros en el Congreso y avanzar con la implementación de las reformas ya vigentes.
Ese camino depende, en buena medida, de que el Ejecutivo logre sumar suficientes gobernadores aliados para inclinar la balanza tanto en el Senado como en Diputados. Así podría evitar que la oposición más dura logre imponer, en este segundo semestre, un funcionamiento «en modo electoral» de la economía.
En paralelo, resulta clave despejar las dudas sobre el financiamiento de los vencimientos de deuda externa de 2027 y afinar las herramientas para suavizar la volatilidad cambiaria, sin caer en la tentación de «pelear contra la corriente» de los factores que determinan el tipo de cambio.
Todavía no alcanza con el piloto automático
Las mejoras de productividad y el buen momento exportador explican buena parte del crecimiento moderado del PIB, de entre 2,5% y 3,0% anual en la medición desestacionalizada, un resultado que se apoya en las reformas iniciadas a fines de 2023.
Pero para dar el siguiente paso hace falta más combustible: que la inversión, el empleo y el consumo se recuperen con más fuerza y así consoliden, en lo económico y en lo político, los avances que ya empiezan a notarse. El contexto mundial, pese a sus turbulencias, ofrece más oportunidades que amenazas, aunque aprovecharlas exige una reconversión permanente de los sectores productivos.

Conviene tomar como referencia abril de 2024 -el piso del nivel de actividad tras el fuerte ajuste inicial- y no 2023, todavía marcado por los cepos cambiarios y comerciales, para evaluar realmente qué sectores logran crecer bajo las nuevas reglas de juego.
Desde ese piso, la mayoría de los sectores muestra números positivos. Pero hay una diferencia clara entre los que sostienen el crecimiento y los que, tras el rebote inicial, empezaron a perder parte de lo recuperado: industria, comercio y construcción.
Industria: una foto más matizada de lo que parece
Etiquetar a estos sectores como los «perdedores» del nuevo modelo sería simplificar demasiado. En muchos casos, la falta de dinamismo no tiene que ver con la competencia de productos importados, sino con problemas bien locales: falta de crédito de largo plazo, una reforma laboral que recién arranca y una presión tributaria todavía muy alta, sobre todo por impuestos distorsivos como Ingresos Brutos y las tasas municipales.
Dentro de la industria, actividades que representan un 56% del PIB sectorial muestran una notable capacidad de adaptación. La producción de Alimentos subió un 5,6% entre abril de 2024 y el mismo mes de 2026; Madera, Papel y Refinación de petróleo crecieron entre 9,4% y 9,6%; Productos Químicos avanzó 17,0% y Minerales no metálicos, nada menos que 20,4%.

Del otro lado están los sectores con más dificultades -que representan un 30,0% del valor agregado industrial-, como Maquinaria y Equipo, Industrias Metálicas básicas, Prendas de Vestir, Textiles y Automotores, con caídas de entre el 5,0% y el 10% frente a abril de 2024. Aun así, dentro de cada rubro hay empresas que lograron diferenciarse y crecer, lo que muestra que hay semillas de reconversión, aunque no alcancen para salvar a todas las firmas.
Comercio y construcción: el consumo empieza a asomar
Fuera de la industria, comercio y construcción son los otros sectores que retrocedieron en los últimos doce meses, después de haber rebotado desde el piso de actividad de mediados de 2024.
En el comercio, el problema pasa por el volumen de la demanda. Según datos de consumo masivo de Scentia, el piso se tocó en noviembre de 2025 y desde entonces la recuperación es gradual pero sostenida: en mayo de este año, el nivel ya está un 4,9% por encima de esa referencia, aunque interanualmente el consumo masivo todavía cae 1,6%.
Por debajo de la superficie, sin embargo, hay señales claras de cambio estructural: el comercio electrónico crece un 29,9% interanual, y el precio promedio de los productos de consumo masivo sube 11,8 puntos porcentuales menos que la inflación del INDEC (21,4% contra 33,2%). Esa diferencia refleja tanto el peso de los servicios en el índice oficial como la constante búsqueda de los consumidores por la mejor relación calidad-precio, un verdadero mecanismo de «defensa del bolsillo».
El mercado automotriz es otro ejemplo de la velocidad del cambio: hace dos años, el 70% de los vehículos patentados era de origen nacional y el 30% importado; hoy esa proporción se invirtió por completo. Mientras tanto, las plantas orientadas a la exportación, como las de pickups, siguen funcionando a capacidad plena.
Construcción: el piso más bajo en dos décadas
En construcción, el freno responde a varios factores. Los datos del primer trimestre de 2026 muestran a la inversión en el sector en su piso de los últimos 20 años, apenas el 6,9% del PIB.
La falta de obra pública y de crédito hipotecario para las familias pesan, pero no son la única causa: también hay un problema de competitividad, por falta de escala y de modernización de los procesos productivos, que se refleja en precios relativamente más caros que el promedio de la economía.
De todos modos, en la medición desestacionalizada, la construcción parece haber tocado piso a principios de este año, en sintonía con el consumo masivo. Son mejoras que, muy gradualmente, podrían empezar a notarse en el segundo semestre, aunque no hay que esperar milagros.
El límite invisible: la productividad de 2007
La restricción de fondo es la productividad: viene recuperándose desde 2024, pero todavía está en niveles similares a los de 2007, casi veinte años atrás.
Un indicador simple -el PIB sobre el empleo total- mejoró a un ritmo del 3,4% anual entre el primer trimestre de 2024 y el mismo período de 2026, pero aun así se ubica un 8,5% por debajo del nivel de 2012, el momento en que se instalaron los cepos estrictos al cambio y al comercio.
Es, quizás, el dato más contundente sobre el fracaso de la vieja receta de hacer crecer la economía a fuerza de expandir el gasto público sin financiamiento genuino: ese esquema termina desequilibrando la macroeconomía y alimentando el clásico ciclo de «stop and go».


El gasto nacional ya se ajustó, ¿y las provincias?
Medido en dólares, el gasto público nacional muestra un cambio de escala relevante frente a episodios previos. En enero de 2016 las erogaciones eran de 213.200 millones de dólares; para octubre de 2017 habían bajado a 198.200 millones, un ajuste que resultó insuficiente frente a un déficit de cuenta corriente cercano al 5% del PIB.
Tras la crisis de 2018, tuvo que llegar una fuerte devaluación para que el gasto en dólares alcanzara un nivel de equilibrio hacia 2019, con el costo político ya conocido. Hoy, en cambio, el gasto primario nacional se ubica en 101.800 millones de dólares en los últimos doce meses, 48,6% por debajo del pico de 2017, mientras la cuenta corriente tiende a ser neutra frente al déficit de 5 puntos del PIB de aquel entonces.
Esa relación entre el gasto público en dólares y el equilibrio externo es clave para pensar la consistencia de la política macroeconómica hacia 2026/27, con menos margen para sorpresas negativas que en 2018/19.
El interrogante pasa ahora por provincias y municipios. Su gasto consolidado bajó de 19,5% a 17,5% del PIB entre 2023 y 2024, pero el ajuste fue menor y de corta vida: en 2025 ya había vuelto al 19,9% del PIB, por encima del nivel de 2023.

Impuestos distorsivos, el freno silencioso a la productividad
El financiamiento de provincias y municipios depende en buena parte de impuestos muy distorsivos, como Ingresos Brutos, Sellos y las tasas municipales. Esa carga recae sobre los sectores formales de la economía y erosiona su capacidad de competir con la informalidad.
Se forma así un círculo vicioso que golpea especialmente a sectores intensivos en empleo, como los servicios, el comercio, el transporte y varias industrias. La nueva reforma laboral ayuda a facilitar la formalización, pero mientras estos impuestos sigan castigando a quien declara sus ventas, el incentivo para «blanquear» seguirá siendo débil.

El dato final resume el desafío: el gasto consolidado de provincias y municipios hoy supera en 4,2 puntos del PIB al de 2007, justo cuando la productividad laboral volvió a niveles de aquel año. Países como India, que reemplazaron una maraña de tributos distorsivos por un «Súper-IVA» en un proceso que se completó en 2017, lograron a la vez más formalidad, menores costos y mayor inversión. Esa experiencia ya empieza a replicarse en Brasil, y la Argentina podría tomar nota.

Primicias Rurales
Fuente: novedadeseconomicas.ieral.org