El INTA y Gensus presentan «Arandu», la primera variedad de algodón a nivel mundial resistente a imidazolinonas, una innovación genética que promete revolucionar el cultivo en Argentina por su rinde, sanidad y calidad de fibra.
Chaco, miércoles 10 junio (PR/26) — La nueva variedad desarrollada por el INTA, junto con la empresa Gensus, combina productividad, calidad de fibra, estabilidad, sanidad y una característica inédita: será la primera variedad resistente a imidazolinonas que se cultivará en la Argentina, sin antecedentes a escala mundial.
Arandu INTA BGRR IMI cott será presentada hoy 10 de junio en la planta Gensus, ubicada en la localidad de Avia Terai —Chaco— y contará con la participación de representantes del INTA y del Senasa.
Las imidazolinonas son una familia de herbicidas de amplio espectro utilizados principalmente en el sector agrícola para controlar malezas de hoja ancha y gramíneas. Son altamente eficaces a dosis bajas y destacan por su prolongado efecto residual en el suelo.
Así el algodón argentino está a punto de incorporar una innovación que promete convertirse en un punto de inflexión para la cadena productiva. Se trata de Arandu INTA BGRR IMI cott, una nueva variedad desarrollada a partir de años de trabajo en genética algodonera que ya fue registrada en el INASE y que estará disponible en etapa precomercial para los productores.
Su principal diferencia es que será la primera variedad de algodón resistente a herbicidas del grupo de las imidazolinonas que se cultivará en el país, una característica que, además, no registra antecedentes en el mundo para este tipo de material.
Según explicó Mauricio Tcach, investigador del INTA, “este desarrollo responde a una demanda concreta del sector productivo vinculada a la necesidad de incorporar nuevas herramientas tecnológicas para el manejo del cultivo y ampliar la oferta de germoplasma disponible para los productores”.
La presentación de esta variedad representa, también, el primer resultado tangible de la iniciativa recientemente lanzada por el INTA, Gensus y otros actores de la cadena, que tiene como objetivo acelerar la incorporación de innovaciones genéticas para el cultivo.
“Arandu es el primer avance del Nuevo Camino del Algodón, una propuesta que contempla una serie de innovaciones tecnológicas en genética y manejo para los próximos cinco años”, señaló Tcach. En ese marco, el investigador adelantó que el programa prevé la inscripción de diez nuevas variedades durante ese período.
El nombre elegido para esta genética no es casual. Arandu significa “sabiduría” en guaraní y busca reflejar el proceso que dio origen al material.
Según explicó Tcach, “esta variedad integra la sabiduría de los productores algodoneros, ya que fue seleccionada tomando en cuenta atributos que ellos nos sugirieron incluir en una variedad”.
Entre esos atributos aparecen un ciclo más largo, mayor plasticidad y una arquitectura de planta diferenciada respecto de los materiales actualmente disponibles en el mercado.
De acuerdo con los resultados obtenidos durante su evaluación, Arandu presenta una estructura de planta abierta, con una mejor diferenciación entre ramas vegetativas y fructíferas, asociada a una mayor cantidad de puntos de producción. Esa configuración favorece tanto el crecimiento como la maduración del cultivo.
Sin embargo, uno de los aspectos que más expectativas genera es su comportamiento productivo. Los ensayos realizados mostraron que el material logró destacarse por su estabilidad y por mantener rendimientos superiores frente a variedades comerciales ampliamente difundidas.
“Arandu demostró una mejor estabilidad de rendimientos y una productividad superior”, afirmó el investigador. Los resultados obtenidos en dos campañas consecutivas permitieron observar que el nuevo material logró sostener su desempeño en contextos productivos diferentes.
Para Tcach, “estas ventajas se explican por un período de floración más prolongado y por la formación de capullos de mayor peso respecto de las variedades comerciales actuales”.
Otro de los puntos fuertes del nuevo cultivar aparece en la calidad de la fibra, una variable clave para toda la cadena textil.
Los análisis realizados mostraron que Arandu logró combinar una excelente longitud de fibra con altos niveles de productividad, una asociación poco frecuente en los programas de mejoramiento.
La sanidad constituye otro de los pilares de esta nueva genética. Arandu incorpora resistencia a las principales enfermedades que afectan al algodón.
“El material combina productividad, calidad, estabilidad, excelente maduración, resistencia a bacteriosis y enfermedad azul, resistencia a glifosato e imazapyr y resistencia a lepidópteros”, resumió Tcach.
Lanzan la nueva variedad
Hoy 10 de junio se realizará la presentación de Arandu en la Planta Gensus Avia Terai en Chaco. El lanzamiento de la nueva genética es una señal concreta de la estrategia que impulsa El Nuevo Camino del Algodón para acelerar la llegada de innovaciones al sector.
La iniciativa reúne al INTA, a la empresa semillera Gensus y a distintos actores de la cadena algodonera con una meta ambiciosa: ampliar significativamente la oferta varietal disponible para los productores argentinos mediante el desarrollo de nuevos materiales con mejoras en productividad, calidad de fibra, sanidad y estabilidad.
“Este proceso permitirá alcanzar incrementos significativos en productividad y calidad de fibra en un período relativamente corto”, sostuvo Tcach.
Con Arandu como primer exponente, el programa comienza a mostrar sus resultados. La expectativa ahora está puesta en la llegada de esta variedad a los lotes comerciales y en el impacto que pueda generar una genética que incorpora una característica inédita para el cultivo.
La cosecha récord de Brasil presiona los precios a la baja, pero la escasez en otros orígenes, el comportamiento cauteloso de los productores y la amenaza de El Niño mantienen al mercado global del café en un equilibrio frágil y volátil.
Buenos Aires, martes 9 de junio (PR/26)–El mercado global del café enfrenta un momento de tensión contradictoria: por un lado, Brasil se encamina hacia una cosecha histórica en 2026/27; por el otro, una serie de factores —climáticos, financieros y geopolíticos— impiden que los precios cedan del todo.
El resultado es un mercado que convive con presión bajista pero sin terminar de ceder.
Así lo revela un análisis reciente de Hedgepoint Global Markets, que traza un panorama donde los fundamentos propios del café se entrecruzan con un entorno macroeconómico cargado de incertidumbre: inflación persistente, tasas de interés elevadas y tensiones geopolíticas que no terminan de disiparse.
Macro que pesa, café que resiste
La economía global no facilita las cosas. Si bien las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán aportaron cierta estabilidad al precio del petróleo, la crisis energética sigue golpeando a las economías.
En Estados Unidos, el IPC y el PCE registraron nuevos aumentos en abril —incluidos los indicadores base—, y la Reserva Federal mantiene las tasas sin señales claras de cuándo aflojará.
Este clima de altos costos financieros impacta directamente en el mercado del café: encarece el financiamiento, complica la reposición de inventarios y genera cautela en todos los eslabones de la cadena.
Brasil produce más, pero vende menos
Las estimaciones de Hedgepoint ubican la producción brasileña en 75,6 millones de bolsas entre arábica y conilon, un nuevo récord histórico. Sin embargo, la cosecha arrancó con retraso —por la floración tardía de 2025, el volumen inusualmente alto esperado y las lluvias en algunas zonas— y recién debería acelerar después de junio.
Los primeros reportes son alentadores en calidad: granos más grandes y buena calidad de bebida. Pero las evaluaciones definitivas llegarán con la cosecha avanzada.
Lo que sí está claro es que los productores brasileños no están apurados por vender. Las negociaciones se mantienen por debajo de los niveles históricos y los contratos a futuro de la nueva cosecha muestran un ritmo reducido.
La razón es simple: los precios futuros siguen siendo inferiores a los del mercado físico. Esta lógica también se reflejó en las exportaciones, que tuvieron un inicio lento tras la cosecha 2025/26.
El real fuerte complica el negocio del productor
Un factor adicional pesa sobre el sector: la apreciación del real brasileño en 2026. La moneda opera en niveles más fuertes, lo que reduce los ingresos que reciben los productores por sus exportaciones.
El carry trade y los flujos de inversión extranjera sostienen esta dinámica, y aunque cambios en la política monetaria estadounidense podrían achicar la brecha de tasas, el impacto sobre la rentabilidad exportadora es real y presente.
Cuando el mundo produce menos, los diferenciales se sostienen
Mientras Brasil se prepara para su cosecha récord, el resto del mundo va en sentido contrario. La mayoría de los productores de arábica están en temporada baja, con stocks reducidos y una postura comercial conservadora.
En Colombia, la menor producción se combina con una moneda local apreciada que desincentiva las exportaciones y mantiene los diferenciales elevados.
En el mercado del robusta, Vietnam atraviesa su temporada baja con oferta limitada, mientras que en Indonesia las lluvias intensas retrasan la cosecha y reducen la disponibilidad global.
Los diferenciales de arábica entre julio y septiembre siguen mostrando un mercado invertido —aunque menos extremo que antes—, lo que encarece la acumulación de stocks en los países de destino.
Los fondos se vuelven más cautelosos
Los fondos de cobertura, que aún mantienen posiciones largas netas en café, han ido recortando su exposición en los últimos meses.
La expectativa de mayor oferta brasileña en 2026/27 explica buena parte de este movimiento. Al mismo tiempo, el aumento en el número de contratos abiertos sugiere una tendencia moderadamente bajista, aunque las apuestas a la baja dependen de que el escenario de oferta efectivamente se consolide.
El Niño asoma y el clima vuelve al centro de la escena
Quizás el factor más inquietante es el climático. La NOAA elevó al 82% la probabilidad de que El Niño se desarrolle entre mayo y julio, con chances de que persista durante todo el invierno 2026/27 en el hemisferio norte —el verano austral, clave para la próxima campaña.
Laleska Moda, analista de Inteligencia de Mercado en Hedgepoint Global Markets, advierte que, si bien todavía hay incertidumbre sobre la intensidad y el momento pico del fenómeno, El Niño podría afectar la producción global de café en 2026 y 2027, convirtiendo al clima en uno de los principales factores de riesgo para el sector en los próximos ciclos.
Un mercado que no termina de definirse
El panorama del café global en 2026 es el de un mercado en tensión permanente.
La promesa de una producción récord en Brasil presiona hacia abajo, pero la escasez en otros orígenes, la cautela de los productores, los altos costos financieros y la amenaza climática impiden una caída libre de los precios.
En este equilibrio frágil y cargado de variables, la volatilidad no es la excepción: es la regla. Y quienes participan del mercado —productores, exportadores, fondos, torrefactores— lo saben bien.
La historia de la familia Tibaldi en Santa Fe, un establecimiento que integró agricultura y lechería para regenerar el suelo, optimizar el uso del agua y capturar carbono de manera sustentable.
Santa Fe, martes 9 junio (PR/26) — La historia de la familia Tibaldi en Santa Fe está llena de errores y aciertos, pero sobre todo de intuición y resiliencia que no admite recetas. Por Aapresid.
“No fue una decisión puntual ni un cambio brusco”, reflexiona Juan Cruz Tibaldi, agrónomo y productor Aapresid que condensa en una frase toda una forma de hacer agricultura. “Fue un proceso de muchos años, con aprendizajes y ajustes. Un sistema que se fue construyendo en el tiempo”.
No hay un “antes y después” claro. Lo que hay es algo más difícil de contar —y más interesante—: una evolución silenciosa, donde el suelo pasó de ser un recurso más para convertirse en el eje que ordena cada decisión y aporta estabilidad.
Cuando el sistema deja de ser una suma de prácticas
Cerca de Sastre, en el centro-oeste de Santa Fe, el planteo en el establecimiento familiar de los “Tibaldi” combina agricultura con lechería. Pero la clave no está en las actividades, sino en cómo se integran.
“Más que pensar en agricultura y ganadería por separado, siempre buscamos que el sistema funcione como un todo”, cuenta Juan Cruz. “Las rotaciones, los cultivos de servicios, las pasturas, la cosecha y el pastoreo no son prácticas aisladas, sino herramientas que se articulan”.
Esa lógica permitió algo que no siempre se valora: empezar a depender menos de insumos externos y más del funcionamiento interno del sistema. La diversidad, la integración y la intensificación no aparecen como conceptos teóricos, sino como decisiones concretas en cada lote. Y en ese esquema, los cultivos de servicios (CS) empezaron a ocupar un lugar central.
Diversidad qie se diseña en el lote
El cambio arrancó hace muchos años y de una forma al principio poco evidente. “Me veo de chico, cuando ni sospechaba ser agrónomo, acompañando a mi padre, agrónomo ya, cuando decidió apostar por la siembra directa y los verdeos pastoreados en un momento en que todavía no se comprendía del todo su alcance y no habían sido rotulados como “cultivos de servicios”, recuerda Juan Cruz.
“Con el tiempo entendí que no se trataba de ocupar un espacio de barbecho entre dos cultivos de renta sino de mantener vivo el suelo, expandir raíces y darle continuidad biológica al sistema. Esa mirada, que en su momento no tenía la validación técnica que tiene hoy, se confirma en cada dato que obtenemos”.
Desde entonces, cada decisión se ordena en función del lote y del momento. No es lo mismo un antecesor maíz que soja, ni un ambiente con buena disponibilidad hídrica que uno más ajustado. En cada caso, el planteo cambia en busca de eficiencia.
Con esa lógica, las especies dejan de ser una lista fija y pasan a cumplir funciones. Gramíneas como avena o centeno cuando el objetivo es cobertura y estructura; leguminosas para aportar nitrógeno; y muchas veces mezclas, para combinar efectos.
Cultivos al servicio de la lechería
Los cultivos de servicios se integran a la oferta forrajera y se articulan con pasturas con alfalfa —clave para la lechería— y con el silaje de maíz, que aporta la base energética.
El manejo termina de definir el resultado. “No hay una receta. Cada año te obliga a ajustar”, dice. En ese ajuste, el pastoreo es central.
Los cultivos de servicios se aprovechan principalmente en invierno y, en algunos casos, se destinan a reservas. La clave está en el momento: entrar y salir a tiempo para consumir sin perder cobertura ni capacidad de rebrote, y lograr que los nutrientes vuelvan al sistema.
La terminación es una de las decisiones más sensibles y se define según el cultivo siguiente y el estado hídrico, priorizando siempre el suelo.
En general, las pasturas donde predomina la alfalfa anteceden al maíz, mientras que los esquemas con mayor presencia de gramíneas se vinculan con soja de primera.
Pero más que una secuencia fija, hay un criterio que se repite: sostener el sistema en el tiempo. Y en ese proceso, casi sin buscarlo, desaparecen los tiempos muertos.
En este escenario, la ganadería complementa la agricultura: mejora la estructura del suelo, favorece la ciclicidad de nutrientes y deja un rastro productivo que se refleja en el rendimiento y en la resiliencia de los cultivos posteriores.
El dia que el agua dejó de ser un problema
Si hubo una duda que acompañó este proceso fue el uso del agua. “Durante mucho tiempo pensamos que el problema era el consumo”, reconoce. “Pero cuando empezamos a medir y ajustar, entendimos que la clave está en cómo se administra”.
La evidencia técnica acompaña esa percepción: los cultivos de servicios mejoran la infiltración, aumentan la capacidad de retención y estabilizan los perfiles.
“En otras palabras, no es que “gastan” agua, sino que ayudan a que el sistema la use mejor”, asegura, y agrega: “ahí se dio el cambio de mirada: el agua dejó de ser una variable en disputa para pasar a ser parte de una sinergia”.
Errores, ajustes y aprendizajes
“Nos equivocamos muchas veces”, admite Tibaldi. “Hubo cultivos de servicios que consumieron más agua de la que esperábamos, manejos de pastoreo que no funcionaron o terminaciones que complicaron al cultivo siguiente”.
“Con el tiempo entendés que no hay una única variable que mande. Todo juega: el suelo, el clima, los animales y el cultivo que viene”, explica. Ahí es donde el manejo se enfoca en leer el sistema en cada momento: cuánta cobertura queda, qué volumen y calidad de biomasa hay, cómo está el perfil de agua y qué necesita el cultivo siguiente.
Ese equilibrio —entre los servicios al suelo, la producción animal y el rendimiento agrícola— se define campaña a campaña. “Hay años donde priorizás construir suelo y otros donde el foco está en sostener la eficiencia productiva”, resume.
Carbono: el dato que confirma la intuición
En medio de todo este proceso, el carbono apareció. Pero no como objetivo sino como consecuencia. No se ve solo en una medición, sino en cómo responde el lote, dice Tibaldi. “Se nota en la infiltración, en la humedad, en la uniformidad de los cultivos”.
Las mediciones vinieron a confirmar lo que ya se percibía. “Medir nos permitió ponerle números a los procesos. Sirvió para validar, pero también para ajustar cuando algo se desvía”, agrega.
Desde la Red de Carbono de Aapresid lo confirman: “los cultivos de servicios aportan cobertura, biomasa y biodiversidad, pilares clave para el secuestro de carbono y la regeneración del suelo.
Un informe de la Red revela que “dependiendo de la especie, un CS puede producir hasta 7 tn de materia seca por hectárea, una fuente directa de carbono. En esquemas bien manejados, ese aporte puede traducirse en hasta 1 tonelada de carbono por hectárea por año.
“Con los años, empezaron a aparecer señales consistentes: suelos más estructurados, rindes más estables, mejor respuesta en campañas difíciles”, resume.
Una historia sin final cerrado
Si algo queda claro en esta historia es que no hay recetas. El sistema que hoy funciona es el resultado de decisiones tomadas muchas veces sin certezas, de aprendizajes construidos campaña a campaña y de una convicción que fue creciendo con el tiempo: que el suelo no es un soporte, sino la base de todo.
“Seguramente, de lo que hoy estamos seguros, mañana sea la mayor incógnita”, dice Tibaldi. Y tal vez ahí esté la clave. Porque más que llegar a un modelo perfecto, de lo que se trata —como en toda buena historia— es de seguir construyendo. Desde abajo. Y en el tiempo.
La compañía Stine presenta los maíces ST9937 y ST9833 CL en un escenario que combina buenas perspectivas climáticas, mejora en la relación insumo-producto y una demanda sostenida del cereal. El desempeño de sus materiales en las principales redes de ensayo del país, respaldan la propuesta.
Buenos Aires, martes 9 junio (PR/26) — Frente a una campaña de maíz 2026/27 prometedora, Stine Argentina presentó su oferta genética y comercial para el nuevo ciclo productivo.
La propuesta tiene el respaldo de tres ciclos consecutivos de resultados destacados en las principales redes de ensayo del país, y se potencia con el lanzamiento de dos nuevos híbridos destinados a maximizar el potencial productivo en distintos ambientes.
La presentación se enmarca bajo el concepto «Imposible no mirarlos», una campaña inspirada en una práctica habitual de productores y técnicos: observar los cultivos al costado de la ruta y detener la mirada cuando un lote sobresale por su uniformidad, vigor y potencial productivo.
«El concepto resume algo que viene ocurriendo en el campo desde hace varios años. Nuestros híbridos han logrado consolidar una trayectoria de resultados consistentes en distintas regiones productivas, y eso se refleja tanto en las redes de ensayo como en la elección de los productores», señaló Manuel Rosasco, gerente general de Stine Argentina.
En ese sentido, desde la firma destacan especialmente el desempeño de sus materiales insignia. El híbrido ST9939, conocido comercialmente como «La Bestia», acumula varias campañas consecutivas por encima de los promedios de las redes de INTA Oliveros, CREA Litoral Sur, CREA Centro de Córdoba e INTA Marcos Juárez.
Por su parte, ST9741, denominado «El Rey del Sur», registra tres campañas consecutivas de desempeño destacado en CREA Mar y Sierras, una de las regiones más exigentes del país para la producción de maíz.
Para la firma, este comportamiento sostenido potencia la evolución Stine en el mercado argentino. «Antes los productores probaban nuestra genética y la comparaban con otras. Hoy vemos que cada vez más productores la incorporan definitivamente a sus planteos porque los resultados se repiten campaña tras campaña», afirmó Manuel Bavio, gerente de ventas maíz de Stine.
Una campaña con condiciones favorables
Las perspectivas para el maíz 2026/27 muestran una combinación de factores que generan expectativas positivas para el cultivo. La recuperación de las reservas hídricas en buena parte de las regiones agrícolas, sumada a un escenario climático neutral con señales de transición hacia condiciones más húmedas durante la primavera y el verano, conforma un marco favorable para la expresión del potencial de rendimiento.
A ello se suma un contexto de mercado que mantiene fundamentos positivos para el cereal. El crecimiento de la demanda interna vinculada a la producción de proteína animal y el impulso a los biocombustibles, junto con proyecciones de menores stocks globales, aporta sostén a los precios y mejora las perspectivas económicas para el cultivo.
En paralelo, la reducción prevista en el área destinada a trigo podría favorecer una expansión adicional de la superficie de maíz en la próxima campaña gruesa, profundizando una tendencia que ya se observó durante el ciclo anterior.
La variable que sigue concentrando buena parte de la atención es el costo de la fertilización. Al respecto, por ejemplo, la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) destacó que la reciente baja de la urea, desde valores cercanos a USD 1.000 por tonelada a niveles del orden de USD 830/t, mejoró las perspectivas para el cultivo, contribuyendo a sostener el interés por el maíz.
Por eso, según la entidad, la intención predominante entre los productores relevados es repetir una superficie similar a la del ciclo anterior, que alcanzó un récord regional de 2,3 millones de hectáreas en Zona Núcleo.
«Creemos que el productor tiene por delante una campaña para aprovechar. Cuando coinciden buenas reservas de agua, perspectivas climáticas favorables y una relación económica competitiva, la genética adquiere un rol central para capturar ese potencial», indicó Bavio.
Dos lanzamientos para capturar el potencial de la campaña
De cara a esta campaña, Stine incorpora dos nuevos híbridos a su portfolio comercial.
El ST9937 -La Bestia nueva- es un material de ciclo largo (MR 122) con tecnología Agrisure Viptera 3, desarrollado para siembras tempranas y tardías.
El híbrido combina alto potencial de rendimiento, buen comportamiento sanitario y una destacada velocidad de secado, características especialmente valoradas en planteos de alta productividad.
En tanto, el ST9833 CL, es un híbrido de ciclo intermedio (MR 118) que incorpora tecnología Clearfield junto con Agrisure Viptera 3.
Se destaca por su equilibrio entre potencial y estabilidad, además de ofrecer una herramienta de manejo diferencial para lotes con antecedentes de maíz, gracias a la posibilidad de utilizar herbicidas imidazolinonas para el control de maíces voluntarios.
«Buscamos ofrecer herramientas concretas para distintos ambientes y estrategias productivas. Los nuevos híbridos complementan una plataforma genética que ya viene demostrando su potencial en los principales ensayos del país», destacó Bavio.
En síntesis, con resultados consistentes, nuevos materiales y un escenario productivo favorable, Stine apuesta a consolidar su crecimiento en el mercado argentino bajo premisa sencilla: “Cuando el rendimiento se repite campaña tras campaña, se vuelve imposible no mirarlo”, concluyó Rosasco.
El INTA y fruticultores patagónicos avanzan juntos en un proyecto que cuida el suelo, reduce costos, mide la huella de carbono y prepara al sector para las exigencias de los mercados internacionales.
General Roca, martes 9 de junio (PR/26)–Hay algo poderoso en la idea de que una chacra de peras y manzanas pueda, al mismo tiempo, producir fruta de calidad, capturar carbono de la atmósfera y mejorar la vida del suelo.
Eso es exactamente lo que busca el proyecto \u201cTransición hacia la agricultura regenerativa\u201d, impulsado por el INTA Alto Valle junto a la Fundación Banco Credicoop y fruticultores de la Primera Cooperativa Frutícola de General Roca.
No es un experimento aislado: es un modelo que ya funciona, que se aprende con los pies en la tierra y que promete cambiar la lógica productiva de toda la región.
El profesional del INTA Sergio Romagnoli lo explica con claridad: la agricultura regenerativa no busca simplemente “hacer menos daño”. Su objetivo es más ambicioso: sanar, recuperar y mejorar el funcionamiento natural de la chacra.
Fortalecer la salud del suelo, estimular la vida microbiana, optimizar el aprovechamiento del agua y hacer que la planta sea más resistente al estrés. Aquí no se parte de cero: las chacras del Alto Valle tienen historia, conocimiento acumulado y un enorme potencial.
Por eso, algunos especialistas de la ecorregión prefieren hablar directamente de agricultura \u201cgenerativa\u201d: no se restaura algo destruido, sino que se potencia lo que ya existe.
La clave está en ordenar las prácticas, medir los resultados y tomar decisiones inteligentes para sostener la actividad de manera eficiente y duradera.
La huella de carbono: mucho más que una moda
Uno de los ejes del proyecto es la medición de la huella de carbono: un indicador que suma todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas a la producción de fruta, pero que también contabiliza los procesos que retiran carbono de la atmósfera
. En el caso de peras y manzanas, eso incluye el impacto de los fertilizantes, el gasoil de los tractores y las tareas cotidianas del campo.
Pero también cuenta lo positivo: el aumento de la materia orgánica en el suelo o el crecimiento de las alamedas que actúan como sumideros naturales de carbono.
Y acá aparece uno de los hallazgos más concretos del proyecto: el principal factor que engorda la huella en la región es el consumo de gasoil. Cada pasada del tractor implica combustible y emisiones. Reducirlas no solo es bueno para el ambiente: también es dinero que el productor deja de gastar.
En esa línea, el proyecto promueve el uso de herramientas biológicas para el manejo sanitario, como la avispa Goniozus legneri, criada por el INTA para combatir plagas como la carpocapsa y la grafolita.
Estas herramientas no reemplazan de un día para el otro a los tratamientos tradicionales, pero forman parte de una estrategia integral que, con tiempo y equilibrio del monte frutal, permite reducir gradualmente los fitosanitarios.
El suelo vivo: el capital invisible de la chacra
El otro gran pilar es el cuidado del suelo. Hugo Lorenzo, asesor independiente vinculado al proyecto, señala que mantener coberturas verdes en el interfilar e incorporar leguminosas permite capturar nitrógeno directamente del aire, mejorar la vida microbiana del suelo y reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos.
El Alto Valle tiene además una ventaja natural que pocas regiones del mundo pueden presumir: un sistema de riego gravitacional que prácticamente no consume energía.
Combinado con un suelo vivo y bien estructurado, ese suelo se comporta como una esponja que retiene el agua con mayor eficiencia, reduciendo pérdidas y mejorando el aprovechamiento hídrico.
Y hay un emblema local que el proyecto también recupera: las tradicionales cortinas de álamos.
Su reposición aporta protección contra el viento, madera útil y una enorme capacidad para capturar carbono. Un círculo virtuoso que conecta identidad regional con sustentabilidad real.
Una oportunidad que ya no se puede ignorar
Los fruticultores de la región están respondiendo. Participan de las charlas y capacitaciones, incorporan nuevas prácticas en sus chacras y se comprometen con un proceso de largo plazo. Esa disposición no es casual: la realidad del mercado internacional lo exige.
Buena parte de las peras y manzanas del Alto Valle se exporta a destinos donde las certificaciones internacionales ya recomiendan medir la huella de carbono.
Y todo indica que, en el futuro cercano, esa recomendación se convertirá en una exigencia. Los productores que empiecen antes tendrán una ventaja competitiva real frente a los que esperen que el mercado los obligue.
La agricultura regenerativa no promete milagros de un día para el otro. La transición es gradual, hecha de aprendizajes y decisiones diarias.
Pero los números son claros: menos gasoil, suelos más sanos, menores costos y una fruta que llega al mundo con menos impacto ambiental y más historia detrás. En el Alto Valle, ese futuro sustentable ya no es una promesa. Ya está en marcha.
Primicias rurales
Fuente: INTA Alto Valle – Sergio Romagnoli (INTA) y Hugo Lorenzo (Asesor independiente).
El SENASA certificó los primeros barnices libres de una sustancia química prohibida por la Unión Europea. La medida protege el acceso de la miel argentina al mercado europeo y refuerza la confianza en la calidad del sector apícola.
Buenos Aires, martes 9 de junio (PR/26)–El sector apícola argentino tiene una buena noticia. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) certificó la aptitud sanitaria de los primeros barnices libres de bisfenol A (BPA), una sustancia química cuyo uso en envases en contacto con alimentos acaba de ser prohibido por la Unión Europea.
Estos barnices están destinados al revestimiento interno de los tambores metálicos que se usan para exportar miel, y su autorización era una condición indispensable para seguir vendiendo al bloque europeo.
La urgencia de la medida no es menor: la Unión Europea puso en vigencia el Reglamento (UE) 2024/3190, que prohíbe expresamente el bisfenol A y otros bisfenoles en materiales que entran en contacto con alimentos.
Los tambores metálicos con barnices sanitarios que se usan para envasar miel argentina quedan directamente alcanzados por esta normativa, lo que convirtió a la certificación del SENASA en una necesidad concreta y urgente para el sector.
¿Por qué importa tanto el bisfenol A?
El BPA es un compuesto químico que se usa habitualmente en revestimientos de envases metálicos. Su problema: puede migrar hacia los alimentos y representar un riesgo para la salud del consumidor.
Por eso Europa decidió prohibirlo, y por eso los productores apícolas argentinos necesitaban con urgencia una alternativa habilitada para seguir operando en ese mercado.
La evaluación de aptitud sanitaria que llevó adelante el SENASA incluyó el análisis de las sustancias que componen los materiales, ensayos de migración, límites específicos y trazabilidad, garantizando que los nuevos barnices cumplan con todos los estándares exigidos.
Una puerta abierta para la miel argentina
La Unión Europea es uno de los destinos más importantes para las exportaciones de miel argentina. Contar con envases que cumplan sus exigencias sanitarias no es un detalle burocrático: es la llave que permite mantener abierta esa puerta comercial.
La disponibilidad de estos barnices certificados representa una herramienta concreta para que productores y exportadores puedan adaptarse sin perder mercado.
El SENASA acompaña así al sector en una transición que, de no haberse concretado a tiempo, podría haber complicado seriamente las exportaciones.
La adecuación a las nuevas normas no solo protege los negocios: también refuerza la imagen de calidad y seguridad que tiene la miel argentina en el mundo.
Los productores o empresas del sector que quieran ampliar información pueden escribir a: apicola@senasa.gob.ar
Primicias rurales
Fuente: SENASA – Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria