Grupo APC obtuvo la recertificación ISO 9001 y el reconocimiento Better World Certification por su gestión con impacto social

Grupo APC obtuvo la recertificación ISO 9001 y el reconocimiento Better World Certification por su gestión con impacto social

Grupo APC SA logró la recertificación de su Sistema de Gestión de la Calidad bajo la Norma ISO 9001 y obtuvo la distinción internacional Better World Certification (BWC). Estos reconocimientos, otorgados por Ascend, avalan la excelencia en sus procesos de producción agrícola y su compromiso con el impacto social positivo.

 

Entre Ríos, martes 21 de abril (PR/26) — Grupo APC SA  que mejora los procesos de producción agrícola, recibió, por parte de Ascend Organismo de Certificación Internacional, la recertificación de su Sistema de Gestión de la Calidad conforme a la Norma ISO 9001, consolidando su compromiso con la mejora continua, la eficiencia de sus procesos y la satisfacción de sus partes interesadas.

“Esta recertificación valida la solidez de su sistema de gestión, orientado a garantizar la calidad en sus operaciones, fortalecer su capacidad de respuesta y sostener una cultura organizacional basada en la excelencia, la consistencia y la generación de valor”, sostuvo Ignacio Guarnieri, CEO de Ascend.

En paralelo, la organización obtuvo el reconocimiento BWC – Better World Certification, una distinción que destaca a aquellas empresas que integran en su modelo de gestión una visión de impacto social, incorporando principios y prácticas que contribuyen positivamente en su entorno.

 

 

Ambos reconocimientos reflejan un enfoque de gestión que combina calidad operativa con responsabilidad y propósito. En este sentido, Grupo APC reafirma su apuesta por una gestión sólida, moderna y alineada con los desafíos actuales de organizaciones que buscan generar confianza y valor sostenible.

Asimismo, Guarnieri destacó “el valor de acompañar a organizaciones que impulsan modelos de gestión capaces de articular excelencia operativa con una mirada integral sobre su contribución a la sociedad”.

Este nuevo hito representa un paso más en el proceso de fortalecimiento institucional de Grupo APC, validando externamente su compromiso con estándares internacionales y con una visión orientada a un mejor futuro.

 

Acerca de Grupo APC

Somos una empresa que se dedica a la producción, comercialización y servicios de tecnología de aplicación de fitosanitarios, mediante técnicas de trabajo y productos específicos que permiten reducir los costos y mejorar la sustentabilidad de la producción agrícola.

www.grupoapc.com.ar

 

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León XIV en la misa en Saurimo: “Cristo escucha el clamor de los pueblos”

León XIV en la misa en Saurimo: “Cristo escucha el clamor de los pueblos”

En su tercera jornada en Angola, el Papa León XIV celebró una multitudinaria eucaristía en Saurimo ante 60 mil fieles, donde condenó la opresión y la corrupción que genera pobreza.

El Pontífice llamó a evitar una «fe supersticiosa» y pidió al país mantenerse fiel a sus raíces cristianas para construir la paz. Tras visitar un centro de ancianos, destacó que la resurrección de Cristo es el triunfo diario sobre la injusticia y la violencia.

Por Rocío Lancho García

Ciudad del Vaticano, lunes 20 abril (PR/26) — En la tercera jornada del Papa en Angola, el Pontífice ha celebrado la eucaristía en presencia de unos 60 mil fieles en Saurimo, donde llegó por la mañana procedente de Luanda

Antes de la misa visitó un centro de ancianos. En la homilía, León XIV aseguró que toda forma de opresión, violencia, explotación y mentira niega la resurrección de Cristo, don supremo de nuestra libertad.

“Hoy vemos que muchos deseos de la gente son frustrados por los violentos, explotados por los prepotentes y engañados por la riqueza. Cuando la injusticia corrompe los corazones, el pan de todos se convierte en posesión de unos pocos”.

Pero, ante estos males, “Cristo escucha el clamor de los pueblos y renueva nuestra historia; de cada caída nos levanta, en cada sufrimiento nos consuela y en la misión nos alienta”.

Son palabras del Papa León XIV en la homilía de la misa celebrada este lunes 20 de abril en Saurimo, en su tercer día en Angola. A primera hora de la mañana, el Santo Padre voló desde Luanda hasta Saurimo, ciudad conocida por las minas de diamantes.

La primera visita del día fue a una casa de acogida para ancianos. Después se trasladó al lugar de la santa misa, pasando por la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, donde el Santo Padre realizó un momento de oración y adoración al Santísimo. A la explanada llegó en papamóvil, desde dónde saludó a todas las personas que esperaban con alegría su llegada.

El riesgo de sustituir la fe por un comercio supersticioso

Ante los miles fieles presentes, unos 40 mil en la explanada y unos 20 mil en las áreas inmediatamente circundantes, el Pontífice reflexionó sobre el pasaje evangélico de día en el que la multitud “ve a Jesús como un instrumento para lograr algo más, como un proveedor de servicios”.

Esto ocurre -advirtió el Pontífice- cuando la fe auténtica se sustituye por un comercio supersticioso, en el cual Dios se convierte en un ídolo al que sólo se recurre cuando y mientras nos conviene. Y advirtió que incluso los dones más hermosos del Señor pueden convertirse en “una exigencia, un premio o un chantaje, y son malinterpretados precisamente por quienes los reciben”. A

propósito, aseguró que este relato evangélico nos hace comprender “que existen motivos equivocados para buscar a Cristo, sobre todo cuando se le considera un gurú o un amuleto de la suerte”.

No hemos venido al mundo para convertirnos en esclavos

La actitud de Jesús hacia nosotros es muy diferente. “Él no rechaza esta búsqueda insincera, sino que anima a la conversión. No aleja a la multitud, sino que invita a todos a examinar lo que late en nuestro corazón”, subrayó el Papa. Y prosiguió recordando que Jesús no nos da un alimento que perece, “sino un pan que hace que no perezcamos, porque es alimento de vida eterna”.

El Obispo de Roma recordó también que “no hemos venido al mundo para morir” ni “para convertirnos en esclavos ni de la corrupción de la carne, ni de la del alma”.

Al respecto, el Santo Padre aseveró que “toda forma de opresión, violencia, explotación y mentira niega la resurrección de Cristo, don supremo de nuestra libertad.” Y este triunfo sobre el mal y sobre la muerte – añadió – no ocurre sólo al final de los días, sino en la historia de cada día. Para acoger este don, es necesario creer “en aquel que Él ha enviado”.

El camino de Dios nunca falla

 

“Es el Señor quien traza el camino para este recorrido, no nuestras urgencias ni las modas del momento”, subrayó. Y retomó las palabras de su predecesor san Juan Pablo II en la exhortación apostólica Ecclesia in Africa en las que afirmaba que, al seguir a Jesús, el camino eclesial es siempre un “Sínodo de la resurrección y de la esperanza”.

Invitó a los presentes a seguir en esa dirección: “con el Evangelio en el corazón, tendrán valor ante las dificultades y las decepciones; el camino que Dios ha abierto para nosotros nunca falla”.

Cristo mismo – añadió el Papa León XIV – da orientación y fuerza al camino, un camino que queremos aprender a vivir cada vez más como debe ser, es decir, sinodal.

En esta misma línea, en la homilía el Pontífice recordó que al compartir la Eucaristía “estamos llamados a servir a nuestro pueblo con una dedicación que levanta de toda caída, que reconstruye lo que la violencia destruye y comparte con alegría los lazos fraternos”.

Camino de esperanza, de reconciliación y de paz

Finalmente, el Papa aseguró que el testimonio de los mártires y de los santos “nos alienta y nos impulsa a un camino de esperanza, de reconciliación y de paz”, a lo largo del cual “el don de Dios se convierte en el compromiso del hombre en la familia, en la comunidad cristiana y en la sociedad civil”.

Recorriéndolo juntos, a la luz del Evangelio, la Iglesia en Angola “crece según esa fecundidad espiritual que comienza en la Eucaristía y continúa en el cuidado integral de cada persona y de todo el pueblo”, subrayó León XIV.

Y concluyó afirmando que la vitalidad de las vocaciones que se experimenta en este país “es signo de la correspondencia al don del Señor, siempre abundante para quien lo acoge con corazón puro”.

Saludo final y agradecimiento al pueblo de Angola

Al finalizar la eucaristía, el Pontífice dirigió unas palabras de gratitud a todos los presentes: “Agradezco a los obispos, y con ellos a los sacerdotes y a los diáconos, así como a los consagrados y a los fieles laicos, por haber preparado mi visita. Expreso viva gratitud a las autoridades civiles angoleñas por el gran esfuerzo organizativo”.

El Papa León XIV pidió a Angola que se mantenga fiel a sus “raíces cristianas”. Así – aseguró – podrás seguir ofreciendo tu ayuda cada vez mejor para la construcción de la justicia y la paz en África y en el mundo entero.

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Fuente: Vatican News

 

 

«Un año sin el papa Francisco», por Esteban Bullrich

«Un año sin el papa Francisco», por Esteban Bullrich

A un año del fallecimiento del papa Francisco tras un derrame cerebral, Esteban Bullrich rinde un sentido homenaje a quien fue su pastor y confidente. El exsenador destaca el legado de humildad, la opción por las periferias y la coherencia de Jorge Bergoglio, cuya autoridad espiritual transformó la Iglesia y acompañó sus momentos personales más difíciles.

 

 

 

 

Buenos Aires, martes 21 abril (PR/26) — El Papa Francisco falleció el lunes 21 de abril de 2025 a las 07:35 horas (CEST) a los 88 años de edad. Su deceso ocurrió en su residencia de la Casa Santa Marta en el Vaticano, a causa de un derrame cerebral.

El anuncio fue realizado oficialmente por la Oficina de Prensa de la Santa Sede tras su última aparición en la misa de Pascua. Hoy se cumple un año de su partida.

 

Recordatorio: ​Por Esteban Bullrich

Se cumple un año de la muerte del papa Francisco, y todavía me cuesta escribir estas líneas sin sentir que algo profundamente humano y espiritual se me escapa entre las manos. Porque más allá de su rol como líder de la Iglesia universal, para mí fue también un pastor cercano, un confesor, alguien que supo mirar mi alma en silencio y ayudarme a ordenarla cuando todo alrededor parecía ruido.

Nuestra relación nació en Buenos Aires, cuando todavía era el padre Jorge. En aquellos encuentros, simples en apariencia, aprendí que la fe no se declama: se vive. Me enseñó que Dios no se impone, se propone; que la misericordia no es una idea, es una práctica concreta. Su manera de escuchar, sin apuro, sin juzgar, fue quizás su primer gran acto de liderazgo espiritual: hacerle sentir al otro que su vida importa.

Con el tiempo, la vida lo llevó a Roma y a mí por otros caminos, pero ese vínculo nunca se rompió. Pude visitarlo varias veces en el Vaticano, ya como papa, y en cada encuentro confirmé lo mismo: no había cambiado. Seguía siendo ese hombre austero, profundamente libre, que no buscaba agradar sino ser fiel. En un mundo que muchas veces confunde liderazgo con poder, él encarnó algo distinto: autoridad nacida de la coherencia.

Su papado tuvo innumerables méritos, pero si tuviera que resumirlos, diría que su mayor aporte fue devolver a la Iglesia al corazón del Evangelio. Nos recordó, una y otra vez, que el cristianismo no es una estructura, sino un encuentro. Que antes que normas están las personas. Que antes que condenas está la misericordia.

Fue el papa de las periferias. No como consigna, sino como opción real. Llevó la mirada de la Iglesia hacia los descartados, hacia los que no tienen voz, hacia los que viven en los márgenes. Nos incomodó, porque nos obligó a preguntarnos si nuestra fe estaba demasiado cómoda. Nos recordó que una Iglesia encerrada se enferma, y que salir al encuentro del otro no es opcional, es esencial.

También fue un líder que abrazó la complejidad de su tiempo sin perder la esencia. Enfrentó tensiones internas, críticas, resistencias. Pero nunca dejó de sostener una idea central: la unidad no es uniformidad. Supo convivir con la diversidad dentro de la Iglesia sin renunciar a la verdad, entendiendo que el camino de la fe es siempre un proceso, nunca una imposición inmediata.

Su encíclica Laudato si’ fue otro hito, no sólo para la Iglesia, sino para el mundo. Allí mostró que la espiritualidad no está separada de la realidad, que cuidar la casa común es también un acto de fe. Nos invitó a mirar la creación no como recurso, sino como don. Y en un tiempo marcado por la crisis ambiental, su voz fue profética.

Pero más allá de sus textos y decisiones, su mayor legado fue su testimonio. Un hombre que eligió la sencillez en medio del poder. Que habló de humildad y vivió con humildad. Que pidió rezar por él desde el primer día, reconociéndose necesitado de los demás. Ese gesto, aparentemente pequeño, fue profundamente revolucionario.

En lo personal, su acompañamiento fue decisivo en momentos difíciles de mi vida. En medio de la enfermedad de Luz, encontré en sus palabras y en su mirada una forma distinta de entender el sufrimiento. No como castigo, sino como un lugar posible de encuentro con Dios. Me enseñó, sin decirlo explícitamente, que incluso en la fragilidad hay una forma de misión. Y sin saberlo me estaba preparando para la ELA.

A un año de su partida, su ausencia se siente. Se siente en el mundo, y se siente en lo más íntimo de quienes tuvimos la gracia de conocerlo de cerca. Pero también se siente su presencia, porque su legado sigue vivo en cada gesto de misericordia, en cada acto de servicio, en cada decisión tomada desde el amor y no desde el miedo. Su vida fue un recordatorio permanente de que el liderazgo espiritual no consiste en tener todas las respuestas, sino en saber hacia dónde mirar: hacia Cristo. Y desde ahí, caminar con otros, especialmente con los que más sufren.

Como católico sé que los planes de Dios son perfectos y que papa León XIV es el mejor para este momento de nuestra Iglesia, pero como ser humano lo voy a seguir extrañando.

Esteban José Bullrich

Nació en Buenos Aires, el 26 de mayo de 1969,  es un político argentino que padece la enfermedad conocida como ELA y estuvo dirigido espiritualmente por Jorge Bergoglio. .

Fue diputado nacional (2005-2007, 2009), ministro de Desarrollo Social de la ciudad de Buenos Aires (2007-2008), ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires (2010-2015) y ministro de Educación de la Nación (2015-2017).

En abril de 2021 lo diagnosticaron con Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa, progresiva e incurable que afecta las neuronas motoras, causando parálisis muscular. Bullrich renunció a su banca en 2021 y creó una Fundación para promover la investigación y mejorar la calidad de vida de pacientes.

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Adiós a un referente de la cultura y la pasión democrática: murió Luis Brandoni

Adiós a un referente de la cultura y la pasión democrática: murió Luis Brandoni

El emblemático actor y dirigente político falleció a los 86 años tras complicaciones derivadas de un accidente doméstico en su hogar. Un final inesperado para una leyenda.

Con una trayectoria inigualable en cine, teatro y televisión, sus restos son despedidos con honores en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Su partida genera una profunda conmoción en todo el arco artístico y político nacional.

Buenos Aires, lunes 20 abril (PR/26) — El reconocido actor y político argentino Luis Brandoni falleció este lunes 20 de abril de 2026 a los 86 años. El artista se encontraba internado en el Sanatorio Güemes tras sufrir un hematoma subdural ocasionado por una caída accidental en su casa el pasado 11 de abril.

El hecho, ocurrido al resbalar de una silla con rueditas, lo obligó a suspender sus funciones de la obra ¿Quién es quién?, la cual protagonizaba junto a Soledad Silveyra.

Sus restos son velados en la Legislatura porteña hasta la medianoche, en una jornada de 12 horas solicitada por su familia para honrar su memoria.

Figuras como Carlos Rottemberg, Georgina Barbarossa y Daniel Aráoz se acercaron a darle el último adiós, destacando su coherencia y su inmenso talento.

Trayectoria: del «tres empanadas» al compromiso político

Nacido el 18 de abril de 1940, Brandoni fue un pilar fundamental de la escena nacional. Su carrera dejó huellas imborrables con personajes icónicos y frases que ya forman parte del ADN argentino, como el inolvidable «tres empanadas» de Esperando la Carroza. Entre sus obras cumbres se destacan:

  • Cine: La Patagonia rebelde, Darse cuenta, Cien veces no deboLa odisea de los giles. Parque Lezama

  • Televisión: Protagonizó éxitos masivos y recientemente brilló en la serie Nada, junto a Robert De Niro.

  • Teatro: Su obra Parque Lezama, dirigida por su amigo Juan José Campanella, superó las mil funciones.

 

Parque Lezama, su última película está en Netflix, y fue dirigido por su amigo Juan José Campanella
El propio Juan José Campanella pensó en filmar Parque Lezama porque quería que quedara un registro de la actuación de su amigo Luis Brandoni.

Además de su faceta artística, Brandoni fue un ferviente militante de la Unión Cívica Radical (UCR), desempeñándose como diputado nacional y defendiendo siempre los valores democráticos, incluso en los periodos más oscuros del país.

El pesar de la política y el espectáculo

Referentes de todos los sectores expresaron su dolor. Desde el ámbito político, figuras como Luis Petri, Martín Lousteau y María Eugenia Vidal resaltaron su «coraje cívico» y su legado como «patriota».

Por el lado artístico, colegas como Verónica Llinás y Pablo Echarri coincidieron en señalarlo como un referente indiscutido, remarcando su pasión por la lucha de los derechos de los actores.

Mañana martes, a las 11:00, se realizará una ceremonia en la capilla del Cementerio de la Chacarita, para luego proceder al traslado de sus restos al Panteón de Actores, su morada final.

Cuando el corazón se enfría: señales silenciosas para volver a Dios

Cuando el corazón se enfría: señales silenciosas para volver a Dios

El ruido, las preocupaciones y el activismo pueden alejarnos de lo esencial sin que lo notemos. Pequeñas actitudes cotidianas revelan cuándo la fe empieza a volverse superficial. Una invitación a mirar hacia adentro y recuperar un corazón abierto a Dios.

 

 

Buenos Aires, lunes 20 abril (PR/26) — Los cristianos de hoy solemos vivir con con demasiado ruido en nuestra cabeza. Las preocupaciones de la vida nos llevan a alejarnos de lo verdaderamente importante y muchas veces no queremos detenernos a escuchar lo que nos dicta nuestra conciencia: «Le perteneces a Dios y un día volverás a Él». Lo sabemos, pero se plantea una lucha entre el activismo y la espiritualidad o la práctica de la fe que muchas veces pueden endurecernos el corazón.

Nuestra Señora Reina de la Paz al inicio de sus apariciones (que continúan hasta el presente) en  Medjugorje, Bosnia – Herzegovina, dijo que quería corazones de carne y no de piedra como hay una cita al respecto en la Biblia.

Y, como cualquier enfermedad, estos son los síntomas que deben mantenerle alerta.

Señales que invitan a revisar el corazón

A veces creemos que estamos haciendo lo correcto, pero hay pequeñas actitudes que pueden indicar que nos estamos alejando sin darnos cuenta. No se trata de juzgar, sino de mirarnos con sinceridad.

1. Estar demasiado ocupado para Dios

Todo cristiano sabe que la oración es esencial. Sin embargo, muchas veces aparecen excusas para no dedicarle ni siquiera unos minutos al día. Nos sentimos ocupados, y sin notarlo, Dios queda en último lugar.

Incluso en los momentos de calma, evitamos el silencio interior. Es como cuando alguien deja de interesarnos: evitamos el encuentro. Y sin querer, podemos hacer lo mismo con el Señor.

2. Confesarse por costumbre y no desde el corazón

La confesión es una oportunidad de encuentro y conversión verdadera, pero a veces puede vivirse de manera automática, solo por cumplir.

Cuando falta el arrepentimiento sincero y el deseo de cambiar, el gesto pierde profundidad. Más que un trámite, está llamado a ser un momento de gracia, donde el corazón realmente se abre.

3. Vivir la Eucaristía con indiferencia

Asistir a la Eucaristía es mucho más que estar presentes físicamente. Puede pasar que estemos ahí, pero con la mente en otro lado, sin participar, sin orar, sin unirnos a la comunidad.

La Misa es un encuentro vivo, y cuando se vive con distancia o distracción, su riqueza no logra llegar plenamente al alma.

4. Mirar con distancia al que necesita

En la vida cotidiana, nos cruzamos con personas que necesitan ayuda. A veces, el cansancio o los prejuicios nos llevan a mirar para otro lado o a juzgar rápidamente.

Sin embargo, cada persona merece al menos una mirada, una palabra, un gesto humano. No sólo en la calle: también cerca, en casa o en el entorno, puede haber alguien esperando atención.

5. Creer que “ser buena persona” es suficiente

Puede aparecer la idea de que, como no hacemos daño a nadie, ya estamos bien. Pero la vida cristiana es más que evitar el mal: implica amar activamente, crecer, convertirse, darse.

Cuando surge la autosuficiencia, el corazón puede cerrarse sin darse cuenta. Y entonces dejamos de escuchar, de revisar, de abrirnos a lo más profundo.

Una invitación a mirar hacia adentro

No son condenas, sino llamados de atención. Todos estamos en camino, y siempre hay posibilidad de volver a empezar.

¿Te reconocés en alguna de estas situaciones?
Tal vez sea una oportunidad para reconectar, hacer silencio y volver a poner a Dios en el centro.

Mientras tengas vida hay oportunidad

Es necesario que tomemos conciencia de lo que estamos haciendo con nuestra vida interior y pidamos perdón a Dios, fomentando en nosotros lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica:

«El corazón del hombre es torpe y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36,26-27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones: ‘Conviértenos, Señor, y nos convertiremos’ (Lm 5,21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo» (CEC 1432).

Recordemos que mientras vivamos tendremos oportunidad de convertirnos, que Dios nos bendiga.

 

 

Primicias Rurales

Fuente: basado en un artículo del sitio católico Aleteia

León XIV alerta en Angola del riesgo confundir la religiosidad tradicional con magia y superstición

León XIV alerta en Angola del riesgo confundir la religiosidad tradicional con magia y superstición

Ciudad del Vaticano, domingo 19 abril (PR/26) — El Papa León XIV se trasladó en la mañana de este 19 de abril en automóvil a la explanada de Kilamba Kiaxi, en Luanda, para celebrar su primera Misa en el país africano de Angola, donde permanecerá hasta el 21 de abril.

Tras realizar un recorrido en papamóvil entre los cerca de cien mil fieles que le saludaban con entusiasmo, el Santo Padre presidió la Misa en la explanada de esta amplia zona residencial construida por China y que llegó a conocerse como “la ciudad fantasma”, debido al elevado precio de los apartamentos.

En su homilía, el Papa León XIV reflexionó sobre el Evangelio de los discípulos de Emaús, quienes habían visto morir a Jesús y necesitaban hablar de ello, aunque corrían el riesgo “de quedarse atrapados en el dolor, cerrados a la esperanza”, recordó.

Esta escena representa para el Santo Padre la historia de Angola, un país “bellísimo pero lastimado” por una larga guerra civil, que tiene “hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad”.

“Cuando se lleva mucho tiempo sumergido en una historia tan marcada por el dolor, se corre  el riesgo de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo”, indicó a continuación.

A la luz de este Evangelio, el Pontífice quiso infundir esperanza al pueblo de Angola: “Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y  la amargura, abriéndonos los ojos para que podamos reconocer su obra y concediéndonos la gracia de empezar de nuevo y reconstruir el futuro”.

Asimismo, precisó que el Señor se acerca a los discípulos desanimados, ayudándoles a “mirar más allá del dolor” y para recordarles que no están solos en el camino.

Atentos a la magia y superstición

De este modo, el Pontífice subrayó la “certeza de que el Señor nos acompaña y tiene compasión de nosotros”, así como “el compromiso que Él nos pide”. Esta compañía, señaló, “se experimenta en la relación con Él, en la escucha de su Palabra y también en la celebración de la Eucaristía”.

En este contexto, aconsejó a los angoleños estar atentos a las formas de “religiosidad tradicional” propias de su cultura, donde existe el riesgo “de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual”.

Frente a ello, les pidió permanecer fieles a lo que enseña la Iglesia, a confiar en sus pastores y a mantener “la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía”.

 

Mirar al futuro sin miedo y con esperanza

Al dirigir su mirada a la Iglesia en el país, subrayó que Angola necesita obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y laicos “que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de construir espacios de fraternidad y de paz, de  realizar gestos de compasión y solidaridad hacia quienes más lo necesitan”.

“Con la gracia de Cristo Resucitado —continuó el Pontífice— podemos convertirnos en ese pan partido que transforma la realidad”, especialmente el odio y la violencia.

“Jesús Resucitado, que recorre el camino con ustedes y se entrega como pan partido, los anima a ser testigos de su resurrección y protagonistas de  una nueva humanidad y de una nueva sociedad”, señaló.

 

 

Al finalizar la Misa, el Arzobispo de Luanda, Mons. Filomeno do Nascimento Vieira Dias, dirigió unas palabras de agradecimiento al Santo Padre. “Angola le abraza con la alegría contagiosa que le caracteriza y con la fe que hemos recibido como don y continuamos como gracia”, señaló.

Tras el tradicional intercambio de obsequios, el Papa León XIV se trasladó en automóvil a la Nunciatura Apostólica, donde almorzó en privado.

Esperanza por la tregua anunciada en Líbano

 

Al finalizar la Misa, antes de dirigir el rezo del Regina Coeli, el Santo Padre quiso manifestar su cercanía a todos aquellos que sufren, “para que incluso en el dolor permanezca viva la luz de la fe, y con ella la esperanza en un mundo mejor”.

Ante los cientos de miles de fieles que le escuchaban desde la explanada, el Pontífice lamentó el aumento de los ataques contra Ucrania, que siguen afectando también a los civiles.

“Expreso mi cercanía a quienes sufren y aseguro mi oración por todo el pueblo ucraniano. Renuevo el llamamiento para que callen las armas y se siga el camino del diálogo”, señaló.

También mostró su esperanza por la tregua anunciada en Líbano, la cual “representa un brote de alivio para el pueblo libanés y para el Levante”.

“Aliento a quienes están trabajando por una solución diplomática a continuar los diálogos de paz, para hacer permanente el cese de las hostilidades en todo el Medio Oriente”, señaló.

Por último, recordó que “Cristo ha vencido a la muerte, y es con esta certeza que todos nosotros, unidos a Él y en Él como un solo cuerpo, hoy y cada día nos comprometemos a hacer crecer a nuestro alrededor los frutos de la Pascua, que son el amor, la verdadera justicia y la paz, más allá de todo obstáculo y dificultad”.

Homilía del Papa León XIV en la Santa Misa en Kilamba, Angola

Homilía del Papa León XIV en Kimbala (Angola) | Crédito: EWTN.

El Papa León XIV presidió la celebración de la Misa en la explanada de Kilamba en su segundo día de viaje apostólico a Angola, este 19 de abril. En su homilía, el Santo Padre se refirió a “los problemas sociales y económicos y las diferentes formas de pobreza” que enfrenta el país, subrayando que estas situaciones “reclaman la presencia de una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino y escuchar el lamento de sus hijos”.

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa León XIV en la Misa en Kilamba:

Queridos hermanos y hermanas:

Con el corazón lleno de gratitud celebro la Eucaristía entre ustedes. Gracias a Dios por este don y gracias a ustedes por la cálida bienvenida que me han brindado.

En este tercer domingo de pascua el Señor nos ha hablado con el Evangelio de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35). Dejémonos iluminar por esta Palabra de vida.

Dos discípulos del Señor, con el corazón lastimado y triste, salen de Jerusalén para regresar a Emaús, su aldea. Vieron morir a aquel Jesús en el que habían confiado y al que habían seguido y, ahora, decepcionados y derrotados, regresan a sus casas. «En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido» (v. 14); Necesitan hablar de ello, volver a contarse lo que han visto, compartir lo que han vivido, aunque corran el riesgo de quedarse atrapados en el dolor, cerrados a la esperanza.

Hermanos y hermanas, en esta escena inicial del Evangelio veo reflejada la historia de Angola, de este país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad. En efecto, la conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza.

Cuando se lleva mucho tiempo sumergido en una historia tan marcada por el dolor, se corre el riesgo de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo. Ellos caminan, sin embargo, siguen detenidos en los hechos ocurridos tres días antes, cuando vieron morir a Jesús; conversan entre ellos, pero sin esperanza de encontrar una salida; continúan hablando de lo que ha sucedido, con la angustia de quienes no saben cómo volver a empezar, ni si es posible hacerlo.

Queridos hermanos, la Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es precisamente esta: Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura, abriéndonos los ojos para que podamos reconocer su obra y concediéndonos la gracia de empezar de nuevo y reconstruir el futuro.

Para nosotros, y también para ustedes, queridos hermanos y hermanas angoleños, queda así trazado el camino para volver a empezar: por un lado, la certeza de que el Señor nos acompaña y tiene compasión de nosotros; por otro, el compromiso que Él nos pide.

Experimentamos la compañía del Señor sobre todo en la relación con Él, en la oración, en la escucha de su Palabra, que hace arder nuestro corazón como el de los dos discípulos, y sobre todo en la celebración de la Eucaristía. Es aquí donde nos encontramos con Dios. Por eso, hay que estar siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual. Permanezcan fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía. En ambas percibimos que el Señor Resucitado camina a nuestro lado y, unidos a Él, también nosotros vencemos la muerte que nos asedia y vivimos como resucitados.

La historia de su país, las consecuencias aún difíciles que deben soportar, los problemas sociales y económicos y las diferentes formas de pobreza reclaman la presencia de una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino y escuchar el lamento de sus hijos. Una Iglesia que, con la luz de la Palabra y el alimento de la Eucaristía, sepa reavivar la esperanza perdida. Una Iglesia formada por personas como ustedes, que se entregan tal y como Jesús partió el pan para los dos discípulos de Emaús. Angola necesita obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y religiosos, laicos y laicas que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de construir espacios de fraternidad y de paz, de realizar gestos de compasión y solidaridad hacia quienes más lo necesitan.

Con la gracia de Cristo Resucitado podemos convertirnos en ese pan partido que transforma la realidad. Y así como la Eucaristía nos recuerda que somos un solo cuerpo y un solo espíritu, unidos al único Señor, también nosotros podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir. Sólo así será posible un futuro de esperanza, sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido.

Hermanos y hermanas, hoy es necesario mirar hacia el futuro con esperanza y construir la esperanza del futuro. No tengan miedo de hacerlo. Jesús Resucitado, que recorre el camino con ustedes y se entrega como pan partido, los anima a ser testigos de su resurrección y protagonistas de una nueva humanidad y de una nueva sociedad.

Queridos hermanos, en este camino pueden contar con la cercanía y la oración del Papa. Pero también yo sé que puedo contar con ustedes, y se lo agradezco. Los encomiendo a la protección y a la intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de Muxima, para que siempre los sostenga en la fe, la esperanza y la caridad.

 

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Fuente: ACI Prensa