La lista de posibles vicepresidentes de Javier Milei para 2027

La lista de posibles vicepresidentes de Javier Milei para 2027

El Presidente abrió el abanico de opciones al señalar que ya tomó la decisión de cara a la cita electoral.

 

Javier Milei, presidente de la Nación.

 

Buenos Aires, miércoles 5 agosto (NA) — El presidente Javier Milei hizo menciones sobre su futuro compañero de fórmula en 2027. Tras la mala experiencia que tuvo con Victoria Villarruel en su mandato, el jefe de Estado habría tomado la determinación a más de un año de los comicios presidenciales, pero con reserva absoluta del nombre.

Lógicamente, la declaración del economista («tengo definido mi compañero de fórmula para el año que viene, pero prefiero reservarme el nombre por el momento») abrió el juego sobre quien puede acompañarlo en la búsqueda de la reelección.

Con una certeza: debe ser totalmente leal al proyecto político que encarna, a diferencia de la actual titular del Senado.

Bajo ese marco, asoma la jefa del bloque libertario en la Cámara alta, Patricia Bullrich: La senadora es una de las figuras con mayor volumen político del espacio y obtuvo un resultado electoral en 2025 demoledor: obtuvo el 50% de los votos en la Ciudad de Buenos Aires cuando se postuló para su actual cargo.

Con ese antecedente, y además con sus aspiraciones, es un nombre a tener en cuenta. Pero en Balcarce 50 desconfían del juego propio y de los gestos de autonomía que tuvo durante este tiempo, contradiciendo al Presidente.

 

 

 

 

Uno de los más recientes se produjo en junio, cuando anticipó que no votaría en contra del pliego de la jueza María Verónica Michelli, resistida por Milei y la cúpula libertaria por ser la cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, que investiga el caso Libra.

Otro nombre que podría figurar en el radar libertario, con lealtad incuestionable y que podría acompañar a Milei en la reelección, es el del titular de la Cámara baja Martín Menem. Se consolidó como una pieza clave en el armado territorial de LLA en el interior del país, desde su rol como presidente de Diputados y goza de la plena confianza de la conducción partidaria encarnada por Karina Milei, presidenta del partido y secretaria general de la presidencia.

Precisamente, la hermana del jefe de Estado entraría dentro de las probabilidades para integrar la formula libertaria. Pero en Casa Rosada saben que no es su principal objetivo ser candidata el año que viene y está cómoda en su actual rol, como funcionaria y garante del orden de la fuerza violeta a nivel nacional.

Por último, aparecen otras dos alternativas dentro del Gabinete que demostraron en estos dos años de la era Milei compromiso con el proyecto político libertario. Una es el del jefe de Gabinete, Diego Santilli.

 

 

El ministro coordinador siempre creyó en el economista al mando del Poder Ejecutivo y en poco tiempo se convirtió en un hombre de confianza para los Milei.

Tal es así que saltó de diputado de la Nación por el PRO a ministro del Interior y de ahí a su actual rol en el elenco de gobierno.

Otra es la del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. No solo mantiene una excelente relación con el Presidente: también demostró a los ojos del economista gestión y proyectos de todo tipo y color para desregular la economía. Un curriculum que suma acciones para reemplazar a Villarruel.

 

 

 

Fuente: Agencia NA 
Primicias Rurales
Malvinas

Malvinas

En esta columna, Jorge Fontevecchia analiza la Causa Malvinas, cuestiona la visión presidencial sobre la soberanía y detalla una estrategia geopolítica, militar y económica para lograr su recuperación por vías pacíficas en el futuro.

 

Foto: TN

Buenos Aires, sábado 25 abril (PR/26) — En su libro Biografía del poder, Alberto Lederman, con su amplia experiencia en la materia, explica que –aunque no en todos los casos– es un patrón frecuente que muchos líderes busquen el poder para compensar carencias afectivas tempranas e inseguridades profundas.

A nuestro presidente su visión centrada en sí mismo le impide la comprensión del punto de vista ajeno, careciendo de empatía y autoconsciencia, atributos especialmente necesarios en la conducción. La causa de Malvinas dejó más expuesta esa falencia

La recuperación de las islas Malvinas no sólo está en la Constitución argentina, sino en el corazón de sus ciudadanos, quienes no estarían dispuestos a intercambiarlas por ventajas económicas.

 

Las Malvinas están profundamente arraigadas en la cultura nacional generación tras generación al igual que el igualitarismo democrático que la batalla cultural que promueve el Presidente aspira a remover sin éxito. Fracaso con el que también se choca cada vez que aspira a desmalvinizar.

 

Su presencia está en los libros de texto de los colegios desde hace más de un siglo, sumando la traducción del libro de Paul Groussac: Les Iles Malouines: nouvel exposé d’un vieux litige, los mapas oficiales siempre incluyéndolas como territorio nacional, monumentos, calles, plazas, escuelas con el nombre Islas Malvinas y a partir de la guerra en la que fuimos derrotados, los cantos en las tribunas, sentimiento que pasó a la música profesional y ante la falta de capacidad militar la rivalidad desplazada al terreno del fútbol, donde la Argentina tiene mayores competencias.

Pero de todos los testimonios los cuerpos de los 237 soldados argentinos que yacen en el cementerio de Darwin, construido por un argentino: Eduardo Eurnekian, marcan permanente presencia en nuestro territorio.

 

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Hoy más que nunca
EL CEMENTERIO DE DARWIN. De los 649 combatientes argentinos que murieron en la guerra de Malvinas, 237 de ellos fueron enterrados allí, en territorio argentino. | cedoc

 

 

Cómo recuperarlas. No es imposible ni improbable su recuperación. Primero, haciendo lo contrario a Milei, quien siendo candidato ya tuvo un llamado de atención del presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, quien dijo: “Hay gente que tiene o quiere tener responsabilidades públicas y no ha leído la Constitución. No se puede decir cualquier cosa de Malvinas. No se pueden alquilar, no se pueden vender, porque lo dice la Constitución. Y la cláusula es transitoria porque creemos que vamos a recuperar las Malvinas; hay que hacerlo por vías pacíficas”.

Que sea por vía pacífica no quiere decir que no sea necesario aumentar la fuerza militar. En Epitoma rei militaris en el siglo IV antes de Cristo Flavio Vegecio escribió la célebre frase: “Quien desee la paz que prepare la guerra”. Para sentar a Inglaterra a negociar es necesario aumentar el costo de su defensa militar de las islas ampliando el uso de nuestra fuerza como elemento disuasorio.

La Argentina debería invertir en su Armada porque fue la inferioridad marítima lo que determinó la derrota en 1982, lo mismo que en 1833, cuando barcos ingleses las invadieron echando a nuestros pobladores locales.

Paralelamente los veinticuatro aviones F-16 recientemente incorporados son un salto importante en la modernización, pero su venta no fue vetada por Inglaterra porque no modifica el equilibrio estratégico. Las futuras inversiones en la Fuerza Aérea deberán orientarse a aviones que sí tuvieran capacidad disuasoria frente a nuestro adversario.

Y como enseñan las recientes guerras en Ucrania e Irán, potencias militares inferiores a Rusia y Estados Unidos respectivamente tuvieron una capacidad militar muy superior a la proporcionalidad de sus recursos gracias a elementos tecnológicos de menor costo, entre ellos los drones. La Argentina debería orientar su conocimiento científico-tecnológico al intensivo desarrollo de drones.

La capacidad económica de Ucrania es inferior a la de la Argentina, nuestro producto bruto es más de tres veces mayor. También es sensiblemente mayor el producto bruto de la Argentina que el de Irán, es el doble, lo que demuestra que la economía no es todo, lo que no quita que hay un punto donde Milei sí tiene razón: para recuperar las Malvinas precisamos tener un país económicamente pujante, solo resta por ver si su camino para lograr el desarrollo es correcto.

Pero a Inglaterra le va económicamente casi tan mal como a nosotros. El producto bruto de Inglaterra sigue siendo alrededor de seis veces mayor que el de la Argentina, igual que en 1982, durante la guerra de Malvinas. Siendo la Argentina uno de los países que menos creció en el último medio siglo, Inglaterra lo acompaña como uno de los países desarrollados con peor desempeño económico.

Paralelamente, nuestra población creció más: en 1982 los habitantes de Inglaterra eran el doble que los de la Argentina y hoy son solo el 50% más, y todo indica que nuestro país tiene más posibilidades de crecimiento por sus recursos naturales puestos en valor en los últimos años.

Y al tema económico y militar se agrega el diplomático. Mientras que desde 1982 Inglaterra perdió parte de sus aliados saliéndose hace una década de la Unión Europa, la Argentina se incorporó al Mercosur. Sumar a Brasil a nuestra causa, como hizo Lula repetidamente, sosteniendo que es inadmisible un enclave colonial en las Malvinas, sumado a estar resueltos todos los conflictos limítrofes continentales con Chile: su apoyo a Inglaterra no es el mismo que en época de Pinochet, a quien Thatcher protegió en Londres cuando se pidió su detención internacional.

En síntesis, en una década se podrían modificar las condiciones de posibilidad para que la aspiración de recuperar el territorio de las Malvinas no resulte una utopía. Tomar las decisiones correctas depende de nosotros.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Perfil
El líder de nadie y un peronismo que prefiere ser nada

El líder de nadie y un peronismo que prefiere ser nada

Milei viajó a Brasil a insultar a Lula, se peleó con nuestro principal socio comercial por una elección ajena y volvió a confundir estridencia con conducción. Mientras tanto, en casa, la carrera de 2027 arranca con una novedad: Cristina quiere ser candidata a presidente.

 

Por Sergio Marcelo Mammarelli

Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut

 

 

 

 

Buenos Aires, martes 4 agosto (PR/26) — Volvió a sorprendernos un espectáculo al que el Presidente Milei ya nos tiene acostumbrados. Sin medir consecuencias ni resultados, se subió a un avión rumbo a San Pablo con la excusa de apoyar la candidatura de Flávio Bolsonaro y terminó incendiando la relación con nuestro principal socio comercial, en su propio país, casi despreciando la diplomacia internacional como quien tira una servilleta usada.

El episodio podría quedar en lo pintoresco, en la anécdota de un presidente que no puede quedarse quieto. Pero tiene un trasfondo que merece que nos detengamos. ¿A qué fue Milei a Brasil, y qué pretende representar cuando cruza la frontera?

El papelón diplomático

 

 

 

 

Empecemos por los hechos. En una convención del Partido Liberal, de cara a las elecciones brasileñas del 4 de octubre, Milei se subió al escenario y durante veinticinco minutos convirtió un acto proselitista ajeno en un ring. Llamó a Lula da Silva “ladrón”, “expresidiario” y “basura socialista”.

Al juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, lo bautizó “basura calva” por no dejarlo visitar a Jair Bolsonaro. Y como si eso fuera poco, al día siguiente redobló la acusación, sin una sola prueba, de que el gobierno de Brasil financiaba una “campaña anti Argentina” en su contra.

La respuesta no se hizo esperar y fue del tamaño del agravio. Brasil llamó a consulta a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli —la señal diplomática más severa desde que Milei llegó a la Casa Rosada— y convocó a nuestro embajador, Guillermo Raimondi, a Itamaraty a dar explicaciones.

Preguntémonos, con honestidad, qué logró. Si la intención era dar vuelta el voto brasileño, mi primera aproximación es que salió mal. ¿Qué votante de Brasil cambiaría su elección por los insultos de un presidente extranjero?

Si Milei apuntaba a los fanáticos de la derecha bolsonarista, esos ya estaban convencidos antes de que él abriera la boca. Y si buscaba seducir al votante de centro o independiente, lo único que consiguió es que salieran corriendo despavoridos. La injerencia, cuando es torpe, no suma votos: los espanta.

Pero lo verdaderamente grave no es la política interna brasileña, que no es asunto nuestro. Lo grave es lo que Milei puso en riesgo de este lado de la frontera.

Brasil es, desde 1991 y sin interrupciones, nuestro principal socio comercial: solo en el primer semestre de 2026 el intercambio de bienes rozó los 13.800 millones de dólares, muy por encima de China o Estados Unidos.

Es el destino principal de nuestro complejo automotriz y triguero, y allí va cerca del 38 por ciento de las manufacturas industriales que exportamos. Detrás de esos números hay miles de pymes y de puestos de trabajo industriales.

Milei fue a Brasil a buscar aplausos ajenos y dejó en la mesa de apuestas el empleo de su propia gente.

Líder afuera, inquilino adentro

 

Ahora bien, si en lugar de medir el papelón lo pensamos desde la pretensión de liderazgo regional que Milei se atribuye, la reflexión es todavía más profunda. Y también más triste. Porque para conducir un continente, primero hay que conducir la propia casa. Y ahí es donde los números lo dejan desnudo.

Milei conserva en la Argentina el mismo 30,7 por ciento de aprobación con el que llegó: un núcleo fiel, de fierro, que ninguna corrida le arranca. Pero también un techo que ningún gesto le levanta.

Enfrente, su desaprobación trepó, según la consultora, a entre 54,5 y 58,2 por ciento, el nivel más alto desde que asumió. Su imagen personal es mayoritariamente negativa: 38 por ciento de positiva contra un rango de 52 a 61 de negativa. Dicho en criollo: por cada argentino que lo aplaude, hay casi dos que le dan la espalda.

Ese dato, por sí solo, encierra una conclusión dura de digerir. Milei ni siquiera es un líder nacional pleno: apenas cuenta con el apoyo firme de un tercio de los argentinos.

Algo y la nada

 

Miremos entonces el liderazgo puertas adentro. Nadie discute que la macro muestra señales: las exportaciones mejoran, la balanza comercial mejora, la desinflación sostiene su tendencia. Y sin embargo, la inversión —que es la que mide el futuro— se derrumba.

La formación bruta de capital fijo cayó 11,6 por ciento interanual en el primer trimestre y en mayo tocó apenas el 16,5 por ciento del PBI, el nivel más bajo desde la devaluación de diciembre de 2023. Curioso, ¿no?

El dato es revelador: la inversión mide cuánto estamos apostando hoy porque creemos en el mañana. Y pareciera que los argentinos, todavía, no creemos lo suficiente.

Abajo, en la góndola, la película es peor.

El salario privado registrado perdió 2,9 por ciento real en el último año y el público nacional, 7,3 por ciento. El consumo masivo acumula una caída del 2,9 por ciento en 2026. La macro aplaude en la tribuna mientras la heladera, en la cocina, sigue vacía. Y ningún país gana una elección solamente con estabilidad.

Esta semana, con el papelón brasileño de telón de fondo, se abrió formalmente la carrera presidencial. Falta mucho, pero las primeras encuestas serias ya no le permiten a Milei ganar en primera vuelta. La consultora Proyección lo mide en 33,7 por ciento contra 32,1 de Axel Kicillof: empate técnico. En un eventual balotaje, empate exacto, 39,9 por ciento cada uno. E

s cierto que el promedio de trece consultoras todavía le da ventaja individual —33,1 contra 25,7—, porque la oposición sigue dispersa y sin candidato único.

Es absolutamente cierto que algo le vence a la nada, donde Milei es ese algo y la oposición es, todavía, absolutamente nada. Pero las mismas encuestas empiezan a medir otra cosa que debería quitarle el sueño al oficialismo: el 63 por ciento de los argentinos pide cambios en el plan económico, y de ese total un 40,8 por ciento cree que habría que cambiarlo por completo.

Por primera vez en meses, el miedo a que el ingreso no alcance superó a la inflación como principal preocupación. Dicho de otro modo, la demanda de cambio ya existe. Lo que falta es quién la encarne.

El verdadero problema de fondo

 

 

 

Durante años Argentina osciló entre gobiernos que gastaban sin límites y gobiernos que prometían disciplina fiscal, pero no lograban convencer de que durarían lo suficiente para consolidar un ciclo económico estable.

Ese sigue siendo el dilema. No alcanza con ordenar las cuentas. Hace falta construir confianza política dado que el capital no invierte en presidentes, sino que invierte en expectativas.

En definitiva, el error de Milei no consiste en haber insultado a Lula, el error consiste en creer que el liderazgo se construye insultando. Los fanáticos aplauden. Los moderados se alejan. Los inversores dudan. Los socios comerciales toman nota. Y la Argentina pierde algo mucho más valioso que un intercambio de agravios: pierde credibilidad.

Peronistas, no cómplices

 

 

La semana nos dejó otra novedad no menos importante. Cristina Fernández de Kirchner decidió que la próxima instancia de su defensa no sería un tribunal argentino sino el Comité de Derechos Humanos de la ONU, al que presentó un reclamo contra la sentencia que la condenó a seis años de prisión y la inhabilitó para ejercer cargos públicos por irregularidades en la concesión de obra pública.

Para los que no recuerdan, el caso es la causa Vialidad. Irregularidades en la adjudicación de cincuenta y una obras viales en Santa Cruz a firmas del empresario Lázaro Báez, durante los gobiernos de Néstor Kirchner y de la propia Cristina Fernández. Tres jueces del tribunal oral dictaron la condena, otros tres de Casación la confirmaron, y los tres integrantes de la Corte Suprema rechazaron por unanimidad el último recurso.

Está claro que el rechazo no fue político: la Corte sostuvo que la defensa no realizó una crítica concreta y razonada de los argumentos de la sentencia impugnada.

El dos de julio, la Corte dejó firme un decomiso de 684.990 millones de pesos contra Kirchner, Báez y los demás condenados. Frente a esa cifra, la respuesta no fue pagar ni discutir el monto en sede argentina, sino poner en marcha una costosa estrategia jurídica y comunicacional internacional para presentar la condena como persecución política, proscripción y machismo.

La nueva defensa, integrada por el brasileño Rafael Valim, que defendió a Lula en el caso Lava Jato, y el español Javier Borrego, ex juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pidió tres cosas concretas: suspender la inhabilitación electoral, calificada como proscripción; recomponer la Corte Suprema, por considerar que su actual conformación vulnera gravísimamente a la ciudadanía; y revisar las condiciones de la prisión domiciliaria. No se pide revisar un fallo. Se pide cambiar al árbitro después de perder el partido.

Y ahí aparece la segunda víctima de esta historia, que no es la institucionalidad sino Axel Kicillof.

La decisión de Cristina de no respaldarlo como candidato presidencial golpeó de lleno sus pretensiones, y en su entorno admiten que ese silencio pesa más que los embates públicos de Máximo Kirchner.

Máximo, por su parte, no disimula: reclamó que Cristina sea la candidata en 2027 porque La Cámpora interpreta que el avance de Kicillof amenaza con desplazarlos de la centralidad que ocuparon dentro del PJ. No se discute quién gobierna mejor. Se discute quién retiene el aparato, mientras hasta en los propios actos de Kicillof estallan cánticos de “Axel presidente” frente al reclamo de liberar a Cristina.

Por todo esto, esta columna se dirige a los peronistas de a pie, a los que todavía creen en la doctrina social, en la mesa que no falta y en la dignidad del trabajo, no en el fuero de nadie.

No se dejen engañar con estas patrañas. Ni la condena es machismo, ni Ginebra es una instancia superior a la Corte Suprema argentina, ni el reclamo por Cristina puede seguir siendo la excusa para no discutir quién representa mejor al movimiento en 2027.

La lealtad que Perón pedía era con el pueblo, no con una causa judicial. No permitan que setecientos mil millones de pesos sin devolver se disfracen de bandera. El Peronismo merece un candidato, no un rehén.

La cuenta que queda

 

Volvamos al principio, a ese avión que despegó rumbo a Brasil. Un presidente que gobierna con el respaldo firme de un tercio del país eligió cruzar la frontera para insultar al Jefe de Estado de nuestro principal socio comercial, en defensa de una causa que no es la nuestra, arriesgando empleos que sí lo son. No es audacia. Es irresponsabilidad. Y la irresponsabilidad, cuando se convierte en método, deja de ser un rasgo de carácter para transformarse en un problema de gobierno.

Sabemos que el 63 por ciento quiere cambiar.

Sabemos que Milei ya no alcanza y que la oposición todavía no aparece. Sabemos que la energía del cambio está suelta, dando vueltas, buscando dónde meterse. La Argentina, una vez más, quedó atrapada entre los que no convencen de que van a durar y los que gastan sin equilibrio.

Y la pregunta de siempre, la que duele, sigue sin respuesta: entre esos dos males, ¿cuál es peor?

Mi duda existencial es si, cuando esa energía de cambio finalmente encuentre un nombre, va a ser el de alguien que nos saque adelante… o el del próximo que nos venga a vender, otra vez, que él es distinto.

Primicias Rurales
Por Sergio Marcelo Mammarelli

Victoria Villarruel no descartó una candidatura presidencial

Victoria Villarruel no descartó una candidatura presidencial

“Hoy por hoy no lo pienso; pienso en cumplir con mi deber en un momento histórico importante”, dijo la vicepresidenta en Tucumán, pero admitió que le gustaría ser la persona decente que sirva al país.

 

Victoria Villarruel

 

 

 

Buenos Aires, sábado 11 julio (PR/26) — Tras permanecer en Tucumán luego de la vigilia por el Día de la Independencia, la vicepresidenta Victoria Villarruel no descartó una posible candidatura presidencial en 2027.

Hoy por hoy no lo pienso; pienso en cumplir con mi deber en un momento histórico importante”, respondió al ser consultada sobre una hipótetica postulación a la presidencia.

Al tomar contacto con la prensa, Villarruel dijo que «el discurso que tenemos que dar es el de una unidad ante momentos difíciles de todos los argentinos».

En ese sentido, expresó que su compromiso es «servir a la Argentina desde donde me encuentre».

«Hoy por hoy, simplemente pienso en cumplir con mi deber, que es el de vicepresidente de la Nación, en un momento histórico importante», señaló.

No obstante sobre una posible candidatura presidencial abrió una ventana. Al respecto, dijo que le «gustaría ser la persona que sirva a los argentinos con decencia, con honestidad y con un profundo patriotismo».

Villarruel estuvo en Tucumán en un abierto desafío al aislamiento a la que la sometió el presidente Javier Milei desde que asumió el poder en la Casa Rosada.

Allí participó del Tedeum, de un desfile cívico militar y recorrió el complejo industrial azucarero La Florida.

“Sin familia no hay trabajo. Sin trabajo no hay producción. Sin producción no hay patria”, dijo al retirarse de la catedral de San Miguel de Tucumán.

Otra definición que dejó que «la Argentina no es la ciudad de Buenos Aires, es todo el país”.

Durante su participación, la vicepresidenta se saludó con los gobernadores de Chaco, Leandro Zdero; de Corrientes, Juan Pablo Valdés; de Jujuy, Carlos Sadir; y de Neuquén, Rolando Figueroa. 

 

 

 

Fuente: Agencia NA
Primicias Rurales
Milei confirmó la unión del Ministerio del Interior y la Jefatura de Gabinete y calificó de “extraordinario” el trabajo de Santilli

Milei confirmó la unión del Ministerio del Interior y la Jefatura de Gabinete y calificó de “extraordinario” el trabajo de Santilli

El presidente de la Nación aseguró que, para esta nueva etapa, tenían que volver a la idea de un funcionario con “músculo político”.

Buenos Aires, lunes 29 junio (NA) — El presidente de la Nación Javier Milei sostuvo que el trabajo que hizo Diego Santilli, desde que ingresó como funcionario del Gobierno es «extraordinario» y, paralelamente, confirmó la unión entre el Ministerio del Interior y la Jefatura de Gabinete.

En declaraciones televisivas, manifestó que, luego de la salida de Manuel Adorni, tenían que volver a la idea de un funcionario con “músculo político”, como es el caso de Santilli que ofició de nexo entre el Gobierno Nacional y los mandatarios provinciales, previo a los debates de las leyes que impulsó el oficialismo en el Parlamento.

 

Diego Santilli: “Asumo el desafío más importante de mi vida”

«Teníamos claro que, para esta situación, requeríamos vovler a tomar el formato que tuvimos en un momento que era unir el Ministerio del Interior con la Jefatura de Gabinete,porque es un área que tiene que desarrollar mucho músculo político y, la verdad, que en ese sentido, el trabajo que estuvo haciendo Diego desde el Ministerio del Interior fue extraordinario«, aseguró en LN+

Para finalizar, remarcó que el ejercicio que tiene el nuevo jefe de Gabinete, debido a la experiencia política de décadas, «facilita todo lo que tiene que ver con negociar en el Congreso«: «Es una persona acostumbrada a esa dinámica, lleva años trabajando en política«, concluyó, Milei.

 

 

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Fuente: Agencia Noticias Argentinas