El ‘Comité de las Regiones’ dispuesto a frenar la crisis climática

El ‘Comité de las Regiones’ dispuesto a frenar la crisis climática

Buenos Aires, 31 de enero (PR/21) .–El Comité Europeo de las Regiones (CDR) y la Comisión Europea (CE) han insistido este miércoles en “acelerar la modernización” de los edificios públicos y privados de las comunidades locales y regionales de toda la Unión Europea para impulsar el empleo en la recuperación de la crisis tras la pandemia y alcanzar “la neutralidad climática” en el año 2050.

En un comunicado, el Comité Europeo de las Regiones ha explicado que la renovación del parque de edificios de la Unión Europea es “clave para alcanzar” la neutralidad climática en el año 2050 y para “impulsar el empleo” en la recuperación posterior a la crisis del Covid-19. El CDR señala que el 75 por ciento de los edificios europeos se consideran “ineficientes” desde el punto de vista energético y solo el 1 por ciento se renueva cada año.

Así, los edificios representan el 40% del consumo energético de Europa y el 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Las rehabilitaciones estiman que puedan crear 160.000 puestos de trabajo adicionales en el sector de la construcción para 2030. En este sentido, desde del CDR recuerdan que la crisis sanitaria ha amplificado “la necesidad de mejorar nuestros edificios y erradicar la pobreza energética, que todavía afecta a unos 40 millones de ciudadanos en la UE”.

En una sesión titulada ‘Financiación de la ola de renovación’, los representantes de la UE, expertos y otros líderes locales y regionales debatieron sobre los “retos y las oportunidades” de financiación para que las ciudades y las regiones aceleren en la adaptación de sus edificios. El objetivo es “eliminar” las dificultades en “la renovación de edificios”, como “los obstáculos estructurales y administrativos, la escasez de inversiones, las deficiencias del mercado, los obstáculos reglamentarios y la falta de conocimientos especializados”.

En el debate, el alcalde de Sevilla y presidente de la Comisión de Medio Ambiente, Cambio Climático y Energía del Comité Europeo de las Regiones, Juan Espadas, ha señalado que “gran parte de la lucha contra la crisis climática debe venir de la reparación de nuestro parque inmobiliario”. “La ‘ola de renovación’ es un pilar crucial del Pacto Verde Europeo y representa una ocasión para hacer que nuestros edificios públicos, como escuelas y hospitales, viviendas sociales, y nuestros hogares sean más sostenibles, ecológicos y eficientes desde el punto de vista energético”, ha explicado.

En este sentido, Espadas ha abogado que una financiación es “indispensable” para que la “amplia revolución urbana” tenga “éxito”, aunque ha incidido que “no es sólo una cuestión de fondos”. “Tenemos que mantener unidos los objetivos climáticos y sociales, para asegurarnos de que ningún pueblo o territorio se quede atrás”, ha defendido.

Por su parte, el expresidente de la Región de Toscana, Enrico Rossi (IT/PSE), ha destacado que “el 17 por ciento de los europeos vive en casas superpobladas y hay al menos 34 millones de ciudadanos que sufren de pobreza energética”. “La ‘ola de renovación’ debe aumentar la solidaridad, la inclusión social y combatir la pobreza aumentando las inversiones en viviendas públicas y sociales eficientes desde el punto de vista energético”, ha declarado.

En este línea, Rossi ha apuntado que “los efectos de la crisis sanitaria en la economía son extremadamente graves”, por lo que ha pedido el “fomento de la inversión pública en el sector de la construcción” para acompañar en la recuperación económica del Covid-19. Asimismo, el proyecto de dictamen del CDR sobre la ‘ola de renovación’ se aprobará en la próxima reunión de la Comisión ENVE el 1 de febrero, y el texto definitivo se adoptará en el Pleno de marzo de 2021.

Más cogobernanza en los planes de recuperación
El alcalde de Selnica ob Dravi, Vlasta Krmelj (SI/EPP), ha destacado que “las agencias de energía de Europa están listas para traducir la ‘ola de renovación’ en programas concretos, brindando asistencia técnica a municipios, regiones, empresas y ciudadanos, con capacidad para conectar” a distintos “actores y niveles de gobernanza”. “Tienen competencia y experiencia en edificios, tecnología, cadenas de valor, así como experiencia en estructura de modelos de financiación con múltiples fuentes de financiación”, ha recordado.

Por su parte, el director general de Acción Exterior del Gobierno de Navarra, Mikel Irujo (ES / EA), ha asegurado que su experiencia “de eficiencia energética” en la Agenda Urbana es “muy positiva”. En este sentido, ha celebrado que algunas de sus propuestas hayan recibido apoyo por parte de la Comisión Europea, “como la necesidad de crear una ‘ventanilla única’ para empoderar a los ciudadanos a participar activamente en la transición energética sostenible”.

El representante del Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha recordado que las inversiones públicas no serían suficientes para colmar el déficit de inversión en eficiencia energética que existe. La semana pasada, el CDR y el BEI renovaron su cooperación con un plan de acción conjunto para 2021.

Por último, el comunicado señala que los estados miembros de la UE “establecerán estrategias nacionales de renovación a largo plazo como parte integrante de sus planes nacionales de energía y clima (PNEC)”. “El éxito de las estrategias nacionales de renovación depende en gran medida de la cooperación con las autoridades locales y regionales”, ha subrayado el CDR, que ha lamentado que, según un informe de enero de 2021, ha concluido que “muchos gobiernos de la UE están excluyendo a regiones y ciudades de la preparación de los planes de recuperación posteriores” a la crisis del Covid.

Fuente: ecoticias.com

Primicias Rurales

¿Qué tiene de especial la impronta ambiental de la agricultura argentina?

¿Qué tiene de especial la impronta ambiental de la agricultura argentina?

Buenos Aires, 15 de diciembre (PR/20) .- A partir de la primera mitad de los 2000, el consumo global de granos sufrió un aumento sin precedentes en la historia, impulsado por una población que crece y, además, come más productos animales. Hoy, la Argentina es uno de los principales países exportadores de soja gracias al aumento del área cultivada y de los rendimientos en la llanura Chaco-Pampeana. ¿Cuáles son las huellas de este proceso en el ambiente? ¿Es la misma impronta que tiene la agricultura en todo el mundo? ¿Cómo se puede mejorar la sustentabilidad de nuestros agroecosistemas? Esteban Jobbágy, profesor de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y de la Universidad Nacional de San Luis, brinda su visión acerca de la impronta de la expansión sobre la naturaleza y señala aspectos clave para generar sistemas más productivos y sustentables.

“Al intentar sintetizar las marcas que los sistemas agrícolas del mundo dejan en el ambiente, en particular los de producción de granos, sorprende ver que en la Argentina, sistemas de cultivo en principio parecidos a los de otros países productores de granos -EE.UU., Europa, India y China, entre otros- impactan en la naturaleza de formas muy distintas. A menudo, lo que colectivamente sabemos del tema se tiñe con el aporte de redes y medios que sugieren una huella global común para la agricultura. Pero nuestros sistemas agrícolas tienen características propias que es fundamental comprender si los queremos mejorar”, afirmó Esteban Jobbágy, docente del Departamento de Métodos Cuantitativos y Sistemas de Información de la FAUBA e investigador del CONICET.

Jobbágy destacó que la Argentina -junto con Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia- se transformó en ‘granero proteico del mundo’ produciendo la soja que hace posible el creciente consumo global de aves y cerdos. “¿Cómo fue que lo logramos? -se preguntó el investigador-. Por un lado, en las últimas tres décadas triplicamos el área agrícola; por el otro, los rendimientos por hectárea también crecieron en casi un 60%, lo que totaliza cerca de 5 veces más producción. En el mundo hay poquísimos ejemplos de un aumento de tal magnitud. Desde lo ambiental, la expansión del área cultivada desplazando bosques y otros ecosistemas es el tema más discutido, pero representa sólo una parte de los impactos en el ambiente”.

“A mi modo de ver, en los mayores ‘graneros del mundo’ existen dos formas de hacer agricultura según la cantidad de insumos y la estrategia productiva que se persigue. Los países que mencioné antes apoyan el riego y la fertilización de alta intensidad, incluso bajando el precio de la electricidad para el agro, como hace la India, buscando maximizar la producción total. A esta forma la llamo opulenta, y aclaro que no tiene nada que ver con la forma de vida de sus sociedades”, dijo Jobbágy, y añadió. “A la forma de producir en la Argentina me gusta llamarla mezquina por el mínimo nivel de insumos que usamos, que busca reducir los costos y riesgos de la producción antes que maximizarla. También debo aclarar que no me refiero a la forma de ser de los productores, sino al sistema de producción”.

“Una de las formas de achicar costos es fertilizar poquito, y una forma de fertilizar poquito es usar una leguminosa como la soja -que fija nitrógeno de la atmósfera-, no regar y tratar de vivir de la lluvia y de la fertilidad del suelo mientras se pueda. Así funciona nuestro sistema”, explicó.

Impactos ambientales de una forma distinta de producir

Jobbágy señaló que la baja fertilización de la Argentina tiene una contracara para el ambiente. “Aunque la soja, nuestro cultivo principal, no necesita que apliquemos nitrógeno porque lo captura del aire, sí requiere fósforo del suelo. Y así como la India posee la pérdida de agua subterránea más alta del planeta debido al riego, nosotros tenemos la pérdida más grande del mundo en cuanto a fósforo del suelo”. Esteban agregó que de esta manera, los suelos disminuyen su capacidad productiva campaña tras campaña. Nuestro sistema todavía lo permite, pero la fertilidad se está reduciendo a una velocidad preocupante.

“Una de las caras más interesantes de esta forma de producir que yo llamo mezquina es lo que le pasa al agua. Así como la India, China y EE.UU. están consumiendo agua subterránea más allá de la capacidad de renovación, la Argentina tiene un sistema agrícola que apuesta a un uso conservador del agua de lluvia, buscando una mayor seguridad ante sequías. Como resultado, nuestros sistemas generan excedentes muy grandes -‘sobra’ agua-, y esta es una de las razones por las que las llanuras de la Argentina se inundan cada vez más”.

“El uso conservador del agua se apoya en el alto uso de herbicidas, pilar fundamental de la agricultura bajo siembra directa, particularmente cuando se apuesta a un solo cultivo al año. Hay que aplicar herbicidas repetidamente para que las malezas no le ‘roben’ el agua a ese cultivo, y así nos fuimos transformando en los campeones mundiales de la aplicación de estos agroquímicos. Ningún otro granero del mundo usa tanto como nosotros, ya sea por tonelada producida o por hectárea. De hecho, EE.UU. emplea entre 3 y 4 veces menos. Y es probable que este sea el punto más sensible para la sociedad”, puntualizó Esteban.

Según Jobbágy, cada vez más personas visualizan con temor el uso de agroquímicos y, además, descreen que la renta que genera la agricultura se traduzca en el bienestar del pueblo. Mientras la población argentina se concentra mayormente en las ciudades, la fracción vinculada al quehacer agropecuario decreció notablemente porque la agricultura está cada vez más automatizada y concentrada en menos productores. Los agentes que trabajan de forma directa en la producción agrícola decrecen año a año, y una consecuencia de esto es que la fuerza del vínculo de la sociedad argentina con el sector va perdiendo el vigor de antaño.

Más puentes y menos grietas

“Hace 150 años, la agricultura representaba el 90% del PBI global. Hoy es apenas el 3%. La producción agrícola se volvió invisible en la economía y en la cultura. En aquellos tiempos, casi cualquier persona que te cruzabas caminando por ahí era agricultor o estaba cerca de la actividad. Los pueblos de la gran llanura pampeana eran de agricultores, pero dejaron de serlo, perdieron el vínculo con la actividad y hoy ven en la agricultura más una amenaza que un modo de vida. Por ejemplo, visualizan con temor a los agroquímicos y desconfían de que la renta que genera la agricultura regrese en obras y servicios al pueblo. Esto, obviamente, tiene aspectos técnicos, económicos y, sobre todo, políticos”, afirmó el docente.

“Quienes somos agrónomos y trabajamos en los sistemas agrícolas tenemos mucho que hacer para tender puentes y lazos, y que la gente se interiorice más de cómo funcionan los sistemas agrícolas, de los problemas ambientales que generan y de las formas de amortiguarlos. Aunque es importante estar al tanto de los impactos globales de la agricultura, más importante es saber que los sistemas agrícolas de la Argentina tienen una característica propia y una razón de ser muy particular. Son así por una historia extractiva de siglos. Ojalá que podamos pedirle a la agricultura que produzca un poco más y que, a la vez, sea mucho mejor con el ambiente. Para eso tenemos que conocerla mejor, aquí, en casa”, sostuvo Jobbágy a modo de cierre.

Fuente: Sobre la Tierra

Primicias Rurales

Valor por el suelo

Valor por el suelo

Por: Emiliano Huergo- General Manager Bioeconomía

Buenos Aires, 13 de diciembre (PR/20) .- En esta columna, insistimos que la bioeconomía persigue la máxima eficiencia en la producción y transformación sustentable de biomasa en productos y servicios para todos los sectores de la economía. Quien mejor suele describir la complejidad de los nuevos procesos que involucra este paradigma bioeconómico es el economista Roberto Bisang, quien es además profesor universitario de organización industrial.

Según Bisang, ya no se trata solo de producir maíz, sino de captar la energía del sol, envasarla en el grano de maíz, luego someterlo a un proceso de cracking para transformarlo en alimentos, bioenergías, biomateriales; y, además, generar un servicio ecosistémico de captura de carbono.

Los conceptos del especialista se están aplicando en las nuevas destilerías de maíz que convierten el almidón contenido en el grano en azúcares fermentables, gracias a la acción de los catalizadores biológicos, llamados enzimas. Durante el proceso, los microorganismos liberan dióxido de carbono, que, con tecnología, puede capturarse y utilizarse como un gas industrial en reemplazo de su equivalente fósil. El CO2 se utiliza para carbonatar bebidas, para elaborar hielo seco, y para una gran cantidad de aplicaciones más. Luego los azúcares se convierten en alcohol de diferentes calidades y grados de pureza que pueden utilizarle como combustible, como sanitizante, como solvente o como insumo en la industria alimenticia.

En la misma destilería, se extrae la fibra y la proteína del maíz, que dan origen a la burlanda, un alimento para la nutrición animal de excelentes propiedades nutritivas y alta palatabilidad. Hilando más fino, algunas destilerías mejoran la calidad de la burlanda extrayendo el aceite, que puede utilizarse como materia prima en la elaboración de biodiesel. Los residuos y efluentes de todo este proceso, que se conocen bajo de el nombre de vinazas, pueden alimentar un biodigestor para la producción de biogás, que, en forma de combustible, electricidad o calor puede aportar energía renovable de calidad para la red eléctrica, el transporte, o incluso, a la misma destilería. El biodigestor también suele recibir el estiércol de los animales alimentados con la burlanda. El ciclo se cierra con el digestato, los lodos que quedan en el fondo del biodigestor que produce el biogás, que son utilizados como fertilizante para la producción de maíz.

Concatenación

Este encadenamiento, que surge a partir de demandas de la sociedad de productos con menor huella ambiental, requiere de un complejo acoplamiento de todos los productos y procesos, con políticas claras y perdurables en el tiempo. Porque cuando uno de los engranajes se desacopla, las consecuencias pueden ser inesperadas. Ejemplos abundan. Como el desabastecimiento de cerveza en Inglaterra durante el mundial de Rusia 2018. La industria europea de bioetanol se había preparado durante años para un mandato de biocombustible del 10%. Sin embargo, la Comisión Europea – el órgano ejecutivo del bloque – repentinamente limitó al 7% el uso de etanol obtenido por fuentes como el maíz y el trigo, dejando una gran capacidad ociosa en las destilerías. Para julio de ese año, los stocks del biocombustible eran suficientes para cumplir las obligaciones de entrega acordadas y las plantas estaban paradas. Por lo tanto, no había producción de dióxido de carbono.

La falta del gas limitó la producción de cerveza provocando una escasez en medio de la copa del mundo, cuando la demanda durante un día de partido de la selección inglesa alcanza a 40 millones de pintas. Al mismo tiempo, el Centro de Ciencia Glasgow Science Centre debió cancelar una función ya que no pudo obtener el hielo seco que necesitaba para su nuevo espectáculo.

Otro caso similar ocurrió en Estados Unidos durante el pico de la pandemia. La estrepitosa caída en la demanda de combustibles por las restricciones a la circulación arrastró a las destilerías de etanol, que se vieron forzadas a tener que cerrar por quedarse sin espacio donde almacenar más biocombustible. Esto provocó una fuerte caída en la oferta de burlanda que afectó seriamente a los productores ganaderos, que tuvieron que reformular sus dietas con insumos más costos y no disponibles localmente.

Traer insumos desde localidades distantes en pleno bloqueos al transporte resultó ser un tremendo dolor de cabeza para los farmers. En este caso también hubo faltante de dióxido de carbono que afectó a la industria cervecera, especialmente las cervecerías artesanales. El desabastecimiento hubiera sido un importante cuello de botella si hubiera existido una vacuna contra el Covid.

La Compensación de Carbono

A principios de septiembre, el New York Times había alertado que el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estimaba que las dos vacunas con mayores posibilidades de éxito para el Covid-19 requerirán hielo seco, la forma sólida de dióxido de carbono, para mantener estable las inyecciones durante su transporte.

Retomando las palabras de Bisang, vale la pena detenerse por un instante en ‘el servicio ecosistémico de captura de carbono’. La agricultura es señalada a menudo como uno de los sectores que más contribuye al cambio climático. Sin embargo, con prácticas sustentables como la siembra directa, la rotación de cultivos, los cultivos de servicio y la integración con la ganadería, puede lograr el tan ansiado efecto inverso de secuestrar carbono en el suelo, uno de los métodos más efectivos para combatir el cambio climático. Y a la vez, puede ser una fuente de ingreso para los agricultores a través del mercado mundial de compensaciones voluntarias de carbono (MVC).

Emiliano Huergo

Muchas empresas que quieren mejorar su desempeño ambiental, pero por algún motivo no pueden reducir su huella de carbono en la práctica, están dispuestas a pagarle a un tercero para que neutralice sus emisiones. La Compensación de Carbono (crédito o bono de carbono) es el instrumento financiero, que se mide en toneladas de CO2, que regula estas operaciones. Un crédito de carbono equivale a una tonelada de CO2 secuestrada y certificada por proyectos de carbono válidos y verificados.

Poet-DSM Plant

El pionero en impulsar el mercado de carbono en la agricultura fue la startup de origen estadounidense, Indigo Ag, a través de su plataforma Indigo Carbon. A mediados de octubre, la compañía emitió un comunicado presentando las primeras siete empresas en sumarse a la iniciativa. Acordaron pagar U$S 20 por tonelada de dióxido de carbono (CO2) equivalente secuestrado en el suelo o disminuido durante la campaña agrícola 2020. Para la temporada 2021, Indigo invitó a inscribirse al programa a productores de cereales de 21 Estados de EE.UU., a los que les está ofreciendo un mínimo de U$S 10 por crédito de carbono. La tasa podría subir si hay una mayor demanda de créditos.

Para hacerse del bono, un agricultor debe iniciar sesión en el sitio web de Indigo con las coordenadas de su granja y enviar un conjunto de lecturas a intervalos regulares. Se analizarán estos datos y los del suelo. Luego de una auditoría, realizada por un tercero independiente, se comercializarán los créditos de carbono verificados. De esta forma, un agricultor podría obtener de 5 a 8 créditos o al menos U$S 50-80 por hectárea durante 10 años. Una cifra nada despreciable.

En la misma línea, Bayer anunció que a partir de julio de este año recompensará a unos 1.200 agricultores de Brasil y Estados Unidos, por unas 200 mil hectáreas, por adoptar prácticas sustentables que ayuden a reducir la huella de carbono. La Iniciativa de Carbono de Bayer es el último avance en su camino para lograr los compromisos de sostenibilidad dirigidos a reducir sus emisiones de GEI en 30% para 2030. Durante el Congreso de AAPRESID, celebrado de forma virtual en agosto, el director de Asuntos Corporativos y Sustentabilidad para América Latina de Bayer, Alejandro Girardi, informó que planea traer este programa a la Argentina a partir del próximo año.

Rastrojos que dan energía

En Canadá, la empresa Praire Clean Energy (PCE), ha creado una nueva fuente de ingresos para los agricultores. Les está comprando a los productores de lino de la provincia de Saskatchewan sus rastrojos en forma de fardos cúbicos o cilíndricos, que utiliza para producir energía. Los ‘farmers’ canadienses suelen quemar la paja de lino de forma controlada luego de la cosecha para evitar incendios mayores durante la época de sequía. PCE retira los fardos del campo del productor y el precio que paga por ellos depende de la distancia a su planta y de si tiene que prestarle o no el servicio de enfardado.

Seeds Energy en Venado Tuerto

Recientemente, en Venado Tuerto, Seeds Energy acaba de inaugurar una nueva central térmica de producción de electricidad a partir de marlos y chala de maíz que descartan los semilleros vecinos. Es la segunda de la empresa y es idéntica a la que posee en Pergamino, que se encuentra operando desde hace unos pocos meses. Ambas plantas cuentan con una potencia instalada de 2,5 MW eléctricos cada una.

El maíz producido para la elaboración de semillas, a diferencia del que se produce para grano, se debe cosechar en espiga y con alta humedad para no afectar su poder germinativo. Para ello se utilizan cosechadoras especiales que cuidan al máximo la integridad de los granos. Una vez que la espiga llega al semillero, ingresa a un proceso de secado muy cuidadoso. Cuando alcanza la humedad requerida, se trilla en forma estacionaria para separar las semillas del marlo y la chala.

El potencial de los rastrojos para generar energía es enorme. Pero una cosa es cuando hay un enorme volumen concentrado, como es el caso de Seed Energy -que ubicó sus plantas en los dos polos semilleros más importantes del país-, y otra cuando la biomasa está desparramada en el campo. Hay que recogerla del suelo y trasladarla hasta su lugar de procesamiento. Y es precisamente este aspecto el que ha hecho fracasar enormes inversiones, como el proyecto Liberty en EE.UU., que demandó casi USD 300 millones para producir 100.000 m3 de bioetanol por año a partir de 285 mil toneladas de rastrojos de maíz. Recientemente POET, la empresa que lo llevó adelante, informó el cierre definitivo de la planta luego de 7 años sin lograr producir más que un puñado de litros.

Algunos ingenieros agrónomos cuestionan la extracción de biomasa de rastrojos de los suelos, por el aporte que tienen a la salud del mismo. Estudios elaborados para las plantas de bioetanol celulósico de EE.UU. indicaron que en la medida que se disminuye la intensidad del laboreo se reduce la tasa de oxidación de la materia orgánica y permite aumentar el volumen de retiro de rastrojo.

Del mismo modo, el creciente potencial de rendimiento de los cultivos, que tiene una relación lineal con la cantidad de rastrojo, brinda mayores posibilidades de extraer biomasa sin afectar la sustentabilidad. Un tema que reviste particular importancia para la Argentina, donde se ha generalizado el sistema de siembra bajo cubierta de rastrojo, al mismo tiempo que se incrementó el potencial de rendimiento gracias a los nuevos paquetes tecnológicos y el mayor uso de fertilizantes.

El marlo y la chala representan apenas el 20% en peso de los rastrojos de maíz. En las casi 6 millones de hectáreas que se sembrarán con maíz, el valor la energía que podría obtenerse de supera ampliamente los USD mil millones. Una cifra muy atractiva. Pero claro, antes hay que superar los desafíos logísticos.

Primicias Rurales

Fuente: Horizonte A

Liberación de carbono del suelo por calentamiento global

Liberación de carbono del suelo por calentamiento global

Por Amanda Balbino
Christian Garavaglia

El aumento de la temperatura global puede liberar más carbono del suelo.
Un nuevo estudio internacional, dirigido por la Universidad de Exeter y publicado en Nature Communications, revela que el aumento de la temperatura global reduce el tiempo que el carbono está disponible en el suelo.

Los suelos contienen de dos a tres veces más carbono que la atmósfera y a temperaturas más altas se acelera el proceso de descomposición, impactando directamente en la eliminación de más carbono hacia la atmósfera y, en consecuencia, en el calentamiento global.

La respuesta del carbono del suelo al cambio climático es la mayor área de incertidumbre para comprender el ciclo del carbono en las proyecciones del cambio climático. Por tanto, la investigación reduce a la mitad la incertidumbre sobre el tema en escenarios climáticos futuros.

El estimado de 230 mil millones de toneladas de carbono liberado por el calentamiento de 2 °C (por encima de los niveles preindustriales) es más de cuatro veces el total de emisiones de China y más del doble de las emisiones de EE.UU. en los últimos 100 años.

La coautora de la investigación, la Dra. Sarah Chadburn, dijo que el estudio descartó proyecciones más extremas, pero aún sugiere pérdidas sustanciales de carbono del suelo debido al cambio climático con solo 2 °C de calentamiento.

Este efecto es llamado “retroalimentación positiva”, es decir, todo aquello que agregue calor a la atmósfera provoca efectos indirectos que contribuyen a un mayor cambio climático.

El uso sustentable del suelo en áreas urbanas y rurales puede ayudar a mitigar y adaptarse al cambio climático.
Para lograr los resultados, la investigación utilizó una nueva combinación de datos de observación y modelos del sistema terrestre, que simulan el clima y el ciclo del carbono y, posteriormente, hacen predicciones sobre el cambio climático.

El abordaje del estudio sigue un método en el que se utiliza una sensibilidad espacial a la temperatura para restringir la respuesta futura al cambio climático, lo que denominaron como una restricción espacial emergente.

“Investigamos cómo el carbono del suelo se relaciona con la temperatura en diferentes lugares de la Tierra para descubrir su sensibilidad al calentamiento global”, dijo la autora Rebecca Varney, de la Universidad de Exeter.

Modelos de última generación sugieren una incertidumbre de alrededor de 120 mil millones de toneladas de carbono a 2 °C de calentamiento global promedio. El estudio reduce esta incertidumbre a alrededor de 50 mil millones de toneladas de carbono.

Según el profesor Peter Cox del Instituto de Sistemas Globales de Exeter, reducir la incertidumbre en esta respuesta al cambio climático es vital para calcular un presupuesto global de carbono más preciso y cumplir con éxito los objetivos del Acuerdo de París.

Suelo y cambio climático
El suelo es un elemento importante y a menudo pasado por alto en el sistema climático, además de ser el segundo sumidero de carbono más grande después de los océanos.

El cambio climático puede aumentar el almacenamiento de carbono debido al crecimiento de la vegetación o hacer que se libere más gas a la atmósfera.

La creciente concentración de dióxido de carbono en la atmósfera puede hacer que los microorganismos del suelo descompongan la materia orgánica más rápidamente, liberando más dióxido de carbono.

Se espera que la emisión de gases desde el suelo sea particularmente significativa en las regiones del norte de Europa y Rusia, donde la fusión del permafrost, un tipo de suelo en la región ártica que consiste en tierra, hielo y rocas permanentemente congelados, podría liberar grandes cantidades de metano.

Aún no está claro cuál será el efecto global, dado que las diferentes regiones absorben y emiten diferentes niveles de gases de efecto invernadero.

Una forma de mitigar este escenario es la recuperación de ecosistemas terrestres, lo que ayuda a capturar carbono de la atmósfera. El uso sustentable del suelo en áreas urbanas y rurales también puede ayudar a mitigar el cambio climático y a adaptarnos.

Primicias Rurales

Fuente: Meteored

Eficiencia Energética: una clave para la “nueva normalidad”

Eficiencia Energética: una clave para la “nueva normalidad”

El 21 de octubre se celebró el Día Mundial del Ahorro Energético, esta vez en un contexto que deja en evidencia la capacidad de la actividad humana para influenciar sobre la naturaleza, pero también que vínculo entre la salud de las personas y la salud del planeta es muy estrecho. Si bien la crisis por el COVID-19 ha generado graves impactos y consecuencias, también nos ofrece una oportunidad para “barajar y dar de vuelta”.

Mientras cada día se habla de la “nueva normalidad”, desde Vida Silvestre enfatizamos que el consumo responsable de energía es uno de los caminos a seguir para cambiar la forma en la que nos relacionamos con la naturaleza. Para un país en desarrollo como la Argentina, la disponibilidad de energía resulta estratégica. Sin embargo, cuando su generación y consumo no se realizan en forma responsable, las consecuencias afectan nuestras posibilidades de desarrollo y nuestro entorno natural.

El mundo cambió el 11 de marzo de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró una pandemia al COVID-19. En un esfuerzo por restringir el contacto de la población con el virus y reducir su tasa de propagación, los gobiernos del mundo impusieron diferentes medidas como el aislamiento social, el estímulo del trabajo domiciliario o el cierre de las escuelas, que implicaron un cambio en la actividad humana con profundas consecuencias sociales y económicas. Además, entre los efectos provocados por estos cambios también se registró una menor demanda de energía, lo que a su vez redujo las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), causantes del cambio climático. Sin embargo, no puede dejarse de lado una serie de importantes preguntas: ¿Qué tan significativos son estos cambios? ¿Cuáles son las implicancias para otros ámbitos? ¿Se trata de una estrategia sostenible en el tiempo?

¿Qué dicen las emisiones?

Las políticas gubernamentales durante la pandemia de COVID-19 alteraron drásticamente los patrones de demanda de energía en todo el mundo. Según una evaluación realizada por la Agencia Internacional de la Energía, se estima una reducción en la demanda mundial de energía del 5% para finales del 2020: particularmente, se estima una caída del 8%, 7% y 3%, en el consumo de petróleo, carbón y gas natural respectivamente. Luego, considerando el gran peso relativo de los combustibles fósiles dentro de la matriz energética, es de esperar un fuerte vínculo entre los cambios de las emisiones globales y la reducción forzada den la demanda ed energía. Se calcula que las emisiones mundiales diarias de dióxido de carbono (CO2) disminuyeron en promedio un -17% (entre -11 a -25%) a principios de abril de 2020, en comparación con los niveles medios de 2019: las emisiones globales del transporte terrestre se redujeron en un –36%, representando la mayor contribución al cambio total. En el sector industrial las emisiones se redujeron un –19%, mientras que en el sector eléctrico, las emisiones cayeron un –7,4%. Por otra parte, se produjo un pequeño crecimiento del +2.8% en las emisiones globales del sector residencial.

En principio esto podría ser positivo, pues para lograr un futuro donde el aumento de la temperatura media global sea menor a 2°C, de acuerdo a los compromisos asumidos en el acuerdo de París, es necesario bajar a cero las emisiones globales netas de CO2 para el año 2050. No obstante, un informe en Nature Climate Change indica que aunque la disminución en 2020 no tiene precedentes, tan sólo permitió alcanzar los niveles de emisiones diarias del 2006. Además, la mayoría de las acciones que permitieron esta disminución son reflejo de una situación extraordinaria y no de cambios estructurales de los sistemas productivos o económicos. Entonces, aunque el aislamiento social preventivo y obligatorio redujo la tasa de emisiones, la disminución de la actividad humana no es una estrategia sustentable, ya que tiene fuertes repercusiones negativas sobre la economía y bienestar social.

La reducción en la actividad humana producto de la pandemia permite que nos posicionemos en un punto de partida atípico, con menores emisiones de CO2 diarias a las esperadas para la fecha (en comparación con proyecciones pasadas). Sin embargo, se requiere de un esfuerzo prolongado en el tiempo para que este cambio sea significativo, puesto que los aumentos de la temperatura global no dependen únicamente de las emisiones de los últimos años, sino de la concentración de los gases de efecto invernadero durante largos periodos.

No hay una única historia acerca del futuro. Depende de decisiones consensuadas entre todos los sectores de la sociedad, que tienen la posibilidad y la obligación de participar en la optimización de nuestras formas de consumo.

¡Un futuro sustentable es posible!

Una disminución de los gases de efecto invernadero representa sin dudas un avance en la lucha contra el cambio climático, pero tan solo es el inicio del camino: tarde o temprano los países iniciarán un proceso de recuperación económica y productiva, pero eso no debería hacerse a cualquier costo. Las medidas y políticas que se adopten, impactarán fuertemente en las futuras emisiones de CO2, y serán determinantes a la hora de evaluar el cumplimento de los objetivos del Acuerdo de París. Para lograr un futuro sustentable se requieren cambios estructurales que permitan una fuerte reducción de las emisiones, con la posibilidad de sostenerse en el tiempo, y contemplando las dimensiones socioambientales.

En la Argentina, el potencial de ahorro energético es muy grande, y sigue sin ser aprovechado. De acuerdo a un informe técnico de Vida Silvestre, el potencial de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para los próximos años es de un 30% – 48%: una parte importante de este potencial de ahorro se encuentra en el sector residencial y en el sector comercial/público.

Con medidas de eficiencia energética, se podrían alcanzar nuevos paradigmas para estos dos sectores que ya mostraron variaciones en su consumo y que en nuestro país concentran el 62% del potencial de ahorro de energía eléctrica: Carlos Tanides, Coordinador del Programa Ciudades, Clima y Energía de Vida Silvestre, destacó que “si vemos los números, hubo una reducción del consumo en todos los sectores salvo en el residencial. Por eso es importante la reducción del consumo en los hogares. La eficiencia energética es una gran oportunidad para ello”. El portal TopTen Argentina, impulsado por Vida Silvestre, es una de las iniciativas que proponemos para que los consumidores puedan elegir de manera consciente e informada acerca de cómo usan y cómo pueden ahorrar energía. Esta plataforma digital también permite conocer cuáles son los artefactos más eficientes que se consiguen en el mercado argentino.

El uso racional y eficiente de la energía se presenta como una de las líneas de acción con mayor potencial para reducir emisiones, puesto que la producción de energía suele representar más del 50% de las emisiones de GEI en los inventarios nacionales. La eficiencia energética no busca dejar de realizar determinadas actividades para evitar el consumo de energía, sino que su objetivo es utilizar la energía de la forma más económica, segura y limpia posible.

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Fuente: Fundación Vida Silvestre

El clima del futuro: qué son las sequías ecológicas, un saldo del calentamiento global que se viene

El clima del futuro: qué son las sequías ecológicas, un saldo del calentamiento global que se viene

Un reciente estudio publicado en la revista científica “One Earth” y difundido por el “Sistema de Información Integrado de la  (Nidis, por sus siglas en ingles)”, un organismo norteamericano dedicado a seguir este fenómeno sobre el territorio de los Estados Unidos, detalla que están surgiendo nuevas formas de sequía a nivel mundial debido al calentamiento del clima, los cambios en los patrones de conexión atmosférica y oceánica, la expansión del uso humano del agua y una historia de influencia humana en el medio ambiente.

De acuerdo a los autores del estudio se identificaron varios tipos de sequías que se están experimentando actualmente y que son, fundamentalmente, diferentes de las sequías históricas, lo que dificulta que los expertos anticipen adecuadamente las sequías futuras hasta que se llenen varios vacíos clave de conocimiento.

Comprender ciertos patrones, dicen los autores, es fundamental para anticipar adecuadamente los nuevos regímenes de sequía, especialmente la ocurrencia de megasequías. Asimismo, las fuertes restricciones de lluvias actuales, aclaran, son impulsadas o exacerbadas por el uso humano del agua, por lo que comprender cómo el uso humano del agua y la tierra puede alterar los regímenes de sequía y el agua ecológicamente disponible es crucial para la toma de decisiones.

En conclusión, advierten y enfatizan que es más probable que las sequías emergentes del siglo XXI transformen los ecosistemas, es decir, cambien fundamentalmente la composición, estructura y función de las especies a tal grado que afecte los servicios de los ecosistemas de los que dependen los seres humanos y la vida silvestre.

Al respecto, los factores estresantes están abrumando la capacidad de los ecosistemas para recuperarse de las sequías, lo que hace que muchas especies sean reemplazadas por nuevos organismos que a menudo cumplen diferentes funciones ecológicas.

Por esto, anticipar cuándo y dónde los procesos que mantienen la estabilidad ecológica se verán abrumados y la transformación ecológica inducida por la sequía requiere llenar algunas brechas científicas diversas.

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Fuente: infocampo.com.ar