Con el Gobierno convertido en una miscelánea, “albertistas” sugieren que Fernández debería desmarcarse de Cristina

Con el Gobierno convertido en una miscelánea, “albertistas” sugieren que Fernández debería desmarcarse de Cristina

Por Emiliano Rodríguez

Cristina volvió al centro de la escena política con una polémica presentación en el CCK.Cristina volvió al centro de la escena política con una polémica presentación en el CCK.Foto: NA/Prensa Instituto Patria.

Buenos Aires, 16 abril (PR/22) — La fractura expuesta que propició en el Gobierno el reciente acuerdo con el FMI generó también posturas más radicalizadas dentro ese variopinto abanico de clanes que conviven en el oficialismo, con relación a la importancia de preservar la unidad del Frente de Todos (FdT) de cara a los comicios presidenciales del año próximo.

Quedó en evidencia que el pacto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que tiene al vituperado ministro de Economía, Martín Guzmán, como “garante”, según sostienen los albertistas en Balcarce 50, produjo una escisión ya definitiva en el seno del FdT después de las tensiones en aumento vistas en esa coalición tras la derrota electoral de 2021.

Si en la Argentina el sistema de gobierno fuera parlamentario, el desplante del kirchnerismo en el Congreso al votar en contra un proyecto impulsado por el propio Alberto Fernández -en este caso- habría desencadenado probablemente la caída de un primer ministro, si lo hubiera, pero más allá del show político ocasionado aquí, el presidente -y Guzmán- lograron convertir en ley el acuerdo con el Fondo con ayuda de la oposición.

Y Fernández, esmerilado y devaluado como luce en medio de una encarnizada embestida por parte del cristinismo -el inequívoco núcleo duro K dentro del FdT-, se mantiene de todos modos en pie desde entonces y resiste para conservar a Guzmán como titular del Palacio de Hacienda pese a las versiones sobre cambios en el Gabinete, e incluso a las sugerencias que recibe al respecto de parte de colaboradores cercanos.

Porque así como el kirchnerismo se radicalizó aún más en las últimas semanas con motivo del acuerdo con el FMI, un sector del albertismo, en medio de las aguas turbulentas por las que navega el Gobierno, también parece haberse hartado de la convivencia forzosa, del matrimonio electoral por conveniencia que entablaron Fernández y su actual vicepresidenta en 2019, y recomienda lisa y llanamente romper -además de sostener a Guzmán-.

Esos colaboradores estrechos del presidente aguardan que el jefe de Estado tome finalmente la decisión que no quiere o no está dispuesto a adoptar, e incluso entienden que Fernández tendría que haber prescindido antes del grupo de funcionarios que responden a Cristina Kirchner, cuando éstos lo presionaron en 2021 al poner sus renuncias a disposición.

El tiro por elevación enviado por Cristina días atrás al primer mandatario cuando habló del “poder” del presidente generó un temblor adicional en Balcarce 50, donde algunos “albertistas puros” consideran -en charlas de café- que llegó el momento de desmarcarse del kirchnerismo y reconfigurar el Gabinete con dirigentes provenientes del peronismo más tradicional.

Las “cajas” que maneja el cristinismo

Romper significaría privar al núcleo duro K y especialmente a la agrupación La Cámpora que lidera Máximo Kirchner de acaudaladas “cajas” estatales como ANSeS, PAMI o incluso Aerolíneas Argentinas e YPF, en momentos en los que da la sensación de que el cristinismo, por ahora, tensa la cuerda y amenaza con una ruptura, pero no quita los pies del plato justamente por los fondos públicos a los que aún tiene acceso.

Paradójicamente, como suele suceder en política en ocasiones, las paralelas parecen juntarse, ya que tanto en filas albertistas como dentro del kirchnerismo en el crujiente FdT existen quienes sostienen que la tan mentada “unidad del peronismo” hoy por hoy no supone garantía alguna de resultado electoral favorable en los comicios presidenciales de 2023.

Claro que también alzan la voz aquellos que, en este contexto de efervescencia y fuego amigo incesante, consideran que si el Frente de Todos se rompe, Juntos por el Cambio (JxC) gana el año que viene en primera vuelta. En tal sentido se expresó en estos días el ex ministro de Defensa Agustín Rossi, cuyo nombre “suena” como posible hombre de recambio en el Gabinete.

En el Gobierno, por el lado del albertismo, admiten que el desafío electoral que se aproxima encuentra al oficialismo en un contexto de complejidad importante, pero aquellos que promueven la rebelión de los mansos y despegarse del kirchnerismo entienden que aún existe margen para que la administración Fernández robustezca su volumen político en los próximos meses.

Señalan, como resulta evidente por cierto, que maniatar la inflación para fortalecer el poder adquisitivo del salario será clave, fundamental en el corto plazo, después del lapidario aumento mensual del costo de vida de 6,7 por ciento registrado en marzo pasado, según datos oficiales. Poder lograrlo, según evalúan en Balcarce 50, permitiría acompañar con mayor optimismo otros indicadores económicos generales que muestran síntomas de recuperación tras la pandemia de coronavirus.

Por el lado del kirchnerismo, la polémica presentación de Cristina días atrás en el Centro Cultural Kirchner (CCK), con el regreso de la militancia a la escena pública alentando a viva voz a la “jefa” en el marco de la solemne Asamblea Parlamentaria Europea-Latinoamericana (Eurolat), podría analizarse como una pequeña muestra de las discusiones que están ocurriendo por estas horas dentro de ese espacio.

En el Instituto Patria existen quienes creen que tras el fallido experimento electoral de 2019 -solo exitoso en las urnas-, debería ser Cristina la que vuelva a encabezar el “proyecto nacional y popular” kirchnerista como candidata a presidenta el año que viene: “Tenés que ser vos”, le ruegan.

La Provincia, como trampolín al balotaje

Consideran, en el núcleo duro K, que el gobierno de Fernández está acabado y que el acuerdo con el FMI pavimenta el camino hacia una derrota en 2023 si la Casa Rosada cumple con las demandas del Fondo incluidas en la letra chica del pacto, por lo que si bien presionan con la salida de Guzmán del Gabinete, apuestan como acto reflejo (proselitista) a refugiarse en la Provincia, a la que ven como una vía de escape.

En ese distrito, convertido en un terruño electoral kirchnerista en años recientes, Máximo participó en una serie de actos en los últimos días y el gobernador Axel Kicillof lanzó su propio plan para combatir la inflación junto al secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, un aliado de La Cámpora que según los “albertistas puros” del Gobierno adoptó un rol de confrontación que ya amerita su desplazamiento del cargo.

Según lucubran en Balcarce 50, el cristinismo procura robustecer su base electoral en la provincia de Buenos Aires, apostando quizá por una polarización de candidatos presidenciales en 2023 que le permita aspirar a un balotaje en el caso de sumar poco más de 20 puntos a nivel nacional. Para entusiasmarse, en el Instituto Patria buscan argumentos en los recientes comicios generales de países de la región como Chile o Perú -más allá de su reciente convulsión social- y en Francia apenas días atrás.

Claramente, la fractura en el Gobierno se produce porque en el kirchnerismo consideran que Fernández no está obrando en función de la hoja de ruta que pretende imponer Cristina, que incluso viene planteando públicamente desavenencias internas desde hace meses. Ahora, parece que el sector que comanda la “jefa” planea definitivamente lanzarse rumbo a las elecciones del año que viene con una propuesta propia. Está por verse, de todos modos, si efectivamente lo concretará.

Quien sí tiene decidido, dentro del peronismo, competir por la primera magistratura parece ser el gobernador de Chaco, Jorge “Coqui” Capitanich, que busca asegurarse el respaldo de sus colegas del Norte Grande argentino con miras a 2023 y acaba de “institucionalizar” el Frente de Todos en ese distrito, en una reunión celebrada en la sede del Partido Justicialista provincial.

Finalmente, en JxC, a las pretensiones del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; y de la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, y al misterio en torno de la decisión que finalmente tomará el ex mandatario Mauricio Macri de cara a la votación del año que viene, se sumaron por estas horas las intenciones -ya confirmadas- de la ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal de incorporarse al grupo de los “presidenciables”.

Si Macri y Vidal deciden “jugar” dentro del PRO en 2023, independientemente de lo que suceda con los postulantes que propongan el radicalismo y la Coalición Cívica en el marco de la coalición opositora, las aspiraciones de Bullrich de participar en la contienda por el sillón de Rivadavia podrían verse afectadas. Mientras tanto, la ex ministra de Seguridad insiste -y quiere creer- en que su jefe político no será candidato.

 

Escrito por 

Buenos Aires, NA

Primicias Rurales
Aquel tremendo golpe a la flota británica, en honor al “Turco” Palaver

Aquel tremendo golpe a la flota británica, en honor al “Turco” Palaver

Buenos Aires, 1 abril (PR/22) — Ese día, el 25 de mayo de 1982, el Día de la Patria, amanecimos con la peor noticia. En la primera salida de la mañana, muy temprano, habían derribado al capitán Hugo Palaver, que había salido con Daniel Gálvez. El salteño regresó en un vuelo muy accidentado.

Palaver era nuestro oficial de operaciones y una persona de una integridad absoluta, un gigante, un líder nato y los gringos de mierda nos habían arrebatado a ese grande, a nuestro as de espadas. No fue fácil digerir ese momento. Resultaba el quinto derribo que sufríamos y la estadística nos empezaba a jugar en contra.

En nuestros íntimos pensamientos, aunque hiciéramos lo mejor que nos saliera, estaba el fantasma de ser derribados. Ansiábamos que la guerra terminara de una vez y que la vida volviera a la normalidad, volver a nuestras familias, a esa vida que todavía no habíamos llegado a disfrutar porque éramos muy jóvenes; esposa, una hija de 11 meses y esperando la segunda en mí caso, y todos los pilotos en situaciones parecidas. Y los solteros ni hablar, ilusionados con ese casamiento que algún día se iba a concretar.

Aquel 25 de mayo de 1982 nos quedaba un día interminable por delante, así que había que volver a la concentración. Palaver había sido derribado por un misil del Destructor T 42 Coventry que, junto con la Fragata T 22 Broadsword, había sido desplazado a mar abierto para lograr una mejor efectividad con sus radares.

Estaban posicionados unas 30 millas al norte de las islas, constituyendo un piquete de radar que nos tenía a mal traer a los cazas y a todo el que se aproximara a la zona. Ya lo habían demostrado con el derribo del “Turco”.

El capitán Pablo Carballo quedó a cargo de las operaciones del escuadrón y estaba armando el plan de vuelo, por lo tanto, la escuadrilla “Cruz” no tenía ninguna posibilidad de salir como segunda o tercera opción; estábamos primeros en la lista para las salidas del día.

Nos llegan las órdenes para prepararnos y se armaron las escuadrillas. Los objetivos asignados eran dos buques al norte de la isla de Borbón, el letal Coventry con sus misiles Sea Dart de última generación, acompañado por la Broadsword, con misiles Sea Wolf, y ambos barcos con cañones de 4,5 pulgadas que tiraban granadas que explotaban por proximidad delante del avión que pudiera haber penetrado la defensa misilística.

El clima en los búnkers era de mucha euforia contenida cuando llegábamos los pilotos en una F-100 azul carrozada que se desarmaba sacudiéndose en ese trayecto de dos kilómetros de ripio y pozos levantando polvareda y conducida diestramente por uno de los colegas que quedaba en tierra.

Los mecánicos y armeros que con dedicación habían estado trabajando toda la noche para poner los aviones en condiciones no nos querían alterar los ánimos. Sabían que esos minutos de contacto con ellos antes de subir a los aviones posiblemente fueran los últimos de alguno de nosotros y respetaban ese momento de concentración. La revisión de las carpetas era una formalidad, confiábamos ciegamente en su trabajo y en su palabra cuando nos decían, “El avión está OK”.

Si hablamos de miedo, ése era el momento de la verdad, el punto de no retorno, todo se iba haciendo con las piernas temblequeando. Caminar hacia el avión, subir esa escalera tambaleante que a veces nos jugaba una mala pasada y ese malabar de pierna sobre la cabina para ocupar el puesto sobre el asiento eyectable de nuestros viejos A-4 era un ritual que nos identificaba.

Pero antes de eso, en la inspección exterior, habíamos chequeado la bomba que transportábamos, un gran artefacto explosivo de 1.000 libras (500 kilogramos) de peso y gran poder destructivo.

Seguro de espoleta afuera y ¡lista para cumplir su tarea! Ubicados en la cabina, que era muy pequeña, y con el equipo extra de supervivencia y traje anti-exposición por si caíamos al agua helada, entrabamos con calzador.

Los vuelos duraban tres horas promedio, así que había que acomodarse lo mejor posible; no había forma, por más que quisiéramos, no era fácil encontrar posición.

El mecánico nos ayudaba a abrochar los arneses al asiento y era el último que nos deseaba suerte con una cálida palmada, bajaba, retiraba la escalera y comenzaba el ritual de la puesta en marcha.

Sentir la turbina que empieza a girar a nuestra espalda producía diferentes sensaciones. En la paz era muy romántico, todos observaban el diálogo por señas entre mecánico y piloto y ese ruido que arrancaba muy grave, de la turbina impulsada por la presión del compresor externo y se volvía más agudo a medida que iba ganando revoluciones hasta llegar al encendido y la turbina estabilizada en relanti. Las superficies de comandos se empezaban a mover y el avión cobraba vida.

piloto interna 1

En la guerra, en cambio, todo esto era como si no importara, nada de esto se disfrutaba, tenía que funcionar rápido y punto. Al cerrar la cabina se producía un aislamiento del exterior y solo se escuchaban los ruidos de la turbina y de la radio, pero muy silenciados gracias a la insonorización de nuestros nobles cascos. En ese ambiente ya no quedaban intermediarios, eran el avión y el piloto.

Los mecánicos nos saludaban y en ese momento descargaban la pasión por su trabajo, una bandera argentina flameando y los brazos en alto nos daba ese último empujón, llevábamos su mensaje, ¡no les podíamos fallar!

Rodamos en silencio hasta la cabecera de pista, nos ubicamos en posición, nos miramos con Pablo cabina a cabina, estábamos a 10 metros de distancia y sin dudar y a su seña soltamos frenos. Eran las dos de la tarde en punto.

Potencia máxima, el corcoveo del avión hasta alcanzar velocidad, el rugido del motor y los slats que se acomodaban nos hacían olvidarnos de cualquier cosa o pensamiento diferente a lo que estábamos haciendo.

Al costado, los “Zeus” que esperaban, ingresaban a pista para despegar detrás de nosotros. La estrategia, si es que la hubo, fue atacar con sorpresa, de manera que se programó esta salida sin reabastecimiento en vuelo, rumbo lo más directo hacia el objetivo y atacaríamos con diferencia de un minuto entre las dos secciones.

El vuelo fue tranquilo, Dios nos había regalado un día hermoso para volar, la meteorología estaba muy buena, día claro con buena visibilidad.

Costaba mantener un silencio de radio, aunque a Pablo le costaba más, eso es seguro. Y yo eso lo disfrutaba, a mí me gustaba volar tranquilo sin ruidos. Por otro lado, no me imaginaba el escenario que se venía, sí, eso me acuerdo bien, habíamos quedado en adoptar para el ataque una formación lateral y no muy distante, de manera de tratar de confundir a los radares (y eso nos daría buen resultado).

El vuelo hasta el descenso transcurrió con normalidad, en altura podemos mantener más distancia entre aviones lo que lo hace más relajado. Al comenzar el descenso para evitar la detección radar nos empezamos a acercar y ahí el avión y uno se ponen más briosos. Uno juega más con el motor y los frenos aerodinámicos, hay cambio de velocidad y de actitud y el control del avión es, para el que forma, más dinámico.

A medida que nos acercábamos al terreno, el avión se encabritaba por la turbulencia mecánica proveniente de las sierras y acantilados que íbamos cruzando, y uno tenía instintivamente la intención de acelerar; con la turbulencia a veces la palanca del acelerador se movía y había que controlarla.

Estábamos cruzando la Gran Malvina de sudoeste a nordeste, chequeamos armamento y conectamos la máster de armamento. Lo único que quedaba era apretar el botón de bombas de la palanca. Había que tener cuidado con la turbulencia -la cabina a veces parecía una coctelera- de no apretar accidentalmente el botón de bombas de la palanca porque la bomba se soltaba y todo el esfuerzo se perdería.

Yo estaba formado a la izquierda de Pablo en la posición convenida, lateral unos 15 grados atrás y a unos 30 metros y un poco más bajo. Veía pasar las sierras a gran velocidad, no le podía sacar la vista al otro avión, ya que mantener la formación era vital. El motor sonaba muy bien, cómo un violín, eso me tranquilizaba. Con el rabillo del ojo izquierdo espiaba hacia adelante y faltaba poco para abandonar la costa, se empezaba a ver mar abierto al frente. Estábamos bajo y acelerando.

Pablo cada tanto salía al aire con expresiones como, “Vamos chicas”, “Vamos bien”, “Vamos canejo” o “carajo”, dando ánimo al grupo y dándose ánimo a él fundamentalmente, como en el tenis. Y el gallego Mariano Velasco y Jorge “Bam Bam” Barrionuevo venían un minuto atrás de nosotros, un poco desplazados a la derecha de nuestra ruta, no los escuchaba.

La situación era diferente que en San Carlos; esto era a mar abierto, con mucho tiempo de exposición. Las fragatas tenían todo a su favor, cuando apareciéramos en sus radares ¡nos iban a tirar con lo que no tenían! Yo me decía a mí mismo: “Estamos en el horno, de ésta no volvés, flaco”.

Con el aumento de velocidad el avión vibraba mucho, necesitábamos máxima velocidad, 470 nudos o lo que dieran los A-4.

Ya a mar abierto la sensación fue de desamparo ante la inmensidad de ese hermoso mar helado. Volar sobre tierra nos daba cobertura, cierta seguridad. Y en ese momento las vi, estaban en el horizonte las dos fragatas, siluetas inconfundibles, gris oscuro, humeantes y parecían estáticas a la distancia; todo parecía un cuadro. Estaban a unas 20 millas, lo que a nuestra velocidad eran tres minutos más o menos.

Ahí bajamos lo más posible, pero respetando el agua, era difícil de calcular la altura sobre el agua, sin referencias y sin radioaltímetro. Carballo se puso eufórico: del “Vamos chicas” pasó a un “¡Ahí están gringos de mierda!”, más un fuerte “¡Viva la Patria!” y a partir de ahí silencio, concentración.

Aferramos el motor a pleno gas y encaramos la fragata que estaba a nuestra izquierda, que resultó ser la Broadsword, era la que nos quedaba mejor para el tiro. Yo lo miraba al “uno” (Carballo), pero empezaba a ver la fragata cada vez más grande; se veía una cortina de metralla, con piques delante de nosotros y a los costados, no nos pegaban por suerte o no se por qué.

La Broadsword se desplazaba de izquierda a derecha a unos 35 nudos y a su derecha el Coventry maniobraba. Teníamos que seguir la trayectoria por tanto íbamos corrigiendo nuestro rumbo hacia la derecha para que no se nos escapara de nuestra visión de mira.

En una foto (ver imagen a continuación) que nos sacó un marinero de la Broadsword se puede ver clarito que estamos en viraje a la derecha y se ven los piques de munición en el agua. Lo últimos segundos pasan rápido, alcanzamos a pasar de la mitad hacia la popa de la fragata y le tiramos las bombas cada uno de acuerdo a la puntería que pudo hacer.

La foto a la que hace referencia el piloto en su relato. El momento del ataque a la flota inglesa. Foto/NA.

Pasamos por arriba de la popa y en ese momento fue como pasar la puerta del cielo en sentido opuesto, seguíamos increíblemente vivos los dos.
Veo por el espejo que el Coventry dispara un misil Sea Dart que sale vertical; no constituía un peligro para los aviones que escapaban, o sea nosotros, pero los “Zeus” estaban entrando al Coventry y les grito, “¡misil, misil!”

Velasco pasa por el medio de la Coventry y le tira tres bombas de 500 libras. Acierta y penetran perfectas en el centro de la fragata, apenas sobre la línea de flotación; explotan y en 20 minutos se hundió el azote de los cazas.

Los “Zeus” vieron humo salir de la popa del Broadsword, una de nuestras bombas había impactado, había hecho un “patito” en el agua y había penetrado por la banda de estribor en trayectoria ascendente, con orificio de salida en la plataforma del helicóptero Linx que estaba en la cubierta.

La bomba causó daños por el propio impacto, pero cayó al agua explotando en el mar. Hacer puntería fue difícil porque estando a la izquierda y la fragata desplazándose a toda marcha hacía la derecha se me iba desplazando, y lo que a la distancia parecían estáticas al acercarnos la velocidad empezó a ser significativa y por ende quedamos con poco margen para corregir en el tramo final del ataque.

También tuvimos problemas con la sal acumulada en el parabrisas oval de Carballo, lo que le dificultó la visión hacia adelante (el mecánico le había limpiado la silicona que le habían puesto antes de salir, pensando que estaba sucio).

De todas maneras, el helicóptero quedó destruido y los daños en la popa la inutilizaron a la Broadsword para el resto de la guerra. A la salida fue una euforia de gritos, con “Bam Bam” Barrionuevo diciendo: “¡Le pegó señor, lo vi clarito, pegaron las tres en el centro!”, le aseguraba a Velasco. Mariano tiraba muy bien, un lujo.

De pronto, ya fuera de alcance de aquel misil, Pablo me dice: “Me pegaron dos, atento que me voy a eyectar”. Y yo le digo: “Espere, espere, lo estoy viendo, no veo nada raro”. Entonces se tranquiliza, le formo abajo del plano del avión y no vi nada, ninguna pérdida, estaba todo bien, pasé a formación de ruta y apuntamos para el continente.

Los buques tuvieron sus problemas, ya que nuestra formación confundió sus radares, no identificaban el eco, tuvieron que resetear la computadora de tiro y por último la Broadsword se le cruzó al Coventry tapándole la visión del tiro, todo esto en el trascurso del último minuto antes de nuestro ataque.

La euforia a la vuelta era enorme, se olfateaba que el Coventry estaba mal herido y la Broadsword, averiada, mientras nosotros cuatro regresábamos a la base festejando ¡como después de la goleada contra Perú!

La toma de altura en el tramo de regreso era el momento del vuelo para disfrutar, lo único que podía pasar habiendo sorteado las circunstancias del combate era que nos quedáramos sin combustible antes de llegar por excesivo consumo en el rasante. En eso estábamos bien, tratamos de respetar el “mosca” (mínimo combustible para el retorno con un sobrante), para no quedarnos sin el precioso jugo.

Y lo otro era la plantada del motor; con un solo motor el riesgo de plantada siempre estaba y ahí no había otra que caer al agua, con pocas esperanzas de ser rescatados (los buques de rescate habían sido atacados por la aviación pirata). Pero teníamos confianza en nuestros aviones, nunca nos dejaron “a pata” en la guerra, aunque en tiempos de paz varios son los que probaron el asiento eyectable.

Al divisar la pista de Río Gallegos le digo al “uno”, “Señor, es el Día de la Patria, ¿hacemos un pasaje por la ciudad?” “¡Está loco, ´Rinche´!”, me dice, “¿Quiere que nos tiren los nuestros?”, acota. El recibimiento de los mecánicos fue muy emotivo, no lo podían creer.

Salvamos el honor del “Turco” Palaver, que Dios lo tenga en la gloria. Resultado de la operación: destructor T 42 Coventry, hundido; fragata T 22 Broadsword, averiada. Los cuatro halcones regresados sin novedad.

Carlos “Palo” Rinke es comodoro (r) y veterano de la Guerra de Malvinas. En ese momento era teniente.
Escrito por Carlos “Palo” Rinke
Primicias Rurales
Buenos Aires, NA
Una bandada de cisnes negros…!

Una bandada de cisnes negros…!

Escribe Susana Merlo

Buenos Aires, 1 de abril (PR/22) .- Un cisne negro es una rareza. Justamente por eso, cuando aparece una situación extraordinaria, o se deben prever los hechos más infrecuentes, en esos casos se apela a la figura del “cisne negro” como forma de calificación.

La sentencia, sin embargo, no parece valer para el campo argentino. Por hablar solo del último quinquenio, hubo 3 períodos consecutivos de seca; una bajante histórica del Paraná (que aún subsiste); y un récord de presión impositiva no comparable con ningún otro período previo, y menos aún, con cualquier otro país competidor en alimentos.

Pues bien, esos “cisnes”, que aún permanecen, parece que no alcanzaron y apareció el Covid que es cierto que afectó a todos, pero con una incidencia especial en los sectores más dispersos y alejados geográficamente, en especial, durante el primer año de cuarentena algo más que estricta que, incluso, impedía el paso entre provincias.

Luego vinieron temperaturas de verano récord en 80 años, e incendios infrecuentes, como los del verano pasado, que arrasaron con cerca de 2 millones de hectáreas (solo Corrientes tuvo alrededor de un millón), y que provocaron pérdidas que aún no se terminan de magnificar.

Completando la seguidilla, las heladas tempranas de fin de marzo dieron el golpe de gracia a las soja en plena floración y llenado. Obvio, las pérdidas se van a computar recién a la hora de exportar, cuando los dólares no estén.

¿Podía aparecer algo más?.

¡Si!, y surgió la invasión de Rusia sobre Ucrania y el conflicto bélico que desde fines de febrero terminó de descalabrar los mercados que ya estaban alterados después de 2 años de pandemia… Petróleo y gas en precios extraordinarios; también el trigo y el girasol (ya que ambos países son fuertes productores y exportadores), que arrastraron al resto. Un nuevo mapa de la logística, y reacomodamiento alcista de precios que afectó en forma bien distinta a los países “compradores”, que deben gastar más para comprar la misma cantidad de alimentos; y a los países “vendedores” que, si bien están afrontando mayores costos (por energía, transporte, etc.), están teniendo ingresos inesperadamente altos que afirmaron los valores bien por sobre la media que ya traían los productos.

Así, a la solidez mundial de la carne vacuna; de la leche a alrededor de U$S 4.000 la tonelada (leche en polvo); la soja de U$S 600/tn; o el maíz rondando los U$S 300/tn, se agregó el trigo que, aunque ahora se ubica en algo menos de U$S 400/tn, llegó a superar los U$S 500/tn al principio del conflicto, valor absolutamente extraordinario para este cereal.

Con semejante escenario, cualquier país exportador hubiera estado haciendo las cuentas sobre como invertir los montos extra que no habían sido ni remotamente previstos el año pasado y, mucho menos, hace 2-3 años atrás.

La salida más rápida de la recesión Covid seguramente hubiera estado entre los objetivos centrales; una mayor producción para el próximo ciclo; renovación de equipamiento; gastos atrasados en infraestructura (alambres, corrales, molinos, etc.), todo lo cual significa más movimiento económico y mayor (o, al menos, alguna) reactivación.

En su lugar Argentina opta por “cerrar” la economía, restringir exportaciones (por la “Mesa de los argentinos”), y también las importaciones porque no hay dólares…¡Un verdadero tiro en el pie!.

En lugar de distender, se contrae, y en lugar de crecer, se achica.

Lo peor es que estos precios mundiales extraordinarios no son sostenibles en el tiempo. Paulatinamente deberán tender a bajar para acomodarse en sus promedios, aunque en el caso del trigo y girasol, probablemente, se tarde uno o dos ciclos extra.

Los países desarrollados tenderán a bajar la alta emisión que implicó la pandemia, y con eso todos los precios deberán ir acomodándose, tal como va a ocurrir cuando se solucione el conflicto bélico en el Mar Negro, pero mientras tanto, los que tienen producción la colocan. Así está haciendo Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, por mencionar unos pocos países de alrededor.

Haciendo lo contrario, ¿quién puede querer invertir??.

Seguramente, ni siquiera los productores agropecuarios…

Fuente: Campo2.0

Primicias Rurales

Un terremoto inflacionario que rompe todas las escalas impositivas

Un terremoto inflacionario que rompe todas las escalas impositivas

Marzo 7 (PR/22) — La inflación es una palabra que volvió a figurar en los diccionarios económicos de todo el mundo, tras la fuerte emisión monetaria que ocurrió en muchos países para solventar los gastos de la pandemia.

Pero en Argentina no es ninguna novedad: aprendemos esa palabra casi al mismo tiempo que comenzamos a caminar. Y está tan presente en nuestra agenda cotidiana, que vale la pena siempre analizar su impacto: en esta oportunidad, en los ajustes anuales de los principales impuestos afectados por ella: Monotributo, Ganancias y Bienes Personales.

MONOTRIBUTO

Se actualizan los parámetros en un 26%, con la justificación del ajuste del segundo semestre del 2021, sin considerar lo sucedido con el resto de las categorías y parámetros. En dicho año se actualizaron al 35% todos los parámetros de mera desfasada y retroactiva; esto ocasionó la modificación y la incorporación del “famoso puente”, y junto a esta modificación se incorporó un ajuste en el segundo semestre, solamente del parámetro de los ingresos. En concreto, se ajustaron los ingresos de las categorías como en el caso de “C” en un 36% adicional, mientras que las categorías “I, J y K”, solo un 5%. Ergo, hay categorías que acompañaron la inflación y otras quedaron muy por debajo.

Así, la falta del ajuste completo del monotributo castiga a todos los contribuyentes, porque más allá de la situación del ingreso, son tan relevantes los otros parámetros que se encuentran desfasados hace un año y con una actualización del 26%, seguimos corriendo a la velocidad de la tortuga mientras la inflación se dispara como la liebre.

El botón que sobra como muestra: si comparamos el monotributo en la categoría máxima, en 2001 eran U$S 144.000, mientras que en 2022 a tipo de cambio oficial equivale a U$S 44.000. Y cada devaluación, es incluso menos.  Estos montos representan una caída del 69% y 85% según el tipo de cambio que se considere, es decir, tenemos una escala que hace 21 años era 3 veces mayor a la actual y 6 veces si lo si consideramos el tipo de cambio paralelo.

GANANCIAS

Este impuesto presenta las mayores distorsiones en virtud de los años trascurridos sin ajustes. Vale recordar que recién en 2017 se actualizó la escala, pero de manera desfasada respecto de la inflación acumulada en los 15 años anteriores. Y desde entonces, se viene aplicando un único ajuste en el mes de enero de cada año (actual 50,62%), y que está desfasado un año entre la aplicación y el cierre del ejercicio, lo que suma a la distorsión.

En este sentido, si comparamos los montos de la escala para acceder al impuesto máximo, para el año 2001 dicho monto representaba U$S 120.000, en tanto que para el año 2021 representa U$S 9.834. La actualización de la escala a enero significa pasar a U$S 14.812, pero este monto irá disminuyendo de manera proporcional a la devaluación que ocurra a lo largo del año.

Dicho de otra manera: el 2021 cerró con una caída del 91,81% de la escala y el 2022 comenzó, en solo dos meses con una caída del 87.66%, en ambos casos comparando con 2001.

¿Qué sucede con las empresas agrícolas?

Como es usual, hacemos la comparación de la escala en valor relativo de los principales productos agrícolas como es el caso de la soja y el maíz, con sus valores promedios anuales. Aquí las distorsiones son un terremoto que rompe todas las escalas: en el caso de la soja, el monto de la escala máxima equivalía en 2001 a 660 toneladas; mientras que en 2021 fueron solo 33. En maíz, se bajó de 1.264 toneladas a solo 55.

En resumen: La escala del 2001 es 20 veces mayor a la escala actual en soja, y 23 veces en el caso del maíz.

¿Y el ajuste por inflación?

Para los cierres de diciembre en adelante se aplica al 100%. Pero hay que destacar que no siempre juega a favor del contribuyente; por el contrario, si las empresas hicieron una correcta estrategia financiera con un alto nivel de endeudamiento, puede terminar incrementando el impuesto determinado. Este ajuste depende de la estructura patrimonial inicial y los movimientos a lo largo del año, siendo cada empresa un caso en particular de la manera en que la afecta.

BIENES PERSONALES

Fue un tema álgido en el cierre del año 2021. Y por más patas que le busquemos al perro, la realidad es que siempre la inflación le gana a los ajustes y este impuesto no es la excepción.

Haciendo otra vez la comparación con 2001, en aquel entonces el Mínimo No Imponible eran U$S 102.000; con el ajuste de 2007, bajó a U$S 100.000; y en el cierre de 2021, se redujo a apenas U$S 57.000, a tipo de cambio oficial, o sea, una caída del 44% en el monto del MNI, que hace que el monto de hace 20 años sea cerca del doble del actual.

CONCLUSIÓN

La inflación nos corre mensualmente, lo que hace que pensemos en valores relativos, costos de oportunidades y dólares, solo por mencionar algunas variables que nos tienen siempre pendientes a los argentinos, y que en el resto del mundo no generan preocupación.

Para entender dónde estamos con los impuestos y de dónde veníamos, es necesario aplicar el mismo análisis y con ello podremos entender de dónde viene el incremento desmedido de la presión fiscal, no solo por cambios de alícuotas o nuevos impuestos, sino por aquellos viejos conocidos que pasaron durante años desapercibidos y sometidos a un deterioro que repercute en una mayor tributación.

Esto nos deja pensando que no hace falta generar nuevos impuestos para tener mayor presión, sino no actualizarlos correctamente y que la inflación haga el trabajo sucio.

Estas tematicas seran desarrolladas durante el año dentro del Programa de Actualización Tributaria

 

Primicias Rurales

Fuente: AgroEducación

Lic. Mariano Echegaray Ferrer

www.echegarayferrer.com

Una bandada de cisnes negros…!

Entre dos fuegos…

Escribe Susana Merlo

Buenos Aires, 1 marzo (PR/22) –Los acontecimientos nacionales e internacionales de las últimas semanas, dejaron en descubierto la precariedad en la que se vive, que puede verse alterada por cuestiones fortuitas, pero también por imprevisiones cada vez más frecuentes, al menos, en la esfera nacional, lo que termina alterando totalmente los proyectos, y el futuro, de mucha gente.
En este planteo se enmarca la inesperada invasión de Rusia a Ucrania, que causó una conmoción con final imprevisible, y que además de la lamentable cantidad de muertes ya provocadas, alteró sustancialmente los mercados, y las relaciones del comercio mundial. Y eso, en el caso de los alimentos y agroindustria, impacta de lleno en los productores locales, a pesar de la aparente lejanía con la zona de conflicto.
El otro tema, mucho más cercano, fue absolutamente previsible y, por lo tanto, hubiera sido evitable en muchos de sus efectos negativos. Eso, claro está, si se hubieran tomado los recaudos que correspondían, lo que no se hizo. Hablamos de los incendios rurales, que se producen todos los años, pero que esta vez cobraron una particular dimensión.
Y en este punto vale la pena un paréntesis, pues se volvió costumbre en Argentina, hacer las correcciones después que ocurren los desastres y no antes. Ocurrió con las inundaciones de la Capital Federal; con el accidente del tren en Once, con la demora para comenzar la vacunación del Covid, o ahora con los incendios en Corrientes, entre otras muchas cuestiones. Parece que no hubiera conciencia, incluso, sobre el mayor costo de tener que salir a arreglar y/o corregir las cosas, en lugar de prevenirlas evitando, además, todos los daños colaterales.
El caso es que después de casi dos meses de incendios (que comenzaron a fines de diciembre), las autoridades provinciales primero, y luego las nacionales, se dieron por enteradas de que el fuego estaba arrasando.
Fue mucho más rápida y espontánea, la reacción de la gente, y de los países vecinos, que la de las propias autoridades locales que hasta tuvieron que ser “forzadas” para que visiten las zonas más afectadas por el fuego, y hasta prefirieron sobrevolarlas, que “bajar a tierra”, y mezclarse con socorristas y voluntarios.
No hubo un alerta temprano de incendios, ni un comité de emergencia interdisciplinario armado. No aparecieron partidas previstas para estas contingencias, ni para lo que viene ahora que es mucho peor, porque ya no contará con la adhesión social, y mucho menos la mediática. En las primeras semanas la lucha fue voluntaria, sin conducción, ni mandos, y solo fuerzas disciplinadas, como el Ejército o la Gendarmería, actuaron de hecho ante el desastre que se estaba desarrollando, pero no porque hubiera alguna coordinación. Obvio que tampoco hay cadena de responsabilidades.
Lo cierto es que aún hoy, se siguen corrigiendo trabas burocráticas, de organismos que no se habían preparado para la emergencia, y que ahora se van adaptando sobre la marcha, por cierto, con pesadas demoras perfectamente evitables.
Así ocurrió con el Senasa, con Vialidad (nacional y provincial), con servicios de bromatología, marcas y señales, y todo el circuito de burocracia que debería haber ayudado a hacer algo más fácil la situación para los pobladores, y los animales afectados.
Pero si lo sucedido no deja enseñanzas, entonces solo fue un daño inútil.
¿Y que se está haciendo para lo que viene?. ¿Cuál es la ayuda efectiva para los que perdieron todo o una buena parte?, ¿Cuál es la liquidez que se le va inyectar, o realmente los funcionarios creen que con créditos con algunos puntos de tasa subsidiada alcanza para que puedan volver a arrancar?,
¿Cuáles son las órdenes que dieron en todos los organismos involucrados para corregir, y preparar circuitos de emergencia automáticos para una eventual nueva catástrofe?.
¿Qué están proponiendo concretamente las entidades de productores para esto?. ¿Una red certificada, o controlada, de campos que puedan recibir hacienda?, ¿un banco de forrajes diferidos para socorrer a los afectados que se quedaron sin pasto para la hacienda que sobrevivió?, ¿alguna idea superadora para pasar el invierno, y encima en muchos casos sin instalaciones (porque se quemaron)?, ¿qué va a pasar en esas zonas con la campaña de vacunación antiaftosa que comienza en 10 días?.
¿Qué mecanismo pensaron las propias organizaciones del campo para evitar los abusos con los afectados y que, lamentablemente, suelen darse con frecuencia en las zonas de desastres, mayormente en forma de sobreprecios? (de pastajes, alimentos, etc.).
Mucho para considerar, y un replanteo imprescindible -oficial y privado- que, hasta ahora, no aparece…

Primiccias Rurales

Fuente: Campo 2.0

El Gobierno traslada al Congreso sus tensiones internas: ¿verá la luz el proyecto de acuerdo con el FMI?

El Gobierno traslada al Congreso sus tensiones internas: ¿verá la luz el proyecto de acuerdo con el FMI?

Por Emiliano Rodríguez*.
Buenos Aires, 26 febrero (Especial de NA) — Mientras el conflicto bélico suscitado en Ucrania tras la invasión de Rusia mantiene en vilo al mundo el entero, los engranajes de la política doméstica se aprestan a reanudar su actividad cotidiana tras el letargo parlamentario de los meses de verano.
En medio del feriado de carnaval del próximo martes 1° de marzo, el presidente Alberto Fernández asistirá al Congreso para dar el puntapié inicial al año legislativo 2022, con la inauguración de las sesiones ordinarias y la expectativa puesta especialmente en el memorando con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El Parlamento nacional será entonces escenario del reencuentro entre el primer mandatario, su vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el hijo de la líder del Frente de Todos (FdT), Máximo Kirchner, tras la renuncia de éste último como jefe de bloque en la Cámara de Diputados por estar en desacuerdo con los lineamientos del trato con el Fondo.
Fernández y Cristina volverán a mostrarse juntos en momentos en los que el ala “albertista” del Gobierno soporta una intensa embestida por parte de referentes del núcleo duro kirchnerista con motivo justamente del principio de entendimiento al que llegó la Argentina con el FMI por su deuda de alrededor de 44.500 millones de dólares con ese organismo internacional.
Se espera que el jefe de Estado, en su discurso ante la Asamblea Legislativa, abogue por la unidad del oficialismo, pese a que largamente quedaron expuestas en las últimas semanas las tensiones internas, las fricciones y las fracturas que existen en el seno de la coalición gobernante.
A la luz de los acontecimientos, aquel desplante de Máximo Kirchner se constituyó en apenas el primer paso de un decidido intento del kirchnerismo por evitar que el acuerdo con el FMI se rubrique finalmente en los términos anunciados originalmente por el ministro de Economía, Martín Guzmán.
En este contexto, las nuevas fricciones y las desavenencias suscitadas en el FdT a partir del memorando de entendimiento con el Fondo propiciaron lisa y llanamente el fracaso de las sesiones extraordinarias que había anunciado el Gobierno para este verano en el Congreso, donde la actividad comenzará de manera formal en 2022 el martes venidero.
El año legislativo se iniciará, de todos modos, en medio de una densa incertidumbre en torno de la suerte que finalmente correrá el proyecto sobre el acuerdo con el FMI cuando tome estado parlamentario, dada la oposición que ejercen como fue dicho sectores del propio oficialismo dentro del FdT.
Para el núcleo duro kirchnerista, los requerimientos incluidos en el principio de entendimiento con el Fondo, en especial los relacionados con el ámbito fiscal -y que persiguen un ajuste por parte del Estado-, dinamitan las aspiraciones electorales del FdT con vistas a los comicios presidenciales de 2023 y robustecen, en cambio, las probabilidades de victoria de Juntos por el Cambio (JxC) en esa votación nacional.
Si bien el Gobierno no ha logrado mostrar un rumbo económico certero desde que Fernández tomó el mando en la Casa Rosada -más allá de que es cierto que su gestión se vio atravesada por un acontecimiento excepcional como lo fue y lo es la pandemia de coronavirus-, el pacto con el Fondo supone un nuevo escenario para el oficialismo en el ejercicio del poder.
Porque hasta el final del mandato las políticas económicas de la alianza gobernante se verían regidas por los lineamientos incluidos justamente en el acuerdo con el FMI y es ésta una situación -un condicionante- que genera ruido, preocupación e incluso malestar en filas kirchneristas.
Sobre todo porque la Argentina llega a esta instancia a partir de un préstamo multimillonario solicitado al Fondo por la anterior gestión, encabezada por Mauricio Macri, en busca de allanar su camino hacia una reelección, la que finalmente -como se sabe- quedó frustrada con la derrota en las urnas en 2019.
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La agenda de la oposición.
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Al kirchnerismo lógicamente no le cierra la idea de restringir el gasto social y adentrarse en un plan de ajuste que podría afectar a sectores populares sobre todo de la provincia de Buenos Aires y del Conurbano, allí donde el FdT y en especial Cristina atesoran su principal capital electoral, como quedó demostrado en los comicios legislativos del año pasado.
Esa votación nacional, justamente, propició un fortalecimiento de JxC en el Congreso, donde después de haber forzado a Máximo Kirchner y al FdT a morder el polvo en la discusión parlamentaria sobre el Presupuesto de 2022 en la Cámara de Diputados, ahora ese espacio buscará imponer su propia agenda de temas.
La derogación de la Ley de Alquileres y el impulso de los proyectos sobre Boleta Única y Ficha Limpia se ubican al tope de la nómina de iniciativas que la coalición opositora planea motorizar este año en el Parlamento, luego de que el oficialismo dejara de gozar del beneficio del “quorum propio” en el Senado – recinto liderado por Cristina-.
Por otra parte, a los estregones internos generados a partir del acuerdo con el Fondo en el FdT se sumó en los últimos días un nuevo acontecimiento discordante -en filas del oficialismo, al menos-, como lo es la inexplicable invasión de Rusia a Ucrania en momentos en los que el mundo a duras penas está comenzando a recuperarse de una devastadora pandemia de Covid-19.
El núcleo duro kirchnerista, que simpatiza con el régimen que lidera Vladimir Putin, ha mantenido silencio desde el inicio del conflicto armado en Ucrania, con Cristina a la cabeza, mientras que Fernández lamentó la “escalada bélica” y pidió a Rusia que “ponga fin a las acciones emprendidas”, aunque se abstuvo de condenar la invasión y el derramamiento de sangre.
Incluso como un eslabón más su errática política internacional actual -y apenas días después de que el propio Fernández le propusiera a Putin en Moscú convertir a la Argentina en una “puerta de entrada” para Rusia en América Latina-, el Gobierno evitó en las últimas horas acompañar una declaración de la OEA que condenó enérgicamente el accionar ruso.
En la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Argentina mostró una postura similar a la expresada por Bolivia, Nicaragua e incluso Brasil, cuyo presidente, Jair Bolsonaro, también se entrevistó con Putin en Moscú apenas días antes de que el líder ruso ordenara la invasión de Ucrania.
“Brasil es el principal socio comercial de Rusia en América Latina y el Caribe”, dijo Putin, al término de esa reunión. En estas últimas horas, el ataque ruso a Ucrania parece haber ocasionado un peculiar escenario en estas latitudes en lo que se refiere a reacciones oficiales, con “paralelas ideológicas” que en definitiva parecen tocarse el final del camino.
Si bien se presume que el objetivo de Putin es derrocar al gobierno de Volodymyr Zelensky y evitar así que Ucrania se convierta en un terreno fértil, en el caso de un eventual ingreso a la OTAN, para que la Organización del Tratado del Atlántico Norte ubique misiles apuntando hacia el Kremlin a poco más de 500 kilómetros de distancia de Moscú, el panorama en torno de esta guerra en ciernes se mantiene verdaderamente incierto de momento.
Finalmente, de regreso a la Argentina, y en medio de un reclamo de la embajada ucraniana en Buenos Aires para que el Gobierno se pronuncie de manera más enérgica frente al conflicto, quien sí se manifestó en forma contundente al respecto fue el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa.
El líder del Frente Renovador condenó en redes sociales lo que denominó como un “ataque e invasión” de Rusia a Ucrania y cargó contra Putin, al nombrarlo como un líder que no entiende de “principios democráticos”, para tensar de esta manera aún más su relación -la de Massa- con el Instituto Patria.
(*) – Director periodístico de la agencia Noticias Argentinas (NA); erodriguez@noticiasargentinas.com; TW: efrodriguez012.

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Fuente: NA