Ago 21, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro, Política
Tras un tenso plenario de comisiones donde expertos alertaron sobre el devastador consumo de agua y energía, el oficialismo busca dictaminar la próxima semana el megaproyecto de inversiones de frontera tecnológica.
Por Sebastián Hadida
Buenos Aires, viernes 21 agosto (PR/26)– Luego del intenso plenario de comisiones desarrollado este miércoles en el Senado, la bancada del oficialismo tomó la decisión de acelerar los plazos y buscará firmar el dictamen de mayoría la próxima semana, a pesar de las severas advertencias emitidas por los especialistas.
Fuentes directas de la Cámara alta confirmaron a la Agencia Noticias Argentinas que los sectores dialoguistas han solicitado retoques puntuales al proyecto durante el debate conjunto entre las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Economía e Inversión, y Legislación General.

El cronograma previsto contempla escuchar una última ronda de expositores en los próximos días y, de manera inmediata al término de las presentaciones, pasar a la firma del despacho en el Salón Azul para dejarlo listo para el recinto.
Una ley pensada para megainversiones de frontera tecnológica
Esta ambiciosa iniciativa impulsada directamente por el Ministerio de Economía ya cuenta con la aprobación previa y la media sanción emitida por la Cámara de Diputados desde el pasado 24 de junio.
El régimen del Súper RIGI fue especialmente estructurado con la clara intención de atraer megainversiones destinadas a sectores no tradicionales como la inteligencia artificial, la biotecnología y las energías renovables.
Para acceder a esta batería de beneficios se requiere un piso indispensable de 1.000 millones de dólares, una cifra substancialmente mayor en comparación con los 200 millones contemplados en el marco del RIGI original.

Las empresas elegibles recibirán un horizonte inédito de estabilidad fiscal, cambiaria y aduanera fijado en 30 años, protegiendo los desembolsos de eventuales modificaciones normativas durante ese extenso ciclo.
A diferencia del esquema normativo previo, este programa concede una ventana temporal de inscripción de 5 años más un año extra prorrogable, dejando fuera a recursos naturales e infraestructura.
Fuerte controversia por el impacto hídrico y Ambiental
Durante las audiencias, el referente económico de la Fundación Fundar, Guido Gak, alertó fehacientemente sobre la eventual dilapidación de recursos esenciales a largo plazo, recordando que el consumo de agua de un centro de datos se extiende más allá de tres décadas.
Por su parte, la ex funcionaria nacional y titular de la ONG Géneras, Micaela Sánchez Malcolm, hizo hincapié en las marcadas indefiniciones del marco regulatorio, remarcando la enorme demanda de tierra, electricidad y agua que exigen estos centros.
La especialista argumentó además que la capacidad de creación de empleo permanente resulta extremadamente reducida, ya que una vez concluida la fase inicial de construcción, estas instalaciones operan con plantillas de escasos trabajadores.
El reclamo de las provincias y el riesgo de cesión de soberanía
Desde una perspectiva federal, la vocera de CEPPAS, Florencia Gómez, cuestionó duramente la falta de previsión respecto a los estragos acumulativos en provincias del Interior como Catamarca y La Rioja que hoy ya sufren escasez hídrica.
En esa misma dirección, el representante de la Asociación de Abogados/as Ambientalistas, Enrique Viale, advirtió enfáticamente sobre una inminente crisis hídrica, energética y territorial gatillada por esta legislación.
Viale fustigó duramente el peligro de otorgar prioridades absolutas sobre los recursos naturales frente a futuras necesidades locales, señalando que la norma genera un marco blindado de cláusula pétrea que terminará dirimiéndose en tribunales de Washington.

El jurista graficó que un data center genera un empleo similar al de un supermercado medio, entregando en la práctica zonas de sacrificio a favor de magnates globales como Peter Thiel sin lograr encadenamiento productivo real.
Finalmente, la investigadora del Conicet, Luciana Ghiotto, criticó enérgicamente la ausencia total de una política industrial estratégica y catalogó la iniciativa como la entrega de un gravísimo cheque en blanco a sectores no definidos.
Primicias Rurales
Fuente: noticiasargentinas.com
Ago 19, 2026 | Actualidad, Política
A 176 años de su Paso a la Inmortalidad, la vicepresidenta recordó la trayectoria militar del General José de San Martín y utilizó su figura para reivindicar la defensa de la soberanía nacional.
Buenos Aires, miércoles 19 agosto (PR/26)–Luego de su paso por Venado Tuerto, donde participó de una exposición rural y volvió a pedir la eliminación de las retenciones al campo y a la industria, la vicepresidenta Victoria Villarruel dedicó este lunes un mensaje al General José de San Martín.
A través de sus redes sociales, la vicepresidenta recordó el Paso a la Inmortalidad del Padre de la Patria y definió al prócer como “un militar de raza”, cuya enseñanza central fue que “la libertad no se negocia, se conquista con disciplina y valor”.
El mensaje llegó apenas un día después de sus declaraciones políticas en la Expo Venado 2026, donde volvió a insistir con sus planteos económicos frente al sector agropecuario e industrial.
De San Lorenzo al Cruce de los Andes
En su publicación, Villarruel repasó los hitos más importantes de la carrera militar de San Martín. Recordó cómo, en un momento crítico de la Revolución, el general reformuló la estrategia de guerra y creó el Regimiento de Granaderos a Caballo.
Ese regimiento tuvo su bautismo de fuego en el Combate de San Lorenzo, el primer gran antecedente de una carrera que luego lo llevaría a organizar, desde Mendoza, al Ejército de los Andes.

Desde allí encabezó el Cruce de la Cordillera, una de las operaciones militares más audaces de las campañas independentistas sudamericanas, que abrió el camino hacia Chile y, más tarde, hacia Perú.
La vicepresidenta también destacó las victorias de Chacabuco y Maipú, y remarcó que no fueron fruto del azar, sino del compromiso y la estrategia de los soldados que participaron de las campañas.
Un legado que sigue marcando la agenda política
“San Martín nos dio la Independencia y nos entregó una Nación soberana”, afirmó Villarruel, en un mensaje que tuvo como eje central el concepto de soberanía nacional.
En ese sentido, sostuvo que “su ejemplo es el norte de los argentinos que no se arrodillan y que defienden la soberanía nacional todos los días”, y cerró su publicación con un homenaje directo al prócer: “¡Gloria y honor al Gran Capitán!”.

José de San Martín murió el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia. Esa fecha quedó establecida en el calendario argentino como el día de su Paso a la Inmortalidad.
Su figura tuvo un rol central en los procesos independentistas de América del Sur: además de la emancipación de las Provincias Unidas del Río de la Plata, encabezó la campaña libertadora de Chile y participó de la expedición que impulsó la independencia de Perú.
A 176 años de su muerte, Villarruel volvió a apoyarse en el legado de San Martín para instalar, una vez más, los conceptos de independencia, libertad y soberanía nacional en el centro del debate político.
Primicias Rurales
Fuente: Perfil
Ago 10, 2026 | Columnas, Política
Un análisis político que repasa una semana compleja para el Gobierno, marcada por conflictos gremiales, tensiones legislativas y el peso de la economía cotidiana.
Por Sergio Marcelo Mammarelli
Abogado laboralista, especialista en negociación colectiva.
Ex Titular de la Catedra de Derecho del Trabajo y Seguridad Social de la Universidad Nacional de la Patagonia.
Autor de varios libros y Publicaciones.
Ex Ministro Coordinador de la Provincia del Chubut
Cuando la realidad empieza a independizarse del relato
Buenos Aires, martes 18 agosto (PR/26) — Los politólogos la denominan la “fatiga del tercer año”. Es la fase donde la «herencia recibida» deja de ser una explicación válida para el electorado, convirtiéndose en el único responsable de la situación del país. Dicho de otro modo, el fin de la Herencia.
El electorado deja de reclamar a los antecesores y exige resultados directos al mandatario actual. Hasta ahora, el Gobierno bifurcaba la responsabilidad hacia atrás (el pasado kirchnerista) y hacia abajo (la provincia de Buenos Aires). Ante el bajo perfil actual de Kicillof, esta estrategia pierde efectividad.
Sin embargo, a no preocuparse. No cayó ningún ministro. No hubo una corrida cambiaria. No explotó el dólar. No hubo una crisis institucional. Sin embargo, sospecho que ésta fue una de las peores semanas del Gobierno de Javier Milei y nadie sabe cómo seguirá.
Se alinearon los planetas.
No por una catástrofe, sino por algo más peligroso. Comenzaron a coincidir señales que hasta ahora podían analizarse por separado. El Congreso, las encuestas, la aparición anticipada de candidatos para 2027, la actividad económica, la morosidad de las familias, el paro docente, la paralización de los puertos y, finalmente, la voz de la Iglesia en San Cayetano.
Cuando hechos provenientes de lugares tan diferentes empiezan a contar una historia parecida, conviene dejar de mirar cada árbol y empezar a observar el bosque.
Lacunza dijo mucho más que “quiero ser presidente”
Hernán Lacunza decidió anticipar una candidatura que todavía nadie le había pedido. Quiere competir por la Presidencia en 2027 desde un PRO con identidad propia, independiente de La Libertad Avanza. Puede parecer prematuro, pero no lo es.
Nadie comienza a imaginar una candidatura contra un presidente cuya reelección considera inevitable. Pero lo más interesante de Lacunza no es Lacunza. Es la palabra que introduce en la discusión: consenso. Pero no consenso entendido como reparto de cargos, componenda o contubernio de la casta o estrategia electoral. Consenso como garantía de continuidad.
Una reforma tributaria, laboral, previsional, monetaria o productiva puede necesitar diez o veinte años para mostrar sus resultados. Si cada presidente destruye lo que hizo el anterior, no existe política económica: existe una sucesión de experimentos.
Lacunza no propone volver al déficit ni reivindica la emisión. Su crítica es bastante más incómoda para Milei: acepta buena parte del diagnóstico económico libertario, pero pregunta por la sustentabilidad política del tratamiento. La estabilización no alcanza si no genera crecimiento socialmente perceptible. Y ninguna transformación es histórica si desaparece con el presidente que la hizo.
La candidatura de Lacunza puede terminar en nada. La pregunta que instala, en cambio, ya quedó flotando: ¿Qué queda del mileísmo después de Milei?
Sin duda, nada de lo que habla Lacunza no fue previamente consensuado con Macri, a quién buena parte del Pro le pedía que fuera candidato en el 2027. Y esto seguramente obligará a que muchos dirigentes de ese espacio repiensen su futuro, antes de pensar en adherir a LLA.
Una victoria que obligó a retroceder
Después vino el Senado. El Gobierno consiguió media sanción para la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada: 37 votos contra 33. Ganó. Pero para ganar debió retirar dos de los capítulos más controvertidos del proyecto: el referido a la extranjerización de tierras y el vinculado con las restricciones de uso sobre terrenos afectados por incendios. Y todavía falta Diputados. Toda una aventura legislativa, donde los gobernadores parecieron marcar cierta independencia a pesar de la dependencia económica del gobierno de Milei.
La cuestión, entonces, no es negar la victoria. Es preguntarse cómo se consiguió. Hubo un tiempo reciente en el que Milei imponía la agenda y obligaba a los demás a posicionarse alrededor suyo. Esta semana ocurrió algo diferente: los demás obligaron a Milei a modificar su agenda para conseguir los votos. Parece una diferencia semántica. En política es enorme.
Gobernar también consiste en determinar quién modifica la posición de quién. Esta vez cedió el Gobierno casi de la misma forma como comenzó en 2024. Y cuando un oficialismo festeja haber conseguido aprobar una versión reducida de aquello que originalmente quería aprobar, la victoria parlamentaria puede estar escondiendo una pérdida de poder político.
Las encuestas y el fenómeno Kicillof
Las encuestas no son elecciones y la Argentina posee un larguísimo historial de pronósticos fallidos. Pero sirven para registrar tendencias. Y las tendencias empiezan a ser reveladoras e incómodas.
Distintos relevamientos vienen mostrando un deterioro de la imagen presidencial, mientras Patricia Bullrich conserva un capital político propio y Axel Kicillof aparece cada vez más competitivo frente a Milei.

Lo de Kicillof es particularmente curioso. Está creciendo, haciendo casi nada. Callado frente a buena parte de los embates del Kirchnerismo. Sin responder cada provocación libertaria. Sin una campaña presidencial formal. Sin presentar todavía una gran propuesta nacional. Casi esperando. Una suerte de Alberto Fernández, pero esta vez sin Cristina eligiéndolo.
No anuncia un programa nacional. No recorre frenéticamente el país. No protagoniza una campaña presidencial. No rompe definitivamente con Cristina. Tampoco se somete públicamente a ella. No responde cada agresión de Milei. No intenta competir con el Presidente en volumen, insultos ni espectacularidad. Y, sin embargo, aparece. Ese es el dato político.
Mientras todos los demás actores necesitan hacer algo para existir, Kicillof empieza a existir nacionalmente haciendo bastante poco. Y quizá allí esté precisamente la explicación o la hipótesis de lo que puede estar pasando.
Milei habla permanentemente. Cristina interviene. El Kirchnerismo discute. La Libertad Avanza agrede. El Peronismo busca desesperadamente una renovación que todavía no encuentra. Kicillof espera.
En una política dominada por la sobreexposición, el silencio puede convertirse paradójicamente en una forma de diferenciación.
Pero existe una segunda explicación bastante menos favorable para él. Quizás Kicillof no esté creciendo. Quizás esté creciendo simplemente el casillero que ocupa.
Cuando aumenta el rechazo al Gobierno, alguien tiene que recibir electoralmente una parte de ese desencanto. Y cuando todavía no existe una alternativa opositora claramente constituida, el gobernador de Buenos Aires posee tres atributos formidables: gobierna el distrito electoral más grande del país, tiene conocimiento nacional y dispone de una estructura política propia.
¿qué ocurrirá cuando Kicillof tenga que hablar y hacer campaña?
Puede exponerse, desenmascararse y perder. Perfectamente posible. Pero también puede suceder lo contrario: que descubramos que estuvimos viendo crecer al principal competidor presidencial de Milei sin advertirlo. No sabemos cuál de las dos cosas ocurrirá. Lo significativo es que hace pocos meses la pregunta parecía absurda. Hoy ya no, aunque no sabemos qué ocurrirá realmente.
La tarjeta como encuesta
La noticia más preocupante para el Gobierno probablemente no esté en el Congreso ni en las encuestas. Está en los bancos. El Banco Central informó que en mayo la irregularidad de los créditos a las familias llegó al 12,8%. Para el conjunto del financiamiento al sector privado alcanzó el 7,7%, mientras que en las empresas fue del 3,5%.
Familias: 12,8%. Empresas: 3,5%. No estamos ante una crisis bancaria ni mucho menos. El propio Banco Central señala que el sistema conserva previsiones y capacidad para absorber potenciales pérdidas. Conviene decirlo para no anunciar ninguna catástrofe. Sin embargo, tal vez estemos frente a otra cosa: una crisis de capacidad de pago de una parte creciente de las familias.
Es cierto que la respuesta más cómoda la ensayó el Gobierno al decir que los bancos prestaron mal y que las personas se endeudaron irresponsablemente. Eso puede explicar casos individuales. Pero cuando el fenómeno adquiere semejante magnitud, la explicación moral empieza a quedarse corta.
Cuando millones de personas tienen simultáneamente dificultades para pagar, quizás no estemos ante millones de irresponsables que decidieron comportarse mal al mismo tiempo. Quizás estemos frente a un fenómeno económico.
¿Y si los argentinos no dejan de pagar porque son irresponsables, sino porque no les alcanza?
La diferencia es gigantesca. Si el problema es moral, debe resolverlo cada individuo. Si es económico, debe explicarlo la política económica.
De este modo, la tarjeta puede haberse convertido en una encuesta mucho más brutal que cualquier consultora. Al encuestador se le puede mentir. Al banco no.
Una economía que crece, pero no para todos
Sería falso afirmar que la economía argentina no crece. El INDEC estimó que el PBI aumentó 2,3% interanual durante el primer trimestre de 2026 y 0,7% respecto del trimestre anterior en términos desestacionalizados.
El problema aparece cuando dejamos de mirar solamente el promedio y preguntamos cómo se distribuye esa recuperación. Argentina tiene sectores extraordinariamente dinámicos vinculados a la energía, la minería, el agro y las exportaciones. Son imprescindibles. Generan dólares, inversión y una posibilidad real de transformación estructural. Sin embargo, la vida cotidiana de la mayoría transcurre también en otro universo: salarios, comercios, pymes, servicios, industria, alquileres, tarjetas y cuotas.
Es perfectamente posible que mejoren indicadores macroeconómicos mientras una parte importante de la sociedad siga sintiendo que no llega. Ese es el problema político.
En conclusión, si yo tengo dos pollos y usted ninguno, estadísticamente tenemos uno cada uno. El problema aparece a la hora de cenar. Con el PBI puede suceder algo parecido. En las elecciones no vota el promedio. Vota cada argentino, el que tenía un pollo y el que no tenía ninguno. Si, además, los que no lo tienen son muchos más, el problema además de político puede ser electoral.
El equilibrio fiscal no paga la tarjeta
Milei tiene razón cuando sostiene que ningún país puede vivir indefinidamente gastando más de lo que recauda. Tiene razón cuando señala que la emisión monetaria permanente destruye la moneda. Y tiene razón al denunciar décadas de irresponsabilidad fiscal. El problema aparece cuando de esas verdades se desprende otra conclusión: que alcanzaba con resolverlas.
El equilibrio fiscal puede ser una condición necesaria para construir una economía sana. Pero no es suficiente. Una familia no vive del equilibrio fiscal. Vive de su ingreso. Un comerciante no paga el alquiler con el riesgo país. Lo paga vendiendo. Una pyme no contrata trabajadores porque aumentaron las exportaciones petroleras. La contrata cuando necesita producir más. Y un trabajador no mide la recuperación económica mirando una planilla del INDEC. La mide cuando llega al día 30 y todavía tiene dinero en la cuenta y pareciera que eso no está ocurriendo.
Sturzenegger y los prácticos: negociar después del daño
Y para colmo de males la semana salió de las estadísticas y llegó a los puertos. El Decreto 690/2026, impulsado dentro de la política desregulatoria de Federico Sturzenegger, modificó el régimen de practicaje y pilotaje, una actividad altamente especializada y decisiva para la entrada y salida segura de buques. La reacción fue un paro que durante tres días paralizó terminales marítimas y fluviales y dejó más de un centenar de buques afectados.
Finalmente, el Gobierno suspendió la aplicación del decreto y abrió una mesa de negociación. Otra vez apareció la misma palabra que había pronunciado Lacunza: consenso.
No se trata de defender privilegios corporativos. El régimen de practicaje puede tener costos excesivos, regulaciones absurdas o intereses que deban revisarse. La pregunta es otra. ¿Era necesario paralizar los puertos para descubrir que antes de modificar una actividad técnica, estratégica y vinculada a la seguridad de la navegación convenía sentar alrededor de una mesa al Estado, las empresas y quienes conocen profesionalmente aquello que se pretendía reformar?
Negociar antes es política. Negociar después de paralizar los puertos es administrar una crisis. Y ésta fue otra semana en la que el Gobierno tuvo que retroceder.
Los docentes y el límite de explicar todo por las corporaciones
También hubo paro docente nacional. El Gobierno respondió con inspecciones y con la exigencia de garantizar la prestación mínima prevista para la educación como servicio esencial. CTERA sostuvo, por su parte, que el conflicto se origina en la falta de convocatoria a la paritaria nacional y en reclamos salariales y educativos.
Podemos discutir a los sindicatos docentes. Debemos hacerlo. Podemos discutir ausentismo, calidad educativa, resultados, privilegios gremiales y métodos de protesta.
Sin embargo, comienza a aparecer un problema conceptual que comienza a repetirse en muchísimos frentes. Si una familia no paga su tarjeta, es irresponsable. Si un docente protesta, es sindicalista. Si una universidad reclama, es una corporación. Si los prácticos paran, defienden privilegios. Si un gobernador reclama fondos, pertenece a la casta. Si un empresario cuestiona, es prebendario. Si un periodista critica, es ensobrado. ¿No será mucho?
Cada conflicto puede tener una explicación particular. El problema aparece cuando demasiados conflictos ocurren al mismo tiempo. Porque entonces empieza a resultar estadísticamente difícil sostener que todos están equivocados menos quien gobierna.
San Cayetano: cuando la planilla y el altar se encuentran
Si faltaba una imagen políticamente más incómoda, ocurrió con San Cayetano.
Cada 7 de agosto miles de argentinos vuelven a pedir aquello que resume una de las aspiraciones más elementales de cualquier sociedad: pan y trabajo. Este año la Iglesia volvió a colocar en el centro de su mensaje a quienes sufren, a los jubilados, a las personas con discapacidad, al trabajo digno y a quienes sienten que quedaron al margen.
Podremos estar de acuerdo o no con la Iglesia. Ese no es el punto. El dato político es que un actor social que no puede reducirse sencillamente a “Kirchnerismo”, “casta” o “corporación” comenzó a expresar, desde otro lenguaje, una inquietud parecida a la que muestran los números de la economía doméstica.
El Banco Central habla de mora familiar. La Iglesia habla de familias que sufren. Uno habla desde una planilla. El otro desde un altar. Y San Cayetano posee además una potencia simbólica imposible de ignorar. El Gobierno puede discutir con Cristina, enfrentar al Peronismo, cuestionar sindicatos, denunciar corporaciones o insultar periodistas.Pero es bastante más difícil explicarle a una multitud que peregrina para pedir pan y trabajo que su problema consiste en que todavía no comprendió correctamente las bondades de la macroeconomía.
La peor semana
Ahora intentemos por unos instantes, mirar la fotografía completa.
- Lacunza se imagina presidente y habla de consenso.
- El PRO vuelve a pensar una identidad independiente.
- El Gobierno consigue una victoria en el Senado después de retirar dos capítulos centrales de su proyecto.
- Bullrich conserva un capital propio.
- Kicillof se acerca sin siquiera haber desplegado una campaña presidencial.
- La mora familiar llega al 12,8%.
- Los prácticos paralizan los puertos y obligan al Gobierno a suspender una desregulación.
- Los docentes paran.
- Y en San Cayetano la Iglesia vuelve a hablar de quienes sufren, del trabajo y de la dignidad.
Ninguno de estos hechos, aisladamente, determina el 2027. Milei no está terminado. Sería una tontería afirmarlo.
Conserva un núcleo político importante. La inflación bajó de manera extraordinaria respecto del desastre heredado. El equilibrio fiscal constituye un activo real. Vaca Muerta, la minería y el agro ofrecen oportunidades enormes. Y enfrente todavía no existe una alternativa consolidada.
Del otro lado, Cristina divide. Kicillof genera resistencias. El Peronismo sigue discutiendo consigo mismo. El PRO todavía no sabe si acompañar a Milei, competir con él o intentar reemplazarlo. Lacunza apenas levantó la mano. Bullrich juega su propio partido.
Falta muchísimo. Milei perfectamente puede recuperarse y ganar. Sin embargo, existe una diferencia respecto de hace un año: ya no parece inevitable. Y cuando un liderazgo deja de parecer inevitable, comienza otra etapa política.
Durante más de dos años Milei tuvo una ventaja extraordinaria: explicaba el presente recurriendo al pasado. La inflación era consecuencia de Massa. El déficit, del Kirchnerismo. La pobreza, de décadas de populismo. La deuda, de la casta. La falta de inversión, de cien años de decadencia.
Muchas de esas explicaciones tenían fundamento. Pero gobernar produce un fenómeno inevitable. El pasado envejece y el presente empieza a tener dueño.
Después de dos años y medio será cada vez más difícil explicar la vida cotidiana exclusivamente por aquello que hicieron quienes ya no gobiernan. Quizás por eso ésta haya sido la peor semana del Gobierno. No porque haya perdido una gran batalla. Sino porque descubrió que debía librar demasiadas al mismo tiempo.
Milei todavía puede ganar. Kicillof todavía puede perder. Bullrich puede diluirse. Lacunza puede no llegar a ninguna parte. La economía puede acelerarse. Los salarios pueden recuperarse. La mora puede bajar.
Todo sigue abierto. Pero algo cambió. Hasta ahora Javier Milei había conseguido explicarles a los argentinos por qué la realidad era como era. Ahora comienza una etapa mucho más peligrosa para cualquier presidente. Aquella en la que los argentinos dejan de escuchar la explicación, miran su cuenta bancaria, miran el resumen de la tarjeta, miran cuánto deben, miran cuánto ganan, miran lo que sucede alrededor…y sacan sus propias conclusiones.
Quizás ésta haya sido la peor semana del Gobierno porque, casi silenciosamente, la realidad empezó a independizarse del relato.
Primicias Rurales
Por Sergio Mammarelli