Jesús: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.»

Jesús: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.»

Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,1-10):

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.»
Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.»
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Palabra del Señor

Parábola de la “Oveja Perdida”

Parábola de la “Oveja Perdida”

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15,1-32):

EN aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:
“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:
“Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
También les dijo:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
“Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.
Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”.
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor

Cada árbol se conoce por su fruto

Cada árbol se conoce por su fruto

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,43-49):

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis “Señor, Señor” y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose.»

Palabra del Señor

“¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?”

“¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?”

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

 

Evangelio de hoy en audio

Reflexión del Evangelio de hoy

Revisión oftalmológica para los ojos del corazón 

Proyecciónlo llama el psicoanálisis clásico freudiano al mecanismo de defensa utilizado por la persona en la que impulsos, sentimientos y deseos propios se atribuyen a otro objeto (sea persona, fenómeno, cosa externa).

La cuestión viene de lejos. Ya el autor sagrado recrea en el relato de la caída (Gén 3) un escenario cuyo denominador común se concentra en que el ser humano, a toda costa, busca eximirse de su actuación errada, buscando para ello -a tiempo y destiempo- un chivo expiatorio donde depositar el contubernio montado, quedando así inmaculado (según su planteamiento) y por ello con derechos para arbitrar los despropósitos ajenos, intentando a toda costa enmendar la plana al que ha sentado en el banquillo de los acusados.

El Maestro es categórico al respecto, formulando una cuestión que le sirve para sajar la ceguera y actuar como colirio para la misma: «– ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?» (Lc 6,39)

Hoyo que simboliza parálisis en el crecimiento integral del ser humano por abundancia de oscuridad, que no es otra cosa que ausencia de luz. Bien lo recita el refranero popular con aquello de: «Consejos vendo y para mí no tengo».

La parábola que el texto lucano pone en boca de Jesús, se convierte en piedra de clave que sostiene la estructura de la naturaleza esencial que somos, haciendo frente a las trampas en que se mueve el falso yo, invitándonos a transitar de manera permanente el camino del conocimiento de uno mismo, pudiendo decir con San Pablo: «Corro, no al azar; lucho, no contra el aire; sino que entreno mi cuerpo y lo someto, no sea que, después de proclamar para otros, quede yo descalificado» (1ª Cor 9, 26-27).

El apóstol de los gentiles es sabedor del peligro de los maquillajes, lifting y demás postizos que son garante de una «corona que se marchita» (v. 25); de facto, de disfrute limitado con la consiguiente insatisfacción.

La corona incorruptible, de la que se hace vocero S. Pablo, invitando a acoger -a tiempo y a destiempo-, al que es la Buena Noticia, con rostro y nombre concreto: Jesús, llamado el Cristo.

Aquel del que se canta según la oda de Gat, de los hijos de Coré, en el Salmo 83: «Dichoso el que encuentra en ti su fuerza y tiene tus caminos en su corazón»(v.6)

La sociedad de cada tiempo y la nuestra en grado superlativo vende el sentido de la vida en estuche de programas emocionales de felicidad, diseñados a medida del ego y por ello, infectados de autorreferencialidad, -como insiste hasta la saciedad el papa Francisco-, siendo por ello botín de cajón desastre.

La Buena Noticia no se cifra en estar exentos de problemas, combates, contrariedades, contratiempos, sino que «cuando atravesamos áridos valles, los convertimos en oasis» (v.7), porque quien se definió como  «el Camino» (Jn 14,6) se convierte en camino del caminante… y entonces se encarnan aquellas letras del poema de D. Antonio Machado: «Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar»…la de los perfectísimos, inmaculados… doctorcillos de la vida que se dedican a sacar pajas en ojo ajeno, teniendo vigas en los propios.

Ea!, que a cada uno se nos tome la tensión ocular… la del corazón, por si tenemos que pedir cita para revisión oftalmológica.

¿Qué diferencias hay entre la Iglesia Católica y los anglicanos de la Reina Isabel II?

¿Qué diferencias hay entre la Iglesia Católica y los anglicanos de la Reina Isabel II?

La Reina Isabel II, fallecida este jueves 8 de septiembre en la fiesta de la Natividad de la Virgen María, era la gobernadora suprema de la iglesia anglicana, la cual se desligó de la Iglesia Católica por diferencias en base a intereses.

1. El origen del nombre

Hasta inicios del siglo XVI, la Iglesia Anglicana o Iglesia Inglesa era una denominación dentro del papado para referirse a los fieles ingleses, tal como ahora se habla de la Iglesia Católica en Estados Unidos o Argentina. Por lo tanto dependía de Roma y del Papa.

2. La fundación

A inicios del siglo XVI, el Rey de Inglaterra era Enrique VIII, que quería separarse de su esposa, la princesa española Catalina.

Enrique VIII tuvo varios hijos con Catalina, pero solo sobrevivió su hija María. Luego de un largo proceso de nulidad, el Papa determinó que el matrimonio del Rey inglés era válido.

Lejos de esperar y obedecer la decisión del Papa, Enrique se casó con Ana Bolena. Tras la respuesta del Pontífice, en 1534, el Rey presionó al Parlamento para ser declarado como cabeza suprema de la Iglesia Inglesa.

De esta manera se origina un cisma y surge la Iglesia Anglicana como institución independiente de Roma.

La Iglesia Católica, en cambio, fue fundada por el propio Cristo y asentada sobre las bases de Pedro, Obispo de Roma, y los Santos Apóstoles. Por eso es llamada Santa, Única, Católica, Apostólica y Romana.

3. La cabeza

La primera cabeza de la Iglesia Anglicana fue Enrique VIII, y la sucesión de esta primacía se ha dado entre los posteriores reyes y reinas de Inglaterra, siendo la reina Isabel II la última. Ahora su hijo, el Rey Carlos III pasaría a ser la nueva cabeza.

Para los católicos, el primer Papa fue San Pedro y ha tenido una sucesión ininterrumpida hasta el actual Papa Francisco.

4. La doctrina

Los anglicanos han tenido varias etapas de cambios en su doctrina. Al principio sus creencias eran bastante parecidas a la del catolicismo, salvo la fidelidad al Papa.

Sin embargo, a causa de los intereses de los reyes, la influencia protestante y los cambios culturales de los últimos años la doctrina anglicana ha cambiado de acuerdo a las modas.

Hoy, por ejemplo, se admite la ordenación de mujeres como sacerdotes y obispos. Además, en julio de este año, han afirmado que no hay “no hay una definición oficial” de mujer.

El catolicismo, en cambio, ha mantenido una única doctrina desde los primeros siglos del cristianismo, en el que no se admite a mujeres “sacerdotisas”.

Para el exministro anglicano y ahora católico William Johnstone “en la Iglesia anglicana el sacerdocio es algo más parecido a un trabajo o a una carrera que a una llamada o vocación, por eso como los hombres y las mujeres pueden hacer los mismos trabajos, desde la perspectiva anglicana también pueden ser sacerdotes”.

5. Los que se van

En las últimas décadas son varios los laicos y ministros anglicanos que están abandonando la Iglesia anglicana y han pasado a formar parte de la Iglesia Católica.

Tanto es así que el hoy Papa Emérito Benedicto XVI, en 2009, publicó la constitución apostólica Anglicanorum Coetibus, en la que estableció el modo en el que los anglicanos pueden ingresar a la comunión plena de la Iglesia Católica.

Además, los diáconos, sacerdotes y obispos que dejan el anglicanismo pueden ser ordenados sacerdotes en la Iglesia Católica.

Es preciso mencionar que Gavin Ashenden, ex obispo anglicano y excapellán de la fallecida Reina de Inglaterra Isabel II, también fue recibido en la Iglesia Católica en 2019.

Esto dice el primer mensaje del Papa al sucesor de Isabel II de Inglaterra: el rey Carlos III

Esto dice el primer mensaje del Papa al sucesor de Isabel II de Inglaterra: el rey Carlos III

Ciudad del Vaticano, 9 septiembre (PR/22) – Tras la muerte de su madre, Isabel II de Inglaterra, el hasta hace poco príncipe de Gales ha pasado a convertirse en el rey Carlos III. Es ese también el título que ha elegido el Papa para dirigirse a él con un telegrama ante la muerte de la monarca.

A Su Majestad el Rey

Carlos III

Palacio de Buckingham

Londres

Profundamente entristecido por la noticia del fallecimiento de Su Majestad la Reina Isabel II, ofrezco mis más sinceras condolencias a Su Majestad, a los miembros de la Familia Real, al pueblo del Reino Unido y a la Commonwealth.

Me uno de buen grado a todos los que lloran su pérdida para rezar por el eterno descanso de la difunta Reina, y para rendir homenaje a su vida de servicio incansable al bien de la Nación y de la Commonwealth, a su ejemplo de devoción al deber, a su testimonio inquebrantable de fe en Jesucristo y a su firme esperanza en sus promesas.

Encomendando su noble alma a la bondad misericordiosa de nuestro Padre Celestial, aseguro a Su Majestad mis oraciones para que Dios Todopoderoso le sostenga con su gracia infalible al asumir ahora sus altas responsabilidades como Rey. Sobre usted y todos los que aprecian la memoria de su difunta madre, invoco una abundancia de bendiciones divinas como prenda de consuelo y fortaleza en el Señor.

A sus 73 años, Carlos asume la corona de una las monarquías más influyentes del mundo. Tras la muerte de la reina, automáticamente asume la corona el hijo. De este modo también quien fuese conocido hasta hace poco como «príncipe Guillermo» pasa a convertirse en Príncipe de Gales y heredero directo a la corona inglesa.

El cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster y presidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, rindió homenaje a la Reina con estas palabras:

«El 21 de abril de 1947, en su vigésimo primer cumpleaños, la princesa Isabel dijo: “Declaro ante todos vosotros que toda mi vida, sea larga o corta, estará dedicada a vuestro servicio”. Ahora, setenta y cinco años más tarde, nos sentimos desconsolados por su muerte, y muy admirados por la manera infalible en que cumplió esa declaración: “Incluso en mi dolor, compartido con tantos en todo el mundo, me invade un inmenso sentimiento de gratitud por el regalo al mundo que ha sido la vida de la Reina Isabel II”. Lo hacemos con confianza, porque la fe cristiana marcó cada día de su vida y de su actividad».

En su mensaje de Navidad del Milenio, dijo: «Para muchos de nosotros, nuestras creencias tienen una importancia fundamental. Para mí, las enseñanzas de Cristo y mi propia responsabilidad personal ante Dios proporcionan un marco en el que intento conducir mi vida. Esta fe, proclamada con tanta frecuencia y elocuencia en sus mensajes públicos, ha sido una inspiración para mí, y estoy seguro de que para muchos. La sabiduría, la estabilidad y el servicio que encarnó constantemente, a menudo en circunstancias de extrema dificultad, son un brillante legado y un testamento de su fe». «Nuestra oración es que ahora sea recibida en la presencia misericordiosa de Dios, para reunirse con su amado Príncipe Felipe. La reina Isabel II seguirá siendo, siempre, una luz brillante en nuestra historia. Que ahora descanse en paz».

Rezamos por Su Majestad el Rey, que asume su nuevo cargo mientras llora a su madre. Dios salve al Rey.

 

Primicias Rurales

Fuente: Agencia Zenit