Las cenizas de Troya y el largo camino a casa: la purificación de Ulises. Columna renovada con una profunda reflexión

Las cenizas de Troya y el largo camino a casa: la purificación de Ulises. Columna renovada con una profunda reflexión

El dolor de Troya, el periplo de veinte años y la redención del héroe. Una mirada profunda sobre la culpa, el exilio y la memoria de los caídos a raíz de la superproducción cinematográfica de Christopher Nolan.

 

 

Por Matilde Fierro

Editora de Primicias Rurales y autora de Los Héroes del Tiempo, una Historia de Malvinas

Buenos Aires, sábado 15 agosto (PR/26) — El eco de los bronces chocando en la llanura de Ilión todavía resuena con la crudeza del fuego y la sangre. Destruir Troya mediante una matanza desmedida no fue una gesta gloriosa para el héroe; fue el inicio de una condena silenciosa que quebró su alma.

Ulises (Odiseo) emprendió el retorno a Ítaca arrastrando el peso invisible de su arrepentimiento: la culpa por los hombres que partieron con ilusión desde sus hogares y que, uno a uno, quedaron sepultados bajo las olas, devorados por monstruos o consumidos por la soberbia de su propio líder.

Fueron veinte años de un viaje de purificación tan implacable como desgarrador, una travesía que resurge con fuerza en el debate cultural tras ver la reciente adaptación cinematográfica La Odisea, el ambicioso proyecto que Christopher Nolan comenzó a escribir en marzo de 2024, aseguró con Universal Pictures en octubre de ese mismo año y consolidó con el fichaje de Matt Damon en febrero de 2025.

Las aguas del Mediterráneo exigieron un peaje altísimo para redimir al hombre de armas. En su camino, Ulises debió sortear los peligros más temibles:

  • El furor de los ciclopes, donde la astucia rozó el abismo de la arrogancia.

  • Los cantos hipnóticos de las sirenas, que prometían verdades absolutas a cambio de la perdición.

  • Las trampas hechizadas de la maga Circe y los engaños de la ninfa Calipso, que intentaron congelar el tiempo en el olvido.

  • El paso por el temible estrecho dominado por Escila y Caribdis, donde la supervivencia exigió siempre el doloroso sacrificio de otros.

 

Cada obstáculo fue una prueba de fuego, un proceso de desgaste espiritual en el que el guerrero despiadado de Troya se fue despojando de su soberbia para dar paso al peregrino doliente.

Al fin, tras dos décadas de ausencia, el héroe pisó la tierra amada que lo aguardaba.

Allí, en el hogar, la espera paciente y fiel de su esposa Penélope y el valor de su hijo Telémaco sostuvieron los cimientos de un reino que amenazaba con derrumbarse. El reencuentro no fue el final de la historia, sino el umbral de una nueva necesidad urgente: sanar lo irreparable.

Porque la victoria en Ítaca no borraba el pasado.

Por ello, culminado el orden en su hogar, Ulises y Penélope tomaron una decisión fundamental que la épica tradicional suele silenciar, pero que la verdadera justicia del alma reclama: partieron juntos al exilio. Dejaron atrás la comodidad del trono restaurado para emprender un último viaje. Esta vez, el propósito no era la conquista ni la gloria, sino el deber sagrado de restaurar la tierra y rendir honores póstumos a cada uno de los hombres que cayeron en la guerra y en el mar.

En ese último éxodo junto a su fiel esposa, el héroe completó su círculo de expiación.

 

Comprendió, al fin, que ningún triunfo terrenal, ninguna corona ni ninguna muralla conquistada valen la pena si se construyen sobre el sufrimiento evitable y el olvido de los caídos.

Una lección atemporal que, casi tres mil años después, nos sigue recordando que la verdadera grandeza humana no reside en no cometer errores, sino en la valentía de asumir la culpa, buscar el perdón y honrar la memoria de los que ya no están.

Y hoy qué ocurre

En la Literatura moderna como en Crimen y Castigo, de Fiodor Dovstoieski, la purificación (La redención por el sufrimiento): La purificación del protagonista no ocurre mediante un ritual físico (como el azufre de Odiseo). Sucede a través del amor incondicional de Sonia, la aceptación del sufrimiento y la lectura de los Evangelios en Siberia. Es una regeneración espiritual y psicológica lenta.

En la literatura del siglo XX y XXI (especialmente la literatura de guerra, como Las cosas que llevaban de Tim O’Brien), el mandato es el deber militar.
    • El soldado mata por obediencia al Estado.
    • El arrepentimiento y la purificación ya no se tratan en templos, sino en la literatura médica y de ficción como un trauma psicológico severo. El héroe moderno destruye su propia psique al obedecer el mandato de la violencia y la tiene que reconstruir al igual que reencontrarse con su espiritualidad para salir adelante.

 


La crítica cinematográfica

Un fantasma llamado Fibromialgia: el dolor invisible que desafía a la medicina y transforma vidas (columna traducida al inglés)
Respecto de la película Odisea de Nolan, Gonzalo Fierro, médico y especialista en cine, escribió lo siguiente:

 

 

 

No todas las superproducciones logran sostener la misma intensidad durante todo su metraje. Odisea es la prueba de ello: una película técnicamente brillante, con una dirección de altísimo nivel, una dirección de arte deslumbrante y un elenco que entrega actuaciones sólidas y convincentes, pero cuyas casi tres horas de duración terminan jugándole en contra.

 

 

Desde el arranque se percibe el cuidado puesto en cada detalle. La puesta en escena es prolija, la fotografía acompaña el relato con elegancia y la reconstrucción de ambientes es, sin dudas, uno de los grandes aciertos del film. La dirección consigue escenas de fuerte impacto visual y exhibe un manejo narrativo que pocas películas actuales logran igualar.

El trabajo actoral de los protagonistas también se destaca. Cada personaje resulta creíble y con profundidad, sosteniendo el interés del espectador incluso en los tramos donde el ritmo empieza a aflojar.

El gran problema de Odisea, sin embargo, está en su desarrollo. Conforme avanza la trama, aparecen pasajes innecesariamente extensos que le restan agilidad al relato. Hay secuencias que bien podrían haberse sintetizado sin perder nada de la esencia de la historia, y que terminan generando una sensación de pesadez. Las tres horas de película se sienten, en definitiva, más largas de lo que deberían.

Esto no quiere decir que sea una mala película. Todo lo contrario: tiene méritos de sobra como para recomendarla, en especial a los amantes del cine épico y de gran despliegue visual. Pero también le pide paciencia al espectador, algo que no todos van a estar dispuestos a dar.

 

 

En resumen, Odisea es una obra que impresiona por su factura técnica y artística, aunque pierde fuerza por un ritmo desparejo y una duración que atenta contra la experiencia en sala.

Puntaje final: 6/10.

Una película visualmente extraordinaria y de una factura técnica impecable, pero cuyo metraje excesivo le resta impacto emocional y narrativo. Para quienes priorizan el espectáculo cinematográfico por sobre el ritmo, será una experiencia recomendable; para el público general, probablemente se sienta más larga de lo deseado.

 

 

Reflexión

Por RC «Pipo» Martínez

Hay un aspecto del artículo que me parece particularmente interesante: la comparación entre el estado emocional del guerrero de la Antigüedad y el del soldado contemporáneo.

Creo que hoy tenemos una paradoja. Hemos avanzado enormemente en la comprensión y el tratamiento de los trastornos psicológicos derivados de la guerra, pero quizá hemos perdido parte del lenguaje con el que antiguamente se intentaba darle un significado al sufrimiento del guerrero.

El soldado moderno puede volver con estrés postraumático, culpa, angustia, depresión, recuerdos que no puede borrar y preguntas para las cuales no encuentra respuesta. Y muchas veces intentamos resolver todo eso exclusivamente desde una perspectiva clínica. La psicología y la psiquiatría son fundamentales, por supuesto, pero hay heridas de la guerra que también son morales, existenciales y espirituales.

Odiseo no solamente tenía que curarse de lo que había vivido. Tenía que regresar. Tenía que reconstruir su identidad y recuperar su lugar en el mundo después de haber pasado años entre la muerte, la violencia y la pérdida.

Y nosotros tenemos un ejemplo cercano y doloroso: Malvinas.

Muchos de nuestros soldados volvieron de Malvinas siendo muy jóvenes. Volvieron de una guerra que para ellos no terminó necesariamente el día en que dejaron las islas. Durante años, muchos tuvieron que convivir con recuerdos, pérdidas, culpa, silencios y con la dificultad de encontrar un lugar dentro de una sociedad que tampoco sabía muy bien cómo recibirlos.

Y hay algo todavía más profundo: durante mucho tiempo existió una especie de silencio alrededor de Malvinas. Como si hablar de la guerra fuera incómodo, como si reconocer el sufrimiento de los combatientes implicara necesariamente discutir la decisión política que llevó a la guerra.

Pero una cosa no debería confundirse con la otra.

Se puede cuestionar profundamente la decisión política y, al mismo tiempo, honrar y acompañar al soldado que fue enviado a combatir.

Porque una sociedad que envía a sus jóvenes a una guerra tiene una responsabilidad moral con ellos cuando regresan.

Y aquí vuelvo a Homero.

El soldado no solamente necesita volver físicamente. Necesita encontrar nuevamente un lugar en su comunidad, reconstruir vínculos, recuperar una identidad y, muchas veces, reconciliarse con aquello que vio e hizo.

Tal vez por eso La Odisea sigue siendo tan actual. No porque debamos convertir a Odiseo en un personaje contemporáneo, sino porque nosotros seguimos siendo seres humanos enfrentados a problemas que Homero ya había comprendido.

El soldado de Malvinas, como el soldado de Troya, regresó de un mundo donde las reglas de la vida cotidiana habían quedado suspendidas. La diferencia es que Odiseo tenía un relato que le permitía comprender su regreso. Nosotros, en cambio, muchas veces les dijimos a nuestros combatientes simplemente que trataran de olvidar.

Y una guerra no se olvida.

Quizás se aprende a convivir con ella.

Por eso creo que el verdadero desafío no es solamente tratar el trauma del soldado, sino ayudarlo a reconstruir el significado de su experiencia.

Una sociedad que le exige a un hombre que mate en su nombre tiene también la obligación moral de acompañarlo cuando ese hombre vuelve a casa con sus muertos dentro de él.

Y quizás esa sea una de las grandes enseñanzas que todavía podemos encontrar en Homero: que ganar o perder una guerra no es el final de la historia. La verdadera batalla puede comenzar cuando el soldado intenta volver a casa.

 

La razón personal: la interpelación

Hay, además, una razón profundamente personal por la que este tema me interpela.

Mi hermano y yo fuimos muy unidos. Elegimos la misma profesión, compartimos amigos, experiencias, vuelos y buena parte de nuestra vida. Después de Malvinas seguimos volando juntos. Teníamos ideas y gustos muy parecidos y, físicamente, éramos tan similares que muchas veces nos confundían.

Él estuvo en Malvinas. Yo no fui porque en ese momento todavía no tenía la capacidad necesaria para ser enviado. Sin embargo, la guerra formó parte de nuestras vidas y de nuestra generación.

Y hay algo que hoy, después de su muerte, me hace pensar mucho.

Yo creía conocer profundamente a mi hermano. Y probablemente lo conocía. Pero nunca llegué a saber realmente qué había ocurrido dentro de él después de la guerra.

Siempre fue el fuerte, el que parecía haberlo superado todo. Nunca fue alguien que mostrara fácilmente sus conflictos interiores. Por eso hoy me pregunto si realmente había elaborado aquella experiencia o si simplemente había aprendido a convivir con ella.

No tengo la respuesta.

Y creo que nadie puede tenerla.

En los últimos tiempos de su vida, sin embargo, observé en él algo que antes no había visto con tanta claridad: una búsqueda más interior, incluso espiritual, a pesar de que siempre se había considerado agnóstico.

No sé si aquella búsqueda tenía alguna relación con su historia, con la proximidad de la muerte, con la enfermedad o simplemente con la evolución natural de una persona que, al llegar a determinada etapa de la vida, comienza a hacerse preguntas diferentes.

No puedo saberlo.

Y justamente esa imposibilidad de saber es parte de mi reflexión.

Porque cuando hablamos de los efectos de una guerra sobre un ser humano, debemos ser muy cuidadosos. No podemos afirmar que una enfermedad, una adicción, una depresión o cualquier otra circunstancia que aparezca décadas después sea necesariamente consecuencia de aquella experiencia.

Sería una afirmación médica que no podemos demostrar.

Pero tampoco deberíamos caer en el extremo contrario y pensar que, porque no podemos demostrar una relación causal, la experiencia de la guerra necesariamente quedó atrás.

Entre afirmar y negar existe un territorio enorme: el territorio de lo que no sabemos.

Y allí están las historias de tantos hombres que conocimos.

Algunos enfermaron muchos años después. Otros encontraron refugio en el alcohol. Otros tuvieron problemas familiares o personales. Otros aparentemente continuaron con una vida normal. Algunos hablaron de Malvinas durante toda su vida; otros casi nunca hablaron.

No sabemos qué parte de esas historias pertenece a la guerra y qué parte pertenece simplemente a la vida.

Pero tampoco podemos saber qué ocurrió en el interior de cada uno.

Eso es lo que me lleva nuevamente a Odiseo.

Porque quizá la grandeza de La Odisea no está solamente en las aventuras que vive su protagonista, sino en la idea de que el regreso es un proceso.

Uno puede volver físicamente de una guerra y, sin embargo, tardar años —o toda una vida— en encontrar nuevamente un lugar dentro de sí mismo.

Mi hermano murió hace algunos años. Y todavía hoy, cuando estoy haciendo algo que considero importante, muchas veces me descubro preguntándome qué pensaría él.

Estoy desarrollando un proyecto que, curiosamente, guarda cierta semejanza con algo que él había comenzado a hacer cuando ya estaba retirado. Y aunque él no llegó a conocer lo que estoy haciendo ahora, muchas veces me pregunto si lo aprobaría, si estaría de acuerdo, si se sentiría orgulloso.

Yo quiero creer que sí.

Quiero pensar que estaría contento de verme seguir adelante y que, de alguna manera, compartiría conmigo este momento.

Quizás esa sea también una forma de regreso.

Porque los que ya no están siguen formando parte de nuestra vida. Seguimos conversando con ellos en silencio, consultándolos en nuestra conciencia, imaginando qué nos dirían frente a una decisión.

Y en mi caso, mi hermano sigue siendo de algún modo ese compañero de vuelo, de profesión, de ideas y de vida que fue durante tantos años.

No sé qué guerra interior libró después de Malvinas.

No sé si la superó, si la transformó o simplemente aprendió a vivir con ella.

No sé si su búsqueda interior de los últimos años tuvo algo que ver con todo aquello.

Y no necesito inventar una respuesta.

Tal vez sea precisamente esa incertidumbre la que nos obliga a mirar de otra manera a quienes regresan de una guerra.

A escucharlos.

A acompañarlos.

A no suponer que porque sonríen están bien, ni que porque nunca hablan han olvidado.

Porque una guerra puede dejar consecuencias visibles, pero también puede dejar preguntas que nadie más puede ver.

Y quizás, después de tantos años, la verdadera enseñanza de Odiseo siga siendo esa:

volver a casa no significa solamente sobrevivir y regresar al lugar de donde partimos. Significa intentar recuperar quiénes éramos después de haber conocido aquello que nos cambió para siempre.

Eso es lo que todavía me pregunto cuando pienso en mi hermano.

Y quizá nunca tenga la respuesta.

 

Primicias Rurales
Fuentes: Varias
¿Qué es “farmear aura”?: La nueva batalla de carisma y actitud que obsesiona a la Generación Z

¿Qué es “farmear aura”?: La nueva batalla de carisma y actitud que obsesiona a la Generación Z

De los videojuegos a las plazas argentinas, los adolescentes cambiaron los retos virales peligrosos por una competencia de magnetismo personal donde ganar o perder reputación se mide en miles de puntos simbólicos.

 

 

 

Buenos Aires, viernes 21 agosto (PR/26)–En la esquina de una calle transitada de Buenos Aires, dos adolescentes sostienen la mirada en absoluto silencio. Alrededor, un grupo de chicos observa expectante sin decir una sola palabra. No hay insultos, tampoco rimas improvisadas, pero la tensión y la emoción se sienten en el aire.

De pronto, uno avanza con paso firme, se frena en seco, clava una postura desafiante y sostiene la compostura sin pestañear. La multitud estalla en gritos y aplausos para validar lo que acaba de presenciar: una auténtica batalla de “farmear aura”.

Este fenómeno viral está cambiando las reglas del juego sobre cómo los jóvenes construyen su prestigio, tanto en la vida real como en el universo digital, reemplazando antiguos desafíos peligrosos por duelos de pura actitud y presencia.

Para entender esta tendencia hay que descifrar su origen, que nace del cruce entre el lenguaje gamer y la cultura juvenil. El verbo “farmear” proviene del inglés *to farm* y en los videojuegos define la tarea repetitiva de acumular recursos o puntos de experiencia.

Por su parte, el “aura” representa ese conjunto intangible de atributos que proyecta una persona: carisma, seguridad, estilo y ese magnetismo personal que captura miradas sin necesidad de exagerar ni forzar la situación.

 

La tendencia de farmear aura se volvió viral en redes sociales con batallas en las que los gestos, las poses y la actitud definen quién suma más carisma.

 

Como explicó a Infobae el psiquiatra Harry Campos Cervera, de la Asociación Psicoanalítica Argentina, se trata de una expresión de TikTok que busca destacarse y brillar, pero de una forma sutil, logrando llamar la atención sin llamar la atención.

 

La ciencia de ganar o perder aura: la producción social del prestigio

 

En la práctica, farmear aura equivale a acumular puntos de presencia a través de gestos, posadas y una postura firme. Sin embargo, la psicología social aporta una mirada profunda sobre lo que realmente ocurre detrás de la pantalla.

El psicólogo Martín Wainstein, profesor consulto de la UBA, señala que esta moda es en realidad la versión contemporánea de la producción social de prestigio, ese concepto clásico desarrollado por el sociólogo Erving Goffman.

 

El significado de “farmear aura”, el insólito concepto viral que se convirtió en “competencias” – Página|12

 

Según el especialista, la novedad radica en el código juvenil: la idea de mostrarse canchero, interesante o indiferente ante los demás se ha transformado en un marcador cuantificable como si fuera el puntaje de una consola.

Además, el especialista enfatiza que el reconocimiento social no es algo individual, sino una construcción colectiva, ya que el aura no habita en la persona, sino en la percepción de los demás.

En redes como TikTok, Instagram y X, los usuarios juzgan las interacciones con etiquetas como “+1000 de aura” o “perdió aura”, convirtiendo cualquier acción cotidiana en un motivo de calificación instantánea.

Una respuesta ingeniosa, una postura original o una muestra de autocontrol otorgan puntos, mientras que un tropiezo, pasar un papelón o forzar la atención provocan una drástica pérdida de aura.

 

De las pantallas a las plazas: batallas de aura en toda la region

 

Lo que comenzó como una broma en internet traspasó la virtualidad en este 2026, convocando encuentros multitudinarios en espacios públicos de Argentina, Brasil, Bolivia, Perú y Paraguay.

En estas batallas urbanas, dos participantes compiten por demostrar quién domina el espacio utilizando referencias virales, movimientos de memes y una destacada compostura bajo presión.

Entre los gestos más repetidos figuran el “six-seven”, los festejos al estilo Lionel Messi, los encuadres de mewing para resaltar la mandíbula y la parsimoniosa caminata conocida como “aura walk”.

A diferencia de modas pasadas que ponían en riesgo la integridad física de los chicos, esta competencia no entraña riesgos físicos y privilegia la creatividad sobre el peligro.

 

Quiénes son la Generación Z? Características, edades y cómo cambiarán el futuro laboral - PorEsto

 

Tanto Campos Cervera como Wainstein coinciden en que el fenómeno refleja una sana búsqueda de pertenencia y validación social en tiempos donde los lazos cara a cara necesitan redefinirse.

En definitiva, la Generación Z ha encontrado una forma innovadora de expresar su identidad, convirtiendo el carisma y la autenticidad en el verdadero trofeo de su reputación digital y presencial.

 

Primicias Rurales
Fuente: PR

 

El secreto guardado de la Patagonia: por qué el Pinot Noir de Neuquén es hoy la estrella indiscutida de sus valles

El secreto guardado de la Patagonia: por qué el Pinot Noir de Neuquén es hoy la estrella indiscutida de sus valles

 

Aunque no es la cepa más cultivada en la región, esta delicada variedad tinta logró descifrar el verdadero espíritu del suelo patagónico.

 

 

 

Buenos Aires, mércoles 12 agosto (PR/26)–Hablar de la vitivinicultura neuquina implica descubrir cómo una pequeña uva transformó para siempre la mirada sobre una región entera.

A finales de los años 90, cuando Julio Viola impulsó los primeros viñedos en San Patricio del Chañar, no existían garantías de éxito en una meseta desértica.

Como recordaba el enólogo Marcelo Miras, en aquellos inicios pioneros todo estaba por aprender sobre el clima, el riego y el suelo de la Patagonia.

 

La magia de interpretar el suelo y la naturaleza

 

Pronto descubrieron que los vientos constantes aseguraban la sanidad del viñedo, mientras que la amplitud térmica permitía alcanzar una maduración perfecta.

El Pinot Noir demostró una sensibilidad única: cada pequeña variación de terreno o temperatura cambiaba por completo su perfil y carácter.

 

 

Fue así como los especialistas entendieron que Neuquén no era una sola región, sino un fascinante mosaico de microclimas y sensaciones.

 

El arte enológico de acompañar sin disfrazar

 

Esta cepa obligó a cambiar la filosofía de trabajo de referentes como Leonardo Puppato, focalizado en cuidar la fruta desde el viñedo.

Por su parte, enólogos como Lucas Quiroga y Nicolás Navío coinciden en intervenir lo mínimo para respetar la verdadera identidad del terruño.

 

Referentes del vino neuquino: quiénes lo construyeron y quiénes lo cambian hoy | Sergio Landoni

Referentes del vino neuquino

El desafío no era solo elaborar un gran vino, sino lograr que la botella relatara la historia viva del lugar donde nació.

 

Nuevos horizontes entre ríos, mesetas y cordillera

 

El éxito inicial impulsó nuevos proyectos a lo largo de los ríos Neuquén y Limay, abarcando áreas como Senillosa y La Confluencia.

En la histórica zona de Cinco Esquinas, emprendimientos familiares como Mabellini Wines renuevan la tradición de la mano de la enóloga Valeria López.

 

 

Sus recientes exportaciones a Francia confirman que los vinos neuquinos despiertan fascinación en la mismísima cuna mundial del Pinot Noir.

Incluso en rincones áridos como Cutral Co y Plaza Huincul, el proyecto Viñedos del Viento demostró que el agua de perforación logra milagros.

 

 

Finalmente, en los valles precordilleranos de Junín y San Martín de los Andes, productores heroicos desafían las heladas nocturnas sin luz de red.

Allí, entre montañas y ríos helados, el Pinot Noir patagónico reafirma su lugar como el verdadero emblema del vino provincial.

 

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: www.rionegro.com.ar

 

Una pintura convierte a Messi en símbolo del reclamo argentino por Malvinas

Una pintura convierte a Messi en símbolo del reclamo argentino por Malvinas

 

El artista Javier de Aubeyzon pintó “Nevada eterna”, un óleo inspirado en la bandera que la Selección exhibió tras vencer a Inglaterra en el Mundial. La obra funde fútbol, historia y memoria en un mismo campo de batalla.

 Daniel Gigena
Daniel Gigena

Buenos Aires, domingo 9 agosto (PR/26)–La escena es conocida: los jugadores de la Selección argentina levantaron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” tras eliminar a Inglaterra en las semifinales del Mundial. Aquel gesto, cargado de historia, no tardó en multiplicarse.

Ahora ese símbolo llegó al arte. El arquitecto y pintor Javier de Aubeyzon, reconocido por su obra sobre la Guerra de Malvinas, tomó esa imagen como punto de partida para una nueva pieza: un óleo y lápiz sobre tela titulado “Nevada eterna”.

 

El artista y la pintura que vuelve a reivindicar el reclamo de soberanía argentina

 

El cuadro, de 1,50 por 1,30 metros, muestra la bandera junto al capitán Lionel Messi, arrodillado y de espaldas, en medio de cascos de soldados y copos de nieve. El fondo representa el estrecho de San Carlos, con el agua teñida de rojo.

“El agua está roja por la sangre derramada en el desembarco”, explicó el artista a LA NACION, al describir el sentido de cada detalle de la composición.

 

El deporte como otra forma de épica

 

Para De Aubeyzon, la cancha y el campo de batalla comparten un mismo espíritu. “Gestas de guerreros y héroes, así en el campo de batalla como en el juego, se libran de distinta forma pero con igual intensidad”, sostiene el artista.

El pintor cuestiona además la idea de que deporte y política deban mantenerse separados. Recuerda que los propios Juegos Olímpicos nacieron en Grecia como un pacto de paz, capaz de transformar la fuerza guerrera en competencia.

 

🏅🏛️ Los primeros Juegos Olímpicos nacieron en la antigua Grecia hace miles de años como una celebración deportiva y religiosa. Ahora es por fama y dinero.

 

“La épica, la mística y el sacrificio se apoderan de quienes defienden a su país en la gesta deportiva”, agrega, y señala que cada partido se vive como un enfrentamiento simbólico por la propia identidad.

 

La obra se suma a una serie sobre Malvinas

 

“Nevada eterna” se encuentra hoy en el taller del artista, en La Lucila. Hasta el 10 de septiembre, De Aubeyzon expone además una serie de pinturas en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, sobre la calle Santiago Calzadilla.

“Es parte de una producción que intenta mantener vivo el homenaje y el reclamo”, destaca. Y define su trabajo con una frase contundente: “El arte es una poderosa arma pacífica, en una causa que está en lo más profundo de la sociedad”.

 

Museo Nacional de Aeronáutica - Nota

                  Javier de Aubeyzon junto al héroe de Las Malvinas Comodoro Pablo Carballo

 

El artista también dejó una reflexión sobre la propia final del Mundial, jugada con un hombre menos y un rendimiento irregular, que dejó al equipo cerca de forzar los penales. “Lo ocurrido es ya irreversible, pero las dudas permanecerán en el imaginario colectivo”, opina.

Su conclusión resume el espíritu de la obra: “Si un simple trapo costó una Copa del Mundo, fue el precio de la dignidad… La gloria deportiva es efímera; las Malvinas son eternas”.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: La Nación

 

 

Bonarda: el vino preciso que los consumidores están buscando

Bonarda: el vino preciso que los consumidores están buscando

Agosto es el mes del Bonarda, la cepa que conquista paladares, redefine el consumo, suma frescura, cautiva nuevas generaciones, ofrece gran versatilidad, destaca por su ADN francés, brilla en Argentina.

 

 

En ese escenario, algunas variedades parecen tener una ventaja natural. En esta nota te contamos por qué el Bonarda marca muchos de los casilleros de las tendencias que hoy ganan terreno.

La experiencia como prioridad

La Generación Z introdujo como pocas el concepto de autocuidado y moderación en el consumo de bebidas con alcohol. Según IWSR, más que dejar de beber, esta generación consume de manera más selectiva, priorizando el equilibrio, la experimentación y las experiencias por encima de la cantidad. También está redefiniendo cuándo, dónde y por qué consumir vino.

En ese contexto, el Bonarda ofrece una propuesta diferente. Si bien es la tercera variedad tinta más cultivada de la Argentina, todavía no forma parte del «mainstream», lo que lo convierte en una excelente alternativa para consumidores que disfrutan descubrir nuevas etiquetas y variedades. Su perfil frutado, fresco y de taninos amables lo hace especialmente atractivo para quienes buscan vinos fáciles de disfrutar, sin resignar personalidad.

Nuevas ocasiones de consumo

Durante mucho tiempo el vino fue sometido a una sofisticación que lo alejó de los nuevos consumidores. Hoy las ocasiones de consumo no se limitan a la mesa: encuentros informales, picadas, after office, recitales o reuniones con amigos. Los consumidores buscan vinos versátiles, capaces de adaptarse a distintos momentos.

En este escenario, el Bonarda se destaca por su frescura, su perfil frutado y su gran versatilidad gastronómica. Acompaña con naturalidad desde pizzas, hamburguesas y empanadas hasta carnes, pastas, tablas de quesos y postres, lo que le permite responder a una amplia variedad de ocasiones de consumo.

Un gran vino sin gastar de más

El contexto económico sigue condicionando las decisiones de compra. La pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre llevan a los consumidores a evaluar con mayor detenimiento cada gasto y a privilegiar productos que ofrezcan una buena relación entre calidad y precio.

Aquí el Bonarda tiene una ventaja competitiva.

Históricamente fue una variedad utilizada para vinos de corte debido a su alta productividad. Sin embargo, el trabajo realizado durante las últimas décadas por enólogos, agrónomos y bodegas permitió descubrir todo su potencial como varietal. Hoy conviven en el mercado excelentes Bonardas de consumo cotidiano junto a etiquetas de alta gama, ofreciendo alternativas para prácticamente todos los presupuestos.

Cuando el formato también importa

Los formatos individuales continúan ganando terreno porque responden a nuevas formas de consumo: son accesibles, prácticos y favorecen la idea de pequeñas recompensas o encuentros espontáneos.

Además, permiten acercar el vino a consumidores que buscan experiencias más flexibles y descontracturadas. En este contexto, el Bonarda también comienza a explorar nuevos caminos.

Un ejemplo es el blend Malbec-Bonarda en lata de Tintillo, de Bodega Santa Julia, que acerca la variedad a formatos más informales y acordes a las nuevas ocasiones de consumo.

El valor de lo sustentable

La sustentabilidad ocupa un lugar cada vez más importante en las decisiones de compra. Aunque en Argentina todavía no es un factor determinante para la mayoría de los consumidores, sí representa un atributo cada vez más valorado, especialmente entre los segmentos más jóvenes. El Bonarda también acompaña esta tendencia. Bodegas como Familia Cecchin, Alto Las Hormigas o Tilimuqui de La Riojana, entre otras, elaboran versiones orgánicas que responden a una demanda creciente por productos con menor impacto ambiental y una producción más consciente.

El auge de los vinos naturales también encuentra su expresión en el Bonarda. Propuestas como Hálito Pet Nat Bonarda y Nat Cool Smileline Bonarda, de Manos Negras, muestran la versatilidad de la variedad para adaptarse a estilos de elaboración que hoy despiertan un creciente interés entre los consumidores.

Más frescura y menos alcohol 

Los cambios en las preferencias de consumo también impulsan una búsqueda de bebidas más livianas y refrescantes. El estudio realizado por Worldpanel by Numerator para el Fondo Vitivinícola, que se presentó en El Futuro del Vino Argentino 2025, reveló que 4 millones de hogares argentinos son potenciales compradores de vinos de baja graduación alcohólica o sin alcohol. Además, el 35% de los consumidores afirma tomar vino con hielo y el 31% elegiría opciones más frescas durante el verano.

Estos datos muestran que el vino puede convivir con nuevas formas de consumo e incluso integrarse al universo de los aperitivos y los cócteles. Es ahí donde el Bonarda también ofrece interesantes posibilidades gracias a su perfil frutado y a diversas innovaciones.}

Perro Callejero Blanc de Bonarda de Mosquita Muerta Wines, elaborado a partir de uvas tintas y sin paso por madera, el cocktail de vino Emilia Rosé Syrah-Bonarda de Nieto Senetiner o el espumante Mairena Bonarda Rosé Brut Nature de Familia Blanco, son algunos ejemplos que muestran cómo la variedad también puede adaptarse a estas nuevas tendencias.

El valor de tener una historia para contar

 

Las tendencias vinculadas a la identidad, el origen y la autenticidad siguen ganando protagonismo entre los consumidores. Cada vez más personas quieren conocer la historia detrás de los productos que consumen y valoran aquellas variedades que expresan una identidad propia.

La historia del Bonarda es un buen ejemplo. Durante décadas se creyó que la Bonarda argentina era la misma variedad que la Bonarda Piemontesa italiana.

Sin embargo, esa historia cambió en 2009 cuando una investigación de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, basada en análisis de ADN y que confirmó las observaciones realizadas años antes por el ingeniero agrónomo Alberto Alcalde, reveló que las plantas cultivadas en el país corresponden en realidad a la variedad francesa Corbeau (Douce Noir).

El INV adoptó oficialmente esa identificación aunque decidió conservar el nombre Bonarda, que ya había echado raíces en la vitivinicultura argentina y hoy forma parte de su identidad. Más que una curiosidad histórica, este recorrido convirtió al Bonarda en una variedad con una fuerte impronta local, estrechamente ligada a la evolución del vino argentino.

Las tendencias cambian, pero algunas variedades parecen estar especialmente preparadas para responder a los nuevos desafíos del mercado. Con su perfil frutado, versátil, accesible y en constante evolución, el Bonarda demuestra que todavía tiene mucho por decir y gran potencial para conquistar nuevos consumidores.

Datos curiosos sobre el Bonarda

Herencia europea, presente 100% argentino: La Bonarda argentina desciende de la uva francesa Corbeau Noir. Los inmigrantes piamonteses la bautizaron “Bonarda” por su parecido con otras uvas italianas. Llegó a la Argentina a fines del 1800 y hoy es una bandera nacional.

Es la 3ª uva tinta más cultivada de Argentina: después del Malbec y la Criolla, la Bonarda se extiende con más de 18.000 hectáreas cultivadas principalmente en Mendoza, San Juan y La Rioja.

Ni muy muy, ni tan tan: Tiene más acidez que el Malbec y taninos más suaves que el Cabernet. Esta combinación lo vuelve un tinto fresco, frutado y fácil de tomar.

Versátil y auténtico: Tinto de crianza, tinto joven, rosado e incluso elaborado como vino blanco, hay un Bonarda para cada ocasión, para todos los gustos y diferentes bolsillos. ¿Pescados, pizzas, pastas o quesos? ¿Hamburguesas, empanadas, postres? Sí a todo. ¿Qué esperas para descorchar un Bonarda?

Fuente: Redacción InfoMendoza   
Primicias Rurales