La tierra que habla: el cine rural francés y su mirada social a través de las décadas

La tierra que habla: el cine rural francés y su mirada social a través de las décadas

 

Desde la Provenza inmortalizada por Marcel Pagnol hasta las crisis agrícolas del siglo XXI, el cine rural francés ha retratado como pocos la relación entre el hombre, la tierra y el paso del tiempo. Un recorrido por las películas que convirtieron al campo en protagonista de algunas de las historias más profundas y conmovedoras del cine europeo.

 

 

 

 

 

Autor: Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine

 

 

 

 

Buenos Aires, lunes 15 de Junio (PR/26)–El cine francés mantiene desde sus orígenes una relación íntima con la tierra. Los viñedos, las colinas, los campos de cultivo y los pequeños pueblos rurales nunca fueron simples escenarios: se transformaron en protagonistas capaces de contar historias de pertenencia, conflictos familiares, desigualdades sociales y cambios culturales.

A lo largo de más de un siglo, el cine rural francés construyó un extraordinario retrato de la Francia profunda, esa que vive lejos de París y de los grandes centros urbanos, donde los ritmos siguen marcados por las estaciones, las cosechas y las tradiciones heredadas de generación en generación.

 

Los primeros años: la tierra como destino

 

Ya en la década de 1930, el cine francés comenzó a descubrir la enorme fuerza narrativa del mundo rural.

Uno de los pioneros fue Jean Renoir, quien en Toni (1935) filmó en escenarios naturales de la Provenza y ofreció una mirada innovadora para su época. La vida de los trabajadores agrícolas, la inmigración y las tensiones sociales aparecían retratadas con una autenticidad cercana al documental.

 

 

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, el campo ocupó un lugar central en la reconstrucción simbólica del país. Mientras Francia intentaba sanar sus heridas, las películas mostraban una doble realidad: por un lado, la nostalgia por una vida campesina idealizada; por otro, la creciente amenaza del éxodo rural que comenzaba a vaciar pueblos enteros.

 

La Nouvelle Vague y una Francia rural relegada

 

Durante los años sesenta, la célebre Nouvelle Vague revolucionó el lenguaje cinematográfico. Sin embargo, la mayoría de sus figuras emblemáticas, Godard, Truffaut o Chabrol, dirigieron su mirada hacia las ciudades.

 

 

El campo quedó en un segundo plano, aunque algunos realizadores continuaron explorando la vida provincial y sus silencios. Allí empezó a consolidarse una oposición que reaparecería una y otra vez en el cine francés: la tensión entre el París moderno, dinámico y cambiante, y la llamada France profonde, aferrada a sus costumbres, sus ciclos naturales y sus viejas disputas.

 

Los años setenta: cuando el campo se volvió político

 

La década de 1970 trajo consigo una mirada más crítica y comprometida.

La mecanización agrícola, la desaparición de pequeñas explotaciones familiares, la concentración económica y las luchas de los productores rurales comenzaron a ocupar un lugar destacado en las historias.

El campesino dejó de ser una figura pintoresca para convertirse en el símbolo de una clase social amenazada por los cambios económicos y tecnológicos.

En ese contexto surgiría una de las obras más importantes de la historia del cine francés.

 

Jean de Florette y Manon des Sources: la epopeya moral de la Provenza

 

En 1986, el director Claude Berri estrenó Jean de Florette y Manon des Sources, adaptaciones de las novelas de Marcel Pagnol que rápidamente se transformaron en clásicos universales.

 

 

La trama parece sencilla: Ugolin Soubeyran y su tío César bloquean secretamente el manantial de una propiedad vecina para apropiarse de ella y desarrollar un rentable cultivo de claveles.

Cuando el nuevo propietario, Jean de Florette, llega desde la ciudad dispuesto a trabajar la tierra que heredó, ignora que su destino ya ha sido sellado por la ambición de quienes lo rodean.

 

Una tragedia griega bajo el sol de Provenza

 

Lo extraordinario de estas películas va mucho más allá de sus espectaculares paisajes.

Las colinas áridas, los caminos de piedra y la vegetación mediterránea forman parte de una tragedia donde la tierra parece observar en silencio los errores humanos.

Jean es trabajador, honesto y perseverante. Sin embargo, es un extranjero. Un hombre de ciudad que intenta integrarse a una comunidad cerrada sobre sí misma.

 

 

La indiferencia colectiva termina siendo tan devastadora como la propia conspiración.

La Provenza que muestran estas películas está muy lejos de las postales turísticas. Es una tierra donde los rencores se heredan, donde la posesión de una parcela puede definir una vida y donde el silencio pesa más que las palabras.

 

Marcel Pagnol y la memoria de la tierra

 

La fuerza de la historia nace de la experiencia personal de Marcel Pagnol, nacido en Aubagne y profundamente ligado al paisaje provenzal.

Al escribir L’eau des collines, la obra que reúne ambas novelas, Pagnol construyó mucho más que una historia rural: elaboró una profunda reflexión sobre la memoria, la identidad, la pertenencia y la justicia.

La adaptación de Claude Berri estuvo respaldada por interpretaciones memorables.

Yves Montand compone un César Soubeyran tan manipulador como humano. Daniel Auteuil entrega uno de los mejores trabajos de su carrera como Ugolin. Y Emmanuelle Béart, en la segunda parte, encarna a una Manon convertida en símbolo de la verdad y la reparación.

 

Emmanuelle Béart

 

 

El agua como metáfora universal

 

En ambas películas, el agua es mucho más que un recurso natural. Es vida, supervivencia y poder. Controlar un manantial significa controlar el destino de una familia. Pero también representa algo más profundo: la verdad.

Tal como ocurre con el agua subterránea, la memoria permanece oculta durante años, hasta encontrar finalmente el camino para salir a la superficie.

 

 

Por eso el desenlace de Manon des Sources (Manón del manantial) posee una potencia emocional tan extraordinaria: revela que algunas verdades pueden tardar décadas en emerger, pero nunca desaparecen por completo.

 

Después de Berri: entre la melancolía y la resistencia

 

El enorme éxito internacional de las películas inspiradas en Pagnol revitalizó el interés por el mundo rural.Sin embargo, las nuevas generaciones de cineastas abandonaron la mirada épica para explorar aspectos más duros y contemporáneos.

Directores como Bruno Dumont comenzaron a retratar una Francia rural marcada por el aislamiento, la falta de oportunidades y el desencanto.

 

 

En películas como La vie de Jésus (1997), el campo aparece como un espacio donde la juventud parece atrapada entre el aburrimiento, la violencia latente y la ausencia de perspectivas. La belleza del paisaje ya no alcanza para ocultar las heridas sociales.

 

El siglo XXI y las nuevas crisis del mundo rural

 

En las últimas décadas, el cine francés volvió a mirar hacia el campo impulsado por problemáticas urgentes.

La presión de los mercados, el endeudamiento de los productores, la concentración agroindustrial y las consecuencias del cambio climático se transformaron en temas centrales.

Una de las películas más representativas de esta etapa es Au nom de la terre (2019), dirigida por Édouard Bergeon, que aborda con enorme crudeza el drama de los agricultores atrapados por las deudas y la imposibilidad de sostener sus explotaciones.

 

 

En esta nueva etapa, el cine rural francés perdió parte de la nostalgia que caracterizaba a las obras de Pagnol, pero ganó una poderosa dimensión política.

El campo ya no es solamente un escenario de historias humanas universales: es también un territorio donde se manifiestan algunas de las tensiones más profundas de nuestro tiempo.

 

La tierra no olvida

 

 

Si existe un hilo conductor que atraviesa toda la historia del cine rural francés, es la convicción de que la tierra conserva memoria.

Desde las películas pioneras de Jean Renoir hasta las denuncias contemporáneas sobre la crisis agrícola, el campo ha funcionado como un gran archivo emocional de Francia. En ese recorrido, Jean de Florette y Manon des Sources ocupan un lugar privilegiado.

No solo representan una de las cumbres artísticas del cine francés, sino que transformaron un drama rural en una auténtica epopeya moral.

La imagen final de César Soubeyran enfrentando las consecuencias de sus actos permanece entre las más conmovedoras del cine europeo: la de un hombre que comprende demasiado tarde que la tierra puede ocultar secretos durante años, pero que ninguna verdad permanece enterrada para siempre.

Porque, al igual que el agua, la verdad siempre encuentra su camino.

 

 

 

 

Primicias Rurales

 

 

Autor: Gonzalo Fierro, médico, especialista en cine
MATEAR vuelve a La Rural: la gran fiesta del mate llega en octubre con productores, sabores y tradición

MATEAR vuelve a La Rural: la gran fiesta del mate llega en octubre con productores, sabores y tradición

El INYM y La Rural S.A. anuncian la vuelta de la feria más esperada por los amantes del mate: dos jornadas repletas de degustaciones, novedades y cultura yerbatera en el corazón de Buenos Aires.

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, sábado 13 de junio (PR/26)–El mate vuelve a tener su gran escenario. El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y La Rural S.A. confirmaron que MATEAR 2026 se realizará el 17 y 18 de octubre en el Pabellón Ocre del Predio Ferial de Palermo, uno de los espacios más emblemáticos del país.

Después de cada edición que dejó miles de personas con el mate en la mano y las ganas de volver, esta feria ya no necesita presentación: es, simplemente, el punto de encuentro de toda la cadena yerbatera argentina.

 

Dos días para vivir el mate de adentro hacia afuera

 

Durante las dos jornadas, el público podrá recorrer los stands de las principales marcas y establecimientos productores del país, participar de degustaciones gratuitas, descubrir nuevos productos y tendencias de consumo, asistir a charlas y actividades culturales, y disfrutar de una propuesta gastronómica pensada para los que el mate no es solo una bebida, sino un ritual.

Hay algo para cada visitante: desde el consumidor curioso hasta el productor que quiere mostrar su trabajo al mundo.

 

Detrás de cada mate, hay una familia y una región entera

 

MATEAR no es sólo una feria comercial: es una ventana abierta al trabajo de miles de familias que integran la cadena de valor de la yerba mate en las provincias productoras de Misiones, Corrientes y Entre Ríos.

 

 

Desde el productor en el monte hasta el molino que procesa las hojas, pasando por cooperativas, secaderos y emprendedores que innovan en el rubro, la feria pone en valor toda esa cadena invisible que sostiene la actividad yerbatera nacional.

“MATEar se ha consolidado como un espacio fundamental para acercar la cadena yerbatera a los consumidores y poner en valor una producción que forma parte de la identidad cultural argentina. Esta feria permite mostrar la calidad, la diversidad y el enorme trabajo que realizan miles de productores, cooperativas e industrias de nuestro país, fortaleciendo el vínculo entre el sector y los millones de argentinos que eligen el mate todos los días”, destacó Rodrigo Correa, presidente del INYM.

 

 

Tradición e innovación, juntas en el mismo predio

 

La edición 2026 apunta a seguir profundizando ese camino: fortalecer el vínculo entre productores y consumidores, promover el conocimiento sobre la yerba mate argentina y generar nuevas oportunidades para el desarrollo comercial, turístico y cultural de la actividad.

Porque el mate no para de evolucionar: hay nuevas variedades, nuevas formas de prepararlo, nuevas marcas que apuestan fuerte, y MATEAR es el lugar donde todo eso se puede ver, probar y entender.

“Nos enorgullece realizar MATEAR conjuntamente con el INYM, una feria que ha demostrado ser el ícono de la industria y los amantes de la cultura del mate. Es una propuesta que reúne tradición, innovación, gastronomía y experiencias para toda la familia, y que permite visibilizar el enorme valor cultural y productivo de la yerba mate argentina”, señaló Carlos Solanet, director comercial de La Rural S.A.

 

 

Un símbolo que trasciende generaciones

 

 

Desde su primera edición, MATEAR convocó a miles de visitantes de todo el país y se ganó su lugar como evento de referencia para la industria y para los consumidores que encuentran en el mate un símbolo de encuentro, amistad y pertenencia.

En octubre, el Pabellón Ocre de La Rural volverá a llenarse de pava, bombilla y el aroma inconfundible de la yerba. Porque el mate, como siempre, une.

Acerca de MATEAR

 

MATEAR es la feria organizada conjuntamente por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y La Rural S.A., concebida como un espacio de encuentro para toda la cadena yerbatera y para los millones de consumidores que hacen del mate una costumbre cotidiana.

A través de exposiciones, degustaciones, actividades culturales, gastronómicas y experiencias interactivas, la feria promueve el valor cultural, social y económico de la yerba mate argentina.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM)
Registraron la categoría «Naranjo» casi por accidente y hoy exportan a cinco países: la historia de Pielihueso, la bodega familiar que apostó a lo artesanal cuando nadie más lo hacía

Registraron la categoría «Naranjo» casi por accidente y hoy exportan a cinco países: la historia de Pielihueso, la bodega familiar que apostó a lo artesanal cuando nadie más lo hacía

 

Un ingeniero agrónomo jubilado, su hija comunicadora y dos hectáreas en el Valle de Uco: así nació Pielihueso. Hoy elaboran 55.000 botellas al año, exportan a cinco países y acaban de abrir su propio restaurante en medio de los viñedos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, viernes 12 de junioi(PR/26)–Hay negocios que nacen de un plan impecable. Y hay otros que brotan de una intuición, un viaje o una jubilación bien aprovechada. Pielihueso pertenece, sin dudas, al segundo grupo. Celina Bartolomé, comunicadora de 34 años nacida en Venado Tuerto, Santa Fe, lo dice con una honestidad que desarma: «Me cuesta mucho cuando te preguntan la profesión para algún formulario. Nunca sé qué poner porque no soy nada, pero soy un poquito de todo». Esa imposibilidad de encasillarse fue, a fin de cuentas, su mayor ventaja.

 

 

Celina Bartolomé

 

Todo empezó con su padre, Alejandro Bartolomé, ingeniero agrónomo con décadas dedicadas a la soja, el trigo y el maíz en la pampa húmeda. Cuando llegó a los 60 y pico, decidió que la jubilación no era para quedarse quieto.

En vez de comprar un departamento —la opción más previsible—, adquirió dos hectáreas y media dentro del proyecto Casa de Uco, en el Valle de Uco, Mendoza. «Pasamos de una idea pasiva o familiar a crear una marca, un proyecto y una pyme muy rápidamente», recuerda Celina.

 

 

Celina Bartolomé es el motor detrás de Pielihueso, el proyecto vitivinícola que fundó junto a su papá,

 

 

Mientras la tierra tomaba forma en Mendoza, Celina construía en Buenos Aires un recorrido zigzagueante pero coherente. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA, pasó por productoras, agencias de publicidad y hasta por Globant.

Pero su vocación iba mutando hacia algo más tangible. Empezó organizando pop-ups de vino en la terraza de un local en Palermo, eventos independientes para acercar la bebida a una generación que la sentía lejana.

En uno de esos encuentros conoció a Micaela Najmanovich y Nicolás Arcucci, los fundadores del restaurante Anafe, y se convirtió en su primera empleada de sala y vinos. Dos años después, con ese bagaje encima, tomó la decisión definitiva: viajar a Piamonte, Italia, para hacer una Maestría en Vino y entrar de lleno a la empresa familiar.

 

 

Una pyme que aprendió a no crecer de más

 

Hoy la estructura es clara: Alejandro maneja la parte productiva en la finca; Celina se ocupa de lo comercial, la comunicación y el diseño, junto a Paula La Torre, la enóloga. La bodega tiene una finca propia en Los Sauces, Valle de Uco, de 13 hectáreas —10 plantadas— más 2 hectáreas adicionales en Chacayes dentro del complejo Casa de Uco. La inversión inicial fue de un millón de dólares, destinada a la compra de la tierra y la construcción de la bodega.

 

 

En Pielihueso hacen diferentes vinos. El Naranjo es el insignia. 

 

 

Los números cuentan una historia de crecimiento sostenido: 500 botellas en la primera añada de 2017, 20.000 para 2020 y un pico de 55.000 botellas anuales en 2024. Ahí decidieron frenar. No por falta de demanda, sino por lucidez. «En 2020, 2021 y 2022 hacíamos menos vino del que la gente quería comprar. Elegimos mantenernos así.

Con el diario del lunes fue una buena decisión porque en los últimos años bajó el consumo de vino estrepitosamente. Si hubiésemos crecido, ahora nos sobraría vino», explica Celina. La flexibilidad de la estructura familiar —donde dos personas hacen muchos roles— les permite ajustarse a los picos y las caídas sin cambiar nada.

 

 

El posicionamiento es premium: el precio promedio en retail ronda los $40.000 por botella. Pero lo que más define a Pielihueso no es el precio sino la filosofía. Celina se resiste a etiquetas como «vino natural» o «boutique» y prefiere hablar de vitivinicultura artesanal: uvas orgánicas, fermentación espontánea sin levaduras comerciales, sin filtrado y con uso nulo o mínimo de sulfitos.

 

«Son vinos hechos por personas a las que les importa, que tienen su propia finca y manejan un volumen adecuado. Preferimos un proyecto donde todos estemos involucrados, generar vinos puros, frescos, y que sean reflejo de donde son».

 

 

Cómo terminaron registrando «Naranjo» casi sin querer

 

Uno de los hitos más curiosos de la historia de Pielihueso es el de su producto estrella: el vino naranjo. Cuando Celina viajó a los Estados Unidos en 2016, descubrió en barras especializadas el concepto de los orange wines y rastreó su origen ancestral en la región del Cáucaso, en Georgia.

Al volver, le propuso a su padre apostar por esa categoría para diferenciarse: «Si hacemos un Malbec de Valle de Uco, ¿por qué alguien compraría el nuestro versus cualquier otro de los buenísimos que ya existen?». De las dos barricas iniciales en 2017, hoy destinan 12.000 litros exclusivamente a este estilo.

 

 

El problema fue que el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) no reconocía la categoría. Celina encontró una salida ingeniosa: registrar la palabra «Naranjo» como nombre legal del vino, no como categoría, para poder incluirla en la etiqueta.

«Al día de hoy tenemos el registro de la palabra vino naranjo sin querer», cuenta con gracia. El resultado es que Pielihueso terminó siendo pionera en un segmento que hoy tiene nombre propio gracias, en parte, a ese movimiento.

 

 

El naranjo es hoy el producto más vendido de la bodega, tanto en el mercado local como en el internacional. Este dato rompe los estándares de la industria: mientras en Argentina el tinto domina los volúmenes, en Pielihueso el tinto representa solo el 20% de la producción.

El 80% restante son naranjos, rosados y blancos. Para abastecer esa demanda sin hacer inversiones agrícolas costosas, crearon soluciones creativas: el Tinto de los Sauces —mitad tinto, mitad rosado— para bajar la intensidad tánica, y el Claranjo, un corte de Malbec vinificado como rosado y Torrontés elaborado como naranjo.

 

 

De la venta puerta a puerta a exportar a cinco países

 

Durante las primeras añadas, Celina era al mismo tiempo la cara, las piernas y la voz de la marca en Buenos Aires. Iba ella misma a los restaurantes donde sentía que el vino «tenía que estar». Hace dos años sumaron distribuidoras tradicionales, pero ese período de venta directa dejó una ventaja que ningún intermediario puede comprar: el conocimiento íntimo del consumidor.

«Al vender directo sabíamos qué compraban los clientes y por qué les costaba pagar. Eso ayudó a la construcción de marca. De afuera se ve el éxito comercial de Pielihueso diciendo que es por las etiquetas o por ser vinos raros, pero hay una parte de vínculos comerciales atrás que hicimos muy bien», subraya.

 

Pielihueso cuenta con una finca propia en Los Sauces, Valle de Uco, que abarca 13 hectáreas -10 plantadas. 

 

 

El canal principal sigue siendo restaurantes de autor y vinotecas seleccionadas. El 60% de la producción va al mercado interno y el 40% se exporta, principalmente a Estados Unidos a través de Brazos Import. El resto llega a Perú, España, Japón y Canadá. En el mercado local, la estrategia de expansión apunta al interior: ya tienen alianzas con distribuidores en Córdoba, Rosario y Mar del Plata.

 

 

Un restaurante en medio de los viñedos como siguiente capítulo

 

El plan de largo plazo de Pielihueso siempre incluyó el turismo enológico. Y ese objetivo tomó forma con la apertura de La Amistad, su propio restaurante en el corazón de la finca de Los Sauces.

El proyecto demandó un millón de dólares de inversión y dos años de obra en medio de los viñedos. Lo hicieron junto a Najmanovich y Arcucci —los mismos de Anafe, con quienes Celina trabajó al inicio de su carrera.

La propuesta incluye almuerzos con visitas guiadas a la bodega, catas verticales enfocadas en tres variedades de naranjos y el formato Mix Sorpresa: cinco copas seleccionadas al azar.

 

 

En un mundo donde el consumo global de alcohol cae y las generaciones más jóvenes se relacionan diferente con el vino, Celina mira el panorama con realismo pero sin resignación: «Va a sobrevivir quien se adapte, tenga una estructura que pueda manejar y no subestime al consumidor«.

Y remata con la clave que, según ella, explica por qué Pielihueso permeó: «Desde el principio lo tratamos como una marca que no era solo de vino. Pensamos en su personalidad y en nuestro target. Por eso te hablaba más allá del líquido que tenía adentro».

 

 

 

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: FORBES

 

El Trapiche, el refugio puntano que enamora al mundo y compite por ser el pueblo más bello del planeta

El Trapiche, el refugio puntano que enamora al mundo y compite por ser el pueblo más bello del planeta

Con sus ríos cristalinos, historia viva y un arraigado compromiso con la naturaleza, esta joya de San Luis se convierte en finalista oficial de los Best Tourism Villages 2026 para llevar la esencia de la hospitalidad argentina a lo más alto del turismo global.

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires lunes 8 de junio (PR/26)–Hay rincones donde la naturaleza y la historia conversan en un susurro constante, y uno de ellos acaba de capturar la mirada del mundo entero.

El Trapiche ha sido elegido oficialmente como uno de los ocho finalistas que representarán a la Argentina en la edición 2026 de los Best Tourism Villages.

Este prestigioso certamen, impulsado por ONU Turismo, busca descubrir y premiar a aquellos pueblos rurales que son verdaderos tesoros ocultos en el planeta, celebrando su belleza, sus tradiciones y su alma.

La gran noticia se consolidó durante el último encuentro del Consejo Federal de Turismo (CFT) en Mendoza, desatando una inmensa alegría en la provincia de San Luis.

No es la primera vez que la región saborea este reconocimiento, ya que la vecina localidad de La Carolina alzó esta misma distinción en 2023. Ahora, el testigo pasa a este valle serrano que asume la responsabilidad de ser el gran embajador de Argentina ante los ojos del turismo internacional.

El latido verde de un destino ejemplar

 

¿Qué hace tan magnético a este rincón puntano? La respuesta se encuentra al caminar por sus senderos.

Ubicado a muy pocos kilómetros de la ciudad de San Luis, en el corazón de las Sierras Centrales, el pueblo despliega un paisaje cambiante y vivo que muta de forma espectacular con cada estación del año.

Sus balnearios naturales y sus ríos de aguas completamente cristalinas invitan a una desconexión total, combinando la paz serrana con una calidez humana que se siente en cada esquina.

Sin embargo, la nominación de ONU Turismo va mucho más allá de una postal bonita. El organismo valora profundamente a las comunidades que defienden su identidad cultural, protegen su biodiversidad y rescatan sus conocimientos ancestrales.

En este sentido, la localidad destaca por una alianza ejemplar entre el Estado, los emprendedores privados y los propios vecinos, quienes cuidan con orgullo su gastronomía regional, sus fiestas populares y un modelo de desarrollo sostenible que frena la despoblación rural y genera empleo genuino.

Una ventana al futuro del turismo rural

 

La iniciativa de los Best Tourism Villages nació en el año 2021, coincidiendo con la apertura de la primera oficina regional de la OMT en Riad, Arabia Saudita. Desde entonces, el programa se ha convertido en un motor global enfocado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, buscando equilibrar las oportunidades económicas con el cuidado absoluto del entorno natural.

Llegar a la final sitúa a este destino en una red global de intercambio de buenas prácticas, abriéndole las puertas tanto al prestigioso Sello Best Tourism Villages como a programas de actualización técnica y visibilidad internacional. El Trapiche no solo viaja para competir; viaja para demostrar que el turismo del futuro se escribe respetando el pasado, cuidando los recursos y abrazando a la comunidad con el corazón abierto.

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Fuente: ANSL / SANLUIS.GOV.AR
Día de la Escarapela: por qué se conmemora hoy

Día de la Escarapela: por qué se conmemora hoy

Este emblema nacional fue creado en 1812 por solicitud de Manuel Belgrano como distintivo en las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 

Manuel Belgrano fue quien pidió autorización para usarla como distintivo patrio. Foto: Agencia NA (Archivo)

Buenos Aires, lunes 18 mayo (PR/26) La escarapela es uno de los símbolos patrios que distingue a los argentinos que usan  esta insignia del lado izquierdo del pecho en diferentes fechas, entre ellas este lunes que es cuando se conmemora su día.

Según un informe al que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinasla escarapela fue creada en 1812 por solicitud de Manuel Belgrano durante el Primer Triunvirato como distintivo en las Provincias Unidas del Río de la Plata y tuvo como objetivo unificar los colores del ejército, distinguirse de los enemigos y fomentar la unidad nacional.

En 1935 el Consejo Nacional de Educación instituyó al 18 de mayo como el Día de la Escarapela, al considerarla uno de los emblemas patrios más representativos de los argentinos que, además de ese día, la utilizan durante toda la Semana de Mayo que se lleva a cabo desde este lunes hasta el próximo 25 de mayo, el Día de la Bandera que se conmemora el 20 de junio y el Día de la Independencia que se evoca el 9 de julio.

El Día de la Escarapela nos invita a reflexionar sobre los valores y principios que dieron origen a la nación argentina y este símbolo patrio nacido en los albores de la independencia, continúa siendo un emblema de unidad y orgullo nacional.

 

La creación de la escarapela y las diferentes versiones sobre su origen

 

 

El 13 de febrero de 1812 Manuel Belgrano propuso que se creara una escarapela nacional, ya que, hasta ese momento, los distintos cuerpos del Ejército utilizaban diferentes distintivos. Unos días después, el 18 de febrero, el Triunvirato, integrado por Manuel de Sarratea, Juan José Paso y Feliciano A.Chiclana, aprobó el uso de la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y azul celeste, colores que provenían de los colores borbónicos, de la casa de Fernando VII (rey ausente de España).

Una de las versiones indica que los colores blanco y celeste fueron utilizados por primera vez durante las invasiones inglesas -en 1806 y 1807- por el primer cuerpo de milicia urbana del Río de la Plata, y que luego empezaron a popularizarse entre los criollos.

Otra versión dice que la escarapela argentina fue utilizada por primera vez por un grupo de damas de Buenos Aires, cuando se presentaron a una entrevista con el entonces coronel Cornelio de Saavedra, jefe del regimiento de Patricios, el 19 de mayo de 1810.

En el año 1935, el Consejo Nacional de Educación instituyó el 18 de mayo como Día de la Escarapela y en 1951 la fecha fue incluida en el calendario escolar.

 

 

Fuente: #AgenciaNA

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