En la campaña 2025/26 el área sembrada con sorgo se achica un 29% frente al ciclo anterior, a medida que el maíz vuelve a ganar terreno. Aun así, los buenos rendimientos logran contener la baja de la producción a un 16%, que se ubicaría en 2,48 millones de toneladas.
Buenos Aires miercoles 8 julio(PR/26)–La campaña 2024/25 había sido especial para el sorgo. El miedo al Spiroplasma y a la chicharrita en el maíz había empujado a muchos productores a resignar hectáreas de ese cultivo, y el sorgo aprovechó ese espacio hasta llegar a un máximo de 1,08 millones de hectáreas sembradas.
Para la 2025/26 el panorama cambió. La presión de la chicharrita se moderó y el maíz recuperó buena parte del área perdida, así que el sorgo devolvió buena parte de lo que había ganado. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), la superficie nacional sembrada con sorgo se ubica en 0,76 millones de hectáreas, un 29% menos que el ciclo previo.
Lo interesante es que esa caída de área no se trasladó con la misma fuerza a la producción. Los rindes promedio mejoraron, y eso amortiguó buena parte del golpe. Se estima que 176.000 hectáreas no llegarán a cosecharse, pero aun así la producción nacional rondaría los 2,48 millones de toneladas, un 16% menos que en la campaña anterior.
El centro-norte, epicentro de la producción
La Región Central sigue siendo la gran protagonista, con 1,6 millones de toneladas estimadas para la 2025/26, es decir, el 63% del total nacional.
Pero el sorgo tiene una particularidad frente a otros cultivos: el norte del país pesa mucho más de lo habitual, aportando cerca de 0,8 millones de toneladas (33% del total), ya que el cultivo tolera bien los ambientes más marginales donde otras alternativas no rinden de forma pareja. La Región Sur, en cambio, tiene una participación menor, en torno al 4%.
El comportamiento no fue parejo entre regiones, y ahí está buena parte de la explicación de la caída productiva. La Región Central y la Región Sur retrocedieron cerca de 26% y 24% interanual respectivamente, arrastradas por el avance del maíz sobre el área de sorgo. El Norte, en cambio, fue la única región que creció (+17% aproximadamente), recuperándose tras una campaña previa golpeada por la falta de lluvias.
A nivel más fino, las delegaciones de SAGyP donde el cultivo tiene mayor peso son San Francisco, Rafaela, Chaco (Charata y P.R. Sáenz Peña), Santiago del Estero (Quimilí y capital) y Avellaneda, lo que confirma que la producción se concentra en el centro-norte del país.
China, el destino que define el negocio
La oferta total de sorgo se estima en 2,9 millones de toneladas, y la Región Central vuelve a ser el principal polo de demanda gracias a los puertos del Paraná, lo que genera flujos constantes de grano desde el norte hacia el centro del país.
Del total, se calcula que 1,2 millones de toneladas tendrán como destino el mercado interno, entre alimento balanceado, consumo animal y semilla para la próxima siembra. En el frente externo, la menor oferta se traduce en exportaciones por 1,2 millones de toneladas, 16% menos que las 1,47 millones de toneladas embarcadas en la 2024/25.
Se estima que unas 500.000 toneladas del sorgo producido en el norte bajarán por las rutas 34 y 11 hasta las terminales del Gran Rosario para embarcarse, mientras que la Región Central aportará otras 700.000 toneladas.
Casi la totalidad de las exportaciones argentinas de sorgo tiene como destino China, por lo que lo que pase en ese mercado sigue siendo la variable que más pesa a la hora de definir el saldo exportable.
En términos de divisas, se proyecta que las exportaciones de sorgo de la 2025/26 sumen US$ 300 millones, un valor casi idéntico al de la campaña anterior. El menor volumen despachado se compensaría con precios de exportación promedio más altos.
En definitiva, tras el salto excepcional de la 2024/25, el sorgo vuelve en la 2025/26 a una escala más parecida a su rol histórico dentro de la rotación: un área que se achica al normalizarse la siembra de maíz, pero con rindes que sostienen la producción en torno a 2,5 millones de toneladas. La oferta sigue concentrada en la Región Central, aunque con un perfil cada vez más volcado hacia el centro-norte argentino.
A través de la digitalización masiva de millones de especímenes y el uso estratégico de sistemas de aprendizaje automátdico, la ciencia global acelera la conservación de la biodiversidad, de plantas y hongos, que dejan de estar aislados en las colecciones científicas y se abren a más expertos.
Buenos Aires martes 7 julio(PR/26)–La crisis climática y el desarrollo acelerado imponen un reto contrarreloj para la ciencia. Frente a estas amenazas, expertos globales señalan que la digitalización de las colecciones biológicas se ha convertido en una herramienta indispensable.
Experiencias en Brasil y Honduras demuestre que el acceso virtual a estos archivos permite identificar con precisión qué especies requieren mayor prioridad de conservación y documentar de forma rigurosa la pérdida de biodiversidad derivada del avance urbano e industrial.
Durante siglos, millones de especímenes de plantas y hongos recolectados en todos los rincones de la Tierra permanecieron resguardados en herbarios físicos, accesibles únicamente para un reducido grupo de especialistas.
Hoy, la transformación digital está convirtiendo estos históricos almacenes en recursos abiertos y globales para investigadores de todo el planeta, democratizando el conocimiento científico en favor de la vida silvestre.
El valor de estandarizar la información
Uno de los pilares fundamentales de esta transición es la capacidad de generar información estandarizada, comparable y de alta calidad.
Esto permite a las naciones optimizar y rediseñar sus estrategias de monitoreo y conservación. La magnitud de la crisis actual demuestra que ningún país ni institución puede enfrentar este desafío de manera aislada, volviendo la colaboración internacional un requisito obligatorio.
La inteligencia artificial como aliada y desafío
En este nuevo panorama, la inteligencia artificial (IA) emerge como un motor de aceleración sin precedentes, permitiendo integrar enormes volúmenes de datos y proyectar modelos ecológicos a velocidades asombrosas.
Herramientas como los sistemas de aprendizaje automático facilitan la identificación de grupos botánicos difíciles de distinguir, agilizan las tareas taxonómicas y liberan tiempo para que los expertos se concentren en el descubrimiento de especies completamente nuevas.
Sin embargo, los científicos advierten que la tecnología no es una solución mágica por sí sola. La conservación real de la inmensa mayoría de las especies silvestres depende directamente de los acuerdos y el tejido sociocultural de las comunidades locales y sus gobernantes, quienes deben validar e implementar los soportes técnicos en territorio.
Resultados tangibles a escala global
Instituciones de prestigio mundial, como el jardín botánico Kew Gardens, han completado hitos históricos al digitalizar más de 7.4 millones de especímenes micológicos y botánicos.
Este esfuerzo monumental ya rinde frutos concretos: en Costa Rica, la combinación de registros físicos y digitales incrementó en casi un 20 % la diversidad de hongos conocida, mientras que en Honduras reveló que el 33 % de las plantas identificadas en áreas protegidas no estaban incluidas en los planes oficiales de manejo.
La era digital abre las puertas a datos y herramientas sin precedentes, ofreciendo una visión rica y emocionante para el futuro de la biodiversidad y permitiendo que la comunidad científica global actúe con un impacto más rápido y certero que nunca.
El SENASA trabaja junto a los gobiernos provinciales y al sector privado para sostener el estatus sanitario diferenciado de la Patagonia, una condición que le abre las puertas a los mercados internacionales más exigentes.
Buenos Aires martes 7 julio(PR/26)–Con casi 1.800.000 kilómetros cuadrados de extensión, la Patagonia argentina tiene una identidad productiva propia. Peras, manzanas, cerezas, cebolla, salmónidos de criadero, pesca marítima y una ganadería ovina y bovina que crece año a año conviven en un territorio que, además, cuenta con algo que pocas regiones del mundo pueden mostrar: un estatus sanitario diferenciado, cuidado de cerca por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).
Esa condición especial no es un dato menor. Se sostiene gracias a la barrera patagónica, un sistema de control que delimita y protege la zona, y que permite que la producción regional llegue a los mercados internacionales más exigentes con las mejores credenciales sanitarias.
Una cosecha que se hace notar
Durante 2025, el SENASA certificó exportaciones patagónicas por 337.835 toneladas de peras, 91.547 toneladas de manzanas y 5.295 toneladas de cerezas. Números que confirman a la región como uno de los polos frutícolas más importantes del país.
La cebolla también tiene un capítulo propio: Río Negro y el sur bonaerense concentran el 56% de las hectáreas dedicadas a este cultivo a nivel nacional, y aportan la mitad de toda la producción de cebolla del país, además de representar casi la totalidad de lo que Argentina exporta de este producto.
Ovejas, vacas y el mar: la otra Patagonia productiva
En el plano pecuario, la actividad ovina es la gran protagonista: la región reúne más de 6,5 millones de cabezas, destinadas principalmente a la producción de lana y carne.
En 2025 se certificaron 9.609,7 toneladas de carne ovina, de las cuales casi la mitad, 4.766,7 toneladas, tuvo como destino la exportación. La lana, por su parte, alcanzó las 28.000 toneladas certificadas, con una fuerte presencia en los envíos al exterior.
En Patagones, en el sur de la provincia de Buenos Aires, la ganadería bovina también tiene su lugar, con unas 270.000 cabezas. Y más al sur, el mar se convierte en el gran proveedor: langostino, calamar y merluza hubbsi lideran una actividad pesquera que sumó 380.000 toneladas certificadas en 2025, entre productos para exportación y consumo interno.
Libre de plagas y enfermedades: el gran activo sanitario
Lo que distingue a la Patagonia del resto del país es, sobre todo, su condición sanitaria. La región cuenta con el reconocimiento de zona libre de plagas como la mosca de los frutos y la Lobesia botrana, dos de las principales amenazas para la fruticultura mundial.
A esto se suma un logro que se sostiene desde 2002: el reconocimiento oficial de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) como zona libre de fiebre aftosa sin vacunación.
También existe una zona libre de enfermedades de los salmónidos, autodeclarada ante el organismo internacional, que cubre los cuerpos de agua de la cuenca alta y media del río Limay hasta el embalse Piedra del Águila.
La lista se completa con la ausencia de anemia infecciosa equina, brucelosis caprina y, en Tierra del Fuego, tuberculosis y brucelosis bovina.
Ese conjunto de estatus sanitarios es, en definitiva, la llave que abre puertas comerciales. Para conservarlo, el SENASA aplica un sistema cuarentenario que combina controles zoofitosanitarios, tratamientos específicos y medidas para reducir riesgos, todo pensado para evitar que ingresen a la región plagas y enfermedades que hoy están ausentes.
Una barrera que protegen entre todos
Sostener estos logros no es tarea de un solo organismo. El SENASA trabaja de manera coordinada con los gobiernos provinciales, con la Fundación Barrera Patagónica (FUNBAPA) -que reúne a todas las provincias patagónicas y a Buenos Aires- y con el sector privado de las distintas cadenas productivas.
La barrera zoofitosanitaria se despliega en 12 puestos terrestres fijos y 3 móviles, además de los controles en puertos y aeropuertos de la región, donde se revisan tanto cargas comerciales como equipajes de viajeros.
Por eso, cada persona que viaja hacia la Patagonia también forma parte de este cuidado colectivo. Existen productos de origen animal y vegetal que no pueden ingresar a la región, así que la recomendación para quienes se dirijan hacia el sur es simple: informarse antes de viajar.
En la Diplomatura en Producción de Alfalfa Sostenibles, el ingeniero agrónomo Guillermo Marrón brindó herramientas para dominar la implantación de alfalfa. Parafraseando a Belgrano, en el día de la bandera, remarcó que se debe “cultivar el suelo bajo principios de conocimiento”.
Buenos Aires, martes 7 d3e julio (PR/26) .- Pensar que la siembra de alfalfa se reduce solo a una operación mecánica que consta de colocar semillas en el suelo es un grave error. Esta ciencia, no es moderna, aunque fue perfeccionada con el paso de los años.
En la clase que brindó dando inicio al módulo II, su tema fue: “¿Cómo pensar una implantación eficiente? ¿Qué elementos debemos tener en cuenta?” y para abrir el juego, trajo a colación una advertencia que Manuel Belgrano en 1796 realizaba sobre la importancia crítica de cultivar el suelo bajo principios de conocimiento, una visión que se institucionalizó en 1883 con la creación del Instituto Agronómico y Veterinario.
En la actualidad, el productor necesita volver a las bases y entender que el éxito de la pastura no depende del tamaño o la potencia del tractor, sino de tener conocimiento científico para poder aprovechar el uso de la sembradora y calibrar correctamente la herramienta.
A diferencia de las gramíneas, que tienen un desarrollo más robusto, la semilla de alfalfa posee una reserva energética extremadamente limitada. Esta vulnerabilidad lleva a que la profundidad de siembra no sea una sugerencia técnica, sino el factor determinante de la supervivencia.
El método Marrón
En su clase describió a la leguminosa como un «gusano cabezón» (emergencia epígea). En este proceso, el hipocótilo debe arrastrar los cotiledones hacia la superficie, enfrentando la resistencia del suelo.
Si la siembra excede los límites críticos, la energía se agota antes de que la plántula inicie la fotosíntesis, resultando en una muerte silenciosa bajo tierra. Citando los estudios neozelandeses de 1971 sobre fuerza radicular, se evidencia que el contacto íntimo suelo-semilla es el único motor capaz de asegurar la transferencia de humedad necesaria para romper la latencia. Una siembra profunda no solo compromete la tasa de emergencia, sino que anula la inversión inicial al dejar lotes con densidades insuficientes que comprometen la vida útil de la pastura.
El éxito de la implantación se gestiona desde el frente de la máquina. La cuchilla de corte no es un accesorio secundario; es la herramienta que define el ambiente donde operará el abre surcos. Una cuchilla estándar de 18 pulgadas tiene una limitación física de trabajo de 10 cm; pretender profundizar más allá de este límite compromete la estabilidad del tren de siembra y la uniformidad del corte.
En este punto, la física de las ondas es crucial: mientras que las ondas radiales son convencionales, las ondas tangenciales cumplen una función superior en la «eyección» de suelo y rastrojo, evitando el atascamiento en ambientes con alta carga de residuos.
En suelos pesados o adhesivos, la recomendación técnica vira hacia el uso de doble disco desencontrado (offset) para asegurar la limpieza del surco.
Para garantizar la geometría del surco, la metodología Marrón rescata el «Método de las Tarjetas» de Mat Hagney para evaluar el desgaste del doble disco. La clave reside en identificar el pinch point o punto de contacto entre los discos:
* Se deben insertar dos tarjetas entre los discos.
* El área de contacto (donde las tarjetas se detienen) debe oscilar entre 2 y 2.5 pulgadas (5 a 6.3 cm).
* Si la distancia es menor, los discos dejan de formar una «V» perfecta para generar una «W». Este error estructural permite que la suciedad caiga al fondo del surco antes que la semilla, desgasta prematuramente la quilla protectora y arruina la ubicación de la semilla, dispersando la profundidad real y comprometiendo la uniformidad temporal de la emergencia.
La eficiencia de siembra
Los sistemas de distribución convencionales por gravedad o mecánicos suelen fallar ante las semillas modernas que incorporan coating o peleteado, ya que el material tiende a adherirse y generar variaciones erráticas en la densidad.
Por eso, Marrón propone migrar hacia sistemas neumáticos incluso en máquinas no diseñadas originalmente para pasturas.
Esta adaptación «artesanal» de alta precisión utiliza tubos secundarios y precintos estratégicamente colocados para asegurar que la semilla sea «guiada y pinchada» contra el fondo del surco, eliminando el rebote o efecto «voleo» que ocurre cuando la semilla golpea las paredes del surco. La meta técnica es clara: lograr una distribución equidistante con menos de 2 cm entre plantas para alcanzar el objetivo de 250 a 300 plantas por metro cuadrado.
Una vez que la semilla alcanza el fondo del surco, el proceso crítico es el sellado. El concepto de «profundidad aparente» es fundamental: la profundidad debe medirse desde la superficie real del suelo, independientemente de la cobertura. El surco debe funcionar como una «chimenea» que gestiona la capilaridad.
Para que la semilla se hidrate, es imperativo eliminar las cámaras de aire mediante el uso de rolos. La analogía técnica es simple: para que una esponja húmeda moje un papel, hay que presionarla contra él. Sin esa presión, la capilaridad se interrumpe y la semilla se deseca. En siembras de otoño, la técnica de levantar las ruedas tapadoras puede ser una ventaja competitiva para evitar el excesivo tapado por tierra que, al calentarse o secarse, «quema» el brote antes de emerger. Un surco mal cerrado anula toda la ingeniería previa.
Por último, para Marrón podes contar con la tecnología más avanzada, pero si no tenes un equipo humano alineado no vas a lograr cumplir los objetivos. La implantación de alfalfa es una tarea de detalles que requiere sacar al personal de su zona de confort.
La alianza contempla el desarrollo conjunto de soluciones en conectividad, procesamiento de datos, energía limpia y formación de talento para fortalecer la productividad de los asociados de la cooperativa.
Rosario, martes 7 de Julio (PR/26) . — Huawei y Agricultores Federados Argentinos (AFA) firmaron un Memorándum de Entendimiento de Cooperación Institucional y Tecnológica orientado a acelerar la transformación digital del sector agropecuario cooperativo en Argentina.
El acuerdo establece un marco de trabajo conjunto para identificar necesidades tecnológicas y desarrollar iniciativas concretas en beneficio de los productores asociados a La Cooperativa ubicados en localidades de nueve provincias argentinas: Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Entre Ríos, Salta, San Luis, Santa Fe, Santiago del Estero y Tucumán.
La colaboración se estructura en torno a cuatro ejes principales:
Conectividad
Las partes explorarán soluciones tecnológicas para mejorar la conectividad operativa de AFA y sus asociados, contribuyendo a reducir la brecha digital en las comunidades rurales del área de influencia de la cooperativa. Huawei cuenta con más de 180 redes 5G desplegadas y 1.500 millones de usuarios a nivel mundial, y viene impulsando en Argentina proyectos de conectividad de alto impacto en diversos sectores como el entretenimiento y la minería.
Procesamiento de datos
El acuerdo prevé evaluar soluciones para el tratamiento y análisis de la información generada en la operación de La Cooperativa, con el objetivo de apoyar la toma de decisiones de los productores y fortalecer la gestión institucional. Huawei Cloud, cuyos modelos de inteligencia artificial Pangu ya se aplican en más de 500 escenarios en más de 30 sectores a nivel global, incluyendo agricultura, será una de las capacidades centrales puestas a disposición de esta iniciativa.
Energía limpia
Las partes analizarán oportunidades para incorporar fuentes de energía renovable tanto en instalaciones de AFA como en los establecimientos de sus asociados, con foco en reducir costos operativos y fortalecer la sustentabilidad productiva. Esta línea de trabajo se apoya en la experiencia de Huawei Digital Power, que a nivel global ayudó a sus clientes a generar más de 2 billones de kWh de energía verde y a evitar la emisión de aproximadamente 1.060 millones de toneladas de CO2.
Generación de talento
El acuerdo contempla el desarrollo de soluciones educativas y de capacitación digital para fortalecer el capital humano de la cooperativa, sus equipos técnicos y los productores asociados. Va en línea con los programas de formación que Huawei ya tiene en la región, donde ya firmó acuerdos con más de 20 universidades en Argentina, Uruguay y Paraguay para capacitar gratuitamente a docentes y estudiantes en últimas tecnologías como 5G, cloud, inteligencia artificial y energía solar.
Darío Marinozzi, presidente del Consejo de Administración de AFA, señaló la importancia del acuerdo que “nos permite pensar la tecnología no como algo ajeno al campo, sino como una iniciativa que beneficia a los 36.000 productores asociados a La Cooperativa «.
Por su parte, Xiao Binbing, CEO de Huawei Argentina, agregó: «Llevamos 25 años acompañando el desarrollo tecnológico del país, y este acuerdo con AFA es una oportunidad para acercar esa experiencia al corazón del sistema cooperativo agropecuario argentino, una de las principales actividades económicas del país».
El acuerdo prevé la conformación de un comité de seguimiento conjunto que evaluará, en los próximos meses, el desarrollo de proyectos piloto en cada una de las cuatro áreas mencionadas.
Acerca de Huawei
Fundada en 1987, Huawei es un proveedor líder mundial de infraestructuras de tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y dispositivos inteligentes. Cuenta con más de 213.000 empleados y opera en más de 170 países y regiones, dando servicio a más de tres mil millones de personas en todo el mundo. Su visión y misión es llevar lo digital a cada persona, hogar y organización para conseguir un mundo inteligente y totalmente conectado. Con este fin, trabaja para lograr una conectividad ubicua y un acceso a la red inclusivo, sentando las bases de un mundo inteligente; proporcionaremos potencia informática diversificada donde la necesite, cuando la necesite, para llevar la nube y la inteligencia a todos los rincones de la tierra; construiremos plataformas digitales para ayudar a todas las industrias y organizaciones a ser más ágiles, eficientes y dinámicas; y redefine la experiencia del usuario con IA, haciéndola más inteligente y personalizada para las personas en todos los aspectos de su vida, ya sea en casa, de viaje, en la oficina, divirtiéndose o haciendo ejercicio. Para más información, visite el sitio web oficial de Huawei: www.huawei.com
El negocio de las legumbres en Argentina atraviesa una etapa de transformación profunda marcada por la inversión tecnológica, la diversificación de destinos y los desafíos comerciales ante competidores globales cada vez más agresivos.
Buenos Aires, lunes 6 julio (PR/26) — El mercado de la arveja en la Argentina consolidó un crecimiento sobresaliente sustentado en un fuerte recambio genético.
“Vemos cómo los rindes del producto vienen incrementándose año tras año a partir de la incorporación de variedades fiscalizadas que dejaron atrás las viejas variedades tradicionales”, comentó Guido Zoppi de Agrosud durante un panel sobre mercados realizado esta semana en una jornada organizada en Salta por la Cámara de Legumbres (Clera).
La producción total dio un salto cuantitativo al pasar de 260.000 toneladas en la campaña 2024/25 a 385.000 toneladas en el ciclo 2025/26. Este incremento vino acompañado de una expansión del área sembrada y una mejora en el rendimiento estimado, que alcanzó 2800 kg/ha.
Zoppi dijo que la renovación genética no solo elevó los rendimientos, sino que erradicó problemas históricos de calidad como el “huevo de tero” o la “flor mora” para lograr un grano comercial óptimo.
A nivel comercial, el ciclo previo estuvo signado por el mercado chino, que tras restringir temporalmente las importaciones desde Canadá, demandó cerca de 50.000 toneladas de arveja argentina.
“Pese a que China restableció sus lazos con Canadá a partir de marzo de este año, el producto argentino demostró estar a la altura de las máximas exigencias globales”, afirmó.
De cara al futuro, y con un stock remanente proyectado en 274,000 toneladas para el fina de la presente campaña comercial, el desafío del sector radica en potenciar el consumo interno, ya sea como fuente de alimentación animal o con el desarrollo de harinas y snacks.
En lo que respecta al poroto Mung –con el cual se elaboran los denominados “brotes de soja”–, se registró en la última campaña un crecimiento récord en superficie argentina.
“El poroto Mung vive una campaña de expansión histórica en términos de superficie, registrando un incremento superior al 40% impulsado por el reemplazo de hectáreas de poroto negro y una fuerte adopción en las provincias de Santiago del Estero y Chaco, bajo esquemas de siembras tardías en rotación con girasol”, comentó Bárbara Wulff de Oscar Peman & Asociados.
En 2025/26 la siembra alcanzó las 105.000 hectáreas, logrando cosecharse 90.000, ya que parte del área se perdió por fuertes temporales ocurridos en la región chaqueña. La producción total se ubicó en 99.000 toneladas, con un rendimiento promedio de 1100 kg/ha.
Al no contar con un protocolo sanitarios habilitado para exportar de manera directa al mercado de China –proceso que se está gestionando a nivel diplomático–, los exportadores argentinos diversificaron sus operaciones, pisando fuerte en el sudeste asiático y Oceanía.
Gracias a la incorporación de tecnología y la expansión de nuevas áreas de siembra, India, que tradicionalmente producía Mung para consumo interno e incluso importaba el poroto, se transformó en los últimos años en exportador de la legumbre, lo que presiona a la baja del valor de la especialidad en la plaza asiática.
En lo que respecta al garbanzo, el mercado estuvo condicionado por una sobreoferta mundial acumulada en las últimas dos temporadas, lo que empujó los valores internacionales por debajo de la media histórica de la última década. No obstante, lluvias extraordinarias previas a la siembra entusiasmaron a los productores locales a mantener la superficie en niveles estables.
En 2025/26 se sembraron 96.900 hectáreas para generar una producción estimada en 124.000 toneladas, cifra que, sumado el stock remanente del ciclo previo, promovió la conformación de una oferta exportable de 113.000 toneladas para la presente campaña.
En ese marco, los valores de referencia se ubicaron en 600, 700 y 800 u$s/tonelada para los calibres 7, 8 y 9 milímetros de la variedad Kabuli, que es la que produce la Argentina. “Aquellos lotes destinados a la Unión Europea –que exige rigurosos controles de trazabilidad y pautas sanitarias– pueden capturar premios o plus de valor de entre 20 y 50 u$s/tonelada adicionales”, aclaró Lucas Género de Agrofín.
“En contraste, los mercados de volumen puro como Pakistán no penalizan tanto estas exigencias, aunque allí se compite directamente por precio contra la agresiva política comercial de Rusia”, añadió.
Pakistán lidera precisamente la demanda de garbanzo argentino, seguido de cerca por los mercados europeos de conservas como Italia y España, completando el ranking con Brasil y Turquía.
“Los exportadores se mantienen expectantes ante una eventual resolución de los conflictos geopolíticos en Medio Oriente, lo que reabriría plazas históricas de alto valor como Arabia Saudita, Omán y los Emiratos Árabes Unidos”, resumió.