Mar 4, 2026 | Agricultura, Clima, Economía / Economía del Agro, Informes Técnicos
La última edición de EnBio, celebrada en Junin, dejó en claro que el problema de las brechas en Argentina tiene un culpable principal: el estrés abiótico. Técnicos de todo el país y del exterior coincidieron que se debe poner a esta problemática en un primer plano si queremos mejorar los rindes y el suelo.
Junín, 4 de Marzo (PR/26) . Los problemas de rindes estancados y de compactación y degradación de suelos se repiten en todos los campos del país son básicamente un problema de estrés abiótico, o sea aquellos factores climáticos y mecánicos que están afectando gravemente a las plantas de soja y maíz y que no se ven y mucho menos se miden.
La jornada comenzó con una recorrida a campo para ver ensayos de manejo de estrés en soja y maíz tratados con diferentes tecnologías e insumos. Participaron de la misma el Director Nacional de Agricultura Jorge Gambale, el Ministro de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires Javier Rodríguez y el Intendente de Junin Juan Fiorini quienes recorrieron los ensayos como un más y coincidieron en la importancia de comenzar a hablar de estrés en los cultivos que hoy se lleva cerca del 50% de los potenciales de rinde.
“Hacemos entradas exclusivas a los lotes para el control de estreses bióticos, pero no para estreses abióticos y perdemos mucho rendimiento”, la frase le pertenece al Ing. Sebastián Zuil quien abordó el tema durante el segundo día y además agregó: “La frecuencia de estreses abióticos, ya sea en duración como en intensidad, fue mayor en los últimos 7 años en comparación con la base de datos climática histórica. Para futuras campañas, hay que seleccionar cultivares e híbridos de mejor comportamiento a estreses ambientales, con alta capacidad de compensación, alta tasa de crecimiento durante el PC y más sincrónicos en su producción de estructuras reproductivas. Debemos recordar que las adversidades bióticas no siguen los mismos patrones que los cultivos, por lo que podemos estar con estrés ambiental intenso sin saberlo. Aún nos queda mucho camino por recorrer con bioestimulantes / hormonales / antiestresantes / etc. en cuanto a mejorar los balances hormonales (reducir dominancias) y “predecir o anticipar” la ocurrencia de estreses en cultivos agrícolas”.
Los microbios son el nuevo NPK:
Para el Asesor Wenceslao Tejerina director de Agroestrategias sostuvo que la pérdida por estrés abiótico llega al 65% de los rindes. “Los responsables son las altas temperaturas, exceso de radiación UV, exceso de Luminosidad, ozono, sequía, asfixia radicular, bajas temperaturas, heladas, viento, deficiencias de nutrientes, salinidad, déficit lumínico y hasta metales pesados en el suelo”. “Durante décadas, nos han entrenado para preguntar: «¿Cuántas bolsas de NPK necesito?» Pero en 2025, la pregunta más inteligente es: «¿Cómo puedo liberar los nutrientes que ya tengo en mi suelo?» Esta es la verdad que la mayoría de los consultores agrónomos todavía no dicen en voz alta: A tu suelo no le faltan nutrientes, le falta vida”, dispara.
A su turno el Ing Rodolfo Rossi, Presidente de Acsoja, explicó que la revista Nature, estima que, a mediados de siglo, los dramáticos efectos del cambio climático a nivel mundial podrán causar daños valorados en US$38 Mil Millones por año, lo que subraya la magnitud del problema y la urgencia de encontrar soluciones efectivas y justas desde el punto de vista económico. “Se viene un aumento de las temperaturas que provocará una gran caída en la producción” sostuvo. Llego la hora de apoyar prácticas agrícolas basadas en cultivos tolerantes al calor y la sequía entre otras variables”, sostuvo.
Entre las visitas destacadas se presentó el Dr. Prometeo Sánchez García es Profesor e investigador del Colegio Post graduados de México, quien no sólo deslumbró a los presentes con sus tecnologías para diagnosticar a campo, sino que dejó en claro que el estrés abiótico es el responsable de los problemas de brechas que hay en Argentina. Durante la visita a campo Sanchez García explicó y midió como una planta “linda a la vista” está estresada y perdiendo rindes en el mismo momento en que la están monitoreando. “No hay que quedarse con la profundidad de las raíces ni con que hay agua en el perfil. Puede la planta tener buenas raíces pero su tiene estomas cerrados la planta no toma agua, los estomas son las bocas de la planta y hoy existen una gran cantidad de equipos para medir cómo están. Un estrés por radiación puede estar afectando seriamente un cultivo que se ve bien a la vista. Una planta que durante 8 horas del día sufre estrés no puede rendir al máximo”, disparó.
Compactación de suelos y estrés:
Durante la segunda jornada el Dr Sánchez García se refirió al problema de suelos compactados y degradados que vio en los campos que le tocó visitar y explicó que la compactación de suelos que puede ser de origen químico, de origen físico o de origen biológico. “La compactación física tiene que ver con el tipo de suelo y con el uso de este sobre todo con lo generado por el tránsito reiterado de las maquinarias. La compactación química tiene que ver con una amplia concentración de calcio en algunos suelos y eso genera que, cuando se fertiliza campaña tras campaña, se forma un sarro y un tipo de yeso que comienza a generar taponamiento de los poros del suelo y eso comienza a generar un problema de mala infiltración y disminución de las raíces. El uso de fertilizantes a base de azufres o fósforo como los fosfatos eso empieza a generar esa formación de sarro” sostuvo.
Y lo que es más impactante, el agua de lluvia compacta. Parece que no pero el agua genera una compactación natural, para lo cual la recomendación es simple: aplicar ácidos orgánicos al suelo y luego micronutrientes para mejorar la microbiología, en ese orden, porque los micronutrientes no crecen en suelo compactado, necesitan un mejor sustrato.
Lic. Pablo Formaggini / Agroagencia.com
Cel 341 3992477
Primicias Rurales
Mar 3, 2026 | Actualidad, Agricultura
Buenos Aires, martes 3 de marzo (PR/26) . – Comunicado:
La Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) celebra y acompaña de manera contundente la decisión del presidente de la Nación, Javier Milei, de situar la modernización del régimen de propiedad intelectual vegetal como una prioridad estratégica de Estado.
El impulso a la adhesión de la Argentina al Acta 1991 de la UPOV constituye un paso decisivo para revertir un proceso que, durante décadas, fue erosionando la competitividad y la productividad del agro argentino por falta de actualización normativa y de reglas claras que acompañen el desarrollo tecnológico.
Como ejemplificó el Presidente en su discurso: “En cultivos como el algodón, donde el
desarrollo genético es determinante para mejorar rindes y calidad, no podemos seguir sin
reglas claras que protejan la innovación. Si no adherimos a UPOV 91, seguimos castigando
a quienes invierten y apostando al atraso”.
Desde ASA compartimos plenamente la convicción de que no hay crecimiento sostenido sin
seguridad jurídica. El Acta 1991 —adoptada por 63 países— representa hoy el estándar
internacional en materia de protección de obtenciones vegetales.
Argentina, en cambio, continúa bajo un esquema de 1978 que la mantiene al margen de ese marco. Actualizar la normativa es una condición necesaria para competir en igualdad de condiciones y potenciar
la capacidad exportadora del país.
La incorporación del concepto de variedades esencialmente derivadas y la protección
efectiva de los derechos del obtentor brindarán previsibilidad y transparencia a toda la
cadena.
Al mismo tiempo, el Estado conserva las herramientas para regular de manera
equilibrada el uso propio, garantizando un esquema claro y sostenible.
Este cambio fortalece la libertad económica y crea condiciones para que empresas, pymes y centros de
investigación desarrollen en el país nuevas variedades y mayor valor agregado, evitando
que el talento y las inversiones se trasladen a jurisdicciones con marcos regulatorios más
adecuados.
Sostener el esquema actual implica mantener un modelo que ya mostró sus limitaciones y
que contribuyó a que la Argentina perdiera competitividad en uno de sus sectores más
estratégicos.
Avanzar en esta actualización, en cambio, significa asumir que el desarrollo
tecnológico es un pilar central para incrementar rendimientos, mejorar la productividad y
consolidar el liderazgo del agro argentino.
En su discurso ante el Congreso, el presidente Milei citó a Vaca Muerta y a la minería, como
ejemplos palpables de que, con marcos normativos claros y estabilidad jurídica, la inversión
llega.
ASA reafirma su total disposición para trabajar junto al Gobierno Nacional y el Congreso en
la pronta implementación de estas reformas. Este es el momento de tomar decisiones
estructurales que aseguren la inserción definitiva de la Argentina en el comercio global con
reglas previsibles.
Desde el sector semillero acompañaremos este proceso redoblando esfuerzos e inversiones para transformar este nuevo marco legal en más producción, más empleo y mayor competitividad para toda la cadena agroindustrial.
Primicias Rurales
Fuente: Asociación de Semilleros Argentinos (ASA)
Mar 2, 2026 | Actualidad, Agricultura
La guerra contra Irán en 2026 impacta en el agro argentino y mundial: suben fertilizantes, combustibles y seguros marítimos, se reducen márgenes y aumenta la volatilidad en los precios de los alimentos.
Buenos Aires, lunes 2 marzo (PR/26) — La escalada bélica en Oriente Medio durante 2026 volvió a colocar al sector agropecuario global en el centro de la tormenta económica. Aunque los combates no se desarrollen en zonas agrícolas clave, el conflicto contra Irán impacta de forma directa e indirecta sobre los costos de producción, la logística internacional y la estabilidad de los precios de los alimentos.
El agro argentino —altamente dependiente de fertilizantes importados, energía y transporte marítimo— siente con fuerza estos movimientos, en un contexto de márgenes ya ajustados.
Fertilizantes: el efecto urea
Uno de los impactos más inmediatos se observa en el mercado de fertilizantes nitrogenados, especialmente la urea. Irán es un actor relevante en la producción global de este insumo, y cualquier interrupción en exportaciones, sanciones o restricciones logísticas genera subas rápidas en las cotizaciones internacionales.

En Argentina, donde el trigo y el maíz dependen fuertemente de la fertilización nitrogenada, el aumento de precios de la urea complica la planificación de la campaña 2026/27. Técnicos del sector advierten que, ante insumos más caros, algunos productores podrían reducir dosis o superficie sembrada, afectando potencialmente los rindes.
Según análisis difundidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los conflictos armados no sólo destruyen infraestructura en las zonas afectadas, sino que alteran cadenas de suministro globales, elevando costos en países alejados del teatro de operaciones.
Energía y combustibles: presión directa sobre los costos
El petróleo y el gas reaccionaron con alta volatilidad ante la amenaza sobre rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, por donde circula una parte sustancial del crudo mundial. Cada salto en el barril impacta de manera directa en:
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Gasoil para maquinaria agrícola
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Costos de transporte interno
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Fletes marítimos
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Energía para plantas de procesamiento
En Argentina, donde el transporte terrestre es clave para movilizar granos hacia los puertos del Gran Rosario, cualquier suba sostenida del combustible erosiona rápidamente la rentabilidad del productor.

Además, el encarecimiento del gas afecta la producción global de fertilizantes —muchos de ellos derivados del gas natural— generando un doble efecto sobre los costos agrícolas.
Riesgo logístico y seguros marítimos
Otro frente de tensión es el marítimo. La inestabilidad en Medio Oriente elevó las primas de seguros para buques que atraviesan zonas consideradas de riesgo. Esto repercute en el comercio mundial de materias primas, incluidos granos, aceites y subproductos.
Si bien Argentina exporta principalmente desde el Atlántico Sur, la disrupción en rutas energéticas y comerciales globales altera tarifas, tiempos y disponibilidad de flota. La volatilidad logística termina trasladándose al precio final de los alimentos.

El estrecho de Ormuz está cerrado, es punto de importancia estratégica mundial que separa las costas de Irán y Omán, se encuentra entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán y por sus aguas se transporta alrededor del 20 % de la producción mundial de crudo y también de gas.
Márgenes ajustados y decisiones productivas
En América Latina, productores enfrentan un escenario complejo: mayores costos de insumos y energía combinados con mercados internacionales volátiles. Aunque los precios de los commodities pueden reaccionar al alza por incertidumbre geopolítica, el beneficio no siempre compensa el incremento de costos.

El resultado es una reducción de márgenes netos, que puede derivar en:
La FAO advierte que los conflictos generan impactos que trascienden lo inmediato: desplazamientos de población, pérdida de mano de obra agrícola, deterioro de infraestructura y afectación de activos productivos como ganado o maquinaria.
En este marco, organismos internacionales como el Banco Mundial, la Unión Europea y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han desarrollado guías para evaluaciones post desastre (PDNA) adaptadas a contextos de conflicto, con el objetivo de evitar que las respuestas económicas profundicen tensiones estructurales.
Impacto en los precios de alimentos
A corto plazo, el efecto dominante es el aumento de costos de producción. A mediano plazo, la incertidumbre tiende a sostener la volatilidad de los precios internacionales de alimentos.
En países importadores netos de granos y fertilizantes, el encarecimiento se traduce en inflación alimentaria. En exportadores como Argentina, el escenario es ambivalente: pueden mejorar los precios internacionales, pero los costos internos suben en paralelo.
Un conflicto lejano, consecuencias globales
La guerra contra Irán en 2026 demuestra, una vez más, la interconexión del sistema agroalimentario global. Lo que ocurre en una región estratégica para la energía y los fertilizantes repercute en los márgenes de un productor de maíz en la pampa húmeda y en el precio del pan en cualquier ciudad del mundo.
En un sector donde la planificación depende de estabilidad y previsibilidad, la incertidumbre geopolítica se convierte en una variable más —y cada vez más determinante— dentro del cálculo productivo.
Por Matilde Fierro, editora de Primicias Rurales
Mar 2, 2026 | Agricultura, Columnas, Desarrollo Humano, Especial, Salud
Hemos olvidado que el suelo es un organismo vivo, un diseño perfecto del Creador que no necesita de venenos para prosperar. Al tratar la tierra como una fábrica inerte, hemos desconectado nuestra nutrición de su fuente de vida. Es hora de entender que la verdadera agronomía no es una guerra contra las plagas, sino un acto de mayordomía que reconoce que nuestra salud comienza en el respeto sagrado por la microbiología del suelo.
Por Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales
Para tener en cuenta: La salud del alma y la salud del suelo están íntimamente ligadas
Buenos Aires, lunes 2 marzo (PR/26) — En las últimas décadas, los campos del mundo se han transformado en escenarios de una guerra silenciosa.
Agrónomos, técnicos y productores, armados con el arsenal de la química moderna, batallan contra «malezas», insectos y hongos.
Sin embargo, tras años de «victorias» tecnológicas, el balance es alarmante: el suelo está más agotado, las plagas son más resistentes y, lo más grave, la humanidad padece una crisis sanitaria sin precedentes.
¿Qué estamos haciendo mal?
La Trofobiosis: El pecado de la sobrealimentación
La ciencia moderna nos ha llevado a olvidar un principio básico: la Trofobiosis. Al forzar el crecimiento de las plantas con fertilizantes sintéticos —especialmente el Nitrógeno soluble—, creamos organismos con una savia «dulce», llena de aminoácidos libres que son el banquete perfecto para las plagas.
En nuestra soberbia por controlar los tiempos de la naturaleza, hemos creado plantas metabólicamente desequilibradas. Una planta sana, nutrida por la compleja red de micorrizas y minerales traza del suelo, produce proteínas complejas que los insectos simplemente no pueden digerir. La plaga no es el enemigo; es el mensajero de un desequilibrio que nosotros mismos provocamos.
Suelo muerto, comida hueca, cuerpo enfermo
El suelo no es un soporte inerte; es un organismo vivo. Al tratarlo como una factoría de extracción, hemos roto la cadena de la vida.
- La pérdida de vitalidad: Una planta que crece en un suelo tratado con biocidas carece de metabolitos secundarios (antioxidantes y polifenoles).
- El impacto en la salud: Consumimos comida «hueca». Esta carencia nutricional, sumada a los residuos químicos, desregula nuestro sistema endocrino y daña nuestro microbioma intestinal, donde reside el 80% de nuestra inmunidad. La explosión de cánceres, alergias y enfermedades autoinmunes no es casualidad: es el reflejo de una biología interna que ya no reconoce lo que ingiere como «alimento vivo».

La solución a gran escala: Agricultura Regenerativa y Sintrópica
¿Es posible alimentar al mundo sin venenos? La respuesta es un rotundo sí, pero requiere un cambio de paradigma: de la extracción a la regeneración.
- Agricultura Sintrópica: Propuesta por Ernst Götsch, busca imitar la dinámica de los bosques. Se basa en la sucesión natural y la alta densidad de especies que cooperan en lugar de competir. En estos sistemas, la poda se convierte en el motor que fertiliza el suelo de forma gratuita y constante.
- Remineralización y Microbiología: Sustituir el NPK químico por harina de rocas y microorganismos eficientes. Esto devuelve al suelo la «memoria mineral» necesaria para que las plantas recuperen su sistema inmunológico.
- Manejo Holístico: Integrar animales y cultivos para cerrar los ciclos de nutrientes, devolviendo al suelo la materia orgánica que el sol y la fotosíntesis generan.
Una visión espiritual: El Creador y la Mayordomía
Más allá de la técnica, hay una verdad que hemos ignorado: la tierra no nos pertenece. En nuestra carrera por el rendimiento máximo, hemos olvidado el rostro del Creador en la creación. Existe un diseño inteligente en cada raíz y en cada filamento de hongo.
La salud del alma y la salud del suelo están íntimamente ligadas. Un suelo enfermo es el síntoma de un espíritu desconectado de su origen. Al envenenar la tierra, estamos profanando el sustento que nos fue dado para nuestra vitalidad y propósito.
Recuperar la agricultura es, en última instancia, un acto de humildad: es reconocer que no somos los dueños de la vida, sino sus guardianes o «mayordomos».
En un suelo sano, la vida florece sin esfuerzo. En un corazón conectado, la sabiduría de la naturaleza se vuelve evidente. Es hora de dejar de luchar contra la creación y empezar a danzar con ella.
Reflexión final: El cambio comienza en el suelo de nuestras propias decisiones. Cada vez que elegimos cómo producir o qué consumir, estamos votando por el mundo que queremos habitar.
Por Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales
Primicias Rurales
Fuentes : Life & Energy in Agriculture – Arden B. Andersen
Agroecología – Miguel Altieri
La Vida Secreta de las plantas
Mar 1, 2026 | Agricultura, Economía / Economía del Agro, Especial
Desde el bosque costero de Claromecó hacia mercados de Europa, un emprendedor local logró convertir la recolección y procesamiento de piñones en un negocio exportador con valor agregado y proyección internacional.
Claromecó, domingo 1 marzo (PR/26) — Con más de 30.000 árboles implantados, tres exportaciones consecutivas de 6.000 kilos y un mercado internacional con precios que alcanzan los 100 euros por kilo, un emprendimiento forestal en Claromecó posiciona al piñón argentino como una alternativa productiva estratégica para el Cono Sur.
Desde un pequeño pueblo de la Costa Atlántica bonaerense, un ingeniero forestal convirtió una plantación sobre dunas en un proyecto exportador que hoy abastece al mercado europeo.
Con producción 100% artesanal y visión a largo plazo, Alejandro Camporini apuesta al piñón como nuevo fruto estrella del Cono Sur.
En Claromecó, localidad balnearia de apenas 2.500 habitantes en el partido de Tres Arroyos, el sonido del mar convive con otro paisaje menos conocido: un extenso pinar plantado sobre dunas que hoy posiciona al pueblo en el mapa internacional de los fruTos secos.
“Allí planté yo cada uno de estos pinos”, dice Alejandro Camporini, ingeniero forestal egresado de la Universidad Nacional de La Plata, mientras recorre la estación forestal que ayudó a forestar a fines de los años 90.
Fueron 6.000 ejemplares de Pinus pinea, el tradicional pino piñonero de copa en forma de paraguas que produce uno de los frutos más valorados del mundo gastronómico: el piñón.
Lo que comenzó como un recuerdo de infancia -juntar piñas con su abuela y pelar semillas a martillazos para el pan dulce y el pesto- se transformó en una apuesta productiva de largo aliento.
Tras años de intentos fallidos de otros productores, en 2023 Camporini logró concretar la primera exportación argentina de 6.000 kilos de piñones a España. La operación se repitió en 2024 y 2025 con volúmenes similares.
La producción es tan artesanal como desafiante. Entre mayo y octubre, las piñas se cosechan a mano, trepando árbol por árbol con una vara con gancho en la punta para hacerlas caer. Luego se acopian y, durante el verano, se secan naturalmente al sol hasta que se abren. Una máquina separa la semilla y finalmente se obtiene el piñón.
“De 100 kilos de piña salen apenas dos o tres kilos de piñón pelado listo para consumir. Por eso es un producto costoso y tan valorado”, explica el emprendedor. En Europa, el kilo de piñón puede alcanzar entre 70 y 100 euros, ubicándolo entre los frutos secos más caros del mercado.

La calidad del producto argentino ya fue reconocida por el mercado español. Agustí Nogueras, empresario del sector en Cataluña y primer comprador de la producción de Claromecó, destaca que las características organolépticas son equivalentes a las europeas. Además, señala una ventaja estratégica clave: mientras Europa enfrenta desde los años 90 la plaga del Leptoglossus occidentalis, que redujo drásticamente el rendimiento de los pinares, Argentina aún está libre de ese insecto.
En un contexto global de escasez y demanda insatisfecha, el Cono Sur aparece como una región con enorme potencial productivo. Chile ya trabaja en la intensificación del cultivo, y especialistas internacionales coinciden en que el hemisferio sur puede convertirse en un nuevo polo exportador.
Sin embargo, el piñón no es un cultivo de resultados inmediatos.
Un plantín tarda entre uno y dos años en desarrollarse; luego se foresta en invierno y recién a los ocho, nueve o diez años comienza a dar sus primeras piñas. Es una inversión que exige paciencia y visión de futuro.
“Quizá ya no pueda subirme a los árboles como lo hago ahora. Esto lleva tiempo y tal vez no llegue a verlo. Pero que la producción evolucione y que se siga plantando, aunque sea sin mí, sería un sueño”, reflexiona Camporini.
Desde un pequeño pueblo costero donde la economía gira en torno al turismo y la pesca artesanal, este proyecto abre la puerta a una nueva matriz productiva basada en el bosque, el valor agregado y la exportación. Del pinar a Europa, el piñón argentino empieza a escribir su propia historia.
Fuente: Cristela Cicaré
Feb 27, 2026 | Agricultura, Clima, Columnas
La agricultura del futuro no sólo está en las manos de los agricultores, sino en los diminutos habitantes invisibles del suelo.
Por Ing Agr Pedro A Lobos 
Buenos Aires, martes 17 de diciembre (PR/25) — El microbioma, una red compleja de bacterias, hongos y virus, ha emergido como el verdadero motor detrás de una revolución silenciosa que está redefiniendo la forma en que cultivamos nuestros alimentos.
En este nuevo paradigma agrícola, los microbios no sólo son aliados, sino protagonistas clave en la creación de cultivos más saludables y resilientes.
1. Bioestimulantes y Biofertilizantes: El Poder de los Microorganismos
A diferencia de los fertilizantes químicos tradicionales, los bioestimulantes y biofertilizantes se basan en microorganismos vivos para optimizar la absorción de nutrientes y mejorar la salud de las plantas.
Entre ellos, las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR) destacan por su capacidad para fijar nitrógeno del aire y solubilizar el fósforo en el suelo. Esta acción reduce la dependencia de fertilizantes sintéticos, favoreciendo una agricultura más sostenible y menos contaminante.
Empresas como Bioceres Crop Solutions están a la vanguardia de este cambio, ofreciendo soluciones innovadoras que aprovechan el poder de la microbiología para mejorar los cultivos.
2. Biocontrol: Los Microbios como Guardianes Naturales
Los microbios no sólo alimentan a las plantas, también las defienden. En un mundo cada vez más preocupado por los efectos nocivos de los pesticidas químicos, hongos como Trichoderma y bacterias como Bacillus thuringiensis se están posicionando como los “guardaespaldas” naturales de los cultivos. Estos organismos actúan de manera selectiva para combatir patógenos y plagas, evitando la toxicidad de los pesticidas convencionales y, de paso, protegiendo a los polinizadores esenciales para la biodiversidad.
3. Resistencia al Cambio Climático: Microbios que Salvan Cultivos

Con el cambio climático intensificando fenómenos como sequías y olas de calor, la investigación científica de 2025 está centrada en descubrir microbios que ayuden a las plantas a resistir estos extremos.
Ciertas comunidades microbianas tienen la capacidad de inducir tolerancia al estrés hídrico y térmico, permitiendo que los cultivos mantengan su productividad incluso bajo condiciones climáticas adversas. Esta innovación no solo promete incrementar la seguridad alimentaria, sino también hacer la agricultura más resiliente frente a un futuro incierto.
4. Salud del Suelo y Secuestro de Carbono: Microbios Contra el Calentamiento Global
El suelo no solo es la base de la agricultura; también juega un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Un suelo microbiológicamente activo no solo es más fértil, sino que actúa como un sumidero de carbono eficiente, atrapando dióxido de carbono y ayudando a mitigar el calentamiento global.
Las simbiosis entre las raíces de las plantas y los hongos micorrícicos, por ejemplo, expanden el sistema radicular, mejorando la estructura del suelo y aumentando su capacidad para almacenar carbono. De esta manera, los microbios no solo impulsan la productividad agrícola, sino que también ayudan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

En este escenario de innovación y sostenibilidad, los microbios se presentan como los verdaderos héroes invisibles de la agricultura moderna.
Para los interesados en profundizar en los avances científicos y las investigaciones más recientes, los recursos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ofrecen un panorama detallado de estos desarrollos que están cambiando el rumbo de la agricultura a nivel global.
Especial por Ing. Agr. Pedro A. Lobos, director de Primicias Rurales