Producción responsable: cómo responder a las nuevas exigencias y avanzar hacia cadenas bajas en carbono

Producción responsable: cómo responder a las nuevas exigencias y avanzar hacia cadenas bajas en carbono

Referentes de la soja en América Latina se reunieron en Buenos Aires para debatir sobre trazabilidad, certificación y reducción de emisiones ante las crecientes demandas de los mercados internacionales.

 

 

 

Buenos Aires, martes 2 de junio (PR(26) .-   Más de 100 referentes de la cadena de valor de la soja de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile y Perú se dieron cita en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires para participar del Punto de Encuentro Regional LATAM.

Organizado por la Mesa Redonda de Soja Responsable (RTRS), el evento fue el escenario clave para analizar cómo escalar la producción sustentable y avanzar hacia cadenas de suministro bajas en carbono en un contexto global cada vez más exigente.

Durante la apertura del encuentro, Marina Muscolo, directora ejecutiva de RTRS, subrayó la importancia de la articulación sectorial al afirmar que “la transformación del sector solo es posible a través del trabajo colectivo”. En ese sentido, destacó la misión de la organización para congregar a productores, industrias, comercios, entidades financieras y a la sociedad civil en pos de metas comunes.

Por su parte, Mariela Montoya, gerente de Desarrollo de Mercado para LATAM de RTRS, expuso los indicadores actuales y reveló un crecimiento sostenido de la soja certificada, la cual ya supera los 8 millones de toneladas a nivel global.

A nivel regional, la superficie certificada en América Latina registró un incremento interanual del 42%, superando las 440.000 hectáreas. Argentina se consolidó como el principal referente del área, acompañada por notables avances en Paraguay y Uruguay

Montoya detalló además que existen más de 84.000 productores certificados en el mundo —en su mayoría pequeños agricultores— y que la estrategia de la organización se focaliza en tres pilares: ampliar la base de producción certificada, potenciar mercados estratégicos (como la alimentación animal, biocombustibles y acuicultura) y acelerar la demanda alineada a la agenda global de carbono.

Desafíos e incentivos económicos

 

Uno de los paneles centrales estuvo dedicado a las alianzas estratégicas, donde se presentaron herramientas de trazabilidad, sistemas de homologación de certificaciones y programas de capacitación técnica diseñados para facilitar la adopción de estas normativas en el campo.

Si bien productores y empresas coincidieron en que la certificación optimiza la gestión interna, la trazabilidad y la toma de decisiones, también advirtieron sobre las dificultades actuales. Los participantes señalaron que el diferencial económico que ofrece el mercado no siempre logra compensar los costos del proceso de certificación, un impacto que se siente con mayor fuerza en los productores de menor escala.

Ante esto, los especialistas enfatizaron la necesidad de emitir señales de mercado más claras, construir mejores incentivos y profundizar el trabajo conjunto entre todos los eslabones comerciales.

En sintonía, los exportadores y operadores del comercio internacional ratificaron que el gran desafío de la industria global no es solo exigir trazabilidad, sino transformar de manera efectiva esas demandas en beneficios económicos reales para quienes producen.

El rol de la soja en la acuicultura

 

 

 

El encuentro también reservó un espacio para analizar el impacto de la soja en la descarbonización de industrias específicas como la acuicultura.

Los expertos indicaron que una parte sustancial de la huella de carbono en la producción de alimento para salmón proviene de las materias primas vegetales. Por este motivo, la cadena de suministro de la oleaginosa se vuelve una pieza fundamental para reducir las emisiones globales del sector.

Hacia el cierre de la jornada, Helen Estima Lazzari, consultora en agricultura regenerativa y carbono de RTRS, introdujo un proyecto piloto que se está implementando en Argentina.

Esta iniciativa busca desarrollar soja baja en carbono destinada a la acuicultura mediante la recopilación de datos directos a campo, con el objetivo de estructurar un modelo replicable que logre validar y valorizar el carbono como un atributo comercial dentro de la cadena de valor.

Primicias Rurales
Fuente: Paula Vázquez
Alfalfa en rollos: una apuesta rentable que supera a los cultivos tradicionales

Alfalfa en rollos: una apuesta rentable que supera a los cultivos tradicionales

La alfalfa para rollos se posiciona como una alternativa estratégica frente a la caída de precios de cereales y oleaginosas. Con alta calidad forrajera, retorno de inversión en cuatro años y márgenes superiores a los cultivos tradicionales, la leguminosa gana terreno en el campo argentino.

 

 

 

 

 

Por Dante Garciandía,comerciante y productor agropecuario, Carlos Tejedor.

 

Buenos Aires, lunes 1° de junio (PR/26)– En un contexto donde los precios internacionales de los cereales y oleaginosas atraviesan un momento difícil, la alfalfa destinada a la confección de rollos emerge como una opción más que atractiva. Así lo analiza Daniel “El Vasco” Garciandía, comerciante y productor agropecuario de Carlos Tejedor, quien destaca que el cultivo sobresale por sus atributos de calidad forrajera y los beneficios productivos y económicos que aporta al sistema ganadero.

Según Garciandía, la alfalfa se consolida no solo por su valor nutricional para el ganado, sino también como fuente de ingresos directos a través de la venta de rollos. “En un escenario donde la agricultura tradicional atraviesa momentos difíciles debido a los bajos precios internacionales, la alfalfa se convierte en una apuesta segura, con retorno sobre la inversión a mediano plazo”, afirmó.

 

 

Alta inversión inicial, amortizable en cuatro años

 

El especialista reconoce que el cultivo requiere una inversión inicial elevada, pero subraya que esta se amortiza en un plazo mínimo de cuatro años, durante los cuales el lote sigue produciendo. La clave, según él, está en tratarlo como un cultivo agrícola más: con planificación, tecnología adecuada y gestión profesional.

Los rollos se comercializan actualmente entre $ 95.000 y $ 120.000 por unidad, según su calidad y tamaño. “Si la inversión está bien planteada y ejecutada, compite fuertemente y se puede decir que les pasa el trapo a los cultivos agrícolas tradicionales”, aseguró Garciandía.

 

 

 

 

Calidad forrajera y paquete tecnológico: los pilares del éxito

 

El cultivo exige un equilibrio fino entre calidad y cantidad. Implica elegir el cultivar y grupo según el ambiente, aplicar un paquete tecnológico adecuado —que incluye el antecesor ideal, control de malezas y fertilización correcta— y contar con prestadores de servicios en la zona para la confección de rollos.

Uno de sus puntos fuertes es su resistencia a condiciones climáticas extremas: en años adversos, lo que no puede cortarse para rollos igual es aprovechado por el ganado. La variable crítica a monitorear es el exceso de lluvias, que deteriora los caminos rurales y puede impedir el ingreso de maquinaria al lote.

 

 

Los números hablan: la leguminosa supera a los granos

 

En una comparación directa de márgenes, la alfalfa para rollos muestra una relación económica claramente favorable frente a los cultivos convencionales. “No vamos a pasar el 100% de los lotes para confeción de rollos, pero sí es algo a tener muy en cuenta”, advirtió Garciandía.

 

 

 

En resumen, la alfalfa en rollos aporta doble valor al productor: calidad nutricional para el ganado y rentabilidad económica sostenida. Para Garciandía, la conclusión es contundente: “En lo que hace a calidad del forraje y rentabilidad, le corre a cualquiera”.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: TodoAgro
El enemigo invisible de la cebada: por qué el rinde se cae aunque sigamos aplicando fertilizantes

El enemigo invisible de la cebada: por qué el rinde se cae aunque sigamos aplicando fertilizantes

 Una investigación exhaustiva sobre 600 hectáreas revela que el uso exclusivo de nutrientes químicos ya no alcanza. La clave oculta detrás de las pérdidas agrícolas radica en el colapso silencioso de la estructura física y biológica del suelo, impulsado por la alarmante pérdida de materia orgánica.

 

 

Por Ing. Agr. Pedro Lobos, director de Primicias Rurales

Buenos Aires, jueves 28 de mayo (PR/26) .-  A menudo, el productor agropecuario enfrenta la frustración de ver cómo los números de la cosecha no responden a la inversión realizada en el campo.

Cuando el rinde de la cebada cae, la mirada tiende a dirigirse de inmediato hacia el cielo buscando respuestas climáticas, o bien hacia las dosis de nitrógeno y fósforo aplicadas durante el ciclo.

Sin embargo, la verdadera respuesta podría estar bajo nuestros pies, escondida en un proceso de degradación silenciosa que la ciencia agrícola empieza a iluminar con fuerza.

Un reciente estudio desarrollado por el Dr. Andrés Rodríguez Veloso, especialista en nutrición vegetal e interpretación de perfiles edáficos, analizó minuciosamente el comportamiento productivo de 600 hectáreas destinadas a la cebada.

A través de la evaluación conjunta de 138 análisis de laboratorio, la investigación arrojó una advertencia contundente: estamos perdiendo la capacidad natural del suelo para alimentar a las plantas debido a una «tormenta perfecta» que combina minerales débiles y falta de vida orgánica.

El mito de la «receta mágica» en una bolsa

Durante décadas, la agricultura tradicional basó su estrategia en una regla puramente matemática: si el cultivo requiere ciertos kilos de nutrientes para alcanzar un objetivo de toneladas, basta con medir el faltante en el suelo y reponerlo mediante fertilizantes sintéticos.

Si bien este diagnóstico químico sigue siendo la base del manejo, la realidad en los lotes demuestra que esta práctica se ha vuelto insuficiente.

El problema central —destaca el informe— ocurre cuando los suelos registran valores críticos de Materia Orgánica (por debajo del 1,5%) y una bajísima Capacidad de Intercambio Catiónico (C.I.C, menor a 10 meq/100g). En términos sencillos, la C.I.C actúa como el «imán» o la «batería» que retiene los nutrientes positivos (como el Calcio, Magnesio o el Potasio) evitando que se filtren o laven con el agua de lluvia.

Sin este imán, el suelo se vuelve incapaz de retener la comida que el productor le aplica con tanto esfuerzo económico.

«El suelo no es un almacén inerte de minerales; es un sistema vivo. Tratar de solucionar problemas físicos o biológicos arrojando más fertilizantes en sacos es una estrategia costosa que acelera la degradación».

 

Una triple alianza que entra en colapso

Para que la cebada —sea con destino forrajero o para la exigente industria cervecera— logre asimilar los nutrientes, el suelo debe funcionar en una armonía perfecta que involucra tres pilares: el químico (la presencia de nutrientes), el físico (una estructura aireada y sin compactaciones) y el biológico (el ejército invisible de microorganismos útiles).

Cuando los niveles de materia orgánica caen en picada, este equilibrio se rompe por completo. Los microorganismos se quedan sin alimento y desaparecen, lo que a su vez provoca que la tierra se vuelva dura, se compacte y asfixie las raíces.

La planta pasa entonces a un estado de estrés edáfico: gasta sus valiosas energías intentando sobrevivir en un suelo hostil y compactado en lugar de destinarlas a la producción de granos uniformes, pesados y de alta calidad.

 Las Dos Alarmas del Suelo Bajo la Lupa

  • 1. Inestabilidad Química: Un imán mineral débil (C.I.C baja) hace que cualquier fertilización mal planificada desbalancee el suelo drásticamente, provocando que unos nutrientes bloqueen la absorción de otros por mero exceso.

  • 2. Desierto Biológico: Con menos del 1,5% de materia orgánica, el suelo pierde su fauna microscópica. Sin estos «cocineros» que transforman los minerales insolubles en alimento asimilable, la fertilidad natural se desploma.

 

El camino de regreso a la estabilidad

La investigación del Dr. Rodríguez Veloso funciona como un espejo para la región productiva y nos obliga a reformular los programas tradicionales de asistencia técnica agrícola.

Recuperar el rinde de la cebada no implica necesariamente aplicar fórmulas químicas más complejas o costosas, sino enfocarse en regenerar la salud y la estructura del suelo.

La adopción de estrategias sustentables como los abonos verdes, la correcta gestión de los rastrojos y la incorporación de enmiendas orgánicas ya no son solo banderas de la agroecología, sino herramientas de supervivencia económica.

Cuidar la estructura viva del suelo es la única garantía para que las inversiones en fertilización se traduzcan, finalmente, en un negocio sostenible y rentable en la balanza de la cosecha .

Primicias Rurales

Fuente: engormíx – Por Andrés Rodríguez Veloso -Disminución del rendimiento agrícola del cultivo cebada asociado a la C.i.c, los cationes básicos y a los bajos contenidos de materia orgánica del suelo. Ante sala de la degradación productiva del suelo

Fertilizantes más caros y con menor disponibilidad: el nuevo escenario global que desafía al agro argentino

Fertilizantes más caros y con menor disponibilidad: el nuevo escenario global que desafía al agro argentino

 

 

La guerra en Medio Oriente, la geopolítica y la licitación de India sacudieron el mercado mundial de fertilizantes en 2026. Pese al encarecimiento y la menor disponibilidad, fertilizar sigue siendo rentable en la Argentina, que consolida lo que los expertos llaman «un piso tecnológico que ya no se rompe

 

 

 

Buenos Aires, domingo 31 de mayo (PR26)–En el panel «Coyuntura de los fertilizantes» del Congreso Maizar 2026, referentes del sector describieron un panorama complejo marcado por factores geopolíticos, restricciones de oferta y nuevas estrategias de abastecimiento. Participaron Marco Prenna (ACA), Manuel Santiago (Bunge) y Renata Cardarelli (Argus), moderados por Armando Allinghi, director ejecutivo de CIAFA.

 

Dos fechas que cambiaron el mercado en 2026

 

Según Renata Cardarelli, editora de Agricultura y Fertilizantes del informe Argus, dos eventos marcaron un antes y un después este año:

El 28 de febrero, cuando estalló la guerra en Medio Oriente, y el 15 de abril, cuando India realizó una superoferta para asegurarse el abastecimiento de fertilizantes, provocando un fuerte impacto en los precios globales.

 

 

 

El efecto fue especialmente intenso en amoníaco, azufre, urea y fertilizantes fosfatados. Un dato clave: el 25% del comercio mundial de amoníaco y el 50% del de azufre transitan por el estrecho de Ormuz, cuyo tráfico llegó a paralizarse en los primeros tramos del conflicto.

En el caso del azufre, la situación se vio agravada por un alza previa en 2025 impulsada por la demanda de fabricantes de baterías para vehículos eléctricos, que —a diferencia del agro— no tienen ventanas de compra definidas y pueden pagar precios más altos en cualquier momento del año.

 

Urea: India agitó el mercado y los precios cedieron

 

La urea, fertilizante clave para el maíz y el trigo en la Argentina, atravesó semanas de alta tensión. Cuando India pagó precios elevados en su licitación de abril, muchos países se retiraron del mercado, generando una «destrucción de demanda» que terminó moderando los precios tras las fuertes subas del primer mes y medio de conflicto.

 

 

 

 

El balance de provisión de amoníaco es muy inestable para el segundo semestre: aunque Estados Unidos aún cuenta con volúmenes disponibles, deberá volcarlos a su mercado interno. En azufre, el balance es negativo hasta agosto

 

MAP y DAP: el doble problema de China y Estados Unidos

 

Manuel Santiago, director de Supply Fertilizantes Cono Sur de Bunge, subrayó que en el mercado de fosfatos los factores geopolíticos tienen hoy una importancia tremenda, un cambio radical respecto a hace una década, cuando el análisis se limitaba a oferta y demanda.

La situación actual combina dos problemas simultáneos: Estados Unidos redujo su producción y limitó exportaciones por disposiciones del gobierno de Trump, mientras que China está «totalmente cerrada» a la exportación de MAP (Monoamónico de Fosfato) y DAP (Diamónico de Fosfato). Peor aún: China no tiene comprado el azufre necesario para producir esos fertilizantes destinados a exportación.

 

 

Según Santiago, con suerte la oferta de estos productos estará disponible recién en septiembre u octubre, lo que podría significar una reducción de hasta el 30% para la Argentina

 

¿Cómo se para la Argentina ante este escenario?

 

A pesar del contexto adverso, el país cuenta con algunos amortiguadores importantes. La producción local de urea (Profertil, 1,3 millones de toneladas) y de superfosfato simple aporta cierta tranquilidad al abastecimiento interno.

El consumo total de fertilizantes en 2025 fue de 5,1 millones de toneladas, manteniéndose en niveles sólidos pese a la caída respecto del pico de 5,6 millones en 2021. El 35% fue cubierto con producción local.

La importación de urea proviene principalmente de Egipto, Nigeria, Argelia, Turkmenistán, Omán y Qatar, todos países afectados en mayor o menor medida por el conflicto. En cuanto al UAN (urea y nitrato de amonio), Estados Unidos abastece el 35% de lo que consume la Argentina, con el resto llegando desde Rusia, Trinidad y Tobago y Lituania.

 

 

Un fenómeno positivo a destacar es el crecimiento del uso de NPs (abonos compuestos de nitrógeno y fósforo): se consolidan como alternativa de «fósforo más barato» frente a la suba del precio del MAP.

 

Rentabilidad y piso tecnológico: el optimismo de los productores

 

A pesar del encarecimiento, la ecuación económica de fertilizar sigue siendo favorable. Las relaciones actuales son de 7 kilos de maíz por cada kilo de MAP y de 5,9 kilos de maíz por cada kilo de urea: números que, según los agrónomos, hacen rentable la práctica.

 

 

 

El panorama climático también acompaña: se observa un buen perfil de humedad desde Córdoba hasta el sudeste de Buenos Aires, aunque con riesgo de exceso si el fenómeno del Niño se intensifica.

«Hay un piso tecnológico que ya no se rompe», afirmó Prenna, ponderando el trabajo conjunto de Fertilizar y el INTA a lo largo de los años. La rotación con maíz que realizan los productores, cada vez con mejor tecnología, genética y fertilización, consolida esta tendencia.

 

 

Los desafíos pendientes:

 

El panel también identificó una serie de desafíos estructurales que limitan la competitividad

  • Costos logísticos altos: falta de diversificación en los puertos de salida.
  • Cambio en el ciclo de compras: fertilizar pasó a ser la última decisión, lo que genera demoras que encarecen la logística.
  • Mejoras impositivas pendientes: si bien se eliminaron derechos de importación de nitrógeno y urea, la tasa de estadística del 3% sigue siendo muy alta y la devolución de percepciones de IVA y Ganancias es insuficiente.
  • Baja de retenciones: se estima que el anuncio oficial podría aumentar la aplicación de fertilizantes entre un 3% y hasta un 10% si los derechos de exportación se eliminan totalmente.

 

 

 

 

Con un mercado global bajo tensión pero con bases locales más sólidas que en otros ciclos, la campaña 2026/27 se presenta como una prueba de fuego para la cadena del maíz —y del agro argentino en general— en un año en que la geopolítica reescribió las reglas del mercado de fertilizantes

 

Primicias Rurales
Fuente: Maizar

 

Cuando el suelo habla con datos, las decisiones cambian

Cuando el suelo habla con datos, las decisiones cambian

 

La dimensión biológica del suelo cobra protagonismo frente a los análisis tradicionales. Conocer las interacciones microbianas permite anticipar enfermedades, optimizar la fertilización y potenciar los rendimientos.

 

 

 

Buenos Aires, domingo 31 junio (PR/26) — Por décadas, el diagnóstico de la salud del suelo se limitó a sus propiedades químicas y físicas. Indicadores como el nitrógeno, el fósforo, el potasio o el nivel de pH ofrecían una fotografía útil, pero incompleta.

La verdadera pieza faltante en el rompecabezas de la productividad agrícola se encuentra en la dimensión biológica: los millones de microorganismos que habitan bajo la superficie y que determinan el éxito real de cada campaña.

En la actualidad, entender la identidad del suelo dejó de ser una alternativa teórica para transformarse en una necesidad operativa.

Un suelo biológicamente desequilibrado no solo aprovecha peor los insumos, sino que amplifica los efectos del estrés hídrico y térmico, debilitando la resiliencia del cultivo. Hacer visible esa actividad microscópica permite a los productores abandonar las recetas genéricas y diseñar estrategias de manejo basadas en la biología real de cada lote.

El ADN del suelo como mapa de decisiones

 

La tecnología actual permite analizar el microbioma del suelo mediante secuenciación genética e inteligencia artificial, contrastando los datos con millones de microorganismos a nivel global. Este enfoque integral evalúa dos ejes fundamentales para el negocio agrícola:

  • Funcionalidad: Mide la eficiencia natural en el ciclado de nutrientes, determinando qué tan capaz es el suelo de movilizar el fósforo o fijar el nitrógeno para abastecer a las plantas.

  • Sanidad vegetal: Detecta de forma anticipada la presencia de patógenos y evalúa la capacidad de biocontrol nativa del lote antes de la implantación del cultivo.



Innovación local con respaldo global: el rol de Microsoma

En este cambio de paradigma se destaca Microsoma, una empresa argentina de biotecnología agrícola nacida en Mendoza y con proyección nacional. A través de la plataforma internacional BeCrop® Farm de Biome Makers, la firma procesa más de 1.000 parámetros biológicos para transformarlos en mapas de calor interactivos y herramientas digitales de acceso vitalicio.

La propuesta de la compañía no se limita al diagnóstico, sino que avanza hacia la recomendación agronómica personalizada y neutral, sugiriendo insumos biológicos respaldados por evidencia científica. En planteos productivos reales, el uso de estos datos biológicos demostró que es posible mejorar la eficiencia y optimizar la fertilización química, logrando un impacto positivo directo sobre los márgenes económicos en un contexto de costos elevados.

Diagnóstico de precisión:

La integración de la analítica biológica transforma los datos crudos en acciones concretas para el productor y el asesor técnico:

Beneficios del análisis biológico

* Identificación de organismos estresores que frenan el enraizamiento.
* Anticipación de riesgos sanitarios antes de la siembra.
* Corrección de desequilibrios biológicos para mejorar el rinde.
* Recomendaciones personalizadas de productos sin preferencia de marca.

 

 

Primicias Rurales

Fuente: Microsoma

Comenzó la campaña fina con la siembra del trigo según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires

Comenzó la campaña fina con la siembra del trigo según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires

La Bolsa de Cereales de Buenos Aires dio por iniciada la campaña fina con un ritmo histórico en las labores de trigo gracias a las buenas reservas de humedad. En paralelo, la trilla de soja entra en su recta final con excelentes rendimientos y la de maíz avanza con lentitud por las condiciones del grano.

 

Buenos Aires, viernes 29 mayo (PR/26) — El Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires consignó que comenzó la campaña fina con la siembra de trigo 2026/27, la cual ya asciende al 14,2 % de la superficie proyectada.

El actual progreso de siembra se ubica dentro de los máximos históricos en la serie del informe, lo que responde a la adecuada oferta hídrica en toda el área agrícola.

La superficie proyectada para esta campaña se ubica en 6,5 millones de hectáreas (MHa), reflejando una retracción en comparación al ciclo previo de -3 %, pero aún superior al promedio de las últimas 10 campañas en un 4,8 %.

En cuanto a los avances regionales, el reporte destaca un inicio incipiente pero precoz de las labores sobre el sur del área agrícola.

Sin embargo, el área destinada al cereal es inferior al ciclo anterior debido a un mayor interés por cebada y otros cultivos forrajeros.

Por su parte, luego de un progreso intersemanal de 10 puntos porcentuales, la cosecha de soja cubre el 84,6 % de la superficie apta a nivel nacional.

Este avance representa un adelanto de 10 p.p. respecto a la campaña previa y de 8 p.p. en comparación al promedio de las últimas cinco campañas.

El rinde promedio nacional se ubica en 3.230 kg/ha, perfilándose como el segundo mejor registro histórico luego de la campaña 2018/19.

La soja de primera ya alcanza el 92 % del área recolectada, con un rinde medio de 3.450 kg/ha.

Por su parte, la soja de segunda, con casi el 70 % cosechado, promedia 2.660 kg/ha.

En ambos casos, se destaca el Norte de La Pampa – Oeste de Buenos Aires por sus elevados rendimientos, por sobre el resto de las zonas analizadas.

Bajo este contexto, el PAS sostiene la proyección de producción en 50,1 millones de toneladas (MTn).

Por último, la cosecha de maíz con destino grano continúa avanzando lentamente.

Con la recolección de la oleaginosa finalizando en gran parte del área agrícola, la dinámica de cosecha comienza a depender principalmente del descenso de la humedad de los granos.

Al momento, se ha cosechado el 34,7 % del total nacional estimado, con un rinde medio de 8.440 kg/ha, lo que representa una demora interanual de 5,8 p.p.

Hacia el norte del área agrícola, se reportan los primeros avances en el NOA principalmente con resultados que se encuentran en torno a los 5.900 kg/ha.

En cuanto al maíz tardío, con el 91,7 % del área ya en madurez fisiológica, se relevan los primeros lotes cosechados en la provincia de Córdoba.

Allí se registran rindes entre 7.000 y 8.500 kg/ha, en línea con la estimación actual. Frente a este escenario, se mantiene la proyección de producción en 64 MTn.

Primicias Rurales

Fuente: PAS