Ubicado en Guipúzcoa a orillas del río Urola, el histórico Balneario de Cestona combina la majestuosidad de la Belle Époque con aguas mineromedicinales idóneas para el estrés y la digestión.

Relajación y belleza patrimonial se unen en este precioso balneario

El balneario del norte de España perfecto para relajarse un fin de semana / Istock / SimonSkafar

 

 

 

 

España, jueves 15 octubre (PR/26) — Aunque pueda parecer sacado de una leyenda, en 1760, los perros del marqués de San Millán descubrieron una zona de aguas casi milagrosas. Iba paseando con ellos por los alrededores de Cestona (Zestoa en euskera), en la provincia española de Guipúzcoa, cuando de repente se bañaron en unas pozas de aguas calientes. La sarna que sufrían mejoró prácticamente al instante y el marqués decidió aprovechar aquellos manantiales.

Hoy esto es historia.

En 1792, sus aguas fueron declaradas de utilidad pública, sentando las bases de lo que hoy es el Balneario de Cestona -o Zestoa-. Los manantiales se conocían como «guesalagas» (que significa aguas saladas).

Los tratamientos con aguas mineromedicinales comenzaban a ganar prestigio incluso entre los médicos, sobre todo entre las clases más acomodadas. Así que se convirtió en el destino estrella de la aristocracia.

Una historia desde el siglo XIX

 

Sin embargo, no fue hasta 1804 cuando el balneario abrió sus puertas como tal.

Fue creciendo poco a poco hasta que, a mediados del siglo XIX contaba con capacidad para recibir a un número bastante considerable de visitantes. Acudían personas para tratar sus dolencias, pero también para encontrar un lugar de socialización y esparcimiento. Pues los balnearios en esta época gozaban de una gran vida social que se desarrollaba en sus alrededores.

El Gran Hotel del Balneario de Cestona en Guipúzcoa
El Gran Hotel del Balneario de Cestona en Guipúzcoa / Wikicommons. Centenoyespelta

A finales del siglo, en 1893, se inauguró el Gran Hotel, lo que ayudó a que el complejo termal terminara de consolidarse como un destino en sí mismo. Durante la Belle Époque fue foco de aristócratas, comerciantes adinerados, políticos y visitantes extranjeros. Con el centro termal, Cestona también ganó cierta fama, aunque el balneario se acabó transformando en una pequeña ciudad vacacional con jardines, salones y espacios para el ocio.

 

Los salones del Balneario de Cestona
Los salones del Balneario de Cestona / Wikicommons. Centenoyespelta

En 1983 recibió el golpe más duro de su historia: unas inundaciones provocaron graves daños en el complejo. Aquel desastre supuso un antes y después y obligó a reinventar el complejo. También sirvió para incorporar técnicas modernas de hidroterapia, pero sin olvidar su identidad.

La renovación que vivió dio lugar al balneario que hoy conocemos, un complejo donde el pasado no se olvida pero sí se adapta a las exigencias del bienestar contemporáneo.

El balneario a día de hoy

Actualmente, el Gran Hotel Balneario de Cestona sigue siendo un lugar donde se combina la tradición con las bondades de las aguas termales. Ofrece hidromasajes, duchas, piscinas, baños termales y tratamientos de hidroterapia, perfectos para tratar tanto problemas digestivos como el estrés. Es, además, uno de los edificios más elegantes del País Vasco en un entorno encantador, junto al río Urola, que hablan de una parte muy relevante de su historia.