Con la energía, las tasas municipales y los bajos valores del recupero empujando los números para abajo, y el precio de la carne cayendo en términos reales, el sector frigorífico atraviesa un año en el que, lisa y llanamente, trabaja a pérdida.

 

 

Buenos Aires, miércoles 23 de septiembre (PR/26).— Los mayores costos le están pegando de lleno a la competitividad de la industria frigorífica. Y en un momento en que hay menos hacienda disponible, sostener la actividad obliga a revisar, uno por uno, todos los componentes que encarecen la producción.

Un ejemplo bien concreto: los cargos fijos en las facturas de energía. El mayor costo de generación llevó a que esas facturas se duplicaran o hasta triplicaran mes a mes, un golpe que complica la ecuación financiera y le come la liquidez a las empresas.

Desde el sector ya hicimos los planteos correspondientes ante la Secretaría de Energía y CAMMESA. Hasta el momento, sin respuestas.

 

Un alivio parcial y una deuda pendiente

 

En la región centro, los gobiernos de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba decidieron financiar los cargos de junio, julio y agosto en 8, 7 y 6 cuotas respectivamente, a una tasa del 15% anual. Una medida que alivia a las empresas y demuestra, de paso, que sí existen herramientas para amortiguar estos aumentos extraordinarios.

Traigo este ejemplo porque desde FIFRA venimos insistiendo en que hay que seguir trabajando sobre todos los costos que afectan la competitividad. Ahí entran las tasas y cargos vinculados a la comercialización de alimentos.

 

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Muchas veces señalamos que, cuando se lleva carne a un municipio, se cobra una tasa de introducción sin que exista, del otro lado, una contraprestación real de servicio.

 

Un fallo de la Corte Suprema pone el tema sobre la mesa

 

Hace poco conocimos un fallo de la Corte Suprema de Justicia, después de nada menos que 18 años de litigio, que vuelve a marcar un principio elemental: las tasas municipales deben tener una contraprestación y, cuando no la tienen, son inconstitucionales.

En el caso de las carnes y los alimentos, esto se ve todavía más claro. La mercadería ya circula certificada por un organismo nacional como SENASA. Los municipios pueden controlar el comercio dentro de sus ejidos, sí, pero no tiene sentido duplicar controles sobre los introductores de alimentos y sumarles costos sin que haya, detrás, un servicio concreto.

 

 

Son costos innecesarios que hay que corregir si queremos que la industria argentina pueda crecer y competir. No alcanza con discutir el precio de la hacienda o de la carne: también hay que mirar todo lo que pasa alrededor del proceso industrial.

 

Un año de menos hacienda y menos carne en el mostrador

 

En lo productivo, seguimos en un año contractivo para la carne vacuna. Lo venimos diciendo desde fines del año pasado, y los datos de cada mes confirman la tendencia.

Algunos indicadores mejoran, como el promedio de peso de faena, pero en cantidad de cabezas vamos a cerrar el año un 10% por debajo del anterior. Estamos, además, muy lejos de los años en que se superaban los 14 millones de cabezas faenadas.

 

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La consecuencia es directa: hay menos carne disponible para el mercado. Y esa menor oferta es la principal explicación de la caída en el consumo de carne vacuna. No hace falta buscar títulos rimbombantes ni explicaciones alternativas: si la producción cae, la disponibilidad cae con ella.

Mientras tanto, la producción y faena porcina siguen creciendo, con precios muy competitivos. Aunque, incluso con el reciente aumento de la soja y el maíz, algunos productores ya empiezan a advertir que se vuelve más difícil sostener la ecuación entre ingresos y costos en las granjas.

 

Precios planchados y un fin de año con signo de interrogación

 

En el mostrador, las carnes llevan cinco meses consecutivos sin impactar en la construcción del índice de precios. Los últimos dos meses incluso mostraron un leve retroceso en los precios promedio, según los relevamientos de la Ciudad de Buenos Aires y su posterior validación en el IPC del INDEC.

Creo que esta situación puede repetirse en septiembre, y habrá que esperar para ver si hacia fin de año aparece algún movimiento en el precio de la hacienda. Los valores actuales son los mejores de la serie histórica, pero después de retroceder desde el máximo de marzo, llevan varios meses prácticamente amesetados. En ese mismo período, la inflación acumulada rondó el 10%, así que el precio real de la hacienda se fue deteriorando.

Por nuestros análisis, y el trabajo que hacemos junto con nuestros consultores, creemos que hacia fin de año puede aparecer un movimiento de precios. Lo pensamos como una recuperación y no necesariamente como un aumento, porque no esperamos que la hacienda vuelva al techo de marzo. El desafío para lo que resta del año va a seguir siendo el mismo: mejorar la competitividad.

 

La cuenta que todavía no cierra: el recupero

 

También tenemos pendiente resolver la ecuación de los recuperos: hoy sus valores no alcanzan para cubrir el costo de la faena. Algunos analistas estiman ese quebranto en $200 por kilo, lo que representa apenas un 0,02% del valor del kilo de la media res ($10.595 en agosto, según el IPCVA): insignificante en esa comparación, pero millonario si se lo multiplica por la producción de todo un mes.

Ese costo tiene que trasladarse al precio de la carne cuando la industria abastece al mercado, o debe asumirlo el matarife que contrata el servicio de faena. Si no, va a terminar disimulándose con evasiones de todo tipo —comercial, fiscal y laboral—, algo que no le sirve ni al sistema cárnico ni al Estado.

 

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La suba de costos y tasas, la caída en términos reales del precio de la carne, y los bajos valores del recupero hacen que, hoy, la industria trabaje a pérdida.

Si no se mejora la competitividad y la rentabilidad del sector, los problemas se van a agravar. Por eso hacen falta controles efectivos, reglas claras y evitar la competencia desleal entre frigoríficos. No se trata solamente de defender una actividad económica: se trata de cuidar la salud de los consumidores, preservar el empleo y construir una industria frigorífica competitiva y sostenible.

 

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Fuente: FIFRA