A partir del próximo 15 de octubre, peregrinos y visitantes de la Basílica de Santa María la Mayor tendrán la oportunidad única de contemplar de cerca los venerados fragmentos de madera identificados con la Sagrada Cuna del Niño Jesús.
Buenos Aires viernes 2 octubre (PR/26)– El relicario que custodia los venerados fragmentos de madera de la Sagrada Cuna están conservados desde hace siglos en la monumental capilla de la Confesión situada frente al altar papal. Crédito: Basílica de Santa María la Mayor.
Los peregrinos que visiten la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, a partir del próximo 15 de octubre, tendrán la oportunidad de contemplar de cerca la venerada reliquia identificada con los fragmentos del pesebre de Belén.

Según informó la basílica en un comunicado oficial, la Sagrada Cuna será trasladada de forma temporal a uno de los altares laterales de la nave derecha durante varias semanas, permitiendo a los fieles acercarse a admirar este tesoro del cristianismo en un ambiente íntimo.
Un itinerario visual y espiritual único
Esta ubicación temporal posee un profundo significado simbólico, ya que quedará situada frente a la célebre Anunciación pintada por Pompeo Girolamo Batoni, conectando el anuncio del ángel a María con el misterio de la Encarnación.
El traslado se realiza en el marco de los trabajos de restauración de la histórica hornacina y del relicario, incorporando una nueva vitrina dotada de avanzados sistemas de conservación y control climático.
Un nuevo cielo de Belén en Roma
Las obras contemplan la creación de un fondo azul con esmaltes y teselas doradas que evocará la noche de la Natividad, reproduciendo la configuración celeste exacta de Belén en aquel momento histórico.
Mientras tanto, la Capilla de la Confesión permanecerá cerrada. El 24 de diciembre, la cuna será trasladada al altar papal para Navidad y regresará a su sitio tras la Epifanía. Los trabajos están supervisados por el Vaticano y ejecutados por Progetto Arte Poli.
Cinco fragmentos milenarios vinculados a Cristo
La Sagrada Cuna consta de cinco pequeños fragmentos de madera custodiados en un valioso relicario de cristal diseñado por Giuseppe Valadier y donado en 1797.
Estudios científicos indican que cuatro fragmentos son de sicómoro palestino con unos 2.000 años de antigüedad, con muescas para ensamblaje en X. El quinto procedería de una Natividad del siglo XVI.
Una historia de devoción milenaria desde Tierra Santa
La veneración está documentada desde los primeros siglos con testimonios como el de San Jerónimo. Una antigua tradición señala que la reliquia llegó a Roma durante el pontificado de Teodoro I para preservarla de la expansión musulmana.
En 2019, el Papa Francisco envió uno de los fragmentos de regreso a Belén, consolidando un profundo vínculo espiritual entre Roma y la cuna de la cristiandad.




















