El arzobispo Jorge García Cuerva advirtió sobre una Argentina herida y dividida antes de la visita del papa León XIV, mientras que el gendarme liberado Nahuel Gallo peregrinó a Luján para pedir la liberación de los presos políticos en Venezuela.
Buenos Aires, domingo 4 octubre (PR/26) — La emblemática Peregrinación a Luján culminó este domingo en torno a la Basílica, con miles de fieles en un clima de profunda reflexión espiritual y social, marcando una jornada atravesada por fuertes mensajes sobre la realidad del país y la situación internacional.
La 52ª Peregrinación Juvenil a Pie a Luján reunió a alrededor de 2.700.000 peregrinos. El operativo de asistencia, coordinado por la Comisión Arquidiocesana de Piedad Popular (CAPP), abrió el sábado 3 de octubre a las 7:00 y cerró a las 10:00 de hoy.
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, y el gendarme Nahuel Gallo protagonizaron las intervenciones más destacadas, convirtiendo la tradicional caminata hacia la Basílica en un espacio de unidad, reclamo de justicia y pedidos de libertad.
Durante la misa central de la masiva movilizaciónreligiosa, García Cuerva exortó a “estar más unidos que nunca” y pidió de manera enérgica terminar con la intolerancia, la indiferencia y el odio que erosionan los vínculos cotidianos en la sociedad argentina.
El referente eclesiástico fundamentó su mensaje señalando que, si la Virgen de Luján abraza a todos, resulta imposible mirar al prójimo con desprecio, convocando a la feligresía a transformarse en “artesanos de la fraternidad” frente al sufrimiento ajeno.
El arzobispo profundizó su diagnóstico advirtiendo que la Argentina está “herida” y dividida por una profunda grieta política y social, panorama con el cual se encontrará el papa León XIV durante su inminente e histórica visita al país.
Recordando vivencias familiares sobre el estancamiento histórico del país, García Cuerva lamentó que persista un porcentaje muy elevado de hermanos que atraviesan situaciones de pobreza estructural desde hace largos años sin encontrar soluciones definitivas.
En su homilía, el arzobispo instó a llevar el abrazo de María hacia los sectores más postergados, incluyendo explícitamente a los abuelos, a las personas con discapacidad, a los desempleados, a quienes duermen en la calle y a los jóvenes afectados por las drogas.
Por su parte, el gendarme Nahuel Gallo completó una exigente caminata de casi 60 kilómetros partiendo desde el barrio porteño de Liniers hasta los pies de la Basílica de Luján para cumplir con una promesa de fe muy personal.

El efectivo de seguridad realizó la travesía para agradecer por su propia libertad y por el reencuentro con su familia, tras haber permanecido injustamente detenido en Venezuela durante casi 15 meses desde su aprehensión en diciembre de 2024.
Durante todo el recorrido, Gallo dedicó sus oraciones y su esfuerzo físico a pedir por los “presos políticos y extranjeros” que continúan sufriendo el cautiverio en territorio venezolano, extendiendo su solidaridad hacia los familiares de las víctimas.

Luciendo una remera con la contundente leyenda «Liberen a todos los presos políticos y extranjeros», el gendarme reafirmó su compromiso público de continuar caminando y visibilizando la situación hasta que la totalidad de los detenidos recupere su hogar.
“Hoy agradezco por estar libre, por tener a mi familia bien y por poder caminar nuevamente”, expresó Gallo, quien aseguró que la peregrinación también tuvo como objetivo mantener presente a quienes todavía esperan recuperar su libertad.
El gendarme permaneció detenido en Venezuela durante casi 15 meses luego de haber viajado a ese país en diciembre de 2024. Tras su liberación, regresó a la Argentina y volvió a encontrarse con su familia.

La caminata comenzó el sábado con lluvia y continuó con sol por la tarde y una noche fresca. Pese al clima, los fieles siguieron llegando de manera constante a la Basílica: los primeros arribaron el viernes por la noche y el ingreso se intensificó durante toda la madrugada.
“Es una Peregrinación a la Virgen y es muy lindo cuando los peregrinos entran a la Basílica, miran a la Virgen, se sienten mirados por ella; allí culmina la ofrenda, en ese encuentro. La Virgen siempre nos abraza, nos recibe en su casa y nos da fuerza para seguir”, concluyó el padre Juan Bautista.
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Fuente: NA / Arzobispado de Buenos Aires




















