El Papa recibió en el Vaticano a sacerdotes, monjas y monjes coreanos y les pidió preparar la JMJ 2027 con pasión, ser artífices de paz y no cansarse nunca de hacer el bien, aunque nadie lo vea.

 

 

 

Buenos Aires miércoles 7 octubre (PR/26)– A un año de la Jornada Mundial de la Juventud 2027 en Seúl, el Papa León XIV elogió la historia martirial y misionera de Corea. Habló de la “extraordinaria fortaleza de espíritu” de su pueblo y lo invitó a la reconciliación y a la paz.

El encuentro tuvo lugar en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano. Allí el Pontífice recibió a sacerdotes, monjas y monjes coreanos que viven en Roma, con motivo de la próxima JMJ y del 25 aniversario de la inauguración de la sede del Pontificio Colegio Coreano en la Ciudad Eterna.

 

Una fe que nació de forma espontánea

 

León XIV, que sorprendió al saludar con un “buenos días” en coreano, comenzó destacando lo singular de la historia de la Iglesia Católica en el país asiático. Allí la fe germinó de “forma espontánea” y se desarrolló “a través de la búsqueda sincera de la verdad” sobre Jesucristo.

De esa búsqueda, explicó, “nació el deseo del bautismo y, del bautismo, una comunidad”. Y añadió que la Iglesia en Corea ha crecido gracias al testimonio de los mártires y a la “extraordinaria fortaleza de espíritu” del pueblo coreano.

 

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Recordó que ese pueblo ha atravesado “persecuciones, guerra, pobreza y divisiones, sabiendo levantarse y mirar adelante”. Esa tenacidad, dijo, se convirtió en fortaleza cristiana, que permite “atravesar la prueba sin perder la esperanza y sin dejar que el sufrimiento endurezca el corazón”.

 

El martirio de cada día

 

“Conservar la memoria de los mártires significa permitir que su fe siga viva en nuestras decisiones, en el servicio, en el perdón y en la entrega de nosotros mismos”, afirmó el Papa. Enseguida citó al venerable Tomás Choe Yang-Eop, segundo sacerdote coreano, conocido como el “mártir del sudor” por recorrer el país sin descanso “hasta consumir su vida”.

Con ese ejemplo, León XIV recordó que “existe el martirio de quien ofrece la vida en un instante y aquel, más oculto, de quien la entrega día tras día”. Nuestro tiempo, señaló, “necesita precisamente esto: hombres y mujeres que tengan el valor de hacer el bien incluso cuando cuesta”.

 

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Para vivir así, agregó, “la fuerza proviene de la amistad con Jesucristo”. Por eso animó a custodiarla y alimentarla en la Eucaristía, en la escucha de su Palabra, en la oración y en el silencio ante el Señor.

 

Fraternidad y reconciliación

 

Esa amistad con Cristo, argumentó, “nos abre a la fraternidad”. Pidió hacer de la diversidad “un recurso para la sinodalidad” en la Iglesia, reconociendo al otro como “un compañero de camino, nunca a un rival”.

Pensando en la historia de división que golpea al pueblo coreano, animó a ser “hombres y mujeres de reconciliación” y recordó que “la paz comienza en el corazón”. “Manteneos unidos y sed artífices de la paz”, enfatizó.

 

“Preparad la JMJ con pasión”

 

León XIV se refirió también a la JMJ 2027 en Seúl. Dijo que allí se hará visible que “Corea, que en su día fue tierra de misión, se ha convertido hoy en patria de misioneros”, un fruto de “la fe y el sacrificio” de muchos predecesores.

Expresó su deseo de que la Jornada sea “un gran encuentro entre la memoria y el futuro: los mártires entregan la fe a las nuevas generaciones y los jóvenes la reciben para llevarla por los caminos del mundo”. Pidió además escuchar a los jóvenes y ayudarles a descubrir “que seguir a Cristo no merma la libertad, sino que la colma; que la fe no limita la vida, sino que le abre un horizonte más amplio”.

 

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“Preparad, pues, la JMJ con pasión —como ya hacéis—, guardando en el corazón estas palabras: ‘Tened ánimo: ¡yo he vencido al mundo!’. Vuestros mártires lo habían comprendido: su esperanza no dependía de circunstancias favorables, sino de la certeza de que Cristo ya había vencido”, aseveró.

“Habéis recibido una gran herencia. Sed fuertes en la fe, generosos en la caridad y perseverantes en la esperanza. No os canséis nunca de hacer el bien, incluso cuando cuesta y aunque nadie lo vea: ningún gesto realizado por amor se pierde ante Dios”, concluyó el Pontífice.

 

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Fuente: ACI Prensa