Uriel Espinoza y Lucas Constancio, que sirvieron en el Ejército Argentino, unieron a pie Zapala y Cutral Co en más de 15 horas, con temperaturas bajo cero y una bandera firmada por los veteranos como única misión.
Buenos Aires Jueves 8 octubre (PR/26)– La noche cayó sobre la meseta y el frío se hizo sentir con fuerza en esa zona de Neuquén. Mientras la mayoría dormía, dos jóvenes de 22 años avanzaban por la oscuridad con una bandera entre las manos.
Habían decidido unir a pie Zapala y Cutral Co en una travesía que tuvo un único propósito: homenajear a los veteranos de Malvinas y llevar su recuerdo un poco más lejos.
Uriel Espinoza tiene 22 años. Nació en Zapala, pero creció en Cutral Co. Con tan solo 18 se incorporó al Ejército Argentino, en la Base de Apoyo Logístico, donde se desempeñó como soldado de primera y cazador de montaña.

No fue una decisión casual: sintió desde muy joven una vocación y un “llamado de la patria” que lo llevó a elegir la vida militar.
Su compañero, Lucas Constancio, también de 22 años, es oriundo de Cutral Co. Ingresó al Ejército después de haber crecido viendo los desfiles junto a su mamá y soñando con ocupar algún día el lugar de aquellos soldados que admiraba.
Se especializó en actividades de montaña y estuvo destinado en San Martín de los Andes, donde además realizó cursos junto al Ejército de Chile.
Una idea que nació en pleno frío cordillerano
La idea de la travesía nació lejos de las ciudades, en una jornada de entrenamiento en la cordillera. Uriel y Lucas atravesaban condiciones adversas, con temperaturas bajo cero, nieve y lluvia, cuando empezaron a pensar en quienes habían combatido en Malvinas.
Entonces surgió una pregunta: ¿qué pasaría si intentaban ponerse, aunque fuera por unas horas, en los zapatos de aquellos veteranos?

“Entendimos que no estábamos pasando ni un poco de lo que había vivido la gente de Malvinas”, contó Uriel. El frío, la falta de descanso y las exigencias del entrenamiento militar los llevaron a imaginar una experiencia para acercarse, de manera simbólica, a una parte de aquella historia. Así nació Misión Malvinas.
80 kilómetros y una bandera que unió dos ciudades
La fecha elegida fue el 5 y 6 de septiembre. El desafío consistía en unir a pie dos puntos cargados de significado: el monumento al Soldado Argentino de Zapala y la plaza Soldado Jorge Águila de Cutral Co. Entre ambos calcularon unos 80 kilómetros por campo traviesa.
La caminata no era solamente un desafío personal. Antes de partir, Uriel y Lucas se contactaron con veteranos de Malvinas de Zapala, quienes firmaron la bandera que los jóvenes llevarían durante todo el recorrido. La misión era entregarla a los veteranos locales en un acto de reconocimiento y homenaje.

Durante la marcha, las condiciones también se volvieron parte del desafío. La temperatura llegó a los -7 grados y, mientras atravesaban la estepa patagónica, a la altura de la meseta de Cerro Bandera, los sorprendió el agua nieve.
Cuando los veteranos se enteraron de las condiciones en las que habían hecho el recorrido, la reacción fue inmediata: algunos se emocionaron hasta las lágrimas y les dijeron que había sido “un día malvinense”.
En total, tardaron entre 15 horas y media y 16 horas en completar el camino. Avanzaron durante toda la noche, sin descanso y con la mente puesta en el objetivo. No buscaban reproducir lo que vivieron los combatientes, sino acercarse, con todo respeto, a una pequeña parte de lo que atravesaron.
“La misión se cumple o se cumple”
A medida que avanzaban los kilómetros, el esfuerzo comenzó a sentirse en el cuerpo y, cuanto más cerca estaban del final, más difícil era sostener el ritmo.
Uno de los momentos más duros llegó cerca del kilómetro 57, alrededor de las 4:30 de la madrugada. Ya habían dejado atrás buena parte del recorrido y sentían que el cuerpo no respondía como al comienzo.

El cansancio también hizo lo suyo. Una diferencia por la música que escuchaban durante el trayecto derivó en una pequeña discusión que se extendió durante casi 10 kilómetros. El frío, el hambre y las horas sin dormir pesaban, pero finalmente dejaron atrás el enojo y siguieron caminando.
El objetivo seguía siendo uno solo: llegar.
“Lo que nos marcó el Ejército es cumplir la misión a como dé lugar. Entonces dijimos: la misión se cumple o se cumple”, recordó Lucas. En un buen tramo, incluso, aceleraron el paso y corrieron para alcanzar la meta.
Un homenaje que llegó mucho más lejos de lo esperado
Cuando finalmente llegaron a Cutral Co, la bandera que había partido de Zapala cumplió su recorrido. Uriel y Lucas la entregaron a los veteranos de la ciudad, tal como lo habían imaginado.
Lo que no esperaban era la repercusión que tendría una iniciativa entre dos jóvenes. El recorrido fue acompañado por autoridades de ambas ciudades y, después de la travesía, recibieron un reconocimiento como ciudadanos destacados. Para ellos, fue sentirse acompañados por sus propias ciudades y saber que el mensaje había llegado.
“Nosotros no esperábamos nada. Es una iniciativa que nació de nosotros, sin pedir algo a cambio. Solamente fue decir: vamos a unir los puntos y rendir homenaje”, explicó Lucas.
Tampoco imaginaron que la caminata llegaría tan lejos: recibieron mensajes de personas de Ecuador, Perú, Estados Unidos e Italia, además de argentinos que viven en distintos lugares del mundo.
Las Malvinas, más presentes que nunca
Uriel y Lucas tienen 22 años. La guerra de Malvinas ocurrió hace 44, exactamente la edad que suman entre ambos. Sin embargo, para los dos, el paso del tiempo no significa que la historia haya quedado atrás.
Crecieron escuchando relatos sobre aquellos días y, desde muy jóvenes, construyeron un vínculo con la causa que después afianzaron dentro del Ejército. “Somos malvinenses desde muy chiquitos”, explicó Uriel.
Para ellos, recordar a quienes combatieron en las islas no es una tarea reservada al 2 de abril, sino una responsabilidad que debe sostenerse todo el año. Por eso decidieron que dos jóvenes de su generación también podían hacer algo para mantener viva la memoria.
Y aunque reconocen que nunca podrán conocer en carne propia lo que vivieron quienes estuvieron en la guerra, sienten que la formación militar les permitió comprender algunos de los valores que rodean aquella historia.
“Somos chicos jóvenes, pero el Ejército nos hizo hombres grandes”, aseguran. Les dejó valores como el respeto, el sentido de pertenencia y el compromiso, pero también la idea de que una misión asumida debe cumplirse hasta el final y de que la Patria debe hacerse valer.
Una nueva misión: caminar por las islas
La travesía terminó, pero la idea de ponerse en los zapatos de quienes combatieron en Malvinas no quedó ahí. Ya empezaron a imaginar una nueva misión, aún más grande: algún día, un 2 de abril, poder caminar por las islas.
No saben cuándo será ni cómo podrán hacerlo. Tampoco tienen una fecha ni una organización definida. Es, por ahora, un sueño que apareció después de completar los 80 kilómetros y que cada vez que lo imaginan les eriza la piel.
Mientras ese momento llega, saben que todavía tienen algo más para hacer: quieren que otros jóvenes se animen a involucrarse, a conocer la historia y a entender que no hace falta esperar una fecha especial para recordar a quienes dejaron todo por la Patria.
“Amen a nuestra tierra, a nuestros recursos. Amen nuestros símbolos patrios, nuestra familia. Tengan memoria de todo el sacrificio que vivieron nuestros antepasados para que vivamos en el mejor país del mundo”, sostiene Uriel. Y Lucas lo resume así: “Las Malvinas son argentinas, prohibido olvidar”.





















