Un equipo del INTA Manfredi probó durante cuatro años un sistema de riego por goteo enterrado alimentado con paneles solares en trigo, soja y maíz. Los ensayos dejaron cifras concretas de caudal, potencia y horas de uso para proyectar instalaciones según la superficie y el cultivo.

 

 

 

Buenos Aires, Viernes 16 octubre (PR/26)– ¿Cómo regar un campo que no tiene acceso a la red eléctrica? Un equipo de especialistas del INTA Manfredi encontró una respuesta: un sistema de riego enterrado por goteo para cultivos extensivos, alimentado con paneles solares y sin conexión a la red, lo que se conoce como sistema off grid.

La propuesta apunta a establecimientos que no disponen de electricidad o a lugares donde extender el tendido resulta demasiado costoso. El estudio permitió avanzar en la definición de los parámetros para implementar estos sistemas, desde el caudal necesario por hectárea hasta la potencia de la bomba y del parque fotovoltaico, además de las horas de riego disponibles a lo largo del año.

 

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El tema formó parte de la 9.ª Reunión Internacional de Riego y la 3.ª Exporiego, que se realizó el 14 y 15 de octubre en el INTA Manfredi, Córdoba. El encuentro incluye actualizaciones técnicas e intercambio de experiencias en innovaciones de sistemas de riego, energía, automatización y agricultura de precisión.

 

Off grid y on grid: dos maneras de aprovechar el sol

 

Ignacio Severina, investigador del INTA Manfredi, explicó que el esquema off grid está pensado para campos sin acceso a la red. “Muchas veces llevar la electricidad hasta el establecimiento tiene un costo muy alto”, señaló.

En los sistemas on grid (conectados a la red), en cambio, los paneles complementan el suministro convencional y permiten reducir entre un 20 y un 30 % el costo de la energía.

Más de una década investigando el goteo enterrado

 

En el INTA Manfredi se investiga el riego por goteo enterrado desde 2012. En una primera etapa se utilizaron equipos eléctricos.

En 2022, mediante un convenio de vinculación tecnológica con Tonka Solar y Rivulis-Conci, se reemplazó una de las dos bombas de la perforación por una bomba solar Lorentz, de origen alemán, y se instalaron los paneles necesarios para abastecerla.

 

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El equipo instalado tiene una bomba que eroga un caudal de 24 metros cúbicos por hora (m³/h) y una potencia de 10 kilovatios (kW) para regar 6 hectáreas, mientras que el parque fotovoltaico alcanza una potencia máxima de 18 kW.

“Esa diferencia permite prolongar el período de uso ante una caída de la radiación, sobredimensionamos el parque solar para tener más horas de riego y poder trabajar también en días nublados”, indicó Severina.

 

Regar con el sol cambia las reglas del manejo

 

La fuente de energía también cambió la lógica de manejo. Con electricidad, el riego se activaba de acuerdo con el balance hídrico y la demanda del cultivo.

“La bomba solar, en cambio, comienza a trabajar a partir de un nivel suficiente de radiación y se detiene al oscurecer, regando todos los días del año para aprovechar la luz solar y, de no ser necesario, aplicar al cultivo. En este caso se realizan riegos de recargas del perfil en momentos de baja demanda de los cultivos”, explicó el investigador.

 

Qué pasó con el trigo, la soja y el maíz

 

Las seis hectáreas iniciales se dividieron entre dos planteos: tres con rotación trigo y soja de segunda, y otras tres con maíz. Durante los primeros dos años, el objetivo fue determinar la cantidad de lámina posible de aplicar a los cultivos con este sistema, tratando de regar todos los días, y obtener parámetros de diseño como horas de riego mensuales y diarias.

En trigo, la lámina aplicada durante los diez años previos con el sistema eléctrico fue de unos 300 milímetros, frente a 520 milímetros con el sistema solar. En ese período, el rendimiento pasó de 55 a cerca de 70 quintales por hectárea (qq/ha).

“Estamos comparando diez años contra dos, por lo que hay que tomar el dato con cautela. El agua aumentó mucho más que el rendimiento”, advirtió Severina.

 

Cultivo de maíz con riego por goteo subterráneo, perforación y paneles solares para alimentar el sistema de bombeo

 

En soja de segunda, la lámina pasó de 100 milímetros con el sistema eléctrico a 300 con el solar, mientras que en maíz aumentó de 250 a 500 milímetros. Sin embargo, los rendimientos tuvieron poca variación: la soja se mantuvo en torno de 35 qq/ha y el maíz pasó de 15 a 16 toneladas por hectárea. Se aplicaba mucha más agua, pero la respuesta productiva era muy baja.

“La gran conclusión fue que estábamos aplicando casi el doble de agua y los rendimientos aumentaban poco. Con el sistema eléctrico ya habíamos logrado regar con el agua justa y alcanzar rendimientos altos. Eso indica que nuestra metodología de balance hídrico está bien calibrada y validada para la región”, señaló el investigador.

 

Un cambio de estrategia: duplicar la superficie

 

A partir de esa evidencia, durante los dos años siguientes se cambió la estrategia. “Duplicamos la superficie: pasamos de 6 a 12 hectáreas —es decir que ahora tenemos dos metros cúbicos para regar una hectárea con la misma bomba— y obtuvimos niveles de riego más parecidos a los que usábamos con el sistema eléctrico”, detalló Severina.

En trigo aplicaron alrededor de 350 milímetros y obtuvieron 65 qq/ha, unos cinco quintales más que la referencia del sistema eléctrico. En maíz utilizaron cerca de 250 milímetros y alcanzaron 15 toneladas por hectárea. En soja de segunda, la lámina se ubicó en unos 200 milímetros y el rendimiento permaneció alrededor de 35 qq/ha.

El segundo período mostró que la misma infraestructura podía abastecer el doble de superficie sin una caída relevante de los rendimientos. El aprendizaje fue ajustar el agua a los requerimientos de los cultivos y aprovechar la capacidad disponible para ampliar el área bajo riego, en lugar de aplicar toda el agua que permitían las horas de energía solar.

 

De la experiencia al diseño: los números que necesita el productor

 

A partir de los cuatro años de ensayos, el equipo pudo generar información para pasar de la experiencia experimental al diseño de instalaciones a campo. Uno de los principales resultados fue establecer como referencia un caudal de 2 metros cúbicos por hora por hectárea a regar.

“Es un gran dato, porque lo primero que necesita saber un productor que quiere instalar este sistema es qué caudal requiere para la superficie que va a regar”, destacó Severina.

 

Bomba utilizada en el sistema experimental de riego con energía solar de INTA Manfredi

 

Así, para un planteo de 50 hectáreas habría que considerar un caudal cercano a 100 metros cúbicos por hora y, a partir de ese valor, seleccionar la bomba. En el ejemplo planteado por el especialista, un equipo para ese requerimiento podría demandar unos 100 kW y un parque fotovoltaico cercano a 200 kW.

Además, los ensayos mostraron que los paneles deben tener una potencia superior a la demanda de la bomba para ampliar la ventana diaria de trabajo. Como referencia, el parque fotovoltaico se proyecta con cerca del doble de la potencia requerida por el equipo de bombeo. Esa diferencia permite sostener el riego ante niveles de radiación inferiores al máximo.

 

Cuántas horas de riego da el sol en el año

 

Otro dato generado por el trabajo es la disponibilidad energética a lo largo del año. En la zona de influencia del INTA Manfredi, el sistema acumula unas 1.950 horas anuales de riego, con un promedio cercano a siete horas diarias durante el período de uso. La cantidad de horas es menor en invierno y aumenta en verano. Es como disponer de unos 80 días de riego eléctrico.

Con ese esquema, las láminas que surgieron como referencia son de alrededor de 300 milímetros para trigo, 250 para maíz y 200 para soja.

El caudal por hectárea, la potencia necesaria, las horas de uso y los requerimientos de cada cultivo conforman así una base técnica para definir cuánta superficie puede abastecer un sistema off grid antes de realizar la inversión.

 

La capital del riego

 

El 14 y 15 de octubre de 2026, la EEA INTA Manfredi fue sede de la 9.ª Reunión Internacional de Riego y la 3.ª Exporiego, la mayor muestra de tecnologías de riego a cielo abierto de la Argentina.

Durante las jornadas se reunieron productores, asesores, investigadores, estudiantes, empresas y especialistas nacionales e internacionales. El programa combina actualización técnica, intercambio de experiencias y exposición de tecnologías vinculadas con sistemas de riego, energía, automatización y agricultura de precisión.

Luego de ocho ediciones, el encuentro se consolidó como uno de los principales espacios técnicos del país dedicados al riego.

 

Primicias Rurales
Fuente: INTA Manfredi