En Poble Nou, Barcelona, un grupo de adultos mayores se organiza para acompañarse, combatir la soledad y vivir con dignidad hasta el final.

 

 

 

Buenos Aires miércoles 23 septiembre (PR/26)– Aceptar la muerte, la propia y la de los allegados, es un reto que se vuelve cotidiano al llegar a la vejez.

Vivir los últimos años con curiosidad, sortear la idea de sufrir alguna demencia y disfrutar del tiempo con actividades de aprendizaje continuo son metas reales. Frente al avance de los años, prepararse para una vida más reposada y con ciertas limitaciones pasa inevitablemente por la construcción de comunidad.

Así lo defienden y practican en el grupo de ayuda mutua del barrio de Poble Nou, en Barcelona, donde sus integrantes asumen un compromiso mutuo.

En España, según datos del INE, se alcanzará un máximo de personas mayores de 65 años en 2076, representando el 30,9 % de la población total.

Enfrentar las pérdidas y cultivar la curiosidad

 

Anna Freixas afirma sin rodeos que ya es vieja el mismo día en que cumple 80 años, tras una vida llena de desafíos y aprendizajes.

La escritora Anna Freixas

Esta profesora universitaria jubilada y gerontóloga feminista reconoce que uno de sus mayores retos actuales es enfrentar la pérdida de sus seres queridos.

Con cierta socarronería, comenta que a los 30 años se suele asistir a bodas, mientras que a los 80 la rutina gira en torno a los entierros.

En este contexto, la comunidad se convierte en una muleta indispensable: envejecer acompañado es infinitamente más ligero y otorga sentido a la vida. Freixas, autora de la obra “Yo, vieja”, propone términos como sénior, veterana o longeva para redefinir con orgullo esta importante etapa vital.

Su alegría cotidiana nace al despertar con curiosidad, sabiendo que el bagaje acumulado contribuye de forma clave a la civilización y al buen hacer.

El germen de una red de apoyo vecinal

 

Mari Pla, de 73 años, fue la artífice e impulsora de esta iniciativa que busca evitar la soledad de los mayores en su propio barrio.

Esta antigua enfermera comunitaria impulsó un taller de envejecimiento activo en la asociación vecinal, dando origen al actual grupo de ayuda mutua. Pla admite cierto temor hacia la pérdida de capacidad mental, pero asegura que el miedo a la soledad se disipa por completo gracias al apoyo colectivo.

El objetivo central del grupo es transmitir valores, forjar amistades y garantizar que si alguien necesita ayuda, siempre habrá alguien presente para acompañar.

Sabías que la vejez tiene 4 etapas?

Defensora incansable de la actividad, sostiene que el aprendizaje continuo mediante el arte o la cocina es la mejor forma de gestionar el tiempo disponible.

Intergeneracionalidad y envejecimiento digno

 

Merche Delgado, jubilada a los 66 años, asegura que la vida debe seguir sorprendiendo a las personas sin importar la edad que tengan actualmente.

Para ella, la comunidad es una red social que se debe cuidar y regar día a día para mantener relaciones saludables y afectuosas con el entorno. Delgado resalta el valor de las actividades intergeneracionales, cuestionando que las personas mayores deban relacionarse únicamente entre sí como si fueran un grupo aislado.

Por su parte, Josep María Gordillo, maestro de escuela retirado de 73 años, es uno de los pocos hombres que integran este espacio de apoyo.

Ligado al activismo social, Gordillo reclama un envejecimiento digno y combate el edadismo que aún impregna de estigmas y estereotipos a la sociedad.

Finalmente, Lourdes Casanovas, de 74 años, mantiene un firme compromiso con el grupo para ayudarse mutuamente a medida que vayan surgiendo limitaciones físicas.

A pesar de extrañar la movilidad de antaño, destaca la resiliencia y la capacidad de construir nuevas amistades para transitar los últimos años con plenitud.

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Fuente: elDiario.es