La filósofa y artista analizó la profunda crisis antropológica de la sociedad moderna, advirtiendo sobre las graves consecuencias de eliminar la fe y el orden divino del ámbito público.
Buenos Aires jueves 24 septiembre (PR/26)– Paloma Hernández, licenciada en Bellas Artes y magíster en Filosofía, sostiene que la crisis contemporánea no es un mero fenómeno existencial, moral o político, sino una ruptura antropológica y civilizacional de escala histórica.
Conocida en las artes plásticas como Paloma Pájaro y creadora del canal Fortunata y Jacinta, la autora profundiza en su obra De la muerte de Dios a la muerte del hombre, donde analiza el tránsito iniciado hace dos siglos y medio desde la Cristiandad hacia un régimen laico.
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Según explica la pensadora, expulsar a Dios del horizonte público y social destruye la concepción misma del ser humano. Al borrar al Creador, la criatura termina perdiendo su identidad, su propósito y las bases morales que estructuran una convivencia pacífica e integrada.
El espejismo del progreso y la tiranía de la autonomía
La gran mentira de la era moderna prometió una plenitud basada en la autonomía absoluta. Sin embargo, la realidad actual muestra individuos sumergidos en un aislamiento profundo, carentes de arraigo y sometidos a formas inéditas de tiranía ideológica y tecnológica.
Esta disolución afecta a la familia, la moral, la educación, la economía y las instituciones políticas. Al eliminar el principio ordenador de la realidad, la sociedad queda a merced de ideologías destructivas como el relativismo moral, el voluntarismo y el fundamentalismo científico.
En este escenario de vacuidad, surgen falsos mesianismos que pretenden ofrecer una redención puramente terrenal. Promesas utópicas como el globalismo, el fundamentalismo democrático y la ingeniería social sustituyen las verdades fundamentales por mitos políticos sin sustento espiritual.
La amenaza del transhumanismo y el mito de la autodeterminación
El transhumanismo representa la máxima expresión de esta rebelión, pretendiendo rediseñar la naturaleza humana mediante la biotecnología. En lugar de curar dolencias, califica la imperfección natural como un fallo técnico para crear seres superiores al servicio de élites financieras.
Frente a este Moderno Prometeo, la teología y la filosofía católica recuerdan que la verdadera libertad y dignidad no residen en la autosuficiencia tecnológica, sino en reconocer nuestra condición de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios desde la concepción.

La respuesta no radica en huir del dolor mediante la eutanasia o el aborto, sino en otorgarle un sentido profundo y redentor. La figura de Cristo enseña a asumir el sufrimiento con fortaleza moral, transformando la prueba inevitable en una entrega de amor real y trascendente.
El camino de reconstrucción para recuperar el orden
Para revertir esta deriva, Hernández propone un camino accesible de reacción y reconstrucción moral. No basta con diagnosticar las fallas del nihilismo contemporáneo; resulta imprescindible recuperar la orientación y construir desde la fidelidad a la Verdad.
Esta reconstrucción exige superar la papolatría y el sentimentalismo, devolviendo la fe a sus raíces objetivas y comunitarias. Al restaurar el equilibrio entre razón y trascendencia, la sociedad podrá redescubrir las virtudes que hicieron posible la civilización occidental.
El desafío no debe delegarse únicamente en la clase política, sino que interpela a cada persona. Reconocer los errores históricos y retomar el principio ordenador divino permitirá recuperar la dignidad humana, la verdadera libertad y la esperanza perdida.


















